El Instituto Forestal de Misiones estableció los nuevos valores que regirán para la materia prima de la cadena forestal.
Se estableció como precio de contado para los rollos “raleo” pulpable, la tonelada puesto en fábrica en tres mil pesos.
La estructura de precios es la siguiente:
Elaboración o cosecha el precio es de 900 pesos la tonelada, precio en pie 1.270 la tonelada y el precio del flete en 830 pesos.
El precio de contado de la tonelada del chip pulpable puesto en fábrica es de 3.300 pesos.
También se decidió mantener los valores fijados por el INFOPRO respecto del índice mediante el cual se actualizan los precios de la madera rolliza con destino para aserrío y laminables – podados y no podados – en sus distintas clases diamétricas -, puestos sobre camión para Pinus, Araucaria y Eucaliptus, e incluirse la mencionada actualización respecto de los precios del rollo “raleo” pulpable – trozas pulpables -, cada tres meses si correspondiere la misma.
Respecto de la madera quemada, atento a la situación de extrema gravedad generada por los incendios forestales, y con carácter excepcional, para atenuar pérdidas económicas, se sostiene un 50% de reducción del precio establecido por en todas las categorías de rollos laminables y aserrables de las tres especies de madera -Pinus sp, Araucaria y Eucaliptus, durante los próximos 6 meses.
Los primeros incendios de magnitud en la historia de Misiones ocurrieron en noviembre de 2020. La Reserva de Biósfera Yabotí y el Parque Cuña Pirú fueron los lugares emblemáticos más afectados. Un año después, el verano 2021 – 2022, aquel escenario se multiplicó, llevándose por delante no sólo áreas protegidas, como la Reserva Guaraní y el Parque Salto Encantado, sino también plantaciones de yerba mate, galpones con tabaco, animales y demás sustentos de los agricultores, extendiéndose tanto en norte, como en el centro y el sur provincial, en la vecina Corrientes, y en distintos momentos, desde diciembre hasta bien entrado marzo, cuando llegaron las lluvias. “Lo que vivimos fue cosa de película”. Como nunca antes, los misioneros nos sentimos acorralados, impotencia, con miedo. El avance imparable de las llamas y la escasez de agua se metió en la cotidianidad de cada uno de los hogares, en las chacras y en las ciudades. Reinó el desconcierto. En los medios de comunicación, la situación que puso a todos en riesgo y destruyó bienes cada vez más preciados, como la Selva, se explicó mediante el fenómeno La Niña, presente desde hace al menos dos años, que provocó una merma importante de precipitaciones, y el Cambio Climático, con intensas olas de calor. El aire se sintió y se respiró seco. Pero las sequías no son una novedad en la región paranaense, se han manifestado en reiteradas ocasiones. ¿Qué hubo de distinto ahora? ¿Por qué los incendios se propagaron en magnitud? Quizás la respuesta la encontremos en otra pegunta: ¿es lo mismo una sequía en las condiciones en que nos encontrábamos hace 40 años atrás, con 1.670.000 hectáreas cubiertas de Selva (“Bosques nativos, implantados y el pan nuestro de cada día”, El Territorio, septiembre de 1987), que una sequía en las condiciones actuales, con 429.000 hectáreas implantadas de especies exóticas, o sea el 17 por ciento de la superficie provincial ocupadas exclusivamente (esto es: excluyendo biodiversidad) por un ejército de pinos y eucaliptos, y un Corredor Verde (Ley XVI N 60, antes 3631/99, que establece la unión de las áreas protegidas y el monte nativo privado) fracturado, sin poder brindar uno de sus servicios colectivos más preciados, como lo es la generación de agua? La Selva es fuente de vapor de agua, propicia condiciones para las lluvias, para la humedad ambiente, para la infiltración de agua al subsuelo y la alimentación de vertientes, arroyos y ríos, pero además mitiga los efectos de torrenciales lluvias y del intenso calor (actuando como un “aire acondicionado natural”). Los misioneros ya no contamos con ese gran paraguas protector, el Monte en cantidad y calidad, proveedor de una riqueza incalculable. Lo que queda son fragmentos, mayormente degradados, y lo que cabe es una atención urgente, preferencial, de parte del Gobierno y de parte de cada uno de los ciudadanos y dirigentes de todos los sectores. Recuperar el monte, recuperar el equilibrio ecológico (si eso es posible), es la acción que debe unirnos y en la que tenemos que colaborar todos. Hay una sobreexplotación de los recursos, y un acelerado aniquilamiento de los bienes esenciales, con notable acento en el agua; el agua que necesitamos para sobrevivir, para obtener alimentos, productos que dinamizan la economía, energía y turismo. Por supuesto, la crisis ambiental es mundial, también su repercusión. Esa es una condición que nos debería resultar útil: podríamos evitar las experiencias con resultados adversos aplicados en otros países. Debemos observar y evaluar el impacto del modelo productivo basado en monocultivo de especies exóticas. Atendiendo lo más reciente, los incendios y la disminución del agua, alcanza con investigar qué ocurre en Australia, en Chile, o más cerca, en el sur de la Argentina. Las especies de pino y eucalipto absorben (se llevan) grandes cantidades de agua en comparación con el monte, pastizales y otras plantaciones (el promedio de crecimiento de estas especies en la tierra colorada es de 32m3/ha/año, en tanto se realizan experiencias para elevar esa cifra a 42 e incluso a 52 