PBI

¿”Cambiamos” o “No Cambiamos” de gobierno?

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Como es de público conocimiento, en el mes de octubre se realizarán las elecciones presidenciales en Argentina y hasta el momento, el panorama político no resulta claro, sobre todo porque el país atraviesa una crisis económica importante, con recesión y altas tasas de inflación. El gobierno de Mauricio Macri sigue sosteniendo que el mal momento económico es consecuencia de la “pesada herencia” recibida del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; mientras que del otro lado de la vereda, atribuyen los problemas de la economía a la incapacidad de resolver problemas por parte del equipo económico del presente gobierno y a las malas decisiones políticas que se han tomado. Por la “ancha avenida del medio” tratan de acomodarse múltiples candidatos, echando culpas a un lado y al otro, buscando posicionarse como la alternativa a la grieta. La verdad, es que no existe un panorama claro de lo que podría suceder en las urnas en octubre, pero si algo sabemos es, que la economía es importante.
En el signo XX surge una teoría conocida como el “Voto Económico”, cuya veracidad se ha podido contrastar en varios países, que señala que los votantes premian al partido de gobierno de turno por los buenos tiempos económicos y lo castigan por los malos. Si bien es cierto que el análisis del desempeño de un gobierno debería abarcar muchas más variables, veamos que nos dicen los números de la economía para el caso de Argentina. Para ello vamos a analizar, a modo de ejemplo, la tasa de crecimiento del PIB per cápita (Se trata de una medida de bienestar, que muestra el producto bruto interno, por persona, en una economía).

Fuente: Banco Mundial

El gráfico anterior muestra el PIB per cápita, más precisamente la variación porcentual anual de dicha variable. La misma nos dice si la economía creció o no respecto al año anterior, teniendo en cuenta la cantidad de población (es decir que, si la economía creció en términos per cápita, entonces la economía creció más que la población y hay más bienes y servicios disponibles por habitante). Los círculos rojos muestran los años electorales, de modo que podamos analizar si existe una correlación entre la caída de la economía y la pérdida de las elecciones por parte de los partidos oficialistas.
 Comencemos por el año 1989: si bien, el gobierno al gobierno de Alfonsín hoy se lo reconoce por la consolidación de la democracia con todas las dificultades que eso implicó; y también tuvo el contexto externo más desfavorable del periodo post dictadura , se puede apreciar que ese año el PBI per cápita había caído un 8,5%, además del gran problema de la hiperinflación, y la UCR (partido oficialista) pierde las elecciones ante el candidato del Partido Justicialista, Carlos Menem.
 1995: resulta ser un año particular, ya que si bien el PBI per cápita cae un 4,06% respecto al año anterior, el presidente de ese entonces, Carlos Menem, consigue la reelección. Sin embargo, no hay que olvidar que un año antes se sucede la “Crisis del Tequila”, por lo que el contexto internacional en ese año fue muy complicado, el que vivió y votó en el 95 recordará que por “éxito económico”  la gente veía la derrota de la inflación por encima de la caída de la actividad y el récord de desempleo .
 1999: el plan económico del gobierno de Menem y la convertibilidad comienzan a fallar, la economía cae 4,46% respecto a 1998 (el cual también había sido un mal año) y en las elecciones presidenciales el Partido Justicialista, que representaba al oficialismo pierde, cediendo el puesto a Fernando De la Rúa, representante de la Alianza, el cual no acabaría su gobierno y terminaría renunciando el 20 de diciembre de 2001, fecha que marca una de las crisis económica y social más profundas que ha enfrentado el  país. En su lugar, asume la presidencia interina (luego de 5 presidentes en una semana) Eduardo Dualde.
 2003: Llega a la presidencia Nestor Kirchner, luego de que Carlos Menem se bajara del “ballotage”, pero si lo comparamos con el año 1999, gana el Partido Justicialista, dejando al partido oficialista de las elecciones anteriores (el cual se había conformado como una alianza entre la UCR y Frente País Solidario) fuera de carrera.
 2007: Con una economía en crecimiento, gana el partido oficialista, representado por Cristina Fernández de Kirchner.
 2011: El PBI per cápita creció un 4,9% respecto del 2010: Cristina Fernández de Kirchner es reelecta con el 54% de los votos.
 2014: con un PBI per cápita que cae en un 3,51%, sin mencionar el problema inflacionario, el partido oficialista, representado en ese momento por Daniel Scioli, pierde las elecciones ante Cambiemos, y asume la presidencia Mauricio Macri.
A partir de las observaciones anteriores, podemos ver que, excepto en el año 1995 ( donde éxito económico se consideraba también baja inflación ), desde 1989 en adelante, cada vez que la economía anduvo mal, el partido correspondiente al gobierno de turno ha perdido las elecciones, como si se tratara de una especie de un voto castigo por la situación económica no favorable. Entonces, si siguiéramos este modelo, se puede decir que el presidente Mauricio Macri tiene pocas posibilidades de aspirar a una reelección en 2019, a menos que en los próximos meses consiga encontrar un camino favorable para la economía.
Aclaración y conclusión:
No es objetivo de esta columna hacer proyecciones electorales sinó reflejar una realidad de la Argentina democrática en base a los datos y los votos, cada candidato sabrá lo que hacer; pero dado el contexto a Macri solo le queda apelar a la estrategia de Menem que una vez dijo: “Estamos mal pero vamos bien” que cierto o no logro quebrar la correlación entre crisis e intención de voto. Claro que al  menos en el 95 podía decir que no había inflación.

