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Alberto Fernández en el G20: encuentro con Joe Biden y aval de Macron y Putin

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El Presidente mantuvo un diálogo informal con el estadounidense. En su intervención criticó las acciones del FMI y recibió apoyos.

En el marco del encuentro del G20, la delegación argentina consiguió lo que vino a buscar: que el presidente Alberto Fernández pudiese mantener un encuentro informal con el presidente de los Estados Unidos Joe Biden.

El encuentro entre ambos fue “muy cordial”, intercambiaron deseos de una pronta reunión formal y elogios hacia el papa Francisco, con quien se reunió ayer Biden.

En medio de las deliberaciones, y cuando el gobierno argentino ha llegado hasta Roma, Italia, con una propuesta para que el G20 se expida en forma crítica de la actual arquitectura del sistema económico global con un énfasis en la participación de los organismos como el FMI, el presidente Fernández dialogó con Biden acerca de la actual situación de la pandemia, y el interés de ambos por el rol global que mantiene en la actualidad el Papa Francisco.

El presidente Alberto Fernández participa del decimosexto encuentro de los jefes de Estado de los países miembros del G20 entre los cuales se encuentra la Argentina. En su discurso, criticó a la actual estructura del sistema financiero global. Pero, sobre todo, al FMI.

“El actual sistema, que prioriza a la especulación por sobre el desarrollo de los pueblos, debe cambiar. La deuda externa que mi gobierno heredó con el Fondo Monetario Internacional y que hoy estamos afrontando es un claro ejemplo de lo que está mal: única en la historia por su monto y por sus condiciones de repago, aprobada para favorecer a un gobierno en la coyuntura, acaba condenando a generaciones que miran impávida el destino que le ha sido impuesto”, dijo el mandatario argentino.

Además, sentenció: “No hay inocentes en esa historia. Son tan responsables los que se endeudaron sin atender las ruinosas consecuencias sobrevinientes, como los que dieron esos recursos para financiar la fuga de divisas en una economía desquiciada”.

“Que nadie se confunda. No vengo a renegar del capitalismo. Vengo a alzar mi voz contra los que han sometido al capitalismo de la producción y el trabajo a la lógica de la especulación financiera. La ética social debe darle contenido a la economía”, dijo.

En medio del encuentro, Fernández obtuvo el apoyo del presidente francés Emanuel Macron quien parafraseó al mandatario argentino. Además, vía zoom, el líder ruso Vladimir Putin se mostró preocupado por la inequidad que generó la pandemia y apuntó al rol del sistema financiero global, en la línea de lo mencionado por Argentina.

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Merkel marcó “diferencias profundas” con Putin en el inicio de su despedida del escenario mundial

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La canciller alemana Angela Merkel abogó hoy por mantener el diálogo con Rusia a pesar de sus “diferencias profundas”, en un encuentro con el presidente Vladimir Putin que marca su última visita a Moscú y el inicio de su despedida a nivel internacional antes de dejar el poder tras las elecciones de septiembre.

Uno de los temas que separa políticamente a ambos países es la situación del opositor ruso Alexey Navalny, encarcelado en Rusia tras recuperarse en Alemania de un presunto envenenamiento que el Kremlin siempre negó.

“Una vez más, le pedí al presidente ruso la liberación de Navalny”, afirmó Merkel durante una rueda de prensa conjunta con Putin en Moscú, al cumplirse exactamente un año del presunto ataque contra el activista anticorrupción.

El presidente ruso se defendió al afirmar que el opositor no está detenido “por sus actividades políticas”, sino por “una infracción criminal con socios extranjeros”.

“Pido que las decisiones judiciales de la Federación Rusa sean tratadas con respeto”, agregó el mandatario, para quien “la lucha contra la corrupción no debería usarse para lograr fines políticos”.

