OBISPO

La dignidad del trabajo

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Este domingo, 7 de agosto, coincide con la celebración de San Cayetano. En la Argentina es la  oportunidad que tiene el pueblo para pedir la intercesión de este santo, por un tema central en la  vida de cada persona y familia, que es el trabajo. 

También en nuestra Diócesis, en distintas comunidades hay celebraciones. Debo señalar que  siempre quedo impresionado por la religiosidad y a la vez por la claridad del mensaje que nos da  nuestra gente sobre la importancia que tiene el trabajo en la vida de una sociedad. Estos mensajes  profundos son enviados desde el sentido común y sensatez que tiene la sabiduría del pueblo.  Lamentablemente a veces se toman aspectos superficiales de las movilizaciones masivas que  genera la devoción a San Cayetano y no se hace una lectura profunda de la fe de nuestro pueblo,  ni se tiene en cuenta que pueden ser indicadores, quizás las mejores encuestas, para evaluar,  corregir y encaminar el rumbo de toda proyección económica, social, cultural. 

Es importante recordar el documento «Laborem exercens» del Papa san Juan Pablo II, en donde se  subraya la enseñanza que habitualmente nos da la doctrina social de la Iglesia, acentuando la  prioridad del trabajo sobre el capital. En sí debemos afirmar la importancia del capital para el  crecimiento, pero dicho crecimiento es genuino, consistente y justo, cuando está ligado al trabajo.  

Será una clave en nuestra Patria y Provincia profundizar en el eje de la cultura del trabajo, que  tanto tiene que ver con nuestra identidad heredada de nuestros antepasados que por  generaciones consideraron su trabajo como clave para crecer. Aunque nuestra realidad va  cambiando y la globalización y la tecnología, sumados a la experiencia dura de la pandemia, generan nuevos escenarios, deberemos tener en claro que si nos sometemos solo a lo virtual 

seguiremos generando rupturas con la realidad en donde el proceso de concentración y exclusión  seguirán profundizándose.  

En el Documento de Aparecida se señala: «Alabamos a Dios porque en la belleza de la creación,  que es obra de sus manos resplandece el sentido del trabajo como participación de su tarea  creadora y como servicio a los hermanos y hermanas. Jesús, el carpintero (Mc. 6,3), dignificó el  trabajo y al trabajador y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que  constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra, por la cual el  hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos. El trabajo, garantiza la dignidad  y la libertad del hombre, es probablemente la clave esencial de toda la cuestión social» (DA 120).  

También el Papa Francisco, en la encíclica «Fratelli Tutti» nos dice que «el gran tema es el trabajo.  Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la  posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su  iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia  digna. Por ello insisto en que ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución  provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida  digna a través del trabajo. Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no  puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada  persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque no existe peor pobreza  que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo. En una sociedad realmente  desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un  modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer  relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable  en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo». (FT 162) 

Este 7 de agosto, pedimos a San Cayetano que en cada hogar de los argentinos y misioneros haya  «pan y trabajo». Pedimos a nuestro Padre Dios por la intercesión de San Cayetano, para que  podamos revalorizar la cultura del trabajo en todos los ámbitos, con la certeza que esto nos hace  más dignos, porque nos ayuda a plenificar el haber sido hechos a imagen y semejanza de Dios. 

Un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! 

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Pasión por la verdad y compromiso por el bien común

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 14o durante el año [04 de julio de 2021]

El próximo viernes 9 de julio será un día especialmente significativo para los argentinos, ya que en esta fecha recordamos la Independencia Nacional. También celebramos a Nuestra Señora de Itatí, patrona de nuestra Diócesis y de nuestra región del Nordeste Argentino (NEA). Esta advocación a la madre de Jesús, «Nuestra Señora de Itatí», es una devoción antigua y querida por el pueblo de Dios en nuestra región y en toda nuestra Patria

En realidad María siempre acompañó a la Iglesia. Desde su mismo nacimiento, en la mañana de Pentecostés ella estuvo junto a los Apóstoles: «Todos ellos, íntimamente unidos se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús y de sus parientes» (Hch 1,14). Desde los primeros siglos, los cristianos veneran a María con diversas advocaciones ligadas a los lugares donde la Iglesia evangelizaba. En América Latina, desde que la fe cristiana llegó a nuestras tierras, María, nuestra madre, siempre estuvo presente: en México bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe, Caacupé en Paraguay, Luján en Argentina, y en nuestro nordeste, la de Itatí.

A Ella, a María de Itatí que siempre nos acompaña, queremos pedirle en este 9 de julio que interceda ante nuestro Padre Dios, por nuestra Patria y por nuestra Provincia de Misiones. Hoy debemos comprender que toda vocación pero especialmente la de los laicos, pasa por la responsabilidad ciudadana, e implica la transformación de las realidades temporales.