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En 2019 la presión impositiva tendrá una suba de 1,3 puntos del PBI

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El 2019 será el año de mayor carga impositiva en seis décadas. La presión impositiva alcanzará el 26,2% del PBI en los próximos 12 meses. Esto significa una suba de 1,3 puntos del producto respecto del año pasado
La meta de llegar al déficit fiscal cero este año implicó una suba de impuestos no prevista cuando comenzó la gestión de Mauricio Macri.
Si bien en los dos primeros años de gobierno se redujo la presión tributaria en casi dos puntos del producto bruto interno (gracias a los ingresos extraordinarios del blanqueo), en 2019 la carga impositiva será la más alta en, por lo menos, los últimos 60 años (con los datos disponibles para la comparabilidad de las series de PBI), según estimaciones privadas.
Sobre la base de las proyecciones de la ley de presupuesto, este año la presión tributaria ascenderá a 26,2% del PBI. Esto significa una suba de 1,3 puntos del producto respecto del año pasado y de 2,2% del PBI en relación con los dos primeros años de la administración de Cambiemos, según un trabajo de la consultora Ledesma.
La mayor suba será la de las retenciones, que pasarán de aportar 0,8% del PBI a 2,4%, informó La Nación.
En el Gobierno, sin embargo, señalan que, tras la reforma tributaria de fines de 2017 y luego del Pacto Fiscal, en el que se propuso cambiar la distribución del impuesto al cheque y el de ganancias, la presión fiscal consolidada de 2019 será similar a la del último año del gobierno de Cristina Kirchner. Entonces, con una carga impositiva de
25,8% del PBI, 2015 fue el récord anterior de presión.
En Hacienda aseguran que con la misma carga tributaria, se bajará el déficit fiscal en cuatro puntos del PBI. Ese desequilibrio de 4% entre gastos e ingresos era el que tenía la Nación en 2015.
“La menor presión de los impuestos provinciales puede compensar un poco la carga tributaria total y el PBI de este año podría ser nominalmente más alto que el estimado en el presupuesto, pero igualmente la presión impositiva de 2019 sigue estando en el récord histórico”, aclaró Gabriel Caamaño, economista de la consultora Ledesma.
“La composición de los impuestos también empeoró en los últimos años, ya que ganaron peso los tributos indirectos que distorsionan los precios relativos, como son el IVA [que es una carga sobre el consumo] y el impuesto al cheque [que grava el capital de trabajo de las empresas]”, agrega Caamaño.
Según la consultora, del 26,2% del PBI, 6,6% es recaudación por seguridad social (sube del 6,5% de 2018); 1,6% son ingresos provenientes del impuesto al cheque (el año pasado era 1,7%); 2,4% son retenciones (con un aumento significativo en comparación al 0,8% que representaba el año pasado); 4,9% proviene de Ganancias (cae con respecto al 5,5% de 2018); 7,8% es recaudación por IVA (baja en relación al 7,9%), y 2,9% son otros impuestos (aumenta respecto del 2,5%).
Por lo tanto, el impuesto que hará la diferencia con respecto a los años anteriores es el de los derechos de exportación. Luego de una suba del tipo de cambio de más del 100%, el Gobierno decidió sacar provecho de los beneficios que tuvo el sector exportador con un precio del dólar más competitivo.
Este año, además, se sumarán ingresos por impuestos que no había antes, como son las retenciones a los servicios y el impuesto a la renta financiera, que es retroactivo al primero de enero de 2018.
Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de OJF, destaca un informe del la consultora PwC que publica el Banco Mundial donde muestra que, por cada u$s100 que gana el sector privado, el Estado se queda con u$s106.
“Es un estudio de 2017, ahora debe ser más alto. Somos el país menos competitivo en materia impositiva. Es uno de los factores más relevantes de la baja competitividad del país”, comenta.
Por su parte Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, coincidió en que la presión fiscal a nivel nacional será muy parecida a la de 2015.
Fuente iProfesional