El opositor, en una prisión ubicada a 100 kilómetros al este de Moscú, aprovechó la visita de Merkel para lanzar un mensaje en redes sociales destinado a sus aliados nacionales e internacionales: “Tengo una segunda oportunidad de vivir y de tomar todas las decisiones que estimo justas y honestas”.

Otro tema en la agenda bilateral fue Afganistán, tras la toma de poder de los talibanes que pone fin a veinte años de ocupación extranjera liderada por fuerzas militares de Estados Unidos y de la OTAN.

En ese marco, Putin pidió a la comunidad internacional que impida el “colapso” y advirtió que debe impedirse que los “terroristas” salgan del país, ocultos como refugiados.

Instó además que no se intente imponer “valores ajenos” en el país ni “la democracia en base a modelos extranjeros”. “Creo que esa es la lección de Afganistán”, subrayó durante la rueda de prensa reproducida por las agencias de noticias AFP y Sputnik.

En este vigésimo viaje oficial a Rusia, Merkel cerró la relación con la constatación del fracaso en un asunto que en otro momento fue prioritario: la resolución del conflicto entre Rusia y Ucrania.

“Aconsejo continuar intentando mantener con vida este formato (de negociaciones de paz) y que no acabe en un callejón sin salida”, aseguró la alemana, para quien “los avances no son tan rápidos” como esperaban.

“No hay ningún otro instrumento para lograr la paz”, abundó Putin, que acusa a Ucrania de sabotear las conversaciones.

Kiev denuncia por su parte a Moscú, que anexionó en 2014 la otrora península ucraniana de Crimea, de desviar las negociaciones con su apoyo militar, no reconocido oficialmente, a los separatistas prorrusos en el este del país.

La canciller dijo a Putin que trabajará por preservar “la integridad territorial de Ucrania hasta el último día” de su mandato. Merkel viajará el domingo a Kiev para reunirse con el presidente Volodimir Zelenski.

Ambos líderes insistieron además en la utilidad del gasoducto Nord Stream 2 entre sus respectivos países, pese a las reticencias de Estados Unidos al proyecto que reducirá el papel de Ucrania en la llegada de gas ruso a Europa.

Durante sus 16 años de mandato, la jefa del gobierno alemán mantuvo una ininterrumpida relación, aunque compleja y ambivalente con el mandatario ruso, ambos veteranos de la escena internacional.

Merkel, rusófona crecida en la República Democrática Alemana (RDA), y Putin, que habla alemán por sus años de servicio en el KGB en Alemania del Este, siempre reivindicaron una verdadera relación de trabajo a pesar de sus diferencias.

Desde 2005 discutieron duramente o con ironía sobre muchos temas, desde Siria hasta Ucrania o Bielorrusia, los ciberataques atribuidos por Berlín a Moscú o la situación de Navalny.

Para Merkel es el comienzo del final de su mandato de 16 años tras anunciar que dejará el cargo una vez que estén los resultados de las elecciones del 26 de septiembre en Alemania.

Su partido, la Unión Demócrata Cristiana, y los Verdes figuran entre los favoritos, de acuerdo a los sondeos.

Además de Ucrania, Merkel anunció que una de sus últimas giras internacionales la llevará también a visitar Israel del 28 al 30 de agosto.

Allí se reunirá con el primer ministro Naftali Bennett y visitará el memorial Yad Vashem, dedicado a las víctimas del Holocausto nazi, en momentos en que las autoridades están preocupadas por un resurgimiento del antisemitismo en Alemania.

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El rotundo avance talibán realimenta el mito de Afganistán como “tumba de imperios”

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(Por Iván Gajardo Millas).- El triunfo talibán y las imágenes de un helicóptero sobre la embajada estadounidense en Kabul, que medios y redes compararon con la humillante retirada estadounidense de Saigón (1975), reavivaron el mito de Afganistán como “tumba de imperios”, territorio cuyas imponentes montañas y desiertos le otorgaron una posición geopolítica que se interpuso a los grandes sueños imperiales.

