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Balance de fin de año: la mentira como política de gobierno

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Al finalizar el año, el gobierno de Javier Milei intenta imponer un balance triunfalista basado en una narrativa cuidadosamente construida. Según el relato oficial, la Argentina estaba “al borde de la hiperinflación”, el ajuste era inevitable y la desaceleración posterior de los precios constituye un éxito incuestionable. Sin embargo, un análisis riguroso de los hechos muestra otra realidad: decisiones políticas concretas que agravaron la crisis social, una fuerte transferencia de ingresos y una estrategia sistemática de distorsión de la verdad para eludir responsabilidades.

La mentira no aparece como un desliz ocasional, sino como un método de gobierno.

Inflación: el pico fue una decisión política

Argentina no llegó a la hiperinflación en 2023 como dijo Milei. La inflación era muy elevada, sin duda, pero no existían las condiciones técnicas ni económicas que definen un proceso hiperinflacionario. Esa afirmación, repetida hasta el cansancio por Milei y su gabinete, cumplió una función política clara: exagerar la herencia para justificar un shock de ajuste sin precedentes.

El dato que el gobierno omite deliberadamente es central: el mayor salto inflacionario se produjo en diciembre de 2023, cuando Javier Milei ya había asumido la Presidencia. Ese mes, los precios se dispararon como consecuencia directa de una devaluación superior al 100%, combinada con la liberación de precios regulados y el inicio de los tarifazos. No fue una fatalidad heredada: fue una decisión política consciente, tomada en nombre del llamado “sinceramiento” económico.

El oficialismo incorporó luego ese pico inflacionario —provocado por sus propias medidas— al paquete de la “herencia recibida”, y se atribuyó como mérito la desaceleración posterior. Primero provocó el shock, después celebró la comparación contra el daño autoinfligido.

Desaceleración sin recuperación

Es cierto que la inflación se desaceleró con el correr de los meses. Pero esa desaceleración ocurrió sobre un piso social devastado. Los salarios reales, las jubilaciones y los ingresos populares quedaron muy por detrás del aumento de precios acumulado tras la devaluación inicial. La inflación bajó, pero el poder adquisitivo no se recuperó.

El ajuste operó fundamentalmente a través de la licuación de ingresos. Jubilados que perdieron capacidad de compra mes tras mes, trabajadores formales con paritarias a la baja, trabajadores informales directamente expulsados del consumo básico. La inflación dejó de correr, pero el daño ya estaba hecho.

Pobreza y empleo: el uso político de los números

El gobierno celebró cifras de pobreza en descenso, pero evita explicar cómo se construyen esos datos y qué esconden. La baja estadística no implica una mejora estructural de las condiciones de vida. El empleo no crece, cada vez se precariza más, con altos niveles de informalidad y salarios deprimidos. La pobreza por ingresos puede reducirse marginalmente, mientras se consolida una pobreza estructural más profunda, con menos derechos, menos protección social y mayor vulnerabilidad.

Una vez más, el patrón se repite: usar indicadores parciales para construir un relato de éxito, mientras se ignoran las consecuencias de largo plazo del ajuste. Y encima con una inflación que no logran controlar por más que “dibujen” los números.

El relato como sustituto de la gestión

La mentira como política de gobierno no se limita a la economía. Atraviesa la política exterior, donde se anuncian apoyos y alianzas que no se traducen en beneficios concretos; y el plano institucional, donde se desacredita sistemáticamente a periodistas, opositores, sindicatos y organizaciones sociales para deslegitimar cualquier crítica.

Gobernar, para Milei, parece reducirse a ganar la batalla del relato, no a resolver los problemas reales. Cuando los datos no convienen, se reinterpretan. Cuando las consecuencias son evidentes, se niegan. Cuando la responsabilidad es propia, se la adjudica al pasado.

