Lo dijo el Secretario General de la ONU, en Sharm el Sheij, donde se reúnen hasta el miércoles jefes de Estado de todo el mundo.
“La humanidad tiene una elección: cooperar o morir. O un pacto por la solidaridad climática, o un pacto por el suicidio colectivo”. Con este dramático mensaje, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, inauguró la Cumbre del Clima en Egipto (COP27), la cita climática anual de la ONU, en Sharm el Sheij.
El presidente egipcio Abdelfatah Al Sisi abrió, a su vez, en el marco de la COP27, la llamada Cumbre de Implementación de dos días; un encuentro de más de 80 jefes de Estado y de Gobierno y representantes gubernamentales de alto nivel de todo el mundo, donde se establecerán las pautas de negociación para esta cumbre climática, que culmina el 18 de noviembre.
La cumbre arrancó con la presión de los países más pobres que buscan que las naciones más contaminantes los compensen por el daño provocado.
Es justamente por la presión de mejorar la financiación de los países más vulnerables, devastados por los efectos del calentamiento, que Guterres afirmó que llegó el momento de alcanzar un “pacto” ante un centenar de líderes reunidos en Sharm el Sheij.
“No podemos aceptar que nuestra atención no esté en el cambio climático” pese a “la guerra de Ucrania y otros conflictos”, porque “el cambio climático tiene su propio calendario”, advirtió el jefe de la ONU.
“Hemos visto una catástrofe tras otra. En cuanto nos recuperamos de una, viene otra”, lamentó por su parte el anfitrión al Sisi.
La cita climática anual de la ONU será una nueva etapa del forcejeo habitual entre países industrializados y en desarrollo, básicamente en torno al dinero que hay que destinar para adaptarse a los cambios, reducir la emisión de gases de efecto invernadero y pagar el inventario de daños y pérdidas.
“Estados Unidos y China deben responder” al desafío ya que los europeos son “los únicos que pagan”, declaró Macron en un encuentro con jóvenes, antes del plenario. Los grandes países emergentes “tienen que abandonar rápidamente” el carbón como fuente energética, exigió el mandatario francés.
El presidente chino, Xi Jinping, no acudirá a la COP27, que debatirá todos esos temas hasta el 18 de noviembre. El presidente estadounidense, Joe Biden, sí vendrá por unas horas el 11 de noviembre.
En Sharm el Sheij se encuentran varios líderes latinoamericanos, como el colombiano Gustavo Petro y el venezolano Nicolás Maduro, y se espera la llegada más adelante del presidente electo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
La compensación, un tema de intenso debate Tras una intensa negociación, los países aceptaron debatir en Egipto la creación de un fondo específico para paliar los efectos de sequías, inundaciones y fenómenos meteorológicos extremos.
No se trata de indemnizar a los países pobres, insisten los naciones industrializadas, que son las que históricamente han emitido masivamente los gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático.
La mayoría de los países miembros de la COP, agrupados en el denominado G77, liderado actualmente por Pakistán, consideran en cambio que sí cabe hablar de compensaciones, y que hay que entregarlas lo antes posible.
Pero que se vaya a hablar de “daños y pérdidas” en Sharm el Sheij no significa que vaya a crearse ese fondo. Los países tienen aún dos años para seguir negociando.
La desconfianza reina, máxime porque los países industrializados siguen sin cumplir con el objetivo de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a los pobres a recortar sus emisiones y también a adaptarse a los efectos del cambio climático.
A la cuestión financiera se suma la preocupación primera de recortar las emisiones de gases causantes del efecto invernadero, en un contexto revolucionado por la crisis del suministro energético en Europa, a causa de la invasión rusa de Ucrania, y el auge renovado del gas.
Desde el año pasado, menos de 30 países reforzaron sus objetivos de reducción de emisiones, a pesar del compromiso común de los casi 200 miembros de la COP.
Indicadores climático en rojo Con todos los indicadores climáticos en rojo –emisiones récord en 2021, concentración de CO2 en la atmósfera, subida del nivel de los océanos, récord de temperatura en los últimos ocho años–, la cumbre se anuncia como un delicado ejercicio de equilibrismo entre la exigencia de recortar emisiones, y el argumento de países en desarrollo de que los más industrializados no les pueden negar el derecho a explotar ahora sus hidrocarburos.
El tiempo apremia cada vez más, ya que según las recientes previsiones de la ONU el calentamiento podría alcanzar +2,4 ºC hacia el año 2100 e incluso +2,8 ºC si se mantiene la trayectoria actual.
Unos niveles muy superiores a los +1,5 ºC que preconiza el Acuerdo de París de 2015, y que sigue vigente pese a que la temperatura ha subido ya en 1,2 ºC respecto a la era preindustrial.
Las medidas de seguridad son importantes en la sede de la conferencia, un balneario enclavado entre el desierto y el mar Rojo. La organización Human Rights Watch aseguró que han arrestado docenas de personas que llamaron a manifestarse.
Protestas por la falta de un mecanismo para la financiación La Red de Acción Climática, Greenpeace y Power Shift África denunciaron en una rueda de prensa que a pesar de que en la agenda de la COP27 fue incluido el tema de las pérdidas y daños relacionados con el calentamiento global, no se ha establecido un mecanismo para su financiación.
“Desafortunadamente, la única forma con la que puedo resumir como va la COP27 es con dos palabras: inicio pobre”, dijo el director de Power Shift Africa, Mohamed Adow.
