Precio hoja verde

Las Tunas busca sostener a 380 el kilo de hoja verde pese a la crisis del sector yerbatero

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La cooperativa yerbatera Las Tunas queda en el centro de una discusión que atraviesa a toda la cadena: cómo sostener el precio al productor en un mercado que empuja hacia abajo.

En ese marco, su gerente, José Luis “Joselo” Semienchuk, planteó en una entrevista con Economis una decisión que no es menor: intentar mantener los $380 por kilo de hoja verde en el inicio de la cosecha, aun cuando el resto del mercado paga menos.

El dato, más que técnico, es político dentro del sector: ¿puede una cooperativa sostener un precio de referencia sin quedar fuera de competencia?

Sostener el precio en un mercado que presiona a la baja

La definición surge de una reunión interna reciente del consejo de la cooperativa. Allí, según explicó Semienchuk, no hubo una resolución cerrada, pero sí una tensión clara: mantener los $380 aunque eso implica perder competitividad en góndola.

“El problema es que nosotros estamos pagando trescientos ochenta y casi nadie en la provincia ni en el país está pagando ese precio. Entonces se nos complica con el producto final”, advirtió. La ecuación es directa: materia prima cara, paquete que no se puede encarecer y consumidores que migran al precio más bajo.

Ese desfasaje, explicó, se agrava en un contexto donde “todos los otros insumos están subiendo”, desde energía hasta combustible, mientras la hoja verde se abarata a modo de fusible. El resultado es un sistema invertido donde el productor cobra menos y la estructura de costos sube.

Cooperativismo en tensión: entre el socio y el mercado

El planteo abre una discusión más profunda sobre el rol de las cooperativas en el esquema actual. Semienchuk fue explícito: “La cooperativa es del socio, él es el que tiene que poner el precio”, pero al mismo tiempo reconoció que muchas entidades no sostienen valores altos.

“Allí está la contradicción: hablamos de fijar referencia, pero terminamos tirando el precio para abajo”, señaló. Reconoció que otras cooperativas pagaron la cosecha anterior $380 la hoja verde a sus socios, pero ahora bajaron el precio y se han observado ofertas de $230 a 240 por kilo, cuando los costos de producción han subido.

La situación no es menor. En su diagnóstico, si las cooperativas actuaran coordinadamente podrían establecer un piso distinto. Sin embargo, describió un escenario fragmentado donde incluso entidades venden materia prima a grandes actores, debilitando la lógica cooperativa.

Costos, sobreoferta y una economía que no cierra

El trasfondo es productivo, pero también estructural. Semienchuk confirmó la existencia de sobreoferta: “Hay yerba suficiente”, afirmó, tanto en planta como en stock, lo que presiona aún más los precios.

En paralelo, la alternativa de vender yerba canchada tampoco resulta viable. Según explicó, con una hoja verde a $380, el valor lógico de la canchada debería ser de $1.440, pero el mercado ofrece apenas $800. “Si salimos a vender a ese precio, fundimos la cooperativa”, sintetizó.

Esa distorsión empuja a sostener la molienda propia como única vía para acercarse al costo real, aunque sin margen suficiente.

Competencia externa y cambio de paradigma

Otro eje que introduce tensión es la competencia con productos importados o adaptados a otros mercados. Semienchuk cuestionó que yerbas de estilo uruguayo o brasileño se vendan a valores superiores, mientras la producción local pierde precio.

Pero el punto más relevante es estratégico: la dificultad para insertar el producto en el mundo bajo el formato tradicional. “El mate no siempre entra en otros países”, reconoció, y valoró los intentos de exportar en otros formatos, como bebidas, alimentos o incluso como infusión o mate cocido. Destacó el paso que dio la cooperativa de Dos de Mayo llevando yerba para infusión a China y dijo que es un inicio para ingresar al mercado y que a largo plazo podríamos pensar en llevar el mate

En esa línea, dejó una definición que interpela al sector: “Muchas veces queremos imponer el mate, pero el mercado internacional no consume así”. El productor es consiente que podemos vender más yerba al extranjero, pero hay que abrir el juego a otras presentaciones que sean pensadas en la demanda de los nuevos consumidores y no solo en el mate tradicional.

