El número de víctimas fatales por la avalancha de lodo del pasado 26 de agosto en Nepal aumentó a 1.252, mientras que 4.875 personas siguen desaparecidas, informó este jueves la policía nepalí.
La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres detalló que entre los desaparecidos figuran 583 extranjeros y alrededor de 900 trabajadores de proyectos hidroeléctricos en la zona afectada por la riada.
Por otra parte, 11.993 personas fueron rescatadas, de las cuales 273 son extranjeros, mientras que 5.135 recibieron atención médica.
A las cifras brindadas por las autoridades de Nepal se suman al menos 21 muertos y alrededor de 550 desaparecidos en territorio chino, entre ellos 261 ciudadanos extranjeros.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, esta mañana fue enviado un tercer lote de suministros de ayuda de emergencia de China a Nepal, informó el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, en conferencia de prensa.
Los suministros chinos incluyen tiendas de campaña, mantas, congeladores para morgues, ropa sanitaria para personal médico y equipos de comunicación satelital. Además, China informó que envió un segundo grupo de expertos en identificación por ADN.
En ese contexto, desde la ONU detallaronlas siguientes necesidades humanitarias:
Unas 65.000 personas necesitan ayuda urgente en materia de agua, saneamiento e higiene.
Más de 22.000 niños necesitan servicios de protección.
Unos 2.600 niños menores de cinco años podrían necesitar tratamiento contra la malnutrición aguda grave.
Cerca de 10.500 mujeres embarazadas o lactantes también necesitan apoyo nutricional.
Más de 10.000 niños en edad escolar necesitan apoyo psicosocial.
La tragedia provocada por la violenta riada que arrasó zonas del norte y centro de Nepal dejó al menos 903 muertos y 4.247 desaparecidos, según el último reporte de la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA). El nuevo balance incorporó 115 fallecidos y más de 1.700 personas que hasta el momento figuraban sin contacto.
El desastre, ocurrido el pasado miércoles, también dejó 267 heridos y obligó a desplegar una operación de emergencia de gran escala. Un total de 20.811 efectivos de las fuerzas de seguridad participan de las tareas de búsqueda, rescate y asistencia, junto con seis equipos médico-quirúrgicos.
El fuerte incremento de personas desaparecidas no necesariamente representa nuevas víctimas. Las autoridades explicaron que la cifra pasó de 2.502 a 4.247 en menos de 24 horas debido al progresivo restablecimiento de las comunicaciones con distritos que habían quedado aislados. La recuperación del contacto permitió consolidar registros provenientes de distintas administraciones locales.
Nuwakot concentra una parte significativa del nuevo registro. Allí, el Centro Operativo de Emergencias del Distrito elevó la cantidad de desaparecidos de 115 a 1.558. En Rasuwa, en tanto, el número pasó de 562 a 865.
Al balance se suman 933 trabajadores atrapados o que permanecen sin localizar en complejos hidroeléctricos de las cuencas de los ríos Bhote Koshi y Trishuli. También figuran 83 integrantes de las fuerzas de seguridad y 21 funcionarios de organismos públicos.
Rescate masivo mientras persiste el aislamiento
Las operaciones de emergencia se desarrollan en un territorio afectado por la destrucción de infraestructura y las dificultades de comunicación. La magnitud del desastre obligó a utilizar medios aéreos para llegar a comunidades que permanecen aisladas.
El Ejército nepalí realizó hasta el momento 411 vuelos de helicóptero y logró evacuar a 10.451 personas. Entre ellas se encuentran 3.344 ciudadanos nepalíes y 252 extranjeros.
La situación también afecta a ciudadanos de otros países. Unos 592 extranjeros permanecen en paradero desconocido, de acuerdo con los datos difundidos por las autoridades. La Junta de Turismo de Nepal informó además que se logró establecer contacto directo con cinco extranjeros que se encontraban en la zona, entre ellos tres españoles, un estadounidense y un belga, aunque el reporte no precisa si fueron evacuados o continúan esperando asistencia.
El despliegue de recursos busca sostener una respuesta que combina rescate, evacuación y atención médica. Pero la emergencia empieza a desplazarse hacia un segundo frente: la disponibilidad de servicios básicos.
