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Paritarias: Los bancos afirman que ofrecen un aumento que iguala la inflación

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En un comunicado conjunto, las cinco asociaciones de bancos de la Argentina informaron sobre la propuesta en la paritaria de los bancarios y que es una de las negociaciones testigo para el resto de los sectores.
ABA, ABE, ADEBA y ABAPPRA afirmaron que ofrecen unun aumento que garantiza el poder adquisitivo del salario”.
La propuesta para 2018 contempla incrementar los salarios igual a la inflación, con un alza inicial en enero del 9%. Luego se actualizará según la evolución del índice de precios.
Las Asociaciones de Bancos (ABA, ABE, ADEBA y ABAPPRA) consideran prioritario mantener el poder adquisitivo del salario de los empleados del sector. En esta línea, y en el marco de las negociaciones salariales de 2018, ofrecieron un incremento de los salarios igual a la inflación que se registre en el año, adelantando desde enero un incremento del 9%, para luego ir ajustándolo conforme evolucione la inflación, se explicó en el comunicado.
“Esto fue omitido en todas las comunicaciones realizadas por el Sindicato. Mencionan solo un aumento del 9%, sin referirse a la cláusula  gatillo y con esa información parcial convocaron a un paro para el 9 de febrero previo al feriado de carnaval y también para el 19 y 20 de febrero”, detalló el escrito.
“Si la propuesta de las Asociaciones de Bancos fuera aceptada, implicaría desde hoy una mejora en el salario real de los trabajadores bancarios, sin generar conflictividad social ni contratiempos al público que nos elige todos los días, y hace sustentable la actividad y los empleos del sector”, continuó.
“Asimismo, los trabajadores bancarios no afiliados al Sindicato a partir de enero de 2018 incrementaron su remuneración  neta, dado que no se realiza la retención y pago del aporte solidario del 1% a la Asociación Bancaria, lo que implica dejar de retener a estos trabajadores y transferir al sindicato más de 500 millones de pesos al año”, se afirmó.
“Por último, la propuesta cumple dos premisas: 1. Mantener el poder adquisitivo de los empleados bancarios (está garantizado el equiparar el aumento a la inflación), y 2. Colaborar con el objetivo de todos los argentinos, que es reducir las expectativas inflacionarias que tanto daño hacen, en particular a los sectores de menores ingresos”, señalaron las centrales empresarias que aglutinan a los bancos argentinos.
 