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El INdEC confirma que la Argentina está en recesión: El PBI cayó 3,5% en el tercer trimestre

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Según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INdEC), el PBI cayó 3,5% en el tercer trimestre de 2018, en relación a similar período de 2017. De esta manera, con dos trimestres consecutivos con números en negativo, se confirma que el país entró en un período de recesión.
La economía cayó 3,5% en el tercer trimestre de 2018, según informó este martes (18/12) el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INdEC). Este dato oficial permite confirmar que la Argentina entró en un período de recesión, con dos trimestres consecutivos con números en negativo.
El PBI desestacionalizado del tercer trimestre, con respecto al segundo trimestre de 2018, arrojó una variación negativa del 0,7%.
Los rubros con mayor contracción fueron: consumo privado, que cayó 4,5%; consumo público, bajó 5%; las exportaciones de bienes y servicios reales, que registraron una variación de -5,9%; y la formación bruta de capital fijo, que registró una disminución del 11,2%.
Cabe recordar que en el segundo trimestre de 2018 el PBI había caído un 4,1%.
Estos datos gen eran incertidumbre respecto a la recuperación económica que el Gobierno espera para marzo, y complica las intenciones de Mauricio Macri de levantar su imagen de cara a las elecciones 2019.

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La actividad económica cayó 2,7% en julio

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El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INdEC) informó que la actividad económica cayó 2,7% en julio respecto al mismo mes del 2017, acumulando así su cuarta caída consecutiva. La semana pasada, el organismo oficial informó que la economía argentina se contrajo un 4,2% en el segundo trimestre de 2018 frente a mismo período de 2017. Así, el PBI quebró un ciclo de 7 trimestres consecutivos de aumento respecto de los 3 meses precedentes.
Según informó este miércoles (26/09) el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INdEC), la actividad económica cayó 2,7% en julio respecto al mismo mes del 2017. De este modo, se comprueba el derrumbe de la economía en los últimos meses, ya que este indicador acumula su cuarta caída consecutiva.
En tanto, el indicador desestacionalizado creció 1,4% respecto a junio de 2018.
Las ramas de actividad de mayor incidencia en la contracción interanual del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) correspondiente a julio de 2018 son “Industriamanufacturera”, “Comercio mayorista, minorista y reparaciones” y “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura”.
En contraposición “Intermediación financiera”, “Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler”, y “Electrici dad, gas y agua” son los sectores con mayor incidencia positiva.
Vale destacar que este número fue mejor al esperado por analistas privados. Por caso, un sondeo realizado por Reuters proyectaba una merma en la actividad de un 3,8% interanual para el EMAE del séptimo mes del año.
La actividad económica registró el primer descenso del año interanual en abril (0,9%) y de esa manera anotó la primera baja luego de trece meses de alza continua, como consecuencia de un fuerte descenso de la agricultura por la sequía. Consecuentemente continuó el derrumbe en mayo pasado (5,8%) respecto a igual mes de 2017. En esa línea, junio cerró con un retroceso de 6,7% interanual, la mayor caída en el Gobierno de Mauricio Macri.
Las ramas de actividad de mayor incidencia en la contracción interanual del EMAE correspondiente a ese mes fueron “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura”, “Industria manufacturera” y “Comercio mayorista, minori sta y reparaciones”.
En contraposición, “Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler”, “Intermediación financiera” y “Explotación de minas y canteras” fueron los sectores de mayor incidencia positiva.
Recordemos que la semana pasada, el organismo oficial informó que la economía argentina se contrajo un 4,2% en el segundo trimestre de 2018 frente a mismo período de 2017. De este modo, el PBI quebró un ciclo de 7 trimestres consecutivos de aumento respecto de los 3 meses precedentes.