El agua potable se convierte en la nueva emergencia
La destrucción de redes de distribución y el aislamiento de numerosas comunidades generaron preocupación por el acceso al agua potable. Las autoridades y los equipos de emergencia enfrentan ahora el riesgo de contaminación de las fuentes de abastecimiento, un escenario que puede incrementar las amenazas sanitarias después de la catástrofe.
En las zonas más afectadas, la falta de agua segura compromete tanto el consumo como las condiciones básicas de higiene. El restablecimiento de las redes de distribución y la protección de las fuentes de abastecimiento pasan así a ser componentes centrales de la respuesta humanitaria.
La experiencia muestra que, después de una catástrofe de estas características, el rescate de personas es apenas la primera fase. La recuperación de los servicios esenciales resulta determinante para evitar que el impacto inicial derive en una emergencia sanitaria de mayor duración.
China activa una alerta por riesgo geológico
La emergencia también tiene consecuencias en la frontera entre Nepal y China. El colapso glaciar afectó al puerto de Gyirong, en territorio chino, y llevó al Ministerio de Recursos Naturales y a la Administración Meteorológica de China a emitir una alerta amarilla por riesgo de desastres geológicos.
Se trata del tercer nivel dentro del sistema chino de cuatro categorías de alerta. La advertencia alcanza sectores del sur de Xizang, incluida la zona de Gyirong, donde se identifican riesgos relativamente elevados.
La activación de la alerta incorpora un nuevo elemento a una emergencia que ya había obligado a movilizar recursos extraordinarios en Nepal: el monitoreo de nuevos movimientos de tierra y hielo en una región particularmente vulnerable.
Un desastre cuyo origen fue revisado
En las primeras horas de la emergencia, los científicos evaluaron la posibilidad de que un terremoto hubiera desencadenado el desastre. Sin embargo, posteriormente determinaron que los temblores registrados estaban relacionados con un colapso glaciar.
El fenómeno estuvo asociado a un gran desplazamiento de hielo y escombros, que desencadenó una riada de enorme capacidad destructiva. La revisión de las causas resulta relevante para la gestión futura del riesgo, porque permite identificar con mayor precisión los factores que pueden anticipar eventos similares en zonas de montaña.
Nepal enfrenta ahora una emergencia en dos tiempos: mientras continúa la búsqueda de miles de personas cuyo paradero se desconoce, las autoridades deben reconstruir comunicaciones, restablecer el acceso al agua segura y contener los riesgos sanitarios y geológicos que permanecen activos.
El balance todavía puede modificarse a medida que los equipos ingresen a las áreas aisladas y se depuren los registros. Por eso, detrás de las cifras —903 muertos y 4.247 desaparecidos— permanece una tarea inmediata: localizar a quienes siguen sin contacto y recuperar las condiciones mínimas para que las comunidades afectadas puedan comenzar a reconstruir sus vidas.
El miércoles 26 de agosto, a las 8:37 de la mañana hora local, los sismógrafos del mundo registraron una señal inusual cerca de la frontera entre Nepal y el Tíbet.
El Servicio Geológico de Estados Unidos la catalogó inicialmente como terremoto de magnitud 4,4. Luego la revisó: 5,2. Horas después, la reclasificó por completo. No había sido un sismo. Había sido el impacto de millones de toneladas de hielo y roca desprendiéndose del glaciar Lhende Khola y cayendo sobre el cauce del río Bhotekoshi. El estruendo fue tan violento que los instrumentos lo confundieron con un movimiento de la corteza terrestre.
Lo que siguió fue una catástrofe en cámara rápida. El hielo y los escombros bloquearon el río. El agua se acumuló detrás de ese dique natural durante minutos. Cuando cedió, una muralla de lodo, roca y corriente arrasó todo lo que encontró aguas abajo: aldeas, carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas, el puerto fluvial de Gyirong en el lado chino. Los turistas indios que hacían la peregrinación sagrada al monte Kailash quedaron atrapados o desaparecieron en el barro.
Balance al 29 de agosto de 2026: al menos 676 muertos confirmados entre Nepal y el Tíbet, con más de 3000 desaparecidos. El número sigue creciendo a medida que los equipos de rescate acceden a las zonas más remotas. Más de 400 peregrinos indios sin contacto. Cuatro ciudadanos españoles sin localizar. Distritos de Rasuwa y Nuwakot declarados zonas de crisis. India movilizó equipos de rescate en horas. China coordinó operaciones desde el Tíbet.