El keniata denunció que a pesar de que esta COP se celebra en África, cuyos países son de los que más sufren por el cambio climático, esta cumbre no ha dado la oportunidad para “movilizar la financiación que los países vulnerables necesitan para ser capaces de abordar los daños y pérdidas”.
Asimismo, acusó a las principales economías mundiales, en especial las europeas, de “acosar a los países vulnerables para que acepten una horquilla de dos años para negociar” un acuerdo que no incluiría “las compensaciones y la rendición de cuentas de los países contaminantes históricos”.
“No podemos permitir que la COP27 se convierta en una farsa. No podemos dejar que ocurra”, dijo Adow, que además recordó que con la guerra en Ucrania, los países que en la cumbre de Glasgow del año pasado se comprometieron a poner fin a la financiación de los hidrocarburos, ahora “quieren convertir a África en la estación de gas de Europa”.
El presidente colombiano afirmó que hubo un genocidio en su país y la región bajo la excusa de combatir al narcotráfico, durante su primer discurso en la Asamblea General.
El recinto principal de las Naciones Unidas en Nueva York estuvo colmado este lunes por primera vez tras dos años de ausencias y virtualidad por la pandemia y la Asamblea General comenzó con expectativa por los dramas que azotan al mundo sacudido por una guerra, crisis económica, alimentaria y energética, los ejes por donde giraron la mayoría de los discursos.
Pero un debutante en este foro, el flamante presidente colombiano Gustavo Petro, irrumpió con un durísimo reclamo a las potencias contra la “hipocresía” en la guerra contra las drogas y sugirió que la cocaína es menos “venenosa” que el carbón o el petróleo.
La Asamblea fue abierta formalmente por el secretario general del organismo, Antonio Guterres, y dio luego paso al brasileño Jair Bolsonaro ya que por tradición es quien ofrece el primer discurso. Estados Unidos, como país anfitrión, es el segundo en hablar.
Pero excepcionalmente Joe Biden retrasó su intervención hasta el miércoles debido a su presencia el lunes en los funerales de la reina Isabel II en Londres. Los grandes ausentes de la cita de este año son los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, el chino Xi Xinping y el mexicano Andrés Manuel López Obrador.
Fue Petro que sacudió a la audiencia con un discurso polémico. El economista y ex guerrillero que el 7 de agosto asumió la presidencia de Colombia con un gobierno de izquierda subió al estrado con un mensaje de tono poético y duro a la vez, que contrastó con los más formales que suelen escucharse en ese ámbito.
Ante los representantes de más de 190 países que conforman la ONU (hay presidentes, primeros ministros, cancilleres y embajadores) Petro habló de su país como uno de los más bellos y a la vez más violentos del mundo. Dijo que en la selva amazónica de Colombia se cultiva “la planta sagrada de los incas”, la coca.
“Para destruir la planta de coca arrojan venenos y glifosato en masa, que corren por las aguas, detienen a sus cultivadores y los encarcelan. Por destruir o poseer la hoja de la coca mueren un millón de latinoamericanos asesinados y encarcelan a dos millones de afros en América del Norte”, denunció.
Dice que están destruyendo la selva, que es el pulmón del planeta. “A las relaciones de poder las azota la adicción al dinero, a perpetuarse, al petróleo, a la cocaína y a las drogas más duras para poder anestesiarse más. Nada más hipócrita que el discurso para salvar la selva”, dijo.
“¿Qué es más venenoso para el ser humano? ¿La cocaína, o el carbón o el petróleo? El poder ha dictado que la cocaína, y esa debe ser perseguida aun cuando ella produzca menos muertes por sobredosis. Pero el carbón y el petróleo deben ser protegidos aunque su uso pueda extinguir a toda la humanidad”, expresó Petro.
En el recinto, los representantes de los países miraban perplejos. “Mientras dejan quemar las selvas, mientras hipócritas persiguen las plantas con venenos para ocultar los desastres de su propia sociedad nos piden más y más carbón, más y más petróleo para calmar la otra adicción: la del consumo, la del poder, la del dinero”, bramó.
Es conocida la posición de Petro frente a la lucha contra las drogas, que dice que “ha fracasado”, pero es la primera vez que lo expone como presidente, en un ámbito internacional frente a los líderes del mundo.
“La selva se quema, señores, mientras ustedes hacen la guerra y juegan con ella. La selva, el pilar climático del mundo, desaparece con toda su vida. La gran esponja que absorbe el CO2 planetario se evapora”, dijo Petro.
Un promedio de 1,5% del territorio protegido de Colombia se ha deforestado cada año durante la última década debido a la falta de controles de empresas de ganadería extensiva y palma africana.
Petro asegura que el Estado colombiano poco puede hacer al respecto sin un consenso internacional para detener estas economías extractivas. Además, acusa a la élite política tradicional colombiana de obrar en consonancia de los países desarrollados que supuestamente ven la biodiversidad como un obstáculo para el desarrollo.
“La selva salvadora es vista en mi país como el enemigo a derrotar, como la maleza a extinguir. El espacio de la coca y de los campesinos que la cultivan, porque no tienen nada más que cultivar, es demonizado”.
La hoja de coca, originaria de los Andes amazónicos, es considerada una planta ancestral para cientos de comunidades y su explotación medicinal está en crecimiento.
“¿Qué es más venenoso para la humanidad: la cocaína, el carbón o el petróleo? El dictamen del poder ha ordenado que la cocaína es el veneno y debe ser perseguida, así ella solo cause mínimas muertes por sobredosis. En cambio, el carbón y el petróleo deben ser protegidos, así su uso pueda extinguir a toda la humanidad”, aseguró Petro.
