Obesidad

La nutrición cambia de paradigma y pone a la persona en el centro del tratamiento

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En las últimas décadas, el conocimiento sobre la relación entre alimentación, metabolismo, ambiente y calidad de vida creció de manera exponencial y modificó la forma en que los profesionales de la nutrición entienden la salud de las personas. Hoy, el abordaje nutricional ya no gira exclusivamente alrededor de una balanza o de una planilla con calorías: pone en el centro a quien consulta, con su historia, sus hábitos, sus vínculos, sus posibilidades y también sus dificultades.


Ese será uno de los mensajes centrales que atravesarán las XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y las V Jornadas de Obesidad, que se desarrollarán del 2 al 4 de septiembre en la Ciudad de Buenos Aires.


Organizado por la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), el encuentro reunirá a referentes nacionales e internacionales para analizar los avances más recientes de una disciplina que hoy ocupa un lugar estratégico en la prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades, pero también en la promoción de hábitos saludables para toda la población.


La edición de este año tendrá además un valor simbólico especial. la SAN cumple 85 años de vida institucional, consolidándose como la sociedad científica más representativa del país en materia de nutrición. A lo largo de estas ocho décadas y media, la entidad acompañó la evolución del conocimiento científico, promovió la formación continua de miles de profesionales y contribuyó al desarrollo de consensos y recomendaciones que hoy forman parte de la práctica clínica cotidiana.


Ese recorrido también permite observar cómo fue cambiando la propia concepción de la nutrición. Durante muchos años, la atención estuvo fuertemente asociada al peso corporal y a determinados indicadores antropométricos. Esas herramientas continúan siendo necesarias para la evaluación médica y nutricional, pero hoy los especialistas saben que representan apenas una parte de una realidad mucho más compleja.


La alimentación está influenciada por factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales y económicos. Dormir pocas horas, trabajar en horarios rotativos, convivir con altos niveles de estrés, disponer de poco tiempo para cocinar, atravesar dificultades económicas, cuidar a otras personas o vivir en entornos donde el acceso a alimentos saludables es limitado son situaciones que condicionan las decisiones alimentarias mucho más de lo que tradicionalmente se consideraba.


Por eso, el abordaje nutricional evolucionó hacia un modelo más integral, en el que el profesional procura comprender el contexto completo del paciente antes de diseñar una estrategia terapéutica. 


Ya no alcanza con indicar qué alimentos incorporar o cuáles limitar; también es importante conocer cómo vive esa persona, cuáles son sus rutinas, su situación socioeconómica, las posibilidades reales que tiene de modificar determinados hábitos y cuáles son los obstáculos que enfrenta para sostener esos cambios en el tiempo.


“Hoy sabemos que detrás de cada paciente existe una historia, un contexto familiar, social y emocional que influye directamente en sus decisiones y comportamiento alimentario. Nuestro desafío como profesionales es comprender esa realidad para construir estrategias que realmente puedan sostenerse en el tiempo”, afirmó la Dra. Virginia Busnelli, médica especialista en Nutrición, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición y presidenta de las Jornadas. 


Hoy el médico especialista en Nutrición y el licenciado en Nutrición dejaron de ser quienes solo entregan un plan alimentario para convertirse en verdaderos acompañantes de procesos de cambio que, muchas veces, requieren meses o incluso años de seguimiento. En paralelo, las herramientas digitales comenzaron a modificar profundamente la práctica cotidiana. La expansión de la telemedicina y de las plataformas de comunicación transformaron la consulta médica.


“Las tecnologías digitales representan una enorme oportunidad para fortalecer el vínculo entre el profesional y el paciente. Hoy podemos acompañar mucho más allá del consultorio, resolver inquietudes en tiempo real y sostener procesos de cambio que antes se interrumpían entre una consulta y otra. La tecnología no reemplaza el criterio profesional; por el contrario, cuando se utiliza adecuadamente, potencia el cuidado y mejora la continuidad de la atención”, explicó la Dra. Marianela Ackermann, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición.

 
Ese mismo escenario tecnológico, sin embargo, plantea un desafío que preocupa cada vez más a las sociedades científicas y a los profesionales de la salud: la enorme cantidad de información sobre alimentación y nutrición que circula diariamente en internet y en las redes sociales, muchas veces sin ningún respaldo científico y difundida por personas que carecen de formación profesional.


