precio de la yerba mate

Nación busca trasladar al Senasa controles que hoy ejerce el INYM

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La discusión sobre el futuro del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) ingresó este martes en una nueva etapa. Durante una reunión extraordinaria de su Directorio, funcionarios del Gobierno nacional plantearon una propuesta de ordenamiento normativo que contempla eliminar o modificar resoluciones propias del organismo y trasladar parte de sus facultades de fiscalización al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

La iniciativa fue presentada durante la visita a la sede del Instituto en Posadas por funcionarios de las áreas de Desregulación y Agricultura. Participaron el subsecretario de Reformas Estructurales, Eugenio Marí; la directora nacional de Planificación de Reformas Estructurales, Brenda Padilla Tanco; el subsecretario de Economías Regionales y de Pequeños y Medianos Productores, Martín Giaccio, y el jefe de Gabinete de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, Martín Fernández.

La propuesta todavía no constituye una decisión definitiva. Deberá ser analizada por el Directorio del INYM, que deberá evaluar el alcance de las modificaciones y su factibilidad. Pero el planteo introduce una discusión de fondo: qué capacidad específica conservará el Instituto para ordenar y controlar una economía regional que ya perdió buena parte de sus herramientas regulatorias.

Ricardo Maciel, representante de Misiones en el Directorio del INYM, explicó que los funcionarios nacionales llevaron una propuesta para “abrogar y ajustar” normas vinculadas con los controles propios del Instituto, con la posibilidad de que determinadas funciones sean ejercidas por el Senasa.

Para el representante misionero, el problema no está en modernizar procedimientos, sino en qué ocurre cuando la modernización supone retirar controles específicos de una cadena productiva compleja. “Quitar controles dentro del sistema de la actividad yerbatera genera mucha asimetría”, sostuvo, al advertir que una menor capacidad regulatoria puede ampliar el margen de negociación del actor con mayor poder dentro de la cadena.

El planteo adquiere mayor peso porque el INYM fue creado precisamente como organismo especializado para una actividad con características particulares. Desde la desregulación iniciada a fines de 2023, el Instituto perdió la facultad de intervenir en la determinación de precios y otras herramientas de ordenamiento productivo. La eventual transferencia de nuevas funciones al Senasa abriría otra instancia de reducción de sus competencias.

Del control en la cadena al control en góndola

Uno de los puntos que genera mayor preocupación es el cambio en la modalidad de fiscalización. Según explicó Maciel, la propuesta nacional apunta a concentrar determinados controles en el producto terminado, es decir, en el paquete de yerba mate que llega a la góndola, en lugar de sostener controles intermedios sobre las distintas etapas de la cadena.

El dirigente puso como ejemplo el control del porcentaje de palo. El límite establecido para la yerba mate elaborada continúa siendo del 35% y, según explicó, durante la reunión no se planteó modificar ese parámetro. La discusión está puesta en cómo se controla su cumplimiento, y no en eliminar ese límite.

Para Maciel, trasladar el control exclusivamente a la góndola puede resultar insuficiente. La actividad yerbatera requiere controles sobre distintas etapas, desde el ingreso de la materia prima hasta su elaboración, para garantizar que las condiciones establecidas por las normas se cumplan antes de que el producto llegue al consumidor.

El comunicado difundido por el INYM presentó la propuesta desde una perspectiva de modernización institucional. Entre los temas abordados figuraron la digitalización de expedientes mediante el sistema de Gestión Documental Electrónica, la posibilidad de un convenio con el Senasa para articular acciones de fiscalización, registro e inspección, y la modernización del esquema de estampillado mediante un sistema digital de identificación y trazabilidad.

También se analizó la elaboración de un compendio que reúna las normas dictadas por el Directorio para depurar, consolidar y simplificar el marco regulatorio vigente. Es decir, hay un componente genuino de modernización administrativa, pero el conflicto aparece cuando la simplificación normativa se cruza con la pregunta sobre quién conserva la capacidad efectiva de controlar la cadena.