Afganistán es una nación en la que conviven y se enfrentan desde hace siglos más de 50 etnias y grupos tribales, algunas de las cuales trascienden las fronteras de este país de Asia Central hacia los Estados vecinos, Irán Pakistán, Turkmenistán.

Prácticamente todas estas etnias se reconocen musulmanes, una religión que se introdujo en el país en el siglo VII y que, a través de los siglos, se transformó en hegemónica. La mayoritaria es la pashtún, de histórica tradición guerrera.

Durante los últimos dos siglos el país se resistió tenazmente al dominio de las potencias extranjeras: el conocido desastre británico de Afganistán (1842), la salida de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1989, y el fracaso estadounidense, tras 20 años de invasión, centenares de miles de vidas y montañas de dólares, dan cuenta de ello.

Durante un período de 80 años, los británicos libraron tres guerras allí, la primera entre 1839 y 1842, la segunda en 1878-1880, y la tercera entre mayo y agosto de 1919, ocupando o controlando parcialmente el país durante ese período, en el que se perdieron decenas de miles de vidas.

Tras perder la mítica batalla de Gandamack (1842), conocida como “el desastre”, los británicos regresaron buscando venganza y finalmente derrotaron parcialmente a los afganos.

Sin embargo, según la crónica, el capellán del ejército británico, George Gleig, que presenció ese regreso lo calificó como “una guerra iniciada sin ningún propósito sabio, llevada a cabo con una extraña mezcla de temeridad y timidez, terminada después del sufrimiento y el desastre”.

No se obtuvo ningún beneficio, político o militar, de prolongado conflicto bélico y, agotado por la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña se rindió en 1919 y debió conceder la independencia de Afganistán.

Aquel conflicto, una de las peores derrotas del Imperio británico en el siglo XX, se inscribió a su vez en el proceso de construcción de ese imperio en Asia.

En las décadas anteriores, prácticamente todo el subcontinente indio había pasado a manos británicas, lo que provocó crecientes tensiones con otro imperio en ascenso en el continente, el ruso.

Rusia (entonces URSS) pasó el período de posguerra pacificando y modernizando sus repúblicas de Asia Central con notable éxito, aunque su proyecto de instaurar ese programa en Afganistán chocó contra una pared.

Los soviéticos invadieron el país asiático en 1979 en un intento por sofocar una guerra civil en ciernes y apuntalar a sus aliados en el Gobierno afgano.

Con ese objetivo llevaron escuelas, construyeron carreteras y consolidaron instituciones civiles y libertades para las mujeres, pero esa ocupación no fue tolerada por una generación de afganos insurrectos que declararon una guerra santa, para la cual contaron con el amplio apoyo, financiamiento y entrenamiento de EEUU, Pakistán y Arabia Saudita.

Los soviéticos dejaron el paisaje afgano permanentemente desfigurado, con fragmentos de tanques bombardeados y la tierra sembrada con más minas que en cualquier otro lugar del planeta.

Cuando Kabul colapsó, lo que siguió fueron años de amarga guerra civil que destruyó muchas de las ciudades y condujo al ascenso al poder de los talibanes en 1996.

Para EEUU, en tanto, esta misión de combate que llega a su fin tras 20 años e involucró dos Gobiernos demócratas y dos republicanos constituye una nueva derrota militar, dolorosa y humillante, que además pone al presidente Joe Biden ante el amargo trago de conmemorar los 20 años de los atentados del 11S con los talibanes nuevamente en el poder.

La primera batalla militar estadounidense del siglo XXI se libró en Afganistán poco después de esos ataques que impactaron al mundo y cambiaron el mapa geopolítico del planeta.

Desde entonces, alrededor de un millón de hombres y mujeres estadounidenses sirvieron en Afganistán; más de 2.400 de ellos perdieron la vida, junto con otros 1.100 miembros de la OTAN y otros aliados de la coalición.

