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Guiño del Kremlin a posible anexión de provincia ucraniana conquistada durante invasión

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El vocero del presidente ruso, Vladimir Putin, dijo hoy que la provincia ucraniana de Jerson tiene derecho a independizarse, luego de que la autoridad instalada en esa región conquistada por el Ejército ruso anunciara que pedirá al mandatario que la anexione.

“Los habitantes de la provincia de Jerson deben ser los que determinen su propio futuro”, dijo en rueda de prensa Dmitri Peskov, vocero del Kremlin y de Putin, al ser preguntado sobe la intención de solicitud al presidente.

Consultado sobre si Rusia se anexionaría la provincia, Peskov remarcó que este asunto tiene que ser evaluado exhaustivamente por los juristas y citó el caso de la península ucraniana de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014 luego de dos referéndums.

“Decisiones cruciales de este tipo deben tener un cimiento legal absolutamente claro y fundamentos legítimos, como en el caso de Crimea”, recalcó, informó la agencia de noticias Sputnik.

Más temprano, la autoridad instalada por Rusia en la provincia de Jerson, la única de Ucrania controlada de forma total por el Ejército ruso, dijo que pedirá a Putin que la anexione a Rusia.

“Habrá una solicitud (a Putin) para hacer que la región de Jerson sea sujeto pleno de la Federación rusa”, aseguró Kirrill Stremuosv, informó la agencia de noticias AFP.

Agregó que las autoridades prorrusas de Jerson, que a principios de mes introdujeron en ella el rublo, la moneda rusa, están negociando la apertura de un banco ruso, cuyas filiales podrían abrir en la región a fines de mes.

Stremusov fue nombrado jefe adjunto de la administración cívico militar de Jerson luego de que tropas rusas conquistaran la provincia durante la invasión a Ucrania lanzada en febrero.

Putin ordenó el asalto contra el país vecino al que acusa de oprimir y masacrar a ucranianos de lengua, cultura o ascendencia rusa.

El mandatario ruso había asegurado no querer ocupar territorios ucranianos.

La provincia de Jerson, ubicada a orillas del mar Negro y justo al norte de la península de Crimea, anexada por Rusia en 2014, es vital para el abastecimiento de agua de ese territorio.

Su conquista, un verdadero éxito militar para Moscú desde el inicio de su campaña, también permite constituir un puente terrestre que une Crimea, la provincia separatista prorrusa de Donetsk y el territorio ruso, hacia el este. 

Su captura podría también permitir a Moscú lanzarse al asalto del gran puerto de Odesa, en el suroeste de Ucrania, algo que hasta el momento no ha conseguido.

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Rusia desmiente una posible declaración de guerra formal a Ucrania el 9 de mayo

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El Gobierno ruso calificó hoy de “tontería” informes de algunos medios sobre una posible declaración formal de guerra a Ucrania por parte de Rusia el próximo lunes 9 de mayo, día en que el país celebra la victoria soviética frente a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial con un mítico desfile militar en las calles de Moscú.

En una conferencia de prensa, el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, tildó dichas informaciones de “falsas” y “sin sentido” y rechazó además que Rusia vaya a anunciar una movilización general en esa simbólica fecha para sumar más efectivos a la ofensiva militar en Ucrania, según reportó la agencia de noticias rusa Interfax.

Citando declaraciones de funcionarios británicos y estadounidenses, diversos medios occidentales habían informado en los últimos días que el presidente ruso, Vladimir Putin, podría pasar de una “operación militar especial” -denominación con la que lanzó la ofensiva iniciada el pasado 24 de febrero en Ucrania- a una guerra total, lo que le permitiría introducir la ley marcial y movilizar a los reservistas.

El llamado Día de la Victoria del 9 de mayo es una de las festividades más importantes en Rusia, que es conmemorada con una serie de actos que incluyen un desfile militar en la Plaza Roja en presencia de Putin.

