Obesidad

La Sociedad Argentina de Nutrición propone cambiar las miradas sobre la obesidad

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“Cambiar las ‘miradas’ sobre la obesidad permite lograr un abordaje más integral de este verdadero problema de salud pública, pero es necesario un cambio conjunto por parte de las personas con obesidad, sus familiares y amigos, y también de aquellos que juzgan y estigmatizan al otro, y que a veces inclusive son quienes tienen a su cargo la atención y la posibilidad de incidir sobre políticas públicas”, afirmaron desde la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

La pandemia puso en evidencia el riesgo que tener obesidad representa para la salud, porque hoy sabemos que es uno de los principales factores de riesgo de desarrollar cuadros graves de COVID-19.[4],[5] A pesar de esto, nuestro país fue uno de los que más subió de peso en este último año y medio.1

“Es definitivamente un problema de salud pública en alza, tanto en nuestro país como en el mundo. Por eso, tenemos el compromiso de contribuir a adoptar una mirada amplia para abordarla exitosamente”, sostuvo la Dra. Miriam Tonietti, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.

En este contexto, la SAN lanzó, en colaboración con el laboratorio Novo Nordisk, la campaña en redes sociales y medios digitales #LaSaludeselModelo, que propone cambiar las miradas frente a la obesidad para concientizar sobre la dimensión del impacto que esta enfermedad tiene y el rol que pueden cumplir los médicos especialistas y todos los integrantes del equipo interdisciplinario, como aliados en los programas para el manejo y control del peso. La propuesta de cambiar miradas se refiere a algunas de las siguientes:

La propia mirada de la persona con obesidad: Es un error considerar a la obesidad como un tema meramente estético, que afecta la autoestima y que nada puede hacerse al respecto más que aceptarse. Quererse a sí mismo representa también hacerse responsable de la propia salud, cuidándola y reconociendo que la obesidad es una enfermedad crónica asociada a más de 60 condiciones que ponen en riesgo la salud actual y futura. La obesidad incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos en las articulaciones, en la fertilidad y aumenta las chances de desarrollar varios tipos de cáncer, entre otras consecuencias posibles[6].

En ocasiones hay una mirada que subestima el problema: una investigación arrojó que 6 de cada 10 personas con obesidad se consideran solo con ‘algo de sobrepeso’[7], aun cuando no es un aspecto subjetivo, sino que esta enfermedad se define por el cálculo del índice de masa corporal, a partir del peso y la altura de cada uno.

Errores en la propia percepción pueden generar una apreciación equivocada de las consecuencias y atentar contra el adecuado manejo, al postergar o no concretar la consulta médica, primer paso para iniciar un abordaje integral.

La mirada de corto plazo: esa que pone metas inalcanzables, como bajar 20 kilos para llegar al verano, que solo hace que se caiga en dietas mágicas, peligrosas y productos con promesas irrealizables que defraudarán y, muy probablemente, generen efecto rebote e, inclusive, pongan en riesgo la salud.

Como enfermedad crónica que es, la obesidad requiere de un abordaje en el largo plazo. Es necesario entender que, para lograr un control de esta enfermedad, la persona debe transitar un camino largo que incluya realizar cambios en el estilo de vida habitual, con resultados que irán ocurriendo lentamente, pero que, si se dan esos pasos firmes, es más factible que puedan sostener los beneficios en el tiempo.

La mirada de la persona sin obesidad: para el que no tiene obesidad o sobrepeso es difícil entender la relación entre la persona con obesidad y la comida, las emociones, la autoestima y el metabolismo, entre otros aspectos. Cuesta dimensionar la dificultad de lograr un peso corporal saludable y sostenerlo a largo plazo, y no considerar que es un tema de voluntad, que se resuelve únicamente con ‘cerrar la boca’ y ‘moverse más’.