El problema que Nación no tomó: el precio de la hoja verde

La reunión tuvo además otro dato político y económico relevante. Mientras los funcionarios nacionales discutían el rediseño institucional, los representantes del sector productivo plantearon la crisis de rentabilidad que atraviesan los productores de hoja verde.

Maciel señaló que tanto él como otros representantes del sector productivo expresaron la preocupación por los valores que recibe el productor. La respuesta oficial, según relató, fue que el precio de la hoja verde no sería abordado porque corresponde a una cuestión del sector privado.

Ahí aparece la principal tensión de la discusión. Para el productor, la modificación de las reglas de fiscalización ocurre sobre una cadena cuyo principal conflicto económico sigue siendo la distribución del ingreso entre sus distintos eslabones. Para la Nación, en cambio, el precio debe resolverse dentro de las relaciones privadas y el foco de la política pública está puesto en reducir regulaciones y burocracia.

Maciel resumió esa diferencia al señalar que “de nada sirve modificar normativa de un organismo sin considerar las situaciones que está pasando el productor”. La frase condensa el dilema que atraviesa actualmente al INYM: si ya no puede intervenir sobre el precio y pierde nuevas funciones de fiscalización, qué instrumento queda para equilibrar una cadena donde el poder de negociación no está distribuido de manera uniforme.

El argumento oficial apunta a evitar superposiciones y concentrar las funciones sanitarias y de inocuidad alimentaria en el Senasa. El argumento de los sectores que defienden la estructura actual es diferente: una economía regional requiere controles específicos y cercanos a su realidad productiva, además de las competencias sanitarias generales del organismo nacional.

Una discusión que excede al INYM

El propio Instituto comunicó que la reunión forma parte de un proceso de modernización que busca avanzar en digitalización, trazabilidad y simplificación. Esos objetivos no son necesariamente incompatibles con la existencia de controles. El punto de conflicto está en determinar si la tecnología permite hacerlos más eficientes o si la desregulación termina directamente eliminándolos.

La diferencia es sustancial. Digitalizar una fiscalización puede reducir costos y mejorar la trazabilidad sin eliminar la capacidad de control. Trasladar o suprimir competencias, en cambio, modifica quién define las reglas, quién las ejecuta y qué capacidad existe para detectar incumplimientos dentro de la cadena.

Maciel sostuvo que el análisis quedará ahora en manos del Directorio y de los distintos sectores que lo integran. La discusión deberá determinar no solamente qué normas pueden simplificarse, sino cuáles resultan necesarias para evitar que la libertad de mercado termine profundizando las asimetrías existentes.

La yerba mate enfrenta así una discusión institucional que se superpone con una crisis económica. El INYM ya dejó de tener la capacidad de fijar precios y fue objeto de sucesivas modificaciones en su estructura y competencias. Si además pierde parte de sus herramientas de fiscalización, el debate dejará de ser únicamente sobre eficiencia administrativa y pasará a definir qué tipo de organismo queda para representar, ordenar y controlar una de las principales economías regionales del NEA.

El Directorio tiene ahora la tarea de evaluar la propuesta nacional. En esa instancia se jugará algo más que el destino de determinadas resoluciones: se discutirá si la modernización del INYM puede convivir con una estructura de controles capaz de evitar que la simplificación regulatoria termine trasladando todavía más poder hacia los eslabones dominantes de la cadena.

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Yerba: cae la cosecha, crecen las exportaciones y el precio de la hoja sigue por debajo del costo

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Hay una contradicción cada vez más difícil de soslayar en el mercado yerbatero. La cosecha cae, hay menos hoja verde ingresando a los secaderos, las exportaciones crecen y, aun así, el precio que recibe el productor no reacciona en la misma dirección.

El contraste toca el corazón de la discusión abierta desde la desregulación de la actividad. El Gobierno nacional, con Federico Sturzenegger como uno de sus principales voceros sobre el tema, sostiene que el problema de precios responde fundamentalmente a un desequilibrio entre oferta y demanda generado por el crecimiento de la producción. Durante su paso por Puerto Iguazú, entrevistado por Economis, el ministro defendió la desregulación y puso el énfasis en ampliar las exportaciones como mecanismo para absorber la producción argentina.

