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ASACOP NEA: la desafección política expone una crisis de vínculo con la ciudadanía

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La desafección política dejó de ser presentada como un problema exclusivamente electoral para convertirse en una discusión sobre el vínculo entre ciudadanía, instituciones y capacidad de respuesta. Esa fue una de las principales conclusiones del primer Encuentro Regional ASACOP NEA “Comunicación política en tiempos de desafección”, realizado este viernes en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), con participación de consultores de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa.

Organizado por la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP), Región NEA, bajo la coordinación de Irina Bondarenco, el encuentro reunió a profesionales de la comunicación, la opinión pública y la estrategia política en un plenario único. La jornada fue declarada de interés provincial por la Cámara de Diputados de Misiones y puso en discusión un fenómeno que atraviesa las campañas, pero también la gestión cotidiana: qué ocurre cuando la ciudadanía deja de encontrar correspondencia entre sus expectativas, las decisiones públicas y su experiencia concreta.

La discusión tuvo un punto de partida común. Para los especialistas que participaron del panel de diagnóstico, la desafección no equivale necesariamente a apatía, desinterés o rechazo de la democracia. Milva Carlino planteó que se trata de un conjunto de actitudes, percepciones y conductas que expresan distanciamiento y desconfianza hacia las instituciones, los dirigentes y las formas tradicionales de interacción pública.

La expectativa incumplida como núcleo del problema

Carlino ubicó el problema en una brecha cada vez más visible entre lo que la ciudadanía espera que la política resuelva y lo que percibe que efectivamente resuelve. Desde esa perspectiva, la discusión sobre confianza no puede separarse de la capacidad de la política para producir respuestas frente a problemas concretos.

La consultora sostuvo que la incorporación acelerada de tecnologías digitales también modificó las expectativas sociales. La experiencia cotidiana de resolver operaciones, acceder a información o comunicarse de manera inmediata genera un parámetro que las instituciones públicas no siempre pueden reproducir. A eso se suman, según su exposición, la hiperconectividad, las burbujas informativas, la desinformación y una ciudadanía que recibe información política en entornos cada vez más fragmentados.

Carlino también presentó indicadores electorales y encuestas como señales para observar el fenómeno en el NEA, aunque advirtió que la participación electoral por sí sola no alcanza para medir la desafección. Su planteo fue que la menor concurrencia a las urnas, el voto en blanco o nulo, la pérdida de identificación partidaria y el alejamiento de ámbitos tradicionales de participación deben ser leídos junto con otros indicadores de confianza y expectativas.

El punto de llegada de su exposición fue una pregunta dirigida particularmente a quienes trabajan en consultoría política: qué experiencia se está ayudando a construir entre dirigentes y ciudadanía. Para Carlino, la tarea profesional no debería limitarse a maximizar las posibilidades de una candidatura, sino incorporar evidencia, datos y criterios éticos que contribuyan a reconstruir el vínculo.

Cuando la comunicación no alcanza

Georgina Paolino llevó el diagnóstico hacia la relación entre representación y comunicación. Su planteo fue que la crisis no puede explicarse solamente por la manera en que los dirigentes comunican ni exclusivamente por las reglas electorales. El problema central, sostuvo, está en el vínculo.

Desde esa perspectiva, una mejor pieza de comunicación no puede compensar una gestión que no responde a las expectativas ciudadanas. Paolino cuestionó la proliferación de mensajes políticos centrados en la propia actividad de los dirigentes, especialmente cuando la ciudadanía aparece como espectadora y no como parte de la conversación.

La consultora también planteó que la construcción de confianza requiere tiempo. Utilizó la metáfora de una relación que no puede saltar directamente de la primera aparición pública al pedido de voto: antes debe existir conocimiento, interacción y experiencias que permitan verificar la consistencia de aquello que se promete.

La conclusión fue que la comunicación política necesita estar subordinada a una definición política y a una gestión capaces de sostenerla. Para Paolino, las estrategias destinadas a reconstruir vínculos deberían apoyarse en tres condiciones: autenticidad, consistencia y coherencia.

