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Gorbachov, el hombre que terminó con el siglo XX

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El emblemático historiador británico, Eric Hobsbawm, afirmaba que el siglo XX fue un siglo corto. Para el intelectual, el suceso creador de época del siglo pasado fue el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 y el proceso histórico que le puso fin a una convulsionada época, fue la caída de la Unión Soviética en 1991. Y hay un nombre propio de este momento: Mijaíl Gorbachov.

El día que el mundo recordó a la URSS

El 30 de agosto pasado fue la fecha en que se apagó la última vela que quedaba prendida del festín soviético, y el recuerdo del primer gran Estado socialista que tuvo el mundo. Gorbachov falleció con 91 años, tras acarrear una serie de problemas que aquejaban su salud, sin embargo, su vida fue una de las más importantes de la historia de la humanidad. Esa preponderancia se la hicieron sentir los líderes del mundo que despidieron los restos del último líder soviético. 

Mijaíl Gorbachov gobernó la Unión Soviética, desde diversas categorías de la estructura gubernamental y estatal desde 1985 hasta 1991. Este hombre cortó con la tendencia gerontocrática que tenía la URSS, y el PCUS buscaba, en la figura de Gorbachov, una bocanada de aire que le de una vida más a un deteriorado régimen comunista impartido desde Moscú. Más allá de toda polémica, Gorbachov sí provocó un cambio que ya no tuvo retorno y que marcó el fin de una época, ya que sus reformas fueron claves para estampar el fin de la Guerra Fría. 

Gorbachov, el reformador 

Mijaíl asumió el máximo cargo en la URSS con la promesa de remontar la delicada situación económica que estaba padeciendo el país, como así también, de recuperar gran parte de la confianza de la población soviética. Un ala del politburó pujaba por el hecho de que Gorbachov realice una transición hacia un modelo de economía de libre mercado de manera gradual (al estilo chino), y otro bando apuntaba a una radicalización por completo del cambio de rumbo económico de Moscú. Finalmente, Mijaíl aceleró el proceso y sacó dos reformas trascendentales: la perestroika y las glasnost. La primera consistió en una apertura acelerada hacia la economía de libre mercado. Esta política no fue recibida con malos ojos por la población soviética, pero indudablemente demostró la falta de planificación cambiaria que no pudo evitar el derrumbe de una economía debilitada. 

Con la perestroika, llegaron grandes marcas, dólares y prácticas vanguardistas propias de Occidente

Por otro lado, la glasnost fue la apertura hacia la libertad de expresión, que le permitió a diarios, radios y medios opositores, poder publicar y comunicar sin censura, como así también generando discursos que fueron los que terminaron cimentando el fin del gobierno de Gorbachov. La conjunción de dos medidas de ampliación económica y de prensa tuvieron el rebote impensado para el líder soviético. 

Por otra parte, Gorbachov tuvo que danzar con lobos, en materia de política exterior. A un imperante cambio económico, social y cultural, se le sumó un fracaso militar que no pudieron soportar los soviéticos. 

La derrota de la URSS en Afganistán fue un determinante que generó mucho descontento en el seno de la población soviética, desde ambos bandos: lo repudiaron quienes estaban en contra de la guerra y lo repudiaron quienes estaban a favor, pero se vieron decepcionados por una derrota vergonzosa. Afganistán fue el Vietnam de la Unión Soviética. 

En esta coyuntura internacional, Gorbachov tuvo que poner sus ojos en los “primos” de la Guerra Fría. 

Mientras se descomponía el modelo soviético, el modelo estadounidense no pasaba por un gran momento económico, pero de la mano de Ronald Reagan y la implantación del neoliberalismo, Estados Unidos tomó fuerza y más influencia en términos de política externa, quienes con una batalla propagandística que involucraba el arte, la industria y las casas de comidas rápidas, le “coparon la parada” a la Unión Soviética. 

Como si fuera poco, Gorbachov tuvo que soportar, políticamente hablando, uno de los momentos más emblemáticos de la historia mundial. En el año 1989, el muro de Berlín fue derrumbado, y con él se comenzó a resquebrajar el mundo bipolar. Alemania fue noticia en todo el mundo, miles de personas volvieron a abrazar sus afectos y familiares que fueron separados por un muro, y con esta situación, Gorbachov tuvo que hacer frente a un contexto insostenible. El fin de la Unión Soviética estaba a la vuelta de la esquina. 