Antes y después. El centro fronterizo y Puente de la Amistad entre Nepal y China, arrasado por completo y erradicado del mapa.
Pero hay un dato que cambia todo: esto ya había pasado antes. En el mismo río. En el mismo lugar.
En agosto de 2025, exactamente un año antes, el desborde de un lago glaciar en el Tíbet provocó otra inundación repentina en el sistema del Bhotekoshi. Dejó nueve muertos y 24 desaparecidos. Destruyó el llamado Puente de la Amistad, la conexión estratégica entre Nepal y China. Los científicos advirtieron que el riesgo de nuevas inundaciones del mismo tipo era alto. El glaciar seguía retrocediendo. Los lagos glaciares del área seguían acumulando agua. Un año después, en el mismo sistema fluvial, a una escala que multiplicó por cuarenta el número de víctimas.
¿Por qué, después del evento de 2025 y de las advertencias científicas, las aldeas aguas abajo del Bhotekoshi no tenían sistemas de alerta temprana que funcionaran?
La respuesta tiene varias capas. La primera es técnica: los sistemas de alerta temprana para inundaciones glaciares existen y funcionan. Algunos países los implementaron con éxito. Consisten en sensores en los lagos glaciares que detectan cambios de presión y envían señales automáticas a las comunidades aguas abajo, dándoles entre 15 y 30 minutos para evacuar. Quince minutos pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte cuando viene una pared de agua a 60 kilómetros por hora.
La segunda capa es económica. Nepal es uno de los países más pobres de Asia. Su presupuesto de gestión de riesgos climáticos es una fracción de lo que necesitaría para cubrir todos los puntos de vulnerabilidad en el Himalaya. Y los puntos de vulnerabilidad son muchos: el país tiene más de 3.600 lagos glaciares, de los cuales al menos 47 fueron identificados como potencialmente peligrosos en estudios del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas.
La tercera capa es climática. Y es la más importante para entender por qué esto no es un accidente extraordinario sino un patrón que va a repetirse.
Los glaciares del Himalaya están retrocediendo al doble de la velocidad global. La temperatura en la región aumentó 1,5 grados por encima del promedio del siglo XX — el doble que el calentamiento global promedio. Ese aumento produce dos efectos simultáneos: los glaciares pierden masa, formando lagos en sus bordes, y el permafrost que estabiliza las laderas se derrite, aumentando la probabilidad de deslizamientos. Nepal tiene más de 3.600 lagos glaciares. Al menos 47 fueron identificados como de alto riesgo de ruptura. El lago glaciar que colapsó esta semana no estaba en esa lista de los más vigilados.
Ese detalle es crucial: el lago que reventó esta semana no estaba entre los 47 de mayor riesgo conocido. Lo que significa que el mapa de peligro real es mucho más grande que el mapa de peligro monitoreado. Y el mapa de peligro monitoreado ya superaba la capacidad de Nepal para gestionarlo.
¿Quién debería pagar los sistemas de alerta que Nepal no puede costear?
La pregunta no es retórica. Tiene una respuesta que la comunidad climática internacional discute desde hace décadas sin resolverla: los países que más emitieron el CO₂ que calentó el planeta son, en su mayor parte, los que hoy tienen los recursos para responder. Los países que sufren las consecuencias más graves son, en su mayor parte, los que menos contribuyeron al problema.
Nepal emite menos del 0,1% del CO₂ mundial. Sin embargo, concentra el 10% de los glaciares del mundo fuera de los polos ártico y antártico. Eso lo convierte en uno de los países más vulnerables al cambio climático del planeta un cambio que otros produjeron y que él está pagando en vidas.
Hay un concepto que los negociadores climáticos llaman “pérdidas y daños”. La idea de que los países más vulnerables merecen compensación económica de los grandes emisores por los daños que el cambio climático ya está causando, daños que no se pueden prevenir ni adaptar sino solo pagar. En la COP27 de 2022, por primera vez en treinta años de negociaciones climáticas, se creó un fondo específico para pérdidas y daños. En la COP28, se capitalizó con compromisos iniciales. Los montos disponibles a la fecha representan una fracción ínfima de lo que países como Nepal necesitarían.