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El shock del gas ruso

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Gran parte del mundo se ha impactado con las imágenes de la guerra en Ucrania, que tiene como protagonistas al ejército ruso de Vladimir Putin y la resistencia con apoyo occidental del país dirigido por Volodimir Zelenski. Desde que se consumó esa “operación militar especial”, como lo catalogó el Kremlin, un sinfín de aristas comenzaron a tomar sentido teórico, pero también práctico acerca de las consecuencias del conflicto bélico.

Más allá de esas cuestiones, el mundo sigue, las personas consumen y siguen inmersas en la cotidianidad. Aunque en ese último punto se cae en cuenta de los problemas de esta guerra. Pasando por encima de lo obvio, que es la pérdida humana, la economía se resiente día tras día mientras la contienda ruso – ucraniana se desarrolla.

A raíz de esto, los europeos se vieron inmersos en una situación de difícil dimensión para el nivel de consumo del viejo continente. Europa que, a fuerza de colonialismo y capitalismo salvaje, siempre supo tener bajo su manga el as de la estabilidad económica. Bajo esta premisa, desde la Segunda Guerra que el pueblo europeo (sobre todo los pertenecientes a la Unión Europea y la Eurozona) no veía amenazadas sus necesidades, como si lo hace el pueblo latinoamericano, africano y de ciertas zonas de Asia en el día a día. La situación cambió, y el gas ruso se transformó en el oro gaseoso”. 

Con el fin de mayor y mejor contexto, es menester recordar que, desde que el primer ataque ruso tuvo lugar en tierras ucranianas, Occidente en su “casi” totalidad enarboló una serie de sanciones hacia Rusia y la mesa chica de Putin. Se han visto una gran cantidad de acciones, como la congelación de activos, ataques a la oligarquía rusa, éxodo de empresas y hasta boicots artísticos y culturales. Pero lo cierto es que, de alguna u otra manera, Europa le brindó a Vladimir Putin una carta fundamental: el abastecimiento europeo del gas ruso. 

Las sanciones afectaron más al humor del pueblo ruso que a los propios intereses de Putin, y además, Europa no contaba con la “ruso – dependencia” del gas a la cual se encuentra sometida. Rusia es el mayor proveedor de gas natural y petróleo del mundo, y ese dato se siente fuertemente en Europa. Para mayor precisión, el 45% de los ingresos rusos en 2021 se dieron solamente por la exportación de gas y de petróleo y el viejo continente depende en un 40% del gas ruso.

Ante semejante potencia energética como lo es Rusia ya desde la época soviética, la decisión de eurodiputados y de líderes políticos de intentar sancionar a Putin con el hecho de no comprarle gas, pareciera ser más una utopía que una política efectiva y real. 

Europa se encuentra involucrada en un verdadero “shock” del gas ruso y las reprimendas a partir de tener el monopolio del abastecimiento de gas natural a Europa. 

¿Qué exige Rusia?

El Kremlin tiene, a priori, una misión clave: seguir exportando gas. Hasta ahí, todo parece ser normal o parece tener un contexto preguerra. Sin embargo, las necesidades de Putin se extienden más allá. Rusia busca fortificar su moneda luego de una caída abrupta de valores tras las sanciones económicas y financieras por parte de Occidente. De esta forma, Moscú exige el pago del gas en rublos (moneda oficial rusa) pero Europa, en mayor o en menor medida, se niega a cumplir con la petición de la plaza roja.  

Europa Occidental argumenta que la obligación de Rusia de pagar su gas en rublos no cumple con los contratos preestablecidos y además citan la falta de ética corporativa de Putin. Sin embargo, Vladimir lo tiene claro: su país no es una empresa y está viviendo un contexto bélico.

Además de robustecer al sistema financiero ruso y de continuar con la exportación de gas natural, el Kremlin tiene otro objetivo. Aquí es clave comprender la comunicación política y los intereses que, a veces, se presentan entretejidos, casi de manera simbólica, pero que sientan las bases de antecedentes para poder avanzar en materia política. Putin espera que Europa pague en rublos porque posiciona al viejo continente a los pies de la Gran Madre Rusia. 