m3/ha/año, y en este aspecto, la disponibilidad de agua y el clima resultan determinantes), y a medida que van creciendo se constituyen en material (biomasa) altamente inflamable para incendios de magnitud, o dicho de otro modo: son el alimento predilecto del fuego. Contundente, un artículo publicado en Pressenza International Press Agency (“¡Hay que descolonizar el pino navideño, para recuperar el agua dulce de los ríos!, 21 de enero de 2022), basado en un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (“Consumo de agua en plantaciones de Pinus Taeda L. en la zona noroeste de la provincia de Misiones”, Aldo Keller; Nardia Bulfe y Javier Gyenge), señala que “un pino que mide 30 cm consume 30 litros de agua por día, mientras que si otro pino llega a medir 100 cm (1 metro) consume 100 litros de agua por día”. De esta forma, se infiere que “una plantación de 10 mil pinos de 10 metros cada consume 10 millones de litros de agua por día”. En Australia, al eucalipto se lo conoce como “árbol gasolina” porque produce un aceite inflamable que reprime la actividad necesaria en el suelo para la descomposición de la hojarasca, y así contribuye a la acumulación de material seco combustible (Dra. Mary T. Kalin Arroyo, Premio Nacional de Ciencias Naturales de Chile 2010). Un estudio de la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén, indica que en las plantaciones de pino, el fuego se propaga 5 veces más rápido que en el bosque nativo y 30 veces más rápido que en los arbustos de la estepa. “Cada incendio genera más masa combustible y da lugar a incendios más voraces”. Y por si fuera poco, sus semillas resisten a las llamas, o sea vuelven a germinar (“Monocultivo forestal, incendios, desalojos y sobreconsumo de agua”, publicado en Tierra Viva, agencia de noticias/ febrero 23, 2022 / Lino Pizzolon, biólogo, docente e investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia). En Chubut, un trabajo reciente mostró que la transpiración en las plantaciones de pinos adultos llegó hasta el 73 por ciento del flujo total de agua, mientras que en la estepa arbustiva fue solo del 10 por ciento. “Las plantaciones de pinos en la Patagonia semiárida evaporan todas las precipitaciones, resultando en cero drenaje profundo y cero recarga de agua subterránea“, concluye el estudio titulado “Hydrological impacts of afforestation in the semiarid Patagonia: A modelling approach” https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/eco.2113). En el centro-sur de Chile (Región del Maule, donde en 2016 el fuego arrasó en 2016 más de 8.000 hectáreas en menos de una hora), una investigación sobre los cambios bajo el suelo producidos por el monocultivo de pino (600 mil hectáreas) constató reducción en la abundancia de invertebrados, y disminución en la capacidad de infiltrar y en almacenar agua (Camila Cifuentes, Instituto de Ecología y Biodiversidad, revista Scientific Reports). En la misma línea van las conclusiones de investigadoras del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-CONICET-UNCo). Señalan que la proliferación de especies de foráneas de pino contribuyen a incendios forestales y van quitando espacio al bosque nativo y su biodiversidad, generando más combustible. “Todas las especies de pinos presentes en Argentina están, sin dudas, adaptadas a un régimen diferente de ignición que el de las especies locales. Como hay pinos que copan todo en el post fuego, intervienen directamente con la regeneración de especies nativas que pueden haber quedado en el banco de semillas, y eso cambia completamente las características del ambiente”, dice la Melisa Blackhall, en un escrito publicado el 19 de marzo de 2021 en la web de CONICET Inibioma (https://inibioma.conicet.gov.ar/advierten-que-la-proliferacion-de-especies-de-pino-contribuye-a-los-incendios-forestales/) . Incluso el actual viceministro de Ambiente de la Nación, Sergio Federovisky, compartió, en noviembre de 2019, las conclusiones de un equipo internacional de 50 científicos, publicado en la revista Science: “Una plantación masiva de árboles en pastizales y sabanas, aparte de los problemas para la biodiversidad, generaría paisajes muy homogéneos e inflamables que tarde o temprano acabarían siendo pasto de grandes incendios” (“Los incendios no cesan en el sur y apuntan a un enemigo invasivo: los pinos”, 1 de enero de 2022, Tiempo Argentino). Se pueden seguir vsibilizando más evidencias. En cada rincón del planeta donde hay pinos y eucaliptos, disminuye el agua y hay incendios de magnitud. Los especialistas coinciden en afirmar que 1) los incendios se incrementarán en los próximos años, alimentados por las condiciones meteorológicas y “la cantidad de combustible disponible para quemar” (informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente);
2) los incendios forestales retroalimentan el Cambio Climático al emitir a la atmósfera billones de toneladas de gases de efecto invernadero, por la combustión de la biomasa; y
3) y en nuestra región, el fenómeno La Niña -pocas lluvias- podría extenderse hasta el año 2023. Aún así y con una persistente merma de agua en toda la región, se continúa subsidiando / incentivando plantaciones forestales (Ley 25080). En la Argentina hay 1,3 millones de hectáreas cultivadas (con proyección a 2 millones en 2030), y de ese total, 419.000 hectáreas están en Misiones (“La forestoindustria fue uno de los sectores más golpeados”, 6 de marzo de 2022, El Territorio).