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Como pasar del “ajuste” a “políticas de Estado” para lograr un crecimiento sostenido

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Un informe de la Fundación Mediterranea – IERAL, a cargo de Marcelo Capello y Agustín Cugno, plantea las medidas fiscales para la emergencia, que deberían ceder paso en el futuro a políticas de estado, para asegurar el crecimiento de largo plazo
Apuntando al déficit cero para el resultado primario (antes de intereses) de 2019, el gobierno anunció un ajuste fiscal que implica un recorte de gasto de 1,6 % del PIB y un aumento de los recursos de 1,2 %. La merma en las erogaciones se logra en un 55 % por ajuste del gasto corriente, pero en un 45 % por menor inversión pública
De cumplirse el objetivo oficial, en 2019 el sector público nacional habrá logrado llevar a terreno positivo el ahorro corriente (0,9 % del PIB), luego de cinco años de desequilibrios en este indicador. Esto significa que la Argentina dejará de tomar deuda para pagar gasto corriente. El desafío a futuro es mantener el equilibrio fiscal pero, al mismo tiempo, reemplazar el impuesto a las exportaciones y controlar el gasto corriente, de modo de evitar que el ajuste recaiga sobre la inversión
En 2019, el gasto primario se ubicaría en 20,4 % del PIB, casi 4 puntos porcentuales por debajo del máximo marcado en 2016 (24,1 %), pero todavía muy por encima de guarismos como el de 2007 (15,4 % del PIB). Además, buena parte del ajuste reciente ha recaído sobre el gasto de capital, que está pasando de 2,9 % del PIB en 2014 a 0,9 % en 2019, aunque la merma sería menos significativa en términos físicos
Dado que los dos grandes problemas económicos existentes desde el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner a la actualidad, son el muy alto nivel de déficit fiscal y de cuenta corriente, la combinación óptima de políticas debería haber sido tal que reduzca el déficit fiscal y mejore el resultado de la cuenta corriente, incentivando mayores exportaciones.
Imponer mayores Derechos de Exportación (DE) va en línea con el primer objetivo, pero no con el segundo. Lo óptimo hubiera sido reducir el peso del gasto público más rápidamente en los últimos dos años (especialmente el gasto corriente), lo cual hubiera incidido favorablemente sobre ambos objetivos.
En la actual coyuntura, con un tipo de cambio ya muy depreciado como consecuencia de la nueva corrida cambiaria de las últimas semanas y, ante la necesidad de asegurar solvencia fiscal para el actual año y el próximo, la estrategia del gobierno apunta a bajar a cero el déficit primario en 2019, a través de un ajuste del gasto por 1,6% del PIB, y de un aumento en la recaudación del 1,2%, en este caso aumentando los DE (inclusive a sectores que había antes desgravado) y suspendiendo las rebajas en materia de aportes patronales que correspondía al año 2019. Está claro que en el gobierno deben suponer, para lograr mejorar los resultados fiscales y de  cuenta corriente en forma simultánea, que aún luego de esas medidas, el nivel de rentabilidad para los exportadores primarios, industriales y de servicios resultará mayor que el existente previo a la suba del tipo de cambio en estos últimos meses, con los impuestos vigentes en ese momento.
¿Cómo se puede explicar lo anterior? Ocurre que la fuerte depreciación del peso operada en los últimos meses bajará inicialmente, y en forma importante, el peso de los costos que se derivan de los bienes y servicios no transables (entre ellos el salario), sobre los ingresos de los sectores transables de la economía (los que exportan y compiten con las importaciones), de modo que para éstos últimos podría ocurrir que aún con la aplicación de mayores DE aumente inicialmente la rentabilidad, dada la baja en sus costos resultante de la licuación salarial y de otros costos no transables (no se mueven a la par del dólar). Se tratará de una mejora en la rentabilidad por unidad producida, y medida en moneda local, a valores constantes. La caída en las ventas, no obstante, podría generar pérdidas netas en sectores que dependen más del mercado interno, dado que podrán trasladar parcialmente a precios la suba del tipo de cambio.
Claro que se debe tener en cuenta que suele resultar normal que, luego de una fuerte suba del tipo de cambio real y de la rentabilidad en la producción de bienes transables, tras la estabilización y progresiva normalización de la economía, la inflación le gane al
dólar por algún tiempo, con lo que el tipo de cambio real comienza nuevamente a apreciarse, y así se podría terminar nuevamente en un problema de competitividad y de cuenta corriente, si a la par no se reducen los nuevos tributos aplicados.
Quizá por la anterior razón, los nuevos DE se han definido como montos fijos por cada dólar exportado, de manera que en la medida que el tipo de cambio nominal se siga deslizando al alza en el tiempo (en un país con inflación todavía alta, ello debería tender a ocurrir, en términos nominales), el peso relativo de los DE caerá en el futuro, medido sobre el monto de exportaciones, sin necesidad de decisiones burocráticas al respecto. Esta medida seguramente fue pensada de ese modo para dar sensación de “transitoriedad” a los nuevos DE, aunque también podría concebir un riesgo: si el plan anunciado funciona, y el tipo de cambio nominal, tras el overshooting de las últimas semanas, tiende a bajar, el peso relativo de los DE podría subir por arriba de los niveles iniciales, en lugar de bajar. En este caso, el sector transable quedaría con mayores impuestos y ya no habría tanta licuación de costos vía salarios y otros costos no transables, lo que podría generar problemas al sector exportador, que paga DE más altos.
Si bien se trata de un plan de emergencia, en la urgencia de contener una corrida cambiaria, en que se apunta a resolver el problema fiscal y de cuenta corriente con instrumentos heterodoxos y en algunos casos transitorios, se debe remarcar que, si se hubiese actuado a tiempo, con un mayor ajuste en el gasto público nacional y provincial, podríamos haber evitado esta situación.
A largo plazo, se requiere una política de estado en materia de equilibrio fiscal e incentivos a las exportaciones. Aplicar nuevamente DE no ayuda para ese objetivo. Por ende, debería tratarse de una solución transitoria, que luego vaya mutando hacia otro tipo de estrategia, con incentivos más claros, efectivos y duraderos para la inserción externa de Argentina, una vez superado el actual trance económico y financiero.
Debe partirse de la idea de que, aun teniendo éxito el paquete de medidas anunciado, y se logre contener el tipo de cambio y asegurar la capacidad de pago de Argentina, luego sobrevendrá un período con alguna apreciación cambiaria, de modo que, si los DE no bajan adicionalmente, podría sobrevenir nuevamente un problema de competitividad, generando dudas respecto a la estrategia exportadora que Argentina necesita a largo plazo.


