Obesidad

Proponen quince medidas para abordar la obesidad en nuestro país

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Una alianza de referentes de organizaciones civiles vinculadas al sector de la salud, conformada -entre otros- por la Asociación Civil Sostén, la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), la Federación Argentina de Diabetes, la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad, Enfermedad Metabólica y otras Relacionadas con la Obesidad (SACO) y el Instituto de Política, Economía y Gestión en Salud (IPEGSA), elaboró y presentó un documento de posición denominado Sobrepeso y obesidad: un desafío para la salud y el desarrollo que requiere la participación de la sociedad civil.

Este posicionamiento evaluó las causas que explican el desarrollo del sobrepeso y la obesidad, y exploró 15 posibles caminos para frenar y revertir su desarrollo. El documento, que propone abordar a la obesidad como un problema social, para lo que se requiere un abordaje desde múltiples perspectivas, es el resultado de un ciclo de diálogos entre expertos bajo la consigna “Obesidad, la necesidad de una política integral”, una iniciativa que se inició en 2022.

“Estamos convencidos de que la obesidad es una enfermedad y que debe ser reconocida como tal, pero inclusive es más que eso: es una problemática más compleja, que requiere otro tipo de discusiones y una mirada social, mucho más amplia que la perspectiva estrictamente médica. Por eso, nos propusimos trabajar colaborativamente identificando sus causas y explorando aquellas posibles medidas para contribuir a contrarrestarla”, explicaron los autores del documento.

El Dr. Rubén Torres, médico sanitarista, Presidente y Director de Políticas Sanitarias y Salud Pública de IPEGSA, estuvo involucrado en esta iniciativa y sostuvo que “en el mundo, la prevalencia de obesidad se ha duplicado en los últimos 25 años (sobrepeso y obesidad casi se han triplicado en los últimos 40, afectando ahora al 44% de la población mundial). Hoy, en nuestro país, prácticamente dos tercios de los adultos tienen sobrepeso u obesidad, es decir 6 de cada 10 personas. Eso nos muestra que no estamos siendo exitosos con las medidas que hemos tomado hasta ahora y precisamos una mirada más completa del problema”.

La evidencia del impacto de la obesidad en la salud general es abrumadora: incrementa el riesgo de desarrollar diabetes y otros problemas de salud física y mental como hipertensión arterial, enfermedades respiratorias crónicas, enfermedad renal, cardiovascular, hepática y algunos tipos de cáncer, ansiedad, depresión, además de tensión en las articulaciones, disminución de la capacidad de movimiento y trastornos del sueño, incluyendo apneas, entre otras, sumadas a la estigmatización, discriminación y bullying. Pero también tiene un impacto significativo en la economía de un país y en el desarrollo de su capital humano. 

“Este informe intenta ser un llamado de atención, porque los niños y niñas de hoy tal vez sean la primera generación, en un siglo, que tenga una expectativa de vida inferior a la anterior y -en buena medida- eso se debe al desarrollo de enfermedades crónicas, muchas de las cuales son disparadas por el sobrepeso y la obesidad. Hoy se sabe que la obesidad genera o empeora muchas otras enfermedades, en algunos casos inclusive dificultando su tratamiento”, sostuvo Silvia Fernández Barrio, presidente de AEPSO, organización que también acompaña a personas con obesidad.

En la misma línea, la profesora Judit Laufer, presidente de la Federación Argentina de Diabetes, describió que “cuanto mayor es el exceso de peso y mayor el tiempo que la persona vive con ese exceso de peso, mayor es el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas1: está demostrado que los hombres con obesidad tienen casi siete veces más probabilidades y las mujeres más de 12 veces más chances de tener diabetes que los adultos con peso normal2.