Este fenómeno, conocido como ‘intrusismo profesional’, constituye una de las principales preocupaciones de las entidades científicas. No se trata únicamente de un problema vinculado con la desinformación: seguir consejos inadecuados puede retrasar diagnósticos, favorecer el abandono de tratamientos, generar deficiencias nutricionales o contribuir a la aparición de trastornos de la conducta alimentaria.


“La información nutricional nunca debería basarse en tendencias virales o en experiencias personales compartidas en redes sociales. Alimentarse es un acto cotidiano, pero también una cuestión de salud. Por eso, cada recomendación debe apoyarse en evidencia científica y adaptarse a las características de cada persona. Cuando esto no ocurre, pueden generarse falsas expectativas y, en algunos casos, consecuencias importantes para la salud”, advirtió la Dra. Busnelli. 


Durante el encuentro se realizarán transmisiones por streaming dirigidas tanto al público general como a la comunidad profesional. A través de estos espacios se compartirán entrevistas con especialistas, recomendaciones prácticas, respuestas a consultas frecuentes y contenidos educativos elaborados por referentes de distintas áreas de la nutrición. El objetivo es que el conocimiento generado en el ámbito científico trascienda las salas de conferencias y llegue a quienes toman decisiones sobre su alimentación todos los días.


Las jornadas contarán con la participación de destacados referentes nacionales e internacionales, entre ellos el Dr. Andrew Mente, de la Universidad de Mc Master, Canadá; las Dra. Yudith Preiss, de Chile, y Carla Liria Sánchez-Lafuente, de España, quienes expondrán sobre algunos de los temas que hoy generan mayor interés en nutrición: los nuevos enfoques para el tratamiento de la obesidad, la evidencia científica sobre el consumo de lácteos, la microbiota intestinal y el papel de los alimentos fermentados en la salud.


El programa científico reunirá a los referentes de diferentes disciplinas en conferencias, simposios, presentación de investigaciones originales y espacios de intercambio entre especialistas, recorriendo los desafíos de la nutrición actual: desde la nutrición clínica y la salud materno-infantil hasta la alimentación en las diferentes etapas de la vida, la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas no transmisibles, la actividad física, la salud pública y la incorporación de nuevas tecnologías al cuidado de los pacientes. 


La obesidad tendrá un lugar destacado dentro del programa científico, porque su abordaje está atravesando uno de los cambios más importantes de las últimas décadas. Nuevos tratamientos, una mayor comprensión de sus mecanismos están modificando la forma de entender y tratar esta enfermedad. 


“Estamos en un momento especialmente interesante para la nutrición porque muchas preguntas que parecían resueltas vuelven a discutirse a partir de nueva evidencia y, al mismo tiempo, aparecen herramientas que están cambiando nuestra práctica. Queremos que estas jornadas sean el lugar donde esos debates ocurran, donde podamos escuchar a investigadores nacionales e internacionales, confrontar distintas miradas y llevar ese conocimiento a la atención cotidiana de nuestros pacientes. La nutrición tiene hoy un papel central frente a algunos de los mayores desafíos de salud de nuestra población, y creemos que esto debe trascender el ámbito exclusivamente científico”, señaló la Dra. Ackermann.


Las Jornadas incorporarán también propuestas especialmente pensadas para acercar la ciencia a la vida cotidiana. Las actividades de gastronomía y los talleres de cocina saludable permitirán mostrar cómo las recomendaciones nutricionales pueden transformarse en preparaciones simples, accesibles y adaptadas a distintas realidades familiares y culturales. Porque conocer qué alimentos elegir es importante, pero también lo es aprender a planificar las compras, organizar las comidas y desarrollar habilidades culinarias que faciliten sostener una alimentación saludable en el tiempo.


Con el propósito de favorecer la formación continua y promover la participación de toda la comunidad profesional, la inscripción a las Jornadas será gratuita para los socios de la Sociedad Argentina de Nutrición, reafirmando el compromiso histórico de la institución con la actualización científica permanente y el intercambio de experiencias entre colegas de todo el país.

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Nutricionista misionera impulsa un abordaje integral de la obesidad

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La obesidad dejó de ser un problema individual para convertirse en uno de los principales desafíos de salud pública. Sin embargo, para la nutricionista misionera Karla Telöcken, el debate todavía llega tarde: la mayor parte de los esfuerzos continúa concentrándose en el tratamiento de las enfermedades, cuando la prevención debería ocupar un lugar central en las políticas sanitarias.