En la obesidad intervienen factores genéticos y ambientales. Los dos más conocidos son la ingesta excesiva de energía y un estilo de vida sedentario. Sin embargo, existen otros -solo por citar algunos- como la falta de sueño, los cambios hormonales, la microbiota intestinal y la cesación tabáquica, además de factores psicosociales como la ansiedad, el estrés y la depresión.[8]

La mirada de quien estigmatiza: con la mirada, al señalar, al estigmatizar, discriminar y usar determinadas palabras hostiles puede hacerse mucho daño a las personas con obesidad. “Es claro el ejemplo de lo que sucede en la escuela y las burlas al niño o adolescente con sobrepeso; éste es un patrón que, de algún modo, puede sostenerse por el resto de la vida, impactando en el desarrollo laboral, en las relaciones personales y en la vida social de todos los días.

La persona con obesidad (al igual que la que no tiene esta enfermedad) necesita comprensión, empatía y aceptación, que se la valore por lo que es y, si es necesario, se la ayude con las medidas adecuadas para hacer frente a su condición”, explicaron desde SAN.

La mirada del profesional de la salud: un estudio mostró que inclusive los profesionales de la salud que tratan la obesidad a veces subestiman el problema y consideran que sus pacientes no tienen la motivación necesaria o verdadera intención de bajar de peso.7

“Sin darnos cuenta, caemos también en una trampa cuando en realidad somos conscientes de que es una enfermedad muy difícil de abordar y, posiblemente, involuntariamente estemos contribuyendo a que los resultados no sean los esperados”, agregó la Dra. Tonietti.   

La mirada de los decisores de políticas públicas: El manejo de la obesidad requiere medidas concretas e integrales que regulen la producción, distribución y publicidad de alimentos, que promuevan la vida activa, acerquen la actividad física a la gente y reconozcan la cobertura del tratamiento de la obesidad como lo hacen con cualquier otra enfermedad crónica no transmisible, y ayuden a educar desde las primeras etapas de la vida para que aprendamos a comprar mejores alimentos, a cocinar más sano y a procurar llevar estilos de vida más saludables.

En Argentina, la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso + obesidad), según la 4a edición de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (presentada en 2019), fue de 61,6%, comparativamente superior a la 3a edición (57,9% en 2015), con una tendencia que se mantuvo en ascenso alarmante en relación con los relevamientos anteriores.[9]

En menores de 18, las cifras no son mucho más adelantadoras: 41.1% es la cifra de exceso de peso para los niños entre 5 y 18 años y 10% en los menores de 5.3 Además, en los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5[10]; más de 124 millones tienen obesidad en el mundo.[11]

#LaSaludeselModelo propone que sea el impacto en la salud el eje central de la discusión alrededor de la obesidad, y no la estética, por eso el juego de palabras con el mundo del modelaje, que asocia delgadez con belleza y corre el eje hacia un aspecto menos relevante del peso corporal deseable.

“Todos debemos comprender que la obesidad es una enfermedad y, por tanto, actuar en consecuencia. Con esta mirada, el problema de la obesidad alcanzará la dimensión que merece y contribuiremos a que más personas logren obtener y mantener un peso corporal saludable y una mejor calidad de vida”, concluyó la Dra. Miriam Tonietti.

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Obesidad y sedentarismo, principales factores de riesgo cardiovascular en adultos rurales

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Un estudio del Laboratorio de Bioquímica Aplicada (FaCENA-UNNE) identificó factores de riesgo cardiovascular en adultos de zonas rurales aledañas a las localidades de Corrientes y Resistencia. Obesidad y sedentarismo fueron los factores más frecuentes.

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en todo el mundo. Cada año mueren más personas por ECV que por cualquier otra causa. Son enfermedades de etiología multifactorial y su evolución está ligada a la presencia de factores de riesgo cardiovascular (FRCV).

Por ello, se consideran claves las estrategias de identificación preventiva de factores de riesgos en la población.

En ese sentido, el Laboratorio de Bioquímica Aplicada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la UNNE (FaCENA) realizó un estudio de factores de riesgo a pobladores de zonas rurales aledañas a las localidades de Corrientes y Resistencia (Chaco) donde se instalaron puestos bioquímicos como servicio a la comunidad.