Entre las conclusiones del trabajo, se destaca la necesidad de describir, de una vez por todas, el recorrido de la persona con obesidad, desde el desarrollo de su obesidad y sus causas, los hábitos de ingesta, los patrones socioculturales, el acceso a la comida saludable, la actividad física y los estímulos externos que la promueven o no, los aspectos metabólicos involucrados, las emociones, el estigma del entorno, las dificultades en los vínculos, los intentos fallidos de descenso de peso, la consulta médica, los tratamientos conductuales y farmacológicos, y la cirugía, entre otros aspectos, para identificar oportunidades de intervenciones que puedan cambiar el curso de la enfermedad.

Un problema de salud, múltiples causas y consecuencias

Persiste la percepción social, e inclusive entre algunos profesionales de la salud, de que la obesidad es meramente el resultado de las elecciones individuales relacionadas con la dieta y el ejercicio. Los autores del documento remarcaron que tratar la obesidad como una elección de estilo de vida no ha logrado detener su avance en Argentina y en el mundo; la ciencia de la obesidad es más compleja que eso y hoy se conoce que su desarrollo implica una combinación de factores ambientales, sociales, culturales, biológicos, psicológicos y genéticos.

La Organización Mundial de la Salud estima que el consumo promedio diario de alimentos per cápita en el mundo en desarrollo ha aumentado en 400 calorías, pasando de 2405 kcal en 1985 a 2850 kcal en 2015. En niños y adolescentes, las cifras crecen de manera alarmante: más del 40% tiene sobrepeso y obesidad en Argentina. Además, la obesidad dejó de estar asociada a países y personas de ingresos altos. Por el contrario, es cada vez más un problema de las poblaciones más vulnerables.

“El sobrepeso y la obesidad tienen, además, un gran impacto en las economías nacionales, por la reducción de la productividad, el aumento de la discapacidad, de los costos de atención médica y la reducción de la esperanza de vida. En países que los han estimado, como Brasil, los costos de atención de la salud relacionados con la obesidad se duplicarán, de US$ 5.800 millones en 2010 a US$ 10.100 millones en 2050”, puntualizó la Dra. Marisa Aizenberg, abogada y consultora en Derecho de la Salud, directora académica del Observatorio de Salud de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

“El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas que derivan de estos son una amenaza para la adquisición de capital humano y el crecimiento económico sostenido, porque afectan directamente la supervivencia de los adultos, la productividad de la fuerza laboral y exacerban cada vez más las desigualdades en salud, lo que contribuye a la brecha en capital humano entre ricos y pobres. Prevenir y controlar el sobrepeso y la obesidad puede impulsar aún más el progreso hacia los objetivos de poner fin a la pobreza”, advirtió el Dr. Rubén Torres.

Los desafíos y cómo enfrentarlos

Hay países que están tomando cartas en el asunto a través de políticas como impuestos a alimentos poco saludables y etiquetado frontal, cuya ley se sancionó y reglamentó en nuestro país el año pasado. Los gobiernos, con un apoyo multisectorial que incluya la voz de la sociedad civil, pueden tener un papel clave en el abordaje de este desafío para la formulación e intervención de políticas en sectores de agricultura, medioambiente, transporte, educación, fiscal y salud, incluyendo:

1. Educación: fortalecer la educación y la información nutricional en todos los ámbitos, desde la edad escolar.

2. Universidades: modificar la enseñanza en el pregrado de las carreras asociadas a la salud, dándole mayor lugar a la obesidad y su abordaje. Esto debería incluir el uso apropiado del lenguaje y las imágenes para que no resulten estigmatizantes.

3. Información: ofrecer educación terapéutica para que pacientes, familias y entornos tengan información acerca de la obesidad, sus consecuencias, formas de prevención, alimentación saludable y actividad física.Para lograrlo, como ya existe en la diabetes, se necesitarán educadores capacitados y reconocidos en el ámbito prestacional

4. Monitoreo de programas: contar con sistemas de información unificados que permitan conocer y monitorear los distintos programas que se llevan a cabo a nivel local en todo el país. Además, se debe facilitar a la población el acceso a información clara y de calidad sobre alimentación saludable y factores de riesgo, entre otros.

