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Bolsonaro promulga la privatización de la gigante Eletrobras y anula protección social a despedidos

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, promulgó hoy la ley que privatiza la estatal Eletrobras, la mayor empresa eléctrica de América Latina, con algunos vetos que permiten eliminar una protección social por un año para los trabajadores que sean despedidos, que había sido aprobada por el Congreso.

La sanción de la ley fue publicada en el Diario Oficial de la Unión y los 14 vetos aplicados por Bolsonaro configuran un mensaje hacia el mercado financiero, que reclamaba por una mayor reducción de exigencias a los futuros nuevos accionistas de Eletrobras.

Entidades de consumidores consideran que el costo de la energía eléctrica será un 15% mas caro que el actual con la privatización, a raíz de que el oficialismo en el Congreso, con ayuda de liberales derechistas opositores, han retirado medidas de control de impacto de precios.

El Gobierno, en cambio, indica que la tarifa se puede reducir en hasta 7,36%, aunque la privatización ocurre en un duro momento de la energía hidroeléctrica de Brasil, su principal fuente, a raíz de la peor sequía de los últimos 91 años en las cuencas del sur y sudeste del país, incluida la del Río Paraná.

La ley determina que la privatización será por venta de acciones de la empresa, que tiene capital abierto y cotiza en la Bolsa de San Pablo, aún siendo estatal: el plan es que Eletrobras deje de tener el 60% del paquete accionario y lo reduzca al 45%.

Bolsonaro, con la promulgación de la ley, retiró toda la cobertura social por despidos que generará la privatización que había articulado el Congreso, incluso su base oficialista, en un contundente mensaje al mercado financiero en medio de la peor popularidad de su mandato y con proyecciones de no ser reelecto el año que viene frente a expresidente Lula da Silva.

El presidente prohibió que los futuros despedidos puedan adquirir acciones de la empresa con descuento como parte de su indemnización y también eliminó la cláusula que permitía que los futuros despedidos pudieran ser empleados por otras empresas u órganos del sector público vinculado a la energía por “aumentar costos”.

El primer intento de privatización de Eletrobras había sido entre 2016 y 2018 durante la gestión de Michel Temer, cuya agenda de venta del patrimonio público se profundizó con la llegada de Bolsonaro con su ministro de Economía, Paulo Guedes, un ultraliberal de la escuela de Economía de la Universidad de Chicago que reivindica a Ronald Reagan, Margareth Thatcher y Augusto Pinochet, para quien trabajó en Chile en los años ochenta.

También Bolsonaro vetó que el Senado deba evaluar a los directores del Operador Nacional del Sistema Eléctrico, el responsable por la coordinación de toda la red de generación y transmisión del país.

La venta de Eletrobras se concreta mediante paquete accionario, como ocurrió también con la gigante de las estaciones de servicios de la petrolera Petrobras, llamada BR Distribuidora, hoy en manos de fondos de inversión que poseen la mayoría accionaria.

El Gobierno planea que el Congreso apruebe a fin de año la venta de la estatal Correios, la empresa de logística más grande de América Latina, fundada hace más de tres siglos por el Reino de Portugal, mediante una subasta, en un negocio en el que oficialmente los funcionarios admiten interés de la multinacional argentina Mercado Libre y la estadounidense Amazon, además de los players locales brasileños.

La presidenta del opositor Partido de los Trabajadores, Gleisi Hoffmann, había dicho que en caso de que gane las elecciones de 2022 el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva se iban a revisar medidas como la venta de las empresas públicas.

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La riqueza misionera: el agua operando en el mercado de futuros de EE.UU. y la perspectiva regional

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Cuando en diciembre pasado (07/12/2020) se confirmó que en California, Estados Unidos el agua pasó a cotizar en el mercado de futuros, realizamos un análisis en Economis, contrastando la política misionera, y la regional sobre tan preciado recurso natural.

Ahora recuperamos ese análisis y lo ampliamos con más datos a la fecha:

Lo que en Misiones comenzó a plantearse como debate necesario hace más de seis años, cuando el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira propuso reconocer el valor económico del agua, se transformó en una realidad financiera global: el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas de Estados Unidos, debido a la escasez de este bien, cuyo precio fluctuará ahora como lo hacen el petróleo, el oro o el trigo, informó el Chicago Mercantile Exchange Group.