Con esa convicción, hace unos meses la profesional presentó en el Parlamento de la Mujer un proyecto para la creación de un Programa Interdisciplinario de Abordaje Integral de la Obesidad, una iniciativa orientada a fortalecer la prevención, el diagnóstico temprano, el tratamiento y el seguimiento de las personas que conviven con esta enfermedad. 

Karla Telöcken

“La obesidad es una enfermedad compleja, crónica y multifactorial”, sostuvo durante su exposición. En ese sentido, explicó que la propuesta contempla la creación de un registro provincial de pacientes que permita generar estadísticas, planificar políticas públicas y garantizar un acompañamiento integral durante todo el tratamiento.

Según detalló, el proyecto también busca promover hábitos saludables y reducir el riesgo de enfermedades asociadas, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, dislipemias y distintos tipos de cáncer.

Durante su intervención, Telöcken recordó que las cifras actuales reflejan la magnitud del problema. En Argentina, seis de cada diez adultos presentan exceso de peso, mientras que cuatro de cada diez niños y adolescentes también atraviesan esta situación. “No podemos seguir esperando. La obesidad mata y está asociada a más de 200 enfermedades”, afirmó.

La iniciativa se enmarca en la legislación provincial que declara de interés la lucha contra la obesidad y busca fortalecer ese camino mediante herramientas concretas para la prevención y el tratamiento.

Para la nutricionista, el desafío excede la consulta individual. Considera que el abordaje debe ser interdisciplinario y estar acompañado por políticas públicas que faciliten el acceso a la educación alimentaria, la actividad física y el seguimiento profesional.

“La salud no se negocia, la salud no se pospone”, expresó durante el cierre de su discurso. “Necesitamos comprender que la prevención, el diagnóstico oportuno y el tratamiento son fundamentales para mejorar la calidad de vida de las personas”.

Más allá de la aprobación obtenida en el Parlamento de la Mujer, Telöcken sostiene que el verdadero desafío es instalar la conversación sobre la obesidad desde una mirada integral, dejando de lado los prejuicios y entendiendo que se trata de una enfermedad que requiere acompañamiento, prevención y un compromiso sostenido de toda la sociedad.

La salud no se negocia, la salud no se pospone, la salud es PRIORIDAD

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 “Obesidad: de la realidad a la acción”: impulsan jornada abierta para promover conciencia y prevención

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El Hospital Madariaga convoca a la comunidad a reflexionar sobre una de las principales problemáticas de salud. Invita a la comunidad a participar de la jornada “Obesidad: de la realidad a la acción”, un espacio abierto de encuentro, reflexión e información sobre una de las problemáticas de salud pública más relevantes en la actualidad.

La actividad se realizará el próximo viernes 10 de abril a las 10 horas, en el Salón de Usos Múltiples (SUM) del hospital, en la ciudad de Posadas.

Durante la jornada, disertantes invitados abordarán distintos ejes vinculados a la obesidad, entre ellos el avance del Proyecto de Ley de Obesidad y las estrategias de concientización y abordaje integral de esta enfermedad.

El encuentro propone generar un espacio de diálogo con la comunidad, brindando herramientas para la prevención, el acceso a información confiable y la promoción de hábitos saludables.

Desde la organización destacaron la importancia de visibilizar la obesidad como una enfermedad compleja, que requiere un enfoque multidisciplinario y políticas públicas sostenidas.

En ese sentido, la jornada busca no solo informar, sino también impulsar la participación activa de la comunidad en la construcción de una salud más integral, fomentando la prevención y el compromiso colectivo frente a esta problemática.

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Recomiendan volver a la comida real para prevenir obesidad y enfermedades cardiovasculares

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Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una jornada que invita a la reflexión sobre uno de los desafíos sanitarios más relevantes de nuestro tiempo. En este contexto, desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) se suman a esta fecha con un mensaje claro y urgente: ‘repensar nuestra alimentación es clave para prevenir enfermedades crónicas, entre ellas, las cardiovasculares’.


Este año, las nuevas Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030,1 publicadas por el Departamento de Agricultura y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, ofrecen un enfoque renovado, contundente y alineado con la evidencia científica. Su mensaje central es tan simple como potente: ‘volver a la comida real’.