Todo esto concluyó en una férrea demanda de Petro por acabar con la llamada guerra contra las drogas, impulsada por el gobierno de Estados Unidos desde 1971.
“Yo les demando desde aquí, desde mi Latinoamérica herida, acabar con la irracional guerra contra las drogas”, solicitó Petro, quien desde su discurso de inauguración como presidente en agosto hizo un llamado a abordar el problema de drogas como uno de salud pública en lugar de seguridad y defensa.
“Disminuir el consumo de drogas no necesita de guerras, necesita que todos construyamos una mejor sociedad: una sociedad más solidaria, más afectuosa, donde la intensidad de la vida salve de las adicciones y de las nuevas esclavitudes”.
“¿Quieren menos drogas?”, se preguntó el mandatario. “Piensen en menos ganancias y en más amores. Piensen en un ejercicio racional del poder”.
Y a partir de eso, el presidente colombiano pronunció quizá la acusación más dura de su discurso: “Nosotros les servimos para excusar los vacíos y las soledades de su propia sociedad que la llevan a vivir en medio de las burbujas de las drogas. Les ocultamos sus problemas que se niegan a reformar”.
“Mejor es declararle la guerra a la selva, a sus plantas, a sus gentes”, sentenció con ironía.
Poco antes de su fuerte discurso, el colombiano se había reunido este lunes con el “zar del clima” estadounidense, John Kerry, quien luego tuiteó que había tenido un encuentro “excelente” en el que discutieron “la urgencia de proteger los bosques de la Amazonia y acelerar la acción climática en las Américas”.
El turno de Boric
Otro de los debutantes en la Asamblea de la ONU fue el presidente de izquierda Gabriel Boric, que lamentó la concentración de la riqueza que hay en su país y dijo que “la desigualdad ha obstaculizado nuestro camino al desarrollo y es una amenaza latente para la democracia... (por) la fractura social que genera”.
El líder chileno hizo un repaso de la lucha social de 2019, de la que él fue protagonista y que lo llevó a la presidencia. Boric dijo que el reciente rechazo a la Constitución le ha dejado varias lecciones y que “el desafío de hoy es estar a la altura de ellas”.
“Como gobierno hemos recogido el resultado del reciente plebiscito con ojos y corazón bien abiertos. Queremos escuchar lo que el pueblo nos está diciendo”, dijo, y agregó que el resultado le ha enseñado a ser “más humilde”. Y que “las recetas no están en un sector en particular sino en la síntesis de lo que cada uno pueda aportar. Así se gobierna en el siglo 21”, señaló.
Y culminó diciendo que un liderazgo moderno debe incluir el incentivo a la participación, el fomento del diálogo. “Incorporando los puntos de vista del que piensa distinto y entendiendo que el que tiene opiniones diversas no es enemigo”.
Un tema excluyente de la mayoría de los discursos de la jornada fue la guerra en Ucrania y las crisis energética y alimentaria que disparó, así como las consecuencias económicas de la pandemia. El discurso central de este miércoles será el del presidente Biden.
Se espera que utilice su mensaje para reiterar su apoyo a Ucrania y tratar de seguir aislando a Rusia, aunque también hará referencia a la lucha contra el cambio climático y la crisis de energía. Estos asuntos también tienen repercusión a nivel interno y, a 50 días de las elecciones legislativas de noviembre, es de esperar que los traiga a la luz.
El presidente de Perú, Pedro Castillo, pidió hoy que se normalicen las exportaciones de fertilizantes de Rusia a fin de evitar más daños a los agricultores pobres dentro del contexto de la crisis alimentaria global, durante su intervención en el debate general del 77mo. período de sesiones de la Asamblea General de la ONU.
“Es necesario dar continuidad al acuerdo que permite la exportación de cereales de Ucrania y, como lo ha señalado el secretario general (de la ONU), hacer los arreglos para normalizar las exportaciones rusas de fertilizantes, cuya carencia está agobiando a los agricultores más pobres del mundo en desarrollo”, dijo el mandatario, según la agencia de noticias Sputnik.
Castillo sostuvo que es “indispensable” evitar sanciones económicas si estas ponen en riesgo la seguridad alimentaria en el planeta, así como si estas vulneran el derecho humano a la alimentación.
Por otro lado, el mandatario reafirmó la voluntad de su gobierno de que se halle una solución a la invasión rusa a Ucrania a través de negociaciones diplomáticas “que comprendan los intereses de todas las partes al mismo tiempo”.
Además, Castillo se refirió en su discurso a la economía peruana y de la región.
“América latina está sufriendo los impactos negativos de la inflación, de la reducción del crecimiento económico y de las dificultades para recuperar los niveles de lucha contra la pobreza y la pobreza extrema alcanzados previos a la pandemia; la región presenta tasas de endeudamiento cada vez más alta y de difícil sostenibilidad”, señaló.
“Para enfrentar estas tendencias mundiales y regionales que afectan las potencialidades del crecimiento en el Perú hemos aprobado el plan de crecimiento económico Impulso Perú; nuestra meta es crecer al 3,3%, en todo caso, por encima de la meta promedio para América latina”, agregó.
Por otro lado, Castillo anunció que su país abrirá próximamente una representación diplomática en Palestina “en pleno cumplimiento del principio de la universalidad de las relaciones diplomáticas”.