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Dar el ejemplo

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La imperiosa necesidad de mostrar resultados positivos ante un problema medular como el déficit fiscal, obligó al gobierno de Mauricio Macri a desplegar una serie de medidas para bajar el gasto público. El ajuste prometido busca el objetivo de ser “ejemplificador” desde la política, aunque con resultados impredecibles.
El achique del gasto político es siempre bienvenido y reclamado por la sociedad que paga los costos. Sin embargo, no parece ser más que una reacción impulsada por el escándalo que protagonizó el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, quien fue premiado con la confianza presidencial y del gabinete.
El objetivo de fondo parece ser no solo achicar gastos, sino marcar pautas en las negociaciones salariales, claves en la inflación anual y en la contención del gasto del Estado.
Macri prometió reducir la planta política, lo que equivale a un 25 por ciento del presupuesto de la política en el Poder Ejecutivo. Aunque suene igual, no es el mismo 25 por ciento que aumentó la planta del Estado desde que él mismo tomó el timón del Gobierno.
También congelará salarios de los funcionarios de primera línea y despedirá a los familiares directos de los ministros que fueron incorporados en los últimos dos años. Con esto, pretende ahorrar 1.500 millones de pesos al año, el equivalente al 0,034 del gasto público en 2018. Una gota en el mar, según economistas consultados por Economis, incluidos los más liberales.
De acuerdo a los anuncios del Presidente, se desprende que las medidas no cambiarán radicalmente el escenario. Terminar con el nepotismo es una meta utópica, pero si se trata de “gestos”, mejor hubiera sido no potenciarlo en los últimos dos años.  La promesa solo alcanza a familiares directos de ministros, cuando hay cuñados, primos, suegros y novias, además de varios Ceos sin cartera que también tienen a sus más cercanos como colaboradores.  
Si se saca de encima a los familiares de los ministros, -la familia de Jorge Triaca es una de las más numerosas con sueldo del Estado- serán apenas un puñado en comparación a la estructura aumentada con ministerios, secretarías y direcciones varias de nombres extensos e insólitos. Tampoco se dice nada de amigos y entenados, que sí pueden ser nombrados. Si habrá ajuste, pasará por otro lado. Temen los empleados públicos, que será en su salario que, si no congelado, tendrá mínimas correcciones.
“La austeridad tiene que partir de la política. La política no debe tener ventajas excepcionales, insisto, debe ser un ejemplo de austeridad”, presionó Macri. 
“Por primera vez en 100 años se dio de manera simultánea que bajó el déficit fiscal, bajó el gasto, bajó la inflación y bajaron los impuestos, y todo esto con la economía creciendo; esto no pasó en 100 años”, se envalentonó el Presidente.
Para sostener el nivel de optimismo, para el Gobierno es vital predicar con el ejemplo. La “baja del gasto político” es mostrar austeridad en momentos en que se inician las negociaciones salariales con un techo tácito del quince por ciento. El límite no es aceptado por el sindicalismo. Los gremios advierten que no sólo se pierde poder adquisitivo en referencia al año pasado, sino que la inflación de este año puede ser igual o superior a la de 2017.
Juan José Aranguren, el ministro del Excel, ya ajusta hacia arriba los tarifazos de gas y electricidad, porque sus cálculos fueron hechos en base a un dólar de 19,30 y ya en estos días, coquetea con los 20 pesos. La paradoja es que el propio Aranguren ató el precio de los combustibles al valor dólar, que se disparó por las metas “recalibradas” del equipo económico para inyectar un poco de optimismo a una economía deprimida por las altas tasas que impone Federico Sturzenegger desde el Banco Central. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Según los especialistas del mercado energético, el costo mayorista de la electricidad fue proyectado en u$s 74,8 por MWh para 2018, a una tasa de cambio de 19,30 pesos por dólar, lo que representaba 1440 pesos por MWh. Con la moneda estadounidense a 20, el precio se acerca a 1500 pesos por MWh, cuatro por ciento más que la anterior estimación y 20 por ciento más que en 2017 (1250 pesos por  MWh).
En la cartera de energía admiten que aún faltan “correcciones” de entre el 25 y 30 por ciento en la electricidad y de hasta el 50 por ciento en el gas.
Las subas tienen correlato en el bolsillo del consumidor y generan efectos políticos diversos. Emsa es el ejemplo local del desquicio de las tarifas. A los aumentos nacionales se sumaron actualizaciones locales que son difíciles de entender cuando se traducen en las boletas. Emsa aduce que obedecen a la quita de subsidios y a los cambios en las tarifas sociales que aplicó la Nación.
La oposición, encarnada por la versión local de Cambiemos, pide que bajen las tarifas y denuncia a la empresa local por el golpe al bolsillo con los mismos argumentos con los que en el país se cuestionan los tarifazos de Aranguren. Cambiemos insiste en que se respete una audiencia pública a la que no fue convocada Misiones.   
Del otro lado, una multisectorial conformada por Derechos Humanos, los diputados provinciales Roque Gervasoni y Martín Sereno, representantes de EMSA, referentes barriales, funcionarios de organismos provinciales y de la Municipalidad de Posadas, así como el equipo técnico de la Defensoría del Pueblo, presentó un amparo en la Justicia para frenar los aumentos nacionales. El defensor del Pueblo, Alberto Penayo resaltó que el consumo de energía “no es algo suntuoso en nuestra provincia por las altas temperaturas que se registran, por lo que esta decisión de la Nación nos impacta negativamente sin que se reconozca nuestra particular situación de dependencia de la energía eléctrica”. El mismo parámetro se utiliza en las otras provincias del norte que están padeciendo los mismos ajustes.
Otra medida anunciada por el propio Macri es una reforma al sistema de becas del plan Progresar, que dejará de depender de la Anses para integrarse al presupuesto de Educación. Ya no será un programa de acceso universal para quienes quieran culminar sus estudios en las distintas etapas de escolaridad, sino que tendrá condiciones más exigentes para renovar el beneficio.
Los cambios pegan de lleno en una población como la de Misiones, donde gracias al Progresar se logró recuperar y aumentar la población educativa, especialmente en los niveles medios y superiores.  
El año pasado fueron becados 44.197 jóvenes con un impacto económico anual de 330.452.100 pesos. Si bien en mayo se produjo una baja significativa en la cantidad de beneficiarios, que fueron excluidos por la implementación de un nuevo sistema en el Ministerio de Educación de la Nación, lo que redujo a poco más de 16 mil becados; la persistencia del equipo provincial llevó a que se cierre el año con 44.197. Del total que culminaron el 2017, el 0,1 % continúa sus estudios en Educación Especial, el 14 % en Formación Profesional, el 2 % realiza la terminalidad del primario, el 36 % del secundario y el 48 % está en el terciario o universitario.
La idea de volver a premiar a quienes tienen mejores resultados, es resistida por los pedagogos, ya que  los beneficiarios son jóvenes que no solamente estudian, y que deberán ahora mantener un ritmo de estudio igual que los chicos de clase media y alta, cuyos proyectos de vida están pensados solo para estudiar en esta etapa de sus vidas. Por eso, hay temor de que aumente la tasa de abandono en el nivel superior.
Estos chicos que ahora necesitan al Estado son los que nacieron en la Argentina de la crisis de 2001, mal alimentados, con familias totalmente desmanteladas, una triste realidad que rápidamente olvidamos todos. Siento que la sociedad los ubica en el casillero equivocado, no creo que sean los “vagos ni ni”, confesó, desesperanzada una docente vinculada al programa.