El documento reconoce que el sobrepeso y la mala salud metabólica no son simplemente una consecuencia del “exceso de calorías”, sino de un entorno que ha promovido durante décadas el consumo de productos ultraprocesados, ricos en aditivos, azúcares, grasas de baja calidad y sodio. Esta situación, combinada con un estilo de vida sedentario, ha generado una verdadera crisis sanitaria.


En Estados Unidos, más del 70% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad, y casi un tercio de los adolescentes entre 12 y 17 años presenta prediabetes. Argentina no está exenta de esta tendencia. Según los últimos datos disponibles, correspondientes a la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo en argentinos mayores de 18 años , 6 de cada 10 (61.6%) tienen sobrepeso (36.3%) u obesidad (25.3); solo el 6% consume la cantidad de porciones de frutas y verduras recomendadas, el 13,3% bebe alcohol en exceso, el 12,7% reportó diabetes o glucemia elevada, y de 1 de cada 3 encuestados (34%) es hipertenso; mientras que la prevalencia de tabaquismo alcanzó al 22.2%.


Además, las cifras de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud correspondientes al año 2024,  indican que las enfermedades cardiovasculares en su conjunto (agrupadas como aquellas del sistema circulatorio) produjeron ese año 105.130 fallecimientos, lo que representa el 30.3% (casi 1 de cada 3) del total de los decesos por causa conocida.


Frente a este escenario, las nuevas guías norteamericanas marcan un giro interesante. Se abandona el enfoque de “estigmatizar alimentos” para pasar a “priorizar” alimentos frescos, diversos y reales. El documento estructura sus recomendaciones alrededor de seis grupos fundamentales: proteínas de calidad, frutas y verduras, lácteos enteros sin azúcares agregados, granos integrales, grasas saludables y reducción de ultraprocesados”, afirmó el Dr. Emiliano Salmeri, Director del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).


Las nuevas guías también incorporan pautas claras para distintos grupos etarios y etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez, y adapta las recomendaciones según necesidades particulares, como embarazo, lactancia o condiciones crónicas. En todos los casos, el denominador común es la elección de alimentos reales y la eliminación de productos ultraprocesados como base de una alimentación saludable.


“Las nuevas recomendaciones reflejan una mirada más realista y profunda sobre los factores que determinan nuestra salud cardiometabólica; ya no se trata sólo de evitar grasas o contar calorías, sino de alejarnos de los alimentos ultraprocesados y reforzar el rol protector de la masa muscular y la calidad proteica de la dieta”, sostuvo el Dr. Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología. 


“La cocina hogareña es una herramienta poderosa de prevención. Nos permite reapropiarnos de nuestra salud, elegir alimentos frescos y transmitir hábitos saludables a las nuevas generaciones. Además, en contextos económicos complejos, planificar y cocinar en casa puede ser más económico que recurrir a productos procesados o comida rápida”, agregó el Dr. Salmeri.


En un mundo saturado de dietas de moda, promesas rápidas y mensajes contradictorios, la simplicidad del lema ‘comer comida real’ aparece como un principio claro, comprensible y aplicable. Se trata de recuperar el control sobre lo que comemos, de construir salud a partir de hábitos sostenibles y de exigir entornos que favorezcan elecciones saludables.


“Desde la SAC, adherimos a este cambio de paradigma y promovemos una visión integradora: alimentación saludable, actividad física regular, control del estrés, sueño adecuado y políticas públicas para ayudar a generar condiciones que permitan a la población vivir mejor y por más tiempo. Porque la prevención no es una acción puntual, sino una cultura que se construye todos los días, comenzando por el plato de comida’, concluyó el Dr. Baratta.


Principales recomendaciones de las nuevas Guías para los Estadounidenses:

1.  Proteínas de alta calidad: Se sugiere una ingesta de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso por día, ajustado según las necesidades individuales. Deben incluirse carnes magras, aves, pescados, huevos, lácteos, legumbres, tofu, frutos secos y semillas. Evitar frituras, embutidos, productos con azúcares o almidones añadidos, y carnes procesadas. Se destaca el beneficio de cocinar al horno, a la plancha o al vapor.
2.  Lácteos enteros sin azúcar: Los lácteos son reconocidos como fuente clave de proteínas, grasas saludables, calcio y vitaminas. Se promueve el consumo de leche, yogur y quesos sin agregados de azúcar, con un objetivo de tres porciones diarias para adultos con dieta de 2.000 calorías.
3.  Frutas y verduras: Se recomienda consumir al menos 3 porciones de vegetales y 2 de frutas al día. Se priorizan las piezas enteras, crudas o cocidas, con mínimo procesamiento. El jugo 100% natural debe limitarse o diluirse con agua. Los productos enlatados o congelados también son válidos si no tienen azúcares o sodio añadido.
4.  Granos integrales: Se establecen entre 2 y 4 porciones diarias, y se aconseja reemplazar productos como pan blanco, galletitas, cereales industriales y tortillas refinadas por sus versiones integrales. La elección de granos enteros ayuda a mejorar la microbiota intestinal y estabilizar la glucemia.
5.  Grasas saludables : Las recomendaciones destacan alimentos como aceite de oliva extra virgen, palta, nueces, semillas, pescados grasos, manteca en cantidades moderadas y grasas animales naturales. Se indica no superar el 10% de calorías diarias a partir de grasas saturadas, y evitar las grasas trans y los aceites refinados.
6.  Reducción de alimentos ultraprocesados: El documento advierte que no hay un nivel seguro de consumo de productos ultraprocesados en el largo plazo. Se desalientan chips, galletitas, golosinas, bebidas azucaradas, productos “light” o “dietéticos” con aditivos y edulcorantes. También se recomienda leer las etiquetas para detectar azúcares ocultos (jarabe de maíz, maltosa, fructosa, etc.).
7.  Hidratación : El agua debe ser la principal fuente de hidratación. Las bebidas sin azúcar y sin calorías también pueden incluirse. Se recomienda evitar jugos industriales, gaseosas y bebidas energéticas.
8. Sodio: Para mayores de 14 años, el consumo diario no debe superar los 2.300 mg. En niños, las recomendaciones se ajustan por edad. Se aconseja reducir el consumo de sal de mesa y productos ricos en sodio como fiambres, sopas instantáneas y salsas industriales.
9.  Alcohol: Se promueve una reducción del consumo general, y la abstinencia total para personas con antecedentes de adicción, mujeres embarazadas, personas en tratamiento médico o quienes no puedan controlar su ingesta.
10. Salud digestiva y microbiota: Se alienta el consumo de alimentos fermentados (yogur, chucrut, kefir, miso, kimchi) y ricos en fibra para fortalecer la diversidad bacteriana intestinal.
11. Educación alimentaria en niños: Se fomenta introducir alimentos reales desde la infancia, evitar los ultraprocesados y permitir la exposición repetida a nuevos sabores para promover la aceptación. Se recomienda involucrar a niños y adolescentes en la preparación de comidas.
12.  Consideraciones especiales: Se contemplan las necesidades de poblaciones con enfermedades crónicas, vegetarianos, veganos, adultos mayores, embarazadas y lactantes, con adaptaciones específicas para evitar deficiencias nutricionales.

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Casi 26 millones de argentinos tienen sobrepeso u obesidad

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La situación alimentaria en la Argentina atraviesa un estado crítico que se arrastra desde hace años. Así lo confirma un documento técnico presentado esta semana en el Vigésimo Tercer Congreso Argentino de Nutrición, el encuentro científico más relevante del país en la disciplina. El informe, elaborado por un equipo de especialistas encabezado por Sergio Britos, advierte que casi 26 millones de personas presentan sobrepeso u obesidad. Sin embargo, la malnutrición también se manifiesta en dietas insuficientes y poco diversas, especialmente en la infancia y en los sectores de menores recursos.

“En las últimas décadas se consolidó un patrón alimentario que combina exceso de calorías con déficit de nutrientes esenciales y de alimentos clave en la dieta. La mayoría de los argentinos realiza una alimentación desequilibrada, que conduce a múltiples deficiencias y a enfermedades crónicas. Pero no se trata de una responsabilidad individual: forma parte de un sistema alimentario que desde un inicio no tiene como objetivo producir dietas saludables, acompañado de una economía que limita el acceso a ellas y de una visible ausencia de Educación Alimentaria y Nutricional”, explicó Britos, coordinador del informe y vicepresidente del Congreso.

El documento, titulado “Sistema alimentario en la Argentina: seguridad alimentaria, dietas saludables y salud ambiental”, detalla que la malnutrición atraviesa todas las etapas de la vida. En la infancia, se expresa en déficits de hierro, vitamina D, calcio, zinc y ácidos grasos esenciales. En la adolescencia, persisten dietas pobres en vegetales, frutas y lácteos, junto con excesos de harinas refinadas, panificados y alimentos de consumo ocasional. En la adultez, predominan la obesidad y enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares.

