PETRÓLEO

Cuando la guerra entra al bolsillo

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Durante días -o semanas- miramos la guerra en Medio Oriente desde lo bélico: misiles, mapas, ofensivas, contraataques. Una lógica casi automática. Pero mientras la atención seguía puesta en lo militar, el conflicto empezó a correrse de eje.

No dejó de ser una guerra armada. Pero pasó a jugarse, cada vez más, en otro terreno: el económico. Un terreno en el que Irán encontró rápidamente herramientas para mostrar su poderío estratégico. 

Y ahí el impacto es mucho más amplio.

El punto de quiebre fue el estrecho de Ormuz. Por esa vía circula cerca del 20% del petróleo mundial. No hace falta que se cierre completamente: alcanza con que se vuelva inestable y peligroso para que el sistema global entre en tensión. Eso fue exactamente lo que pasó. En los últimos días una imagen sintetizó la actualidad de la guerra: un petrolero tailandés atacado mientras intentaba atravesar el estrecho. La economía mundial también recibe el impacto de los misiles reales.  

Surgen varias preguntas que aún no tienen respuesta: ¿Estados Unidos e Israel evaluaron este riesgo antes de aprobar el ataque? ¿Pensaron que Irán sería igual a Venezuela con un ataque e intervención rápida? 

En cuestión de semanas, el precio del crudo saltó entre 40% y 50%, mientras que el gas natural registró subas de hasta 60% en mercados internacionales. El combustible para aviación superó los USD 200 por barril equivalente, un nivel que no se veía desde crisis energéticas históricas.

Esos números, más que cualquier declaración política, explican el cambio de escenario.

Porque cuando la energía sube en esa magnitud, el conflicto deja de ser regional. Se vuelve global por definición.

Europa es uno de los primeros lugares donde ese impacto se hace visible. El aumento del gas importado ya está trasladándose a tarifas y costos industriales, en algunos casos con subas superiores al 30% interanual. Gobiernos como el de España volvieron a desplegar paquetes de ayuda por miles de millones de euros para amortiguar el golpe, en un contexto fiscal mucho más limitado que en crisis anteriores.

Asia, en cambio, enfrenta un problema más estructural. Países como Japón, Corea del Sur o India dependen en más de un 70% de importaciones energéticas, gran parte provenientes del Golfo. El encarecimiento del crudo y el gas no sólo impacta en precios: reduce márgenes industriales y compromete el crecimiento. Algunos análisis ya recortan proyecciones de expansión en la región en hasta 1 punto porcentual para este año. En países como Filipinas hay estaciones de servicio cerradas y se han viralizado imágenes de miles de personas yendo a sus trabajos caminando por rutas y autopistas. En Vietnam y Tailandia los ascensores se han apagado y se utilizan solo en casos de emergencia. Incluso Japón analiza reducir la velocidad máxima en sus autopistas buscando desalentar el uso de automóviles. 

Estados Unidos y las economías occidentales entran en otro tipo de tensión. La OCDE estima que este shock podría empujar la inflación global nuevamente hacia la zona del 4%, cuando el mundo todavía no terminó de digerir la ola inflacionaria post pandemia. El problema es conocido: si suben las tasas para contener precios, se enfría la economía; si no lo hacen, el riesgo es que la inflación se vuelva persistente.

América Latina aparece, como suele pasar, en una zona intermedia. El aumento de los combustibles —en algunos casos por encima del 20% en pocas semanas— se traduce rápidamente en inflación. En Argentina, por ejemplo, el impacto se filtra en transporte, logística y alimentos, amplificando tensiones que ya existían. Este fin de semana la nafta súper alcanzó los $2250 por litro en algunas regiones del país, Misiones entre ellas. 

Al mismo tiempo, algunos países exportadores de energía encuentran una mejora en sus ingresos externos. Pero incluso ahí el efecto no es lineal: mayores precios conviven con mayor volatilidad y menor previsibilidad.