Jóvenes: votar no significa necesariamente confiar

Aníbal Gronda incorporó una dimensión generacional al debate. Su exposición partió de una advertencia contra una interpretación frecuente: asumir que los jóvenes abandonaron completamente la política o que existe una ruptura automática entre sus preferencias y las de generaciones anteriores.

Según un dato de una encuesta de Pulsar que citó durante su presentación, el 80% de los jóvenes de entre 16 y 19 años consultados compartiría una orientación política similar a la de sus padres. Gronda utilizó ese resultado para señalar que la diferencia generacional puede estar menos vinculada con las ideas de fondo que con los códigos, los lenguajes y las figuras capaces de captar atención.

El consultor también diferenció participación de confianza. Citó una participación cercana al 55% entre adolescentes habilitados para votar en una elección nacional y, al mismo tiempo, señaló que una proporción elevada de jóvenes manifiesta poca o ninguna confianza en los partidos políticos. Más allá de los porcentajes concretos, su argumento fue que acudir a las urnas no equivale necesariamente a construir un vínculo estable con las estructuras partidarias.

Para Gronda, el problema vuelve a desembocar en los resultados. La comunicación puede formular una promesa, pero no sustituye la experiencia cotidiana de la ciudadanía. Si aquello que se anuncia no encuentra correspondencia en la vida concreta, la confianza pierde sustento.

El planteo adquiere particular relevancia frente a una generación que no necesariamente se moviliza a través de las estructuras tradicionales. El desafío, según la exposición, consiste en comprender qué demandas están detrás de determinadas expresiones electorales y evitar interpretar los cambios de preferencias únicamente como desplazamientos ideológicos.

Formosa: acercarse también significa cambiar el canal

Gonzalo Taboada trasladó la discusión desde el diagnóstico hacia una experiencia concreta de gestión municipal en Formosa. Su presentación partió de una pregunta diferente: si existe desafección ciudadana o si, en algunos casos, son las instituciones las que quedaron desconectadas de la forma en que actualmente se relacionan las personas.

El caso presentado surgió a partir de una necesidad fiscal: ante un escenario de menores recursos disponibles, el municipio buscó incrementar la recaudación propia. El diagnóstico llevó a revisar la relación con los contribuyentes y detectar que buena parte de los procedimientos institucionales seguían suponiendo que el ciudadano debía acercarse físicamente al Estado.

La estrategia, según Taboada, consistió en adaptar los canales de atención al ciudadano digital mediante herramientas web, aplicaciones, códigos QR, comunicación tradicional y presencia territorial. La experiencia incluyó beneficios asociados al uso de canales digitales y oficinas móviles en los barrios para resolver trámites y consultas que requerían atención presencial.

La conclusión del consultor fue que la cercanía no depende únicamente de la distancia geográfica. También implica estar disponible en los canales donde las personas efectivamente interactúan.

La experiencia introduce una dimensión concreta al debate sobre desafección: una institución puede interpretar la baja participación como falta de interés ciudadano cuando, en realidad, existe una demanda de interacción por vías diferentes. Para Taboada, el desafío no consiste solamente en pedir que el ciudadano “vuelva”, sino en que las instituciones comprendan dónde está y cómo se relaciona.

Del diagnóstico a una agenda de reconstrucción

Las cuatro exposiciones convergieron, con diferentes enfoques, en una idea: la comunicación política enfrenta límites cuando intenta resolver por sí misma una crisis cuya raíz también está en la gestión, la representación y la experiencia ciudadana.

El debate adquiere una dimensión regional porque los consultores analizaron problemas comunes desde realidades institucionales diferentes. La pérdida de confianza, la transformación de los canales de participación, el peso de las redes sociales, la distancia entre agenda pública y agenda ciudadana y la dificultad para convertir promesas en resultados aparecieron como dimensiones conectadas.

El segundo panel del encuentro estuvo precisamente orientado a las estrategias para reconstruir ese vínculo, con experiencias sobre comunicación de riesgo, campañas digitales, gestión municipal destinada a jóvenes, comunicación estratégica de gobiernos y cultura como espacio de construcción comunitaria.

El valor de la discusión, en ese marco, no está solamente en encontrar una nueva fórmula de comunicación electoral. El problema planteado por ASACOP NEA es más amplio: cómo recuperar condiciones para que la ciudadanía vuelva a percibir que existe una relación verificable entre participación, representación y respuesta pública.