De 1989 a 1991, la URSS soportó un clima intenso a nivel de política interna, con figuras opositoras que ya hablaban del fin del comunismo, y con ello también el incipiente proceso independentista de algunas repúblicas que formaban parte de la Unión Soviética. 

Finalmente, el 25 de diciembre de 1991, media hora después del discurso de renuncia de Mijaíl Gorbachov, la bandera soviética con el martillo y la hoz, fue arriada por última vez en el Kremlin. Un día después, el 26 de diciembre de 1991, se declaró la disolución de la Unión Soviética, que ahora quiere recuperar esplendor de la mano de Vladimir Putin.

Gorbachov, una “estrella pop” 

“Mi héroe es la gran bestia pop” dice una canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y pareciera ser que, en materia histórica, el último líder soviético se transformó en eso. Luego de su renuncia y la caída del gigante comunista, Mijaíl Gorbachov participó en un comercial de Pizza Hut, una de las franquicias norteamericanas más grandes de fast food que se encuentran diseminadas en el mundo. Asimismo, el último presidente del Sóviet Supremo tuvo una breve participación en el videojuego Street Fighter II e inclusive una recordada y cómica aparición en Los Simpson, donde Gorbachov le acercaba un regalo a George Bush (padre), pero lo encontró al expresidente estadounidense peleando con Homero Simpson. 

Inclusive, Mijaíl recibió el premio Nobel de la Paz en el año 1990. Pero, ¿qué motiva a esa afición por Gorbachov? Indudablemente, para Occidente, su figura simboliza el fin de ese “demonio” llamado comunismo. Gorbachov es la cara del fin de un modelo que puso en jaque y en discusión al capitalismo y al modo de vida occidental. Gorbachov tuvo una imagen política positiva en Occidente porque representaba al político comunista flexible, aquel que podía cambiar de idea, aquel que fue acaparado por las ideas del libre mercado, aquel que podía dar el brazo a torcer. Gorbachov fue querido en Occidente porque su modelo político fracasó y él fue “corrompido”, caso contrario al de Fidel Castro, quién se mostró inquebrantable hasta el día de su muerte. Con Gorbachov, se fue el último bastión de una época que cambió la historia de la humanidad para siempre. 

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El fútbol ruso, al borde del precipicio

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El fútbol inglés recibió una sanción de cinco años sin participar en competiciones europeas tras la tragedia de Heysel (1985). La campaña militar rusa en Ucrania ha colocado al fútbol ruso al borde del mismo precipicio. La selección fue excluida del Mundial, los clubes no pueden disputar competiciones europeas y se ha producido un éxodo masivo de futbolistas a países extranjeros, incluido ucranianos.

“Todo está en manos de la FIFA. Los clubes rusos pueden volver en diez años, dentro de un año o nunca”, comentó a EFE Mikhaíl Prokopets, abogado de la compañía internacional SILA que representa los intereses de los clubes rusos.

CLUBES RUSOS, EXCLUIDOS DE EUROPA

El pesimismo cunde en el fútbol ruso. La FIFA y la UEFA se muestran inflexibles desde que condenaran al fútbol ruso al ostracismo el 28 de febrero, cuatro días después del estallido de los combates.

La campaña militar rusa en Ucrania se alarga y, como mínimo, los equipos rusos estarán marginados hasta 2023. El Spartak Moscú, que se había clasificado para los octavos de final de la Liga Europa, ni siquiera pudo saltar al campo por culpa de la “operación militar especial”.

Con todo, los clubes rusos no se rindieron y recurrieron al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), pero éste rechazó el 15 de junio pasado los recursos presentados tanto por la Unión de Fútbol de Rusia (UFR) como por los clubes afectados de cara a esta temporada: Zenit, Sochi, Dinamo y CSKA.

La UFR se planteó denunciar al TAS por el perjuicio económico causado o acudir al Tribunal Supremo en Suiza. Pero Prokopets considera que Rusia carece de “instrumentos legales para recurrir el laudo arbitral”.