Escala, estructura y límites del modelo

Las limitaciones también son internas. La cooperativa trabaja con pequeños productores —unos 84 socios, de los cuales cerca de 40 son activos— y un volumen que ronda entre 1,3 y 1,4 millones de kilos anuales. Esa escala condiciona cualquier estrategia.

“No tenemos espalda para comprar más hoja verde”, explicó, y anticipó una decisión defensiva: sostener el precio actual, pero sin incorporar nuevos proveedores. “Vamos a mantenernos con lo que estamos”, dijo.

Un equilibrio inestable

La posición de Las Tunas expone una tensión que excede a una sola cooperativa. Sostener precios más altos protege al productor, pero puede dejar fuera del mercado. Bajar precios permite competir, pero deteriora la base productiva.

En el medio, el sistema yerbatero enfrenta una discusión que aún no encuentra síntesis: cómo equilibrar mercado, rentabilidad y sostenibilidad en un contexto donde la oferta sobra, los costos suben y las reglas no parecen alinearse.

El inicio de la cosecha será el primer test. Y también un indicador de hasta dónde el sector puede sostener sus propias referencias sin romper su equilibrio interno.

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Yerba mate: el Gobierno analiza financiamiento y cambios de fondo para recomponer la cadena

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Apenas unas horas después de que Omar Kassab sacudiera el mercado con la promesa de pagar 350 pesos por kilo de hoja verde, el Gobierno provincial recibió a referentes de cooperativas de Andresito para analizar la situación del mercado y evaluar posibles medidas para mejorar el valor de la materia prima y la sustentabilidad de la cadena. Los productores pidieron repetir el esquema de financiamiento que se utilizó el año pasado para evitar descuentos de cheques a largo plazo y cobrar al valor nominal. El planteo será analizado, según confiaron en el Gobierno. Pero además, apareció una propuesta alternativa que implicaría una revalorización de la yerba mate, a través de una distinción entre el producto “puro” y el compuesto. Para eso, se trabajará en una modificación del Código Alimentario Argentino y también en normativas provinciales. 

En un contexto de fuerte tensión en la cadena yerbatera, productores, cooperativas, molinos y funcionarios del Gobierno de Misiones mantuvieron una reunión clave en el ministerio de Hacienda para analizar la situación de precios de la hoja verde y delinear herramientas que permitan mejorar el valor de la materia prima. Del encuentro participaron el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, el jefe de Gabinete, Carlos Sartori, y el ministro del Agro, Facundo Sartori, junto a referentes del sector productivo, entre los que estaban Mauricio Bogado, Juan Carlos Amann, Sergio Freiberger y Hugo Krawzuk por la Cooperativa Andresito; Iván Rafael Zagurak y Cristian Freiberger por la Cooperativa Verde; Mariela Pettersson en representación de la Cooperativa Unión; y Carlos Bruera, de Bruera Hermanos, además del intendente Bruno Beck, entre otros. 

El eje del encuentro fue la necesidad de recuperar rentabilidad en la actividad, en un escenario atravesado por la desregulación del mercado y la ausencia de precios oficiales fijados por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).

Uno de los planteos principales de los productores fue la necesidad de herramientas financieras que permitan sostener la cosecha sin convalidar precios bajos. En ese sentido, Safrán explicó que el sector productivo solicitó avanzar en mecanismos de descuento de cheques y facturas, tanto con entidades bancarias como no bancarias, con el objetivo de generar liquidez en plena zafra.

“Pidieron volver a la operatoria de descuento de cheques y agregar el descuento de facturas, para dar liquidez a la cosecha pero con precios mínimos de referencia”, señaló el ministro.

La propuesta busca recrear esquemas utilizados en otros momentos del sector, donde el acceso al financiamiento estaba atado al cumplimiento de determinados valores de compra de la hoja verde, evitando así la presión a la baja sobre los precios.

El “efecto Kassab”

En paralelo, el mercado comenzó a mostrar señales de reacción tras el anuncio del empresario Omar Kassab, quien comunicó la decisión de pagar $350 por kilo de hoja verde.