La consultoría política queda así frente a una tensión que excede el calendario electoral. Puede ayudar a medir expectativas, interpretar demandas y mejorar los canales de comunicación, pero la reconstrucción de confianza depende también de aquello que ocurre después del mensaje: las decisiones, los resultados y la experiencia que esas decisiones producen en la vida cotidiana.

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Raúl Timerman: “Milei está para perder, pero no tiene contra quién”

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La paradoja que atraviesa al escenario político argentino puede resumirse en una frase: Javier Milei está en condiciones de perder una elección, pero todavía no aparece un adversario capaz de derrotarlo.

Así lo planteó Raúl Timerman, analista político y consultor de opinión pública, durante una entrevista con Open 101.7. Su diagnóstico combina dos dimensiones que avanzan en paralelo: por un lado, una sociedad golpeada por la crisis económica, el endeudamiento y la pérdida de expectativas; por otro, una oposición fragmentada que aún no consigue transformar ese malestar en una propuesta política común.

“El Gobierno está para perder, pero no tiene contra quién”, sintetizó Timerman. La definición no supone que Milei conserve la fortaleza electoral de otros momentos, sino que la debilidad presidencial todavía no encuentra enfrente una construcción política capaz de capitalizarla.

Una sociedad dividida por la capacidad de llegar a fin de mes

Para Timerman, cualquier descripción del humor social debe comenzar por reconocer que la Argentina está profundamente segmentada.

Una parte de la población logra llegar a fin de mes e incluso conservar alguna capacidad de ahorro. Otro grupo consigue cubrir sus gastos, pero después de haber realizado ajustes en su economía familiar y sin margen para ahorrar. En conjunto, ambos sectores representan algo menos de la mitad de la sociedad.

Del otro lado aparece una mayoría que necesita utilizar ahorros o recurrir al endeudamiento para sostener sus gastos cotidianos.

“Alrededor del 36% de los argentinos se endeuda para llegar a fin de mes. Hoy ya están endeudados, la mayoría son morosos y no saben si van a poder pagar sus deudas”, describió.

A esa situación se suma que más del 70% considera que el país atraviesa una crisis económica. Dentro de ese universo, la mayoría cree que lo peor todavía no pasó.

“La situación anímica de la sociedad argentina es de depresión y desesperanza, a pesar de que existe un sector que vive bien”, señaló.

El consultor apeló a una imagen para graficar la magnitud de las diferencias. En la Argentina conviven quienes nunca viajan en avión, quienes pueden hacerlo ocasionalmente, quienes utilizan habitualmente vuelos comerciales y una minoría que se desplaza únicamente en aviones privados.

“No podés describir la sociedad si no la particionás”, explicó. Esa fragmentación económica también tiene consecuencias políticas: un sector que inicialmente había depositado expectativas en el Gobierno comenzó a perderlas, aunque todavía no encuentra una representación alternativa.

Un Gobierno que conoce el deterioro, pero no logra corregirlo

Timerman rechazó la idea de que el Gobierno desconozca el deterioro social. Según explicó, algunos sectores de la administración nacional monitorean permanentemente la opinión pública y cuentan con información precisa sobre el impacto económico del programa oficial.

El problema, advirtió, no sería la falta de diagnóstico, sino la imposibilidad de modificar el rumbo.

“El Gobierno conoce muy a fondo esta situación, porque evalúa la opinión pública de manera permanente”, sostuvo. Sin embargo, describió una gestión condicionada por el aislamiento presidencial, la rigidez del modelo y la escasa capacidad de los funcionarios para manifestar diferencias.

“Hay muchos ministros y secretarios de Estado que se dan cuenta del estado en el que está el Presidente, de su aislamiento, de su obsecuencia con un modelo y de la poca posibilidad que tienen de presentar disconformidades”, afirmó.

Ese esquema, según su análisis, deja al Gobierno “paralizado” frente a la necesidad de introducir correcciones. La dificultad no surge solamente del contenido del programa económico, sino del “empecinamiento” de Milei en sostenerlo incluso cuando aumentan las señales de deterioro social y político.

El peronismo permanece junto, pero no unido

La oposición percibió esa debilidad, pero tampoco resolvió sus propias contradicciones. Timerman ubicó dentro del espacio panperonista a Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa.