Está claro que los objetivos perseguidos son los correctos. Austeridad en la política, ahorro de los recursos públicos y un Estado en el que no sobre personal.
El Estado misionero es uno de los pocos que va en línea con esa idea. Es la cuarta provincia con menor cantidad de empleados públicos por habitante y recién asumido, el gobernador Hugo Passalacqua congeló los ingresos a la planta política. Solo se pueden sumar docentes, policías y médicos, en las áreas esenciales del Estado.
Misiones además, en un lote minúsculo de provincias, logró el año pasado una mejora sustancial en el resultado económico que será superavitario en un importe cercano a los 2.500 millones de pesos, debido a que los recursos corrientes se incrementaron en un diez por ciento por encima de los gastos corrientes, al mismo tiempo en que creció exponencialmente la inversión en obra pública.
Según un informe oficial de la secretaría de Hacienda, se estima que el gasto en capital consolidado de Misiones en 2017 cerrará en 8.408 millones de pesos lo que representa un incremento del 41 por ciento (+2.449 millones) con respecto a 2016, cuando se alcanzaron los 5.959 millones.
La ejecución de la obra pública superó holgadamente la inflación, y se observa que en términos reales (es decir, eliminando el efecto de la inflación), la obra pública creció por encima de 14 por ciento.
Este aumento de la obra pública se observa tanto en aquellas financiadas con rentas generales de la Provincia como aquellas financiadas con recursos federales, de modo que este dato no es menor: la obra pública mejoró su ritmo tanto porque la Nación mejoró el envío de remesas para obras públicas ejecutadas por la Provincia (+43%) como porque también las obras financiadas con rentas generales de la provincia también recibieron más fondos (+39%).
La política de Estado de Misiones se caracteriza por una participación importante en el nivel de gasto de capital. Por ejemplo, en promedio para los últimos cinco años fue equivalente al 24,62 por ciento del total de las erogaciones del presupuesto. Este número supera de manera relevante al promedio de las 24 restantes jurisdicciones en  el periodo comprendido entre el año 2013 al primer semestre de 2017 (último dato publicado por Ministerio de Hacienda de la Nación), que en cuyo caso ese promedio fue solo de 13,33 %.
La noticia es excelente porque coloca a Misiones en un lote de pocos. Hay provincias con los sueldos a estatales atrasados o en cuotas y que se financian con endeudamiento o asistencias extraordinarias del Estado nacional, como ATNs o adelantos de Coparticipación. En Misiones, sin estridencias, se predica con el ejemplo.
      