5. Acceso a productos saludables: trabajar en medidas y formas para que la población acceda a productos saludables, ya que las frutas y verduras son proporcionalmente más costosas que la comida industrializada.

6. Acceso a actividad física: asegurar los mecanismos e incentivar a los ciudadanos para que puedan realizar actividad física en lugares públicos y trasladarse activamente sin riesgos.

7. Impuestos y subsidios: gravado impositivo de los alimentos poco saludables y subsidio a los saludables.

8. Publicidad: limitación de la publicidad de alimentos ​​no saludables a través de una serie de regulaciones y políticas.

9. Urbanismo: mejora y rediseño urbanos mediante la promoción del transporte activo y el diseño y disponibilidad de espacios para mejorar la actividad física.

10. Estigma: combatir la estigmatización social.

11. Enfermedad: considerar la obesidad como enfermedad y tratarla como tal.  Diseñar políticas de prevención y programas integrales de cuidado y desarrollar equipos preparados.

12. Necesidades de los pacientes: adaptar la atención y las tecnologías en función de las necesidades de los pacientes con obesidad.

13. Abordaje integral: abordar la obesidad de manera interdisciplinaria, integral y escalable.

14. Clasificación: mejorar la clasificación a través de otros parámetros que vayan más allá del índice de masa corporal (IMC), como el sistema de estadificación de la obesidad de Edmonton (EOSS).

15. Tratamiento: garantizar el acceso de la población al tratamiento de la obesidad, independientemente de su condición socioeconómica. Esto incluye el acceso a todo medicamento y tratamiento aprobados y con evidencia científica, incluyendo los tratamientos quirúrgicos en los casos indicados.

“Estamos convencidos de que la obesidad no debe ser vista solo como una enfermedad, sino también como problema social que tiene que ser abordado desde múltiples perspectivas, confluyendo en iniciativas centradas en las personas, que faciliten y hagan posible acceder y utilizar en su totalidad las herramientas de las que el sistema dispone hoy para enfrentar esta epidemia”, concluyeron los autores del documento.

Este documento ha sido elaborado en forma independiente por el Instituto de Política, Economía y Gestión en Salud, la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis, la Asociación Civil Sostén y la Federación Argentina de Diabetes, con apoyo de Novo Nordisk Pharma Argentina S.A.

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Estilo de vida saludable, actividad física y consulta a especialistas, las claves para prevenir la obesidad

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Profesionales del Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” brindan información sobre obesidad, una patología que afecta a cerca del 50% de la población argentina, en su mayoría a hombres. Además refuerzan la importancia de consultar y mantenerse informado sobre el estado de salud general para evitar complicaciones relacionadas a esta patología.

La obesidad es una enfermedad acumulativa, crónica, compleja y multifactorial. Más de la mitad de la población Argentina presenta un problema de exceso de peso, y es importante hacer foco sobre ello ya que el sobrepeso y la obesidad pueden ocasionar otros problemas graves y crónicos en la salud (diabetes, hipertensión, enfermedades respiratorias crónicas, enfermedad de los riñones o hígado). Esta patología se trata de forma multidisciplinaria, esto quiere decir que se aborda a través de diferentes focos y con distintos especialistas.

El Hospital Escuela cuenta con un Equipo Interdisciplinario de Tratamiento de la Obesidad, integrado por médicos especialistas en nutrición, licenciados en nutrición, psicólogos y cirujanos especializados en procedimientos bariátricos y reconstructivos, entre otros.

Para prevenir el sobrepeso y la obesidad, los especialistas recomiendan llevar una alimentación saludable, consumir frutas y verduras, disminuir el consumo de bebidas azucaradas y de alimentos altos en calorías y grasas. Otra de las bases a tener en cuenta para prevenir el incremento de peso es la actividad física, un pilar fundamental en el control del peso.