“Es una decisión que está al margen del terreno jurídico. Depende de factores externos”, comentó.

El abogado asegura que la imposibilidad de competir contra equipos de otros países es un “gran problema” para el desarrollo del fútbol nacional y para la economía de los clubes.

“Si los clubes no juegan en Europa no puedes vender a buen precio a tus mejores jugadores ni tampoco fichar otros futbolistas, ya que estos prefieren disputar la Liga de Campeones. Si no juegas contra los mejores, también ganas menos en derechos de televisión. Es una historia global”, explica.

Además de las pérdidas económicas y los problemas para encontrar patrocinio, algunos clubes punteros rusos están también teniendo problemas con la equipación debido a la decisión de grandes marcas como Nike de abandonar el mercado ruso. Por increíble que parezca, algunos futbolistas incluso han recibido la instrucción de no regalar camisetas a los aficionados.

En el plano deportivo, también se han producido desequilibrios debido a que los equipos del sur de Rusia no pueden viajar en avión desde sus ciudades y deben desplazarse en autobús y tren a aeropuertos en otros lugares. Y es que por motivos de seguridad las autoridades cerraron los aeropuertos de las regiones cercanas a la frontera ucraniana.

ESTAMPIDA DE LEGIONARIOS

Una de las consecuencias más graves para el fútbol ruso ha sido la estampida de futbolistas extranjeros, especialmente europeos. El detonante fue la decisión de la FIFA de permitir que jugadores y técnicos que militan en clubes rusos y ucranianos suspendan unilateralmente su vinculación contractual hasta el 30 de junio (la autorización de FIFA de suspender los contratos de jugadores extranjeros fue prorrogada posteriormente hasta el 30 de junio de 2023). Los clubes, atados de pies y manos, se encuentran indefensos.

“Si viviéramos en el vacío, la decisión de la FIFA es absolutamente ilegal. Infringe todas las reglas que regulan el fútbol en los últimos años desde el sistema de traspasos, a la estabilidad de los contratos o la propiedad privada”, denuncia Prokopets.

El Krasnodar perdió nueve jugadores -acabó jugando con once futbolistas rusos- y a su técnico, el alemán Daniel Farke. Aunque, recientemente, volvieron el colombiano Córdoba, el ecuatoriano Ramírez y el brasileño Caio.

El Rostov también perdió a siete jugadores, pero logró salvar la categoría. No tuvo tanta suerte el Rubín Kazán, que descendió de categoría con el exseleccionador, Leonid Slutski en el banquillo.

De los grandes, el técnico alemán del Dinamo Moscú, Sandro Schwarz, aguantó hasta el fin de la temporada pasado para hacer las maletas y ha sido sustituido por el serbio Jovanovic. También se quedó en el Spartak hasta alzarse con el título de la Copa de Rusia el italiano Paolo Vanoli, que ha sido reemplazado por el español Guillermo Abascal. El alemán Josef Zinnbauer relevó a su compatriota Makus Giskol en el Lokomotiv. El Zenit es el único que ha logrado mantener a su plantilla, con la excepción del brasileño Yuri Alberto.

“Para los extranjeros que juegan en Rusia no hay ningún problema. Siguen viviendo y jugando. Pese a todo lo que está pasando, hay muchos jugadores extranjeros en la liga rusa. Clubes ucranianos como el Shakhtar también han recurrido al TAS. Ni rusos ni ucranianos están satisfechos”, destaca.

Los cinco futbolistas ucranianos que aún jugaban en la liga rusa abandonaron sus equipos nada más consumarse la invasión rusa: Rakitskiy (Zenit), Ordets (Dinamo), Ivanisenya (Krylia Sovétov), Poliarus (Akhmat) y Kulakov (Ural). Les acompañó también el técnico ayudante del Dinamo, Andréi Voronin, pero no el histórico capitán de la selección ucraniana, Anatoli Tymoschuk, que decidió permanecer en el organigrama técnico del Zenit, lo que le ha convertido en un traidor a la patria en Ucrania.

