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La cumbre que no fue: sin líderes, sin solución

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Parecía ser un evento que podía cambiar el rumbo en absoluto de este conflicto armado que ya lleva más de 3 años en actividad entre rusos y ucranianos, pero, hasta el momento, todo se diluyó. Un presidente ausente, otro presente y un tercero en discordia que dio la clave del fin de la guerra. 

El gran ausente 

Todos esperaban la foto. Los flashes de los medios internacionales apuntando hacia ese portón del recinto en Estambul que iba a alojar a ambas delegaciones con el afán de poder concretar, al menos, un principio de entendimiento de paz entre Rusia y Ucrania. De antemano, esto cayó en cuanto a expectativas posibles por una ausencia vital en cualquier acuerdo que pueda darse: Putin no fue. 

El máximo mandatario ruso no dio, aún, la foto esperada por todos los portales, en donde se vea cara a cara con su par ucraniano, Volodimir Zelenski. ¿Las razones? Pueden ser varias. Una de ellas es que Putin tiene muy bien entrenado a su plana mayor. Desde el arranque de esta guerra, su canciller, Serguéi Lavrov fue el encargado de encabezar las comitivas y de “dar la cara” ante el marco internacional que, en Occidente, fue completamente acusatorio siempre con Moscú. Lavrov sabe bien lo que tiene que hacer y cuida los intereses rusos bajo la tensa presión de ser la mano derecha de Putin, con todo lo que eso pueda significar, sin embargo, eso no es todo. 

El otro punto interesante a analizar es que Putin tiene, debido a la guerra en Ucrania, un pedido de captura por parte de la Corte Penal Internacional de La Haya, bajo la carátula de cometer o al menos de generar condiciones para crímenes de guerra en suelo ucraniano. Esta situación le vale la condición de no poder viajar a varios países del mundo que se encuentran bajo el manto de La Haya, aunque, paradójicamente, el país que es sede de esta cumbre (Turquía) no está adherido a la misma, por ende, no rige el pedido de captura. Tampoco se encuentran no acatando el Estatuto de Roma países importantes como Estados Unidos, China, Israel y hasta la propia Rusia de Vladimir Putin. 

El tercero en discordia

Más allá de toda condición que haya puesto o haya rechazado Putin, hay un tercer mandatario que dio en el clavo con la explicación de su ausencia, pero también dando a entender la clave del fin de este conflicto. 

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, fue taxativo y dijo, de forma textual: “No creo que vaya a pasar nada, les guste o no, hasta que él y yo nos reunamos. Pero vamos a tener que resolverlo porque están muriendo demasiadas personas”.

Trump lo deslizó, sin ningún tapujo y fiel a su estilo, que Putin no fue porque él no iba a estar y desnudó una realidad que a Ucrania y los países que lo apoyan en esta guerra les duele pero es algo fundamental. En la alta política mundial, Zelenski no es ni siquiera un invitado. Putin y Trump se reconocen como pares y como iguales, líderes de naciones fuertes, potencias militares y con un amplio espectro de influencia a nivel global, dotes de los cuales carece Ucrania desde todo punto de vista. Asimismo, Trump entiende (al igual que Putin) que son, junto a China y algún puñado de países más, los mandamases del nuevo modelo internacional multipolar, en donde Ucrania no tiene injerencia alguna. 

En varias ocasiones, Putin dio a entender que este conflicto arrancó por pretensiones ucranianas de cercanía hacia la OTAN y la UE, adhesiones que hoy en día no van a ocurrir. Además de que Trump fue muy explícito en cuanto a sus diferencias con Zelenski y a qué está guerra nunca hubiera ocurrido bajo su mandato. Este contexto es, lógicamente, desfavorable para Ucrania. Hay que caer en cuenta, de una vez por todas, que Zelenski no tiene validez por ninguno de los líderes y que el único apoyo mayoritario con el que cuenta hoy en día es de los países occidentales de Europa, entendiendo que una caída estrepitosa de Kiev, abre la puerta a posibles pretensiones imperialistas de Rusia sobre el resto del mapa europeo, y eso cambiaría en absoluto la equivalencia de fuerzas y la cierta tranquilidad con la que viven los países ricos del viejo continente. 

