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Monseñor Martínez: “Hay muy poco diálogo con el Gobierno nacional”

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En medio de un complejo panorama económico y social, el obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, expresó su profunda preocupación por el crecimiento de la desigualdad en la Argentina y lamentó la falta de diálogo entre la Iglesia y el Gobierno nacional.

“Nos preocupa mucho porque vemos que crece la brecha entre algunos que tienen más y muchísimos que tienen menos”, afirmó el obispo, al referirse a la situación de pobreza, el debilitamiento del poder adquisitivo de la clase media y las dificultades que atraviesan los sectores más vulnerables.

Martínez en una entrevista con radio LT17 advirtió que “hay mucha gente a la que se le hace muy difícil llegar a fin de mes”, en especial jubilados que deben elegir entre alimentos o medicamentos. “Los servicios aumentan mucho y los sueldos no alcanzan. Todo eso se ha acentuado”, remarcó.

“Prácticamente no hubo diálogo”

El obispo también lamentó la escasa interlocución entre la Iglesia y el Gobierno nacional. “Muy poco. Hasta ahora, prácticamente no hubo diálogo, solo con la Secretaría de Culto. Es una lástima, porque siempre genera la posibilidad de escucharse mutuamente, de saber cómo se van llevando las cosas”, sostuvo.

Para el referente de la Iglesia misionera, la falta de canales de diálogo impide construir consensos y tender puentes en una sociedad que necesita más encuentro. “No se puede pensar un proyecto sin incluir a la gente. Hace falta generar una sociedad que dialogue, que se escuche, y que no divida entre unos y otros”, planteó.

Una Cuaresma para mirar hacia adentro

En el marco del tiempo litúrgico que atraviesa la Iglesia, monseñor Martínez también hizo un llamado a la reflexión personal y comunitaria. Bajo el lema de su carta pastoral “La fe y los otros”, propuso vivir esta Cuaresma como una oportunidad para revisar actitudes individuales que afectan el vínculo con los demás.

“A veces tendemos a ser un poco individualistas, y el otro en nuestra vida es fundamental”, señaló. También pidió prestar atención a las adicciones, no solo al alcohol o las drogas, sino a todas aquellas que “nos quitan libertad y nos alejan de Dios y de los demás”.

Pese al escenario adverso, el obispo de Posadas transmitió un mensaje esperanzador: “Sabemos que hay muchas potencialidades en nuestra gente. Y también tenemos esperanza porque Dios obra. Esa es nuestra certeza”.

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Peregrinos de Esperanza

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la fiesta de la Sagrada Familia [29 de diciembre de 2024]

El pasado 24 de diciembre, el Papa Francisco ha abierto la Puerta Santa en la Basílica Vaticana inaugurando así un nuevo año jubilar según una muy antigua tradición en la Iglesia. Y durante su mensaje navideño nos explicó que la puerta Santa «representa a Jesús, Puerta de salvación abierta a todos. Jesús es la Puerta; es la Puerta que el Padre misericordioso ha abierto en medio del mundo, en medio de la historia, para que todos podamos volver a Él. Todos somos como ovejas perdidas y tenemos necesidad de un Pastor y de una Puerta para regresar a la casa del Padre. Jesús es el Pastor, Jesús es la Puerta. Hermanas y hermanos, no tengan miedo. La Puerta está abierta, la puerta está abierta de par en par. No es necesario tocar a la puerta. Está abierta. Vengan, dejémonos reconciliar con Dios, y
entonces nos reconciliaremos con nosotros mismos y podremos reconciliarnos entre nosotros, incluso con nuestros enemigos. La misericordia de Dios lo puede todo, desata todo nudo, abate todo muro que divide, la misericordia de Dios disipa el odio y el espíritu de venganza. Vengan, Jesús es la Puerta de la paz.»