Previo consentimiento informado, se tomaron muestras de sangre venosa para determinar glucemia y el perfil lipídico. En forma paralela se realizó una encuesta, se tomaron medidas antropométricas y de presión arterial.

De acuerdo a la encuesta realizada se logró recabar que el sedentarismo y la obesidad comparten el primer lugar de prevalencia en la población estudiada.

 El 73% reportó realizar actividad física menos de 30 minutos, tres veces por semana, lo cual se consideró como indicador de sedentarismo.

El 46% de la población analizada presentó un Índice de Masa Corporal (IMC) mayor al 29,9% indicando obesidad.

El 44% presentó presión arterial sistólica superior a 120 mm Hg y/o diastólica superior a 80 mm Hg; mientras que el 17% de los entrevistados declaró ser fumador actual.

Según sostienen desde el Laboratorio de Bioquímica Aplicada de FaCENA-UNNE, un alto porcentaje de la población incluida en el estudio presentó obesidad y sedentarismo, lo cual señala la necesidad de educar a la población para mejorar los hábitos alimenticios y aumentar la actividad física.

“La alta prevalencia de factores de riesgo cardiovascular en adultos jóvenes remarca la importancia de realizar campañas de concientización y prevención encaminadas a reducirlos” explicó la Bioq. Patricia Goicoechea, referente del estudio que contó además con la participación de la Bioq. Macarena Cesario; Bioq. Ariel Leyes Pedrozo y la Bioq. Natalia Serrano, directora del Laboratorio.

Por otra parte, se estudiaron las variables bioquímicas que pueden producir riesgo a desarrollar enfermedades cardiovasculares. Las alteraciones que se presentaron en mayor frecuencia fueron la disminución de colesterol en lipoproteínas de alta densidad, y el incremento del colesterol total. El 25% presentó glucemia en ayunas alterada.

Al realizarse el análisis de cuantos factores de riesgo presentaba cada individuo estudiado, el 5% de las personas no presentó ninguno de los factores de riesgo analizados, mientras que el 29% presentó un FRCV, 27% presentó dos FRCV y el 39% presentó tres o más de ellos de forma simultánea.

La asociación más frecuente fue el sedentarismo unido al IMC elevado.

“Este trabajo fue realizado con el objetivo de estudiar y comparar la prevalencia de los diferentes factores de riesgo a desarrollar enfermedades cardiovasculares. De acuerdo con los resultados obtenidos, llama la atención la elevada cifra de obesidad que, incluyendo al sobrepeso, compromete al 71% de la población” remarco la bioquímica Goicoechea.

Agrega que el alto porcentaje de obesidad cobra importancia por ser un factor de riesgo no solo para las enfermedades cardiovasculares, sino también para otras enfermedades crónicas. Asimismo preocupa el alto índice de sobrepreso, pues quienes tienen sobrepeso poseen altas probabilidades de desarrollar obesidad en un futuro.

Para los integrantes del Laboratorio de Bioquímica Aplicada (FaCENA-UNNE),  “la alta prevalencia de factores de riesgo cardiovascular en adultos jóvenes remarca la importancia de realizar campañas de concientización y prevención encaminadas a reducirlos”.

Consideran que estos resultados se convierten en una línea de base para el estudio de factores de riesgo cardiovascular y enfermedades cardiovasculares, que puede ser utilizada para derivar macro-proyectos que beneficien a la población.

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El 60% de los argentinos tiene sobrepeso y la industria alimenticia es la culpable

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Chau a “moderar la porción”, mejor comer comida real.

Según datos de la 4ta. Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, hoy el 61,6% de los argentinos tiene exceso de peso. La obesidad afecta a más del 25% y el sobrepeso casi al 40%, con graves consecuencias para la salud cardiovascular.

En los últimos 15 años la población con obesidad aumentó dos tercios, hoy afecta al 25% de los argentinos y el sobrepeso casi al 40% , con graves consecuencias para la salud cardiovascular. Pero surge la duda: ¿hay que combatir la obesidad agresivamente o atender más a otros factores de riesgo?