El sistema de alerta temprana para el río Bhotekoshi costaría varios millones de dólares. El fondo de pérdidas y daños tiene compromisos por menos de mil millones en total para todo el mundo en desarrollo. La proporción habla por sí sola.
Mientras tanto, el segundo escenario que los científicos advierten ya está en movimiento. Qianggong Zhang, jefe de riesgos climáticos en el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas con sede en Katmandú, lo dijo directamente a Reuters horas después del colapso: “La avalancha de hielo y roca en el Lhende Khola todavía bloquea parcialmente el cauce del río. Puede ocurrir una segunda inundación.”
Las comunidades aguas abajo están en alerta. Los equipos de rescate trabajan sabiendo que el terreno puede moverse otra vez. Y los científicos que llevan años publicando estudios sobre los lagos glaciares del Himalaya esperan que esta vez alguien los escuche.
No se trata de rechazar la respuesta de emergencia que llegó esta semana India, China y los organismos internacionales reaccionaron con relativa rapidez y eso salva vidas. Se trata de preguntarse por qué la respuesta llega siempre después.
La magnitud de la tragedia que golpeó la frontera entre Nepal y China sigue creciendo. Las autoridades nepalíes elevaron este jueves a 332 la cantidad de muertos por las inundaciones repentinas que se produjeron tras el colapso de una masa glaciar y el posterior deslizamiento de hielo, barro y rocas hacia el río Bhote Koshi. En paralelo, cientos de personas continúan desaparecidas y las operaciones de búsqueda se desarrollan bajo condiciones extremadamente complejas.
El desastre comenzó el miércoles en una zona montañosa próxima al distrito nepalí de Rasuwa y se extendió aguas abajo hacia otras localidades. La fuerza del torrente destruyó viviendas, caminos y puentes, dejando aisladas a comunidades enteras. La destrucción de la infraestructura se convirtió ahora en uno de los principales obstáculos para los equipos de emergencia, que dependen de helicópteros para alcanzar algunos de los sectores afectados.
La situación también tiene una dimensión internacional. Según la Junta de Turismo de Nepal, 644 turistas y viajeros permanecen desaparecidos en territorio nepalí, de los cuales 517 son extranjeros. India concentra el mayor número de personas no localizadas, seguida por Estados Unidos, Ucrania, Malasia y Australia. Del otro lado de la frontera, las autoridades chinas informaron tres fallecidos y 558 personas desaparecidas en el condado tibetano de Gyirong. En conjunto, el número de personas cuyo paradero se desconoce supera las 1.400.
Entre los desaparecidos hay numerosos peregrinos y turistas que se encontraban en la región por viajes hacia el monte Kailash y otros destinos del Himalaya. La zona afectada funciona como corredor de tránsito entre Nepal y China y concentra actividad turística, comercial y religiosa, lo que amplificó el impacto humano de la inundación.
Una pared de agua que arrasó con todo a su paso
Los testimonios de los sobrevivientes permiten dimensionar la velocidad con la que se desencadenó el desastre. Residentes describieron una corriente que apareció de manera repentina y transformó el cauce del río en una masa de agua y escombros capaz de arrastrar vehículos, viviendas e infraestructura.
La destrucción de puentes y rutas complicó además la localización de personas atrapadas o sepultadas. En algunas zonas, los equipos de rescate solo pueden ingresar por vía aérea, mientras que las lluvias, los desprendimientos y la inestabilidad de las laderas mantienen elevado el riesgo para quienes participan de las tareas de emergencia.
Las autoridades nepalíes desplegaron miles de efectivos de la Policía y el Ejército para las tareas de búsqueda, evacuación y asistencia. Helicópteros son utilizados para rescatar personas aisladas y trasladar heridos, mientras continúan las operaciones para identificar cuerpos y establecer el paradero de quienes siguen desaparecidos.
El origen: colapso glaciar y deslizamiento de tierra
La explicación científica del fenómeno también fue modificándose a medida que avanzaron las investigaciones. En un primer momento se evaluó la posibilidad de un terremoto o de la ruptura de un lago glaciar. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos determinó posteriormente que las señales registradas correspondían a un colapso glaciar acompañado por un flujo masivo de escombros, y no a un terremoto tectónico.