Para Putin y Trump, Zelenski es algo meramente secundario. Rusia buscará quedarse con la mayor cantidad de territorio posible en el contexto de la ocupación acontecida desde que arrancó la guerra y Estados Unidos buscará hacerse propio de los minerales y las tierras raras ucranianas para explotarlas en la industria tecnológica, bajo el marco de una guerra comercial con China.

¿Y Ucrania? Bien, gracias. Esta cumbre en la cual ambos líderes (Trump y Putin) dejaron plantado a Zelenski, es una vergüenza geopolítica tan grande como el paseo que le dio Trump en la última visita del líder ucraniano a EEUU, en donde le cantó todas las justas de su país en la cara y ante los ojos del mundo. Tomando lo último, aquí también quedó plantado ante los ojos del mundo. Un presidente que había sido ensalzado por los medios occidentales y financiada su maquinaria bélica por la endeble gestión Biden, hoy ve que ante la pureza política de Trump y Putin, es solo un ladrillo más en la pared. En términos futbolísticos, Zelenski venía bien pero no pudo ascender, y en primera solo juegan los grandes como Donald y Vladimir.

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Trump presiona a Ucrania para aceptar un plan de paz que favorece a Rusia

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Por David E. SangerMichael D. Shear y Mark Landler, New York Times. El presidente Donald Trump y sus principales asesores exigieron el miércoles que Ucrania aceptara una propuesta diseñada por Estados Unidos que, en esencia, concedería a Rusia todo el territorio que ha ganado en la guerra, a la vez que solo ofrecería a Kiev vagas garantías de seguridad.

El plan estadounidense, que también impediría explícitamente a Ucrania ingresar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, fue rechazado por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cuya larga disputa con Trump estalló hace dos meses en el Despacho Oval. La propuesta también parece pedir que Estados Unidos reconozca la toma de Crimea, región de Ucrania, por parte de Rusia en 2014.

“No hay nada de qué hablar. Esto viola nuestra Constitución. Este es nuestro territorio, el territorio del pueblo de Ucrania”, dijo Zelenski.

Trump replicó en las redes sociales que el presidente ucraniano estaba siendo “incendiario” y dijo que solo “prolongaría el ‘campo de exterminio’”.

Trump sugirió que la propuesta estaba a punto de ser aceptada por el presidente de Rusia, Vladimir Putin. “Creo que tenemos un acuerdo con Rusia”, dijo a los periodistas en la Casa Blanca. El problema, sugirió, era Zelenski.

“Pensé que sería más fácil tratar con Zelenski”, dijo. “Hasta ahora es más difícil”.

El vicepresidente JD Vance habló con el mismo tono durante un viaje a India.

Dijo que Estados Unidos “se retiraría” del proceso de paz si tanto Ucrania como Rusia se negaban a aceptar las condiciones estadounidenses. Sin embargo, era claro que el mensaje era para Zelenski.

“Hemos extendido una propuesta muy explícita tanto a los rusos como a los ucranianos, y ha llegado el momento de que digan sí o de que Estados Unidos se retire este proceso”, dijo Vance a los periodistas. “La única manera de detener realmente la matanza es que ambos ejércitos bajen las armas, congelen este asunto y se dediquen realmente a construir una mejor Rusia y una mejor Ucrania”.

No estaba claro si los anuncios estadounidenses formaban parte de una campaña de presión para obligar a Zelenski a hacer concesiones territoriales o si estaban diseñados para crear un pretexto para abandonar el apoyo estadounidense a Ucrania.

Pero Estados Unidos se está conformando esencialmente con un acuerdo que favorece al agresor en la guerra, que obliga a Ucrania a aceptar la reescritura forzosa de su frontera y a renunciar a su esperanza de ingresar finalmente en la OTAN, como han hecho otras ex repúblicas soviéticas.

