OBISPO DE POSADAS

Martínez advierte sobre el deterioro social: “La clase media se va debilitando”

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El obispo de Posadas, monseñor Juan Ramón Martínez, expresó una fuerte preocupación por la situación social y económica del país. Cuestionó que “el ajuste lo están haciendo las clases baja y media”, reclamó mayor diálogo institucional en debates sensibles como la baja de la edad de imputabilidad y planteó una pregunta directa al presidente Javier Milei sobre la dignidad humana.

¿Cómo analiza la Iglesia la situación social que se está viviendo?

—El pensamiento general para nosotros es de una gran preocupación por la situación social en la que está inmersa gran parte de la población argentina. La pobreza nos preocupa mucho porque hoy es una realidad extendida. Vemos gente en cierta marginalidad, pero también percibimos que la clase media se va deteriorando, porque la relación entre los sueldos y los gastos de la vida no es buena. Cada vez las cosas están más caras. Incluso nos sorprenden algunos datos del Indec sobre inflación.

Inclusive a la gente se le agrega el no poder pagar los servicios…

Es una preocupación muy genuina. No es un análisis abstracto ni distante, sino lo que vemos caminando los barrios. Tenemos parroquias, sacerdotes, religiosas y muchos laicos comprometidos en la realidad cotidiana. Lo que vemos es preocupante.

¿Ha aumentado la cantidad de gente que necesita ayuda social de la Iglesia?

Sí. Permanentemente tenemos situaciones complejas con personas muy necesitadas. Algunos comedores ya no tienen las respuestas del Estado que tenían antes y se sostienen gracias a la solidaridad. Hay gente que no llega a fin de mes, pero igual comparte alimentos con vecinos que están peor.

¿Tienen más consideración que los políticos?

Nosotros estamos en la calle, en los barrios, y no lo hacemos previo a una campaña electoral. Hace poco se incendiaron viviendas humildes en un barrio de Posadas y la intervención de la parroquia fue muy importante. No vimos presencia política.

¿El tema social está produciendo que adolescentes cada vez más chicos delinquen o se acerquen a las drogas?

Sí, tanto en la venta como en el consumo.

En provincias limítrofes se observa que jóvenes se van a Brasil a trabajar. ¿Cuál es su opinión?

Van temporalmente porque a veces un sueldo de un mes allá equivale a lo que aquí ganan en un año. Son problemas de Estado que deberían dialogarse entre todos.

Se debate la baja de la edad de imputabilidad. La Iglesia expresó su desacuerdo…

Lamentablemente asistimos a un país donde para tratar esta ley se dialoga con gobernadores, pero no con otros sectores. Nunca fuimos convocados para aportar nuestra mirada. Emitimos un documento el día de San Juan Bosco.

Tal vez hubiera sido interesante un diálogo con la Iglesia…

Sí, deberían haberse convocado representantes de las distintas iglesias.

Redes sociales y dignidad humana

España anunció restricciones al uso de redes sociales para menores. ¿Cómo ve este tema?

No tengo una posición totalmente definida, pero es cierto que la inteligencia artificial y las tecnologías vinieron para quedarse. Debe haber un discernimiento ético. El papa León XIV planteó cómo compatibilizar la inteligencia artificial con la dignidad humana. Allí entran nuestros niños y jóvenes.

“El presidente Milei”

Si pudiera hablar a solas con el presidente Javier Milei, ¿qué le diría?

Le preguntaría qué piensa sobre la infinita dignidad humana que tienen las personas. Le haría una pregunta concreta sobre su valoración de que toda persona es infinitamente digna.

¿Ve futuro para la Argentina?

Futuro siempre hay. Me preocupa que el ajuste no lo está haciendo la casta política sino el pueblo, las clases baja y media.

¿Coincide en que muchos políticos viven otra realidad social?

—Sí.

La democracia tiene deudas pendientes…

No podremos madurar nuestra democracia si la educación no está entre los principales problemas a resolver.

Sin educación y salud como prioridad, ¿el futuro es difícil?