La hipótesis actualmente analizada indica que una gran masa de hielo se desprendió en las montañas y cayó hacia el valle, arrastrando rocas y sedimentos. El volumen y la velocidad del material generaron una corriente de enorme capacidad destructiva que avanzó por el sistema fluvial.
El fenómeno incluso produjo vibraciones que inicialmente fueron interpretadas como actividad sísmica. El análisis posterior permitió determinar que esas señales fueron generadas por el propio colapso y el desplazamiento de la masa de hielo y escombros.
El riesgo, sin embargo, no terminó con la primera inundación. Especialistas advirtieron sobre la posibilidad de que los materiales acumulados formen represas naturales inestables y generen nuevos episodios de inundación si esas barreras se rompen.
10.000 familias necesitan asistencia urgente
La emergencia ya pasó de la fase estrictamente de rescate a una operación humanitaria de mayor escala. La Organización Mundial de la Salud informó que unas 10.000 familias necesitan ayuda inmediata, mientras varios centros de salud quedaron destruidos o con sus servicios interrumpidos.
La respuesta incluye insumos médicos, refugios temporales y apoyo logístico. Las Naciones Unidas también activaron recursos de emergencia para asistencia sanitaria, agua y alojamiento, mientras organizaciones humanitarias comenzaron a desplegar equipos en las zonas más afectadas.
El desafío inmediato es doble: llegar hasta las personas que todavía permanecen aisladas y evitar que la destrucción de los sistemas de agua y saneamiento genere una segunda emergencia sanitaria. La interrupción de caminos y comunicaciones convierte cada hora en un factor crítico para la supervivencia de quienes permanecen atrapados.
Una advertencia para un Himalaya bajo presión
Más allá de la emergencia inmediata, la tragedia vuelve a poner en discusión la vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya frente a los cambios que atraviesan los glaciares y las laderas de alta montaña. El colapso de masas de hielo puede desencadenar inundaciones repentinas con muy poco margen de reacción para las poblaciones ubicadas aguas abajo.
Por eso, la respuesta no se limita al rescate. La reconstrucción de rutas y puentes, la recuperación de los sistemas sanitarios y de alerta y el monitoreo de lagos y masas glaciares inestables serán determinantes para reducir el riesgo de nuevos episodios.
La catástrofe deja así una doble urgencia: rescatar a quienes todavía pueden ser encontrados y reconstruir la capacidad de prevención de las comunidades expuestas. En un territorio donde la geografía dificulta el acceso incluso en condiciones normales, la infraestructura de alerta temprana y las rutas de evacuación pasan a ser herramientas tan importantes como los equipos de emergencia desplegados después del desastre.
Los guionistas de ciencia ficción suelen imaginar el futuro de la humanidad dominado por la tecnología, la IA y robots peligrosos. Desde la Metrópolis de Fritz Lang a Terminator, Matrix y Black Mirror. Pero no hay que esperar demasiado. En el presente, la tecnología comienza a moldear movimientos políticos, como lo demostró la irrupción de líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Javier Milei, impulsados por las interacciones en redes sociales y discursos rupturistas. Pero nunca, como hasta ahora, se ha visto que directamente, la tecnología reemplace mecanismos democráticos tan simples como ir a votar. Hasta ahora.
Aunque la tecnología está incorporada al día a día, parece que gran parte de la población se está quedando atrás en la toma de decisiones sobre su propio futuro. La política, ni lerda ni perezosa, sabe muy bien que su incorporación es necesaria aunque aparecen casos extremos.
Los casos de Nepal y AlbanIA
La inteligencia artificial arremetió en nuestras vidas como un toro embravecido contra su verdugo en una plaza. Hoy en día está en cada paso del ser humano, desde el diseño de imágenes falsas hasta en la ayuda constante en niveles educativos. Estos ejemplos son para demostrar su impacto en la cotidianidad.
Albania dio un paso más allá. En criollo, los albanos se pasaron dos paradas por lo menos. No tuvieron la mejor idea que nombrar una inteligencia artificial como ministro, con todas las polémicas que eso conlleva.
Diella, el nombre que recibe la ministrIA de Albania, está encargada del área de licitaciones para obras públicas. Su rol principal es el de ejecutar con mayor y mejor precisión, e imparcialidad las decisiones a la hora de elegir empresas e individuos con los cuales pueda trabajar el Estado. Diella dio un discurso en el parlamento y la respuesta fue obvia: todo terminó a las piñas.