Los aliados europeos, que en las últimas semanas han prometido más apoyo militar y económico a Zelenski, han acusado a Trump de estar cambiando de bando en la guerra, y de que su verdadero objetivo es dejar de lado a Ucrania y encontrar una forma de normalizar las relaciones estadounidenses con Moscú. Trump y sus principales ayudantes ya han empezado a discutir la posibilidad de levantar las sanciones a Rusia y de llegar a acuerdos energéticos y minerales con Putin.

Sean cuales sean los motivos de Trump, lo ocurrido el miércoles señaló el posible abandono del compromiso estadounidense con Zelenski de que Estados Unidos nunca entablaría conversaciones que excluyeran al país de determinar su propio destino.

Aunque Estados Unidos no hizo público el texto de su propuesta, los funcionarios europeos que lo han visto afirman que, según sus términos, Estados Unidos reconocería Crimea —de la que Putin se apoderó ilegalmente en 2014— como territorio ruso. Aunque la península formó parte de Rusia durante cientos de años, fue cedida a Ucrania por el dirigente soviético Nikita Jruschov hace casi siete décadas.

En su publicación en redes sociales, Trump dijo que no estaba pidiendo a Zelenski que reconociera a Crimea como territorio ruso, aunque el plan estadounidense exigiría que Washington lo hiciera.

“Nadie está pidiendo a Zelenski que reconozca Crimea como territorio ruso, pero, si quiere a Crimea, ¿por qué no lucharon por ella hace once años, cuando fue entregada a Rusia sin que se disparara un tiro?”, escribió Trump.

Hace solo tres años, Marco Rubio, entonces senador y ahora secretario de Estado de Trump, copatrocinó una enmienda para prohibir que Estados Unidos reconociera jamás cualquier reivindicación rusa de soberanía sobre partes de Ucrania de las que se hubiera apoderado.

“Estados Unidos no puede reconocer las reivindicaciones de Putin o nos arriesgamos a establecer un peligroso precedente que otros regímenes autoritarios, como el Partido Comunista Chino, puedan imitar”, dijo entonces, en alusión a Taiwán.

Ahora Rubio se ha convertido en defensor del planteamiento de Trump, aunque Ucrania tenga que ceder el 20 por ciento del país a Putin y conceder al líder ruso la mayoría de sus objetivos bélicos.

Funcionarios sentados alrededor de una mesa, cada uno con una tarjeta con su nombre y un micrófono.
El secretario de Estado Marco Rubio, en el centro con corbata roja, con otros diplomáticos en una conferencia de paz celebrada en París la semana pasada para hablar de Ucrania. Credit…Foto de consorcio por Julien De Rosa

Trump ha tomado otras medidas para apaciguar a Putin. Ha desmantelado o neutralizado unidades del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia encargadas de reunir pruebas de posibles crímenes de guerra cometidos por Rusia, entre ellos la matanza de civiles en Bucha, a las afueras de Kiev, poco después de la invasión rusa.

No está claro qué ocurrirá si Zelenski se niega a ceder. Trump ha sugerido que simplemente se lavaría las manos en el esfuerzo de paz —que una vez dijo que se podía resolver en 24 horas— y, en palabras de Rubio, “pasar a otra cosa”.

Estados Unidos ya ha limitado sus envíos de armas a Ucrania, aunque algunas siguen pasando. Y se ha reanudado el intercambio de información de inteligencia estadounidense, tras una pausa temporal para presionar a Kiev para que acudiera a la mesa de negociaciones.

Pero Trump siguió esforzándose por menospreciar al líder ucraniano, que en su día fue vitoreado por legisladores de ambos partidos que lo comparaban con Churchill. “La situación de Ucrania es terrible”, escribió Trump. “Puede tener Paz o, puede luchar otros tres años antes de perder el país”.

El miércoles por la tarde, Yulia Svyrydenko, ministra de Economía ucraniana, también prometió que su país “nunca reconocerá la ocupación de Crimea”. En la red social X, dijo que “Ucrania está dispuesta a negociar; pero no a rendirse. No habrá ningún acuerdo que brinde a Rusia las bases más sólidas que necesita para reagruparse y volver con mayor violencia”.

Vance dijo a los periodistas en India que, según la propuesta estadounidense, “vamos a congelar las líneas territoriales a un nivel cercano al que están ahora”.