Balance final

El balance de fin de año no admite ambigüedades: el gobierno de Javier Milei eligió mentir. Eligió falsear la herencia, ocultar el impacto de sus propias decisiones y presentar como éxito lo que en realidad fue una brutal transferencia de ingresos desde los sectores populares hacia los grupos concentrados. La inflación de diciembre de 2023 no fue un accidente ni una fatalidad: fue el punto de partida deliberado de un programa que licuó salarios, jubilaciones y derechos.

La mentira dejó de ser un recurso discursivo para convertirse en arquitectura de gobierno. Se miente para justificar el ajuste, se miente para disciplinar socialmente, se miente para naturalizar el empobrecimiento y se miente para clausurar cualquier discusión democrática sobre alternativas posibles. El relato libertario no busca explicar la realidad: busca imponer resignación.

Frente a un gobierno que gobierna a fuerza de engaño, provocación y violencia simbólica, decir la verdad se vuelve un acto político. Nombrar las consecuencias del ajuste, señalar a los responsables y disputar el sentido común no es una cuestión retórica: es una tarea urgente. Porque cuando la mentira se institucionaliza, la democracia se vacía, y el costo lo paga —otra vez— el pueblo argentino.

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Empleos: cómo la adaptación climática podría salvar 149 millones de puestos en países en desarrollo

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El Banco Mundial advierte, el cambio climático puede destruir 260 millones de empleos para 2050, pero la adaptación podría salvar más de la mitad

En un nuevo informe global, el Banco Mundial alertó que los impactos climáticos proyectados amenazan con provocar la pérdida del equivalente a 260 millones de empleos en países de ingresos bajos y medios hacia 2050. Sin embargo, las intervenciones de adaptación recomendadas en los Informes sobre Clima y Desarrollo (CCDR) podrían crear o proteger 149 millones de puestos de trabajo, revelando que la acción climática temprana y estratégica genera beneficios económicos, sociales y laborales inmediatos.

Los CCDR —que abarcan 93 economías, equivalentes al 64% de la población y al 77% del PIB de países de renta baja y media— se consolidan como uno de los diagnósticos más influyentes en la agenda global. El documento difundido ya supera las 836.000 descargas y fue citado en 12.500 artículos de prensa, con más de la mitad haciendo foco explícito en el vínculo entre transición climática y empleo.

Impacto económico y laboral: pérdidas del 1% al 20% del PIB y hasta 260 millones de empleos en riesgo

El informe advierte que, si las políticas actuales se mantienen, el cambio climático constituye una “amenaza macro crítica”. Para 2050, los países podrían enfrentar pérdidas del PIB de entre 1% y 20%, especialmente en economías más cálidas y de menores ingresos. P507074-d27cc7b7-42bb-478d-bfa6…

En materia laboral, el escenario es igual de severo: En 49 países evaluados en detalle, se proyecta una pérdida de 43 millones de empleos hacia 2050. Extrapolado al conjunto de países de ingresos bajos y medios, el impacto asciende al equivalente de 260 millones de empleos. Con políticas de adaptación, los CCDR estiman que podrían crearse o protegerse 25 millones de empleos en esas 49 naciones, y 149 millones a escala global.

El Banco Mundial concluye que las trayectorias climáticas sin acción correctiva exacerban desigualdades y profundizan la vulnerabilidad económica, afectando de forma desproporcionada a los países con menor margen fiscal y mayor exposición a shocks ambientales.

Adaptación: inversiones necesarias, retornos claros y beneficios laborales

Los informes muestran que la adaptación anticipada no solo reduce riesgos, sino que genera beneficios económicos a corto plazo. La adaptación recomendada por los CCDR reduce las pérdidas del PIB en un promedio de 4 puntos porcentuales, e incluso más de la mitad en algunos países. Las inversiones necesarias representan entre 0,7% y 7,1% del PIB, de las cuales la mitad debe provenir del sector privado. La pérdida global de bosques genera un costo de USD 379 mil millones por año al PIB agrícola. Las soluciones basadas en la naturaleza presentan retornos positivos, como la restauración de manglares con relación beneficio-costo de 4 a 5.