El proceso de privatización del agua comenzó hace más de 40 años en Chile, con el dictador Augusto Pinochet, quien lisa y llanamente privatizó el agua y plasmó esa decisión en la Constitución de 1980. Le siguió con la premier británica conservadora Margaret Thatcher, quien privatizó la distribución del fluido y plantó la semilla de los sistemas de concesiones que aplicaron los Gobiernos neoliberales que, Consenso de Washington mediante, se hicieron fuertes en Latinoamérica en los ’90.

Las cotizaciones reflejarán las variaciones del índice Nasdaq Veles California Water Index, con la sigla NQH2O, y se basa en un indicador de precios de los futuros del agua en California que hoy cotizaba a unos 486,53 dólares por acre-pie, una medida de volumen utilizada normalmente en Estados Unidos equivalente a 1.233 metros cúbicos, lo que representa 1.233.000 litros de agua.

Ese valor podrá ser utilizado como referencia en el mundo aunque estos contratos no requieren entrega física de agua y son puramente financieros, basados en el precio semanal promediado entre las cinco principales cuencas de California hasta 2022.

Misiones desde hace varios años le puso valor al agua y considera al líquido vital como un commodity -una materia prima como el petróleo- que debe ser incorporado como costo para las empresas.

De hecho, las principales firmas que operan en la tierra colorada, desde industrias celulósicas, yerbateras, tealeras, hoteles, comenzaron a pagar por el uso del agua. Concretamente,  todo aquel que hace un uso comercial del agua debe pagar por ella. 

Hoy  esta política cobra aún más relevancia en el actual contexto de sequías e incendios. Otro dato relevante es que en Misiones  es el Estado el que regula el uso y el valor, no el mercado.

Hasta ahora se acordó el pago con más de 250 empresas misioneras, aunque se calcula que hay muchos más puntos de captación.

La ley I Nº 149 (antes 4519) fue la que asignó a Aguas Misioneras S.E el aprovechamiento lucrativo de las aguas de dominio provincial, comprendiendo a las aguas superficiales, subterráneas y del Sistema Acuífero Guaraní dentro del territorio misionero.

Además Aguas Misioneras S.E tiene asignada la comercialización de las aguas provinciales y, por ello, todas aquellas actividades que directa o indirectamente usufructúan el recurso hídrico con fines económicos directos o indirectos (entiéndase toma directa de agua de río, arroyos o perforaciones; no se incluye al agua de red)deben, a partir de ello, empezar a pagar por su uso.

Pagar por el agua es también una forma de cuidar y concientizar para el uso racional de un recurso que no solo no es infinito sino que cada vez va a faltar más en la Argentina y el mundo. Incluso la provincia de Misiones, en algunas regiones, tiene importantes problemas hídricos.

El precio de Estados Unidos

Por caso, el precio del agua en California se duplicó en el último año, según este indicador, y con la mayor escasez de este bien, la llegada al mercado de materias primas permitirá una mejor gestión del riesgo futuro, de acuerdo con los expertos. Agricultores, fondos o municipios podrán protegerse o especular ante los cambios en el precio del agua.

Según CME Group, los nuevos contratos permitirán una mejor gestión del riesgo asociado a la escasez del agua y al mismo tiempo realizar una mejor correlación entre oferta y demanda en los mercados.

El índice del agua en el mercado de futuros de Wall Street, que comenzó a cotizar el 7 de diciembre pasado, se constituye con el promedio de cinco mercados de California y les permite fijar un precio para los próximos dos meses y una proyección para los próximos ocho trimestres, explicó a la cadena de noticias CNN el economista Alvaro Pereyra, CEO de la operadora bursátil Passfolio, con sede en Nueva York. “Por lo tanto, tenemos el precio indicativo de lo que va a valer el acre por pie de agua (1.233.581,8 litros) para fines de 2022, que rondará los 520 dólares”, agregó Pereyra.

Aunque el índice está basado en los precios de las principales cuencas fluviales de California, donde la escasez del agua aumentó, este valor podrá ser usado como referente para el resto del mundo en los mercados del agua.

El nuevo índice permitirá no tener que recurrir a una estimación “a ojo” del precio futuro del agua, sino a cuáles son las expectativas de los principales actores de este mercado.

China y Estados Unidos son los principales consumidores del mundo de agua y, según Naciones Unidas, 2.000 millones de personas viven en países con graves problemas de acceso al agua, mientras que en los próximos años, dos tercios del planeta podrían experimentar escasez de agua y millones de personas podrían verse desplazadas.