Según Safrán, la medida tuvo un impacto inmediato: “El comunicado de Omar Kassab de salir a comprar a $350 revolucionó el mercado. Ya hay secaderos y molinos que están reformulando sus precios hacia arriba desde ayer”.

Este movimiento aparece como un punto de inflexión en el inicio de la zafra, marcando una referencia que podría empujar al alza al resto de los actores industriales.

Otro de los ejes estratégicos abordados fue la elaboración de un proyecto para modificar el Código Alimentario Argentino, con el objetivo de diferenciar claramente la yerba mate pura de la denominada “yerba mate compuesta”.

“La idea es que la yerba mate compuesta no se llame yerba mate, tenga otra denominación, porque tiene 80% de otros productos y solo 20% de yerba”, explicó el jefe de Gabinete, Carlos Sartori.

Sartori remarcó la necesidad de avanzar en esta diferenciación normativa: “Trabajar en una ley que distinga la yerba mate de la yerba compuesta, que tiene apenas un 20% de materia prima y el resto son derivados”.

Sin embargo, el jefe de Gabinete introdujo una aclaración clave sobre la viabilidad del proceso: “Habría que trabajar con una ley nacional y una ley provincial, obviamente, pero en principio estaríamos trabajando con el Ministerio de Salud en todas las cuestiones relacionadas en el área de sanidad y salud, y desde ahí avanzar en la norma”.

El planteo abre una doble vía: por un lado, una estrategia legislativa de mayor alcance, y por otro, un abordaje inicial desde lo sanitario y regulatorio que permita avanzar más rápidamente en la diferenciación del producto.

Desde el sector productivo destacaron el valor del encuentro, no solo por los temas abordados sino por la confluencia de actores que históricamente no venían trabajando en conjunto.

Mauricio Bogado, uno de los organizadores, subrayó que “fue una reunión muy fructífera, donde se unificó el pensamiento de los distintos sectores cooperativos, privados y molinos”.

Entre los puntos destacados, mencionó:

  • La necesidad de financiar cheques diferidos con tasas subsidiadas
  • La construcción de un precio de referencia para la hoja verde
  • El acceso a líneas de crédito para mejoras productivas y energéticas, como la incorporación de paneles solares
  • La articulación con el Consejo Federal de Inversiones (CFI) para potenciar inversiones y abrir nuevos mercados

Además, se valoró especialmente el hecho de haber logrado reunir a todos los sectores de Andresito, en un contexto previo de fragmentación interna.

Durante la reunión también se presentaron herramientas para reducir costos estructurales. Entre ellas, líneas de financiamiento vinculadas a la denominada “línea verde” del CFI, que permiten invertir en eficiencia energética.

Según detalló Sartori, estas iniciativas apuntan a disminuir el costo de producción mediante la incorporación de tecnologías como paneles solares, un factor clave para mejorar la competitividad del sector.

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La FARM respalda con matices al precio de referencia para la yerba mate

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La discusión por la implementación de un precio de referencia para la hoja verde de yerba mate suma apoyos, pero también diferencias de enfoque dentro de la cadena productiva. La Federación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones (FARM) expresó su acompañamiento a la iniciativa impulsada desde el Gobierno provincial y el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), aunque planteó la necesidad de incorporar herramientas que aporten mayor transparencia al mercado.

Desde la entidad, el dirigente Darío Bruera confirmó que el sector ve con buenos ojos la creación de un esquema orientativo de precios, pero con una lógica distinta a la propuesta oficial. “Se está hablando de hacer una pizarra de precios, nosotros acompañamos esa moción. Esta iniciativa salió del seno del directorio del INYM y nosotros acompañamos”, explicó.

Sin embargo, la FARM considera que ese mecanismo debería ir más allá de un valor promedio y transformarse en un sistema dinámico de información. La propuesta apunta a que exista un “tablero” que permita conocer en tiempo real cuánto está pagando la industria en cada zona productiva, de modo que el productor pueda tomar decisiones comerciales con mayor libertad.