Ello, sin contar las semillas que, llevadas por el viento, germinan dando vida a millones de pinos espontáneos, incluso donde no crece nada, ahí sobre las piedras. Queda claro que la política forestal gubernamental no se condice con el tema más urgente y de interés para los ciudadanos de Misiones: la imperiosa necesidad de más agua, en todas sus formas y usos, y la latente posibilidad de nuevos incendios de magnitud. Queda claro que la presencia masiva de especies foráneas no es una alternativa válida para quienes vivimos en esta provincia. Anulan el monte generador de lluvia, de humedad ambiente y de reserva de agua subterránea; sobre consumen el agua (ya escasa) disponible y son material de alto riesgo de combustión y propagación para grandes incendios, acrecentando la crisis hídrica y retroalimentando el calentamiento global. Ello, sin contar que expulsan a pueblos originarios y a agricultores, y ocupan las tierras que necesitamos para producir alimentos.
Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera, 25 de marzo de 2022, Misiones, Argentina
En medio del debate por el precio del raleo y el chip en Misiones, Economis entrevistó a Fernando Correa, un experto en grandes proyectos foresto- industriales que trabaja en Pôyry, la consultora de origen finlandés líder a nivel mundial en este rubro.
Correa nació en Tucumán, pero desde hace más de 20 años se fue a vivir al exterior. Estuvo años en Finlandia y actualmente trabaja en la sede de Madrid de la firma finlandesa. Desde allí asesora a grandes grupos con proyectos para invertir en la industria de pasta celulósica.
La firma fundada en 1958 por Jaakko Pöyry está casi siempre detrás de la mayoría de los proyectos de grandes inversiones en la industria pastera, esos que involucran cifras de entre 1.000 y 3.000 millones de dólares y que hoy se hacen con una capacidad de producción nunca por debajo del millón de toneladas (casi tres veces el volumen de Arauco Argentina, planta inaugurada en 1982 cuando el negocio admitía otras escalas).
El sello de esta consultora en un plan de inversión, es también un signo de viabilidad de un negocio en esta materia para el mercado: bancos, organismos multilaterales de crédito, multinacionales, inversores, organismos oficiales, o todo aquel con interés en apostar al sector forestal. Si Pôyry dice que el negocio es viable, el proyecto ya tiene otro valor.
Correa monitorea todo lo referido a este mercado, desde el precio internacional de la pasta celulósica, la demanda mundial de papel para embalaje, tiusse o impresión; las tasas de interés en EE.UU. o Europa y, por supuesto, también el valor de la materia prima para producir una tonelada de pasta.
Argentina, con la madera más barata del mundo
“Argentina tiene la madera más barata del mundo, siempre fue así y ahora tiene un valor especialmente bajo”, explica Correa, mientras muestra unas curvas de evolución de la tonelada de raleo medida en dólares entre países tan disimiles como Argentina, Uruguay, Chile, Australia o Estados Unidos.
El gráfico, que muestra muchas líneas (de todos los países donde hay pasteras) tiene una que se destaca en verde, bien abajo, solita. Ese es el precio de la materia prima en la Argentina.
Siempre al fondo de la tabla. Así que nadie mejor que Correa, experto internacional y argentino, para explicar los “por qué” de esta situación que, del otro lado de la mesa, se traduce en productores forestales a los que históricamente siempre les falta “cinco para el peso”.
No se puede comparar Argentina con otros países
“Argentina tiene la madera más barata del mundo, si, pero cuidado, es incorrecto compararte con otros países y decir: el valor debería ser mayor. El valor es el que es por múltiples factores. Tiene que ver con los costos de producir y una ganancia que se agrega y no es comparable”, advierte Correa.
Además, explica que la Argentina tiene sobreabundancia de materia prima (madera) que tira el precio para abajo y la ausencia de más industrias que apuntalen la demanda de esa sobre oferta. “Si mañana ponen una pastera nueva, el precio va a subir inmediatamente”, asegura.
Y acá viene lo más complicado. Argentina tiene materia prima barata, si, pero el ámbito para hacer negocios que castigan también y han derivado en una total ausencia de inversiones forestales nuevas en los últimos 40 años. Todo esto mientras en Chile, Uruguay y Brasil, las inversiones multimillonarias en este rubro florecieron.
A esta situación, se agrega el tiro de gracia: Paraguay, que directamente no tiene bosques suficientes, ya tiene confirmada una inversión de más de u$s 2.000 millones en una pastera en el departamento de Concepción, con participación de inversores locales (la familia Zapag, de Copetrol) e inversores chinos y austríacos, según lo que se hizo público hasta ahora.
Cuando se concrete y, probablemente, la Argentina le envie los troncos sin mayor valor agregado, se materializará otra gran frustración en el camino al desarrollo de nuestro país.