La explotación excesiva de este recurso por el sector primario, la industria y el consumo humano, así como el cambio climático, llevaron a que este recurso sea cada vez más escaso.

Héctor Rubini, investigador de la Universidad del Salvador, estimó en declaraciones a CNN Radio que “progresivamente el agua comenzará a cotizar en otros mercados mundiales, porque se trata de un recurso cada vez más escaso, y estimó que esta situación se dará “en las próximas tres o cuatro décadas”.

En la misma línea, Federico Di Yenno, operador bursátil especializado en commodities, dijo a Télam que “es factible que dentro de algunos años, bastantes, en áreas donde haya escasez de agua veamos que se cotice en otro mercado de futuro”. Agregó que “así como se ha avanzado en un mercado futuro en un índice para la soja sudamericana, eso podría ocurrir con el agua en algún momento. Brasil y Chile, por ejemplo, lo podrían tener, sobre todo Chile, que tiene un mercado fuerte”.

Pero la perspectiva económica que habilita la mercantilización de un recurso humano tiene otras lecturas y consecuencias.

Para el español Pedro Arrojo-Agudo, Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y el saneamiento de las Naciones Unidas, “no se puede poner un valor al agua, como se hace con otros productos básicos comercializados, porque el agua es un bien público y está vinculada a la salud”. Además indicó que “el agua ya está fuertemente amenazada por la población mundial creciente y la contaminación grave de la agricultura y la industria minera, como para que ahora sea un ítem más del mercado”.

Arrojo-Agudo anticipó a Télam que prepara un informe sobre este tema para la próxima Asamblea General de la ONU, en octubre de este año, “porque un mercado de futuro de este tipo también podría atraer a especuladores como fondos de cobertura y bancos a apostar por estos precios, repitiendo la burbuja especulativa del mercado de alimentos de 2008”.

Gustavo Villa Uria, ingeniero en recursos hídricos y subsecretario de Obras Hidráulicas de la Nación, señaló en diálogo con Télam que en América Latina “está bastante firme la posición de que el agua es un bien público y que no es sujeto de apropiación”.

El funcionario admitió que “algunos sectores muy de derecha en la Argentina creen que el agua es pasible de enajenación”, pero destacó que el “marco normativo (del país) es muy claro, muy contundente, en el sentido de que el agua es un bien público, inajenable, imprescriptible y que no hay forma de que ese bien pase a ser privado sin modificar la Constitución y el Código Civil”.

Pero esa apropiación del agua “se puede conseguir generando organismos hídricos sin capacidad de control, porque si no hay capacidad de control, aunque el bien sea público, se lo apropia el más fuerte”. Es ahí dónde el Estado tiene que estar presente “con capacidad de medir, regular, controlar y garantizar que el agua sea repartida en forma equitativa y razonable”, agregó Villa Uria.

Los avances privatistas sobre el agua tuvieron una serie de hitos que se encadenaron en los últimos 30 años del Siglo XX.

En la década de los ’70 Augusto Pinochet dejó la economía chilena en manos de economistas alineados con la Escuela de Chicago, que primero privatizaron las tierras y luego el agua, y consagraron esa decisión en la Constitución de 1980, que sigue vigente. “En Chile la empresas que producen el aguacate (palta), en la provincia de Petoca, compran grandes cantidades de agua para sus cultivos y las poblaciones cercanas sufren un feroz racionamiento”, señaló a Télam Rodrígo Mundaca, vocero nacional del Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio Ambiente (Modatima).

La propiedad del agua y sus consecuencias para la población, agregó Mundaca, “es uno de los tres o cuatro temas más controvertidos en las discusiones para la reforma de la Constitución” que está en marcha en Chile.

A principios de los 80s, la primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990) dio un paso más e, impedida de privatizar el agua, lo hizo con las redes de distribución, dando paso a un nuevo modelo de aplicación de políticas liberales que luego se replicaron en varios países de América Latina.

El Consenso de Washington fue un acuerdo firmado en 1989 -durante la Presidencia de George Bush padre- para aplicar una paquete de reformas estandarizadas y tuteladas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en los países en desarrollo abrumados por sus crisis económicas.

Ese proceso en la Argentina tuvo su cenit durante el Gobierno de Carlos Menem (1989-1999), pero tuvo expresiones de distinto tenor en toda la región, que en la mayoría de los casos siguen con modelos de concesiones instalados y vigentes.