El Banco Mundial sostiene que la adaptación y el desarrollo resiliente abren oportunidades para expandir sectores intensivos en empleo —infraestructura sostenible, gestión del agua, restauración de ecosistemas— y, simultáneamente, reducir los costos macroeconómicos asociados al clima.

Desarrollo con bajas emisiones: impactos moderados, pero con fuertes diferencias sectoriales

Los CCDR también examinan los efectos laborales de las transiciones hacia economías de bajas emisiones.

En general: Para 2030, la mayoría de los países registraría cambios menores al ±2% en ingresos laborales. Sin embargo, los promedios nacionales ocultan efectos subnacionales y sectoriales mucho más intensos, tanto positivos como negativos. El impacto final depende del diseño de políticas públicas y de las medidas complementarias: reconversión laboral, movilidad, incentivos al sector privado y protección de poblaciones vulnerables. P507074-d27cc7b7-42bb-478d-bfa6…

El Banco Mundial subraya que las políticas climáticas no pueden considerarse aisladas: deben integrarse dentro de estrategias de desarrollo y empleo, ya que “los objetivos climáticos y de desarrollo necesitan lo mismo: una fuerza laboral capaz de adaptarse”.

Sin integración entre clima y desarrollo, los riesgos se multiplican

El informe resalta una conclusión central: integrar estrategias climáticas y de desarrollo es indispensable no solo para reducir riesgos, sino también para generar nuevas oportunidades de empleo, disminuir la pobreza y sostener el crecimiento económico.

Para los gobiernos, especialmente en América Latina, la ventana de oportunidad es estrecha: se requiere orientar el financiamiento, modernizar marcos laborales, reforzar la capacitación y acelerar alianzas público-privadas para que la transición climática se convierta en un motor —y no en un freno— para el desarrollo humano.

La adaptación climática podría salvar 149 millones de empleos by CristianMilciades

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Migración, inflación y tensión global: por qué las remesas ya no crecen en América Latina

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Las remesas hacia América Latina se desaceleran en 2025, el BID alerta por mayor incertidumbre y cambios en las rutas migratorias

En un contexto global de bajo crecimiento y tensiones geopolíticas, un nuevo informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que las remesas hacia América Latina y el Caribe muestran un menor dinamismo en 2025 y enfrentan riesgos crecientes vinculados al empleo migrante, la inflación y la volatilidad cambiaria. El organismo detalla que la región depende cada vez más de estos flujos para sostener el consumo, la estabilidad social y las cuentas externas.

Un crecimiento más lento de las remesas en un año signado por la incertidumbre

El documento del BID, “Las remesas a América Latina y el Caribe en 2025: Adaptaciones en un contexto de incertidumbre”, señala que las remesas continúan siendo una fuente crítica para los hogares de la región, pero en un marco global más desafiante. El reporte identifica que la migración laboral sostiene el flujo de envíos, aunque ahora opera bajo un escenario de menor dinamismo económico y mayor complejidad regulatoria en países emisores de remesas .

De acuerdo con el informe, la región enfrenta un “entorno incierto” donde se combinan cambios en las condiciones económicas de Estados Unidos y Europa, ajustes en los mercados laborales y factores que afectan directamente la capacidad de los migrantes para enviar dinero a sus países de origen. El BID detalla que estas transformaciones obligan a los hogares latinoamericanos a “adaptarse” a un ritmo menor de crecimiento de ingresos desde el exterior

Factores estructurales: empleo migrante, inflación y nuevas rutas de movilidad

El organismo regional identifica distintos elementos que presionan a la baja el crecimiento de remesas en 2025:

Condiciones laborales más estrictas para migrantes
Los cambios regulatorios y la moderación del empleo en sectores intensivos en mano de obra afectan la capacidad de ahorro de los migrantes. Según el reporte, el futuro de las remesas se vincula cada vez más a la evolución del mercado laboral en Estados Unidos y a la transición hacia empleos formales o semiformalizados en nuevos destinos migratorios .