Asimismo, en relación con el conflicto entre Israel y Palestina, calificó de “indispensable” que la comunidad internacional asuma responsabilidades y propicie negociaciones de paz.
El mandatario señaló que el objetivo de Perú es que se reconozcan tanto a Israel como a Palestina como estados, el primero “con fronteras seguras” y el segundo “independiente y viable”.
Cada año, alrededor de 11 millones de toneladas de residuos plásticos acaban en los cuerpos de agua, según la ONU. Se prevé que en las siguientes dos décadas la cifra se triplique.
Desde las botellas, sorbetes de plástico, maquillaje, ropa, detergentes, envoltorios de comida, entre tantas otras cosas, todo lo que usamos viene envuelto en plásticos. Muchas veces incluso la fruta en supermercados, está envuelta en plástico.
Es muy difícil señalar la magnitud del problema del plástico en el planeta. Cada año, alrededor de 11 millones de toneladas de residuos plásticos acaban en los cuerpos de agua, según las Naciones Unidas. Se prevé que en las próximas décadas esta cifra se triplique. Ante esta crisis, 175 países miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente acordaron desde marzo, elaborar un tratado para reducir el uso del plástico antes de finales de 2024.
En consecuencia, todas las especies marinas, desde el plancton y los moluscos, hasta las aves, las tortugas y los mamíferos, se enfrentan a riesgos de intoxicación, trastornos del comportamiento, inanición y asfixia. Los corales, los manglares y los pastos marinos además están sofocados por desechos plásticos que les impiden recibir oxígeno y luz.
Informe: “De la contaminación a la solución: una evaluación global de la basura marina y la contaminación Plástica”. Fuente: ONU
El cuerpo humano también es vulnerable a la contaminación que generan los residuos plásticos en las fuentes de agua, lo cual podría causar cambios hormonales, trastornos del desarrollo, anomalías reproductivas y cáncer. Los plásticos son ingeridos a través de los productos del mar, bebidas e incluso la sal común, pero también penetran en la piel y pueden ser inhalados cuando están suspendidos en el aire.
La basura marina y la contaminación por plásticos además afectan la economía mundial. Los costos que acarrea la contaminación por plásticos en el turismo, la pesca, la acuicultura y otras actividades, como las limpiezas, se estimaron en US$ 6.000-19.000 millones en 2018. Y se proyecta que para 2040 podría haber un riesgo financiero anual de US$ 100.000 millones para las empresas si los gobiernos exigen que cubran los costos de la gestión de residuos en los volúmenes esperados.
Las empresas, no los individuos, son los mayores infractores. En concreto, hay 20 empresas que producen más de la mitad de todos los plásticos de un solo uso, según un análisis de 2021 de la fundación australiana, sin fines de lucro Minderoo. Una de ellas, el gigante petrolero Exxon Mobil Corp. es considerado el mayor contaminante de plástico en el mundo. Pero eso, no impide que individuos por decisión propia intenten reducir su propia huella de plástico, aunque solo sea por un mes.
Fotografía: Duke Duggleby
Cómo usar menos plástico
Un ejemplo, de tomar la decisión de reducir el uso de plásticos, es el de Rebbeca Prince-Ruiz, quien jamás pensó ser la creadora de un movimiento mundial que se llama “Plastic Free July” (Julio libre de plástico). “Nunca me propuse iniciar un movimiento mundial”. “Empezó la última semana de junio de 2011, cuando visité una instalación de reciclaje por primera vez… Me sentí realmente abrumada solo con ver lo que tiramos como sociedad”.
Prince-Ruiz, en su Australia natal, luego de decidir dejar de consumir plástico, animada contó su decisión a sus compañeros, preguntando si alguno más quería unirse. Julio estaba próximo. En estos 11 años, varios millones de personas de 190 países han participado en la campaña, según un estudio encargado por la organización.
Para reducir el consumo de plástico, sea en julio o en cualquier otro mes, lo mejor es “simplemente mirar qué plásticos hay en tu vida” dice Prince-Ruiz. “Echa un vistazo a tu basura, a tu nevera, a tu despensa, a tu papelera en el trabajo. Escoge uno o dos elementos para intentar abordarlos, porque si intentas hacerlo todo -y créeme que lo he intentado- puede ser realmente abrumador”,
Afortunadamente, algunos de los artículos de plástico más fáciles de eliminar son los que se utilizan a diario.
Análisis del impacto del consumo de plásticos. Informe: “De la contaminación a la solución: una evaluación global de la basura marina y la contaminación Plástica”. Fuente: ONU
Envoltorios de alimentos
Optar por frutas y verduras a granel, en lugar de productos preenvasados es una forma de deshacerse del plástico. Y dependiendo de la compra, hay otras maneras de limitar el consumo de envases.
“En nuestra casa se bebe mucho zumo de naranja”, señala Judith Enck, de Beyond Plastic. Así que “cambio las botellas de plástico por el concentrado de naranja congelado y compro dos jarras de cristal reutilizables para servirlo.
Vasos, tazas y botellas de agua
Según la Organización Internacional del Café, cada año se consumen, casi siempre con un solo uso, más de 600 mil millones de vasos de plástico. Muchos de ellos terminan en el mar y en lugares naturales contaminándolo casi todo, pues se toman nada menos que entre 100 y 400 años en degradarse.
Fotografía: Jack Taylor
Así como en cada fiesta la solución para atender a los invitados, aún más con la pandemia es el uso de vasos desechables. Al igual que con las botellas de agua de plástico, que también son muy utilizadas.