El tipo de cambio real contra el dólar en niveles de 2007 
Con los valores actuales del dólar, el Tipo de Cambio Real (TCR) de Argentina contra dicha moneda se ubica en 1,72, a valores de diciembre de 2001. Se trata prácticamente del TCR bilateral que existía en el año 2007, y no muy lejos del TCR promedio entre 1950 y 2018 (1,92 pesos por dólar).
Vale recordar que en el año 2007 existían algunas variables económicas en niveles muy razonables para la economía argentina, como un superávit primario (Nación más provincias) de 2,9% del PIB, y 0,7% de superávit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.
Claro que dicha situación resultó un derivado de la fuerte devaluación del peso ocurrida en 2002 y de los altos precios de las commodities observados desde 2003, mientras que en la actual situación el ajuste cambiario y en el gasto público debió realizarlo la misma administración actualmente en gobierno (con el desgaste político que ello supone), y los precios de las commodities ya no son los existentes hace una década atrás.
Luego de 2007, las variables económicas fundamentales fueron empeorando en forma sostenida, perdiendo sustentabilidad en materia fiscal y de competitividad, error que debe evitarse en las actuales circunstancias.
El ajuste fiscal anunciado esta semana en contexto histórico Las nuevas medidas fiscales anunciadas por el gobierno nacional apuntan a lograr el equilibrio fiscal primario en 2019 (en lugar de 2020, como era la meta anterior), apostando con ello a que el FMI apruebe adelantar total o parcialmente para 2019, los fondos que por el acuerdo vigente recibiría en 2020 y 2021, para así despejar cualquier duda sobre la capacidad del gobierno para cumplir con los compromisos por deudas en 2018 y 2019. Con tal fin, se anunció un ajuste fiscal que consta de un recorte del gasto equivalente a 1,6% del PIB en 2019, y de un aumento en los recursos por 1,2% del PIB, que incluye los mencionados aumentos en los Derechos de Exportación, así como la suspensión en la baja del peso de los aportes patronales el próximo año. El recorte en el gasto, a su vez, se efectuará en un 45% por menor gasto de capital, y 55% por ajuste en el gasto corriente. Si se considera el ajuste fiscal total para 2019, incluyendo la suba de impuestos, ascenderá a 2,8% del PIB, el cual se logrará en un 43% por suba de tributos, 39% por reducción de gasto corriente y 18% por recorte en el gasto de capital.