La Federación Argentina de Cardiología promueve un nuevo enfoque que sugiere que la acumulación de grasa es la respuesta natural del organismo a la “dieta industrial”: ¿Sigue siendo válida la estrategia de exigirle “moderación” al paciente? ¿Qué otros caminos hay?

No existe ninguna duda sobre la asociación entre la obesidad y la enfermedad cardiovascular y sus factores de riesgo. En línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la mayoría de las sociedades médicas, la Federación Argentina de Cardiología (FAC) “promueve de manera activa desde hace años la concientización acerca de la necesidad de un cambio de hábitos en toda la sociedad, desde la familia hasta las industrias y las instituciones del Estado, a fin de que desde la niñez y la adolescencia cada chico pueda tener el derecho a una alimentación saludable, ya que es esa la única manera de evitar la aparición de los factores de riesgo cardiovascular crónicos en la adultez, cuando en general ya es demasiado tarde”, afirma el Dr. Jorge Camilletti (Mat. N° 110356), presidente de la FAC.

Si bien los factores genéticos inciden, mantener durante años una alimentación excedida en grasas saturadas e hidratos de carbono simples refinados (harinas), pocas frutas y verduras, sumado a la falta de actividad física, son un combo fatal que tiene como resultado sobrepeso, obesidad, presión arterial elevada, diabetes tipo 2, exceso de triglicéridos y colesterol.

Aunque suene apocalíptico, esa es la dieta que hoy por hoy constituye un factor común de toda la humanidad.

Pero no pasa solamente por una cuestión estética, el más perjudicado es nuestro sistema cardiovascular: los infartos y ACV se han convertido en pocas décadas y por lejos la primera causa de muerte prematura y discapacidad.

La Federación Argentina de Cardiología afirma que sería un grave error seguir “culpabilizando” al paciente con sobrepeso por el estado de su salud, “como si el galopante crecimiento epidemiológico de la obesidad en todas las sociedades industrializadas obedeciera en realidad a una pandemia de falta de voluntad de la gente por bajar de peso”. Todo lo contrario, en estos últimos años la sociedad está más obsesionada por la imágen y adelgazar.

La FAC también afirma que “la estigmatización no produce reducción de peso”, hay que tener en cuenta las condiciones de vida de las personas en lugar de hacer foco en el “estilo de vida” , porque “no todos pueden elegir comer platos gourmet y jugar golf por las tardes”.

Si nos dejamos llevar por los prejuicios, el principal condicionante de la salud sería, el entorno socioeconómico de las personas, por supuesto que es innegable que las posibilidades de elegir están afectadas por el poder adquisitivo y por la accesibilidad de los alimentos, entre muchos otros factores.

Sin embargo la epidemia global de obesidad crece incluso en países y en entornos con mayor ingreso por habitante, y esto, sumado a la investigación biomédica más reciente, dió como resultado nuevos enfoques médicos que incluso se replantean qué es la obesidad: “Acumular grasa es un mecanismo adaptativo con el que el organismo en realidad se defiende de un entorno como el que actualmente se ha creado a raíz de la dieta industrial, de la comida ultraprocesada que nos impulsa a comer más y más y que ha logrado quebrar los circuitos regulatorios naturales del ciclo del hambre y la saciedad”, explica el Dr. Esteban Larronde, médico especialista en Cardiología (N.P. 3329 – Prov. de Neuquén) Secretario Regional de Prensa y Difusión de FAC.

Las estrategias de control de peso basadas en la “moderación” y en ingerir “la porción justa” siguen siendo las más habituales, “porque son funcionales a las estrategias comerciales de muchas empresas muy poderosas e influyentes del mercado alimenticio, que no solamente viven estimulando el consumo a través de la publicidad y la oferta permanente en todas partes, sino que además influyen, en muchos casos, en la comunidad médica a través de especialistas de referencia y del financiamiento de estudios científicos”, sostiene este especialista.

En países como China, donde hay menos obesidad y a pesar de su genética no propensa a formar tejido
adiposo, desde que los alimentos comenzaron a industrializarse, la gente muere antes por problemas cardíacos y ACV.

