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Bad Bunny rompió el Super Bowl: récord de audiencia, identidad latina y choque político

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Si de cultura pop se trata, el calendario global está escrito casi de memoria: entre enero y marzo, la temporada de premios; junio, el Mes del Orgullo; septiembre, los Emmy; octubre, Halloween; noviembre y diciembre, el ritual navideño; y en febrero, el Super Bowl. Pero -más allá del deporte- el mundo mira otra cosa: el show de medio tiempo. Este domingo, Bad Bunny le agregó a ese ritual una dimensión poco habitual en el actual clima estadounidense: unidad.

En un contexto político áspero, con el inmigrante nuevamente ubicado en el centro del conflicto discursivo y una retórica de ultraderecha en ascenso, el artista puertorriqueño eligió un camino sin consignas explícitas ni slogans militantes. Su mensaje fue más sofisticado: identidad, pertenencia y celebración. Un gesto cultural que funcionó tanto como abrazo simbólico para millones de latinos como incomodidad abierta para los sectores más conservadores.

La cita tuvo lugar en el Levi’s Stadium, escenario del Super Bowl que enfrentó a los New England Patriots y los Seattle Seahawks, pero el partido quedó rápidamente relegado a un segundo plano. La palabra que atravesó todo el espectáculo fue una sola: latinidad. No fue casual. Bad Bunny, ganador de seis premios Grammy y recientemente consagrado con el Álbum del Año por “DeBí TiRAR MáS FOTos”, es el primer artista en lograr ese galardón con un disco íntegramente en español. Ese hito cultural fue llevado, sin traducciones ni concesiones, al evento deportivo más visto del planeta.

En la semana más triunfal de su carrera, el músico había anticipado que “el mundo va a bailar”. Y cumplió. Con una puesta alegre, precisa y cuidadosamente diseñada para una audiencia global, recorrió distintas etapas de su discografía en un medley pensado tanto para sus fans como para los más de cien millones de espectadores que lo veían por primera vez. El acompañamiento de figuras como Lady Gaga, Ricky Martin y agrupaciones tradicionales reforzó el cruce entre mainstream global y raíces caribeñas.

La escenografía replicó el espíritu de su residencia “No Me Quiero Ir de Aquí” en Puerto Rico y transformó el campo de juego en una vecindad isleña: barbería, licorería y la ya emblemática casita, ese espacio íntimo desde el cual Bad Bunny recibe invitados durante sus shows. Lejos del folclore vacío, la puesta funcionó como una reivindicación concreta de la vida cotidiana, la memoria familiar y el trabajo rural, con referencias visuales a plantaciones de caña y plátano que también atraviesan la estética de su último álbum.

El espectáculo sumó capas de impacto con apariciones de celebridades y escenas que desbordaron el formato tradicional: bailarines ocupando el campo, una pista gigante y hasta una boda real celebrada en vivo. Pero el momento de mayor densidad simbólica llegó sin palabras. En pantalla apareció un fragmento del discurso de Bad Bunny en los Grammy y la imagen de un niño que muchos asociaron con casos recientes de detenciones migratorias. El gesto fue mínimo —ofrecer el premio, compartir el plano— y por eso mismo potente.

El cierre terminó de ordenar el mensaje. “God bless America”, dijo Bad Bunny, una frase históricamente leída en clave nacionalista. Pero inmediatamente comenzó a nombrar, uno por uno, a los países de América del Norte, Central y del Sur, mientras una consigna se iluminaba sobre el estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. No hubo insultos ni confrontación directa, pero sí una redefinición del concepto de América: no como país, sino como continente.

Para la industria del deporte y el entretenimiento, el show confirmó varias tendencias. El Super Bowl ya no es solo una final deportiva, sino una plataforma cultural y política de escala global. La música latina dejó de ser un nicho y se consolidó como motor de audiencia, conversación y valor de marca. Y Bad Bunny, sin levantar la voz, dejó una señal clara: en el negocio del espectáculo global, la identidad también cotiza alto.