La investigación advierte un dato alarmante: en 2024, la inseguridad alimentaria alcanzaba al 35,5 por ciento de los niños y adolescentes. Es decir, más de uno de cada tres no accede de manera adecuada y sostenida a los alimentos que necesita para crecer. Y lo poco que llega a su mesa suele tener una calidad nutricional muy pobre.

“La malnutrición no es solo la falta de comida, es también el hambre de calidad. Y los datos muestran que nuestro sistema alimentario no logra garantizar lo más básico: que todos accedan a alimentos frescos, variados y nutritivos”, señaló Ayelén Borg, licenciada en Nutrición, coautora del documento y especialista en políticas alimentarias.

El informe aclara que el problema no radica en la falta de disponibilidad: en el país existe una oferta energética superior a las 3.300 calorías y 120 gramos de proteínas por persona. El inconveniente son los incentivos que determinan qué se produce y cómo se distribuye. El sistema genera en exceso granos, aceites y carnes, pero no cubre las cantidades mínimas de frutas, verduras, legumbres ni lácteos. Solo Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe aportan una fracción significativa de los alimentos que integran una dieta saludable. El resto depende de productos que provienen de zonas lejanas, lo que encarece costos y limita consumos de cercanía.

Otro factor que agrava el problema es el costo relativo de los alimentos nutritivos. Comprar 100 calorías de frutas, verduras o lácteos puede costar hasta siete veces más que la misma energía en panificados o harinas; y tres veces más que en alimentos de bajo valor nutricional. Entre 2018 y 2025, durante casi tres cuartas partes del tiempo, los productos más saludables fueron sistemáticamente más caros.

“El sistema impositivo también impacta de manera negativa: hasta el 40 por ciento del precio de los alimentos corresponde a impuestos. Eso encarece aún más lo saludable y refuerza la desigualdad. Hay que poner este tema en la agenda y pensar en mecanismos para que los alimentos de mayor calidad tengan una menor carga impositiva”, agregó Borg.

El documento cuestiona además la Canasta Básica de Alimentos, utilizada como referencia para medir la pobreza, que desde hace años dejó de reflejar una dieta equilibrada. Los alimentos de calidad cuestan en promedio un 37 por ciento más que el valor informado por el INDEC para esa canasta.

En cuanto a las políticas públicas, el análisis subraya que los programas alimentarios vigentes son útiles, pero están fragmentados. El Plan Alimentar perdió su enfoque nutricional original y funciona como una transferencia monetaria sin garantías de calidad en la dieta. Los comedores escolares y comunitarios siguen siendo espacios claves de contención, pero presentan deficiencias de infraestructura, provisión y calidad de los menús. Otros programas, como el Apoyo Alimentario 1000 Días, no aseguran que los recursos se traduzcan en alimentos saludables.

La discontinuidad de iniciativas como ProHuerta también representó un retroceso en el impulso a la producción local y comunitaria. “El enfoque fragmentado y compensatorio de las políticas alimentarias debe cambiar. Necesitamos una mirada de conjunto, con foco en calidad nutricional y articulación entre sectores”, sostuvo Britos.

Respecto a la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos, a dos años de su plena vigencia, su impacto es limitado. Aunque más de la mitad de la población afirma estar dispuesta a usar la información de los sellos, solo una parte modifica efectivamente sus compras, y un 30 por ciento sostiene que compraría lo mismo. Para los especialistas, este instrumento debe acompañarse con campañas educativas sostenidas, aún ausentes.

El documento también llama la atención sobre la pérdida y el desperdicio de alimentos, que persisten en supermercados y hogares, pese a los avances en programas de rescate. Reducirlos tendría un fuerte impacto económico, ambiental y social, al mejorar la disponibilidad de productos nutritivos.

Finalmente, el trabajo enfatiza la necesidad de una transformación en la educación alimentaria. Las Guías Alimentarias para la Población Argentina son técnicamente sólidas, pero carecen de alcance real. “La educación es fundamental, pero no alcanza con decirle a la gente qué debe comer si no tiene los medios para hacerlo. Hay que enseñar, sí, pero también garantizar que lo aprendido pueda ponerse en práctica”, concluyó Britos.

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