PBI

El PBI creció 6% interanual en el primer trimestre

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El Producto Bruto Interno (PBI) creció 6% durante el primer trimestre en relación a igual período del año anterior y marcó un incremento de 0,9% en comparación al cuarto trimestre de 2021, informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Con estos números “calculamos que la economía terminará el año con un crecimiento de al menos el 4,2%, estimaron fuentes del ministerio de Economía, luego que el Indec diera a conocer las cifras.

El informe dado a conocer hoy por el Indec también corrigió la cifra de crecimiento del año pasado, que en lugar del 10,3% pasó al 10,4%.

En la comparación interanual, la Inversión volvió a liderar el crecimiento, esta vez con una suba de 12,7% interanual, acumulando así seis trimestres con alzas a dos dígitos.

La formación bruta de capital fijo, según estimaciones preliminares, experimentó en el primer trimestre una suba de 12,7% respecto al mismo período del año anterior.

Este incremento en la formación bruta de capital fijo respondió a un crecimiento de 0,7% de la inversión en construcciones, un aumento de 8,9% en el ítem “otras construcciones”, de 26,1% en maquinaria y equipo; y una mejora de 6,9% en equipo de transporte.

Dentro de maquinaria y equipo, el componente nacional ascendió 11,4% y el importado fue del 34,8%.

El aumento del 6% interanual del PBI no fue homogéneo entre los distintos rubros que lo componen.

En los extremos, Agricultura, Ganadería y Pesca descendió 0,1%, mientras que la explotación de minas y canteras marcó un avance de 13,4%.

También con guarismos positivos, la industria manufacturera registró en el primer trimestre de 2022 un aumento en el nivel de actividad de 4,9%; y la distribución de electricidad, gas y agua creció 5,1%.

Por su parte la actividad de la construcción tuvo un ascenso de 3% y el sector comercio mayorista, minorista y reparaciones marcó una mejora de 5,7% interanual.

El rubro que más creció en términos de actividad en el primer trimestre fue “hoteles y restaurantes”, con un aumento de 33,6%, debido a que coteja con los meses del verano de 2021, cuando se dio la incipiente salida de la primera ola de coronavirus y nuevas restricciones por la aparición de una segunda ola.

Desde Economía señalaron que en este último rubro el “nivel de incremento tenderá a normalizarse con el correr de los meses y de la situación de la pandemia”.

También con tendencia positiva, el sector transporte, almacenamiento y comunicaciones tuvo una suba de 12,2%, al tiempo que la actividad de intermediación financiera tuvo un incremento de 1,3% respecto al mismo período del año anterior.

En tanto, las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler experimentó una suba del 5% y el sector enseñanza mostró un aumento de 4,9%.

El Indec precisó también que los servicios sociales y de salud tuvieron un ascenso de 2,8%, mientras que “otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales” crecieron 7,8%.

Por último, en la comparación del primer trimestre de este año con el último de 2021 se destacó la suba del 3,3% en el rubro Inversión; 3,2% en Consumo Privado; y 0,7% en el Consumo Público.

En tanto las Importaciones se expandieron 7,6%, mientras que las Exportaciones cayeron 2,3% trimestral.

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Balanza de pagos: la cuenta corriente alcanzó un superávit de 1,4% del PBI en 2021

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En 2021 la cuenta corriente del balance de pagos alcanzó un superávit de USD 6.800 millones, que representó 1,4% del PBI. Esta dinámica refleja una mejora respecto al 2020, cuando el superávit fue de USD 3.300 millones (0,9% del PBI). 

A diferencia de lo ocurrido en 2020, cuando el superávit fue principalmente la consecuencia del desplome de las importaciones, el virtual cierre del turismo internacional (cuenta históricamente deficitaria) y la merma en los pagos de intereses externos producto de la reestructuración con acreedores privados, durante 2021 el superávit se correspondió más a un incremento en los ingresos externos.  

En ese sentido, los precios internacionales de commodities jugaron un rol central: las ventas externas de los cuatro principales complejos agropecuarios (soja, trigo, maíz y girasol) creció 53%, arrojando un saldo positivo del orden de los USD 35.000 millones. Esto permitió financiar mayores importaciones de bienes (+47% i.a.), cuyo costo estuvo a su vez agudizado por altos costos en los fletes internacionales, para materializar el fuerte rebote de la actividad. 