Y en este domingo en que celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, damos apertura solemne del Año jubilar en nuestra diócesis. Con una procesión desde la Parroquia Espíritu Santo hacia la Catedral donde celebraremos la Eucaristía, queremos ponernos en camino como peregrinos de esperanza y atravesar por la Puerta Santa que es el mismo Cristo. Durante todo el Año Santo, se han establecido como templos jubilares el de la Catedral San José, de la ciudad de Posadas; el de la Sede de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de la ciudad de Posadas; el de la Parroquia San Pedro y San Pablo, de la ciudad de Apóstoles; el de la Parroquia Cristo Redentor, de la ciudad de Jardín América; y el Santuario Ntra. Sra. de Loreto, de la localidad de Loreto. En estos lugares los fieles pueden conseguir la indulgencia jubilar, cada vez que peregrinen hasta ellos, ya sea individualmente o en grupos, y participen de la celebración de la Eucaristía u otras acciones litúrgicas o se dediquen durante un tiempo conveniente a la escucha de la Palabra de Dios, la adoración eucarística o la oración. Conforme a lo establecido en las Normas emitidas por la Penitenciaria Apostólica, la misma indulgencia jubilar, con las mismas condiciones, se concede además a todas las personas que por motivos graves estén imposibilitadas de participar en las celebraciones o peregrinaciones; entre otras, las personas ancianas, enfermas, con discapacidad o privadas de libertad, así como quienes brindan atención en hospitales y otros lugares de servicio continuo a los enfermos.

«Además de alcanzar la esperanza que nos da la gracia de Dios, también estamos llamados a redescubrirla en los signos de los tiempos que el Señor nos ofrece. Como afirma el Concilio Vaticano II, “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas”. Por ello, es necesario poner atención a todo lo bueno que hay en el mundo para no caer en la tentación de considerarnos superados por el mal y la violencia. En este sentido, los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del corazón humano, necesitado de la presencia salvífica de Dios, requieren ser transformados en signos de esperanza» (Spes non confundit 7).

Este domingo nos invita a que pidamos a Dios por el nuevo año santo que iniciamos. Seguro que en nuestro corazón tenemos dolores y alegrías, cosas que queremos pedir y también agradecer a Dios. Como Obispo y Pastor quiero pedir a Dios por todos nosotros, para que empecemos un año donde podamos crecer en justicia, en solidaridad y paz y donde podamos renovarnos en la esperanza que no defrauda.

Les envío un saludo cercano y les deseo ¡feliz Año Nuevo!

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«El día de la Madre»

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En este domingo estamos celebrando un día especialmente querido por nuestro pueblo que es el día de  la madre. Queremos tener presente a las madres en su día y unirnos en la oración a los tantísimos gestos  que formarán parte de esta celebración. De alguna manera estamos celebrando también el valor de la  familia, la cual no es posible sin el don de la maternidad, de los hijos y de la esperanza.  

El Papa Francisco en la exhortación Amoris Laetitia nos dice que «la madre acompaña a Dios para que  se produzca el milagro de una nueva vida. La maternidad surge de una particular potencialidad del  organismo femenino, que con peculiaridad creadora sirve a la concepción y a la generación del ser  humano. Cada mujer participa del misterio de la creación, que se renueva en la generación humana. […] Las madres son el antídoto más fuerte ante la difusión del individualismo egoísta. Son ellas quienes  testimonian la belleza de la vida. Sin duda, una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana,  porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega,  la fuerza moral. Las madres transmiten a menudo también el sentido más profundo de la práctica  religiosa […] Sin las madres, no sólo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su  calor sencillo y profundo». (cf. Amoris Laetitia, 168.174) 