La explicación encuentra respaldo cuando se mira el extraordinario salto productivo de 2024. Pero empieza a perder fuerza cuando se observa lo ocurrido después.

El nuevo informe sectorial del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado sobre estadísticas oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate, permite reconstruir esa secuencia que contradice las palabras del ministro.

En 2024 los secaderos procesaron 987,1 millones de kilos de hoja verde, la mayor cosecha de los últimos años. El volumen estuvo 19,7% por encima del promedio 2020-2023 y fue 27,4% superior al registrado en 2023. Pero el récord no se repitió.

Durante 2025 se procesaron 889,3 millones de kilos, una retracción interanual de 9,9%. Fueron casi 98 millones de kilos menos que el año anterior. CEPA atribuye la caída al impacto del “rulo” sobre las plantaciones, pero principalmente a la pérdida de rentabilidad del productor. 

En 2026 la tendencia se profundizó. Durante el primer semestre ingresaron a los secaderos 417,5 millones de kilos, 7,2% menos que en enero-junio de 2025 y nada menos que 25,9% por debajo del mismo período de 2024. El volumen también quedó 11% por debajo del promedio de los siete primeros semestres comprendidos entre 2019 y 2025.

Julio terminó de confirmar que no se trataba de una fluctuación puntual. Entre enero y julio de este año se procesaron 568,9 millones de kilos de hoja verde: 71,5 millones menos que en igual período de 2025, una caída interanual de 11,2% y la sexta peor marca de los últimos ocho años.

Sólo en julio ingresaron 151,3 millones de kilos, contra 190,5 millones un año antes: 20,6% menos. Es decir, lejos de revertirse, la contracción de la cosecha se hizo más intensa sobre el cierre de la zafra.

La secuencia es clara: 987,1 millones de kilos en 2024; 889,3 millones en 2025; y una nueva caída de dos dígitos en los primeros siete meses de 2026.

Esto no permite afirmar que hayan desaparecido los excedentes acumulados en la cadena. La cosecha récord de 2024 pudo generar stocks de yerba canchada y la expansión de las plantaciones durante los años anteriores elevó la capacidad productiva del sector.

Pero sí obliga a introducir una distinción decisiva: una cosa es discutir la expansión estructural de la oferta y los stocks acumulados; otra es explicar el precio actual exclusivamente por una cosecha excesiva cuando la cantidad de hoja que efectivamente está ingresando a los secaderos viene cayendo con fuerza.

La oferta cae mucho más que el consumo

La demanda doméstica tampoco muestra una contracción equivalente. En 2025 el consumo interno aumentó 3,1%, desde 258,8 hasta 266,8 millones de kilos. El dato siguió 6,5% por debajo de 2023, cuando se habían comercializado 285,4 millones, pero significó una recuperación respecto del golpe sufrido en 2024.

Durante el primer semestre de 2026 el mercado interno volvió a retroceder, aunque apenas 0,7%: pasó de 138,3 millones de kilos a 137,3 millones. Y junio dejó incluso un crecimiento interanual del consumo del 9,5%.

La comparación es reveladora. Mientras la cosecha cayó 7,2% durante el primer semestre, el consumo interno bajó sólo 0,7%. La oferta primaria se contrajo, por lo tanto, a un ritmo diez veces mayor que la demanda doméstica.

Eso nuevamente debilita una lectura lineal según la cual el valor de la materia prima continúa deprimido simplemente porque sobra hoja verde.

Hay otro elemento particularmente significativo frente al argumento oficial: las exportaciones efectivamente están aumentando.

En 2025 los envíos al exterior crecieron 32,4% y alcanzaron un récord. Durante el primer semestre de 2026 volvieron a expandirse: aumentaron 6,6% interanual y llegaron a 25,9 millones de kilos. Los principales destinos son Siria, Chile, España y Estados Unidos.