¿Cómo se atraen las inversiones?
“Que la materia prima sea la más barata del mundo ni siquiera es decisivo para captar inversiones. Hay muchos otros factores que los inversores tienen en cuenta, es importante la estabilidad macroeconómica, las seguridad en las reglas del juego a largo plazo”, señala Correa.
“Paraguay está avanzando en un proyecto para instalar una industria de pasta celulósica de 1 millón y medio de toneladas (entre 4 y cinco veces la capacidad de Arauco Argentina) y tiene sólo 50.000 hectáreas de bosques en todo el país”, explica Correa. (N. de la R.: Misiones, nada más, tiene diez veces esa cantidad de bosques para la producción forestal).
En el gráfico, la evolución de la ton de raleo de pino en u$s. Argentina siempre es el más barato, comparado aquí con Brasil, España, EE.UU. o Sudáfrica. Sólo en el retraso cambiario previo al estallido de la Convertibilidad (2000 y 2001) hubo precios similares a estos países.
-¿Por qué la Argentina tiene la madera más barata del mundo?
-Eso se debe a muchos factores, no es negativo que tenga el costo bajo, al contrario es una ventaja. Pero tenés que tener cuidado, que el costo de la madera no es todo lo que incide en el costo de la producción. Esto significa que en celulosa, que es el principal uso de la madera, por la cantidad de madera que usa, mas o menos el 40 por ciento del costo es madera (materia prima).
Comparativo de la evolución de la tonelada de pino para producción de pasta celulósica.
-¿Podrías desglosar el otro 60 por ciento, típicamente?
-Tenés varios ítems: Producción de energía, mano de obra, costos fijos. Son distintos, no es solamente materia prima.
-¿Cuál es la materia prima principal, para la producción de pasta celulósica?
-Principalmente madera y luego algunos químicos y soda cáustica y energía.
-¿Cuando decís madera, es siempre el raleo de pino u otras especies?
-No siempre. Se puede usar cualquier tipo de madera, vieja y joven, pero la madera joven de raleo no se puede usar para otra industria de mayor valor agregado. China, por ejemplo, paga cara la materia prima. Porque es el costo puesta en planta (del árbol) y en China llega madera astillada desde afuera (se refiere al rollizo de eucaliptus, que desde hace un tiempo, también está enviando la Argentina desde los puertos de Ibicuy y Concordia).
Argentina siempre está en el cuadrante bajo. Cuando analizás el costo de producción es relevante el hecho de que el comercio de la madera en la Argentina no puede decir: la madera me cuesta esto, y el producto de Corrientes le quiere vender a Papel Misionero a 60 dólares, porque eso es lo que cuesta en Uruguay. Ese razonamiento es incorrecto.
Argentina esta bajo no solamente por el tipo de cambio que ahora está alto (se refiere al dólar en la Argentina). El costo es bajo por el potencial forestal de la Argentina. En Argentina la madera crece bien, rápido y es de calidad. Por eso hay un costo bajo. Hoy está particularmente bajo, porque nadie la demanda. En el momento que haya una fabrica de pasta celulosa, el precio sube para arriba
-¿Sería razonable tener valores similares a Uruguay o Brasil?
-No, Argentina tiene que tener el costo de producción, más el margen de su productor. Si instalo una industria y comparo costos de producción, con los costos de madera en china o Finlandia, no es realista. Los costos son tuyos, de mano de obra, energía, todo, son de la Argentina.
-¿En el producto final, la tonelada de pasta celulósica si el precio es comparable entre países?
-El producto final sí, sale al mundo y ahí si tienen un precio que tiene que ser competitivo. Porque compite con otros países, es un commodity y si tenés un producto eficiente, podes competir en el mercado global.
-Pero en la materia prima, no.
-Exacto. No tenés que mirarte en el espejo de los demás, tenés que mirarte en el espejo tuyo. Una inversión forestal, con una tasa interna de retorno del 10 o 15 por ciento, (en dólares) está buena. ¿Qué banco te paga eso? No es que si Uruguay vende la tonelada a 40 dólares, lo vendo a 40. No es lo mismo. Lo mismo pasa con los coches o las pelotas de fútbol. El costo de la materia prima no es comparable, el precio del producto final, sí. Distinto es el precio de la madera astillada (el rollizo de eucaliptus) que se le vende a China desde la Argentina. Ese sí, si lo puedo comparar con madera similar que le venden urugauyos a los chinos. Madera en rollo.
-Si soy inversor internacional y miro estos precios, ¿no surge la idea: Pongo una pastera en la Argentina?
-No, porque como te habrás dado cuenta, el precio de la madera siempre fue bajo en la Argentina. Y el precio de la madera no es el único aspecto para que un inversor invierta en la Argentina.
-¿Qué otros aspectos entran a jugar en la decisión?
-Estabilidad económica, riesgo financiero, costo de capital. Son partes no intrínsecas a la parte forestal, pero es parte del entorno. La estabilidad socio política, estabilidad macro económica. El riesgo país.
-Supongo que este cepo que impidió a firmas sacar dividendos o pagar deudas con bancos o casas matrices, genera impacto en futuras posibles inversiones.