Dentro de la cuenta corriente, el ingreso primario (rentas de la propiedad, como pagos de intereses y giros de utilidades) arrojó una salida neta de casi USD 10.000 M (-2,1% del PBI), donde se incluye el pago de intereses al FMI (0,3% del PBI), mientras que el ingreso secundario (transferencias) alcanzó un saldo positivo de 0,3% del producto. 

Si al resultado de la cuenta corriente le agregamos el de la cuenta capital, se observó que en 2021 la economía tuvo una capacidad de financiamiento de 1,5% del PBI, por encima de la registrada en 2020 (0,9% del PBI) y marcando un fuerte contraste con la necesidad de financiamiento externo de 2017-2019 (-3,6% del PBI). 

Sin embargo, esta capacidad de financiamiento -a lo que se le suma un ingreso neto de inversión extranjera directa por 1,1% del PBI – tuvo impacto prácticamente neutro en el sector público: ni se acumularon reservas del BCRA (de hecho, cayeron levemente, USD 106 M) ni se redujeron pasivos externos en forma neta. Esto se debe a que la cancelación de pasivos externos por parte del sector público -títulos públicos y préstamos- por casi USD 4.000 M (donde se destacaron los pagos de capital al FMI en septiembre y diciembre), fue compensado con la asignación de DEG (USD 4.300 M) en el tercer trimestre. Esto también indica que el flujo neto con el FMI (asignación DEG – pagos de capital e intereses) fue deficitario en 0,2% del PBI (USD 870 M). 

Por lo tanto, la contrapartida de la elevada capacidad de financiamiento y el saldo de inversión directa se reflejó principalmente en la acumulación de activos financieros (1,9% del PBI) y en la cancelación de pasivos (0,3% del PBI) por parte del sector privado. 

Este es el punto de partida para 2022, un año en que el marco del acuerdo con el FMI y las condiciones internacionales tendrán implicancias significativas en nuestras cuentas internacionales. 

El triángulo desafiante 

En materia del balance de pagos, el marco del acuerdo con el FMI se establecen tres elementos centrales que configuran un “triangulo” desafiante de cara a este año. 

En primer lugar, se proyecta una menor capacidad de financiamiento externo de la economía: el acuerdo prevé que el superávit de cuenta corriente alcance este año un 0,5% del PBI (1% p.p. del producto por debajo del año pasado). De todos modos, vale destacar que el resultado final dependerá del impacto de las actuales condiciones globales (incremento de precios energéticos y agropecuarios, menor cosecha y fletes más caros) y de que el turismo emisivo no vuelva a representar más de medio punto del PBI, tal como lo hizo en 2019, por ejemplo. 

En el segundo vértice del triángulo se encuentra la cuenta financiera del sector público: producto del acuerdo habrá mayores flujos de financiamiento neto del exterior, pero éstos deberán ser acumulados por el mismo sector público. Dado el esquema previsto de desembolsos y el cronograma de vencimientos en el marco del acuerdo con el FMI, este año el flujo neto con el organismo revertiría su signo y sería favorable en alrededor de 1% del PBI -diferencia entre la acumulación neta de pasivos en la cuenta financiera por USD 6.700 M, alrededor de 1,2% del PBI, y los pagos de intereses en la cuenta corriente por 0,3% del PBI -. Sin embargo, la totalidad del saldo deberá aplicarse íntegramente a la acumulación de reservas internacionales (las reservas internacionales netas deberán crecer en USD 5.800 M). 

Los dos elementos anteriores implican que este año el espacio para que el sector privado acumule activos y/o cancele pasivos externos sería más acotado que en 2021: contemplando un influjo neto de inversión directa similar al de 2021, la suma de la acumulación de activos financieros y caída de pasivos externos del sector privado (sumando también los errores y omisiones de la cuenta financiera), deberá pasar de 2,6% del PBI alcanzado el año pasado a 1,6% del PBI en 2022. 

Aquí es donde entra la tercera punta del triángulo: en el acuerdo se establece el compromiso de no intensificar las restricciones cambiarias o a las importaciones. En este sentido, la menor acumulación de activos externos privados debe lograrse por la vía virtuosa (anclaje de expectativas) en lugar de hacerlo por la vía de las restricciones. 

La combinación de estos tres “vértices” del triángulo tornan desafiante la dinámica de las cuentas internacionales de cara a este año, especialmente teniendo en cuenta las condiciones internacionales. 