Sin educación y sin salud como temas prioritarios el futuro es muy difícil. En Misiones, debo decirlo, la salud y la educación son prioridad. Pero estamos ligados a contextos nacionales. Tenemos crisis en la yerba, en el té, apertura de importaciones. Se habla de inversión y no viene capital. Se van industrias a Paraguay y nadie analiza suficientemente por qué.

Martínez citó la encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II para sostener que el trabajo tiene prioridad sobre el capital. “El trabajo es el que produce el capital. Cuando se destruye el trabajo o se reemplaza por subsidios permanentes, tampoco se dignifica a la persona”, afirmó.

La “mea culpa” y el legado papal

¿Hay alguna mea culpa que deba hacer la Iglesia?

Sí. Tenemos defectos y debemos acercarnos más a la gente pobre. Hay una gran apertura en la Iglesia.

¿Qué dejó el papa Francisco?

Nos dejó muchísimo. Fue un hombre de Dios coherente con el Evangelio.

¿Qué expectativa tiene con León XIV?

Muchas. Creo que es continuidad de Francisco, con un estilo diferente.

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Fuerte mensaje del obispo de Posadas en la misa de San Cayetano: “Un proyecto de país sin inclusión es un fracaso”

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Miles de fieles se congregaron este jueves 7 de agosto en la parroquia San Cayetano de Posadas para venerar al santo del pan y del trabajo. En una jornada marcada por la fe y la esperanza, el obispo de la diócesis, Juan Rubén Martínez, pronunció una homilía con un mensaje contundente sobre la realidad económica y social del país, cuestionando los efectos de las políticas macroeconómicas que no contemplan la inclusión y la dignidad humana.

Entre los presentes se encontraba el presidente de la Cámara de Diputados de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, quien participó de la celebración religiosa junto a los devotos.

Durante la misa, el obispo Martínez destacó que “el trabajo dignifica” y advirtió que “si algo debe buscarse cuando se piensa un proyecto de país o de sociedad, es que la economía esté al servicio de la persona”. En ese sentido, afirmó que “nunca un proyecto que sea solo macro, sin tener en cuenta a la gente, puede ser exitoso”.

Martínez fue aún más categórico al señalar que “solo es exitoso aquello que incluye” y que “por más que los números cierren, si la gente no está incluida, en realidad es un fracaso”. Para el obispo, “lo que se construye siempre tiene que ser en función de la persona y de su dignidad”.

El mensaje se dio en un contexto de creciente preocupación social por el impacto de la recesión, la inflación y el desempleo, factores que afectan con dureza a los sectores más vulnerables. San Cayetano, patrono del trabajo, se convierte cada año en símbolo de esperanza para quienes buscan sustento y oportunidades dignas, en medio de un panorama incierto.

La celebración religiosa fue acompañada por expresiones de fe popular, procesiones, ofrendas y momentos de recogimiento, donde miles de misioneros renovaron su compromiso con los valores del trabajo, la solidaridad y la justicia social.

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El valor de la Peregrinación

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la Solemnidad de Jesucristo Rey del universo [26 de noviembre de 2023]

Este fin de semana es especialmente significativo para nuestra Diócesis. En la Solemnidad de Cristo Rey, peregrinamos a nuestro Santuario Diocesano para recuperar la memoria de tantos hombres y mujeres que evangelizaron en estas tierras, como los mártires Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Entre ellos también el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que junto a miles de indígenas vivieron una experiencia inédita en las comunidades fundadas y que en nuestra Diócesis fueron diez. En Loreto alimentamos nuestro ánimo en la memoria, pero también los sufrimientos, los martirios y la vitalidad de estos testigos del pasado. Ellos nos fortalecen en la esperanza para sobrellevar las dificultades, persecuciones y luchas en este tiempo.

Considero que nos puede ayudar un texto del documento de Aparecida sobre la importancia de la peregrinación en nuestra América Latina como un valor importante de nuestra religiosidad y espiritualidad: «Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí, el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres.

La decisión de partir hacia el Santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual.