“Esa pizarra se haría con los valores que surjan de las operaciones de las distintas zonas. No es que fijamos nosotros. Es publicar los valores que ponen las empresas en diferentes zonas. Entonces el productor cuando va a vender sabe que “acá está tanto y allá está tanto”. Los valores de referencia no son fijados arbitrariamente, sino que son los valores que se toman del mercado”, precisó Bruera en diálogo con Economis. 

No es la misma posición que tiene el Gobierno, que ya discutió el tema con la industria y sugirió adaptar un tablero de control de la propia industria y trabajar con un precio de referencia. 

La postura de la FARM introduce un matiz clave respecto de la visión del Gobierno de Misiones y de parte del directorio del INYM. Según explicó Ricardo Maciel, representante de la provincia en el organismo, la intención oficial es avanzar en la definición de un precio promedio de referencia basado en los costos de producción.

“Está muy bueno poder, junto con el precio referencial, saber qué industria se aproxima a ese valor”, planteó Maciel, al destacar la importancia de transparentar las diferencias territoriales en los precios efectivamente pagados.

“La idea es tener un precio de referencia promedio para toda la zona y, a partir de allí, hacer un seguimiento para ver qué se está pagando en cada región y si está cerca o lejos de ese valor”, señaló.

En este esquema, el precio no sería obligatorio, sino una guía para ordenar el mercado y aportar previsibilidad. La herramienta buscaría evitar distorsiones, mejorar la transparencia y ofrecer una referencia clara tanto para productores como para industriales.

No obstante, dentro del propio INYM existen resistencias. Según trascendió, tanto el presidente del organismo como sectores de la industria plantearon objeciones, incluso con la elaboración de un dictamen jurídico que cuestionaría la viabilidad del mecanismo.

A pesar de ello, desde el sector que impulsa la iniciativa remarcan que se trata de un precio “no vinculante”, lo que habilitaría su implementación como herramienta informativa y sin contradecir el DNU presidencial, que suprimió la posibilidad de fijar un precio. Ahora sería una sugerencia no vinculante. 

“Es un precio referencial a partir de un costo estimado, y a partir de allí cada uno toma el valor que surja”, explicaron.

El eje de la discusión, entonces, no pasa por la necesidad de ordenar el mercado -consenso que parece generalizado-, incluso por sectores afines a la desregulación, sino por el instrumento a utilizar.

Mientras el Gobierno y parte del INYM apuntan a un valor promedio que sirva como referencia general, la FARM propone un sistema de monitoreo territorial que exponga el comportamiento real de la industria.

La definición de este esquema será clave en un contexto de alta tensión en la cadena yerbatera, donde los precios de la materia prima, la rentabilidad del productor y la capacidad de pago de la industria siguen siendo variables en disputa.

Hoy, los valores que comienzan a circular -entre $210 y $240 por kilo de hoja verde, según condiciones de pago- no logran conformar a nadie. “Esos 240 pesos nos quedan caros a la industria para pagar y al productor tampoco le sirve. Es malo para toda la cadena”, sintetizó el dueño de una de las principales yerbateras. La frase resume con crudeza el momento: no hay precio de equilibrio.

El contraste con años recientes evidencia un deterioro progresivo. En abril de 2024, en el primer ciclo sin precio sostén del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), tras la desregulación que impuso el presidente Javier Milei, el mercado operó con referencias de entre $290 y $370 por kilo, aunque con fuerte tensión frente a productores que reclamaban cifras mucho más altas. En 2025, los valores se estabilizaron en torno a los $300, todavía lejos de las expectativas del sector primario. En comparación con 2024, los valores ofrecidos ahora son 35 por ciento más bajos, mientras que la inflación fue de 270 por ciento desde que asumió Milei.

La discusión continuará en el directorio del INYM la semana próxima, donde se buscará avanzar -o no- en un consenso que permita implementar algún tipo de referencia que ordene el mercado sin generar nuevas distorsiones.