Récord de audiencia global

El show de medio tiempo del Bad Bunny en el Super Bowl 2026 marcó un antes y un después en la historia del evento deportivo más visto de los Estados Unidos. Con 142,3 millones de espectadores, la presentación se convirtió en la más vista de todos los tiempos, superando cualquier registro previo del espectáculo central de la NFL.

Los datos, atribuidos a NFL Football Operations, confirman no solo un récord de audiencia televisiva, sino también un impacto amplificado por redes sociales y plataformas digitales, donde el contenido se multiplicó en YouTube, TikTok, X y Facebook, extendiendo el alcance mucho más allá de la transmisión tradicional. Para la industria del entretenimiento y el deporte, el fenómeno reafirma el valor estratégico del show de medio tiempo como activo global de marca.

Desde el plano cultural, la actuación tuvo un fuerte contenido simbólico. Bad Bunny utilizó mayoritariamente el español en un escenario históricamente dominado por el inglés, convirtiendo el espectáculo en una declaración de identidad latina frente a una audiencia global. La puesta en escena, atravesada por referencias a Puerto Rico y a la cultura caribeña, consolidó al artista como un actor central en la conversación cultural de los Estados Unidos.

El impacto, sin embargo, no se limitó al entretenimiento. El show derivó rápidamente en un debate político y cultural, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump criticara públicamente la presentación, calificándola como “una de las peores de la historia” y cuestionando tanto el idioma utilizado como la coreografía. Las declaraciones, difundidas en redes sociales, alimentaron aún más la viralización del evento.

Lejos de dañar la repercusión, la controversia potenció la visibilidad del espectáculo y reforzó su centralidad en la agenda mediática. Analistas del sector coinciden en que el Super Bowl volvió a demostrar su doble condición: no solo como final deportiva de la NFL, sino como plataforma cultural, política y económica de escala global, donde música, identidad, audiencia y poder blando se entrecruzan.

En términos de negocio, el récord de audiencia consolida al Super Bowl como el evento televisivo más valioso del planeta, y confirma que la música latina dejó de ser un nicho para convertirse en un driver central de audiencias, conversación y monetización en el mercado estadounidense.

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Seattle Seahawks campeones del Super Bowl LX: defensa, método y revancha histórica

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Los Seattle Seahawks derrotaron con autoridad a los New England Patriots por 29-13 y se consagraron campeones del Super Bowl LX, disputado en el Levi’s Stadium. El título representa el segundo anillo en la historia de la franquicia y una revancha directa de la final perdida en 2015, con una actuación que combinó supremacía defensiva, eficiencia operativa y gestión del partido sin fisuras.

La final fue, desde el inicio, un monólogo defensivo. El equipo dirigido por Mike Macdonald neutralizó por completo a Drake Maye —capturado en seis ocasiones— y condicionó cada intento ofensivo de New England. En ese contexto, la precisión de Jason Myers, autor de cinco goles de campo (récord en un Super Bowl), sostuvo la ventaja hasta que el ataque encontró espacios para sentenciar la historia.

El quiebre simbólico llegó con la redención de Sam Darnold, que conectó con AJ Barner para el primer touchdown de la noche, y quedó sellado con la jugada decisiva de Uchenna Nwosu, quien devolvió un fumble 45 yardas hasta la zona de anotación, apagando cualquier atisbo de reacción de los Patriots.

Para Seattle, el anillo confirma una identidad ganadora: defensa de élite, disciplina táctica y confianza absoluta en el sistema. Doce años después de su primer título, el trofeo Vince Lombardi vuelve al Noroeste con una consagración sin atenuantes.

Camino a la final

Los Patriots habían llegado a California tras ganar la AFC Este con marca 14-3, superar a Los Angeles Chargers en la Ronda de Comodines (16-3), a Houston Texans en la Divisional (28-16) y coronarse campeones de la AFC con un ajustado 10-7 ante Denver Broncos. Buscaban su séptimo título, que los hubiera convertido en la franquicia más ganadora en soledad.