“Las líneas actuales, o en algún lugar cercano a ellas, es donde en última instancia, creo, se van a trazar las nuevas líneas en el conflicto”, añadió. “Ahora, por supuesto, eso significa que tanto los ucranianos como los rusos van a tener que ceder parte del territorio que poseen actualmente”.

El miércoles, un portavoz del Kremlin acogió con gusto las declaraciones de Vance.

“Estados Unidos continúa sus esfuerzos de mediación y, desde luego, los recibimos con agrado”, dijo el portavoz, Dmitri S. Peskov. “Nuestras interacciones continúan pero, sin duda, hay muchos matices en torno al acuerdo de paz que deben discutirse”.

La agresiva presión del gobierno de Trump para llegar a un acuerdo representa un duro golpe para los líderes europeos, quienes han pasado las últimas semanas intentando apoyar a Ucrania mediando en las conversaciones de paz con Estados Unidos. El primer intento ocurrió la semana pasada en París y estaba previsto que el miércoles comenzara otra sesión en Londres, antes de que Rubio anunciara el martes por la noche que ya no asistiría.

La decisión de Rubio de cancelar su asistencia tomó desprevenido al gobierno del Reino Unido, según un funcionario británico que dijo que el ministro de Asuntos Exteriores David Lammy había tenido la plena certeza de que el secretario de Estado iba a estar en Londres el miércoles.

Diplomáticos de menor rango del Reino Unido, Francia, Alemania, Ucrania y Estados Unidos sí se reunieron para mantener conversaciones técnicas. Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos hizo temer que Ucrania y Europa quedaran marginadas, ya que el gobierno de Trump parecía estar trabajando principalmente con Rusia.

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo el martes que está previsto que Witkoff viaje a Moscú esta semana.

Andriy Yermak, jefe de gabinete del presidente ucraniano, llegó a Londres el miércoles por la mañana para asistir a las conversaciones reducidas junto con los ministros de Defensa y Asuntos Exteriores de su país.

“A pesar de todo”, escribió en la plataforma de redes sociales X tras su llegada, “seguimos trabajando por la paz”.

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Zelenski posó en su despacho delante de un cuadro que muestra la Plaza Roja de Moscú en llamas

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La revista estadounidense Time publicó un artículo con una foto del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, posando en su despacho delante de un cuadro que muestra la Plaza Roja de Moscú en llamas.

Según explicó Zelenski al medio norteamericano, esa pintura, en la que aparecen el Kremlin y el mausoleo del líder revolucionario ruso y fundador de la URSS, Vladímir Lenin, envueltos en llamas, es su favorita.

Un segundo cuadro representa a un buque de guerra ruso hundiéndose en el mar Negro, mientras que otro muestra a militares ucranianos luchando en territorio ruso.

“Cada uno trata de la victoria”, explicó Zelenski.

Time detalla que la pintura cuelga en una pequeña habitación contigua al despacho de Zelenski, donde, además de los cuadros, hay una cama individual.

Asimismo, el medio indica que no se trata de piezas de museo y no tienen gran valor económico, pero para Zelenski son importantes, puesto que él mismo las eligió.

La opinión de Trump

Por otra parte, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, opinó que “Ucrania es simplemente un país subordinado de los Estados Unidos”, según informó la CNN, citando al politólogo británico Mark Galeotti.

Galeotti subraya que Trump expresó su creencia de que las naciones más grandes e influyentes deberían tener la capacidad de hacer valer sus deseos e intereses y conseguir lo que quieren.

“Creo que la conclusión es que, en lo que respecta a Trump, Ucrania es un estado vasallo, comprado y pagado, que necesita comprender su lugar y aceptarlo”, enfatizó el analista.

Por tanto, interpretó, es probable que Estados Unidos negocie de forma independiente un acuerdo con Rusia y posteriormente lo presente a Ucrania para su aceptación.              