Según la EPA, solo el 29% de las botellas y tarros de plástico de tereftalao de polietileno (PET), así como las botellas naturales de plático de polietileno de alta densidad (HDPE), se reciclaron en 2018. En el 2020 se levantaron más de 600000 botellas de plástico para bebidas en las limpiezas costeras internacionales, lo que la convierte en el segundo elemento más encontrado, según Ocean Conservancy.
Bolsas Reutilizables
Las bolsas de plásticos, son otro elemento por el cual empezar si se trata de reducir el consumo, la mejor opción son las bolsas reutilizables. De las 4,2 millones de toneladas de bolsas, sacos y envoltorios de plásticos producidos en 2018, solo el 10% se recicló, según la EPA. Casi 275000 bolsas de plástico de supermercado se encontraron en las costas de todo el mundo el año pasado, según Ocean Conservancy.
Según un informe de la ciudad de Buenos Aires, cada año, los supermercados, hipermercados y autoservicios de la ciudad consumen más de 500 millones de bolsas. Con esa cantidad, si se formara un sendero se obtendría una línea de 275 mil kilómetros, suficiente para dar casi 7 vueltas alrededor del planeta en la línea del Ecuador.
En la actualidad varias legislaciones provinciales, recomiendan la disminución progresiva en el uso de bolsas plásticas, recomendando su cambio por elementos biodegradables, o reutilizables, a fin de disminuir la huella plástica.
Otra de las legislaciones, es la prohibición del uso del sorbete de plástico, así como muchos otros elementos, que se recomienda cambiar por elementos reutilizables, o biodegradables.
Si bien las acciones individuales no son suficientes para paliar el impacto del uso de los plásticos, según lo recopilado por el movimiento de “julio sin plástico”, lograron “evitar 300 millones de kilogramos de residuos plásticos, además de 2,1 millones de toneladas de residuos en general”.
Cada vez más, gobiernos y empresas se suman a esta visión eco friendly, en búsqueda de la sustentabilidad, así como la población es más consciente del impacto ambiental y los daños que produce el uso indiscriminado de productos plásticos y no biodegradables.
Por Sarah Hurtes y Julie Turkewitz. En el borde de la Amazonía colombiana, en una aldea indígena rodeada de torres de perforación petrolera, el pueblo siona enfrentaba un dilema.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, o PNUD, acababa de anunciar un paquete de asistencia regional de 1,9 millones de dólares. En una comunidad sin servicio de agua corriente, con electricidad intermitente y donde la pobreza es un problema que persiste, cualquier suma de dinero significaría alimento y oportunidades.
Pero el programa de asistencia formaba parte de una alianza entre la agencia de Naciones Unidas y GeoPark, una empresa petrolera multinacional. La compañía tiene contratos para perforar cerca de la reserva de los siona, entre ellos uno con el gobierno que extendería las operaciones hasta lo que los siona consideran su tierra ancestral. Para el pueblo siona del resguardo Buenavista (una reserva indígena), la perforación petrolera es una violación, similar a sacar la sangre de la tierra.
Esta colaboración es un ejemplo del modo en que una de las organizaciones para el desarrollo sostenible más grandes del mundo se asocia con agentes contaminantes, incluso con aquellos que en ocasiones trabajan contra los intereses de las comunidades que se supone que la agencia debería ayudar.
De México a Kazajistán, estas alianzas forman parte de una estrategia que no considera a las empresas petroleras como villanos ambientales sino como grandes empleadores que pueden llevar electricidad a las zonas remotas y crecimiento económico a los países pobres y de ingreso medio. La agencia de desarrollo ha usado fondos de la industria petrolera para proveer de agua limpia y capacitación laboral a zonas que de otra manera estarían abandonadas.
Pero documentos internos y decenas de entrevistas con funcionarios y exfuncionarios muestran que cuando Naciones Unidas se ha aliado con las grandes petroleras, la agencia también ha sofocado la oposición local a la perforación, además de realizar análisis de negocios para la industria y trabajar para que sea más fácil que las compañías sigan operando en zonas sensibles.
La oficina de la agencia en Colombia, en particular, es una puerta giratoria de funcionarios que entran y salen de empresas petroleras y oficinas gubernamentales de energía. La agencia de desarrollo de Naciones Unidas también ha trabajado con el gobierno y con la industria petrolera para recopilar expedientes sobre los opositores a la perforación. No hay pruebas de que esos expedientes se hayan usado para atacar a alguna persona, pero en un país donde los activistas ambientales son asesinados a mayor ritmo que en cualquier otro lugar del mundo, activistas e integrantes de la comunidad dijeron que sintieron que sus vidas se habían puesto en riesgo.
Incluso cuando Naciones Unidas advierte con alarma sobre el cambio climático y hace llamados para la reducción dramática del consumo de combustibles fósiles, su agencia de desarrollo en ocasiones funge como un ente que impulsa la industria del gas y del petróleo.
“El sector de petróleo y gas es uno de los sectores industriales a nivel mundial capaz de generar los mayores impactos positivos en las condiciones de desarrollo de las personas”, apuntó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en 2018.
La agencia de desarrollo dijo que apoya la transición a una energía limpia y no alienta la perforación. Pero Achim Steiner, líder de la agencia, dijo que su misión es sacar a las personas de la pobreza y que, a menudo, eso significa trabajar en países que dependen del carbón, el petróleo y el gas. “Tenemos que empezar donde las economías están hoy”, dijo Steiner en una entrevista. “No veo una contradicción, sin embargo hay una tensión”.