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Drogas para bajar de peso, pueden causar parálisis de estómago de acuerdo a los expertos

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El principio activo de los medicamentos Ozempic® y Wegovy®, la semaglutida, ralentiza el vaciamiento gástrico y en algunos casos puede desencadenar vómitos excesivos.

Los médicos advierten por los efectos adversos que podrían causar las drogas inyectables para bajar de peso, cuyo principio activo la semiglutida, sería la causal de los mismos. Ante la creciente popularidad y demanda de los medicamentos Ozempic® (indicado para pacientes con diabetes) y Wegovy® (indicado para el tratamiento de la obesidad), tuvieron un crecimiento en los países que han sido autorizados.

Los expertos en nutrición observan que, en muchos casos, pueden provocar parálisis estomacal (gastroparesia) en algunos pacientes.

Ambos medicamentos, Ozempic® y Wegovy®, utilizan la droga semaglutida que imita a una hormona natural que ralentiza el paso de la comida a través del estómago, lo que ayuda a los pacientes a sentir más saciedad. Pero, algunos profesionales están preocupados porque estas drogas pueden causar o potenciar la parálisis estomacal en algunos casos, lo que puede llevar a vómitos excesivos.

Wegovy®, fue aprobado en nuestro país, para su venta bajo receta por la ANMAT. El laboratorio quien es fabricante de dos medicamentos que llevan este principio activo, sostuvo que estará disponible en la Argentina en los próximos 12 meses.

El medio CBS News, sostuvo que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) indicó que aún se requiere más investigaciones sobre el tema, ya que no ha podido establecer si los medicamentos fueron los causales de los trastornos digestivos, o fueron provocados por problemas diferentes.

La cadena de noticias estadounidense, por su parte estableció que el laboratorio Novo Nordisk, quien fabrica Ozempic® y Wegovy®, señalaron que los medicamentos son utilizados de manera segura desde hace años para tratar la diabetes y la obesidad. Estos medicamentos conocidos como agonistas de los receptores del péptido -1 similar al glucagón (GLP-1), actúan reduciendo la velocidad en la que los alimentos transitan por el estómago, lo que prolonga la sensación de saciedad de una persona.

Aunque, entre sus efectos adversos se pueden encontrar trastornos gastrointestinales, dolor en el abdomen, náuseas y vómitos. Estos efectos fueron registrados en estudios clínicos, mencionándose en las etiquetas de los medicamentos.

El endocrinólogo estadounidense, refiriéndose a esta situación ante el medio W Radio, sostuvo que Ozempic® no paraliza el estómago, sino que hace muy lento el vaciamiento gástrico. “Los efectos adversos de estos medicamentos derivan de sus propios ‘beneficios’ para el control del peso, la parálisis del estómago es un efecto que puede darse, no es que se paralice, sino que hace demasiado lento el vaciamiento gástrico. Y en personas muy sensibles, pueden sentir que va a ser muy lento y sentirán que la comida se quedó ahí”, indicó.

Sobre la duración de los efectos adversos, de suceder estos durarían más o menos 15 días a un mes luego de su aplicación.

El caso de Sharon Osbourne

La esposa del conocido Ozzy Osbourne, quien es presentadora de televisión, ha sido reconocida además por su experiencia ante los diversos tratamientos a los que se sometió para perder peso, entre ellos una cirugía bariátrica en el 99. A su vez, también reconoció los efectos de utilizar Ozempic®.

“Para mí, la primera semana fue una mierda porque vomitas todo el tiempo y sientes náuseas. Después de un par de semanas, desaparece y luego estás bien. Simplemente no tienes hambre”. Además, afirmó que su estómago cambió y se encogió permanentemente después de utilizar la semaglutida.

Los especialistas destacan que el uso de Ozempic® y Wegovy®, solo deben ser recetados en pacientes con diabetes, obesidad o sobrepeso grave con comorbilidades. La ingesta debe realizarse bajo supervisión médica en el marco de un tratamiento con dieta reducida en calorías y aumento de la actividad física.