El problema no se limita a la energía. La guerra también está reconfigurando la logística global. El costo de los fletes marítimos en rutas vinculadas al Golfo subió entre 25% y 40%, mientras que los seguros por riesgo de guerra se multiplicaron e incluso hay aseguradoras que no validan nuevas pólizas para embarcaciones en esas zonas. A eso se suman desvíos de rutas aéreas y demoras que impactan en cadenas de suministro sensibles.

Y ahí aparece otro dato clave: no sólo se encarece el petróleo. También lo hacen los fertilizantes, los alimentos y determinados insumos industriales. Es un efecto en cascada.

Por eso, medir esta guerra únicamente en términos militares hace que el análisis quede corto. Hoy se mide en inflación, en costo energético, en puntos de crecimiento perdidos. Se mide en cuánto paga cada país por sostener su funcionamiento básico.

Y en ese terreno, la distancia geográfica deja de importar.

Porque esta es una guerra que ya se está pagando. En la nafta, en la luz, en el supermercado.

Escenarios a futuro: tres caminos posibles

Escenario de estabilización (poco probable en el corto plazo)

  • Reapertura de rutas energéticas
  • Baja gradual de precios
  • Recuperación económica

    Escenario de guerra prolongada (el más probable hoy)
  • Energía cara durante años
  • Inflación estructural
  • Crecimiento débil global

La propia dinámica actual sugiere que los efectos pueden durar “varios años” en el mercado energético. 

Escenario de escalada total (alto riesgo sistémico)

  • Bloqueo prolongado del comercio energético
  • Recesión global o estanflación
  • Fragmentación económica mundial

Algunos analistas ya describen esta crisis como el mayor shock energético de la historia moderna.

Incluso si el conflicto se detuviera hoy mismo, el mercado tardaría entre 6 y 9 meses en recuperarse. Pero hoy ese no parece ser el escenario central.

Lo más probable es una prolongación del conflicto con precios energéticos altos durante meses —o incluso años— y un impacto sostenido sobre la economía global. Algunos informes ya hablan de un shock que podría recortar entre 0,5 y 1 punto del crecimiento mundial si se mantiene en el tiempo.

El riesgo mayor, aunque todavía no es el escenario base, es una escalada más profunda. Ahí ya no estaríamos hablando sólo de inflación o desaceleración, sino de estanflación global: bajo crecimiento con alta inflación, una combinación especialmente difícil de manejar.

En paralelo, empieza a insinuarse algo más estructural. Un mundo donde la seguridad energética pesa más que la eficiencia económica. Donde las cadenas de suministro se acortan, se regionalizan o se encarecen. Donde la geopolítica vuelve a meterse de lleno en las decisiones económicas.

En definitiva, un mundo menos integrado.

La guerra en Medio Oriente no sólo está redefiniendo un equilibrio regional. Está mostrando que, en el escenario actual, el poder ya no se expresa únicamente en términos militares.

Se expresa en la capacidad de alterar precios, de interrumpir flujos, de tensionar economías enteras.

Y en ese tipo de guerra, los efectos no se ven en un mapa.

Se ven —todos los días— en los números y en el bolsillo. 

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La Guerra sacude al mundo y genera preocupaciones con la inflación mientras Argentina lucha con su propia inercia

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Por Damian Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL. Finaliza una de las semanas más complejas de 2026. El mercado global intenta digerir un conflicto en Medio Oriente que ya no se percibe como un shock pasajero, sino como una crisis estructural, mientras que, en el plano local, el IPC de febrero marca una hoja de ruta desafiante para el inversor.

El Petróleo en la zona de los USD 100: ¿Por cuánto tiempo más? 

A pesar de las medidas de la AIE y de que el Tesoro de EE. UU. permitió la compra de crudo ruso para aliviar el mercado, el Brent cerró cerca de los USD 100,17. La desconfianza reina por dos motivos:

El bloqueo de Ormuz es real: El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, prometió escoltas navales, pero el flujo de tanqueros sigue paralizado.

Ataques a infraestructura: Irán ha pasado de las amenazas a los hechos, golpeando instalaciones petroleras en países vecinos. Los analistas de ANZ advierten que el mercado ya no ve esto como algo transitorio; el “skew” de los precios es claramente al alza.