Allí, el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no solo de la trascendencia de Dios, sino también de la Iglesia, que trasciende su familia y su barrio. En los Santuarios, muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esos lugares contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos, que miles podrían contar» (Documento de Aparecida 259-260).

Cada año se va configurando más profundamente el significado de nuestro Santuario. Esta tierra santa de Loreto está enmarcada por diversos lugares de religiosidad y oración. En la reflexión y discernimiento del proyecto que caminamos se asoció la Capilla de Loreto a los misterios gozosos del rosario. En el antiguo lugar del via crucis, como camino procesional, quedan los restos de la única capilla externa que existió en las reducciones, con el nombre de «Monte Calvario». Ese era el lugar en el que confluían todas las comunidades que venían a Loreto para rezar el Viernes Santo en peregrinación. A este lugar, que hemos recuperado después de varios siglos, hemos asociado los misterios dolorosos del rosario. Finalmente, el tercer lugar del Santuario, y ligado a los misterios gloriosos y luminosos del rosario es el Templo Mayor, abierto, ecológico, relacionado a nuestra selva misionera, en donde están los Santos Mártires de las Misiones. Son muchos los peregrinos que durante el año se acercan aquí desde Parroquias, escuelas o individualmente.

Este año la peregrinación tiene por lema «María se levantó y partió sin demora». Nosotros, como María también caminamos para encontrarnos con Dios y entre nosotros. Queremos una vez más unir nuestros corazones para pedir a Dios por la vida, por las familias, por la paz y por la evangelización. Para que hoy como ayer podamos anunciarlo a Jesucristo, el Señor.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Pentecostés: Iglesia y evangelización

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el Domingo de Pentecostés [28 de mayo de 2023]

En este domingo estamos celebrando la gran Solemnidad de Pentecostés. El Evangelio de San Juan (20, 19-23), nos muestra a Jesucristo Resucitado, enviando a sus Apóstoles, a aquellos que fueron elegidos entre los discípulos: «Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» (Jn 20,21). Y les otorga el poder para ejercer el ministerio de perdonar y retener los pecados, que los sacerdotes ejercen en el Sacramento de la confesión: «Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan» (Jn 20,22-23). Es bueno recordar que estos hombres eran como nosotros. Ellos estaban orando junto a María, en el cenáculo, en la mañana de Pentecostés, cuando el Paráclito prometido, el Espíritu Santo descendió sobre ellos (Hch 2). En esa mañana de hace casi dos mil años nació la Iglesia.

El Espíritu Santo prometido va acompañándola y lo hará hasta el final de los tiempos.

En esta reflexión de Pentecostés quiero tener especialmente presente a la Iglesia. Los cristianos por el bautismo somos parte de la Iglesia. Nuestra fe en Jesucristo, el Señor, por un lado, tiene una dimensión de compromiso personal y por otro necesariamente tiene una dimensión comunitaria-eclesial.

Es importante subrayar que difícilmente la fe de un cristiano pueda madurar sin esta relación con la comunidad eclesial, con la formación permanente, con la necesidad de recurrir a los sacramentos, a la Palabra de Dios y al Magisterio de la Iglesia. Esto nos permite iluminar los acontecimientos que vivimos y nos fortalece para realizar opciones a veces difíciles que ayuden a humanizar y evangelizar nuestra cultura.

Al respecto quiero citar un texto clave para profundizar en la necesaria eclesialidad en la espiritualidad de un cristiano, sobre todo en este tiempo caracterizado por un excesivo individualismo y subjetivismo. En Evangelii Nuntiandi el Papa San Pablo VI nos dice: «Existe, por tanto un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la Evangelización. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella ni mucho menos contra ella. En verdad, es conveniente recordar esto en un momento como el actual, en que no sin dolor podemos encontrar personas, que queremos juzgar bien intencionadas, pero que en realidad, están desorientadas en su espíritu, las cuales van repitiendo que su aspiración es amar a Cristo, pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo, pero no a la Iglesia. Lo absurdo de esta dicotomía se muestra con toda claridad en estas palabras del Evangelio: “el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí” (Lc 10,16). ¿Cómo va a ser posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia, siendo así que el más hermoso testimonio dado a favor de Cristo es de San Pablo: “Amó a la Iglesia y se entregó por ella?” (Ef 5,25)» (EN 16)