Todos ellos, explicó, reconocen que el desgaste del Gobierno abre una oportunidad para regresar al poder. Esa expectativa es, por ahora, el principal factor que los mantiene dentro de un mismo espacio.

“Es lo único que los mantiene juntos. No diría unidos, pero sí juntos”, diferenció.

Las tensiones internas podrían profundizarse al momento de definir las candidaturas presidenciales de 2027. Timerman consideró probable que Kicillof busque competir y señaló que Massa también podría presentarse. En ese escenario, Cristina Kirchner deberá decidir cómo intervenir en la interna.

“No creo que apoye a Axel Kicillof. Eventualmente puede llegar a apoyar a Sergio Massa, aunque tampoco es ideológicamente cercana”, evaluó.

La incertidumbre opositora, por lo tanto, no se limita a la selección de nombres. También involucra la falta de una síntesis política, programática y generacional que permita ampliar su representación más allá de los límites tradicionales del peronismo.

Tres bloques y el crecimiento del “ningunismo”

Timerman describió una sociedad electoral dividida en grandes franjas. Cerca del 30% permanece próximo al Gobierno; otro porcentaje similar se identifica con el espacio que representó Fuerza Patria; y alrededor de un tercio no se siente cercano a ninguno de los dos polos. A ellos se suman la izquierda y otras fuerzas minoritarias.

Ese tercer bloque alimenta lo que comienza a definirse como “ningunismo”: ciudadanos que rechazan tanto al oficialismo como a la principal oposición, pero que todavía no confluyen detrás de una misma candidatura.

La existencia de ese espacio no garantiza, por sí sola, el surgimiento de una tercera fuerza competitiva. Para Timerman, todo dependerá de la aparición de un liderazgo capaz de reunir demandas muy diferentes.

El consultor ilustró esa dificultad con una medición construida a partir de tres afirmaciones.

Un 29% responde que está de acuerdo con el Gobierno de Javier Milei. Ese porcentaje constituye el núcleo duro oficialista.

Otro 12% sostiene que no está de acuerdo con el Gobierno, pero que no encuentra una alternativa. La suma de ambos grupos alcanza el 41%, una cifra equivalente al desempeño electoral obtenido por La Libertad Avanza en las elecciones legislativas.

Finalmente, un 56% afirma que no está de acuerdo con el Gobierno y considera que existe otra alternativa.

El problema aparece al analizar la composición de ese último grupo.

“No para todos la otra alternativa es la misma. Ven alternativas diferentes”, explicó Timerman. El desafío será determinar si algún candidato puede reunir dentro de ese 56% el respaldo suficiente para llegar a la Presidencia.

La avenida del medio que nunca terminó de consolidarse

La dificultad para construir una tercera alternativa no es nueva. Timerman recordó experiencias electorales como las de Roberto Lavagna y Juan Schiaretti, que buscaron representar una opción intermedia, pero terminaron obteniendo entre seis y siete puntos.

Para describir los límites de ese espacio, citó una definición del analista Luis Tonelli sobre la denominada “ancha avenida del medio”: “Rodríguez Larreta la llenó de Metrobús”.

La ironía apunta a una conclusión concreta: existe un electorado que rechaza la polarización, pero eso no significa que esté políticamente vacío, disponible o dispuesto a acompañar cualquier candidatura presentada como moderada.

Ese electorado reúne posiciones económicas, sociales e ideológicas diferentes. La sola promesa de ocupar el centro no alcanza para transformarlo en una fuerza electoral.

¿Una nueva polarización o una figura inesperada?

De cara a las presidenciales de 2027, Timerman evitó anticipar si la Argentina volverá a una competencia entre dos grandes bloques o si aparecerá una tercera candidatura capaz de romper esa dinámica.

“Es difícil saberlo ahora. Va a depender mucho de si surge o no una figura política”, indicó.

El antecedente más inmediato es el propio Milei. Antes de su irrupción, la política argentina parecía encaminada a repetir la polarización entre el peronismo y el PRO. Sin embargo, el economista libertario apareció por fuera de esa disputa, desplazó a Juntos por el Cambio y llegó a la Presidencia.