 Wall Street en rojo: La baja de tasas, un horizonte cada vez más lejano

El mercado cerró la semana con una dosis de realismo que tiñó las pantallas de rojo. El Índice Dólar (DXY) escaló hasta los 100,32 puntos, consolidándose como el refugio ante un escenario donde el dinero “barato” no parece estar en los planes de nadie.

Expectativas enterradas: La combinación de un petróleo cerca de las tres cifras y una inflación subyacente que no termina de ceder ha enfriado por completo las apuestas por una política expansiva.

El dilema de la Fed: En Wall Street ya no se debate cuándo bajarán las tasas, sino si la Fed tendrá que subirlas nuevamente para evitar un desborde inflacionario energético. Este giro en la narrativa golpeó al Nasdaq (-0,81%) y al S&P 500 (-0,38%), que sufren ante la perspectiva de costos financieros elevados por un tiempo indefinido.

Argentina: La inflación de febrero y el “atractivo” de los BONCER

En el plano local, el INDEC informó un IPC del 2,9% para febrero, confirmando que la desinflación encontró un escalón difícil de romper, especialmente por el peso de la carne (+6,6%) y los ajustes tarifarios (+6,8%).

El mercado está más cauteloso: Por tercer mes consecutivo, el REM ajustó sus proyecciones al alza. El mercado ya no espera ver una inflación debajo del 2% antes de mayo, lo que obliga a recalcular las carteras de inversión.

Renta Variable: El sector energético local marca el ritmo

A contramano de la debilidad que mostró Wall Street, la renta variable local mostró una notable firmeza durante la semana por su correlación con el sector energético, que fue el gran protagonista, capturando el interés de los inversores que buscan cobertura ante el escenario internacional de precios altos.

YPF y Vista (VIST) a la cabeza: Ambas compañías se mantuvieron sólidas y registraron ganancias del 3% en promedio, impulsadas por la expectativa de mejores márgenes de exportación y la aceleración de proyectos en Vaca Muerta. En un mundo donde la seguridad energética es la prioridad número uno, los activos argentinos vinculados al petróleo y gas se consolidan como vehículos de valor, logrando desacoplarse parcialmente del pesimismo que afectó a otros sectores del Merval.

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Petróleo y Mercados: la AIE lanza su “Bala de Plata” ante el escepticismo de los inversores

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Por Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL. La crisis energética en Medio Oriente ha escalado a un nuevo nivel de tensión este miércoles. Tras un lunes y martes de extrema volatilidad, donde el crudo llegó a tocar los USD 120, la Agencia Internacional de Energía (AIE) decidió jugar su carta más agresiva: la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas.

Esta movilización, la mayor en la historia de la organización (duplicando el récord de 2022), busca recomponer parcialmente la oferta para frenar la escalada de precios. Sin embargo, el mercado reaccionó con cierto escepticismo. Aunque el barril de Brent cotiza actualmente en torno a los USD 92,11 y el WTI cerca de los USD 87,67, los precios rebotaron un 5% intradía. ¿La razón? Los analistas advierten que la liberación diaria estimada de 3,3 millones de barriles es apenas un “parche” frente a los 20 millones de barriles diarios que siguen bloqueados por el cierre del Estrecho de Ormuz.

Inflación en EE. UU.: La calma antes de la tormenta 

Hoy se conoció el dato de inflación de febrero en EE. UU., que marcó un 2,4% anual, cumpliendo con las expectativas del mercado. Sin embargo,debemos considerar que esta cifra no captura el contexto actual. En perspectiva, el segmento denominado “Energy commodities” representa alrededor de 3% del CPI, por lo que el salto en el precio del petróleo (en caso de mantenerse) podría trasladarse en un mayor nivel de inflación.