Nos decimos cristianos o católicos, pero lamentablemente hay muchas rupturas entre la fe que profesamos y nuestras opciones. La responsabilidad del cristiano como ciudadano debe ayudar a que podamos madurar nuestro sistema democrático para que se fundamente en una real convivencia social. En la Argentina de hoy se hace necesario el respeto a lo distinto, y evitar la uniformidad que siempre impide construir una sociedad sobre el diálogo, la diversidad y los consensos, y fundamentalmente el respeto al talento creativo y constructivo que siempre cualifica nuestras instituciones.

Considero que pueden servir algunos textos del documento «Navega mar adentro» de la Conferencia Episcopal Argentina, que se refieren al servicio que los cristianos podemos brindar para que nuestra sociedad sea un poco más responsable y justa: La Nueva Evangelización «nos exige responder con todos los esfuerzos que sean necesarios para lograr la inculturación del Evangelio, que propone una verdad sobre el hombre, la cual implica un estilo de vida ciudadano comprometido en la construcción del bien común.

En esta perspectiva se concreta la cosmovisión cristiana del hombre y del mundo. Aparece en toda su riqueza el humanismo cristiano que permite generar la “civilización del amor”, fundada sobre valores universales de paz, verdad, solidaridad, justicia y libertad, que encuentran en Cristo su plena realización. Una conversión es incompleta si falta la conciencia de las exigencias de la vida cristiana y no se pone el esfuerzo de llevarlas a cabo.

Esto implica una formación permanente de los cristianos, en virtud de su propia vocación, para que puedan adherir a este estilo de vida y emprender intensamente sus compromisos en el mundo, desarrollando las actitudes propias de ciudadanos responsables. Para lograr este servicio educativo a nuestra sociedad hemos de centrarnos en dos instituciones: la familia y la escuela-universidad. Además,destacamos la Doctrina Social de la Iglesia, como el mejor medio para encarar los principios evangélicos en la compleja realidad cultural, política, social, ecológica y económica» (Navega mar adentro 95-97).

El próximo viernes a las 19 horas en la Catedral de Posadas celebraremos la Santa Misa en el día de nuestra patrona la Virgen de Itatí y nos uniremos en acción de gracias por el don de la Patria cantando el «Te Deum» y también queriendo hacer compromiso de trabajar por «ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la Verdad y el compromiso por el bien común».

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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La luz pascual y tantas sombras

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el segundo domingo de Pascua [11 de abril de 2021]

Durante varias semanas estaremos celebrando el tiempo pascual. Es un tiempo para animarnos en la esperanza, porque Cristo resucitó y la vida triunfó sobre la muerte. Esta es la experiencia gozosa de los Apóstoles que nos presenta el Evangelio de este domingo (Jn 20,19-31). Ellos estaban reunidos en un lugar de Jerusalén y llenos de temor. No era para menos, habían matado a quien ellos seguían y no sabían qué podía pasarles. El texto bíblico nos dice: «Jesús poniéndose en medio de ellos, les dijo ¡la paz esté con ustedes!… Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» (Jn 20,19-20). Esta experiencia de fe era fundamental para que los Apóstoles reciban el mandato de evangelizar

Quizá nos venga bien repensar estos textos pascuales, para redescubrir cuál es el aporte que nuestro tiempo necesita de los cristianos. Este encuentro pascual fue fundamental para que los Apóstoles sobrelleven las dificultades de su tiempo. Nosotros también necesitamos de esta experiencia de fe Pascual y de una espiritualidad más profunda, para ser testigos en medio de tantos problemas y desafíos de esta época. Para poner la luz pascual en medio de tantas sombras.

Lamentablemente es común escuchar situaciones gravísimas que expresan la violencia que se experimenta sobre todo en ámbitos juveniles. Muertes y asesinatos, tanto a nivel nacional, como provincial.

En nuestro tiempo no analizamos las causas profundas de los problemas y por eso no generamos las soluciones adecuadas. ¿Por qué se encuentran tantos cargamentos de diversos tipos de droga y nunca nos enteramos quiénes son los «capos» que manipulan ese comercio mortal para nuestros jóvenes? ¿Hay miedos, protecciones…? ¿Por qué nos escandalizamos de las crecientes crisis familiares y después potenciamos todo tipo de películas y novelas, que presentan como normal madres alcohólicas y prostituidas, parejas enredadas en infidelidades y traiciones de todo tipo? Es más, si una familia se presenta como fiel y con hijos, los mismos medios en vez de elogiarla la rotulan como «conservadora» y «tradicionalista». ¿Qué poder protege y promueve el mercado del alcoholismo y de la droga?

¿Qué poder protege y promueve el consumo de la violencia y la crisis familiar? ¿Por qué esta hipocresía de escandalizarnos por lo que pasa con la violencia juvenil y después avalar este poder consumista que daña mortalmente a nuestros jóvenes? Es cierto que en la realidad se dan estas situaciones, y queremos acompañarlas con misericordia y verdad, pero también se dan de las otras, donde hay jóvenes responsables, que trabajan, que estudian, que son sanos. Familias que luchan, con problemas, pero creen en el amor comprometido, se alegran y construyen silenciosamente una cultura con valores.