Pero, a la vez, asistimos lamentablemente, a una profunda contradicción en nuestra cultura actual. Por  un lado, la gente, en general, pero sobre todo nuestro pueblo sencillo, tiene una especial devoción a las  madres, y considera a los hijos como un don de Dios. Esto se expresa en los bellísimos sentimientos  manifestados siempre, pero especialmente en este día. Y, por otro lado, vemos cierta desvalorización  de la maternidad reflejada en una especie de antinatalismo promovido por grupos reducidos y  poderosos, que proponen la anticoncepción para solucionar, sobre todo, el problema de la pobreza, sin  recurrir a aquello que es clave para corregir este flagelo: una mayor y justa distribución de la riqueza,  y el ejercicio de una solidaridad más globalizada. Estos sectores poderosos y organismos  internacionales muchas veces responden a una especie de capitalismo egoísta y salvaje. Manejan  grandes medios y agreden a las familias constituidas, como es natural, por madres, padres e hijos,  tachándolas de tradicionales y conservadoras.  

Pero a pesar de tantas propuestas violentas e individualistas «percibimos que la familia continúa siendo  un valor apreciado por nuestro pueblo. El hogar es un lugar de encuentro de personas y en las pruebas  cotidianas se recrea el sentido de pertenencia. Gracias a los afectos auténticos de paternidad, de filiación  y fraternidad, aprendemos a sostenernos mutuamente en las dificultades, a comprendernos y  perdonarnos, a corregir a los niños y a los jóvenes; a tener en cuenta, valorar y querer a los abuelos y a las personas con capacidades diferentes. Cuando hay familia, se expresan verdaderamente el amor y la  ternura, se comparten las alegrías haciendo fiesta y sus miembros se solidarizan ante la angustia del  desempleo y ante el dolor que provoca la enfermedad y la muerte». (NMA 43)  

Este domingo leemos en el Evangelio (Mc 10,35-45) que ni Juan, ni Santiago, pero tampoco los otros  apóstoles, entendían suficientemente el anuncio del Reino que el Señor realizaba. Ellos peleaban por  tener los mejores lugares sin comprender que este Reino implica servir teniendo en cuenta a los otros  como sujetos y no como objetos de sus ambiciones. «El que quiera ser el primero, que se haga servidor  de todos».  

Desde ya que el acompañar a las familias, en sus gozos y sufrimientos será una de las mejores  expresiones de este servicio por el Reino. Por eso, queremos saludar a nuestras madres, y rezar por la  maternidad, con la certeza de que es un don maravilloso de Dios, y por el valor de la familia.  Encomendamos a los papás y mamás, para que puedan asumir su rol, y a los hijos, que son un signo  de esperanza.  

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! 

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«Las exigencias de la fe»

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El pasado 21 de agosto, fue el día de San Pío X, Papa. Ese día rezamos y agradecemos especialmente por  nuestros catequistas. El fin de semana pasado celebramos la catequesis con un encuentro masivo y  diocesano. A todos los catequistas, que son miles, quiero agradecer y celebrar con ustedes todo lo vivido.  Los catequistas son una gran fortaleza en toda la acción evangelizadora de la Iglesia y en la vida cotidiana  de cada comunidad. En relación a la catequesis y la evangelización, observamos que nuestro pueblo  realmente tiene una gran religiosidad, pero esta no siempre es suficientemente cristiana y, por lo tanto,  debemos buscar caminos para evangelizarla.  

En el documento de la Conferencia Episcopal Argentina, «Navega mar adentro» se señala la necesidad de  evangelizar «la búsqueda de Dios». Si bien «el secularismo actual concibe la vida humana, personal y  social, al margen de Dios y se constata incluso una creciente indiferencia religiosa. No obstante, se percibe  una difusa exigencia de espiritualidad que requiere canales adecuados para promover el auténtico  encuentro con Dios» (Cfr. NMA 29)  

El texto del Evangelio de este domingo (Jn 6,60-69), puede ayudarnos a entender que no todos los caminos  promueven un auténtico encuentro con Dios. Es más, a muchos les cuesta comprender la fe que Jesucristo  nos enseña. El texto de San Juan se sitúa al final de una larga enseñanza del Señor sobre el pan de vida:  «Yo Soy el pan de vida bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan, que yo  daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo». Esto escandalizó a muchos de sus discípulos que lo  abandonaron porque decían «esta doctrina es inadmisible». Jesús les preguntó a los Doce: ¿ustedes  también me van a abandonar?, y Pedro tomando la iniciativa, le dijo a Jesús: «Señor ¿a quién iremos? Tú  tienes palabras de vida eterna».  