Hasta julio la tendencia continuó. Las exportaciones acumularon 32,1 millones de kilos, 4% más que un año antes y un nuevo récord histórico para ese período.

Es una variable central porque el crecimiento exportador es precisamente una de las soluciones planteadas por Sturzenegger ante el reclamo de los productores.

En su entrevista con Economis durante el Congreso del IAEF en Iguazú, el ministro puso el foco en llevar la yerba argentina al mundo y defendió la posibilidad de ampliar fuertemente la demanda externa.

Los números muestran que esa salida comenzó a materializarse. La Argentina cosecha menos y exporta más. Lo que todavía no aparece es el traslado de esa combinación hacia el precio de la materia prima.

CEPA incorpora, de todos modos, un matiz relevante. Los valores de exportación están más de 50 centavos de dólar por kilo por debajo de 2023, mientras aumentaron los costos medidos en dólares. Esa combinación limita la capacidad del negocio externo para traccionar mejores precios hacia el origen.

La apertura importadora constituye otra pieza de la discusión, pero tampoco explica por sí sola el comportamiento de la hoja verde. Las importaciones habían saltado desde 6,6 millones de kilos en 2023 hasta 11,9 millones en 2024. En 2025 fueron 11,3 millones.

Durante el primer semestre de este año, sin embargo, cayeron 30,1% interanual, desde 6,5 hasta 4,5 millones de kilos. Además, el 99,9% de lo importado corresponde a yerba mate molida, no a hoja verde: 65,8% proviene de Brasil y 34,2% de Paraguay.

En términos de magnitud, CEPA calcula que las importaciones equivalieron a apenas 3,3% de la producción molida nacional durante el primer semestre.

El comportamiento del precio de la hoja verde es todavía más llamativo cuando se reconstruye su recorrido.

En mayo de 2025 se llegó a pagar un máximo de $305 por kilo de hoja verde. El valor duró poco. Desde entonces comenzó a caer hasta tocar apenas $180 en diciembre, una reducción nominal del 41%. Durante 2026 hubo una recomposición parcial: $220 en marzo, $250 en abril y mayo y $280 en junio.

Aun así, el máximo de junio seguía 8,2% por debajo de mayo de 2025.

En el otro extremo de la cadena ocurrió algo diferente: el kilo de yerba en góndola rondaba en junio los $5.211, 17% más que en mayo del año anterior.

Sobre el cierre de la zafra, con menos hoja disponible, algunos secaderos comenzaron a ofrecer hasta $300 por kilo.

Los grandes molinos comenzaron a competir por adquirir hoja canchada de los secaderos ante la menor disponibilidad, aunque sin que esa competencia derivara en una mejora sustancial del valor de la materia prima. En algunos casos, el incentivo pasó por acortar plazos de pago en lugar de elevar el precio.

La escasez empezó a aparecer en el mercado físico antes que en el bolsillo del productor.

La distancia con los costos dimensiona la crisis. La actualización de la grilla del INYM utilizada por CEPA calcula en $473,70 el costo de producir un kilo de hoja verde, sin incluir impuestos ni rentabilidad.

De ese total, $201,21 corresponden a producción en planta y $245,48 a cosecha y transporte, según el informe. Contra un precio de $280, la diferencia alcanza $193,70 por kilo. En otras palabras, el valor debería aumentar 69,2% sobre esos $280 solamente para igualar el costo estimado, todavía sin incorporar impuestos ni una rentabilidad para el productor.

Incluso los $300 que algunos secaderos comenzaron a ofrecer hacia el final de la zafra representan apenas 63% del costo calculado por el INYM. Faltarían otros $173,70 por kilo simplemente para alcanzar ese umbral.

El problema no está únicamente en el valor absoluto. También cambió la distribución del precio dentro de la cadena. En diciembre de 2023 el kilo de hoja verde se pagaba $210 y el kilo de yerba en góndola costaba aproximadamente $2.794. Para junio de 2026 la hoja había subido a $280 y la góndola a $5.211.

Eso representa un incremento nominal de apenas 33,3% para la materia prima frente a 86,5% para el producto en góndola.