Simbólicamente, esto sería patear el tablero de la política internacional. Desde la llegada de Putin al poder en el año 2000, el ex miembro de la KGB, supo posicionar a su país en la competencia económica mundial, solo equiparada a los mejores años productivos de la Unión Soviética. Aunque Putin siempre fue visto de reojo por los demás líderes europeos, fue un aliado, con vaivenes, pero presente en las decisiones económicas europeas. 

Haciendo un breve paréntesis, Europa vio en Putin a un líder con el que se puede hacer negocios, cosa distinta a la gestión noventosa de Boris Yeltsin que significó el vaciamiento del ex estado soviético y una grave indecisión para exportar los bienes más preciados de Rusia: el gas natural y el petróleo. 

Volviendo a la comunicación política, Rusia busca posicionarse como el gran proveedor europeo de gas, pero también el país que puede llevar una guerra a cuestas contra las sanciones de la OTAN y la Unión Europea. Inclusive, en el marco de la comunicación política, los rusos se posicionaron como potencia sanitaria, al patentar en el año 2020, la primera vacuna contra el Covid – 19. No cabe duda que esto es un jaque mate para Vladimir Putin. 

Retomando el tema del gas, cabe recordar que Rusia tiene rutas de gasoductos y oleoductos, como así también una relación medianamente cordial con otros países exportadores de gas a través de un intercambio de favores políticos que Putin los llevó adelante con la sutileza de un gato salvaje de las nieves. A eso, hay que sumarle que Rusia tiene una relación corporativa casi paralela a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). 

¿Qué quiere Europa?

La respuesta a este interrogante podría ser lo contrario a las exigencias rusas: seguir utilizando el gas de Gazprom y pagarlo en euros. Sin embargo, la política internacional es mucho más compleja de lo que parece. 

Europa, al contrario de lo que se cree, es un continente que viene debilitado y más aún para afrontar una crisis energética a causa de una guerra. Esto se explica por dos factores internos del viejo continente. En principio fue el hecho de haber perdido a Gran Bretaña como su miembro a partir de lo que sucedió con el Brexit

La Unión Europea perdió a uno de sus hijos pródigos y eso se siente a nivel político, económico y militar. Pero además de la figura de los británicos, Europa (como categoría política compleja) perdió a su dama de hierro el año pasado. Desde que se confirmó la salida de Angela Merkel de la vida política, Europa no ha encontrado el rumbo de liderazgo político que le supo dar la alemana. Asimismo, es Alemania el punto neurálgico de Europa, y a la vez es un país que depende casi en un 70% del gas ruso, y ante la falta de ese preciado servicio, el shock y el debilitamiento político se siente más. 

De hecho, como un mínimo apartado ruso, cabe recordar que esta crisis bélica en Ucrania fue orquestada hace años, sin embargo, la presencia de Angela Merkel y Donald Trump como figuras políticas decisivas, hacían pensar dos veces a Putin antes de actuar. Una vez confirmada la salida de líderes fuertes, Rusia actuó. Cuando el gato no está, los ratones bailan.

Volviendo al caso europeo con el gas, este continente se vale del uso del gas todo el año, no solamente en invierno o en otoño, esto hace que las discordias morales por la invasión rusa en Ucrania, aparentemente, queden de lado. 

Ahora bien, ¿Por qué Europa sanciona a Rusia si necesita su gas? La respuesta es simple, la UE responde a los intereses de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. En síntesis, pareciera ser que Europa es solamente un rehén de los intereses rusos y de la OTAN en una suerte de Nueva Guerra Fría.

¿Qué opciones tiene Europa? 

Es sabido que Moscú comenzó a cortar el suministro de gas a varios países europeos, y ante esto, el euro – continente necesita de nuevos rumbos para mantener a su población con bienestar, con el fin de evitar algún tipo de levantamiento civil y  ahorrarse así otro dolor de cabeza más. 

Lógicamente hay opciones. Por ejemplo, la zona más occidental de Europa podría valerse del gas británico. Esto es interesante, porque con la salida de Gran Bretaña de Europa con el Brexit, como comentamos previamente, el viejo continente deberá pagar impuestos y un canon para la importación del gas natural proveniente del país de la reina Isabel II. 