La otra cara de la moneda es que Rusia ha decidido apostar por el mercado latinoamericano, de donde proceden muchos de los fichajes de este verano. Los futbolistas latinos son más baratos que los europeos y, lo que es más importante, están menos politizados.

LA SELECCIÓN RUSA, SIN MUNDIAL

“Lo más curioso es que si lees el fallo, ni la selección ni los clubes rusos son responsables de lo que ocurre. Eso es muy importante. El fútbol ruso no es responsable”, explica Prokopets.

En cambio, en mayo la UEFA excluyó a la selección rusa de todas las competiciones, incluido la Liga de las Naciones. Eso se suma a la duro revés que supuso para el equipo dirigido por Valeri Karpin no poder enfrentarse en Moscú a Polonia en la repesca mundialista. La herida aún sigue supurando, ya que los polacos eliminaron a Suecia y lograron un billete para Catar.

Desde que cayera por la mínima ante Croacia en noviembre, derrota que le impidió clasificarse directamente, Rusia no tiene con quien jugar. Karpin, ocioso desde entonces, ha tenido que compaginar el trabajo de seleccionador con el técnico del Rostov. En septiembre el combinado nacional volverá a reunirse para disputar un amistoso, pero aún se desconoce el rival. Los candidatos oscilan entre Irán, Bielorrusia y Arabia Saudí.

El abogado admite que “no puede ser optimista”, ya que la emoción del fútbol está en que “un pequeño le gane a un grande”, en que “el Rotor de Volgogrado reciba al Manchester United”. La esperanza de que el aislamiento sirva para desarrollar el fútbol base no le vale como consuelo.

“Eso hay que hacerlo siempre, no sólo ahora. La FIFA nos ha creado muchos problemas. En ruso se dice que no hay que arreglar lo que no está estropeado. Es lo que ha hecho la FIFA, tocar lo que no hay que arreglar”, argumenta resignado.

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¿Es posible una Rusia sin Putin? No por ahora

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Oleg Kashin (@KSHN) es periodista y autor de Fardwor, Russia! A Fantastical Tale of Life Under Putin.. ¿Qué es más fácil de imaginar, que Vladimir Putin declare de pronto el fin de la guerra a Ucrania y retire sus tropas, o que una Rusia sin Putin revise sus políticas, termine la guerra y empiece a construir relaciones con Ucrania y Occidente sobre una nueva base pacífica?

Es una pregunta difícil de responder. La guerra en Ucrania es, hasta cierto punto, fruto de la obsesión personal de Putin, y no es muy probable que acceda voluntariamente a ponerle fin. Lo cual nos deja con la otra posibilidad: Rusia sin Putin, y donde todas las esperanzas de una Rusia pacífica pasan por un cambio de poder en el país.

Eso también parece bastante improbable. Tras seis meses de guerra, no parece que el poder de Putin sea menos sólido que en tiempos de paz. Sus índices de aprobación son altos, y no tiene ni un solo opositor en Rusia cuya voz se pueda oír. De sus dos principales sucesores potenciales —Mijail Mishustin, el primer ministro, y Alekséi Navalny, líder de la oposición—, uno está atado por su lealtad al presidente y el otro está en la cárcel. Para que uno de los dos llegue al poder, Putin tendría que marcharse. Pero, salvo por un repentino cambio de opinión o una urgencia médica, no se irá a ninguna parte. El sucesor de Putin podría ser perfectamente Putin.

Es una perspectiva deprimente, que a muchos les resulta difícil aceptar. ¿Por qué no hay nadie entre la élite en el poder que, ante un presidente que está llevando su país a la ruina y los graves perjuicios que les está causando la guerra a ellos mismos, presione por la destitución de Putin?

¿Dónde están los valientes demócratas o funcionarios que, por el bien de su clase y de su país, se las ingenien para expulsar al presidente? Esas preguntas, a las que se suele dar voz en Occidente, son más un lamento que un aliciente para el análisis. Pero la respuesta está ahí, al alcance de la mano.

Durante años, los críticos dentro y fuera de Rusia han recurrido sobre todo a un tema para impulsar la oposición contra Putin: la corrupción. Por un tiempo ese enfoque logró algunos avances, sobre todo en manos de Navalny, cuyos videos, muy bien producidos, en los que documentaba la corrupción de la élite dirigente —incluido Putin—, parecieron hacer mella en la popularidad del presidente.