El abrupto desenlace de esta misión puso de manifiesto cifras escalofriantes que los estadounidenses pagaron y deberán pagar: más de 2,26 billones de dólares, según los cálculos del The Costs of War Project de la Universidad de Brown.

La cifra incluye más de 143.270 millones de dólares en trabajos de reconstrucción, un número que supera largamente el Plan Marshall con el que Estados Unidos resucitó a Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo esta cifra colosal no incluye los fondos que Washington está obligado a gastar en la atención de por vida de los veteranos que participaron en la guerra ni los futuros pagos de intereses del dinero prestado para financiarla.

No están claros los costos políticos que Biden deberá asumir, pero las críticas republicanas ya acechan y el expresidente Donald Trump aprovechó la oportunidad para disparar críticas.

El laberinto irresoluto de Afganistán traerá además efectos en toda la región donde el tablero geopolítico se sacude de modo rotundo, desde Arabia Saudita, que, pese a sus propios vínculos históricos con los talibanes, no quiere que se socave la autoridad estadounidense en la región, hasta Irán, cuyos vínculos con los talibanes han sido fluctuantes.

Beijing y Moscú, por diferentes razones, se interesan en el desarrollo de los acontecimientos en Kabul: China observa con atención, mientras Rusia reaviva sus preocupaciones históricas sobre el extremismo afgano que afecta a su propia población musulmana y a las de los Estados nación de su periferia.

Ambas potencias esperan también su oportunidad de ejercer su influencia en esta región emplazada en pleno corazón de Asia, en el cruce de caminos entre Eurasia, Asia Central, China, India y Medio Oriente.

Las aterradoras imágenes de esta semana del aeropuerto de Kabul, con jóvenes muriendo en el desesperado intento de huir de un país capturado por el islamismo radical, y valientes mujeres arriesgando sus vida mientras reclaman sus derechos, advierten no obstante a estas potencias que -como dijo el escritor estadounidense Mark Twain- “La historia no se repite, pero rima”.

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La batalla menos pensada: Champagne vs Shampanskoye

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Champagne, Shampanskoye y vinos espumosos. El conflicto sobre el etiquetado de esta tradicional bebida escaló luego de que Rusia promulgara una ley que exige modificaciones para los productos importados.

Conflicto por el champagne

En la reglamentación prohíbe a usar la traducción rusa de Champagne a las bebidas importadas y solo reserva este término para los vinos espumosos producidos en el país.

El ministro de Agricultura francés, Julien Denormandie, dijo hoy martes que ‘champán’ era un nombre que podría usarse en vinos espumosos de la región del mismo nombre en Francia, aunque otros países en ocasiones intentaron reclamar la denominación como suya. Denormandie reaccionó después de que Rusia promulgó el viernes una ley que requiere que los productores extranjeros de vino espumoso describan su producto como tal en la parte posterior de la botella y no en el frente.

En tanto, solo los fabricantes de “shampanskoye” ruso pueden continuar usando ese término solo.

“Pueden imaginarse la reacción de las autoridades francesas”, dijo Denormandie a Sud Radio. “La palabra Champagne proviene de esa hermosa región de Francia donde se produce el champán”, continuó.

El grupo productor Abrau-Durso (de Rusia) dijo que una nueva ley que exige que las botellas de champán francés y otras efervescentes extranjeras tengan una referencia a “vino espumoso” en la botella no ayudaría mucho a estimular las ventas del “shampanskoye” de Rusia.

La ley, que tiene como objetivo proteger al “shampanskoye” otorgándole un estatus único y eximiéndolo de la regla, ha provocado protestas en Francia, que guarda celosamente el “champán” producido en su región de Champaña como un producto único que se diferencia de todo lo fabricado en otras regiones francesas o el resto del mundo.

Pavel Titov, presidente de Abrau-Durso y copropietario con su padre, dijo a Reuters que no creía que la nueva ley cambiaría el nivel de competencia en el mercado ruso. “Estamos en segmentos de precios completamente diferentes: el champán francés importado es muchas veces más caro”, dijo.