Como Iglesia diocesana, en el ámbito del laicado, de la familia y de los jóvenes, encontramos espacios que nos impulsan a profundizar en la dimensión discipular y misionera. En nuestras distintas comunidades ya sean parroquiales o educativas, en los movimientos y asociaciones, estos temas nos desafían a encontrar respuestas adecuadas a las nuevas situaciones que nos plantea esta época.

En esta reflexión quiero señalar la alegría de tantas comunidades que celebran con gozo y de diversas maneras la Solemnidad de Pentecostés. El Espíritu Santo nos da el don de la comunión en la diversidad de dones y carismas, y nos impulsa en la tarea evangelizadora que es la razón de ser de la Iglesia.

En este nuevo Pentecostés quiero terminar esta reflexión con un texto del documento de Aparecida que expresa el gozo que tiene la Iglesia sobre el amor de Dios: «Anunciamos a nuestro pueblo que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras» (DA 30).

Con la alegría de celebrar la venida del Espíritu Santo sobre su Iglesia, en este Pentecostés, les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Un nuevo sueño de fraternidad

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 4° domingo de Cuaresma [19 de marzo de 2023]

El tiempo de Cuaresma nos ayuda a revisar nuestra vida y recuperar nuestra amistad con Dios, tantas veces desdibujada por nuestros pecados. A pesar de nuestras miserias, Él es fiel y está siempre dispuesto a perdonarnos. Sin embargo, el camino cuaresmal no es un camino intimista, sino que, en nuestra relación con Dios se juega también nuestra relación con los demás. Sabernos hijos del Padre Celestial, nos convierte en hermanos por la fe. Esta relación de fraternidad no siempre aparece con claridad en nuestros ambientes sociales o incluso eclesiales. El Papa Francisco en la Encíclica «Fratelli tutti» nos pide que nos planteemos un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social y esto no exclusivamente para los cristianos sino para todas las personas de buena voluntad.

El mismo Papa nos dice: «Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad.

Entre todos: He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante» (Cfr. Fratelli tutti, 8).

Queremos aprovechar este tiempo de la Cuaresma para revisar nuestro discipulado del amor, queremos ver cuál es nuestra situación en relación a los otros, los más pobres, vulnerables y excluidos y, obviamente, el gran Otro que es nuestro Padre Dios que nos espera como al hijo pródigo con un abrazo, un beso y una fiesta. Al revisar algunos de los flagelos que evidencian la degradación de la dignidad de la persona y el mundo que se construye en nuestro siglo XXI aparece la creciente pobreza de millones de hermanos y hermanas que padecen la peor grieta de la humanidad. En sí, es un flagelo mundial. Cada vez son más, sumando millones año a año que pasan a formar parte de la pobreza e indigencia.

Lamentablemente en nuestra Patria se vive exactamente lo que pasa en el mundo. Durante décadas la pobreza viene creciendo. Pasan diversas gestiones de gobierno y ni los políticos, ni los otros sectores del poder: empresarial, judicial, intelectual o religioso, parecen ser capaces de considerar este como el mayor problema de Estado. Están lejos de los que padecen experiencialmente en el hoy del sufrimiento, de los circuitos de desnutrición, desocupación, falta de vivienda y tierra, y todas las consecuencias que tiene esto.

Los cristianos no podemos desentendernos del flagelo de la pobreza y considerarla como el problema de otros. En Aparecida se nos señala algo para rezar y pensar en el examen de conciencia de esta cuaresma en relación a la opción preferencial por los pobres y excluidos: «Si esta opción está implícita en la fe cristológica, los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas.

Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40). Juan Pablo II destacó que este texto bíblico ilumina el misterio de Cristo. Porque en Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo frágil, el rico se hizo pobre». (Documento de Aparecida 393)

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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