RALEO

Apuntes de fronteras cerradas

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Del otro lado del teléfono, la voz sonaba sorprendida. Los datos mostraban a Misiones con un crecimiento de ventas a contramano del resto del país, donde todavía no hay recuperación en medio de la pandemia que profundizó la recesión que sofoca al país desde fines de 2018. En septiembre el patentamiento de cero kilómetros en Misiones creció 27 por ciento interanual, pero también en relación con agosto. ¿A qué obedece este fenómeno después de una caída del 47 por ciento durante 2019? “Un poco de fronteras cerradas, pero también el buen momento de actividades como la yerba mate o la madera”, explica la empresaria al teléfono. Se vendieron muchas unidades de alta gama y destinadas al transporte. Aunque también, por primera vez en el año, hubo un crecimiento real en la venta de planes de ahorro. Las restricciones a la compra de dólares pueden incluso estimular esa modalidad: la cuota de un auto medio está en promedio por debajo de los cien dólares más impuestos. 

El dato se conoció horas después de una extensa reunión de las concesionarias con el Gobierno provincial, en el que se acordó una serie de medidas para que las empresas recuperen rentabilidad. Se acordó el incremento de 1 a 3 millones del tope para beneficiarse de la bonificación por venta de vehículos y se amplió el Ahora Patentamiento para vehículos usados que se vendan y radiquen en Misiones. 

Pero después de la sorpresa inicial, los datos: no es el primer indicador que muestra a Misiones haciendo punta en la recuperación. El consumo de cemento está en niveles altísimos y tuvo a la tierra roja como la única con saldo positivo en los últimos cuatro meses, lo que implica una recuperación bastante por encima de los niveles pre pandemia.

Esos indicadores económicos se traducen en los indicadores económicos. Aunque la pandemia disparó el porcentaje de desocupación, la pobreza cayó en comparación con 2020 y muestra a la capital misionera con la menor tasa de la región.

Como contraste al aumento promedio  nacional al 49,9 por ciento (cinco puntos por encima de la herencia en alza dejada por Mauricio Macri, la capital misionera logró contener la pobreza. En el primer semestre de 2019 el 28,6 por ciento de los hogares estaba en esa situación, con el 39,8 por ciento de la población. Un año después la pobreza bajó a  27,1 por ciento de los hogares y  38,1 por ciento de la población. En el primer trimestre de este año, de acuerdo a los datos del Instituto Provincial de Estadística y Censos, la pobreza en hogares era de 32,1 por ciento.

La capital misionera está entre las diez provincias con menor cantidad de hogares pobres y es una de las cinco donde bajó la pobreza. En el Gobierno aseguran que la baja se produce por una doble condición: inflación a la baja y fronteras cerradas en la segunda mitad del semestre. Eso hizo que el mayor circulante de dinero interno, mitigara los efectos de la parálisis de algunos sectores de la economía.

Misiones tiene la tasa de pobreza más baja del NEA y por debajo de la media nacional con una caída de 2 puntos porcentuales. Además, la indigencia fue del 5,1%, también la menor del NEA, cayendo tres puntos. De este modo, en el último año, 4.465 personas lograron dejar de ser pobres en el principal aglomerado misionero

Los datos que más preocupan son los de la desocupación, ya que el segundo trimestre cerró con 8,2 por ciento en Posadas, contra 2,4% del primer trimestre, lo que elevó de cuatro a trece mil el número de desocupados. La pérdida de ocupación afectó especialmente a cuentapropistas y trabajadores informales, ya que el empleo registrado se mantuvo estable en los últimos meses. 

¿Se puede hablar de reactivación? Alejandro Pegoraro desgrana en su columna en Economis algunos indicadores clave. En el Gobierno sostienen que la combinación de cierre de fronteras con una buena administración de la economía que apenas se detuvo en la pandemia, ha generado un flujo de divisas interno que permitió una rápida recuperación por encima de cualquier otro distrito. En esa línea, el gobernador Oscar Herrera Ahuad fue uno de los más cautos en materia sanitaria, pero al mismo tiempo, uno de los que mayor velocidad le imprimió a la reactivación económica, con protocolos particulares para cada uno. No hubo apuro en los permisos sociales, pero sí inmediatez en lo económico. Esa focalización es también una herramienta que puede usarse ahora para, eventualmente, retroceder si es necesario dado el crecimiento de los casos de coronavirus. Septiembre fue el mes negro, con una duplicación de los casos en comparación con agosto y en los últimos días se dieron los picos de reportes, aunque todavía muy lejos del epicentro de la pandemia, en el gran Buenos Aires y otras provincias mucho más complicadas. Los números sanitarios de Misiones están entre los mejores del país, con un sistema público que en más de seis meses, todavía no fue exigido al máximo. 