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Bolsonaro quiere privatizar las Cataratas

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La lista incluye algunas de las mayores atracciones, como las Cataratas del Iguazú. El ministerio de Medio Ambiente creará también un órgano para negociar o cancelar multas ambientales.
La Tercera – En enero, a pocos días de asumir como ministro de Medio Ambiente del gobierno de Jair Bolsonaro, Ricardo Salles visitó Paraná para participar de las celebraciones por los 80 años del Parque Nacional de Iguazú. En esa oportunidad, defendió las sociedades público-privadas en la gestión de este tipo de parques y dijo que este modelo debía ser extendido por todo Brasil.
A poco más de dos meses de esa visita, Salles ya comienza a ver materializado su deseo. El miércoles, a la salida de una audiencia en el Senado, el ministro dijo que el gobierno pretende comenzar a privatizar este año la administración de sus parques nacionales, incluidos algunos de sus sitios turísticos naturales más famosos.
Citado por Reuters, Salles aseguró que el programa para concretar la privatización va a comenzar “definitivamente este año”. “Veremos cuánto podemos hacer. Se está haciendo el esfuerzo de hacer lo máximo posible sin perturbar un proceso que se basa tanto en un modelo económico como en una sustentabilidad bien ejecutada”, comentó.
Este programa prevé la privatización de la gestión de territorios demarcados como “unidades de conservación”, que son generalmente administrados por el Instituto para la Biodiversidad Chico Mendes. La agencia tiene el nombre del defensor de la selva tropical amazónica que fue asesinado por su trabajo. A principios de año, Salles se refirió a Mendes como una figura “irrelevante”.
Salles incluyó a las Cataratas del Iguazú, una de las más grandes del mundo que se extienden a lo largo de la frontera con Argentina, como uno de los muchos parques nacionales famosos de todo el país que podrían ser administrados por el sector privado. El ministro también citó como objetivos potenciales para la administración privada a la isla Fernando de Noronha, un destino exclusivo para quienes practican buceo, así como a los parques nacionales Pau Brasil, Chapada dos Veadeiros e Itatiaia.
Ya a fines de febrero, en alusión a la inminente entrega del parque nacional Pau Brasil a manos privadas, Renato Cunha, coordinador del Grupo Ambientalista de Bahía, reconocía al sitio Brasil de Fato que las comunidades locales, organizaciones sociales y movimientos populares estaban preocupados con las concesiones y temían la pérdida de transparencia y control social de la reserva con su privatización.
Las mismas reservas sobre el proyecto del gobierno manifiesta André Lima, abogado brasileño especialista en temas ambientales y coordinador del programa de deforestación de Marina Silva en la época que fue ministra de Medio Ambiente de Lula. “Uno de los riesgos es que no se respeten las reglas básicas de los parques, que no haya estudios que califiquen la capacidad de soporte del parque para actividades y que la cosa crezca más de lo que se debe, que de aquí a poco se quiera levantar casinos dentro de un parque nacional”, comentó a La Tercera.
Y es que activistas y ambientalistas han manifestado su temor a que Bolsonaro y Salles quieran suprimir las restricciones a la construcción en zonas protegidas, favoreciendo el desarrollo económico a corto plazo a costa del medio ambiente.
Durante la campaña electoral, Bolsonaro también criticó la aplicación de multas por infracciones relacionadas con el medio ambiente. Al respecto, Salles dijo que su ministerio está trabajando para crear un nuevo organismo que tendrá como objetivo autorizar, modificar o cancelar multas, así como llegar a acuerdos con quienes confiesen infracciones ambientales. Según el ministro, el actual sistema, aplicado por la agencia Ibama, no resulta en un cobro efectivo de todas las multas.
 

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Participación público privada cuatriplicaría la inversión

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La Participación Público Privada es una moderna herramienta de gestión pública muy utilizada en los países desarrollados y en varios de América Latina. En la Argentina no se utilizó aún cuando su potencial es enorme. A partir del próximo año empezará a concretarse pero para que brinde buenos resultados es fundamental profesionalizar los organismos públicos de contrataciones, transparencia y una estrategia que evite la concentración de proyectos en Buenos Aires.
A través del esquema de Participación Público Privada (PPP) se establece una articulación del Estado con el sector privado diferente a los métodos de contratación tradicionales. El Estado no contrata la ejecución de una obra sino la provisión de un servicio. Es decir, fija un objetivo y le da libertad al privado para que desarrolle el diseño del proyecto, el mecanismo de financiamiento, los métodos de ejecución y la forma de operar el servicio. El esquema busca inducir la innovación para un mejor diseño, ejecución y administración de los proyectos y un mayor compromiso del privado con los resultados.