Según funcionarios y exfuncionarios, un factor que incrementa esa tensión es la incesante presión para recaudar fondos. La agencia se queda con una parte —entre 3 y 10 por ciento— de las donaciones. Los funcionarios, respaldados por las propias auditorías de la agencia, dicen que eso presiona a los funcionarios de desarrollo para encontrar aliados en sus países asignados, incluso cuando los donantes trabajan en contra de los propios intereses de su agencia.
Un arroyo contaminado con petróleo en el departamento del Putumayo. Credit…Federico Rios para The New York Times
Correos electrónicos internos muestran que altos funcionarios se han molestado por tener que lavarle la cara a algunas de las empresas más sucias, un proceso que los críticos denominan blue washing (o lavado azul), debido al color emblemático de la organización.
En 2017, por ejemplo, dos años después de que los líderes mundiales adoptaron el acuerdo de París sobre el clima, la agencia publicó un informe sobre el papel positivo que la industria de petróleo y gas podía tener en el mundo. Mencionaba una iniciativa de reciclaje de Exxon Mobil y la promoción de Chevron de la ingeniería en los salones de clase.
“Realmente considero que esta publicación es problemática, pues busca presentar a la industria de hidrocarburos bajo una luz favorable”, escribió un empleado de la agencia en un correo electrónico grupal. El informe “estaba perjudicando nuestro mensaje sobre energía sostenible”, decía otro correo electrónico.
Como parte del presupuesto total de 8000 millones de dólares de la agencia, el dinero de la industria de la energía es mínimo: unos 6 millones de dólares al año, según los datos proporcionados por el PNUD. Pero, a nivel local, estos fondos pueden tener efectos enormes.
En ningún otro lugar estos efectos se sienten más que en Colombia, donde las empresas petroleras, el gobierno, los grupos armados y los ambientalistas se enfrentan por el futuro de la Amazonía. La deforestación ha alcanzado niveles récord y amenaza a un bosque tropical que sirve como amortiguador clave contra el cambio climático.
Hasta el año pasado, el pueblo siona, que vive en las orillas del terroso río Putumayo en el sur de Colombia, veía a la agencia de desarrollo de Naciones Unidas como una posible aliada en ese enfrentamiento. La comunidad ya se había beneficiado de un fondo previo procedente de la agencia.
Luego sucedió la alianza con GeoPark.
‘El gran negocio del año’
Mario Erazo Yaiguaje, un líder comunitario de voz suave y exgobernador de la reserva Buenavista, sospechaba que el programa de asistencia del PNUD era un intento encubierto de la petrolera para presionar a su pueblo con el fin de que aceptara su presencia en la región.
Los siona de Buenavista viven en casas de madera en un pequeño pueblo de la Amazonía, en la frontera con Ecuador. La vida comunitaria gira en torno a la parcela agrícola familiar, llamada chagra, y al yagé, una sustancia que en el mundo exterior se tipifica como alucinógena pero que los siona consideran como una medicina que, si se toma bajo el acompañamiento de un guía, les permite adquirir sabiduría y orientación.
Durante generaciones esta región ha sido un escenario de conflictos y los siona perciben a las empresas petroleras como la fuente de sus problemas, al atraer tanto a los rebeldes de izquierda que han atacado los oleoductos de la zona como a los soldados gubernamentales que han sido enviados para resguardar la infraestructura de las compañías. La industria petrolera y el negocio de la cocaína han contribuido tanto a la violencia que la Corte Constitucional de Colombia clasificó a los siona como en “riesgo de exterminio”.
Naciones Unidas anunció su alianza con GeoPark en un momento de controversia. La compañía ya estaba defendiéndose en una demanda por un derrame de petróleo en la región. Luego, una organización local de defensa acusó públicamente a GeoPark de contratar a un grupo armado para amenazar a quienes se oponen a la perforación. La empresa negó con vehemencia la denuncia, pero los activistas en la región indicaron que temían por sus vidas.
Para Erazo el acuerdo con GeoPark era una táctica. “Una cosa de limpiar el nombre”, dijo. “Cuando nos damos cuenta de que GeoPark le da recursos al PNUD, lo miramos como que hicieron el gran negocio del año”.
GeoPark dice que no tiene interés en perforar en la reserva siona y que ha tomado medidas para abandonar su concesión en el territorio en disputa. Dijo que su alianza con la agencia de desarrollo estaba enfocada en ayudar a las comunidades afectadas económicamente durante la pandemia de la COVID-19. El dinero nunca estuvo destinado para los siona, dijo la empresa.
“Siempre hemos tenido una relación con nuestros vecinos basada en el diálogo, el respeto y la construcción de confianza”, dijo la empresa en un comunicado.
Los siona de Buenavista vieron las cosas de otra manera y empezaron a prepararse para una decisión difícil. Sentado en la primera fila de una asamblea comunitaria el año pasado, ataviado con la túnica blanca tradicional que se reserva para las ocasiones especiales, Erazo escuchaba mientras abogada de la comunidad, Lina María Espinosa formulaba así su decisión:
“Van a recibir una platica que les va a servir para cualquier necesidad familiar”, dijo. “Pero la platica que viene, o la que va a venir más adelante, es de la petrolera”.
Espinosa preguntó: “¿Van a recibir?”
‘Alimentar a la bestia’
Erazo comprendía por qué GeoPark querría asociarse con Naciones Unidas. Pero ¿por qué querría una agencia de desarrollo sostenible asociarse con una empresa petrolera?