-Absolutamente, desde mi punto de vista si. Imaginate que harías si te dicen que para trabajar o ganar dinero, el dinero se queda en la oficina y no lo podés llevar a tu casa, no tiene sentido. Una parte te puede servir porque comés en el restaurante del edificio de tu oficina, pero una parte tenes que llevarte a casa.
-¿Esto hizo que en los últimos 20 años las inversiones en industria pastera crecieron en Uruguay, Brasil, Chile, pero no en la Argentina?
-Si.
-¿Cómo se ve desde exterior a la Argentina en este rubro? Ustedes hablan con inversores de todo el mundo en este sector, que deben mirar todos los países con potencial.
-Argentina tiene mucho potencial. Claro. Cada vez que no se hace una inversión así en la Argentina se está construyendo en otro sitio. Hay un mercado, una demanda y un producto en particular que llama a esa inversión, cada vez que s pierde en la Argentina, ya se instaló en otro sitio. Hay que esperar a que las condiciones sean tal que requieran otra fábrica.
-¿Con Macri los primeros dos años parecía que se abría el panorama para estas inversiones?
-Con Macri había muchísimos iniciativas, preguntas y consultas sobre inversiones en el país. Salieron en los medios estas manifestaciones de interés, pero nada se concretó y después del primer año ya empezaba a haber dudas, por eso nadie avanzó.
–¿Cómo está el mercado de la pasta celulósica?
-Depende de cuál es el producto final de la pasta celulósica. Esta un poco mas bajo que lo que era antes de la pandemia, pero no en bajos históricos. En el sector de embalajes hace poco tiempo subió, el precio de la madera para embalaje. La parte de impresión venia cayendo y bajó más por la pandemia, pero es una tendencia que tiene que ver con la digitalización. En cambio otras cosas, como la celulosa para la producción de para barbijos o mascarillas, subió. La celulosa que se usa para tissue, subió mucho.
-¿Papel Misionero y Arauco Argentina qué hacen?
-Embalaje, Papel Misonero bolsa de harina, azúcar, súper y Arauco Argentina hace celulosa kraft blanqueada para distintos tipos de cajas. También se usa para mezclar el papel higiénico y toallitas, para eso se usa celulosa de eucaliptus, pero con un porcentaje de fibra larga de coníferas (las que hace Arauco Argentina).
-¿Está bien vender troncos pelados a China?
-Claro, lo hizo Chile por 20 años, hasta que empezó a poner sus propias fábricas. A comienzos de los 80, Chile le vendía madera en rollo a Tailandia, China, Japón, todavía la sigue vendiendo. La exportación, te da la posibilidad de que el sector forestal primario siga exportando y las plantaciones produzcan mejor y mas barato. En Chile y Brasil, las inversiones las hicieron empresas de allá. En Uruguay son multinacionales. En Argentina también, firmas como Ledesma, Arcor o Molinos podrían invertir en pasteras. Sabrían balancear mejor el riesgo país.
-¿No es mala señal no poder darle más valor agregado?
-Por supuesto que será mejor agregarle todo el valor que se pueda, pero si no tenes otra alternativa y el productor ya hizo su inversión y tiene su capital invertido por 15 años y no lo puede cortar porque no tiene a quien venderlo. Para replantar tiene que cosechar y vender, lógicamente al vender con poco valor agregado, está cobrando menos dinero y se va mucho dinero en la logística.
-¿Qué me podés decir del proyecto de la pastera en Paraguay?
-Estamos haciendo algunos trabajos, así que solo puedo comentar lo que es público. Es un fondo de inversores que están considerando la fabrica, salió en los medios no hace mucho que esta negociando la parte financiera, esta avanzando, un millón y medio de toneladas de fibra corta, similar a las que hay en Uruguay. De eucaliptus. Le podrían comprar a la Argentina, por supuesto. Hay que aprovechar el río, la logística no es tan pesada.
-¿Es importante la estabilidad económica de Paraguay para concretar esa inversión?
-Paraguay tiene hace 15 años el dólar y la inflación al mismo nivel. Tiene un marco impositivo beneficioso, se paga menos impuestos. Los aspectos de confianza son importantisismo, por eso no muchos lo saben. Paraguay hace 15 años tiene la misma tasa de cambio, la inflación al 3 por ciento.
(Nota de la Redacción: Concluimos que las inversiones forestales son como el Papa Francisco. Tienen todo el potencial para venir acá, pero en las últimas décadas fueron a Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay, evitando cuidadosamente la Argentina. Como nuestro porteñísimo Jorge Bergoglio, que hace ocho años se fue a Roma y desde entonces visitó todos los países vecinos, pero sigue sin volver a su querida Argentina).
Eje vertical: Precio de la madera. Eje horizontal: condiciones para la inversión.
“Una factura de luz que pasa de $150 a $350 equivale a dos pizzas”, había dicho Alfonso Prat Gay para justificar los tarifazos eléctricos. Pasó el tiempo, pero una comparación es aún más impactante: con los nuevos valores fijados por el Instituto Provincial Forestal, una tonelada de madera en pie vale lo mismo que una pizza.