Prácticamente no hay sector de la economía que no haya recibido una asistencia del Estado provincial y desde el inicio de la pandemia se ha trabajado para atender las demandas particulares de cada sector. 

El turismo es, por obvias razones, el más complejo de resolver, pese al permiso de la circulación interna. El Gobierno decidió jugar fuerte ahí con una rebaja de Ingresos Brutos exclusiva para Puerto Iguazú, de cinco a 2,5 por ciento, potenciar el Ahora Turismo, extendiendo el programa a todos los fines de semana de noviembre y diciembre y un plan de compra anticipada, con fondos de la Provincia, que después será revendido, pero que significará una inyección inmediata a los hoteles. Buena parte de los beneficios se destinó exclusivamente a Iguazú, como ciudad que vive del turismo. 

Sin embargo, el sector no parece haber quedado conforme. Se llegó a hablar de “insolvencia” si no se abre las puertas al turismo nacional e internacional. Pero eso depende de las cuestiones sanitarias y no únicamente de decisiones políticas. 

Lo cierto es que además de la rebaja de Ingresos Brutos por dos años, la condonación de los intereses y la refinanciación de las facturas acumuladas por la energía eléctrica, el Estado ha aportado mucho en la ciudad de las Cataratas. Según números oficiales de la Nación, 50 empresas recibirán ahora 90,8 millones de pesos no reembolsables para sostener a poco más de mil trabajadores. Desde el inicio de la cuarentena fueron más los recursos que llegaron directamente a las empresas. 

Entre marzo y septiembre, recibieron 95 millones por Asistencia al Trabajo y la Producción, 80 millones por el Ingreso Familiar de Emergencia, 10 millones por un plan de Aptur y otros cinco millones por IFE turístico. Entre octubre y marzo del año que viene llegarán otros 100 millones por ATP, 80 de IFE y otros 60 del IFE turístico. En total, 510 millones de pesos no reembolsables. Hay empresas que recibieron más de diez millones para cubrir sus gastos. 

A eso se debe sumar la quita del 95 por ciento de las cargas patronales, la condonación de deudas y créditos a tasas subsidiadas. Llamativamente, algunos empresarios insisten por más y casi que miraron con desdén lo propuesto por el Gobierno, aunque otros reconocen que el diálogo que tienen en Misiones no se registra en otras provincias. 

¿Es mucho? ¿Es poco? Siempre depende de la lupa. Pero las medidas para el turismo prácticamente dividieron a la provincia en dos: solo Iguazú recibe una baja de Ingresos Brutos -la actividad turística- y quitas en las facturas de energía -las empresas-. En El Soberbio, nadie protestó por lo conseguido. 

De todos modos, el martes seguirán las negociaciones con el sector turístico de Iguazú en una reunión en la que harán de locales. Se espera la presencia del ministro de Turismo, José María Arrúa, del de Hacienda, Adolfo Safrán, Gobierno, Marcelo Pérez y de Salud, Oscar Alarcón, además de entidades empresariales. 

El Estado debe atender las demandas de todos y en la pandemia, son tantas como finitos los recursos. El turismo, aunque cuente con mucha inversión privada, está atado a la suerte de un recurso natural, que es de todos y cuya custodia es, otra vez, una mochila estatal. 

El sector forestal también desdeña el rol del Estado en este momento. No por poco, sino por mucho. La industria está que trina en contra de la fijación del precio de la materia prima para la pasta celulosa y los aserraderos, definida el viernes -por primera vez en la historia- en torno a los 20 dólares la tonelada. 

Es una ley que va a generar consecuencias negativas para la forestoindustria”, señaló el presidente de la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná, Román Queiroz, alineado a la postura de la compañía Arauco, principal exportadora de pasta celulosa de la provincia. 

El sector industrial plantea que el Instituto Forestal Provincial no está facultado para fijar precios mínimos, sino para “acordar” entre los distintos actores de la cadena foresto industrial el precio de los productos forestales y que la fijación de precios mínimos con una pretendida penalidad por incumplimiento resulta una amenaza contra la sana competencia, toda vez que puede forzar un incremento de precios en el mercado “aguas abajo”, que perjudique a los consumidores y al interés económico general. En efecto, la ley habla de acordar entre los distintos sectores de la cadena forestoindustrial el precio de los productos forestales. Pero advierte que ese precio resulta de un estudio de costos de producción elaborado por el órgano asesor, según condiciones y estándares de calidad, que los sectores deben respetar. “El incumplimiento del mismo hace pasible al infractor de multas que fija la reglamentación”, aclara la ley.