Seattle, en tanto, terminó 14-3 en la NFC Oeste, evitó la Ronda de Comodines y fue contundente en playoffs: 41-6 a San Francisco 49ers en la Divisional y 31-27 a Los Angeles Rams en la Final de Conferencia. La final ratificó esa tendencia.

Más allá del resultado, el Super Bowl LX dejó una lectura clara para la industria deportiva: los Seahawks construyeron un campeón sostenible, apoyado en una defensa dominante y una ejecución sin errores en los momentos críticos. En la noche más grande de la NFL, Seattle no dejó dudas.

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Gallos, I.A y posverdad

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El pasado domingo, la cantante estadounidense Alicia Keys, protagonizaría un espectáculo en el entretiempo del “SuperBowl” de la NFL (Liga Nacional de Fútbol Americano). Dicho momento captaría de manera abrupta la atención de los oyentes, tanto virtuales como presentes, producto de un error humano cometido por parte de la cantante. En el primer verso de aquella canción, la neoyorquina se desafinaría por completo, desatando tanto críticas negativas como empáticas en la red social Twitter (X). La noticia se volvería viral, no por el “gallo” en sí, sino por el intento de ocultarlo por parte de YouTube y la misma NFL que, intentando arreglarlo, terminaron por desatar el escándalo.

Horas más tarde, luego del Show, la cuenta oficial de la NFL debía de publicar en su cuenta oficial la grabación del evento, pero algo no cuadraba. No se trataría de algo que le agregaron al video, sino de que es lo que “ya no estaba” en el mismo. En el video, el error de Alicia Keys habría desaparecido como por arte de magia, mostrando una versión “sin gallo” de la canción, contrastando con el recuerdo presencial de las miles de personas que espectaron el traspié de primera mano. A esto se le suma, que cualquier intento por publicar el video original sería instantáneamente reprimido por parte de YouTube, dejando la versión alterada como la “oficial” o “lo que si pasó”.

Más allá de haber trastocado la cualidad “humana” del error cometido por la cantante, esta pequeña corrección insignificante haría saltar las alarmas en materia de posverdad. Bien sabemos que hoy la verdad es más fácil de alterar que nunca, desde las tormentas de Fakenews hasta la frágilvulnerabilidad de nuestras mentes a la sucesión de una verdad alterada, podemos entender que tan fácil es trastornar la realidad en esta modernidad virtual. Conocer los últimos avances en materia de inteligencia artificial le condimentan de terror a la amplitud de posibilidades que caracteriza a los “hacedores de verdad” en un mundo donde los consumidores de contenido, constantemente demandan la opinión de los intérpretes (terceros) de los eventos, diarios, youtubers, periodistas, o incluso influencers.

Podemos observar cómo, por fuera de la descares que caracteriza a los encargados de difundir los hechos al alterar la realidad (normalmente influidos por fuerzas de poder o simplemente por el dinero suficiente), los consumidores de noticias, tienden a verse atraídos por consumir variaciones preferentemente positivas y preprocesadas por sus difusores favoritos. Es que acaso… ¿Simplemente preferimos la “pulpa sin semilla” sin importar el precio a pagar?

En ciencias políticas se conoce a esta estrategia como posverdad, un resultado convenientemente manipulado por un estrato de poder de turno, que, busca implantar una idea o romper con alguna otra en la sociedad. Las alteraciones convenientes de los hechos reales no son unanovedad, sino que se remonta hasta tiempos inmemoriales. Un claro ejemplo lo fue el repudio del Estalinismo hacia León Trotsky, el cual fue llevado a tal extremo de exiliar al líder revolucionario, como a borrarlo de la historia misma de su país. Aquí esta la médula de la cuestión; Trotsky fue borrado de fotos, fue censurado de discursos y fue difamado en el propio país que le vio triunfar, a esto hay que agregarle el connotativo no menos importante de haberse logrado hace casi cien años.

Del otro lado de la trinchera, el régimen fascista liderado por el Fürer de turno, delegaría como ministro de propaganda al mismísimo Joseph Goebbels, cuya consigna fundamental supo ser “miente, miente, miente, que algo quedará”. No es acaso un matiz más en este oleo sobre lienzo que llamamos “posmodernismo”. Me fascina la habilidad humana y la dedicación destinados al estudio de la propia psicología en favor de la conveniencia de algún incógnito. Es que somos profesionales en convencernos de lo que queramos escuchar.