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Palazzo confirmó el paro bancario para el 9/2

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A través de su cuenta personal en la red social Twitter, el titular de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, anunció este mediodía (1/2) un paro bancario para el 9 de febrero. El gremio explica que la elección de la fecha, que coincide con el fin de semana largo por Carnaval, es por el rechazo al ofrecimiento del aumento salarial del 9% que realizaron las cámaras empresarias del sector. Además, se solidarizan con sus compañeros del Bapro que están de paro por 48 horas en contra de la reforma previsional bonaerense.
La Asociación Bancaria resolvió este mediodía (1/2) convocar a un paro nacional para el viernes 9/2, en rechazo al aumento salarial del 9% para este año que ofrecieron las cámaras empresarias del sector.
“El viernes 9/2 paro Nacional bancario!!!. Insisten con el 9… paramos el 9!!!“, escribió el secretario general del gremio, Sergio Palazzo, en su cuenta personal de Twitter.
La fecha coincide con el fin de semana largo por Carnaval, pero desde el gremio explican que se eligió simbólicamente como repudio a la oferta salarial del mismo número.
El paro también es en solidaridad con los empleados del Bapro, que hoy están de paro por 48 horas en rechazo a la reforma previsional bonaerense.
Palazzo también anunció que habrá otra huelga, pero esta vez de 48 horas, los días lunes 19 y martes 20 de febrero.

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Preocupación en los gremios estatales por el pago escalonado en varias provincias

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Mientras en Misiones las negociaciones salariales y de condición docente siguieron adelante durante el receso de verano, en otras provincias el panorama es desalentador para los gremios.
En Mendoza, los docentes no recibirán aumento hasta que no acepten una suba promedio del 15 por ciento en tres etapas. Los demás gremios estatales aceptaron ese techo en tres tramos: enero, junio y noviembre. Pero los docentes quieren un aumento que empate la inflación o por lo menos llegue al 20 por ciento.
Sin embargo, el gobernador radical Alfredo Cornejo, aliado del Gobierno nacional, advirtió que ningún estatal cobrará por encima de ese techo y en esas condiciones.  
En paralelo, en Río Negro, donde gobierna Alberto Weretilneck, un difuso aliado nacional, se pagarán los sueldos en forma escalonada y desde el 2 de febrero. Con la acreditación de los salarios de la totalidad del sector docente, se iniciará el viernes el cronograma de pago de sueldos de enero a los trabajadores de la Administración Pública Provincial.
El pago de salarios continuará el lunes 5 con los empleados de la Policía, mientras que el martes 6 se abonarán los sueldos del personal de Salud Pública.
El miércoles 7 cobrará sus haberes la totalidad de los agentes nucleados en la Ley 1844, porteros y Pensiones de Bomberos Voluntarios.
El pago de sueldos finalizará el jueves 8 con los Poderes Legislativo y Judicial y Organismos de Control.
En Misiones, en cambio, los salarios se pagan en tiempo y forma y en el sector docente, la Provincia asume desde este año el 50 por ciento del adicional compensador que la Nación pagaba para los sueldos que no alcanzaban el promedio nacional. De todos modos, al no existir paritaria nacional, las negociaciones salariales corren por cuenta de los acuerdos que puedan alcanzar gremios y el Gobierno provincial. Las negociaciones continuarán en los próximos días.
 

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Tranquilos que recién empezamos