“Entre la polarización del peronismo y el PRO surgió Javier Milei. La polarización no era con Milei, era con el PRO. Puede surgir alguien, puede irrumpir alguien”, remarcó.

La posibilidad existe, pero todavía no tiene nombre. Mientras tanto, Milei conserva una ventaja paradójica: el deterioro económico y la pérdida de expectativas lo colocan en una situación de vulnerabilidad, pero la fragmentación opositora le impide al descontento convertirse en una amenaza electoral definida.

El Gobierno perdió parte de la esperanza que lo llevó al poder. El peronismo continúa atrapado en su disputa interna. El radicalismo carece de centralidad y el PRO busca evitar su disolución política. Entre esos espacios crece una sociedad que quiere otra alternativa, aunque todavía no sabe cuál.

Ese vacío es, al mismo tiempo, la principal debilidad de Milei y su mayor fortaleza.

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La confianza en el Gobierno volvió a caer en julio, aunque Milei mantiene mejores niveles que Alberto Fernández

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La confianza de la sociedad en el Gobierno nacional volvió a deteriorarse durante julio, en un contexto donde la estabilización macroeconómica aún no logra traducirse en una recuperación sostenida de las expectativas ciudadanas. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella sobre la base de encuestas nacionales realizadas entre el 1 y el 16 de julio, se ubicó en 1,94 puntos sobre un máximo de cinco, lo que representa una caída mensual de 6,5%. Con este resultado, el indicador retoma la trayectoria descendente que caracterizó a casi todo 2026, interrumpida únicamente por el leve repunte observado en junio.

El dato adquiere relevancia porque el ICG es uno de los principales termómetros de legitimidad política en Argentina. Más allá de las variables económicas, el índice mide percepciones vinculadas con la capacidad del Gobierno para resolver problemas, la honestidad de sus funcionarios, la eficiencia en la administración pública, la preocupación por el interés general y la evaluación global de la gestión.

A 31 meses del inicio del mandato de Javier Milei, la comparación histórica muestra un escenario de claroscuros. El nivel de confianza actual es 3,9% inferior al que exhibía Mauricio Macri en el mismo momento de su presidencia, cuando el ICG alcanzaba 2,01 puntos. Sin embargo, supera ampliamente el registro de Alberto Fernández, cuyo índice era de apenas 1,12 puntos, una diferencia positiva del 73,3%. También se mantiene por encima de los niveles que mostraban las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner en igual etapa de gestión, aunque continúa por debajo de los valores registrados por Néstor Kirchner, quien conserva el mayor promedio histórico del indicador.

La baja de julio no fue homogénea. Cuatro de los cinco componentes del índice retrocedieron respecto de junio. El mayor deterioro correspondió a la percepción sobre la eficiencia en la administración del gasto público, que cayó 15,4%, seguida por la evaluación de la capacidad para resolver los problemas del país (-7,3%) y la percepción sobre la preocupación del Gobierno por el interés general (-6,9%). La única dimensión que prácticamente se mantuvo estable fue la vinculada con la honestidad de los funcionarios, que descendió apenas 0,4%.

El informe también permite identificar cambios relevantes en la composición del respaldo social. La mayor caída mensual se produjo entre los jóvenes de 18 a 29 años, donde la confianza se redujo 23%, mientras que entre los mayores de 50 años continúa registrándose el nivel de apoyo más elevado. En paralelo, la brecha entre hombres y mujeres se redujo debido a un fuerte descenso de la confianza masculina, mientras que entre las mujeres incluso se observó una leve recuperación respecto del mes anterior.

Desde una perspectiva territorial, el interior del país continúa siendo la región donde el Gobierno conserva mayor nivel de confianza, con 2,09 puntos, por encima de la Ciudad de Buenos Aires y, especialmente, del Gran Buenos Aires, donde el índice volvió a registrar el menor nivel nacional con 1,63 puntos.

El estudio también confirma que las expectativas económicas siguen siendo el principal determinante de la confianza política. Entre quienes creen que la economía mejorará durante el próximo año, el ICG alcanza 4,15 puntos, más del doble del promedio nacional. En contraste, quienes esperan un deterioro económico apenas otorgan 0,33 puntos al Gobierno. La diferencia evidencia que la percepción sobre el futuro económico continúa siendo el factor que mejor explica el respaldo social a la administración nacional.

