Papa Francisco

Fumata negra en el Vaticano: el cónclave no logra elegir al sucesor de Francisco

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La primera jornada del cónclave para designar al sucesor del papa Francisco concluyó este miércoles sin acuerdo entre los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina. A las 21 (hora italiana), una densa fumata negra emergió de la chimenea vaticana y confirmó que ninguno de los 133 electores alcanzó los 89 votos necesarios para ser proclamado Pontífice.

El proceso, que comenzó con la tradicional misa Pro eligendo Pontifice celebrada por el cardenal Giovanni Battista Re, tuvo su primera votación al anochecer, bajo un clima de expectación global y con más de 45.000 fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. La señal de humo se demoró más de lo habitual, debido a la extensa meditación del cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, y a las complejidades derivadas de la alta renovación del Colegio Cardenalicio: más de un centenar de los electores participa por primera vez.

Con representantes de 70 países y una media de edad de 70 años, este cónclave es el más numeroso y diverso de la historia de la Iglesia. Entre los posibles papables se mencionan al secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin; al cardenal francés Jean-Marc Aveline; al canadiense Francis Prevost; al patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa; y al italiano Matteo Zuppi, aunque también se especula con la posibilidad de un candidato de África o Asia.

La próxima jornada de votación será este jueves, con dos rondas por la mañana y dos por la tarde, siguiendo el protocolo establecido. La elección del nuevo papa solo se confirmará cuando aparezca la fumata blanca, indicio de que uno de los cardenales ha logrado los dos tercios necesarios del total de votos.

El mundo católico permanece en vilo mientras se desarrolla una de las decisiones más significativas del presente eclesiástico, con implicancias políticas, diplomáticas y pastorales a nivel global.

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¡Francisco, repara mi Iglesia!, la revancha del Espíritu Santo

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El marcado paralelismo en las dos historias que tienen por protagonistas a dos Franciscos, están separadas por ocho siglos pero a la vez están atraídas por una cercanía que trasciende la línea del tiempo y el espacio y se enlazan en una profunda sinonimia espiritual. Francisco de Asís en realidad se llamaba Giovanni di Pietro di Bernardone; hijo de un mercader de la Umbría, ducado de Spoleto, en Italia; y Francisco, papa número 266 de la Iglesia Católica, cuyo nombre de pila lo conocemos: Jorge Mario Bergoglio, nacido en el barrio de Flores, en Buenos Aires, Argentina, hijo de un obrero ferroviario. Hay una misión, un llamado, un mandato, que probablemente marca la ruta apostólica de los dos Franciscos: la reparación de la Iglesia de Cristo. 

Aquella visión sobrenatural que experimentó Francisco de Asís, en la capilla de San Damián, donde sintió escuchar una voz que le decía “Francisco, repara mi Iglesia”, nada tenía que ver con la refacción física del templo, como fue la primera interpretación del santo italiano. El mandato era mucho más profundo: levantar los cimientos de una Iglesia arrodillada ante los avatares seculares en donde el poder feudal oprimía a los pobres, y enriquecía aún más a los ricos.

La iglesia medieval estaba más preocupada por la conquista de territorios, a través del despliegue de tropas en las Cruzadas, que en la observancia concreta del Evangelio cristiano. La nobleza y el clero formaban parte de los estamentos privilegiados de la época, y el afán de lucro era la moneda corriente, al punto que la fe era un bien ofrecido como una mercancía intangible pero a la vez fuertemente codiciada en formato de indulgencias.

En rigor de verdad, las indulgencias son un instrumento utilizado en la práctica piadosa para la obtención del perdón divino o de alguna gracia especial, el asunto es que en la época de Francisco de Asís, éstas fueron utilizadas como herramienta de coacción y de poder, con dinero se compraba el Cielo. La época había absorbido por completo la misión original de la Iglesia y en esa decadencia, Francisco oyó el mandato de repararla, de ponerla de pie, de hacerla regresar a la vocación profética y salvadora encomendada por Cristo. 