Las PPP tienen una institucionalidad muy desarrollada en los países avanzados. Allí se ejecutan contratos de largo plazo en proyectos muy variados que van desde obras viales a la construcción y mantenimiento de hospitales, cárceles y escuelas. En la región vienen siendo muy utilizados desde hace un par de décadas por Chile, Perú, Colombia, México y Brasil. Recientemente Uruguay los ha comenzado a usar en desarrollos para el servicio penitenciario, escuelas y hospitales.

En la Argentina recién se sancionó la Ley regulando las PPP el año pasado y se prevé comenzar a utilizarlas a partir del 2018. Según el proyecto de ley de Presupuesto, entre los años 2018 y 2020 se ejecutarán con PPP las siguientes inversiones:

  • En construcción de autopistas y mejoras en vías de transporte se invertirán unos U$S 50 mil millones.
  • En obras para energía y manejo del agua se invertirán unos U$S 30 mil millones.
  • En viviendas, hospitales y cárceles se invertirán unos U$S 17 mil millones.
Estos datos señalan que, en los próximos 3 años, se planea hacer inversiones con mecanismos de PPP por un total de U$S 97 mil millones. Suponiendo que las inversiones se realizan a razón de U$S 32 mil millones por año, tomando como referencia que las inversiones por el mecanismo tradicional de contratación están presupuestadas en el orden de los U$S12 mil millones para el año 2018, esto implica que a través de la PPP se estaría esperando cuadriplicar la inversión en infraestructura. Concretar esta aspiración es un desafío estratégico. En primer lugar, porque es una forma rápida de reducir los déficits de infraestructura. En segundo, porque su versatilidad permite innovar en soluciones sociales como viviendas, hospitales, escuelas y áreas complejas como la gestión de cárceles.   

Las PPP potencialmente tienen varias ventajas. Para la situación que atraviesa la Argentina una muy atractiva es que libera recursos del Estado. El privado es el responsable de financiar la inversión inicial y el Estado asume el compromiso de pagar un canon cuando comienza la provisión del servicio. Además en algunos proyectos existe la posibilidad de que los particulares aporten al financiamiento a través del pago por el uso del servicio. Por ejemplo, una ruta donde el privado recupera la inversión y los costos de mantenimiento a través de peaje y un canon del Estado. Aunque discutible, el compromiso del canon no se registra como deuda pública. Otro punto interesante es que el privado es inducido a optar por la mejor calidad en la inversión. Por ejemplo, al construir una ruta tendrá especialmente en cuenta que a su cargo estarán los costos de mantenimiento.

Su principal desventaja es que son instrumentos sofisticados, muy demandantes de calidad institucional y profesionalidad de los funcionarios del Estado. Hay estudios en el Reino Unido que señalan que la falta de conocimiento de los funcionarios públicos de ese país hizo fracasar los primeros contratos de PPP. La experiencia demostró que es crucial desarrollar capacidades técnicas y sentido de la ética en el sector público para diseñar correctamente los contratos, medir con precisión los resultados y establecer el canon en función de ellos.

La compleja institucionalidad que demandan las PPP lleva a alertar sobre otro riesgo específico en la Argentina que es la profundización de las asimetrías regionales. El plan de inversiones previsto para las PPP muestra un claro sesgo en favor de Buenos Aires. Sería muy importante rever este aspecto a través de una estrategia donde el Estado nacional promueva el uso del instrumento y el desarrollo de institucionalidad y transparencia para que las provincias jueguen un rol activo sumando inversiones con PPP.educación, seguridad, urbanismo y vivienda) y el establecimiento de una contribución especial a favor de las provincias mas postergadas condicionada a un plan de desarrollo y un plazo determinado.

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Macri defendió la privatización del satélite Arsat y el acuerdo con la estadounidense Hughes

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El presidente, Mauricio Macri, defendió el acuerdo entre Arsat y la firma estadounidense Hughes para construir el satélite Arsat 3 al decir que permitirá “potenciar la capacidad tecnológica del país y en particular de la empresa Invap”.