La doctora Meera Shah, endocrinóloga de la Clínica Mayo, destacó que el efecto adverso más frecuente que ha notado en los pacientes es las náuseas, seguida de dolor en el abdomen, estreñimiento y diarrea.

La experta afirmó que “estos efectos secundarios pueden mejorar con el tiempo, pero al menos el 10% de los pacientes que inician tratamiento con estos medicamentos deben abandonarlo, ya que los efectos adversos no se alivian”.

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Día Mundial de la Obesidad: alertan que es un factor de riesgo cardiovascular independiente

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 Se acerca el día mundial de la obesidad, que se conmemora cada 4 de marzo desde el 2020 para concientizar acerca de esta enfermedad epidémica que va en aumento en todos los grupos etarios, reduce la expectativa de vida y altera la calidad de vida de quien la padece.

En Argentina, la IV encuesta nacional de factores de riesgo (2018), mostró que la prevalencia de exceso de peso es del 61,6% (36,3% sobrepeso y 25,3% obesidad); en resumen 6 de cada 10 argentinos mayor de 18 años está excedido de peso e incluso 1 de cada 4 es obeso. Estos resultados presentan un incremento comparado con los de la encuesta previa (57,9% sobrepeso + obesidad en 2013). La tendencia se mantiene en aumento con respecto a los relevamientos previos. Lo preocupante es que la obesidad también va en aumento en la población de niños y adolescentes[1].

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la obesidad se ha triplicado en el mundo en los últimos 20 años y es la responsable de 4 millones de muertes cada año[2]. Mientras que nuevos datos del Atlas Mundial de Obesidad pronostican que 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 7 hombres serán personas con obesidad para el año 2030, lo que equivaldría a más de mil millones de personas[3]. El mismo relevamiento destaca que la mayoría de quienes viven con obesidad se encuentran en países de medianos y bajos ingresos, y que las tasas más altas de obesidad se encuentran en la región de las Américas, tanto para hombres como para mujeres.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) afirman que la obesidad es un factor de riesgo independiente de otros para desarrollar enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular (arritmia) entre muchas otras condiciones y reducir la expectativa de vida. Incluso cualquiera de estas enfermedades asociadas puede presentarse aun teniendo un análisis de sangre totalmente normal.

“La obesidad discrimina, margina, estigmatiza a quienes la padecen, excluyendo a muchas personas de sistemas laborales, sociales y hasta de pequeños detalles de la vida cotidiana, pero lo más importante es que es una enfermedad que en la mayoría de los casos acorta la vida, y que requiere de un seguimiento médico especializado y abordaje multidisciplinario”, afirmó la Dra. Paola Harwicz, médica cardióloga y nutricionista, asesora del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología.

“La persona con obesidad necesita ayuda, dado que tiene una enfermedad crónica, multicausal, progresiva y recurrente (decretada como tal por la Organización Mundial de la Salud en 2008), no un problema de VOLUNTAD y por tal motivo debe tener acceso a tratamientos y herramientas serias para poder ser abordada al igual que otras enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión, etc., agregó la Dra. Carolina Salvatori, médica cardióloga, asesora del Consejo de Cardiología de la misma institución.

La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud[4]. Se puede determinar si una persona tiene sobrepeso/obesidad con el índice de masa corporal o IMC que se obtiene calculando el peso dividido por la altura elevada al cuadrado. Este índice se divide en rangos que indican el grado de sobrepeso/obesidad: un individuo tiene normopeso si el IMC se encuentra entre 18.5 y 24.9, sobrepeso cuando el índice se encuentra entre 25 y 29.9 y obesidad cuando el IMC es superior a 30 puntos.