No es “un gallo” y ya, es un síntoma de una realidad subyacente (cada vez más peligrosa) que, tarde o temprano, termina por llevarnos puestos a todos. Hoy basta con repetir una mentira la suficiente cantidad de veces para que se convierta mágicamente en una verdad socialmente aprobada, aplastando a cualquiera que se muestre en contra, con el arma más eficaz del postmodernismo, ignorarle.

Con la tecnología actual, eliminar un nombre de la historia es pan comido “algo demasiado fácil”, pues hoy podemos desdibujar un discurso, haciéndole decir otra cosa. Esto se veía reflejado en las fakenews, caracterizadas por las citas fuera de contexto y la manipulación de los hechos en función de una dirección normalmente política. Pero ahora ya ni siquiera hace falta mentir, pueden usar mi rostro y mover mis labios para ponerme a decir cualquier irracionalidad, pueden censurar mi respuesta en las redes sociales o amenazarme en privado.

Pero lo peor de todo este desastre no es ni la tecnología ni la atroz aplicación de las mismas a conveniencia, sinó la aprobación colectiva y masiva de dicha utilización, tanto en nombre del progreso como de la comodidad del ciudadano promedio, que, mientras las noticias le sean satisfactorias a su oído, no mostrará queja alguna. Lo que vuelve poderosos a los peligrosos es la fé ciega de sus adeptos que, carentes de pensamiento crítico, defienden a muerte a su propio verdugo.

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La NFL ya paga en bitcoins

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El incipiente pero valioso negocio de las criptomonedas ha irrumpido con fuerza en el mundo de los deportes, con un creciente número de acuerdos con las principales competiciones y deportes del planeta para lograr la supremacía mundial de las monedas digitales.

Cuando se visita la página web de Crypto.com, la compañía que opera una de las principales aplicaciones del mundo para la compra y venta de criptomonedas, se puede leer que la plataforma tiene acuerdos de cooperación con un selecto grupo de socios.

De los nueve socios con los que Crypto.com ha llegado a acuerdos de colaboración, siete son del ámbito deportivo: la Fórmula 1, la Serie A de fútbol de Italia, la compañía de artes marciales mixtas UFC, el equipo de hockey profesional sobre hielo Canadiens de Montreal, el equipo francés de fútbol París Saint Germain (PSG), el fabricante de automóviles Aston Martin y el equipo de la NBA Philadelphia 76ers.

Crypto.com también firmó el pasado 25 de noviembre un acuerdo con la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) para que la plataforma digital sea el socio oficial de la competición Libertadores de 2023 a 2026.

OBJETIVO: MIL MILLONES DE USUARIOS

Crypto.com, una empresa fundada hace cinco años, que tiene 2.600 empleados y cuenta con 10 millones de usuarios, quiere “acelerar la transición mundial a criptomonedas”. Y para ello considera que el deporte es la mejor forma de llegar a sus “próximos 1.000 millones de usuarios”.

La apuesta de Crypto.com por el mundo del deporte no es un acto extravagante de “los nuevos ricos del barrio”. Una reciente encuesta realizada por la firma Morning Consult señala que el 47 % de los aficionados al deporte tienen un cierto conocimiento del mundo de las criptomonedas y de hecho, un 27 % posee alguna de estas nuevas divisas.

Las cifras de aquellos que declaran un cierto conocimiento del mundo de las criptomonedas son incluso más altas entre aquellos que se reconocen como “ávidos” aficionados deportivos, un 66 %, y los que realizan apuestas deportivas, un 72 %.

Una combinación perfecta: las actividades deportivas atraen a miles de millones de personas de todo el mundo, lo que les convierten en excelentes plataformas para aumentar la popularidad de las criptomonedas. Y los aficionados deportivos ya tienen una predisposición a adoptar las monedas digitales.