Todos debemos sentir la necesidad de asumir este camino de discipulado o de formación permanente.  Debemos agradecer que nuestra gente tenga una fuerte religiosidad y deseos de búsqueda de Dios. Pero  es cierto que la religiosidad, si no asume un camino de maduración en la fe, puede quedar anclada en  meras devociones, en promesas de un mundo feliz, light, que solo son burbujas engañosas, o bien, en  rituales vaciados de compromiso con la vida y con el riesgo de generar desequilibrios afectivos y  psicológicos. La fe que nos enseña Cristo, como nos lo dice el texto bíblico de este domingo, es una  enseñanza y un camino exigente. La fe para los cristianos está ligada al misterio de la Encarnación y de la  Pascua.  

Entre las tantas propuestas religiosas podemos percibir que no son un camino adecuado para un auténtico  encuentro con Dios, aquello que nos señala el documento Navega mar adentro: «grupos pseudorreligiosos  y programas televisivos que proponen una religión diluida, sin trascendencia, hecha a la medida de cada  uno, fuertemente orientada a la búsqueda de bienestar y sin experiencia de qué significa adorar a Dios.  Ocurre, por lo general, que, sorprendidos en su buena fe, y poco formados por la Iglesia, algunos cristianos  entran en círculos difíciles de abandonar cuando la desilusión o la mentira quedan en evidencia» (NMA  31).  

La maduración en la fe nos enseña a actuar con responsabilidad con ese don de Dios y buscar caminos  para formarnos, orando y asumiendo valores como la justicia, la libertad, la paz y la solidaridad. Sobre  todo, a vivir el misterio Pascual y la fe eclesial, de tal manera que tengamos una espiritualidad que nos  permita ser cristianos en la vida cotidiana. Es importante recordar que la fe que no se encarna en la vida,  termina siendo una religiosidad vacía y superficial. Lamentablemente estas formas de religiosidad  terminan siendo la antesala del secularismo, o provocando la indiferencia de la fe. 

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! 

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El ISES honra la trayectoria pastoral de Monseñor Juan Rubén Martínez con un regalo especial

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En un emotivo gesto de reconocimiento y gratitud, el Instituto Superior Espíritu Santo (ISES) entregó un regalo especial al Obispo de la Diócesis de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez, durante el XIII° Retiro de Equipos de Conducción. El presente, quiere agradecer los 30 años de dedicación y servicio pastoral desde su ordenación como obispo.

En un momento destacado del evento, el equipo de conducción del ISES expresó su agradecimiento por la cercanía y el apoyo brindado por Monseñor Juan Rubén Martínez a lo largo de los años. En nombre de toda la institución, se entregó un regalo significativo: un Cristo impreso en 3D, elaborado en el laboratorio de impresión del ISES y montado en una cruz de madera de poco más de un metro.

Al recibir este obsequio, Monseñor Martínez, visiblemente conmovido, compartió unas palabras con los presentes, destacando la profunda simbología del regalo. “Este es el signo de la Pascua”, exclamó el Obispo, haciendo referencia al significado espiritual de la cruz y la resurrección de Cristo.

El gesto del ISES no solo refleja el reconocimiento a la trayectoria pastoral de Monseñor Juan Rubén Martínez, sino también la importancia de mantener vivos los valores cristianos y la espiritualidad en la educación y la comunidad en general. La entrega del regalo fue un momento de unidad y reflexión para todos los presentes, subrayando la importancia de la fe y el servicio en el camino hacia una sociedad más justa y solidaria.

Este gesto simbólico es un recordatorio de la importancia de la fe y la unidad en el camino hacia un mundo más justo y compasivo.

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