Si, por caso, la combinación de precios de exportación (agro) y de importación (energía) se torna más desfavorable que lo previsto, se deterioraría aún más la cuenta corriente, erosionando la capacidad de financiamiento externo de la economía. Esto obligaría a: i) relajar la meta de acumulación de reservas (tensionando el segundo vértice), ii) compensar este efecto por la vía de menores importaciones de otros bienes (tensionando el tercer vértice), o iii) procurar que se acote aún más la acumulación de activos o cancelación de pasivos externos del sector privado (tensionando también el tercer vértice). 

En este sentido, dadas las “restricciones” que impone el acuerdo, conformando el triángulo desafiante antes mencionado, será de vital importancia lograr en el corto plazo el anclaje de expectativas para acotar los incentivos a la acumulación de activos externos privados, y fortalecer las exportaciones en el mediano plazo, para robustecer la capacidad de financiamiento externo de la economía. 

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El PBI argentino crecería dos años consecutivos por primera vez en más de una década

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(Por Macerlo Bátiz).- El Producto Bruto Interno (PBI) volvería a crecer en 2022 entre 2,5% y 5%, y de esta manera la Argentina completaría por primera vez en once años dos períodos consecutivos de alza en su actividad económica, destacaron economistas consultados por Télam.

Los analistas proyectaron un crecimiento del producto de entre el 2,5% y el 5%, luego de un alza estimada del 9,7% en 2021 según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado por el Banco Central.

El porcentaje definitivo de 2021 será dado a conocer el 23 de marzo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Con una previsión de crecimiento del 4% en el proyecto de ley de Presupuesto que fuera rechazado por la oposición, las estimaciones fueron del 5% para el director de la Consultora Sarandí, Sergio Chouza, del 3,9% para la directora de Operaciones de Abeceb, Soledad Pérez Duhalde, y del 2,5% para el economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CACyS), Matías Bolis Wilson.

De esta forma, el PBI no solo superaría el nivel de 2019 sino que también el de 2018 e incluso podría ubicarse a la par del de 2017, en caso de darse el mayor de los crecimientos señalados.

El “arrastre estadístico” que cada año deja al siguiente por la metodología de cálculo entre promedios fue estimado en dos puntos por Pérez Duhalde y entre el 3% y el 3,5% por Chouza, debido al efecto causado por “el congelamiento de mayo y junio” de 2021, cuando el aumento de casos de coronavirus llevó a restablecer algunas restricciones.

Por su lado, Bolis Wilson, menos optimista que sus colegas, previó “un año mediocre, con un crecimiento del 2,5% al 3%”.

“Estamos volviendo al mismo lugar y eso no nos sirve con los niveles de pobreza y desempleo que tenemos”, agregó el analista.

Pérez Duhalde coincidió en que el crecimiento será “muy magro para lo que necesita la Argentina”, y sostuvo que estará liderado por los servicios, la construcción y el consumo de bienes durables.

En cambio Chouza mostró una visión diferente y sostuvo que “mal que mal, la economía está funcionando en plenitud y todo hace pensar que las pocas restricciones que quedan se van a terminar”.

“Hoy tenemos una macro dispuesta como para que la actividad se reactive y un tipo de cambio real alto, sin que se prevean saltos dramáticos”, apuntó el economista, y agregó que pese a las previsiones de aumentos de tarifas y los recientes ajustes en las tasas de interés, estas dos variables no representarán un obstáculo para las empresas.

Al respecto, exlicó que existe “un esquema de tasa de interés relativamente barata, a diferencia de 2016-2019, cuando había un costo significativo; lo mismo que el costo tarifario, que el año pasado tuvo un aumento significativamente por debajo de la inflación”.

La última vez que el PBI había crecido dos años seguidos fue en 2010-2011, con aumentos del 10,4% y 6,1%, respectivamente.

A partir de entonces, hubo una serie de altibajos que dio lugar a la adopción del concepto de “la maldición de los años pares” para diferenciar las caídas del PBI en 2012, 2014 y 2016 de las alzas en 2013, 2015 y 2017.

La mala racha estuvo a punto de ser superada en 2018, año para el que los economistas en general pronosticaban un crecimiento de por lo menos el 3%, pero la crisis financiera y cambiaria de abril obligó a cambiar las proyecciones y concluyó con un descenso del 2,5%.