Expectativas de la Fed: Aunque la inflación venía moderándose, el shock energético actual ha oscurecido el panorama. Los inversores temen que, si el barril se mantiene cerca de las tres cifras, la Reserva Federal postergue la baja de tasas. En este sentido, el mercado descuenta un escenario de solamente un recorte de tasas para este 2026, proyectando finalizar el año en el rango de 325-350 con una probabilidad mayor al 70%.

Wall Street: Entre el miedo bélico y el boom de la IA 

La rueda de este miércoles refleja un mercado fracturado. Mientras el Dow Jones (-0,76%) y el S&P 500 (-0,31%) sufren por el peso de la industria y el temor a una recesión energética, el sector tecnológico pelea por encontrar un respiro inesperado:

Oracle (ORCL): Saltó más de un 8% tras presentar balances sólidos y proyecciones récord impulsadas por la demanda de centros de datos para Inteligencia Artificial.

Nasdaq: Se mantiene como el índice más resiliente (-0,04%), demostrando que el flujo inversor sigue buscando refugio en empresas con balances sanos, valuaciones atractivas y crecimiento estructural por encima de las cíclicas.

Claves para el cierre de hoy

DXY imparable: El dólar global se mantiene fuerte en los 99,22 puntos. Es el refugio absoluto ante un conflicto que parece no tener fin cercano (“unconditional surrender” en palabras de Trump).Hormuz bajo fuego: Informes de minas navales en el estrecho y ataques a barcos minadores por parte de EE. UU. sugieren que la reapertura de la ruta logística no será cuestión de días, sino de semanas o meses.

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Estados Unidos-Irán: el petróleo vuelve al centro del riesgo global y complica el escenario para Argentina

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La tensión creciente entre Estados Unidos e Irán volvió a colocar al petróleo en el centro de la escena financiera global. Con casi el 20% del suministro mundial atravesando el estrecho de Ormuz, el mercado evalúa hasta dónde puede escalar el precio del crudo y qué implicancias tendría sobre la inflación y la política monetaria estadounidense.

Desde Janus Henderson, Adam Hetts, director global de Multi-Asset, señaló que “la atención se centra en el impacto sobre el precio del petróleo”, recordando que el estrecho de Ormuz es un cuello de botella clave por donde transita alrededor del 20% del suministro mundial. Si bien los precios ya superaron los 70 dólares por barril, el ejecutivo considera que el mercado aún descuenta “un conflicto limitado y de duración relativamente corta”.

Hetts advirtió que un escenario de mayor persistencia podría cambiar el panorama: “Un período prolongado de incertidumbre y precios más altos podría reactivar temores inflacionarios y reducir la probabilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal”.

Desde América Latina, la lectura es más cautelosa. Alfredo Marentes, analista de mercado de VT Markets, sostuvo que el escenario más probable en esta etapa es “una mayor volatilidad y una prima de riesgo a corto plazo en los precios del petróleo”. Sin embargo, alertó que si el conflicto interrumpe físicamente los flujos de crudo, el impacto podría ser más duradero y trasladarse a la inflación global.

En la misma línea, Eduardo Ramos Romero, Senior Market Analyst Latam, afirmó que la prima de riesgo podría sostenerse más tiempo del previsto. “Ya no estamos frente a tensión diplomática. Hay fricción operativa: buques dañados, congestión marítima y retiro de coberturas de seguro. No hace falta un bloqueo formal para que el mercado ponga precio al riesgo”, explicó.

El impacto sobre la Reserva Federal es clave. “Un shock energético es casi siempre estanflacionario: eleva la inflación y erosiona el crecimiento. Si el petróleo se mantiene alto, sube el umbral para que la Fed recorte tasas”, indicó Ramos Romero.

¿Qué pasa en Argentina?

De acuerdo a Romero Argentina es la más vulnerable de los países de la región. “Es altamente sensible a condiciones financieras globales. Si el dólar se fortalece en episodios de tensión y el acceso a financiamiento se encarece, el impacto suele reflejarse rápido en riesgo país y presión cambiaria. En un escenario de estrés, el canal financiero pesa más que cualquier mejora indirecta por commodities.”, explica el analista.