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El acopio yerbatero comienza con precios más bajos que hace dos años y menos demanda industrial

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La zafra gruesa de yerba mate en Misiones vuelve a arrancar con señales de alarma. Este año, incluso antes de comenzar formalmente, el proceso ya muestra signos de parálisis: varias de las principales industrias del sector anticiparon que no iniciarán el acopio en abril, en un escenario atravesado por la falta de precios de referencia y condiciones productivas que aún no acompañan.

La Cooperativa Flor de Jardín, de Jardín América, puso sobre la mesa una grilla de precios que refleja la dispersión actual del mercado: ofrece $240 por kilo de hoja verde con pago a 120 días, una alternativa mixta de $230 (con $100 al contado y el saldo diferido a 120 días) y un valor de $210 totalmente al contado. La propuesta, además, contempla descuentos adicionales -como costos de cosecha y eventuales penalizaciones por falta de certificaciones-, lo que en la práctica reduce aún más el ingreso efectivo del productor y profundiza las dificultades para alcanzar un precio de equilibrio en la cadena.

El comunicado de la Flor de Jardín refleja ese intento de ordenar un mercado que, en la práctica, funciona sin brújula. Allí se fijan valores escalonados según modalidad de pago, pero que no logran traducirse en acuerdos generalizados. La consecuencia es directa: la zafra no arranca o lo hace a cuentagotas.

“Yerba con mucha semilla aún, por lo que con seguridad no vamos a iniciar el acopio antes del 15 de abril”, explicó un ejecutivo del sector, dejando en claro que el retraso no responde únicamente a una cuestión económica, sino también agronómica. Sin embargo, el trasfondo del problema es otro: la dificultad para encontrar un precio que cierre en toda la cadena.

Hoy, los valores que comienzan a circular -entre $210 y $240 por kilo de hoja verde, según condiciones de pago- no logran conformar a nadie. “Esos 240 pesos nos quedan caros a la industria para pagar y al productor tampoco le sirve. Es malo para toda la cadena”, sintetizó el dueño de una de las principales yerbateras. La frase resume con crudeza el momento: no hay precio de equilibrio.

El contraste con años recientes evidencia un deterioro progresivo. En abril de 2024, en el primer ciclo sin precio sostén del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), tras la desregulación que impuso el presidente Javier Milei, el mercado operó con referencias de entre $290 y $370 por kilo, aunque con fuerte tensión frente a productores que reclamaban cifras mucho más altas. En 2025, los valores se estabilizaron en torno a los $300, todavía lejos de las expectativas del sector primario. En comparación con 2024, los valores ofrecidos ahora son 35 por ciento más bajos, mientras que la inflación fue de 270 por ciento desde que asumió Milei.

Ahora, en 2026, no solo hay una baja nominal de precios -que en términos reales es aún más profunda- sino también una novedad más preocupante: parte de la industria directamente decide no comprar.

Ese freno tiene implicancias inmediatas. Para los productores, significa postergar ingresos en un contexto de costos crecientes. Para los tareferos, implica un retraso en el inicio del empleo estacional. Para la industria, suma incertidumbre en la planificación productiva. Y para el mercado en general, abre interrogantes sobre el abastecimiento y la evolución de los precios en los próximos meses.

El punto de fondo sigue siendo la desregulación del sector. Sin un precio de referencia oficial, el sistema quedó librado a negociaciones directas entre actores con distinto poder de mercado. En ese marco, la falta de acuerdos en un momento clave como el inicio de la zafra expone las tensiones de un modelo que todavía no logra encontrar un nuevo equilibrio.

Así, la cosecha 2026 de yerba mate no solo empieza más tarde: arranca con un nivel de incertidumbre que atraviesa a toda la cadena y que vuelve a poner en debate la sostenibilidad del esquema actual.

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Industria y Gobierno de Misiones abren diálogo por el precio de la yerba, pero aún sin acuerdo

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En medio de la fuerte preocupación por los bajos precios de la materia prima, el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones reunió este martes a representantes de las principales industrias yerbateras de la región para analizar la situación del sector y discutir la posibilidad de establecer un precio de referencia para la hoja verde y la yerba canchada. La industria expuso la imposibilidad de establecer un precio uniforme y contrastó las demandas productivas con su propia realidad: aumento de costos operativos, escasa rentabilidad y un endeudamiento que comienza a encender luces de alarma. 