Hay muchas situaciones que podemos señalar que son buenas noticias de nuestros jóvenes. El pasado viernes 9 fue ordenado diácono el seminarista Juan Emanuel Pérez en la parroquia Santa Rita de Posadas, experimentando el llamado de Dios al sacerdocio y respondiendo a su llamado de entregar la vida en bien de sus hermanos.

He señalado muchas veces la necesidad de plantearnos qué imagen de hombre, o sea de varón y mujer, queremos sustentar. En una visión materialista donde el hombre no tiene capacidad de trascendencia, (los judeo-cristianos diríamos, donde el hombre no tiene la dignidad de ser «imagen y semejanza de Dios») las consecuencias serán el consumo indiscriminado tan promovido por el vigente capitalismo salvaje y, por lo tanto, sus lógicas consecuencias de violencia y corrupción.

Vuelvo a la Pascua. Hoy especialmente necesitamos de Dios, de tener experiencia del Cristo resucitado, de buscar una espiritualidad más profunda, que nos humanice. No dudo que como se dio en el encuentro de Jesucristo resucitado con los Apóstoles en el relato del Evangelio de San Juan de este domingo, su presencia en nuestro encuentro personal, familiar y social nos aportará su saludo tan significativo: ¡La paz esté con ustedes!

¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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El Código que salva al mundo

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 4° domingo de Cuaresma [14 de marzo de 2021]

Durante la Cuaresma, somos invitados a hacer un buen examen de conciencia, no solo personal, sino también eclesial, comunitario. Mirando nuestra realidad seguramente nos encontramos con muchos gestos concretos de cristianos que son signos proféticos de esperanza. Ya hemos dicho cómo en las comunidades se multiplican acciones solidarias ligadas al bien común.

Sin embargo, contemplando una vez más la Parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37), debemos decir que hay también muchos cristianos que siguen de largo ante el herido del camino. Lamentablemente se siguen multiplicando la pobreza, el hambre, las deplorables condiciones en que se encuentran jóvenes y niños, la violencia contra los derechos humanos de los niños por nacer, los niños desnutridos, los ancianos descartados, los enfermos y los que sufren el flagelo de la pandemia por el coronavirus. Y tantas otras pobrezas de las periferias existenciales que se suman a esta larga lista. Éstas y tantas otras situaciones nos reclaman la actividad más básica de nuestra condición de cristianos: el reconocer que esos otros son también mis hermanos.

Quisiera que pidiéramos juntos a Dios que podamos asumir este tiempo de gracia como nueva oportunidad de volver a Él y que con humildad revisemos cómo vivimos nuestra fe en Dios y cómo la expresamos en el compromiso para con nuestros hermanos. Recordamos que este fin de semana realizamos la Colecta Cuaresmal «del 1%». Proponemos compartir con nuestros hermanos más necesitados por lo menos el 1% del total de nuestros ingresos. Es importante recordar que este aporte cuaresmal tiene sentido si es fruto de nuestra conversión a Dios y expresa nuestro deseo de amarlo a Él y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Esta ofrenda estará destinada especialmente a aquellos hermanos necesitados a quienes se ayudará a mejorar las viviendas, los techos, las letrinas.

El tiempo cuaresmal nos ayuda a abrirnos a la gracia de Dios que nos invita a seguir los pasos de Jesucristo el Señor. Necesitamos mirarlo. El apóstol Pablo nos dice en la carta a los Filipenses: «Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: Jesucristo es el Señor.» (Flp 2,5-11).

Este es el misterio Pascual: Cristo el Señor dio su vida por amor, se hizo uno de nosotros y padeció por amor el sufrimiento y la humillación. Recibió una sentencia a muerte siendo que él era inocente. Asumió nuestras fragilidades y pecados para redimirnos. La Pascua es la celebración de Dios que es amor y que nos llama a dignificarnos y dignificar a nuestros hermanos amando.

Aun cuando esto parece imposible, es el código, el único código que salva al mundo y hace posible la fraternidad humana. Por eso la Pascua sigue siendo en nuestro siglo XXI la Buena Noticia que necesita el mundo y que nos llena de verdadera esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Passalacqua visitó al Obispo de Oberá, Damián Bitar

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El Gobernador Hugo Passalacqua visitó en la tarde de este viernes al obispo de la Diósesis de Oberá, monseñor Damián Bitar, en la sede del obispado, sobre calle Gobernador Barreyro, en la Capotal del Monte.

La extensa charla transcurrió allí de manera amable y cercana y en ese marco de diálogo cálido y ameno, Passalacqua agradeció a Bitar el acompañamiento permanente desde lo espiritual y humano, durante los cuatro años de gestión.

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