Sin embargo, la corrupción es el pegamento que mantiene unido el sistema, no el catalizador para derribarlo. Al sustentar su poder en el latrocinio de sus subordinados, Putin no estaba tratando de asegurar la comodidad y el bienestar de estos, precisamente. Es más probable que quisiera atar a la clase dirigente a un sistema conspiratorio de responsabilidad compartida, y garantizar así su solidaridad absoluta. En estas condiciones de complicidad, nadie podría dar el paso y desafiar al presidente.

Para ser estrictos, no es del todo correcto llamar corrupción a dicho sistema. La corrupción conlleva una desviación de la norma, mientras que en la Rusia de Putin la norma es precisamente que los funcionarios vivan de un dinero de origen dudoso. Si se siguiera la ley al pie de la letra, casi todos los ministros o gobernadores rusos podrían acabar en la cárcel. Sin embargo, en la práctica, Putin siempre ha aplicado la ley a discreción. Cada vez que uno de sus subordinados influyentes era acusado de corrupción, lo que ante todo se preguntaba la gente era cuál sería el motivo político oculto por el que lo habían detenido.

Así fue en el caso del exministro de Desarrollo Económico, Alekséi Ulyukayev, quien fue acusado de aceptar sobornos tras su enfrentamiento con Ígor Sechin, el influyente director ejecutivo del gigante petrolero ruso Rosneft y amigo de Putin. También ocurrió con varios gobernadores, entre ellos Nikita Belij, quien durante un tiempo lideró un importante partido de la oposición, y Serguéi Furgal, cuya victoria en unas elecciones contravino los deseos del Kremlin y fue puntualmente acusado, no de corrupción, sino de asesinato.

Lo que se llama corrupción en Rusia sería más correctamente descrito como sistema de incitación y chantaje. Si eres leal y el presidente está satisfecho contigo, tienes derecho a robar, pero, si eres desleal, te mandarán a la cárcel por robo. No es de extrañar que en las últimas décadas solo unas pocas personas de dentro del sistema de Putin hayan hablado públicamente contra dicho sistema. El terror siempre es más persuasivo que cualquier otra cosa.

La guerra tenía el potencial de alterar radicalmente este cálculo. La clase dirigente, que debe la adquisición de su riqueza a su posición en el poder, se las está viendo ahora con una nueva realidad: sus propiedades en Occidente han sido o bien confiscadas o bien sometidas a sanciones: se acabaron los yates y las villas, y no hay lugar al que escapar. Para muchos funcionarios y oligarcas cercanos al gobierno, esto significa el derrumbe de todos sus planes vitales y, en principio, cabe suponer que no hay ni un solo grupo social en Rusia más descontento con la guerra que los cleptócratas de Putin.

Pero hay un inconveniente: intercambiaron sus derechos como actores políticos por esos mismos yates y villas. La intriga fundamental de la política rusa está vinculada a ese hecho. La aventura militar de Putin ha tenido un devastador efecto en la vida del poder establecido, en el que siempre se ha apoyado. Pero las élites, impedidas por su dependencia del poder para mantener su riqueza y su seguridad, no se ven en condiciones de decirle no a Putin.

Eso no significa que su descontento no salga a la luz. El ministro de Finanzas, Antón Siluanov, habló públicamente sobre las dificultades de cumplir con sus obligaciones en las nuevas circunstancias. Alekséi Kudrin, presidente del órgano que audita las finanzas del Estado y muy próximo al Kremlin, explicó en una reunión con Putin que la guerra había llevado la economía de Rusia a un callejón sin salida. E incluso el presidente del monopolio militar-industrial del Estado, Serguéi Chemézov, escribió un artículo sobre la imposibilidad de llevar a cabo los planes de Putin. Sin embargo, sin un peso político que las respalde, esas opiniones no merecen interés para Putin, ni entrañan ningún peligro para él.