Del encuentro participaron empresas y entidades clave de toda la cadena productiva,la Cámara de Molineros, FedeCoop, además de representantes de la industria correntina, en una convocatoria que desde el Gobierno provincial consideraron significativa por la presencia de todos los actores invitados.

Aunque no se alcanzó un acuerdo concreto, el encuentro dejó un dato político y sectorial relevante: la industria aceptó sentarse a discutir la situación del mercado en un momento marcado por la desregulación del sector y la caída del precio que reciben los productores.

Desde el Ministerio del Agro se planteó ante las empresas la preocupación creciente por los valores que paga el mercado por la materia prima y la necesidad de establecer un piso de referencia que permita ordenar la cadena.

“Detrás del precio que paga el mercado hay actores que pagan menos. Y quienes pagaban mejor terminan bajando para competir, generando una carrera hacia abajo”, explicaron durante la reunión.

Según se expuso, cuando el precio deja de ser la única variable competitiva, aparecen riesgos de competencia desleal vinculados a la calidad del producto, una situación que la cadena ya atravesó en otros momentos.

Desde el sector industrial se planteó que uno de los problemas centrales es la sobreoferta de materia prima, producto -según indicaron- de varios años con precios altos que incentivaron la plantación de nuevos yerbales.

También señalaron dificultades para el acceso al crédito y cuestionamientos vinculados a la presión impositiva, aunque al mismo tiempo reconocieron la importancia de las líneas de financiamiento impulsadas por el gobierno provincial. El otro dato saliente es que la industria también planteó que atraviesa su propia crisis, por aumento de costos operativos y un virtual congelamiento de precios, con la yerba en góndola aumentando por debajo de la inflación. El argumento se basa en números concretos: en conjunto, las principales industrias yerbateras deben a los bancos 230 mil millones de pesos, el equivalente al 83 por ciento de la canchada en stock. 

En el debate también surgieron referencias a los costos de producción, con estimaciones que ubican los valores mínimos entre 330 y 350 pesos por kilo de hoja verde, incluyendo una rentabilidad mínima para el productor.

Sin embargo, ante la propuesta de crear una “pizarra” o valor de referencia, las empresas evitaron pronunciarse sobre cifras concretas.

El principal argumento fue que se trata de un mercado privado en el que cada empresa tiene estructuras de costos diferentes, por lo que consideran difícil establecer un valor único.

Precio de referencia y financiamiento

Desde el Gobierno provincial insistieron en que contar con un valor orientativo podría ayudar a ordenar el mercado y a sostener el sistema productivo frente a las distorsiones actuales.

Además, señalaron que un precio de referencia permitiría mejorar las condiciones de financiamiento del sector, ya que hoy las empresas enfrentan dificultades para obtener crédito mediante warrants debido a la ausencia de valores de mercado claros para la yerba mate.

En ese marco también se mencionó la implementación de herramientas de monitoreo y trazabilidad como el CeTYM, impulsado tras la desregulación del sector, con el objetivo de seguir la evolución de la cadena yerbatera.

Calidad: una preocupación compartida

Uno de los pocos puntos de consenso fue la preocupación por la calidad del producto, un aspecto que, según coincidieron los participantes, puede afectar a toda la cadena si se deteriora.

Durante el encuentro se advirtió que la presión competitiva en los precios podría terminar afectando estándares de calidad y, en consecuencia, poner en riesgo el posicionamiento de la yerba mate en los mercados.

A pesar de la falta de acuerdos concretos, desde el Ministerio del Agro valoraron la reunión como un primer paso para reconstruir el diálogo entre los distintos actores del sector.

“La tarea ahora es sostener una agenda de trabajo permanente”, señalaron autoridades del ministerio del Agro. 

El hecho de que todas las empresas invitadas -incluidas las correntinas- hayan participado fue interpretado como un gesto de apertura en un momento crítico para la cadena yerbatera, que se prepara para el inicio de una nueva zafra en medio de tensiones por los precios y la regulación del mercado.

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