En el caso de Europa central y pensando en Alemania, puede haber un nuevo factor de análisis. El gas podría ser importado desde países escandinavos a través de gasoductos, o bien podría ser una opción Países Bajos. El problema es que Alemania suspendió el proyecto de construcción del gasoducto Nord Stream 2 con Rusia. Esta magnífica obra hubiese solucionado gran parte de los problemas energéticos del país teutón, sin embargo, su cancelación debido a la guerra fue un golpe al mentón a las políticas a largo plazo para el corazón europeo. 

El sur de Europa vive una situación distinta, ya que podría abastecerse por otras rutas de gas y petróleo. Aquí entra en juego Asia, a través de un país intercontinental: Turquía. 

Esta crisis energética por el gas ruso podría posicionar a Turquía como una buena fuente de suministro de gas a Europa, entendiendo que a lo largo y ancho del territorio asiático turco pasan los gasoductos más importantes que provienen de Medio Oriente. Pero… ¿Europa no castigó las acciones bélicas rusas con sanciones económicas, aunque podría exportar gas de países de Oriente Medio, a los cuales también cuestiona por sus prácticas políticas, sociales y religiosas? La política internacional es más compleja de lo que parece. 

No todo termina ahí, hay una opción más para el pueblo europeo: Azerbaiyán. Este país ubicado en el continente asiático es uno de los mayores exportadores de gas natural del mundo, aunque constantemente asediado por conflictos internos y regionales. Azerbaiyán es una ex República Soviética, que llevó adelante un proceso de descomposición política, social y económica que lo siente hasta el día de hoy, además se le suma un conflicto medianamente resuelto pero que aún dispara esquirlas. Hablamos del conflicto de Nagorno – Karabaj con Armenia. Más allá de esto, el gas azerbaiyano se posiciona como una opción para Europa y, casi como efecto rebote, el país asiático ve en Europa una sola cosa ante este eventual panorama: entrada de divisas. 

Inclusive, vale nombrar que hay países que se han posicionado como potenciales exportadores de gas para Europa. Nigeria, Qatar, Argelia, Congo y Bolivia son opciones, aunque menos viables. En esa menor viabilidad podría ingresar Estados Unidos. Entendiendo que existe la posibilidad de gas natural licuado, esta sería una solución inmediata, aunque su exportación y posterior traslado y tratamiento es mucho más complejo y caro que el gas natural. Esto traería como consecuencia, el aumento del servicio de gas en el viejo continente, y posteriormente, la baja en la calidad de vida de la población europea. Aunque, habrá que pensar en los más débiles, los miles de migrantes provenientes de África, los trabajadores sin visa que provienen de América Latina, y los musulmanes que poco a poco se están integrando de manera “europeizante” a los distintos países a los que llegan. Ellos serán quienes sufrirán más. 

Asimismo, cabe aclarar que Europa busca la independencia energética lo antes posible de Rusia, teniendo como meta al año 2030. Pareciera ser una misión complicada para cumplir, sobre todo entendiendo el contexto macro que involucra esta crisis energética global y el hecho de que el precio del gas en Europa se disparó un 20% desde el inicio de la guerra ruso – ucraniana. 

¿Qué pasa en América Latina con el gas? 

Latinoamérica es esa región mundial que siempre busca sacar provecho del contexto económico internacional para poder posicionar a sus economías emergentes. En términos de gas, claramente Bolivia es uno de los productores más grandes. De hecho, desde el comienzo del conflicto armado en Ucrania, el Estado Plurinacional de Bolivia rubricó una serie de acuerdos de abastecimiento de gas a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Se expresa la posibilidad de mayor generación de divisas para el país boliviano. Asimismo, está abierta la posibilidad de que, en un futuro lejano, logre abastecer a otras regiones del mundo. 

Por otro lado, Argentina, Brasil y Chile son países exportadores de gas licuado. Este contexto puede posicionar a la región como una pequeña opción para el suministro del viejo continente. De hecho, Argentina se está preparando para una temporada de amplia exportación del GNL. Esta previsión podría extenderse aún más para los próximos años en nuestro país, entendiendo la viabilidad de esta propuesta como una política de Estado que no se abandone más allá de la fuerza política gobernante. El tablero político de la región sudamericana se mueve con la inestabilidad predominante y característica por condiciones históricas. Los acuerdos de hoy, podrían no ser los de mañana. 