Asimismo señala que para Argentina el canal más relevante es el financiero. “Si el dólar se fortalece y las tasas globales se vuelven más volátiles, el impacto suele reflejarse rápidamente en el riesgo país y en la presión cambiaria. En un escenario de estrés, el canal financiero pesa más que cualquier mejora indirecta por commodities”, advirtió.

Por su parte, en la región el efecto es dispar. México podría beneficiarse parcialmente por su perfil petrolero, aunque su moneda suele actuar como termómetro del riesgo emergente. Chile y Perú enfrentan un equilibrio delicado: un alza amplia de materias primas podría favorecerlos, pero un enfriamiento global derivado de energía cara afectaría la demanda de metales.

“Si el shock se prolonga, el riesgo central es que la energía vuelva a presionar la inflación y limite el margen de la Fed. Y cuando se combinan petróleo alto, dólar volátil y tasas inciertas, los emergentes enfrentan un entorno más desafiante. Argentina sería la más sensible”, concluyó Ramos Romero.

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Cerca 375 millones de barriles bloqueados en el mar ponen en jaque al mercado mundial del petróleo​

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Cerca de 375 millones de barriles de petróleo permanecen almacenados en buques frente a distintas costas del planeta, una cifra equivalente a casi todo el consumo anual de España. El atasco marítimo del crudo ruso está alterando los flujos comerciales y añadiendo volatilidad a los precios internacionales. La magnitud del fenómeno revela hasta qué punto las sanciones y la sobreoferta han desajustado el equilibrio energético global, mientras crece el interés por soluciones como los biocombustibles que permiten diversificar la matriz energética y así no depender tanto de esta fuente de energía.

Repercusiones de este almacenamiento flotante masivo

  • El volumen de crudo acumulado en petroleros ha crecido de forma sostenida, con Rusia como protagonista central tras las restricciones en sus rutas comerciales habituales.
  • Estas restricciones europeas y los topes al precio han obligado a redirigir cargamentos hacia Asia, generando demoras logísticas y un uso intensivo del almacenamiento flotante.
  • El petróleo retenido en el mar roza los 375 millones de barriles, una cifra inusual incluso en comparación con los picos registrados en periodos como por ejemplo durante la pandemia vivida en 2020.
  • La demanda internacional menos dinámica de lo previsto y la producción sin ajuste inmediato contribuyen al embudo en puertos estratégicos y rutas marítimas clave.
  • Este desajuste eleva los costes de transporte y presiona las cotizaciones del barril, lo que repercute directamente en el precio del gasoil y en el coste del transporte de mercancías.

¿Qué impacto está teniendo este suceso?

La acumulación masiva de crudo en el mar tiene efectos directos sobre la formación de precios. En el corto plazo, la percepción de sobreoferta puede contener el valor del barril, lo que influye en referencias como el precio del gasoil y en la factura de consumidores y transportistas.

Mantener millones de barriles en buques durante periodos prolongados incrementa los riesgos operativos y ambientales. El almacenamiento prolongado aumenta la exposición a incidentes, deterioro técnico y tensiones en zonas de tráfico intenso. Este episodio pone en cuestión la resiliencia del sistema energético internacional, dependiente de cadenas logísticas complejas y equilibrios políticos inestables, y refuerza la urgencia de estrategias para reducir el consumo energético en todos los niveles.

Proyección y sostenibilidad del modelo energético cuestionada

El atasco marítimo refleja una contradicción estructural: la producción mundial de crudo sigue siendo elevada pese a los compromisos de transición energética. La incapacidad del mercado para absorber determinados volúmenes evidencia un modelo sobredimensionado y vulnerable a decisiones geopolíticas.

En paralelo, crece el debate sobre alternativas energéticas y reducción de emisiones. Compañías como Repsol destacan la necesidad de diversificar fuentes y avanzar en eficiencia para mitigar la volatilidad, considerando también la importancia de la huella de carbono de sus operaciones. El actual embudo petrolero no solo tensiona precios; también obliga a replantear estrategias de largo plazo en un contexto de incertidumbre creciente.

Fuente: papernest.es

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