Según el Dr. Larronde, el caso de China “muestra claramente que la obesidad es un síntoma del trastorno que la dieta industrializada produce en el organismo, y que el verdadero problema es ese síndrome metabólico, porque es lo que destruye la salud cardiovascular, aunque no se manifieste como obesidad”.

Descubierto en la década de 1980, el concepto de “síndrome metabólico” fue cobrando cada vez más importancia en la medicina cardiovascular: agrupa al conjunto de los factores de riesgo crónicos –obesidad abdominal, alteración de los lípidos, colesterol LDL alto, resistencia a la insulina, descontrol de la presión arterial y de los niveles de azúcar en la sangre– que actúan de manera conjunta e interrelacionada incrementando el riesgo de infarto, ACV, enfermedad renal y otras patologías, además de deteriorar la calidad de vida y acortarla.

Para el Dr. Alcalá, en cambio, “la obesidad es una causa de infarto no tratada”, y el problema es que la lucha contra la obesidad no ha sido aún lo suficientemente agresiva: “Es evidente que la que está enferma de obesidad es la sociedad”.

Para el especialista neuquino, creer que este problema se soluciona enseñándole a la población –especialmente cuando ya ha entrado en el círculo del aumento de peso– a consumir alimentos ultraprocesados “con moderación” es una peligrosa ilusión, porque la dieta industrial desequilibra completamente nuestro organismo. “Se nos dice que somos obesos porque comemos mucho y nos movemos poco, pero lo cierto es que la gente no es dueña de comer menos y moverse más, y que para el cuidado de la salud cardiovascular es necesario cambiar los alimentos que consumimos, y ese cambio es difícil, lleva mucho tiempo e incluye al entorno social”, asegura el experto.

Entonces el problema no es la persona, sino la sociedad y el gobierno que no exigen que las opciones saludables sean las más accesibles y fáciles de seguir.

La Federación Argentina de Cardiología concluye: “La única manera de cuidar la salud de los argentinos es lograr
que, desde el entorno familiar y escolar, los niños y jóvenes puedan acceder a una alimentación más saludable y adquirir el hábito fundamental de la actividad física, a fin de gozar del derecho de llegar a la vida adulta sin que la
sociedad les imponga la carga de los factores de riesgo ya instalados, atentando silenciosamente contra su salud y
contra su calidad y esperanza de vida”.

Principales características de la dieta industrial:

  1. Menos alimentos “vivos “o “crudos” con alto contenido en “agua biológica”, pocas frutas, verduras y hortalizas, a menudo desnaturalizadas por la excesiva cocción, por las técnicas de conservación u otras técnicas culinarias agresivas.
  2. Sustituir el agua natural por refrescos, azucarados, gasificados, con productos aditivos químicos y por una gran variedad de bebidas alcohólicas. En el agua que actualmente se consume se detectaron múltiples sustancias contaminantes como antibióticos, pesticidas, etc.
  3. Los cereales están excesivamente refinados, perdiendo su condición de “vivos”. Se eliminaron las variedades ancestrales y se modificó su material genético, cambiándolas por variedades más productivas. Como resultado, tienen menos fibra natural y brote germinal. Esto, a su vez, prolonga la fecha de caducidad.
  4. Los alimentos tienen un índice glucémico cada vez más alto, que eleva en exceso el nivel de glucosa en la sangre ocasionando un aumento de insulina luego de las comidas y otras alteraciones metabólicas que conducen a la acumulación de grasa en el tejido adiposo, así como el aumento de sustancias pro-inflamatorias en los diversos órganos.
  5. La composición de los ácidos grasos de la dieta se altera, por reducir el consumo de ácidos grasos poli-insaturados y mono-insaturados y el aumento de los ácidos grasos saturados. La alimentación industrial del ganado hizo que las carnes contengan niveles muy altos de grasas saturadas, lo cual no sucedía antes cuando los animales se alimentaban naturalmente. Es decir, se están criando animales gordos y sebosos, con más kilos por unidad, con fines exclusivamente comerciales. Estas grasas saturadas, grasas “trans” u otras grasas artificiales, todavía no han sido bien estudiadas y podrían no ser bien toleradas por el organismo humano.
  6. Mayor porcentaje de proteínas en la dieta, el aumento del contenido proteico en la alimentación altera el equilibrio ácido-base con tendencia a acidificar el medio interno, lo cual favorecería la depleción de calcio y el aumento de sus necesidades basales.Los sistemas enzimáticos del organismo, no están adaptados a tanta proteína, por lo que se producen bloqueos enzimáticos. Asimismo podría haber una sobrecarga del sistema de excreción renal y la interferencia de proteínas extrañas en el sistema inflamatorio e inmune.
  7. La aplicación de las nuevas técnicas industriales desnaturalizan muchos nutrientes. Por ejemplo, el calor excesivo ocasionado por la pasteurización o el cocimiento excesivo de los alimentos o las frituras intensas o el calentamiento por los aparatos de microondas, etc. Estas macromoléculas modificadas o alteradas, podrían no ser bien asimiladas o utilizadas por el organismo y al no poder eliminarlas, podrían “ensuciarlo” e inducir reacciones inflamatorias o auto-inmunes. Destacamos el refinado de los aceites, que ocasionan la pérdida de antioxidantes y de sustancias anti-inflamatorias, que son destruidas o modificadas, pudiendo convertirse en peligrosas, cuando su elaboración se realiza a altas temperaturas.
  8. Comer conservas o alimentos embotellados que fueron sometidos a técnicas de conservación. Antiguamente se utilizaban conservantes naturales con moderación, que permitían alargar la vida de los alimentos, como la salmuera, los adobes, los encurtidos, los escabeches, los ahumados, el secado, etc. Pero actualmente se embotella casi todo, perdiendo en su proceso gran cantidad de nutrientes, alterándolos y convirtiéndolos preferentemente en alimentos energéticos.

Fuente Urgente24

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La yerba mate puede aumentar los niveles de antioxidantes en las personas con sobrepeso y obesas

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Un nuevo estudio de Brasil afirma que consumir un litro de yerba mate al día (pero no de té verde) puede incrementar los niveles de una enzima antioxidante relacionada con el colesterol HDL (bueno) en personas obesas y con sobrepeso.

 

Los datos de un ensayo clínico aleatorizado de ocho semanas indican que el consumo de yerba mate se relacionaba con un aumento del 10% de la enzima antioxidante paraoxonasa-1 (PON1), que está estrechamente relacionada con la lipoproteína de alta densidad (HDL), en comparación con el control (té de manzana) y té verde.

También se registró una reducción en los niveles de leptina en el grupo de mate, declararon los investigadores dirigidos por Guilherme Balsan y Vera Lúcia Portal de la Fundación Universitaria de Cardiología -IC/FUC.

“La ingesta diaria de un litro de yerba mate durante ocho semanas en sujetos con sobrepeso u obesidad y dislipidemia aumentó su capacidad antioxidante a través del aumento de los niveles séricos de PON1 y se relacionaba positivamente con el aumento de HDL-c, destacando el papel protector de este compuesto contra la enfermedad aterosclerótica,” escriben los investigadores en el Nutrition Journal.

“La reducción de lo niveles de leptina en el grupo de la yerba mate se relacionaba de forma significativa con la reducción de insulina e IMC (Índice de Masa Corporal).”

“Estos resultados demuestran el papel antioxidante de la yerba mate y sus posibles beneficios en el metabolismo glucémico y el control de peso corporal.”

yerba mate

Atención creciente

La yerba mate (Illex paraguariensis) es una bebida similar al té que tradicionalmente se consume en varios países sudamericanos vertiendo agua hervida en altas concentraciones de hojas. Los ingredientes activos de la bebida incluyen polifenoles y derivados de la cafeína como ácido cafeico, ácido clorogénico y diferentes formas de ácido cafeoilquínico. La yerba mate también contiene fitosteroles y saponinas.