Cuando se ajusta ambos valores por inflación, la hoja verde perdió 60,2% en términos reales, mientras que el precio minorista también cayó, pero bastante menos: 44,3%.

El resultado aparece con nitidez en otro indicador. En junio, el productor captaba 16,1% del valor final de la yerba. Pero el promedio de enero-junio fue todavía menor: apenas 13,3%, el peor semestre desde 2019 en la relación entre el valor recibido por el productor y el precio de góndola. El ajuste fue considerablemente más profundo sobre la materia prima que sobre el producto final.

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Nuevo financiamiento para la yerba: productores podrán cobrar a 10 días y las industrias pagar a 180

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En medio de una de las crisis de precios más prolongadas de la actividad yerbatera, el Gobierno de Misiones puso en marcha una nueva herramienta financiera que busca atacar uno de los problemas que profundizan las dificultades de productores y pequeñas empresas: la demora entre la entrega de la yerba y el cobro efectivo de la venta.

El ministro de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán, firmó junto a Carlos Moyano, cofundador de Andescrowd, un convenio para implementar un mecanismo de custodia de facturas destinado específicamente a productores, operadores e industrias de la cadena de la yerba mate.

La herramienta introduce una diferencia sustancial respecto de las operaciones tradicionales: quien venda cumpliendo con los precios mínimos de referencia podrá cobrar el importe neto de la factura a los diez días, mientras que la empresa compradora tendrá hasta 180 días para cancelar la operación mediante un único pago al vencimiento, bajo la modalidad conocida como bullet.

La Provincia, por su parte, bonificará el 50% del costo financiero de la operatoria.

“Junto a Carlos Moyano, cofundador de Andescrowd, firmamos un convenio para que los productores e industrias del sector yerbatero accedan a un esquema de financiamiento ágil, transparente y con respaldo provincial”, explicó Safrán.

Cobrar rápido sin ahogar financieramente a la industria

El diseño de la herramienta intenta resolver las dos puntas de un mismo problema. Por un lado, darle liquidez inmediata al productor o pequeña empresa que necesita disponer del dinero para sostener la cosecha, pagar salarios, combustible, insumos y demás costos operativos. Por otro, evitar que esa aceleración de los pagos implique trasladar toda la presión financiera a las industrias compradoras.

Hasta ahora, una parte de los productores que necesitaba transformar rápidamente una venta a plazo en efectivo debía recurrir al descuento de cheques u otros mecanismos financieros. En esos casos, el costo de adelantar el dinero terminaba reduciendo el precio efectivamente percibido por la materia prima.

Con el nuevo esquema, el productor podrá recibir el 100% neto correspondiente a la operación a los diez días de emitida la factura, mientras el comprador conserva un horizonte financiero de seis meses.

“El objetivo de esta herramienta es reforzar el acompañamiento a la cadena yerbatera generando liquidez inmediata para los pequeños y medianos productores sin comprometer la capacidad operativa de los compradores”, señaló Safrán.

El precio de referencia, la condición clave

El mecanismo incorpora además una condición especialmente relevante en el actual escenario yerbatero: para acceder al financiamiento, la operación deberá realizarse respetando los precios mínimos de referencia.

De esta manera, el incentivo financiero también funciona como una herramienta para promover operaciones a valores de referencia dentro de la provincia.

El esquema adquiere particular importancia después de la desregulación del mercado yerbatero y la eliminación de las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate para establecer precios obligatorios para la hoja verde y la yerba canchada.

En ese contexto, Misiones viene buscando mecanismos propios para sostener el precio recibido por los productores y amortiguar los problemas financieros de una cadena en la que conviven miles de pequeños productores con secaderos, cooperativas, molinos e industrias de distinta escala.