Los orígenes de estos acuerdos son turbios. A diferencia de Naciones Unidas, la agencia no recibe aportaciones de los Estados miembro. Sus donaciones provienen en su mayor parte de gobiernos y grandes fondos internacionales. Los grupos como la Fundación Bill y Melinda Gates y las empresas privadas conforman el resto.
Algunos exfuncionarios dicen que la relación actual con las grandes compañías energéticas puede remontarse a una pelea con uno de los mayores benefactores de la agencia, un fondo sin fines de lucro llamado Global Environmental Facility que reúne dinero de los gobiernos para atender los principales desafíos del planeta.
En 2011, Monique Barbut, la principal ejecutiva del fondo en ese momento, se convenció de que el PNUD estaba demasiado enfocado en recaudar fondos y tenía poco que mostrar como resultados. “Esta gente no era responsable ante nadie”, dijo Barbut en una entrevista. Y empezó a recortar el financiamiento.
Esos recortes coincidieron con los efectos persistentes de la crisis financiera global y un aumento en la demanda de ayuda para el desarrollo. Así que la agencia reforzó sus labores de recolección de fondos. Entre los objetivos estaban las empresas de energía.
“En un ambiente de ayuda decreciente, los ingresos de los sectores extractivos pueden servir como una fuente adicional de financiamiento”, escribió el PNUD en 2012 como parte de una estrategia dedicada al petróleo, el gas y la minería.
Ese año, la agencia anunció una alianza con Shell Oil que ayudó a capacitar a iraquíes para trabajar en la industria de hidrocarburos. Un proyecto con la empresa estatal Pemex ayudó a ampliar la producción petrolera en México.
Funcionarios de desarrollo, que operan con amplia autoridad en sus países asignados, recuerdan la presión constante para conseguir dinero.
“Es un sistema centrado en alimentar a la bestia”, dijo Benoit Lebot, quien trabajó en proyectos ambientales durante ese periodo. Lebot dijo que estalló con sus supervisores: “¡No soy un número en una hoja de cálculo!”. Y terminó por renunciar.
Incluso hoy, los integrantes del personal dicen —y lo reiteran las formas de evaluación de desempeño— que los supervisores priorizan la recaudación de fondos y el lanzamiento de proyectos. “¿Cuántos proyectos conseguiste? ¿Cuánto dinero trajiste?”, dijo Dominic Rasool, quien renunció a su trabajo de asesor técnico en 2018. Si los proyectos tenían éxito o no, dijo, importa menos.
Steiner, el principal ejecutivo de la agencia, no se disculpa por el enfoque en la recaudación de fondos.
“Para quienes dicen que ahí hay esa presión, solo puedo decirles: ‘Bueno, bienvenidos a la realidad’”, dijo.
Sin embargo, rechazó con firmeza la idea de que prioriza la recaudación de fondos por encima de la operación de programas exitosos. Dijo que cada proyecto es revisado y calificado por evaluadores independientes.
No obstante, evaluadores actuales y anteriores dicen que, cuando sí identifican problemas, Naciones Unidas y funcionarios gubernamentales locales a menudo los presionan para que suavicen sus conclusiones.
“La mayor parte del tiempo se hace de forma elegante”, dijo Roland Wong, quien evaluó proyectos para la agencia durante más de una década. En otras ocasiones los cambios son más indignantes. “Las evaluaciones pueden sufrir un embellecimiento grosero al punto que es casi falso”.
Una técnica común, según dijeron funcionarios y exfuncionarios, es presentar los fracasos como “lecciones aprendidas”.
‘Es un engaño’
Steiner habla de que hay que encontrar a las economías donde están y la economía de Colombia depende mucho del petróleo. Es la exportación más importante del país. Cualquiera que busque recaudar dinero para el desarrollo aquí naturalmente hallaría el camino hacia las empresas de combustibles fósiles.
Si bien Steiner dice que la agencia no apoya la perforación, los registros muestran que sí trabaja para que sea más sencillo perforar. Durante años, las agencias nacionales de hidrocarburos de Colombia y la mayor empresa del país, Ecopetrol, han contratado a PNUD para analizar riesgos y brindar asesoría con el fin de llevar a cabo el negocio con menos contratiempos.
Ese negocio puede significar un ducto con fuga, donde el análisis de la agencia puede ayudar a prevenir o mitigar un problema medioambiental. En otras ocasiones el riesgo de negocio puede ser una comunidad molesta que se opone a la perforación.
En esas situaciones, los registros muestran que los funcionarios de desarrollo intervienen para calmar las cosas, con el objetivo de asegurar que las operaciones procedan según lo planeado. Como parte de varios proyectos del PNUD, la agencia trabajó con Ecopetrol y el ministerio de hidrocarburos de Colombia para recopilar expedientes de personas en zonas de perforación.
Un informe, en el departamento de Meta, en la zona central del país, fue publicado inadvertidamente en un sitio web del gobierno en 2015. El reporte, preparado para el ministerio del Interior, identificaba a concejales locales y agricultores que tenían un “discurso agresivo” contra la industria petrolera. Se identificaba una iglesia donde, al final de la misa, el párroco “toma los últimos minutos para pronunciar discursos contra la industria”.