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Rusia aceptó un alto el fuego limitado: detendrá por 30 días ataques contra Ucrania

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Donald Trump y Vladimir Putin conversaron por teléfono durante unos 90 minutos. Moscú condiciona una tregua más amplia al cese del rearme ucraniano y del apoyo militar occidental

Rusia aceptó un alto el fuego limitado en sectores energéticos e infraestructurales de Ucrania como parte de una iniciativa encabezada por Estados Unidos para poner fin a la invasión rusa, según confirmó este martes la Casa Blanca. Sin embargo, el Kremlin ha presentado una serie de condiciones y demandas adicionales para avanzar en un acuerdo más amplio.

En un comunicado emitido tras una conversación telefónica de 90 minutos entre el presidente estadounidense Donald Trump y el mandatario ruso Vladimir Putin, la Casa Blanca anunció que ambas partes acordaron iniciar “negociaciones técnicas” sobre un alto el fuego marítimo en el mar Negro, así como avanzar hacia un alto el fuego total y una paz permanente. “Estas negociaciones comenzarán de inmediato en Medio Oriente”, indicó el comunicado.

El Kremlin, en su propia versión de la conversación, destacó que Rusia ha expuesto una serie de condiciones que considera fundamentales para la viabilidad del acuerdo. Entre ellos, exigió la implementación de mecanismos de control efectivos sobre cualquier alto el fuego en la línea de conflicto, el fin de la movilización de ciudadanos ucranianos y el cese del rearme de sus fuerzas armadas. También solicitó abordar lo que calificó como las “causas fundamentales de la crisis” y demandó la suspensión total del apoyo militar extranjero a Ucrania, incluyendo el cese del suministro de armas y asistencia en inteligencia.

A pesar de estas exigencias, el Kremlin confirmó que Putin ha dado instrucciones para cumplir con el alto el fuego en infraestructuras energéticas durante los próximos 30 días. Además, la declaración oficial rusa indicó que el mandatario “respondió constructivamente” a la propuesta de un cese de hostilidades en el mar Negro, aunque las negociaciones sobre este punto aún están en curso.

Durante la conversación, según Moscú, Putin también informó a Trump sobre un acuerdo para un intercambio de 175 prisioneros de guerra de cada bando entre Rusia y Ucrania, además de la liberación de 23 soldados ucranianos gravemente heridos como un “gesto de buena voluntad”.

Trump y Putin también destacaron la posibilidad de mejorar las relaciones bilaterales entre EEUU y Rusia, señalando que esto traería “grandes beneficios económicos y estabilidad geopolítica”. Durante la conversación, ambos líderes coincidieron en que el conflicto en Ucrania “nunca debió haber comenzado” y que los recursos de Ucrania y Rusia “deberían destinarse a las necesidades de sus pueblos”.

Además de la situación en Ucrania, los líderes abordaron la proliferación de armas estratégicas y la seguridad en Medio Oriente. También expresaron una posición común sobre Irán, afirmando que el país “nunca debería estar en condiciones de destruir a Israel”.

No se han proporcionado detalles sobre los términos específicos del alto el fuego ni sobre el papel de Ucrania en las negociaciones.

El presidente Donald Trump y el presidente ruso Vladimir Putin concretaron este martes su esperada llamada telefónica para tratar de avanzar en una tregua definitiva en Ucrania.

El llamado se produjo después de que funcionarios ucranianos aceptaran la semana pasada la propuesta estadounidense durante las conversaciones en Arabia Saudita, encabezadas por el secretario de Estado Marco Rubio. Sin embargo, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, se muestra escéptico de que Putin esté listo para la paz, mientras las fuerzas rusas continúan atacando Ucrania.

Trump buscó discutir con Putin sobre tierras y plantas de energía que han sido confiscadas durante la agotadora guerra de tres años, mientras que el jefe del Kremlin quiere imponer el fin de la provisión de armas a Kiev como condición para un cese del fuego.

Según el Kremlin, Putin y Trump tuvieron una conversación “detallada y franca”.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo previamente que ya había un “cierto entendimiento” entre los dos líderes, basado en una llamada telefónica que mantuvieron el 12 de febrero y en los contactos posteriores de alto nivel entre los dos países.