Transcurrieron ochos siglos, y la historia suscita un nuevo Francisco, en el que fue depositado sin dudas una vocación de reparación. Podría surgir una mirada inquisidora sobre las analogías aquí planteadas, pero las coincidencias son irrevocables: el Papa Francisco tuvo la misión de abrir las puertas de la iglesia a todos, a la manera del santo de Asís; de venerar en cada gesto y en cada palabra la devoción por cuanto fue creado como Casa Común, temática enmarcada en su carta encíclica Laudato Si; el compromiso permanente por los desposeídos de su tierra, del techo y del trabajo, muy a propósito expresado en su primer viaje fuera de Roma, en julio de 2013, a la isla italiana de Lampedusa, la puerta de entrada para miles de migrantes y refugiados que atraviesan el Mar Mediterráneo.

Bergoglio escogió el nombre de Francisco en clara alusión al legado del gran santo de Asís quien supo hacer carne la vivencia de una iglesia “humana y divina a la vez”, fuente de redención para los pecadores, puente permanente para el que sufre. En esa aparente doble realidad se plasma una experiencia unívoca según la enseñanza de aquel y de este nuestro Francisco: la Iglesia es de todos, pero en especial de los olvidados y excluidos. 
El mundo observa expectante el desarrollo del Cónclave, con mucha más disposición que años anteriores a comprender qué ocurrirá allí bajo los frescos de la Capilla Sixtina, donde 138 “príncipes de la iglesia” (cardenales) elegirán a su monarca.

Esta es, probablemente, la mirada más secular sobre el trascendental acontecimiento que marcará el curso de la historia, qué perfil sostendrá el nuevo pontífice, qué impronta aportará, progresismo u ortodoxia, apertura o repliegue.

“Con llave” quedarán guardadas las alternativas de una responsabilidad que les cabe a quienes deben elegir al sucesor de Pedro, ¿habrá política?, la habrá; ¿habrá lobby?, lo habrá; pero sobre todo habrá una invocación unánime al actor principal de este peculiar proceso y a quien poco se lo destaca: el Espíritu Santo, al que invocan en oración los purpurados apenas se cierran las puertas de la Capilla Sixtina: Veni Creator Spiritus.

En 2005, el Cardenal Bergoglio fue el segundo más votado para dirigir los destinos de la Iglesia, sin embargo las votaciones dieron el nombre de Joseph Ratzinger, Papa que finalmente no concluyó su reinado, siendo el primer papa de la era contemporánea en abdicar. Era necesario reparar la Iglesia, siempre tan humana y tan divina. Así como en tiempos de Francisco de Asís, y hoy con el pontificado de Francisco, el Espíritu Santo se tomó revancha. La última palabra le pertenece.

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Comienza el cónclave más diverso de la historia para elegir al sucesor de Francisco

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La Iglesia católica inicia este miércoles el proceso más multitudinario y diverso de su historia para elegir al nuevo Papa. A las 11.30 hora argentina, comenzará formalmente el cónclave en la Capilla Sixtina del Vaticano, con la presencia de 133 cardenales con derecho a voto, llegados de todos los continentes.

La elección, que se realiza bajo estrictas normas de sigilo y aislamiento, será precedida por la misa Pro eligendo Pontifice, celebrada a las 10 por el cardenal Giovanni Battista Re. Los cardenales ingresaron en procesión a la Capilla Sixtina y realizaron el tradicional juramento con la fórmula “extra omnes”, que marca el inicio del encierro papal.

Un cónclave con fuerte impronta global

Por primera vez, el colegio cardenalicio reúne representantes de 70 países. Europa cuenta con 52 electores; América, con 37 (incluidos 17 de Sudamérica); Asia, con 23; África, con 17; y Oceanía, con 4. Italia es el país más representado, con 17 cardenales. La edad promedio es de 70 años, y el más joven es el arzobispo ucraniano Mykola Bychok, de 45 años.

Este perfil global responde al legado de Francisco, quien amplió la representación de las “periferias del mundo católico” al crear cardenales de regiones antes poco consideradas en el Vaticano.

¿Cómo se elige al nuevo Papa?

Para ser elegido, un candidato debe alcanzar una mayoría de dos tercios, lo que en este caso equivale a 89 votos. El proceso de votación es secreto: cada cardenal escribe a mano el nombre del elegido en una papeleta con la frase eligo in Summum Pontificem, y deposita su voto en una urna tras jurar que lo hace conforme a su conciencia ante Dios.