Es cierto que de las guerras suele salir una nueva élite entre los oficiales y generales, que podría amenazar el gobierno del presidente. Pero esto no está pasando todavía en Rusia, posiblemente porque Putin está intentando impedir que sus generales adquieran demasiada fama. Los nombres de las personas que están al mando de las tropas rusas en Ucrania se mantuvieron en secreto hasta finales de junio, y la propaganda sobre los “héroes” de guerra prefiere publicar reportajes sobre los que han perdido la vida y ya no pueden manifestar ambiciones políticas. En cualquier caso, Putin se ha rodeado de su personal de seguridad predilecto, cuya lealtad hacia él está fuera de toda duda.

Dada esta situación, los funcionarios de Rusia no pueden hacer mucho más que esperar. Podrían intentar realizar por su cuenta alguna maniobra discreta, que incluyera negociar al margen con Occidente, pero, hasta ahora, no hay indicios de que haya corredores humanitarios para las élites rusas. Aunque alguien —por ejemplo, un oligarca cercano a Putin, como Roman Abramovich— lograra llegar a Occidente, lo único que le esperaría allí serían bienes confiscados y sospechas. Comparado con eso, incluso la paranoia de Putin podría ser preferible.

Si los miembros de la élite dirigente son incapaces de derrocar a Putin, ¿quizá podrían hacerlo las clases medias profesionales, entonces? Pero las perspectivas ahí también son sombrías. Para quienes salgan a criticar la guerra, es muy instructivo observar la suerte que corrió Marina Ovsyannikova, productora del Canal 1 de la televisión estatal. Tras protagonizar una protesta de gran calado —durante la emisión en directo de un popular programa noticioso de la noche, apareció detrás de la presentadora sosteniendo un cartel que decía: “Paren la guerra”—, huyó del país para evitar la detención, dejando a su familia en Moscú.

Vagó durante meses por Europa, sometida a numerosas acusaciones, y no importó lo impresionante que fuera su protesta: sigue siendo, ante todo y sobre todo, un engranaje en la máquina de propaganda de Putin. Regresó a Rusia, donde fue detenida y multada varias veces, acusada de difundir información falsa, y su casa fue registrada. Sus antiguos compañeros de los medios y, en general, la clase media profesional, seguramente entiende que no tiene sentido imitar sus actos. Que es mejor esperar a que pase la guerra, tranquilamente en sus trabajos, que arriesgarse a la ruina y la infamia.

En el ámbito popular, las cosas no son mejores. Las prometedoras manifestaciones iniciales contra la guerra han sido completamente sofocadas por la amenaza del encarcelamiento. Las declaraciones públicas críticas, y más aún los mítines o las manifestaciones de protesta, son ahora imposibles. El régimen, ejerciendo la represión, tiene la situación interna bajo absoluto control.

El factor que sí amenaza gravemente la fuerza de Putin hoy es el ejército ucraniano. La única posibilidad de producir un cambio en la situación política de Rusia son las pérdidas en el frente, como bien atestigua la historia rusa. Tras la derrota en la guerra de Crimea de mediados del siglo XIX, el zar Alejandro II se vio obligado a introducir reformas radicales. Lo mismo ocurrió cuando Rusia perdió la guerra con Japón en 1905, y lo que en gran medida impulsó la perestroika en la Unión Soviética fue el fracaso en la guerra de Afganistán. Si Ucrania logra infligir un gran número de pérdidas a las fuerzas rusas, podría desencadenarse un proceso similar.

Sin embargo, a pesar de todo el daño causado hasta ahora, ese giro de los acontecimientos parece muy lejano. Por ahora y en el corto plazo, es Putin —y el miedo de que sin él las cosas irían peor— quien gobierna Rusia.

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La India promueve las compras de petróleo ruso tras la imposición de sanciones a Moscú

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Nueva Delhi instó a sus empresas petroleras a adquirir crudo de Rusia en grandes cantidades, una iniciativa a la que se han unido China y Turquía, quienes también incrementaron sus compras al país euroasiático, que a su vez rebajó el precio del producto.

Gran parte de la UE decidió dejar de comprar petróleo a Rusia, pero no dejó de comprar petróleo ruso. Ahora, el bloque comunitario lo adquiere a través de la India, pero no como crudo, sino ya refinado, y también a un precio más caro. El modelo de comercio representa más beneficios para la India y más gasto para los países europeos.