Cómo funcionará el nuevo financiamiento

El circuito previsto contempla cuatro puntos centrales:

  • Cobro a diez días: productores y operadores que vendan respetando el precio mínimo de referencia podrán recibir el 100% neto de la factura a los diez días de su emisión.
  • Financiamiento para el comprador: la industria o empresa adquirente podrá cancelar la operación a los 180 días mediante un único pago.
  • Bonificación provincial: el Gobierno de Misiones absorberá el 50% del costo financiero de la operación.
  • Custodia de facturas: Andescrowd administrará el mecanismo que respalda y estructura financieramente las operaciones.

La iniciativa fue gestionada conjuntamente por el Ministerio de Hacienda, el Ministerio del Agro y la Producción y funcionarios provinciales vinculados a la problemática yerbatera.

El punto central del programa es que la necesidad de financiamiento deje de recaer exclusivamente sobre el eslabón más débil de la cadena. El productor obtiene efectivo prácticamente al contado, la industria conserva plazo para comercializar y generar los recursos necesarios para cancelar la compra y el Estado provincial absorbe parte del costo que permite conectar ambos extremos.

En una actividad atravesada por la caída de los precios de la materia prima y las dificultades financieras, Misiones apuesta así a utilizar el crédito como instrumento para ordenar las operaciones: liquidez inmediata para quien produce, plazo para quien compra y un incentivo económico para que la yerba se comercialice a los valores de referencia.

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Productores impulsan “yerbatazos” para sostener precios y financiar la cosecha en plena crisis del sector

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El sector yerbatero volvió a exhibir señales de tensión económica con la realización de un nuevo “yerbatazo” en el centro de Paraná, Entre Ríos, donde cooperativas de Misiones comercializaron yerba mate a precios promocionales para reunir fondos destinados a la cosecha. La iniciativa, que ya tuvo experiencias previas en Buenos Aires, se presenta como una respuesta directa a la falta de financiamiento y a los bajos valores que perciben los productores.

La jornada, desarrollada el viernes 10 de abril, permitió vender packs de tres kilos de yerba agroecológica con dos años de estacionamiento natural a $10.000. Según lo expresado por los organizadores, el objetivo central fue obtener recursos para cubrir costos inmediatos como fletes, pago de cosecha y mejorar el ingreso de tareferos y productores.

Crisis de precios y falta de financiamiento

El trasfondo del “yerbatazo” es un escenario de restricción económica para los pequeños productores. De acuerdo con lo manifestado por referentes del sector, la imposibilidad de acceder a crédito y la falta de liquidez obligan a buscar mecanismos alternativos de comercialización.

El presidente de la cooperativa Misionera El Colono (que produce la yerba Grapia Milenaria), Carlos Bietchteler señaló que los costos operativos deben afrontarse al contado, mientras que las herramientas financieras tradicionales no están disponibles o resultan inaccesibles. En ese marco, la venta directa al consumidor aparece como una estrategia para generar ingresos inmediatos y sostener la actividad.

Venta directa como herramienta de supervivencia

El esquema implementado rompe con el circuito comercial tradicional. En lugar de depender de intermediarios o mercados concentrados, los productores trasladan el producto a centros urbanos para venderlo de forma directa.

La lógica es doble: por un lado, ofrecer un precio competitivo al consumidor; por otro, captar el total del ingreso para financiar la cadena productiva. Según lo informado, los fondos recaudados se destinan a garantizar la compra de hoja verde y mejorar las condiciones de pago dentro de la cadena yerbatera.

Además, la experiencia incluye un componente de promoción del producto misionero en nuevos mercados, ampliando visibilidad y potencial demanda.

Productores buscan autonomía frente a un esquema tensionado

La aparición de estos mecanismos expone un reordenamiento en la dinámica del sector. Los pequeños productores, tradicionalmente en una posición más débil dentro de la cadena de valor, buscan generar canales propios de comercialización para reducir su dependencia.

Al mismo tiempo, la necesidad de recurrir a estas acciones evidencia límites en las políticas de financiamiento y en la capacidad del sistema para sostener precios que permitan cubrir costos.

La participación y el respaldo logístico de autoridades locales en Paraná también reflejan un componente político: las economías regionales logran instalar su problemática fuera del territorio de origen y generar apoyos en otras jurisdicciones.