La bebida ha estado recibiendo una cada vez mayor atención fuera de América del Sur gracias al atractivo mundial de estrellas del fútbol de América Latina como Lionel Messi y Luis Suárez, ambos jugadores del F.C. Barcelona.

El nuevo estudio observó los beneficios potenciales para la biogénesis mitocondrial y termogénesis.

Detalles del estudio

Los investigadores brasileños reclutaron a 142 hombres y mujeres con sobrepeso y obesidad de entre 35 y 60 años para que participaran en el ensayo. Los participantes fueron asignados aleatoriamente para que recibieran un litro diario de yerba mate, té verde o té de manzana (control)  durante ocho semanas.

Los resultados mostraron que los participantes del grupo de la yerba mate experimentaron un incremento en la capacidad antioxidante relacionada con los mayores niveles de PON1 y esto se relacionaba de forma positiva con el incremento de los niveles de colesterol HDL.

Por otro lado, los investigadores dijeron que el té verde no tuvo impacto en PON1 o en la leptina.

“Los estudios epidemiológicos y de cohortes proporcionaron pruebas convincentes sobre el papel protector de PON1 contra la enfermedad arterial a través de su capacidad para prevenir la oxidación de lípidos y limitar el desarrollo de la lesión aterosclerótica debido a su conexión con HDL “, explicaron los investigadores. “En el presente estudio, la variación en los niveles de PON1 también presentó una asociación significativa con HDL. Este resultado refuerza el hecho de que el PON1 está estrechamente relacionado con el HDL, promueve la inhibición de la oxidación de LDL y disminuye los lípidos oxidados en las lesiones ateroscleróticas.”

consumir un litro de yerba mate al día

“También es una evidencia de la actividad antioxidante de la yerba mate en los humanos que resulta en un aumento de los niveles de la enzima y en una interacción positiva con HDL”. 

“Estos resultados sugieren que la yerba mate y otros antioxidantes nutricionales, a través de un mecanismo no del todo claro, mejoran los niveles de la enzima antioxidante PON1 y puede ofrecer beneficios como protectores cardiovasculares”. 

Los investigadores solicitaron estudios más amplios para confirmar estos resultados.

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Obesidad Infantil: estadísticas argentinas sobre un problema mundial

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El sobrepeso y la obesidad son uno de los principales problemas de salud pública de la actualidad a nivel mundial. Tal es así que, en los últimos 30 años, sus índices han llegado a triplicarse.

Según los últimos datos arrojados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016 había más de 340 millones de niños y adolescentes -de 5 a 19 años- con sobrepeso u obesidad. Asimismo, junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), indican que la prevalencia de obesidad en menores de 5 años es de 6,2% (41 millones) a nivel global, con un aumento de 33% desde el 2000 al 2016.

Argentina: un mal ejemplo en la región

Nuestro país presenta el mayor porcentaje de obesidad infantil en niños y niñas menores de cinco años en la región de América Latina. Los números lo avalan: según la Base de Fatos Global sobre Crecimiento Infantil y Malnutrición de la OMS, los argentinos poseen un 7,3% de prevalencia. Asimismo, según el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) de nuestro país, 1 de cada 3 niños en edad escolar tiene sobrepeso u obesidad.

Si bien la seguridad de los edulcorantes no calóricos en cualquier etapa de la vida – incluyendo la niñez- ha sido afirmada por autoridades normativas durante casi cuatro décadas, todavía surgen preguntas sobre cómo deben utilizarse.

“Desde el punto de vista de la toxicidad, los edulcorantes no calóricos (ENC) son seguros durante cualquier etapa de la vida incluyendo la niñez, respetando los límites de la ingesta diaria admitida” asegura Susana Socolovsky, consultora técnica internacional en innovación tecnológica de alimentos y regulaciones alimentarias de Argentina. “En niños con condiciones que así lo requieran, como puede ser la obesidad, síndrome metabólico o diabetes tipo 1 y 2, los ENC pueden resultar una herramienta adicional a incluirse dentro de un plan de vida saludable que integre una dieta balanceada y actividad física” finaliza.

Referencias

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