Rusia realiza enormes incursiones en el mercado indio del petróleo y posiblemente se convirtió en su mayor proveedor, señaló hoy el semanario News Behind the News.

“Cuando el precio sube y no queda otra opción, se compra de cualquier parte”, dijo recientemente el ministro indio de Petróleo, Hardeep Singh Puri, a los periodistas la semana pasada.

“Tenemos un entendimiento muy bien definido de cuáles son los intereses de India”, acotó Puri a la publicación de la agencia de noticias Asia News Agency.

Privado de muchos de sus tradicionales compradores europeos, Moscú está en camino de entregar entre un millón y 1,2 millones de barriles diarios a la India este mes, según las cifras de seguimiento de petroleros recopiladas por la compañía estadounidense de asesoría financiera Bloomberg y dos empresas de análisis del crudo.

Los refinadores de la India se atiborran de barriles rusos baratos como nunca lo habían hecho antes de la invasión de Ucrania, señalan los expertos.

Los flujos a Asia aumentaron porque algunas empresas europeas dejaron de comprar, lo cual obligó a Rusia a encontrar mercados alternativos.

Las cifras de seguimiento de los buques varían de un proveedor a otro, en función de las diferentes hipótesis y de la información subyacente sobre los cargamentos, pero los números de Kpler, Vortexa y Bloomberg ponen de manifiesto la posición dominante que asumió Rusia en el mercado de la India.

Los datos de Kpler muestran que las llegadas de petróleo ruso a la India suponen una media de 1,2 millones de barriles al día en lo que va de junio, una cuarta parte de todo el crudo que entra en el país.

Los suministros diarios de Iraq rondan los 1,01 millones de barriles, mientras los de Arabia Saudí van camino de los 662.000 diarios.

Las cifras de Vortexa sugieren que las entregas rusas serán de 1,16 millones de barriles diarios, más que los 1,131 millones de Iraq.

El seguimiento de los petroleros recopilado por Bloomberg indica que este mes llegarán 988.000 barriles diarios procedentes de Rusia, cifra ligeramente inferior a los mil millones diarios de Iraq.

India defiende las compras rusas alegando su interés nacional por abastecerse de crudo más barato y la entrada de Rusia en los mercados indio y chino redujo la cuota de Iraq y Arabia Saudí en la región que más petróleo consume del mundo.

Los suministros combinados de ambos países a la India disminuyeron en unos 500.000 barriles diarios desde abril, a medida que aumentaban los flujos rusos, según los datos de seguimiento.

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Pelosi se acerca a Taiwán y China y Rusia arremeten contra Estados Unidos

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La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, de gira por Asia, partió hoy de Malasia con aparente destino hacia Taiwán, algo a lo que China, que ve la isla como propia, prometió represalias.

El avión que traslada a Pelosi y su delegación partió de una base de la Fuerza Aérea de Malasia luego de una escala que incluyó un almuerzo con el primer ministro Ismail Sabri Yaakob, informó la agencia de noticias estatal Bernama.

No quedó claro hacia dónde se dirigía ahora Pelosi, pero los tres mayores diarios de Taiwán afirmaron que Pelosi era esperada esta misma noche en la isla autónoma tras su paso por Malasia, pese a las advertencias de China.

El Gobierno chino recibió un fuerte respaldo de Rusia, que acusó a Estados Unidos de “desestabilizar el mundo” y de provocar conflictos, luego de haber responsabilizado a Washington de su decisión de invadir a Ucrania por intentar incorporarla a la OTAN.

El primer ministro de Taiwán, Su Tseng-chang, no confirmó hoy la visita al ser consultado por periodistas, pero agradeció a Pelosi por su apoyo.

“Cualquier huésped extranjero y cualquier legislador amigable es muy bienvenido”, dijo Su a periodistas.

En Beijing, la Cancillería china insistió en que Estados Unidos “pagará el precio” si se concreta la visita Taiwán.

Pelosi también se entrevistó en Kuala Lumpor, la capital de Malasia, con el presidente de la Cámara de Representantes, antes de almorzar con el premier.