Presiones inflacionarias en países emisores
La persistencia de niveles de inflación —aunque más moderados que en 2022— habilita menores márgenes para el envío de dinero respecto de años previos.

Reconfiguración de las rutas migratorias hacia la región
El BID detalla que los flujos migratorios se “han vuelto más complejos”, con nuevas rutas hacia Centroamérica, México y países sudamericanos. Esta diversificación aumenta la vulnerabilidad de los hogares receptores ante cambios regulatorios y laborales en diversos destinos simultáneos .

Consumo, pobreza y estabilidad externa

El reporte enfatiza que las remesas siguen siendo un pilar para la estabilidad económica en varios países: Sostienen el consumo interno, especialmente en hogares vulnerables. Contribuyen a reducir la pobreza y la desigualdad, a través de ingresos directos de fuente externa. Fortalecen las cuentas externas, al ingresar como divisas que compensan déficits comerciales en economías dependientes de importaciones.

La dependencia de estos flujos convierte a la región en altamente sensible a cualquier ajuste en mercados laborales, políticas migratorias o coyunturas económicas internacionales.

Resiliencia, pero menor dinamismo

El informe concluye que, aunque las remesas continúan mostrando resiliencia, la región enfrenta una “nueva normalidad” marcada por crecimientos más moderados. La transición postpandemia, la desaceleración global y la reconfiguración migratoria dejan a los países latinoamericanos ante la necesidad de diversificar fuentes de ingresos externos y fortalecer políticas de inclusión financiera para maximizar el impacto de cada dólar recibido.

Los analistas del BID subrayan que la región debe prepararse para “variaciones abruptas” en los flujos, especialmente en países altamente dependientes, y recomiendan mejorar los canales de transferencia, reducir costos y promover mayor digitalización para proteger el ingreso de millones de hogares.

Las Remesas a America Latina y El Caribe en 2025 by CristianMilciades

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La red de protección infantil sostiene a 7,4 millones de chicos, pero pierde fuerza frente a la inflación

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Argentina consolidó en los últimos quince años uno de los sistemas de protección social infantil más extensos de la región, basado en tres herramientas centrales: la Asignación Universal por Hijo (AUH), la Prestación Alimentar y el apoyo alimentario del Plan 1.000 Días. Sin embargo, el nuevo análisis de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) muestra que, aunque estas políticas siguen siendo determinantes para evitar un salto mayor en la pobreza y la indigencia, su capacidad de respuesta está cada vez más tensionada por la inflación, los cambios normativos y la inestabilidad económica.

La primera conclusión es estructural: mientras la pobreza y la indigencia alcanzaban niveles críticos entre 2023 y 2024, el Estado debió sostener un volumen cada vez mayor de transferencias. Hoy se registran más de 7,4 millones de prestaciones, frente a los 4,7 millones de 2009. La AUH y la AUE representan el núcleo más estable del sistema, con más de 4,3 millones de beneficios, mientras que la Prestación Alimentar y el apoyo alimentario del Plan 1.000 Días completan una red que creció en paralelo al deterioro social. No se trata de una ampliación impulsada por mejores condiciones económicas, sino por la necesidad de contener a una población más vulnerable.

En términos presupuestarios, estas políticas ocuparon un lugar cada vez más relevante. La inversión social en niñez y adolescencia volvió a estabilizarse en torno al 1% del PBI, un nivel similar al registrado durante la pandemia. La AUH recuperó participación en 2024 y 2025, tras años de caída; la Prestación Alimentar adquirió peso propio desde la pandemia y continúa siendo uno de los programas más masivos; y el Plan 1.000 Días, aunque de menor magnitud relativa, se multiplicó en valor y alcance.