El dato revela lo bajo que estaban los precios de la materia prima y también la distorsión de los precios relativos en la Argentina. Mil kilos de madera equivalen a una pizza. Para conseguir lo primero, se deben esperar por lo menos siete años, para la doble muzza, los 40 minutos del delivery.
La misma comparación puede hacerse con un kilo de madera y un kilo de yerba. Un kilo de pino puesto en planta equivale a 60 centavos. Un kilo de hoja verde de yerba mate, el mercado lo cotiza actualmente en 35 pesos, aunque el valor oficial es de 20 pesos. Para el primero hay que esperar siete años, la yerba crece en tres o cuatro años.
Si la comparación se lleva al supermercado, con los 599 pesos que valen una tonelada de madera en pie, se pueden comprar tres gaseosas, un kilo y medio de asado o siete kilos de pan.
El Instituto Forestal Misionero definió hace tres semanas y por primera vez en la histpria un precio mínimo para la materia prima de la industria: se fijó un valor equivalente a 20 dólares la tonelada de raleo, poco más del doble que el promedio que se venía pagando en el mercado.
El precio en pie por tonelada fue fijado en 599,55 y puesto en fábrica por tonelada 1.609,95.
El costo chips aserradero sobre camión fue fijado en 1.886,95 el del chips chipeador sobre camión, 1.782,45.
¿Qué es el raleo? La pregunta, sencilla, desnuda lo poco que se conoce sobre el universo forestal en una provincia maderera. El raleo es la materia prima del principal producto de exportación de Misiones: la pasta celulosa y el papel que implicaron ventas al exterior por 130 millones de dólares. Y una simple ecuación puede cambiar la realidad de cientos de productores forestales que lejos están de recibir esas ganancias. La tonelada de pasta se vende hoy a 600 dólares en el exterior. Los productores forestales reciben 9 dólares por tonelada. Para hacer mil kilos de pasta se necesitan 2,56 toneladas de madera.
El Instituto Forestal Misionero se propuso como primer objetivo elevar ese precio a un mínimo de 20 dólares para despertar a una actividad de la que muchos se están alejando por los bajos precios. Los datos son elocuentes: hoy la yerba vale más que la madera en pie y rinde dividendos en tres o cuatro años, bastante más rápido que una forestación. Llevar a 20 dólares la tonelada de raleo tendrá un fuerte impacto económico y un efecto derrame que no produce la industria. La decisión cuenta con el respaldo de los productores y pequeñas empresas y podría pulirse antes de octubre.
A valores actuales, con nueve dólares la tonelada, los productores recibirían menos de cinco millones de dólares por el raleo e incluso menos si se tiene en cuenta que la industria posee sus propias plantaciones.
Si se elevara a 20 dólares promedio, con la misma cantidad de madera, los productores se quedarían con poco más de diez millones dólares, con un incremento de 5.176.480 dólares. El monto exportado en 2019, a pesar de una leve baja, fue de 130 millones de dólares entre papel y pasta celulosa.
La yerba, con una exportación menor, rinde mucho más a los productores, con una facturación de 69,3 millones de dólares.
Misiones es desde hace algunos años una potencia forestal, con la mayor superficie de bosques implantados y un gran número de industrias vinculadas. Es la protagonista del NEA, donde se produce el 51 por ciento de las exportaciones forestales del país. La madera disfruta hoy de una demanda inédita y sin embargo, los precios están bajos y el productor es el que menos beneficios recibe pese a que es factor indispensable para que haya calidad en la madera.
“Raleo en la jerga forestal es lo que llama a un tratamiento silvicultural, ¿qué significa esto? Todas las intervenciones que uno hace en el bosque para modelar ese bosque. Significa dxxllevar al turno de corte final a los mejores árboles, con la mejor forma, los mejores diámetros. Vos partís de una plantación de determinada cantidad de árboles, por ejemplo, vos plantás mil árboles por hectárea, esos árboles empiezan a crecer y empieza la competencia por la luz, agua y los nutrientes. Llega un momento donde ya no hay lugar para todos, en esa superficie y los árboles, empiezan a entrar en una situación de “estrés”. Ese “estrés” es muy malo para la plantación porque puede ocasionar que los árboles empiecen a morir. Entonces ahí interviene el hombre con una corta selectiva, qué es eliminar una serie de árboles de mala forma. Entonces, al eliminar árboles de mala forma, lo que haces es liberar espacio, liberar nutrientes, agua. A eso se le llama raleo, liberar árboles de peores formas dentro de tu propiedad. En esa primera intervención, tenías mil árboles, vos podés sacar un 30%, con lo cual sacas más o menos 300 árboles, esos como son árboles de mala forma y son de pequeño diámetro es lo que se llama raleo”, explica el ingeniero forestal Sebastián Escalada, asesor del flamante Instituto Forestal Misionero.
¿Y qué se hace con eso, para qué sirve?