A continuación, se evalúan los números fiscales anunciados para 2019 con una visión a más largo plazo, de modo de comparar con la situación en el período 2007 – 2019. En primer lugar, puede decirse que, si se cumplen los pronósticos fiscales para 2019, se habrá recuperado el ahorro corriente en el sector público (+0,9% del PIB), tras cinco años de desequilibrio corriente en el sector público nacional. Esto significa que dejaremos de tomar deuda para pagar gasto corriente. No obstante, aun se estará lejos del superávit corriente que se observaba en 2007 (4,8%).

Como se anticipó, en 2019 se volvería al equilibrio primario, situación que no existía desde el año 2009. En cambio, se observará aun déficit financiero por 3,2% del PIB, similar al existente en el año 2012.

Luego de una baja en la presión tributaria en los primeros dos años de la administración actual, con las modificaciones tributarias anunciadas, los ingresos corrientes del sector público nacional ascenderán a 20,4% del PIB en 2019, ratio superior al observado en los años previos. Como se adelantó, una vez que se hayan resuelto las urgencias macroeconómicas, debe retomarse el sendero de reducción de la presión tributaria, y compensar con mayor ahorro en las erogaciones corrientes del estado.

El gasto primario se ubicará en 20,4% del PIB en 2019, cerca de 4 puntos inferior al máximo observado en 2016 (24,1%), pero todavía bastante por arriba del gasto primario que se observaba en 2007 (15,4%). No obstante, no se trataría tanto de un ahorro en erogaciones corrientes, como de un ajuste en el gasto de capital, que pasará de 2,9% del PIB en 2014, a 0,9% en 2019 (caída a un tercio de aquel nivel), aunque probablemente la reducción resultará menos importante en términos físicos.


El gasto en subsidios económicos, que se realiza para disminuir el impacto sobre las tarifas de energía, transporte y agua, entre otros servicios, resultará de 1,7% del PIB en 2019, contra un máximo de 3,9% en 2014.

Junto a las erogaciones de capital, en 2019 se verificará un fuerte ajuste en las transferencias discrecionales a provincias, cuando dichos envíos serán equivalentes a 0,4% del PIB el año entrante, contra 2,4% que representaban en 2010. En este concepto, el ajuste es transmitido a los gobiernos provinciales.

En definitiva, si se cumplen las proyecciones del gobierno, en 2019 se alcanzará equilibrio primario en el sector público nacional, lo cual resultaría un elemento imprescindible para el logro de la sustentabilidad fiscal y macroeconómica de Argentina, pero se lo conseguirá con algunas medidas económicas que realizarán un buen aporte con ese objetivo en el corto plazo, pero que deberán ser reemplazadas por otras decisiones de mejor calidad en el largo plazo, cuando el tipo de cambio real ya no resulte tan alto como el actual. Existirá un gran desafío a futuro: mantener el equilibrio fiscal, pero ir reemplazando los DE y la caída en el gasto de capital por mayor ajuste en el gasto corriente y otras reformas pendientes, de modo de ir compensando la previsible caída en el TCR que se producirá en los próximos meses, con otras medidas que sostengan la competitividad estructural, así asegurar sustentabilidad en los números fiscales y en la cuenta corriente.

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