Horas antes del primer acuerdo de precios, los empresarios pidieron tiempo para analizar el impacto de costos y algunos dijeron desconocer la ley de creación del Instituto Forestal y sus alcances. Pero la ley se aprobó el 29 de septiembre de 2016 y ya en el debate legislativo se planteaba un precio promedio de 20 dólares por tonelada de raleo. 

En medio, el gobierno de Mauricio Macri armó una mesa forestal con los principales jugadores y eliminó retenciones a las exportaciones de pasta celulosa. Se redujeron los impuestos provinciales a las exportaciones, entre otros beneficios. Se prometían inversiones y multiplicar exportaciones. Ni una ni otra se cumplieron. 

El productor forestal no recibió más por la madera, insumo esencial. Los valores actuales promedian entre nueve y once dólares la tonelada de materia prima. La pasta celulosa se vende a 600 dólares. Ahora recibirán 600 pesos más por tonelada. Es muy discutible afirmar que las empresas hacen más o menos inversiones dependiendo de la mayor o menor injerencia del Estado. Durante los últimos cuatro años sin pandemia, cerraron 24.537 empresas en el país, bajo un Gobierno que despreciaba el rol del Estado, pero que dejó inflación y endeudamiento récords. La lluvia de inversiones nunca se concretó.

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Román Queiróz: “No me parece justo para las Pymes fijar 20 dólares la tonelada de raleo”

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El presidente de Faima y Amayadap consideró que lo mejor para las empresas más pequeñas sería fijar un precio de referencia. “Les puede jugar en contra, además no se sabe si el precio de hoy puede acompañar la inflación, se termina distorsionando todo”

Hace algunos días desde el Instituto Forestal de Misiones se comenzó a analizar la intención de fijar un mínimo de 20 dólares la tonelada de raleo, por la que hoy se paga en promedio unos 9 dólares. 

El argumento, despertar a una actividad de la que muchos se están alejando por los bajos precios.

A valores actuales, con nueve dólares la tonelada, los productores recibirían menos de cinco millones de dólares por el raleo e incluso menos si se tiene en cuenta que la industria posee sus propias plantaciones. 

Si se elevara a 20 dólares promedio, con la misma cantidad de madera, los productores se quedarían con poco más de diez millones dólares, con un incremento de 5.176.480 dólares. El monto exportado en 2019, a pesar de una leve baja, fue de 130 millones de dólares entre papel y pasta celulosa.

Román Queiroz, presidente de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) y de la Asociación de Madereros, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap) mostró su escepticismo sobre la eficacia de fijar precios para regular el mercado. 

“Cada productor tiene su matriz de costos, no es lo mismo una empresa como Arauco que una persona que tenga 50 hectáreas de raleo, no me parece justo para los más chicos. Ni yo, ni el sector privado Pyme está de acuerdo, las grandes empresas sí. Les puede jugar en contra. Además qué se sabe si el precio de hoy puede acompañar la inflación, se termina distorsionando todo”. 

Misiones tiene la mayor superficie de bosques implantados y un gran número de industrias vinculadas. Es la protagonista del NEA, donde se produce el 51 por ciento de las exportaciones forestales del país. Y aunque la madera disfruta hoy de una demanda inédita los precios están bajos y el productor es el que menos beneficios recibe pese a que es factor indispensable para que haya calidad del producto. 

¿La actividad de las industrias cómo está?

Hay mucha actividad, pero hay una situación de rentabilidad que no es buena. No es como otros años. Hay mucha demanda en el mercado interno y en el mercado externo. Eso hace que los grandes manden sus productos afuera y dejen el mercado interno liberado para los más chicos. 

Que era de los principales problemas…

Sí. Cuando las grandes empresas vendían en el mercado interno las más chiquitas desaparecían, porque las grandes empresas daban mucho margen para pagar, mucho plazo, y los chiquitos no pueden aguantar esa financiación. 

¿Qué porcentaje del mercado componen los chiquitos? 

Más del 50 por ciento. Entre los diez aserraderos grandes se llevan 40 por ciento de la producción y después hay 300 chiquititos que son el otro 60 por ciento. 

Cuando comenzó la pandemia la mayor preocupación era preservar el empleo. ¿Eso cómo está ahora?

Ahora están tomando gente. Nunca hubo despidos, sí suspensiones. Pero ahora hay aserraderos que están tomando gente. 