Esos árboles van directamente a la industria celulósica, porque con esos diámetros y esa mala forma, no va a ir al aserradero a morir, aunque hay aserraderos que trabajan con esas maderas, pero los que tenemos en Misiones, no trabajan con diámetros finos y esas malas formas, porque no tienen ningún tipo de aprovechamiento, entonces eso va directamente a la industria celulósica. ¿Qué hace la industria celulósica con esos árboles? Los descorteza, después los chipea, para armar lo que se llama la pulpa celulosa. Se chipea esos árboles y ese chip, se cocina en una olla a presión; con químicos y ácidos a alta presión. Entonces ese chip se empieza a disolver, se empiezan a separar lo que son las fibras de lo que es la Lenina, que es ese color marrón que tiene la madera. Lo que se hace en los procesos es eliminar la Lenina, por eso el papel termina quedando blanco. Por eso, en los procesos se cocina a la madera, se separa a la fibra y en un segundo proceso se logra el blanqueo, que es la eliminación de esa Lenina, donde se usa cloro o ozono. La industria nuestra sigue usando cloro, es ahí donde viene la controversia de que son contaminantes, etcétera, etcétera. Vayamos a un segundo raleo. El primer raleo lo hicimos al año 6 ó 7, cuando se termina la luz, el agua o los nutrientes, sacamos eso y el resto sigue creciendo. Al año 12 ó 13, vuelve a pasar lo mismo, los árboles se ensancharon en diámetro, crecieron en altura y otra vez las ramas empiezan a tocarse, otra vez empiezan a competir por el agua, la luz, los nutrientes, otra vez entran en casi un “estrés”; otra vez se hace una segunda intervención, un segundo raleo. En este raleo los árboles son de mayor tamaño, entonces, algo de eso puede llevarse a la industria de aserrados y parte, se vuelve a llevar a la industria de celulosa. Todas las plantaciones que son propiedad de la industria se hacen en un sentido de utilizar los árboles de diámetros finos, largos ¿Qué es lo que ellos quieren? Quieren un mayor volumen forestal, no le interesa el diámetro, ni la altura, ni nada. Entonces ¿Qué es lo que hacen? Hacen algo que se llama cortes de turnos finales Plantan, llevan los árboles hasta los 10 ó 12 años sin hacer ningún tipo de raleo, ahí hacen la tala rasa. O sea que ese raleo no es una basura, ni un subproducto, ese raleo es la materia prima principal de la industria celulósica. Si hay una industria celulósica y está vendiendo a precio dólar, ese raleo tiene un precio dólar, que es muy importante. ¿El productor primario que necesita? Llevar su forestación al turno de corte final, donde se encuentra con una plantación que comenzó con mil árboles, que al final se va a reducir a 250 árboles, de muy buen desarrollo diamétrico y altura, de muy buena forma, que va a poder vender muy bien en la industria de aserrados, sí. Pero también, parte de su negocio son los raleos, o intervenciones, que hubo, que es lo que se llama tratamientos silviculturales, porque al año 7 quiere sacar algo de esa madera, que algunos la llaman basura, pero es muy buen material para la industria celulosa. Otras intervenciones que hacen para lograr una buena madera es la poda. Hay árboles como el eucalipto que se desraman naturalmente. Pero, el pino conserva esas ramas. Esas ramas, a medida que va creciendo el árbol, se van introduciendo hacia adentro, así como van hacia afuera, van hacia adentro, forman a posteriori lo que llaman los nudos, nudos muertos ¿Esos nudos que hacen? Se transforman en una madera de mala calidad, porque se rompen. Un machimbre con nudos es un machimbre de segunda o de tercera, es una madera de mala calidad y la pagan como tal. Por eso, con podas a temprana edad se eliminan esos nudos. Ese rollo, si está libre de nudos, el primer uso que se le da y el de mayor valor es el que se da cuando se bobina la madera, ponen tornos y se la bobina, así al subsiguiente, aserrado grueso, después aserrado fino. Siempre que estés libre de nudos, vas a tener una madera de primera calidad, donde podés negociar los mejores precios. Ahora cuando no tenés libre de nudos, ya no vas a poder pelear mejores precios, porque no vas a poder hacer ese bobinado y todo lo que es aserrado va a ser de segunda y de tercera. Hay hoy en Misiones mucha gente que trabaja con el machimbre de segunda o de tercera, que es lo que más está saliendo hoy día. El commodity de Misiones es el machimbre, entonces están trabajando con árboles con nudos, porque están sacando machimbres de segunda o de tercera, que va para techos, para todo lo que es la construcción.
¿Por qué es clave para el productor aumentar el precio del raleo? ¿Qué impacto puede verse a mediano plazo en la provincial y en la producción forestal?