Para el Dr. Ezequiel Forte, médico cardiólogo y Director del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología, “la obesidad es la responsable del desarrollo de gran parte de las enfermedades no transmisibles (ENT); la excesiva grasa corporal o su anormal distribución produce un estado inflamatorio y se asocia con distintas complicaciones metabólicas (mayor riesgo de insulino resistencia, diabetes tipo 2, hipertensión arterial), endocrinológicas, inmunológicas, mecánicas o funcionales, que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer, hígado graso, apnea del sueño, depresión e infertilidad, entre muchas otras condiciones”.

Desde la SAC, alineada con otras sociedades científicas nacionales e internacionales afirman que la obesidad es una enfermedad donde se combinan distintos factores: genéticos, metabólicos, emocionales, estrés, un ambiente con gran disponibilidad y sobreconsumo de alimentos (entorno obesogénico) sumado al bajo nivel de actividad física.

“Si bien el IMC nos brinda un parámetro de gran utilidad, los especialistas solemos contemplar también el porcentaje de grasa corporal total y su distribución. Por ejemplo, una persona deportista de alto rendimiento posiblemente presente un IMC elevado a expensas de una mayor masa muscular. Por este motivo, existen otras mediciones que brindan mayor precisión, como calcular el porcentaje de grasa corporal total con un aparato de bioimpedancia, que permite definir el porcentaje de grasa, siendo normal cuando es menor a 22% en los hombres o inferior a 33% en las mujeres”, consignó la Dra. Salvatori.

“Otra manera muy simple de evaluar el riesgo es a través de la medición del perímetro de cintura, también llamado Índice de Cintura Cadera, que se hace con un centímetro a nivel del ombligo para definir si la persona presenta una mayor localización del tejido adiposo a nivel visceral (órganos); los valores aceptables son hasta 88 cm en la mujer y hasta 102 en el hombre. Constituye una estrategia que nos permite conocer la concentración de la grasa a nivel central, factor determinante de un mayor riesgo cardiovascular al asociarse con más frecuencia con el síndrome metabólico, hipertensión arterial, diabetes, alteraciones metabólicas e hígado graso, entre otras”, completó el Dr. Forte.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología presentaron las siguientes recomendaciones para abordar la problemática de la obesidad:

1.      Alimentación saludable, con educación desde edades tempranas

El abordaje del paciente con obesidad es complejo; distintos estímulos facilitan el acceso a los alimentos, por eso es importante contar con un entorno seguro, planificar las comidas donde prevalezca la oferta de alimentos frescos, ricos en fibras, como las verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, sin olvidarnos de un adecuado aporte de proteínas como el huevo, carnes magras (de vaca, cerdo) pollo, y aumentar el consumo de pescado. Contar con los lácteos por su riqueza en calcio y vitamina D. A su vez, como fuente de grasa, preferir el aceite de oliva, canola o girasol, frutos secos, palta y aceitunas.

Actualmente, contamos con gran disponibilidad de alimentos ultraprocesados, frituras, panificados, dulces, delivery, etc., que solo deberían contemplarse para encuentros sociales y limitar el consumo de bebidas azucaradas y el alcohol.

Otro punto a tener en cuenta es trabajar sobre el concepto ‘hambre y saciedad’. Los seres humanos percibimos el hambre de manera diferente: el hambre ‘fisiológico’, que se presenta cuando pasan varias horas sin comer y el organismo genera señales para incorporar alimentos (dolor de cabeza, sensación en la boca del estómago). Por otra parte, el hambre ‘hedónico’, que surge cuando estamos frente a un estímulo visual como ver un rico helado o plato preferido o bien olemos el aroma a pan fresco, nuestro cerebro desencadena señales en el centro de recompensa que incitan a su consumo. Finalmente, el hambre ‘emocional’ surge cuando utilizamos la comida para sobrellevar alguna emoción como el aburrimiento, enojo, frustración, ansiedad, estrés, tristeza o alegría. Es importante identificar y reconocer esos gatillos para modificar conductas y poder afrontar estas situaciones.