Misiones y el gas

La tierra colorada tiene, por su parte, una cuestión casi de arraigo histórico con el gas. Arraigo en el reclamo de un gasoducto o de un precio diferencial para las pretensiones de Misiones. 

Cabe recordar que Misiones es una provincia atravesada por la política y economía internacional, encontrándose en el medio de dos países con experiencias históricas absolutamente disímiles que marcan el día a día de los misioneros: la pujante economía brasileña y la condición pendulante de Paraguay. 

Ante este contexto, es Nación la que toma cartas en el asunto cuando se habla de una situación de asimetría, digna de análisis en clave internacional. Allí es donde puede preguntarse si la crisis energética europea puede afectar a Misiones. 

En el marco de los factores externos, se puede encontrar una serie de situaciones previamente explicadas y que parecieran ser obvias. Si Europa acapara el mercado emergente de gas natural o gas licuado, las zonas periféricas del globo podrían afrontar una crisis energética de desabastecimiento, que la pagarían los que menos tienen. Es por esta razón que una guerra en el otro lado del mundo puede afectar severamente al vecino misionero que busca calentar su agua para el mate.

Las políticas energéticas nacionales, provinciales y municipales son claves para tener una ciudadanía cuidada, con todas las aristas características que cada espacio geográfico tenga. Por esta razón, la llegada de un gasoducto a la provincia de Misiones traería beneficios que a leguas servirían para combatir la crisis energética que sacude al continente más rico del mundo. 

La necesidad y la petición de Misiones de conformar una red de gasoductos para el abastecimiento provincial son de al menos 2 décadas. Sin embargo, la postergación se siente mucho más cuando uno abre los portales de noticias internacionales y ve que países con una magna estabilidad económica están sufriendo por la falta del gas. Esta deuda con Misiones, además se materializaría en una cuestión meramente básica: las industrias y los comercios podrían utilizar una red de gas, de capital público, privado o mixto. El bienestar parece ser la respuesta más obvia. 

Ahora bien, ¿Por qué Misiones está alejada de las conexiones de abastecimiento de gas en Argentina? En principio cabe analizar el contexto histórico de la Argentina: el falso federalismo. Con el correr de las décadas, distintos gobiernos nacionales no hicieron más que acentuar la diferencia entre CABA y zonas de Buenos Aires con el resto del país, provocando una asimetría innegable en términos de consumo, precios, oferta y demanda. Esta situación es aplicable a otros rubros y no solamente es un concepto que invita a entender el shock del gas, sino que desnuda el problema estructural de la aglutinación del poder político y económico nacional encerrado entre el Río de la Plata y la avenida Rivadavia. 

Cierto es que, si uno hace historia, encontrará gobiernos y colores políticos que hicieron más o menos por subsanar esa diferencia, aunque el resultado nos llevó a un 2022 en donde Misiones aún no tiene rutas de gasoductos para sus habitantes.

Por otro lado, está la falsa premisa de que Misiones no necesita un gasoducto ante la situación climática o geográfica. Aducir que la tierra colorada no es merecedora de un abastecimiento de gas natural o licuado como otras zonas de Argentina es del nivel de una falacia supina, entendiendo que se expusieron argumentos consistentes que avalan la necesidad de utilizar el gas y tener un acceso mucho más plausible que lo que ya es una realidad. 

Gas, dinero y mucho más…

 Luego de ver y comprender las diversas cuestiones que giran en torno a la situación del gas en el mundo hay varias reflexiones a las que se puede abordar. En principio, está a la vista de todos que Rusia no solamente es una potencia militar bajo el firme mandato de un presidente que fue producto de la Guerra Fría, sino una potencia económica y energética que, ante la batería de sanciones en su contra, supo con tan solo una carta hacer tambalear al continente mas rico del mundo. 