Las acciones de Abrau-Durso, que el año pasado rebautizaron su marca “Russkoye shampanskoye” como “Russkoye igristoe”, o chispa rusa, subieron un 0,5% en la jornada del martes y en un momento casi un 9% desde el comienzo de la semana.

Abrau-Durso exporta sus vinos a 24 países, pero no a Francia, dijo Titov, que había dicho a los medios franceses el sábado que esperaba que el problema, que llevó a algunos en la industria francesa del champán a instar a los productores a detener los envíos a Rusia, se resolviera a favor de las normas y estándares globales. De igual manera, algunos productores de champán franceses han dicho que cumplirían con la ley para mantener el acceso al mercado de Rusia.

El grupo francés de la industria del champán pidió a sus miembros que detuvieran por el momento todos los envíos a Rusia y dijo que el nombre “champán”, que se refiere a la región de Francia de donde proviene la bebida, tiene protección legal en 120 países.

“El Comité de Champagne deplora el hecho de que esta legislación no garantiza que los consumidores rusos tengan información clara y transparente sobre el origen y las características del vino”, dijeron en un comunicado Maxime Toubart y Jean-Marie Barillere, copresidentes del grupo.

El ministro de Comercio francés, Franck Riester, dijo que estaba siguiendo de cerca la nueva ley rusa y que estaba en contacto con la industria del vino y los socios europeos de Francia. “Apoyaremos indefectiblemente a nuestros productores y la excelencia francesa”, dijo en Twitter.

Moet Hennessy, el fabricante francés propiedad de LVMH de los champagnes Veuve Clicquot y Don Perignon, dijo el domingo que comenzaría a agregar la designación “vino espumoso” en la parte posterior de las botellas destinadas a Rusia para cumplir con la ley.

La Comisión Europea dijo que la legislación en Rusia con respecto a las bebidas espirituosas y el vino tendría un impacto considerable en las exportaciones de vino y haría todo lo posible para expresar su desacuerdo y preocupación. “Haremos todo lo necesario para proteger nuestros derechos y tomar las medidas necesarias si esta ley entra en vigor”, dijo la portavoz de la Comisión Europea, Miriam García Ferrer.

Cuando se le preguntó qué contramedidas podría tomar la Unión Europea en respuesta a la ley rusa, dijo que era prematuro discutir tal situación.

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Putin confirmó que se vacunó con la Sputnik V

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El presidente de Rusia, Vladímir Putin, confirmó hoy que en marzo y abril recibió las dos dosis de la vacuna anticovid Sputnik V, de elaboración nacional.

“Tomé la decisión de ponerme (…) Sputnik V, especialmente porque nuestras Fuerzas Armadas se inmunizan con Sputnik V y soy el Comandante Supremo”, dijo Putin en una transmisión mediática en la que respondió preguntas de la ciudadanía.

Agregó que la vacunación le provocó efectos secundarios leves.

El presidente ruso recibió la primera dosis de la vacuna el 23 de marzo y la segunda, el 14 de abril, y aclaró que por entonces no precisó con qué fármaco anticovid se había inmunizado.

“Realmente me pidieron que no dijera qué fármaco me puse para no crear algunas ventajas competitivas de una vacuna sobre otra”, explicó el mandatario, refirió la agencia de noticias Sputnik.

Subrayó que todas las vacunas rusas son “muy buenas”.

En agosto de 2020, el Ministerio de Salud de Rusia registró la primera vacuna en el mundo contra la Covid-19 –Sputnik V– desarrollada por Centro de Epidemiología y Microbiología Nikolái Gamaleya.

Después fueron creadas y registradas las vacunas EpiVacCorona, del Centro Vector, y CoviVac, del Centro de Investigaciones y Desarrollo de Sustancias Inmunobiológicas Chumakov.

A inicios de mayo pasado Rusia registró su cuarta vacuna –Sputnik Light– una versión monodosis de la Sputnik V.

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