2.      Lucha contra el sedentarismo, promoviendo la actividad física y el ejercicio

“Las recomendaciones generales en este grupo de pacientes son realizar ejercicio de resistencia cardiovascular, alcanzado un acumulativo de 150 a 300 minutos semanales (fraccionado en sesiones de un mínimo de 10 minutos) a moderada intensidad o bien 75 o 150 minutos de alta intensidad. Además, se debe complementar con dos o tres estímulos semanales de trabajo de fuerza muscular y ejercicios de flexibilidad”, graficó al Dra. Ivana Paz, médica cardióloga y deportóloga, Secretaria Científica del Consejo de Cardiología de la SAC.

3.      Apoyo psicológico para trabajar sobre hábitos y comportamientos alimentarios.

El médico evaluará en cada caso si el paciente necesita de un abordaje multidisciplinario con el apoyo de psicoanálisis, un régimen de nutrición especial y el seguimiento por parte de un especialista deportólogo.

4.      Gestión sobre el estrés y meditación.

Lograr una mejor gestión del stress e implementar la meditación como una manera de controlar los distintos estímulos y manejo de las emociones.

5.      Descanso adecuado.

Otra de las variables a contemplar es que la persona pueda dormir bien, al menos 7 horas, ya que son situaciones que podrían atentar contra su estado anímico, sus comportamientos alimentarios y en definitiva contra el pronóstico de éxito de su tratamiento.

Frecuentemente el paciente con obesidad presenta dificultades para lograr estos objetivos, y “en los últimos años, nuevas alternativas terapéuticas para personas con obesidad están generando gran expectativa en la comunidad médica. Las Sociedades Científicas vienen impulsando un ‘cambio de paradigma’ en la concepción y mirada de la obesidad,al entender que el éxito del tratamiento no depende exclusivamente de la voluntad de los pacientes. En ese contexto han surgido nuevos fármacos que son seguros y efectivos” comenta el Dr. Ezequiel Forte. Su indicación es clara: evaluar el tratamiento farmacológico del paciente con obesidad (IMC > 30 o en pacientes con sobrepeso y otras comorbilidades asociadas) según las recomendaciones de las distintas guías e individualizar la indicación de la cirugía bariátrica en personas con IMC > 40 o con IMC >35 con comorbilidades.

“En la actualidad contamos con tratamientos farmacológicos con intervención directa sobre los mensajeros que actúan sobre el apetito y facilitan los cambios en la conducta alimentaria”, sostuvo la Dra. Salvatori. No obstante, insistió la especialista, cualquier tratamiento médico para la obesidad debe ser prescripto y realizado bajo el seguimiento de un profesional médico especializado, sin olvidarnos que estas medicaciones son un complemento de las medidas de cambio de estilo de vida antes mencionadas.

“Desde la Sociedad Argentina de Cardiología promovemos en este día la toma de conciencia acerca de esta enfermedad, y mostrar la necesidad de implementar cambios de estilo de vida saludable, que son los pilares para combatirla”, concluyó.

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Uno de cada cuatro adolescentes con obesidad no identifica que la tiene

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Uno de cada cuatro adolescentes con obesidad no reconoce que la tiene y uno de cada tres padres tampoco lo identifica, según un nuevo estudio internacional.1 La obesidad es una enfermedad que está asociada al desarrollo de más de 60 condiciones de salud potencialmente severas2; de hecho, el estudio mostró que el 80% de los adolescentes que habían consultado con un profesional de salud ya presentaban al menos una comorbilidad.[3]Se calcula que, para 2030, el 22% de los niños y adolescentes en nuestro país tendrá obesidad.[4]

“Es verdaderamente muy complejo abordar cualquier enfermedad crónica como lo es la obesidad si la persona afectada no la reconoce o no recibe en su casa el acompañamiento necesario para iniciar la búsqueda de un tratamiento. El primer paso es que las personas, en este caso los jóvenes, reconozcan y acepten que tienen una enfermedad crónica que requiere de un tratamiento adecuado para mejorar su estado de salud”, sostuvo Miriam Tonietti, médica pediatra y presidente de la Sociedad Argentina de Nutricion (SAN).