Después de Singapur y Malasia, el itinerario oficial de la segunda en la línea de sucesión presidencial estadounidense incluye escalas en Corea del Sur y Japón, pero la perspectiva de una visita a Taiwán sigue acaparando la atención.

China considera a Taiwán como parte de su territorio y una visita de Pelosi a la isla como una provocación del Gobierno del presidente Joe Biden, quien la semana pasada fue advertido por su par chino, Xi Jinping, de que Estados Unidos “juega con fuego”.

“Estados Unidos cargará con la responsabilidad y pagará el precio por socavar la soberanía y la seguridad de China”, dijo a la prensa en Beijing una vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Hua Chunying.

Desde Moscú, la vocera de la Cancillería rusa dijo que Estados Unidos desestabiliza al mundo.

“Washington desestabiliza el mundo. Ni un solo conflicto resuelto en las últimas décadas, sino varios provocados”, dijo Maria Zajarova en la aplicación de mensajería Telegram, informó la agencia de noticias AFP.

Estados Unidos ha impuesto fuertes sanciones a Rusia y proporcionado armas a Ucrania para defenderse de la invasión rusa, que califica de “no provocada” cada vez que se refiera a ella.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha dicho que la negativa de Estados Unidos a aceptar una exigencia de Rusia de detener el avance de la OTAN hacia sus fronteras, incluyendo a su vecina Ucrania, fue uno de los motivos de su ofensiva, entre otros.

Sin embargo, el vocero del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, dijo que Pelosi tiene derecho de realizar la visita y acusó a China de “provocaciones”.

“Tiene el derecho de visitar Taiwán”, declaró Kirby a periodistas.

“No hay motivo para que Beijing convierta una posible visita, congruente con la política estadounidense de hace tiempo, en un tipo de crisis”, añadió.

Kirby citó informes de inteligencia de que China prepararía “posibles provocaciones militares” que podrían incluir el disparo de misiles al Estrecho de Taiwán o incursiones a “gran escala” en el espacio aéreo taiwanés.

El Ministerio de Defensa de Taiwán aseguró hoy que el territorio está “decidido, capaz y confiado” en que podrá proteger a la isla de las crecientes amenazas de China.

“Estamos preparando meticulosamente varios planes y las tropas adecuadas serán desplegadas para responder, respetando las reglas de respuesta en situaciones de emergencia, a las amenazas del enemigo”, dijo el Ministerio taiwanés en un comunicado.

Kirby recordó que Pelosi viaja en un avión militar y que si bien Washington no teme un ataque directo, sí “eleva los riesgos de un error de cálculo”.

Asimismo, reiteró que la política estadounidense no ha variado con respecto a Taiwán.

Ello implica apoyo al Gobierno autónomo taiwanés al tiempo que reconoce a China por encima de Taiwán y se opone a una declaración formal de independencia de parte de Taiwán o una toma forzosa de parte de China.

Los tres diarios más grandes de Taiwán, The United Daily News, Liberty Times y China Times afirmaron que Pelosi llegaría a la isla en la noche del martes y que se reuniría al día siguiente con la presidenta Tsai Ing-wen.

Los 23 millones de habitantes de Taiwán viven con el temor de una invasión, los cuales se ha intensificado bajo el mando del presidente chino Xi.

Ayer, el embajador chino en la ONU, Zhang Hun, calificó la visita de Pelosi como “muy peligrosa, muy provocadora”, en declaraciones a periodistas.

“Si Estados Unidos insiste en hacer la visita (a Taiwán), China tomará medidas firmes y fuertes para salvaguardar nuestra soberanía e integridad territorial”, afirmó.

El Ejército chino difundió ayer en Internet un video de tono marcial que muestra a soldados gritando que están listos para el combate, combatientes despegando, paracaidistas saltando de un avión o una lluvia de misiles que aniquilan varios objetivos.

La posibilidad de una visita inminente de Pelosi provocó hoy una fuerte caída en las bolsas de Asia.

Pelosi sería, si se concreta su visita, la más alta funcionaria estadounidense en visitar Taiwán desde su predecesor Newt Gingrich en 1997.

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