Si el número de papeletas no coincide con el de votantes, se anulan y se repite la ronda. Si coincide, se leen en voz alta y se queman. El humo negro señala que no hubo consenso. El blanco, que hay nuevo Papa.

Después de la primera votación de este miércoles, el ritmo previsto es de cuatro votaciones diarias: dos por la mañana y dos por la tarde, con dos fumatas al día. Una vez alcanzado el quórum, se anunciará la elección con el clásico “Habemus Papam” desde la logia central de la Basílica de San Pedro.

¿Quién preside el cónclave?

En esta ocasión, la conducción del cónclave recae en el cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado del Vaticano, quien reemplaza a Giovanni Battista Re, excluido del proceso por superar los 80 años. Desde ahora, la decisión está en manos del Espíritu Santo y del voto secreto de los cardenales.

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Anunciaron cuándo será el cónclave para elegir el próximo Papa

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La reunión por parte de los 180 cardenales concluyó este lunes con la definición de que dentro de casi una semana se hará la “elección del 267° sucesor de Pedro” en la Capilla Sixtina del Vaticano, que permanecerá cerrada al público durante esos días.

Durante esta V Congregación General se presentaron 20 intervenciones sobre la Iglesia, su relación con el mundo, los desafíos que se presentan y las cualidades que Debra tener el nuevo Papa para responder a tales retos.

Además, se eligió a tres nuevos Cardenales de la Comisión que asiste al Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana para los próximos tres días, los cardenales: Reinhard Marx, Luis Antonio Tagle y Dominique Mamberti.

La próxima Congregación General se desarrollará este martes, 29 de abril, a las 9.00 hora de Roma, en la cual se tendrá la meditación de don Donato Ogliari, Abad de la Basílica de San Pablo Extramuros.

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El Papa geopolítico

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La Santa Sede quedó vacante, al menos momentáneamente, tras la muerte del Papa argentino. Jorge Mario Bergoglio, reconvertido en Francisco, además de haber sido el máximo representante de la fe católica, fue un líder político nato. Una persona que, desde su cargo y postura, expuso ideales que respondieron al ordenamiento geopolítico que él consideraba necesario, siendo así, uno de los mandatarios más recordados del siglo XXI.

El Papa de la multipolaridad 

Los líderes religiosos no son ajenos a los tiempos políticos que pasan. Si uno hace una breve revisión en la historia, verá momentos que responden a vicisitudes políticas de la época en donde los ministros de la fe jugaron un papel preponderante. 

Así como Juan Pablo iI fue el gran Papa de la Guerra Fría, tomando posturas anticomunistas y abogando por la construcción del mensaje de unidad desde el posicionamiento occidentalista, pasando por la globalización y entrando en el siglo XXI, a Francisco le tocó otro contexto con una lectura clara por su parte. 

Bergoglio se transformó en Francisco en 2013, siendo además el gran Papa de la multipolaridad. Esos años de Juan Pablo II y hasta de Benedicto XVI con el alto punto de la globalización quedaron atrás. Francisco supo leer el contexto internacional y lo que se venía. La globalización empezaba a resquebrajarse y los ascensos regionalistas, nacionalistas y proteccionistas empezaban a subir de tono, junto a la animosidad bélica que poco a poco se iba a materializar en varios frentes. 

Ante este contexto, Francisco supo que debía abogar por una unidad entre los múltiples polos de poder en ascenso, considerando a bloques dominantes por fuera de la lógica norteamericana y europea. Así es que se da su acercamiento a África, Rusia y China. También Latinoamérica, aunque quizás por sus raíces, fue parte de su agenda de integración a las problemáticas globales en donde El Vaticano bajó su papado empezó a cuestionarlas. 

Es cierto que tenía temas de preocupación en común con sus antecesores, tales como la pobreza, el hambre y las guerras, pero con un enfoque distinto debido a su ordenamiento como jesuita y a su lectura del mundo. Para Francisco, era imposible solucionar o brindar soluciones a estos problemas si no se atacaba la desigualdad reinante y los valores mercenarios detrás de la guerra, razón por la cual compartía el diálogo y la cercanía a todos los sectores y bandos para poder arribar a soluciones concretas. Francisco, desde su papado, entendió que el mundo y el orden global estaban cambiando y junto a ello, su posición como líder acompañaba al nuevo ideario. 