ACTION teens es un estudio transversal, internacional, impulsado por el laboratorio Novo Nordisk con el objetivo de identificar percepciones, actitudes, comportamientos y barreras para un cuidado efectivo de la obesidad. Acaba de presentarse en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO) en Maastricht, Países Bajos; incluyó más de 5.000 chicos y chicas entre 12 y 17 años que viven con obesidad, más de 5.000 padres o cuidadores y más de 2.000 profesionales de salud.

Este estudio mostró que casi dos tercios de los adolescentes consideran que la pérdida de peso es una responsabilidad que recae únicamente sobre ellos1. “Es muy importante que puedan conocer que hay equipos de profesionales de la salud con experiencia en el abordaje integral de la obesidad que podemos acompañarlos en ese camino”, agregó la Dra. Tonietti.

“Es indispensable que los equipos de salud entrenados contemos con información sobre las percepciones y necesidades por las que atraviesan los niños y jóvenes con obesidad, porque es desde esa perspectiva desde donde podremos programar el abordaje, con cada uno de los integrantes, aportando desde su experiencia para poder ayudarlos mejor”, refirió la especialista.

Se ha comprobado que los niños con obesidad enfrentan tres veces más riesgo de muerte en la adultez temprana que aquellos sin la enfermedad[5] y tres de cada cuatro niños que hoy viven con obesidad seguirán teniendo obesidad en la adultez.[6]

También, este estudio puso en evidencia que uno de cada tres padres no logra identificar la obesidad en su hijo y casi la mitad cree que se resolverá espontánemente1, aunque no existe evidencia médica que respalde esa creencia.

Este relevamiento registra, en una escala sin precedentes, percepciones, actitudes, comportamientos y posibles obstáculos para un tratamiento efectivo de la obesidad en adolescentes.

“Es necesario continuar impulsando cambios en lo que respecta al abordaje de la obesidad. Es un verdadero desafío aún sin resolver para la salud pública que impacta en la vida de demasiados jóvenes, que ven seriamente afectada su salud y calidad de vida”, dijo la pediatra y presidente de la SAN, Miriam Tonietti.

La doctora explicó que “los resultados revelan que los adolescentes quieren mejorar su estado de salud y perder peso. Sin embargo, uno de cada tres no siente que sea un tema que puedan hablar con sus padres y muchos acuden a las redes sociales para buscar orientación1. Sin embargo, es alta la presión que sufren estos adolescentes, cuando dos de cada tres creen que perder peso es su responsabilidad y muchos de sus padres o cuidadores no encuentran la mejor forma de acompañar a sus hijos en el cuidado”.

En los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5.[7] “Esta situación es sumamente preocupante y, en ocasiones, probablemente no estamos encontrando las estrategias necesarias para contribuir en la adopción de estilos de vida más saludables que permitan alcanzar y sostener un peso corporal saludable. Es un desafío complejo que debe ser abordado integralmente desde múltiples esferas, pero con soporte de profesionales de la salud preparados para hacerlo”, agregó la Dra. Tonietti.

En este sentido, el estudio también demostró que los profesionales médicos necesitan mayor y mejor educación. La mayoría de los médicos (87%) reveló no haber tenido un entrenamiento significativo en cómo tratar la obesidad después de la facultad de medicina.1

“No se debería subestimar el impacto que tiene la obesidad en las personas (tanto niños, como adolescentes y adultos), en la sociedad y en los sistemas de salud. Es indispensable que los gobiernos y la sociedad reconozcan y traten a la obesidad como una enfermedad, para que más adolescentes puedan obtener el respaldo correspondiente para recibir la ayuda necesaria para tener una vida feliz y saludable”, concluyó el Profesor Jason Halford, autor principal del ACTION teens y presidente de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad.

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