Además, hay otro elemento que atrae a compañías como Crypto.com a vincularse con entidades como el París Saint Germain: los NFT, siglas que representan el término “non-fungible token” o “token no fungible”.

NFT DEPORTIVOS, UNA MINA A EXPLOTAR

Los NFT garantizan que el objeto al que están adscritos es un pieza digital única o con un número limitado y conocido de copias. Y por ser limitado, es escaso lo que lo puede hacer extremadamente valioso.

Un NFT puede ser uno de esos cromos clásicos con deportistas. Pero en vez de ser una imagen en un papel es una fotografía digital. O puede ser un vídeo que capture un gol histórico de Lionel Messi. Y esos cromos digitales pueden ser almacenados y transferidos. Y su valor, puede aumentar con el tiempo.

Cuando el pasado 9 de septiembre se anunció el acuerdo por el que Crypto.com se convertía en el socio oficial de criptomonedas del París Saint Germain de Messi y Neymar, el cofundador y actual consejero delegado de la compañía digital, Kris Marszalek, no ocultó las posibilidades que abre la asociación.

“Entre la visibilidad de la marca, el acceso al estadio y al equipo y el desarrollo en colaboración de NFT, no tengo ninguna duda que crearemos experiencias nuevas y emocionantes para los aficionados al fútbol de todo el mundo”, declaró Marszalek.

Las cifras del acuerdo de Crypto.com con el PSG no han sido reveladas. Pero lo que si se sabe es lo que Crypto.com ha pagado para renombrar el Staples Center, el icónico centro deportivo de Los Ángeles donde juegan Los Angeles Lakers, Los Angeles Clippers, ambos de la NBA, y Los Angeles Kings, de la liga de hockey sobre hielo NHL.

Según se ha filtrado a los medios de comunicación, la compañía ha desembolsado 700 millones de dólares para que el estadio se llame a partir del 25 de diciembre y durante 20 años Crypto.com Arena.

Y lo que puede parecer una sustancial cantidad, no le va a costar nada a Crypto.com. La compañía lanzó en 2018 su propia criptomoneda, Crypto o CRO. Una semana después de anunciarse el acuerdo para renombrar el Staples Center, el valor de CRO aumentó más de un 55 % y pasó de tener una capitalización de mercado de 9.000 millones de dólares a 18.000 millones.

La intersección del mundo de las criptomonedas y el mundo del deporte no acaba aquí. Recientemente un grupo formado por unas 2.000 personas, todos aficionados a las criptomonedas, inició una campaña para comprar un equipo de la NBA a través de la venta de NFT.

Aunque al final el grupo “sólo” recaudó 4 millones de dólares, muy lejos de los más de 1.000 millones que se necesitaría para adquirir una modesta franquicia de la NBA, el intento es un aviso de lo que se avecina en el futuro.

Otra puerta que se acaba de abrir es la de pagar el salario de deportistas de élite con criptomonedas. Russell Okung, jugador de los Carolina Panthers, uno de los equipos de la liga profesional de fútbol americano de Estados Unidos (NFL) se acaba de convertir en el primer jugador que cobra la mitad de su salario anual, 13 millones de dólares, en bitcoin. Julio Cesar Rivas

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El fútbol de la Superliga quiere convertirse en espectáculo al estilo de la NBA y la NFL