Primero es importante, porque el productor siempre se está comparando con los productos que tiene al lado. Misiones es minifundista. Cada productor produce yerba, mandioca, algunos hacen los sistemas de silvpastoriles, donde combinan los árboles, pastura y ganadería. ¿Qué está viendo el productor forestal? Que puede tener mejores rentas eliminando lo forestal, porque le tarda 7 años recibir dar algún beneficio. Siete años y encima no pagan nada. Corto todo eso y me dedico a la yerba, que hoy tiene un excelente precio, que, al tercer o cuarto año, ya tenés una producción importante. El otro día hablábamos con un productor forestal, me dijo: “yo hilando fino, en 3, 4 años yo por mi yerba voy a obtener más de un millón de pesos”, tenía 10 hectáreas. Imagínate, con el raleo no tiene ni 15 mil pesos, encima a 7 años. Con la mandioca hoy pasa lo mismo, hoy la mandioca tiene un excelente precio. Entonces ¿Por qué es importante que el raleo tenga un excelente precio? Primero, no es basura, no es un subproducto como lo quisieron presentar, sino que es la materia prima de las industrias celulósicas. BanChile, que hace análisis del negocio celulósico chileno, marca que en el mercado hoy está 570 dólares la tonelada, pero en 2016 se llegó a pagar 1200 dólares. O sea, una industria que está ganando 1200 dólares por tonelada, donde vos para hacer una tonelada de celulosa necesitas 2,56 de madera, ¿cómo puede ser que acá tengas 600 dólares de ganancia y estés pagando 12 dólares? Fíjate la diferencia entre la materia prima y el producto final. ¿Cuál sería una salida muy buena para el sector forestal, sobre todo ese factor primario de ese primer raleo? Si la industria celulósica no quiere pagar lo que vale, que hoy considero que está en los valores que se manejan a 20 dólares, porque uno va poniendo todos los costos. El problema es que nadie hace verdaderos costos, si hablas con un yerbatero te dice: “Más o menos tendría que andar por”, pero nadie te hace una presentación de todos los factores, de todos los instrumentos que intervienen dentro de un costo. Entonces, por ejemplo, yo veo que muchos costos que se presentan, no ponen el costo de la tierra: Para forestar tenés que usar la tierra, entonces es fundamental el costo de la tierra. Siempre empiezan a partir de lo que es el costo de la plantación, lo que le sale plantar, después los movimientos silviculturales de poda y raleo, no ponen el precio de la tierra, no ponen el precio de la gestión, la parte de oficina por decirlo así, no ponen el uso de movilidad para buscar plantines, mover plantines, no ponen los salarios para los trabajadores que van a hacer las plantaciones. Entonces, ves un productor empobrecido, pero no solo el productor está empobrecido, sino el que brinda servicios, aunque la empresa de servicios es fundamental en este tipo de trabajo. Entonces, pagando un buen precio el productor primario, la empresa de servicios va a tener una mejora y esta gente, este productor primario, esta empresa de servicios, son los que realmente vuelcan sus ganancias dentro de la comunidad. Es el que va a comprar una cubierta, va a la metalúrgica a arreglar su tractor, el productor es el que compra todo dentro del pueblo, las grandes empresas no compran nada dentro del pueblo, todo lo que ellos tienen lo traen de afuera, es importando. El que derrama en la comunidad es este pequeño forestal, junto con la empresa de servicio, que son los únicos que se mueven dentro del pueblo.
Se habla de estos 20 dólares como precio futuro, ¿con estos 20 dólares cerrás la ecuación?
Cambia muchísimo, porque no solo se establece los 20 dólares como piso, sino que a partir de ahí que el productor pueda tener bonificaciones. Hoy se habla mucho del CERFOAR (Sistema Argentino de Certificación Forestal), bonificaciones por cantidad, por empleo, cosa que se incentive a ese productor a trabajar en blanco. Entonces, 20 dólares la base y después las bonificaciones que se pueden ir dando.
¿Cuánto empleo tiene hoy la industria forestal?
Más o menos, hoy se calcula que entre directos e indirectos 18 mil registrados.
¿El instituto forestal tendrá la facultad de formalizar estas situaciones laborales?
Queremos apuntar a las certificaciones, pero para apuntar a esas certificaciones vos tenés que decirle al productor que ahora sí vale su producto. Además por todo esto que se viene de los bonos de carbono, todo lo que te piden los europeos y quiénes están en este negocio, es que vos estés siempre en regla y con empleo en blanco. Otro tema importante, es la asistencia, que no sea no solamente a los productores sino a los pequeños industriales en todo lo que sea la línea de aserrados.
¿Un productor de diez hectáreas puede vivir de la forestación?
Según los estudios que tenemos, la mínima unidad productiva para decir vivo de eso, es de más de 30 hectáreas. Por eso es muy importante que el pequeño productor diversifique, no apuntar al monocultivo, sino a tener una buena huerta, ir hacia el mercado concentrador tener tus cerdos, mandioca, tener 2 ó 3 hectáreas de yerba, tener 4 ó 5 hectáreas de pino, porque cuando no vale un producto vale el otro. Es muy importante que el productor entienda la consorciación de productos y se asocie con las industrias como los modelos exitosos en otros países como Canadá y Finlandia, que son potencias forestales. Tenemos un 50% de la capacidad ociosa de la industria forestal, todo lo que es la parte de manufactura, que es la que más valor agregado te da, está parado. Como instituto decimos que ahí tenemos que apuntar, a que vuelva la manufactura, a mejorar las líneas de producción, pero todo esto tiene que ver con si hay capital . Esa es nuestra función ser facilitador, estar al lado del productor, pero también del industrial porque es fundamental en esta cadena.