En esta imagen, proporcionada por el Servicio de Emergencias de Ucrania, un camión de bomberos y autobuses arden tras un ataque ruso con drones contra una zona donde los bomberos extinguían un incendio en un centro de secundaria luego de un ataque previo, en Bohodukhiv, en la región de Járkiv, Ucrania, el 15 de marzo de 2025. (Servicio de Emergencias de Ucrania vía AP)

Relación privilegiada

Los estadounidenses han llevado a cabo discusiones paralelas con Rusia, en particular a través del enviado especial Steve Witkoff, quien ha viajado a Moscú.

Rusia plantea condiciones consideradas inaceptables por Ucrania para un cese de hostilidades, como por ejemplo que Kiev ceda cinco regiones anexionadas por Moscú, abandone sus ambiciones de unirse a la OTAN y lleve a cabo un cambio de gobierno.

Ucrania, por su parte, pide garantías de seguridad de sus aliados occidentales y el despliegue de una fuerza de interposición para garantizar una eventual tregua.

Trump presume de tener una relación privilegiada con Putin. Ha asegurado varias veces que el presidente ruso quiere sinceramente la paz en Ucrania.

Eso no le ha impedido mencionar, de manera vaga hasta ahora, posibles sanciones financieras contra Rusia en ausencia de avances para el cese de los combates.

(con información de Reuters y AFP)

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La súper política de Putin

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Un líder con más de 20 años de experiencia al mando de una potencia histórica. Muchas veces cuestionado y otras venerado. Para algunos un dictador y para otros un libertador. Sea como sea, hay algo que es seguro, y es que el “zar del siglo XXI” es un animal geopolítico.

La guerra en Ucrania sirvió y sirve para ver el comportamiento de la alta política exterior de Rusia. Un país que demuestra el potencial nuclear como su carta de presentación, además de ser uno de los grandes núcleos políticos del mundo, requiere de un manejo con mano de hierro, y vaya si Putin es complementario a ello. Hay quienes dicen que cada país tiene al gobernante que merece, cuando la realidad es que los gobernantes nacen del seno de su pueblo y son producto de la simbiosis del imaginario colectivo, la idiosincrasia y el devenir histórico. Putin es eso, un líder hecho y derecho para Rusia. Un país que ha visto los procesos políticos e históricos bajo mandatos autoritarios en donde los momentos de auge tuvieron sus matices. Personajes como Iván el Terrible, Catalina la Grande, Lenin y Stalin, son un reservorio histórico sobre cómo impartir el manejo del poder en el vasto territorio ruso, algo que Putin heredó y lo reconvirtió en la nueva geopolítica del mundo, la famosa multipolaridad.

Putin: líder, dentro y fuera de casa

La conflagración en Ucrania tiene un punto de ser particular para el mandatario ruso. La idea principal es evitar, a toda costa, que Ucrania ingrese en la OTAN o esté bajo la órbita de influencia de la Europa Occidental. Uno podría pensar que Rusia no quiere perder a aquellas naciones que estuvieron bajo su manto durante mucho tiempo, pero la verdadera lógica de este pensamiento es que Putin está intentando evadir las fronteras cercanas de la OTAN. Si mantiene una cercanía como ya la tiene con los países nórdicos, sería potencialmente catastrófico en el equilibrio de fuerzas reales en esa zona, además de ser fronteras calientes que sean disparadores de conflictos directos entre la OTAN y Rusia.

El otro tema interesante de la súper política de Putin es la apropiación estratégica del territorio ucraniano. Si Moscú avanza con la partición de Ucrania tras el cese de las hostilidades y un acuerdo de paz duradera, podrá tener libre acceso y usufructo del Mar Negro. Estratégicamente es importante porque son aguas navegables en donde puede mantener durante todo el año al comercio exterior ruso activo, a diferencia de las congeladas aguas del norte que requieren buques especializados y dónde hay épocas en donde la navegabilidad es casi inviable. En pocas palabras, es una reducción de costos a costas de la sangre ucraniana y rusa derramada en el campo de batalla.

Putin, para mantener esta visión frívola pero efectiva de una Rusia imperante, tiene que ser el depositario de la confianza absoluta de su pueblo. La cohesión social es una condición sine qua non para conseguir el afianzamiento de políticas externas muchas veces violentas, como una guerra. Para ello, el zar del siglo XXI mantuvo una serie de condiciones internas en un pacto social implícito.