Impacto económico: liquidez inmediata, pero escala limitada

Desde el punto de vista económico, el “yerbatazo” permite generar liquidez en el corto plazo, clave para iniciar o sostener la cosecha. También mejora el flujo de ingresos hacia los eslabones más débiles, como los tareferos.

Sin embargo, se trata de una herramienta de escala acotada frente a un problema estructural de precios y financiamiento. Su impacto depende de la capacidad de replicación en otras ciudades y del volumen de ventas alcanzado.

Misiones exporta su crisis al resto del país

La iniciativa traslada la problemática yerbatera de Misiones a centros urbanos de otras provincias, ampliando visibilidad. En este caso, la experiencia en Entre Ríos se suma a antecedentes en Buenos Aires, con la intención explícita de replicar el modelo en más ciudades.

Referentes del sector plantean que este tipo de acciones podría extenderse a otras urbes, incluso dentro de Misiones, como una forma de sostener la actividad en el corto plazo.

Entre la autogestión y la necesidad de soluciones estructurales

El avance de los “yerbatazos” abre un interrogante sobre su continuidad y alcance. Por un lado, muestran capacidad organizativa y adaptación del sector. Por otro, dejan planteada la necesidad de soluciones estructurales para el financiamiento y la formación de precios.

Las variables a observar pasan por la replicación de estas experiencias, el volumen de recursos que logren movilizar y la evolución de las condiciones económicas que afectan al sector yerbatero.

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Campo Grande: Sartori reconoció que el municipio asiste a más de 1.400 tareferos por la crisis yerbatera

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Yerba mate en crisis: Sartori advirtió que más de 1.400 tareferos de Campo Grande dependen de la asistencia municipal

El intendente de Campo Grande, Carlos Sartori, alertó sobre la crítica situación económica y social que atraviesan los productores y tareferos de yerba mate. Señaló que el municipio asiste de manera continua a más de 1.400 trabajadores, en un contexto de reclamos por la regulación del precio de la materia prima.

Una crisis que golpea al corazón yerbatero

En diálogo con productores de la zona centro, Sartori reconoció que la problemática de la yerba mate se ha convertido en una preocupación común para todos los intendentes de la región, quienes acompañan las demandas del sector.

“El reclamo es que el gobierno escuche y acompañe esta necesidad tan importante para toda la zona”, expresó, al subrayar que la regulación del precio de la hoja verde resulta fundamental para sostener el entramado productivo y social.

Según datos aportados por el jefe comunal, en Campo Grande hay entre 1.400 y 1.457 personas dedicadas directamente a la cosecha de la yerba mate, sin contar a pequeños productores con parcelas que también sufren la falta de rentabilidad. “Nosotros venimos asistiendo de forma continua desde la municipalidad, con apoyo de la provincia, porque esta situación se vuelve cada vez más compleja”, advirtió.

Impacto social y presión sobre los municipios

El intendente destacó que la caída en los ingresos de los productores y tareferos no solo afecta al sector, sino también a toda la economía local. “La comunidad se ve perjudicada en lo económico, por eso la asistencia en forma continua por parte de los equipos sociales municipales se vuelve imprescindible”, explicó.

Sartori reconoció que la capacidad de asistencia del municipio tiene un límite, ya que se destina a cubrir necesidades básicas como la alimentación de familias enteras. “Estamos trabajando para sostener el sustento de estas familias, pero no estamos logrando cubrir todo, la situación es muy compleja”, remarcó.

Reclamo político y expectativas

La regulación del precio de la yerba mate aparece como el punto central del reclamo de los productores y cosecheros. Para Sartori, la intervención del gobierno nacional es clave para garantizar la rentabilidad del sector y evitar un colapso social en las localidades yerbateras.

“Esta no es una preocupación aislada de un intendente: es un tema que atraviesa a todos en la zona centro, porque la yerba mate es nuestra principal fuente de empleo y sustento”, concluyó el mandatario municipal, quien insistió en la necesidad de medidas urgentes para evitar que la crisis se profundice.

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