En una entrevista que concedió a Radio Seis de Bariloche, el jefe de Estado sostuvo que, al asumir la Presidencia, el gobierno nacional encontró “serios problemas de comercialización” para los dos primeros satélites de la serie.

Agregó que “esta es una alianza estratégica, basada en nuestra capacidad tecnológica”, en la que el país “buscó un socio que potenciará la capacidad de Invap, porque va a ser la que provea el Arsat 3. Esta es una inserción inteligente de Argentina en el mundo”.

“Les digo a los muchachos de Invap que no se preocupen, van a seguir trabajando, y estamos buscando cómo potenciar mejor su trabajo”, afirmó, y en referencia al acuerdo advirtió que “esto recién comienza”. “Es el principio de una carta de intención para avanzar. La investigación y el desarrollo, aislados del mundo, no pueden avanzar”, señaló.

Arsat, empresa estatal de soluciones satelitales, afirmó el último lunes que la carta de intención firmada con Hughes el 29 de junio no implica “bajo ningún motivo ni circunstancia la privatización” de la compañía “ni de ninguno de sus activos”, y que busca la creación de la compañía Newco.

Indicó que esta nueva empresa incorporará inversión externa y privada a las misiones satelitales nacionales, que “no pueden seguir financiándose en un 100% con los impuestos de los argentinos”.

Al respecto, Macri recordó que antes “Invap no conseguía financiamiento” y en las licitaciones “quedaba afuera de la cancha”, y que en cambio ahora “se puede acceder a buen financiamiento. Ahora el mundo nos visita y nos dice ´queremos trabajar con ustedes´´”.

El Presidente elogió a Arsat, que “ha llevado fibra óptica a los lugares más alejados del país. Eso es trascendental, porque si hoy no estás conectado en forma virtual no hay forma de desarrollarse. Tenemos que potenciar todo lo que hay para que se genere más trabajo”.

Según reveló C5N en un informe el pasado domingo, el Gobierno privatizará de manera ilegal la mayor parte de Arsat en beneficio de la empresa estadounidense Hughes. También se le cambiará el nombre a la compañía por Newco y cederá el espacio orbital que le corresponde al país.

La oposición encendió las alarmas ante la posible privatización, exige que el acuerdo entre Arsat y Hughes sea debatido en el Congreso por tratarse de un “tema estratégico que hace a la soberanía”. El precandidato a senador por 1País Sergio Massa, acusó al gobierno por tener “una mirada muy laxa sobre el Estado”. “Este acuerdo debe pasar por el Congreso y desde nuestro bloque no vamos a apoyarlo”, adelantó en diálogo con Radio 10. 

En la víspera, los precandidatos por Unidad Ciudadana Jorge Taiana y Daniel Scioli habían cuestionado la posibilidad de una privatización del satélite e instaron al Congreso a “impedirlo” antes del 31 de agosto, cuando se realizaría el lanzamiento.

En declaraciones a Radio 10, el excanciller sostuvo que las telecomunicaciones “tienen que ver con la soberanía” y remarcó que “estos satélites implican negocios, una tecnología que está en manos de muy pocos países”. Por su parte, el exgobernador bonaerense advirtió que si se privatiza el satélite el gobierno de Mauricio Macri “tira por la borda” un “logro” de la “ciencia y la tecnología argentina”.

La carta de intención que reveló el canal de noticias se firmó el 29 de junio por Rodrigo De Loredo, director de Arsat y yerno de Oscar Aguad (extitular de Comunicaciones y actual ministro de Defensa), con la empresa Hughes. De este modo, la norteamericana se quedaría con al menos el 51% del Arsat 3. Pero la venta es ilegal porque va en contra de la ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital aprobada en 2015.

En su artículo 8, la legislación establece que no se pueden ceder los derechos del nuevo satélite y que, de operar modificaciones en el esquema propuesto por el kirchnerismo, deben ser aprobados por el Congreso, según el artículo 10.

Mientras que para la producción de los anteriores ARSAT se usó al menos un 30% de elaboración argentina, para el nuevo satélite se comprará tecnología a Estados Unidos, donde también se arbitrará en caso de litigio, como en el caso de los fondos buitre. La firma beneficiada por la compra de herramental, según dicta la carta de intención firmada hace dos semanas, es la norteamericana Thales Alenia Space, según indicó el informe.

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