Los hitos de Francisco

Pocas cosas tan contundentes como los hechos para respaldar las palabras. Durante su papado, Francisco dio innumerables muestras de comprensión geopolítica. Claro, una institución tan grande como El Vaticano no puede estar ajena a los tiempos que corren y con la perspectiva filosófica de Francisco a flor de piel, tuvo roles y momentos protagónicos en 12 años. 

Las reuniones con Putin y Maduro, más su viaje a Cuba le valieron críticas enormes a Francisco, pero era su forma de marcar la cancha en cuanto a multipolaridad se habla. Inclusive fue en ese contexto cuando tuvo una declaración conjunta con el Patriarca Cirilo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, algo que no ocurría hace mil años aproximadamente. Este hecho sirvió para poner en relieve no sólo el diálogo Interreligioso, sino develar que los problemas de conflictos armados y diplomáticos son por puros intereses de los poderosos. Asimismo, su apertura a China y a las misiones religiosas en ese país fue todo un mensaje de aceptación del gigante rojo como parte del concierto internacional.

Otro acercamiento que le habla de lo interreligioso pero que, en realidad, guarda una postura de mediación diplomática es con Medio Oriente. Viajes a Israel, Jordania, Palestina, Irak y Emiratos Árabes Unidos le sirvieron para demostrar una férrea postura en contra de los conflictos en el mundo árabe, sentando también una posición a favor del pueblo palestino y un mensaje anti bélico en Gaza. Paralelamente, viajó a Bangladesh para intentar apaciguar la persecución contra la minoría musulmana rohingya.

Otro hecho de vital importancia geopolítica fue su gesto de mediación y hasta de desesperado pedido de paz en Sudán del Sur. Cuando la guerra civil desangraba a ese país, Francisco decidió besar los pies de los líderes políticos sursudaneses de ese momento con el fin de que entiendan el mensaje de paz necesario, por toda la población de dicho país. 

Varios viajes, visitas y menciones a África en donde el fin último era la protección de los pueblos y misiones católicas, aunque su mensaje siempre era contra aquellos que perpetraron las condiciones de desarrollo desigual en África, entiéndase por colonialismo y destrucción de las periferias. 

Su pedido de perdón por parte de la iglesia a los pueblos originarios que en Canadá padecieron persecuciones también fue un hecho que lo marcó como un líder interesado en los subyugados de la historia, sin renegar de la presencia e importancia de la herencia romana hasta el día de hoy. 

Francisco fue también el Papa de las dos grandes guerras actuales del siglo XXI, Gaza y Ucrania. En esta última intentando mediar sin condenar a ninguno de ambos bandos, sino las acciones belicosas de las mismas. Esta “tibieza” en cuanto a toma de postura puede deberse al hecho de entender esto como un conflicto regional en donde los intereses transnacionales están puestos. Lastimosamente, la gente es quien termina pagando esos platos rotos. 

Francisco, en su carácter de líder global, fue testigo de la reconversión ideológica de la derecha y el ascenso de los outsider al poder. Relaciones pendulares con figuras como Trump, Meloni, Le Pen y Milei. En el caso europeo con fuertes roces por la problemática de la inmigración, donde el Papa tuvo un protagonismo importante en el acogimiento de los mismos en el viejo continente. 
La simpleza de Francisco y su cercanía hacia la periferia y los más pobres fue algo que se vio políticamente en su papado. Entendió el entramado geopolítico desde las periferias y bajo el manto de la multipolaridad, alejado del entendimiento de las dinámicas internacionales en el mandato unilateral estadounidense, Francisco buscó ser un líder total, en donde el sur global estuviera lo más dentro posible, siendo una zona absolutamente postergada de manera histórica. Es así que Bergoglio dejó Argentina para ser un líder mundial y es por eso que hoy, tras su desaparición física, muchos no creyentes o de otras religiones, lamentan su ausencia.

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