La evolución del poder adquisitivo de estas prestaciones muestra un comportamiento desigual. La AUH, que había tocado su mínimo real a finales de 2023, logró una recuperación significativa a partir de un aumento extraordinario y del nuevo esquema de actualización mensual por inflación. Gracias a esa combinación, alcanzó uno de los valores reales más altos de su serie histórica.

La situación es muy distinta para la Prestación Alimentar. Al depender exclusivamente de aumentos discrecionales -y no de una fórmula automática de movilidad-, su valor real sufrió un deterioro persistente desde 2022. Cada incremento nominal se vio rápidamente erosionado por la inflación, lo que dejó a las familias con un nivel de protección alimentaria sensiblemente menor que en los años de mayor refuerzo estatal.

El apoyo alimentario del Plan 1.000 Días muestra un recorrido inverso. Tras funcionar durante su primera etapa como una prestación de muy bajo valor real, registró un salto abrupto en 2024, cuando un aumento del 500% redefinió su escala. Desde entonces, la indexación mensual permitió preservar ese nuevo nivel, transformándolo en un componente mucho más robusto del esquema de seguridad alimentaria en la primera infancia.

El impacto de estas prestaciones en el mapa social es contundente. Según las simulaciones de la OPC, sin AUH, Prestación Alimentar y Plan 1.000 Días, la indigencia sería 82% más alta. La incidencia sobre la pobreza también es significativa: estos programas evitan que más de 1,5 millones de personas caigan por debajo del umbral. En el caso específico de la indigencia, la red de protección estatal impide que 2,67 millones de personas -y más de 600 mil hogares– queden sin ingresos suficientes para cubrir siquiera la canasta básica alimentaria.

El informe concluye que, en su diseño actual, estas políticas funcionan como un “piso transicional” de ingresos más que como un mecanismo estructural de reducción de la pobreza. Su eficacia depende tanto de su capacidad de mantener el poder adquisitivo como de la evolución de la macroeconomía. Y allí reside el principal desafío: sin crecimiento y sin estabilidad, la expansión de la red asistencial seguirá siendo un reflejo de la emergencia social, no el resultado de una mejora sistémica.

En síntesis, la Argentina sostiene una red que evita un deterioro mucho más profundo, pero lo hace en un contexto donde la inflación y la fragilidad económica obligan a ajustes permanentes. La protección a la niñez —más numerosa dentro de los sectores pobres e indigentes— se mantiene como una prioridad ineludible, pero su futuro dependerá de si la política económica logra generar las condiciones para que este andamiaje se vuelva menos reactivo y más sostenible.

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¿Cuánto necesitó una familia para no ser pobre en octubre?

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Una familia tipo -compuesta por cuatro integrantes- necesitó la suma de $1.213.798,81 para para superar el umbral de pobreza en octubre, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).

Con respecto a septiembre, tanto la canasta básica alimentaria (CBA) como la total (CBT) subieron 3,1%.

De esta manera, ambas canastas quedaron por encima del dato de inflación del noveno mes del año, que fue del 2,3%.

Desde enero hasta octubre, la CBA y la CBT acumulan incrementos del 21,1% y 18,5%, respectivamente.

En comparación con el décimo mes del 2024, se registraron subas del 25,2% para la CBA y 23% para la CBT, según lo difundido por el organismo.

Las canastas de los hogares

Para un hogar compuesto por tres personas, la CBA ascendió a $433.330 y $966.325 para la CBT, totalizando $1.399.655. según supo Noticias Argentinas.

El número asciende cuando se trata de un hogar tipo$544.304 para la CBA y $1.213.799 para la CBT, totalizando $1.758.103 en octubre.

Mientras que para un hogar conformado por cinco personas se necesitó $1.849.137$572.488 de la CBA y $1.276.649 de la CBT.

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