Luego se quebró la “bendición de los años impares” con la baja del PBI del 1,1% en 2019, en tanto la irrupción de la pandemia derivó en una caída del 9,9% en 2020.

Precisamente, el riesgo de que en 2022 ocurran imprevistos que lleven a repetir la falla de los pronósticos de 2018 fue evaluado por los economistas consultados por Télam.

“Tendría que pasar una catástrofe y no la estoy viendo”, sostuvo Chouza, para quien “cerrar o no el capítulo del FMI será determinante, aunque me cuesta pensar que no se cierre”.

En ese sentido, consideró que del “anclaje de previsibilidad” que dé el acuerdo dependerá la posibilidad de “dar vuelta la página y pasar a un ordenamiento integral de largo plazo”.

Pérez Duhalde coincidió en las bajas probabilidades de “un escenario de no acuerdo”, así como de un recrudecimiento de la pandemia, pero recomendó prestar atención a posibles tensiones políticas internas “que podrían afectar la gobernabilidad”, además del impacto en el flujo de divisas y el precio de las commodities derivado del conflicto ruso-ucraniano.

“El peor escenario será la combinación de todo eso sin acuerdo con el FMI”, acotó la economista, quien estimó que “la probabilidad es baja, pero si todo llegase a darse, el PBI podría caer de un 2% a un 3%”.

Bolis Wilson tampoco consideró “demasiado probable” un escenario sin acuerdo con el Fondo y advirtió que “el conflicto entre Rusia y Ucrania aún no está cerrado”.

Por último, se refirió a la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, donde estimó que “si persiste la aceleración inflacionaria” en ese país “probablemente la tasa suba, quizás no este año, pero sí en 2023”, culminó.

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El PBI creció en el segundo trimestre 17,9% respecto a igual período de 2020

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El Producto Bruto Interno (PBI) creció al término del segundo trimestre del año 17,9% en relación a igual período del año pasado, informó este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

En tanto, respecto al primer trimestre del corriente año el nivel de actividad marcó un retroceso de 1,4% en los meses de abril-mayo-junio, período en el que volvieron a registrarse de manera parcial restricciones ante la segunda ola de Covid-19.

De esta forma, en lo que va del año, el PBI acumuló un alza del 10,3%, frente a enero-junio de 2020.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, pronosticó que la economía crecerá este año alrededor de 8%, luego de haber retrocedido 9,9% en el 2020, un año signado por las restricciones para morigerar el avance del coronavirus.

 

 

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Por la pandemia, la economía cayó 19,1% en el segundo trimestre del año

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Es el resultado interanual de la variación del PBI. La medición incluye al mes de abril, cuando la economía cayó un 26% por la parálisis casi total por la cuarentena. 

Durante los meses de mayores restricciones a la circulación para evitar la propagación del coronavirus, la actividad económica se desplomó un casi un 20% en relación al mismo período del año previo. 

Así lo informó este martes el INdEC, que difundió la variación del Producto Bruto Interno (PBI) durante el 2do trimestre del año, que incluye abril, mes en el que la parálisis de la economía fue total (ese mes la actividad cayó más del 26%). En mayo, en tanto, la retracción fue de más del 20%. 

Según el informe, en el 2do trimestre de 2020 el PBI se contrajo 16,2% en términos desestacionalizados respecto del primer trimestre del año, y 19,1% en la comparación interanual frente a igual período de 2019. 

En consecuencia, en la primera mitad del año, la economía acumuló una contracción de 12,6% interanual.

De acuerdo al informe del INdEC, los 16 sectores de actividad disminuyeron su producción en el segundo trimestre respecto del mismo período del año pasado, pero los que más cayeron fueron Hoteles y restaurantes (-73,4% i.a.) y Otras actividades de servicios comunitarias, sociales y personales (-67,7% i.a.). 

En la apertura por el lado de la demanda, también se observaron reducciones en todos los componentes, destacándose la de la Formación bruta de capital fijo (-38,4% i.a.) y la del Consumo privado (-22,3% i.a.).

Según el informe oficial, durante este mismo período el consumo privado cayó 22,3%, el consumo público descendió 10,1% y las exportaciones de bienes y servicios reales registraron un descenso de 11,7%.

En términos desestacionalizados, agrega el documento, con respecto al primer trimestre de 2020, las importaciones cayeron 19,1%; el consumo privado, 18,9%; el consumo público, 10,4%; la formación bruta de capital fijo, 27,3%; y las exportaciones, 7,9%.

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