Otro dato significativo es que la confianza resulta considerablemente menor entre quienes fueron víctimas de delitos durante los últimos doce meses. En ese segmento el índice cayó 25,9% en julio, reforzando la incidencia que las preocupaciones vinculadas a la seguridad mantienen sobre la valoración de la gestión pública.

En términos estructurales, el retroceso del ICG no implica necesariamente un cambio abrupto en el escenario político, pero sí marca una advertencia para el Gobierno. La estabilidad macroeconómica comienza a consolidarse en algunos indicadores económicos, aunque todavía enfrenta el desafío de transformarse en una mejora perceptible para amplios sectores de la sociedad. La experiencia histórica del propio índice muestra que la sostenibilidad de la confianza depende menos de las expectativas iniciales que de la capacidad de convertir los avances económicos en resultados concretos sobre el ingreso, el empleo, la seguridad y la calidad de vida. En ese sentido, el ICG continúa reflejando que la legitimidad política sigue siendo un activo relevante para la administración de Javier Milei, aunque con señales de desgaste que obligan a observar con atención la evolución de los próximos meses.

Índice de Confianza en el Gobierno_DiTella_Julio2026 by CristianMilciades

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Passalacqua consolida su imagen en Posadas mientras Milei profundiza su desgaste, según una encuesta de MRVT

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En momentos en los que el bolsillo marca las preocupaciones de los argentinos, la política provincial parece encontrar un camino distinto al del escenario nacional. Un informe de MRVT Consultora realizado en la ciudad de Posadas refleja una marcada diferenciación entre la evaluación de la gestión del gobernador Hugo Passalacqua y la del presidente Javier Milei, en un escenario donde los ciudadanos privilegian cada vez más la capacidad de gestión y las respuestas concretas frente a la confrontación política.

El estudio, elaborado mediante un panel longitudinal de 220 casos mensuales en la capital misionera, sostiene que el humor social está atravesado principalmente por las dificultades económicas y que esa realidad redefine las expectativas sobre los dirigentes. En ese marco, el relevamiento registra un 62% de imagen positiva para Passalacqua, frente a un 33% de valoración negativa, con apenas un 5% de indecisos.

Según el análisis de la consultora, ese nivel de respaldo encuentra explicación en una serie de medidas económicas adoptadas durante las últimas semanas, entre ellas la eliminación del pago a cuenta de Ingresos Brutos en los puestos de control fiscal en rutas, la continuidad de las exenciones para operaciones con billeteras virtuales y la prórroga de los Programas Ahora junto con nuevas herramientas de refinanciación de deudas. La interpretación es que esas decisiones fortalecieron una agenda de alivio económico con impacto directo sobre comerciantes, transportistas, trabajadores y consumidores.

El informe también observa que el perfil moderado del mandatario provincial contribuye a mantener esa valoración positiva, al quedar relativamente desacoplado de la fuerte polarización que domina la política nacional.

La ciudadanía prioriza gestión y decisión

Más allá de las imágenes de los dirigentes, la encuesta indaga sobre qué espera hoy la sociedad de la política.

La principal crítica hacia la dirigencia es la desconexión con los problemas reales de la gente, mencionada por el 32,3% de los consultados. Le siguen la superficialidad e inmadurez política (23,7%) y la falta de propuestas concretas (17,2%). La corrupción y la falta de transparencia aparecen bastante más atrás, con el 10,8%, un dato que la consultora interpreta como un desplazamiento de las prioridades ciudadanas hacia la resolución práctica de los problemas cotidianos.

En la otra cara del relevamiento, las cualidades más valoradas en un liderazgo político son la firmeza para tomar decisiones (29%) y la capacidad de gestión con experiencia comprobada (26,9%). La cercanía con la ciudadanía aparece en tercer lugar, con el 17,2%.

El bolsillo sigue ordenando el humor social

El estudio confirma que la economía continúa siendo el eje central de las preocupaciones de los posadeños.

Ante la consulta sobre dónde está puesta hoy la atención cotidiana, el 59% respondió que en la situación económica, el costo de vida y las tarifas. Apenas un 11% señaló como prioridad la discusión política, mientras que el 21% manifestó prestar atención a ambos aspectos por igual.