Basó parte de sus mandatos en la reconstrucción económica rusa y el fortalecimiento de una clase media y trabajadora que venían en picada tras los últimos años soviéticos y el gobierno de Boris Yeltsin.

Otro punto importante fue el paternalismo político con características históricas que comentamos antes. Un líder férreo y con cierto autoritarismo, sintetizando los valores del viejo Imperio Ruso y revalorizando los años dorados soviéticos. Esto de sacar lo “mejor” de dos momentos históricos significativos para los rusos, sumados al posicionamiento nuevamente en el tablero internacional, le valió una cuota de confianza importante de su pueblo.

Finalmente, y no menos importante, la cohesión social se vale de la utilización de los aparatos represivos del Estado cuando se lo requiera. Es sabido que la oposición al régimen de Putin suele ser severamente castigada y perseguida, sobre todo cuando toca de cuajo a las formalidades que hacen a la visión de la construcción del Estado. No necesariamente se habla de represión violenta siempre, sino de una fuerte campaña en la construcción de un relato único que represente los intereses del gobierno de Putin y que sean aceptados o impuestos a la sociedad. Los ejemplos pueden ser los modelos de familia, la no proliferación del colectivo LGBT, el acceso a la cultura y la vanagloria hacia el fuerte pasado ruso.

Putin construyó un poder igual de respetado en Rusia como en el resto del mundo.

Putin, el terror europeo

Durante la Guerra Fría, el telón de acero de occidente contra la URSS trajo a colación la aplicación del concepto del “fantasma del comunismo”, lo que era, básicamente, el miedo de la influencia de grupos revolucionarios que respondan a los intereses soviéticos en pleno capitalismo. Hoy, Europa, tiene un nuevo fantasma y es Putin.

El terror de la Unión Europea es evidente y vienen instalando la idea de un expansionismo ruso sin fin. La verdad es que difícilmente eso pase. Si bien es obvio que Rusia avanzó sobre Ucrania por cuestiones estratégicas y de equilibrio de poder, es difícil que vaya más hacia occidente, ya que esto sería sinónimo de un enfrentamiento directo con la OTAN y está a las claras que eso es lo que no quiere Putin. Aunque, ese miedo tiene una parte de posible realización en algunas zonas.

Rusia ve a varios países bajo su zona de influencia histórica, y son Georgia y Moldavia aquellos países que podrían estar en la mira de Putin. Georgia tiene severos problemas institucionales por lo que la oposición denomina “leyes prorrusas” y por la lectura que uno puede hacer acerca de la no alineación por completo de Georgia con Bruselas es básicamente para no transformarse en la nueva Ucrania.

El caso de Moldavia es paradigmático, ya que si bien tiene el proceso de adhesión a la UE en marcha y es colaborador de la OTAN (no miembro), tiene un enclave soviético dentro. Aunque parezca extraño, la región rebelde Transnistria sigue viviendo como en los años de la URSS. Tienen su propio gobierno, su delimitación fronteriza y hasta su propia moneda. Moldavia no lo reconoce como un país independizado, sino como una zona que presenta conflictos internos, sin agresión mediante. Sin embargo, Transnistria ve en Moscú a su aliado y potencial jefe. Es decir, un solo movimiento ruso en este enclave rebelde será suficiente para detonar una guerra en Moldavia. Pese a ello, es difícil que pase, ya que Moldavia limita con Ucrania y es una zona fuera de disputa con Rusia, por ende haría que todo sea más difícil en cuestiones logísticas, además que podría afectar a la paz duradera con Kiev.

Hoy en día, el mundo tiene tres líderes: Putin, Trump y Xi Jinping. La tríada, con tensiones y distensiones, con alianzas y desconfianza, mantienen un mismo orden y pretenden que la multipolaridad sea el eje del reordenamiento político global, es por eso que necesitan ser depositarios de una súper política que vaya más allá de lo aparente y que sean capaces de transformar a países en imperios sin que sean catalogados como tal. Putin es así y por eso es el zar del momento.

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