Si bien esta IA ya tenía funcionamiento como asistente virtual en eAlbania, su “nombramiento” ministerial causó indignación y repudio en la oposición y en parte de la población, sobre todo por la posible manipulación de sus decisiones. Si bien es ficticio su ministerio, ya que la constitución albanesa exige tener ministros humanos (como si fuera imposible no serlo), su aparición resultó digna de un análisis más grande como ciudadanos globales.
Nepal es otro caso digno de reflexionar sobre el punto tecnológico en el que estamos. Este país pasó por un desmadre total que decantó en la renuncia del primer ministro Sharma Oli y todo su gabinete. ¿El motivo? Prohibir o restringir más de 25 apps -Facebook, Instagram, WhatsApp y WeChat, entre otras, por no haberse registrado en el país-. Esta fue la simple excusa para movilizarse tras años de evidente corrupción y nepotismo en el estado nepalí. Tras intensas jornadas de brutalidad y caos en las calles que dejaron más de 50 muertos, se logró la caída total del gobierno.
Desde 2008, Nepal tuvo 14 primeros ministros en 17 años. Un promedio de 450 días por gobierno.
Los nepalíes formaron un servidor en la famosa plataforma gaming Discord, llamada “Hami Nepal” con más de 130 mil miembros. Allí deliberaron y debatieron acerca de posibles nombres para suceder al caído presidente. Lograron crear canales de difusión, verificación de hechos y discusiones, simulando una suerte de elección que terminó en la designación de Sushila Karki, ex presidente jueza de la Corte Suprema. Lo más llamativo es que esto fue avalado oficialmente, y esta mujer asumió el 12 de septiembre con el encargo de estabilizar el país y armar la transición a las elecciones de marzo del año que viene. Esta fue la primera experiencia en donde se elige a un mandatario vía una app gaming.
La generación Z sacó del poder al gobierno por vetar apps y terminó utilizando una plataforma gaming para elegir al nuevo mandatario. El poder joven es algo que no pierde vigencia.
La real utopía actual
Black Mirror es una popular serie que demuestra cómo sería el mundo en pantallazos de múltiples posibles futuros dominados por la tecnología. Ni ellos fueron tan lejos como Albania y Nepal.
Habrá que empezar a pensar hasta dónde llegan los límites de la tecnología y dónde se separa de lo humano.
¿Es realmente posible limitar a la tecnología? Nepal supo demostrar que genuinamente es un arma para poder organizarse en pos del bien común, y Albania parece demostrar que es una excusa para no atacar directamente a la corrupción que afecta a su país.
Hasta dónde llega la flacidez mental humana que empodera a una inteligencia artificial. Albania, en vez de atacar a la corrupción y condenar a los corruptos que abusan del Estado, termina recurriendo a una IA. Literalmente están aceptando que no pueden frenar la corrupción y que solo algo que es externo a lo humano y, en los papeles, “incorruptible” puede servir como mediador en este asunto. Suena como a una burda tomada de pelo al pueblo albanés. ¿Qué diría el mariscal Tito si estuviera vivo? De seguro que sentiría una decepción por la falta de valentía para combatir a los males nacionales.
Nepal es la contracara. Expuso la falta de organización y el exceso de burocracia en el cual está inmerso e intoxicado el Estado nepalí y su poder político. La propia voluntad del pueblo ha servido como el motor electoral de manera virtual, demostrando una vez más que “el pueblo unido jamás será vencido”.
Todo este tema de la tecnología y la política desnuda otro tema: la desigualdad. Si nos mudamos automáticamente a un sistema electoral y de funcionamiento político totalmente virtual, sin el acompañamiento y el compromiso estatal – empresarial de sumar a la población, las decisiones importantes y las elecciones pasarán a ser monopolio de unos pocos. No solo de los jóvenes, por ser los más avezados en uso tecnológico sino aquellos que tendrán más acceso a estas herramientas, profundizando la diferencia entre ricos y pobres. A fin de cuentas, no importa que tantas nuevas tecnologías existan, sino que el debate es el mismo, quien puede acceder y de qué manera a ellos.