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Escribe Guillermo Knass. Transitando todavía el primer mes del nuevo año, aparentemente la ansiedad va adelantando una agenda de discusión sobre temas que en otras oportunidades se ponían calientes recién desde mediados de febrero. Me refiero a las paritarias, esa negociación que realizan los sindicatos con los empresarios o el estado, de acuerdo a la pertenencia de los trabajadores para discutir los aumentos salariales del año.
Con respecto al tema, el Ministro del Interior Rogelio Frigerio realizó declaraciones a la prensa diciendo que si bien las paritarias son “libres” deberían ir de la mano con la pauta inflacionaria, y que la famosa clausula gatillo no sería necesaria dada la revisión y esperanza de que se cumpla la revisada meta inflacionaria del 15 % puesta por el BCRA.
Entendiendo el tema
El de trabajo es un caso particular de mercado, uno con fallas reconocidas desde la academia, que por eso reconoce como negociador a los sindicatos en representación de los trabajadores que son los genuinos oferentes del trabajo.
 Cuando quiero comprar un kilo de carne voy a la carnicería o al supermercado, pregunto el precio y si estoy de acuerdo entre lo que veo del producto y el precio que me piden compro. Si no estoy de acuerdo puedo pedir un precio menor o ir a otra carnicería en la que lo que me ofrecen se corresponda con el precio que estoy dispuesto a pagar.
Cuando hacemos esto todos los días en los comercios estamos en presencia de mercados que funcionan: oferta y demanda intercambian información, negocian, hay competencia, ambas partes actúan por voluntad, llegan o no a un precio de acuerdo, etc. Esto se da cuando compradores y vendedores tiene fuerzas de negociación relativamente iguales.
Con el trabajo no pasa así, no hay igualdad de fuerzas, es un absurdo pensar que los trabajadores pueden llegar a sueldos justos negociando cada uno por su lado con los empleadores y que si no están de acuerdo se van a otra empresa a empezar de 0. Por eso se unen desde principios del siglo pasado en sindicatos y gremios para negociar de tal manera que si no es para todos no es para nadie. El empleador puede echar a uno o dos trabajadores si no están de acuerdo con el sueldo, pero no pueden echar a todos; aquí es donde se equilibra el poder de negociación entre empleadores y trabajadores para llegar a sueldos más justos.
Cabe aclarar que también hay casos donde el poder de los sindicatos termina siendo tan fuerte y desmedido en sus demandas que destruyen a la empresa sacándole más de lo que es viable económicamente, y termina matando la fuente de trabajo con la irracionalidad de sus demandas, no siempre lo que debería ser se condice con lo que realmente es, pero estos casos son los menos aunque hacen más ruido.
El problema:
¿Por qué le interesa al gobierno que los sueldos no superen determinado porcentaje de aumento?
Si se trata de empleados públicos se entiende porque aumenta el costo del estado, ¿pero en el caso de las empresas privadas?
La evidencia demuestra que los precios de los bienes tienen una relación directa con los salarios pagados por los empresarios a los trabajadores. O sea que el gobierno sabe que si las empresas privadas dan aumentos de sueldos del 20 %, por más que no tenga que pagar directamente esos sueldos, a la larga va a tener que comprar los bienes necesarios para su funcionamiento un 20 % más caro, con lo cual el costo de las compras del estado se encarecen en esa medida. Otro efecto es el de la puja que se da entre trabajadores de mantener el poder de compra y el ingreso relativo, con lo cual si los privados obtienen un 20 % es muy difícil contener a los empleados públicos en un 15 % que es lo que espera el gobierno.
O sea, si algunos gremios importantes consiguen un 20 % de aumento, es muy probable que todos tiendan a ese porcentaje y los precios terminarían alrededor del 20 % y no del 15 % que quisiera el gobierno
Veamos la evidencia: en el gráfico siguiente observamos como evolucionó la inflación y los aumentos de sueldo promedio en la Argentina reciente.

Como vemos, en un país con poco o nulo crecimiento, si un año ganan los aumentos, al otro ganan los precios, llegando en los siete años observados a una mínima diferencia (encima a favor de los precios).
Entonces: Las paritarias son el gran desafío que tiene el Gobierno, y es un desafío en el que no puede intervenir directamente en todas las negociaciones, pero éstas van a influir en la baja gradual de la inflación, por eso quiere un tope del 15 por ciento coincidente con la meta inflacionaria, y además sin cláusula gatillo para evitar cualquier riesgo de que se dispare. Si esto ocurriera obligará al Gobierno a poner tasas de interés más altas en Lebacs u otras políticas recesivas en pos de poder cumplir con la meta de inflación anunciada pero que afectarán seriamente a los incipientes signos de recuperación económica.
A mirar como terminan bancarios, comercio y docentes; va a decir mucho sobre la inflación del 2018.

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