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Desde la Superliga Argentina de Fútbol encaran estrategias en donde se entrelazan el marketing y las nuevas tecnologías para hacer crecer el negocio. El fútbol argentino quiere ser de clase mundial. Ya no solamente por la calidad de los jugadores que salen de sus clubes sino, básicamente, a partir de su transformación en un espectáculo deportivo todavía mayor apalancando en el entretenimiento, el marketing, internet y las nuevas tecnologías. Tal como ocurre con la NBA -básquet-y la NFL -fútbol americano- en los Estados Unidos.
iProfesional – Es lo que se propusieron los responsables de la Superliga Argentina de Fútbol (SAF) cuando se creó la nueva sociedad y el nuevo torneo, hace algo más de un año: generar ingresos más allá de los que surgen de la venta de los derechos de televisación. Y esto comenzó a verse más fuertemente en el inicio del torneo 2018, en agosto pasado, durante el partido que disputaron Argentinos Juniors y Boca.
Allí comenzaron a convivir de una manera nueva entretenimiento al estilo de lo que se ve en los grandes recitales y conectividad que apalanca estrategias de marketing para los sponsors que se suben al fútbol argentino.
Se trata de la Superliga Fan, una movida que realiza la SAF en conjunto con la empresa eFan, que brinda servicios de entretenimiento digital para eventos masivos, y que propone varias aristas:
-conectar a las personas que van a un estadio de fútbol.
-invitarlos a utilizar la aplicación Superliga para que los hinchas jueguen cuando estén en la cancha, y también fuera de ella.
-participar del espacio de entretenimiento, la Fan Zone, antes de ingresar al estadio, como una actividad recreativa, familiar y tecnológica.
Visto así, se parece mucho a lo que sucede en los recitales. Una carpa en donde los chicos pueden jugar al fútbol, pintarse la cara con los colores de su equipo, y llevarse de regalo algo de merchandising. En el caso del fútbol, acompañados por sus padres, que también tendrán la chance de participar de algún jueguito en la previa del partido.
Ya en el estadio, el objetivo será conectarse. Y se sabe. Cualquier recital excede la capacidad de las antenas móviles que pueden circundarlo. Lo mismo ocurre en un partido de fútbol. Por ello, la propuesta en este caso es que se conecten a una red WiFi que se monta exclusivamente en cada partido para que los hinchas puedan participar de juegos que propondrán, en ese mismo momento y vía la app de la Superliga, las marcas que apoyan la actividad, y compartir sus experiencias en las redes sociales.
“Estamos creando infraestructura para devolver servicios a los sponsors del fútbol. Las marcas ya no sólo buscan generar branding sino también obtener más datos porque todo tiene que traducirse, al final, en ventas”, dijo a iProfesional, Matías Cecileo, gerente de márketing de la Superliga.
Es un modelo similar al que ya se ve en el rugby y en el automovilismo y que, a través del juego entre la marca y el deporte, se busca fidelizar a los hinchas/consumidores. Sólo que el fútbol aporta un condimento fundamental: una masividad que traspasa fronteras.
Y uno de los momentos en que se acciona esa búsqueda de esos datos, el insumo básico de la era digital, es cuando se conectan a la red WiFi, tanto en la previa del partido como en el entretiempo. Ahí es cuando las marcas se ponen en acción.
“Al bajarse la app los hinchas entran en la fase lúdica. Todas las semanas hay sorteos por entradas a los partidos, pelotas y camisetas de fútbol de todos los clubes. Estos juegos están auspiciados por las marcas y las preguntas que se realizan apuntan a generar datos que les permitan desarrollar campañas, algunas en momentos específicos”, explicó, por su parte, Ariel Salvetti, gerente comercial de eFan.
Quilmes, Comafi, Flybondi, Personal y Río Uruguay Seguros son las empresas que ya forman parte de esta iniciativa. Son laos que, a través del juego, obtienen información que, luego, les sirve para desarrollar acciones de márketing puntuales.
Se trata de contratos por un año, donde se da exclusividad por categoría, y en los que se conjugan el branding, las activaciones y los datos que se recopilan a través de la app, y que luego se les ofrece como un servicio incluido en el acuerdo monetario.
¿Qué tipo de información es la que obtienen las marcas? Sobre grupos en general, es decir, qué cantidad de mujeres o de hombres participaron de los juegos, a qué segmento etario pertenecen, de qué equipo son hinchas, y otros intereses sobre los que se haya indagado en el juego. Esos datos servirán para acciones posteriores, sea durante un partido o durante la semana, considerado también el “tiempo muerto” del fútbol, pero que bien podría rendir dineros extras.