Por otro lado, la acción de Occidente contra Rusia, materializada en sanciones en respaldo a Ucrania, ¿son reales o son intereses? Pareciera ser que mientras el pueblo ucraniano resiste una invasión brutal, los europeos solamente se preocupan por tener el gas suficiente como para no bajar su nivel de vida, luego del shock del gas ruso generado por el Kremlin. ¿Y la ética y moral europea? Pareciera ser que es solo para las redes sociales.

En consecuencia, quedó claro que esas regiones económicamente postergadas en el mundo, hoy en día tienen la posibilidad de posicionar su gas y generar divisas, entendiendo que de acuerdo a como se desarrolle esta situación que mantiene en vilo al mundo, podría generar cambios sustanciales a nivel interno y externo en un varieté de países. Es la posibilidad de “los Congos y las Bolivias” de poder incorporarse a mercados previamente inusitados. Finalmente, y como todo proceso histórico, es casi obvio ver la integración del mundo como una realidad, inclusive previa a la globalización. De esta forma, es simple de dilucidar que una guerra al otro lado del mundo puede afectar al panadero del barrio, al remisero de la ciudad e inclusive a quien quiera tomar un simple mate, además de desnudar las desigualdades imperantes en nuestro país, en este caso. El shock del gas ruso, que aparentemente hace poner a Europa de rodillas, se ve, se analiza y se siente.

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Brasil pide a la OMC seguir comerciando con Rusia y quiere a Putin en el G-20

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(Por Pablo Giuliano, corresponsal).- Brasil pidió a la Organización Mundial de Comercio (OMC) llevar adelante una iniciativa para permitirle seguir importando fertilizantes para su agro desde Rusia, esquivando las sanciones que ha impuesto Estados Unidos y la Unión Europea (UE), a la vez que se pronunció a favor de la presencia del presidente ruso, Vladimir Putin, en la cumbre del G-20 de Yakarta, Indonesia.

El pedido fue hecho anoche por el presidente Jair Bolsonaro durante la visita que realizó a Brasilia la directora general de la OMC, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala.

Este movimiento sobre las sanciones de la mayor economía latinoamericana se inscribe en el perfil diplomático que adoptó Brasil ante el conflicto de Ucrania, que incluye una resistencia a que Rusia sea expulsada del G-20, en contra de lo proclamado por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

“Pedimos la intervención de Okonjo-Iweala para que la OMC pueda concebir la idea de liderar una iniciativa que permita el libre flujo de fertilizantes para que los embargos aplicados a Rusia y el propio conflicto de Ucrania no impidan la llegada de esos insumos a Brasil”, dijo el canciller Carlos França.

En la primera visita de Okonjo-Iweala a América Latina desde que asumió en la OMC en 2018, Brasil busca garantizar los fertilizantes que necesita para los suelos degradados de Mato Grosso, el estado del oeste del país que es la estrella mundial de producción de soja.

La cuestión de los fertilizantes que necesita Brasil fue abordada este mes en San Pablo y Brasilia durante la visita que le realizó el ministro de Economía, Martín Guzmán, a su par brasileño, Paulo Guedes, y al titular de la cartera de Minas y Energía, Bento Albuquerque.

Brasil es el cuarto consumidor mundial de fertilizantes y produce apenas 15% en su territorio, mientras que el resto es importado. Un cuarto del producto que usa Brasil proviene de empresas rusas, cuyo comercio ahora está bloqueado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus aliados.

La directora de la OMC informó que llevará la demanda brasileña a Washington, donde se reunirá esta semana con el Gobierno de Estados Unidos, a la vez que pidió que Brasil “produzca alimentos” para evitar “carestía” y así eludir nuevas presiones inflacionarias mundiales.

“El papel de Brasil es muy importante. Si Brasil y Ucrania no producen tendremos en 2023 más problemas con la carestía de alimentos”, subrayó la directora de la OMC.

La posición del Palacio de Itamaraty, sede de la cancillería brasileña, con el ministro Carlos França, tras reemplazar a Ernesto Araújo, un aliado personal del expresidente estadounidense Donald Trump, se desmarcó de Washington desde el inicio de la guerra.