Para la consultora, esto demuestra que el humor social continúa determinado por las condiciones materiales de vida y que las disputas políticas adquieren relevancia únicamente cuando impactan directamente sobre la economía familiar.

Milei registra su peor nivel en la serie

El contraste más marcado del informe aparece al analizar la evolución de la imagen presidencial.

De acuerdo con la serie elaborada por MRVT entre agosto de 2025 y junio de 2026, Javier Milei atraviesa en Posadas un proceso que la consultora define como el “fin de la neutralidad”: el grupo de indecisos se redujo al mínimo histórico y la valoración negativa pasó a predominar ampliamente.

Actualmente, el Presidente registra 32% de imagen positiva frente a 64% de imagen negativa, luego de perder 24 puntos de respaldo desde el inicio de la medición. El diferencial neto pasó de +22 puntos a -32, configurando la peor relación entre apoyos y rechazos de toda la serie.

La consultora vincula ese deterioro con el impacto acumulado del ajuste económico y del aumento de tarifas durante el primer semestre, factores que habrían acelerado la polarización del electorado posadeño y reducido el espacio de quienes mantenían una posición expectante frente al Gobierno nacional.

La principal conclusión del informe es que, mientras el escenario nacional continúa condicionado por los efectos del ajuste económico y una creciente polarización, la política provincial consigue construir una dinámica distinta cuando logra ofrecer respuestas concretas sobre cuestiones que afectan directamente al ingreso y al consumo de los hogares.

Según MRVT, el humor social muestra que la demanda ciudadana se orienta cada vez menos hacia los discursos y cada vez más hacia la eficacia de la gestión, una tendencia que explica la diferencia entre la evaluación de la administración provincial y la del Gobierno nacional en la capital misionera.

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UNISUD apuesta a profesionalizar la comunicación política: Barbieri llamó a recuperar el método frente a la polarización y la inmediatez

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En un contexto donde la política enfrenta niveles crecientes de desconfianza ciudadana y las campañas electorales parecen cada vez más condicionadas por la lógica de las redes sociales, la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD) abrió un espacio para discutir una pregunta de fondo: ¿cómo se construye hoy una estrategia política eficaz?

La respuesta comenzó a delinearse durante la Cátedra Abierta “Detrás del voto: Opinión Pública y Estrategia Política”, organizada en el marco de la Diplomatura en Comunicación Política e Investigación en Opinión Pública, que reunió en Posadas a la socióloga y consultora política Daniela Barbieri, una de las especialistas argentinas con mayor trayectoria en investigación electoral y opinión pública.

Con más de una década de experiencia asesorando campañas en Argentina y América Latina, directora de la agencia BARDA y del Observatorio Pulsar.UBA, Barbieri propuso una mirada que desafía varios de los lugares comunes que dominan el debate sobre las campañas electorales. Su principal tesis fue que las estrategias exitosas no nacen de la intuición, ni del algoritmo, ni de la creatividad publicitaria, sino de un diagnóstico riguroso de la realidad social.

“La investigación representa cerca del 60% de todo el proceso estratégico”, afirmó durante su exposición. Desde esa perspectiva sostuvo que el primer trabajo de cualquier equipo de campaña consiste en comprender el clima de opinión, identificar las preocupaciones dominantes del electorado y detectar cuáles son las verdaderas motivaciones que movilizan el voto.

La investigación antes que la propaganda

Uno de los conceptos centrales desarrollados por Barbieri fue la necesidad de recuperar el método científico dentro de la comunicación política.

Según explicó, las encuestas suelen reducirse al debate sobre quién ganará una elección, cuando en realidad constituyen herramientas mucho más complejas para construir diagnósticos, segmentar electorados, testear mensajes y definir objetivos realistas.

“No todas las campañas tienen como objetivo ganar una elección”, explicó. Algunas buscan instalar dirigentes, consolidar liderazgos o construir posicionamientos para procesos políticos de mediano plazo. Por eso insistió en que la estrategia debe surgir del análisis previo y no de expectativas construidas únicamente desde el entusiasmo político.