A ese objetivo va dirigida esta estrategia de entretenimiento apalancado en el fútbol como espectáculo: a que por acciones de márketing y de contenidos los hinchas sigan moviendo las tribunas digitales durante la semana a través de su teléfono, mientras desde otros espacios se generan contenidos exclusivos para la televisión, y así ir conformando una espiral ascendente donde se cruzan consumidores, marcas, clubes y empresas. En definitiva, más facturación.
Los primeros números
En el primer partido donde la SAF comenzó con la propuesta Superliga Fan, disputado entre Argentinos y Boca, 12.000 personas se conectaron por esta vía y jugaron dentro de la app.
En el segundo partido, protagonizado esa vez por Racing y Boca, lo hicieron 8.500 hinchas. El tercero debió suspenderse. De modo que esa tercera prueba se realizará el próximo fin de semana cuando jueguen Independiente y Huracán.
Por ahora, la propuesta de entretenimiento con carpa, conectividad y juegos en la app, se realizará de a un partido por fecha. Al menos hasta que finalice esta edición de la Superliga. La idea es que a partir del nuevo torneo, a comenzar en agosto de 2019, ya sean tres los partidos por fecha en los que se despliegue la propuesta.
Y que, a medida que más hinchas de distintos clubes descarguen la app y participen de los juegos, trivias y demás posiblidades ya no sólo durante los partidos sino durante la semana en general, la información que se produzca dé lugar a más servicios. Por ende, a más facturación, que es el objetivo de máxima de toda esta puesta.
La razón de esta acción acotada en este inicio responde a que los clubes tienen que disponer del espacio necesario antes de ingresar a la cancha para instalar las carpas, stands y juegos que integran el FanZone.
Tecnologia base
Otro aspecto que se debe tener en cuenta para el despliegue de la actividad es la conectividad de la zona, que también debe poder interconectarse con la del proveedor de la Superliga Fan, que es el Telecom. Por ahora, unos 20 de los 26 estadios de los equipos que animan este torneo están en condiciones aptas para el montaje del equipamiento necesario.
La infraestructura tecnológica resulta clave para toda esta puesta en escena. Efan monta y desmonta en cada partido el cableado y las antenas Wifi para distribuir la conectividad. Esto se interconecta, a su vez, con un enlace de 1gb simétrico que aporta Telecom.
“La fecha de cada partido se elige por la disponibilidad de conectividad. Porque si no hay, se debe levantar infraestructura y eso es inviable para el negocio”, apuntó Salvetti. Otra manera de mostrar el rol vital que las redes de telecomunicaciones juegan hasta para la conversión de un partido de fútbol en un súperespectáculo deportivo.
Sobre esa conectividad se apoya la plataforma de Cisco que sostiene los contenidos que se distribuyen durante un partido o fuera de él, sean los juegos en la app o lo que se va compartiendo vía redes sociales y se refleja en las pantallas dispuestas en los estadios. Es la misma que usan en la NBA y en la NFL.
“A finales de octubre vamos a Estados Unidos a ver partidos de la NBA y la NFL para ver el back de todo lo que se puede generar a partir de la disponibilidad de esta tecnología”, detalló a iProfesional, Mariano Elizondo, presidente de la SAF.
La inversión en la plataforma de Cisco fue realizada de manera conjunta entre la SAF y la empresa eFan, mientras que esta última se dedica a desarrollar las aplicaciones que se montan en la app del torneo.
Por ahora, la Superliga tiene tres líneas de negocios: Superliga Fan, los productos para el hincha y las estrategias de márketing orientadas a generar recursos para los clubes sobre los proveedores que tienen en común, desde los sponsors hasta el proveedor de conectividad pasando por servicios básicos, como las ambulancias y otras prestaciones, cuya compra en conjunto permite bajar los costos.
La historia para profesionalizar el espectáculo del fútbol recién comienza. Ya están en marcha acciones de branding con productos de consumo masivo, el acuerdo con Google para ver los resultados de los partidos en tiempo real y el desarrollo de acuerdos con tarjetas de afinidad para fidelizar a los socios de los clubes, y más aplicaciones que combinen modelos freemium y Premium sin dejar de lado los e-sports, en franco crecimiento en el país.

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