En Colombia los activistas ambientales son asesinados a un ritmo de más de uno por semana, según Global Witness, una organización de derechos humanos con oficinas en Londres, Washington y Bruselas, lo que convierte al país en el lugar más mortífero para defender al planeta. Cuando los activistas se vieron en el reporte, sintieron que la agencia de desarrollo los había puesto en riesgo. No hay pruebas de que este documento u otros expedientes hayan provocado incidentes violentos.
Ecopetrol indicó en un comunicado que trabaja con la agencia de desarrollo por su reputación de imparcialidad y para asegurarse de que las comunidades desfavorecidas reciban la atención que merecen.
“La empresa ha reconocido de forma reiterada la relevancia que tienen los líderes sociales y su aporte a la sociedad”, dijo Ecopetrol, refiriéndose a los líderes medioambientales. La empresa indicó que rechaza cualquier acción o amenaza “que impida el libre, seguro y legítimo ejercicio de su labor.”
Steiner dijo que este es un proceso esencial conocido como “mapeo de actores” o de stakeholders. Si los gobiernos van a consultar a la gente en todos los bandos de un tema, hay que identificar a los participantes clave.
Sin embargo, el reporte publicado se enfocaba en los opositores a la industria petrolera. Entre las actividades a realizar del informe resaltan la organización de un foro con integrantes de la comunidad y ambientalistas y “desestimar su discurso”.
El PNUD dijo que, aunque el reporte fue redactado por un contratista de la agencia y se alojaba en el servidor de la agencia e incluía su logotipo, en realidad había sido redactado por solicitud del gobierno colombiano. Por lo tanto, un portavoz de la agencia no quiso comentar el contenido del informe.
Un activista ambiental, Édgar Humberto Cruz, quien fue mencionado en la categoría de “problemático” en el documento, dijo que el PNUD organizó reuniones para destacar los beneficios que Ecopetrol y otras empresas traían a la región. “Nos dijeron que no era conveniente oponerse a la industria”, dijo Cruz.
Un portavoz de la agencia dijo que esas conversaciones no son parte de la política de la agencia.
Hoy la desconfianza en el Meta es profunda.
“Por lo que solo ha llegado aquí, a nuestra región, es a tratar de suavizar a las comunidades para que Ecopetrol pueda entrar a hacer sus trabajos petroleros”, dijo Gustavo Carrión, un líder en Castilla La Nueva, un poblado al noroeste del Meta.
Los propios empleados de la agencia lo reconocen. Fabián Espejo, quien trabajó durante cinco años para la agencia en Colombia, escribió en su tesis de doctorado de 2020 que la agencia tenía buenas intenciones pero que también le daba pie a los ministerios de petróleo, gas y minería “para mantener la producción sin contratiempos”.
El pueblo siona de Buenavista vive en hogares de madera en un pequeño territorio en la Amazonía, en la frontera con Ecuador. Credit…Federico Rios para The New York Times
Steiner comentó que su agencia trabaja en condiciones difíciles para llevar dinero y oportunidades a la gente que más las necesitan. Él no formula las políticas energéticas de Colombia y no puede ordenarle al gobierno que deje de perforar en ciertas zonas. Lo que puede hacer, dijo, es buscar formas de minimizar el daño a las comunidades y al medioambiente.
“Pero también de maximizar los beneficios de una industria —a gran escala las industrias extractivas– que es muy significativa y una fuente muy significativa de ingresos para muchos países en desarrollo”, dijo.
Una funcionaria de desarrollo formuló un argumento similar durante una tensa llamada con Erazo y otros sobre la alianza con GeoPark. Naciones Unidas no invitaba a las empresas petroleras a la zona, dijo la funcionaria, Jessica Faieta. Pero “ya que están en estos territorios, podemos nosotros, de cierta manera, garantizar su cumplimiento con los derechos humanos”.
Los siona de Buenavista estaban furiosos. Parecía que Naciones Unidas estaba respaldando a una empresa petrolera, dijo Erazo.
La conversación echó por tierra cualquier esperanza de ganárselos. Los siona presentaron una queja formal con la agencia, devolvieron un fondo previo y juraron jamás volver a aceptar ayuda del programa de desarrollo.
“La gente está aplaudiendo cada vez que sale un representante del PNUD, porque nos ha llegado con algo. ¡Bendito sea!”, comentó Erazo. Pero, añadió, “es un engaño”.
La alianza con GeoPark, dijo, fue “la muerte de esa organización para nosotros”.
Hoy, a lo largo de las riberas del Putumayo, Erazo anticipa los problemas que van a presentarse. La inflación ha disparado los costos de alimentos. Los precios de gasolina han hecho que incluso la transportación sencilla se vuelva difícil.
Una relacióncon el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo ciertamente tendría beneficios.
Pero no se arrepiente.
La agencia de desarrollo canceló la alianza con GeoPark y ahora está investigando por qué se involucró con la compañía si los agravios de los siona ya eran tan conocidos.
“Creo que esa es una crítica legítima”, dijo Steiner. Y añadió: “Sabe, hemos aprendido lecciones”.
“Es hora de poner al genio otra vez en la botella”, comentó uno de los descendientes de la familia Rockefeller, en su época la mayor fortuna petrolera del mundo. “Siento una obligación moral de hacer lo que me toca. ¿No lo harías tú?”.
Sofía Villamil y Genevieve Glatsky colaboraron con reportería desde Bogotá.
Sarah Hurtes es una periodista con sede en Bruselas. Se unió al equipo de investigaciones internacionales del Times en 2022. @HurtesSarah
Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a América del Sur, fue corresponsal de temas nacionales y cubrió el oeste de Estados Unidos. @julieturkewitz