En esa lógica cuestionó también la figura del consultor como “hacedor de presidentes”. A su juicio, primero existen los procesos sociales, luego los liderazgos políticos y recién después aparecen los equipos de comunicación como instrumentos para potenciar fortalezas y reducir debilidades.

Polarización, emociones y los nuevos motores del voto

Durante la conferencia y el posterior intercambio con los asistentes, Barbieri analizó uno de los fenómenos que atraviesa las democracias contemporáneas: la polarización.

Sostuvo que buena parte de los liderazgos actuales logran legitimarse más por el rechazo hacia el adversario que por la adhesión a propuestas concretas.

“Muchas veces el votante termina identificándose por la negatividad hacia el otro más que por un programa político”, explicó.

En ese escenario, advirtió que las redes sociales, las fake news y la dinámica algorítmica tienden a reforzar sesgos previos, alimentando emociones como el enojo o la indignación antes que la deliberación racional.

Frente a esa realidad planteó uno de los mayores desafíos para la comunicación política contemporánea: construir “mensajes puente”, capaces de atravesar las burbujas ideológicas y dialogar con sectores que no integran el núcleo duro de cada fuerza política.

La segmentación reemplaza al mensaje universal

Otra de las ideas desarrolladas por la especialista fue que las campañas dejaron de dirigirse a “toda la sociedad”.

Para Barbieri, el electorado se encuentra cada vez más fragmentado, lo que obliga a identificar segmentos específicos y construir mensajes diferenciados para cada uno de ellos.

“La peor estrategia es intentar hablarle a todo el mundo”, resumió.

En ese sentido explicó que los recursos económicos, humanos y comunicacionales deben concentrarse sobre aquellos sectores donde realmente existe capacidad de persuasión, mientras que los votantes consolidados y los electores claramente adversos requieren estrategias completamente distintas.

Sobre el fenómeno político que representa Javier Milei, Barbieri reconoció que el uso intensivo de las redes sociales modificó buena parte de las reglas tradicionales de la comunicación electoral. Sin embargo, aclaró que no existe una fórmula replicable.

“No hay un commodity de campaña”, sostuvo, al advertir que copiar formatos o estilos comunicacionales no garantiza resultados si detrás no existe una lectura correcta del contexto político y social.

A su entender, el éxito electoral de Milei respondió a la capacidad de interpretar un clima de hartazgo frente al sistema político tradicional y transformar ese diagnóstico en una narrativa capaz de interpelar a un amplio sector del electorado.

Uno de los ejes finales de la conferencia estuvo dedicado a la construcción de credibilidad.

En tiempos dominados por la viralización permanente y la sobreproducción de contenidos, Barbieri sostuvo que la política enfrenta el desafío de construir posicionamientos consistentes y sostenidos en el tiempo.

“La inmediatez muchas veces termina siendo una trampa”, afirmó.

Para la especialista, la confianza no se construye con impactos aislados sino mediante un proceso gradual de coherencia entre discurso y acción, especialmente en una sociedad donde la desconfianza hacia la dirigencia alcanza niveles elevados.

Una apuesta académica con mirada regional

La apertura de la diplomatura también sirvió para presentar uno de los proyectos institucionales que impulsa la UNISUD: la consolidación de un Observatorio de Opinión Pública que articule investigación académica, trabajo territorial y formación profesional.

El rector José Cabral explicó que la iniciativa busca transformar la investigación aplicada en una herramienta permanente para comprender las transformaciones sociales de Misiones y la región.

El observatorio trabajará inicialmente sobre cuatro grandes ejes: juventudes, educación, problemáticas docentes y demandas del sector productivo, incorporando metodologías cuantitativas y cualitativas desarrolladas desde la carrera de Ciencia Política.

Cabral señaló que el objetivo es que la producción de conocimiento trascienda el ámbito universitario y contribuya tanto a la gestión institucional como al diseño de políticas públicas y proyectos vinculados con las necesidades concretas de la provincia.

Con esta iniciativa, la universidad busca consolidarse como un actor de referencia en investigación social aplicada, al tiempo que proyecta la creación de futuros posgrados especializados en comunicación política, opinión pública y análisis electoral, áreas donde identifica una creciente demanda de formación profesional en el nordeste argentino.

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