Sobre todo porque la cancillería volvió a su doctrina opuesta a las sanciones económicas y evitó encolumnarse 100% en la ONU y en los foros internacionales a la línea de Estados Unidos.

Es por eso que el equipo del ministro de Economía, Paulo Guedes, ya anunció que la posición de Brasil es contraria a que Rusia sea expulsada o suspendida del G-20 por la invasión a Ucrania, como reclamó Biden a los líderes de ese grupo económico.

El canciller França reforzó en las últimas horas que pretende apoyar la permanencia de Rusia dentro del G-20, tal la línea de la diplomacia de Brasilia

“Traer a Rusia a la mesa del G-20 puede contribuir para una solución diplomática duradera con base en el derecho internacional y en la negociación. Nos gustaría tener a Rusia presente y que sea posible traer a todas las partes a la mesa negociadora”, dijo França al lado de la directora de la OMC.

En el marco de la ONU, el grupo Brics repudió suspender a Rusia del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas a inicios de abril. Brasil, India y Sudáfrica se abstuvieron, mientras que China y Rusia votaron en contra.

Bolsonaro hizo una visita de un día en marzo a Putin, antes de la guerra, para solicitarle continuidad en la provisión de fertilizantes, ocasión en la cual se declaró “solidario con Rusia”, sin especificar los motivos de esa frase.

Más tarde, el presidente brasileño insistió en que la posición brasileña es de “neutralidad” buscando continuar el comercio para su agronegocio, que es la gran base electoral del presidente que buscará su reelección el 2 de octubre.

La semana pasada, el ministro de Economía ruso, Anton Siluanov, escribió al ministro Guedes una carta pidiendo el apoyo de Brasil para evitar mayores sanciones y “discriminación” contra Moscú en instituciones financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

La posición diplomática de Brasil innovadora dentro de la gestión de Bolsonaro -que estaba alineado automáticamente con Estados Unidos- ha tenido elogios por parte de analistas vinculados a la oposición de izquierda y centroizquierda.

El movimiento de la gestión bolsonarista hacia evitar las sanciones y distanciarse de Washington y Bruselas es visto como una señal parecida, por la composición ideológica ultraderechista del gobierno, con una decisión histórica del dictador Ernesto Geisel, en noviembre de 1975, contraria al Departamento de Estado.

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Comenzó a regir en Rusia una ley que sanciona a quienes equiparen la URSS con la Alemania nazi

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El presidente ruso, Vladimir Putin, firmó hoy la entrada en vigor del Código de Delitos Administrativos que tipifica como crimen la equiparación de la actuación de la Unión Soviética y la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

La norma contempla penas de hasta 5.000 rublos (60 dólares) y 15 días de prisión para quienes realicen una equiparación pública de los dirigentes, mandos y personal militar de la URSS con los de la Alemania nazi y otros países del Eje, consignó la agencia de noticias Europa Press.

Para las personas jurídicas la pena se eleva a los 100.000 rublos (1.200 dólares), según precia la agencia de noticias rusa TASS.

La ley, que es una enmienda al Código de Faltas Admistrativas, también castiga a quienes “nieguen el papel decisivo del pueblo soviético en la derrota de la Alemania nazi y la misión humanitaria de la URSS en la liberación de los países de Europa”.

En concreto se prevén penas de entre 1.000 y 2.000 rublos (entre 12,5 y 25 dólares) y 15 días de detención para la ciudadanía en general y entre 2.000 y 5.000 rublos (25 y 60 dólares) para personas jurídicas.

La reiteración puede conllevar multas de hasta 100.000 rublos y 90 días de suspensión de la actividad para organizaciones, incluidos medios de comunicación.

Los jueces, la Policía y Roskomnadzor (el organismo regulador de las telecomunicaciones) serán los encargados de abrir un proceso sancionador.

El Kremlin inició la invasión a Ucrania con el objetivo declarado de “desnazificar” al territorio vecino, pero las denuncias de crímenes de guerra lanzadas por las potencias occidentales impulsaron en esos países comparaciones entre la acción de Rusia con el nazismo.

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