¿Cómo ves el manejo que está haciendo Nación de la pandemia? 

Lo veo muy bien. Pero no quisiera estar en sus zapatos, porque también a medida que se fue flexibilizando la cuarentena crecieron los contagios, y cada vez se necesita más flexibilización y habrá más contagios. Igual el tema no son tanto los contagios sino que no se sature el sistema. 

¿Y en el manejo de la economía? 

Una de las principales metas que veo del Gobierno es fomentar la construcción, lo cual al sector de la madera le viene muy bien porque se usa mucha madera para la construcción. La vuelta del Procrear, créditos blandos, etc. Eso va a reactivar fuertemente la actividad de muchos sectores. También hay una fuerte emisión para que haya dinero en la calle y que hoy el comercio chico pueda funcionar. Hay muchos que se quejan del IFE pero eso es reactivación para ese sector. Se arregló con los acreedores privados, que era un paso fundamental. 

Igual hay sectores que todavía siguen esperando, los vuelos, transporte de larga distancia, el turismo… 

Pero ¿qué se puede hacer? No queda otra alternativa que esperar. Se pueden otorgar ayudas pero abrir las fronteras es correr el riesgo de que todo vuelva para atrás. 

¿Pero visualiza un plan pospandemia, un horizonte? 

Yo creo que hay un plan. Después si funciona o no, se verá. 

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Raleo, la materia prima que puede ser una revolución verde en Misiones

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¿Qué es el raleo? La pregunta, sencilla, desnuda lo poco que se conoce sobre el universo forestal en una provincia maderera. El raleo es la materia prima del principal producto de exportación de Misiones: la pasta celulosa y el papel que implicaron ventas al exterior por 130 millones de dólares. Y una simple ecuación puede cambiar la realidad de cientos de productores forestales que lejos están de recibir esas ganancias. La tonelada de pasta se vende hoy a 600 dólares en el exterior. Los productores forestales reciben 9 dólares por tonelada. Para hacer mil kilos de pasta se necesitan 2,56 toneladas de madera. 

El Instituto Forestal Misionero se propuso como primer objetivo elevar ese precio a un mínimo de 20 dólares para despertar a una actividad de la que muchos se están alejando por los bajos precios. Los datos son elocuentes: hoy la yerba vale más que la madera en pie y rinde dividendos en tres o cuatro años, bastante más rápido que una forestación. Llevar a 20 dólares la tonelada de raleo tendrá un fuerte impacto económico y un efecto derrame que no produce la industria. La decisión cuenta con el respaldo de los productores y pequeñas empresas y podría pulirse antes de octubre.  

A valores actuales, con nueve dólares la tonelada, los productores recibirían menos de cinco millones de dólares por el raleo e incluso menos si se tiene en cuenta que la industria posee sus propias plantaciones. 

Si se elevara a 20 dólares promedio, con la misma cantidad de madera, los productores se quedarían con poco más de diez millones dólares, con un incremento de 5.176.480 dólares. El monto exportado en 2019, a pesar de una leve baja, fue de 130 millones de dólares entre papel y pasta celulosa. 

La yerba, con una exportación menor, rinde mucho más a los productores, con una facturación de 69,3 millones de dólares. 

Misiones es desde hace algunos años una potencia forestal, con la mayor superficie de bosques implantados y un gran número de industrias vinculadas. Es la protagonista del NEA, donde se produce el 51 por ciento de las exportaciones forestales del país. La madera disfruta hoy de una demanda inédita y sin embargo, los precios están bajos y el productor es el que menos beneficios recibe pese a que es factor indispensable para que haya calidad en la madera. 

“Raleo en la jerga forestal es lo que llama a un tratamiento silvicultural, ¿qué significa esto? Todas las intervenciones que uno hace en el bosque para modelar ese bosque. Significa dxxllevar al turno de corte final a los mejores árboles, con la mejor forma, los mejores diámetros. Vos partís de una plantación de determinada cantidad de árboles, por ejemplo, vos plantás mil árboles por hectárea, esos árboles empiezan a crecer y empieza la competencia por la luz, agua y los nutrientes. Llega un momento donde ya no hay lugar para todos, en esa superficie y los árboles, empiezan a entrar en una situación de “estrés”. Ese “estrés” es muy malo para la plantación porque puede ocasionar que los árboles empiecen a morir. Entonces ahí interviene el hombre con una corta selectiva, qué es eliminar una serie de árboles de mala forma. Entonces, al eliminar árboles de mala forma, lo que haces es liberar espacio, liberar nutrientes, agua. A eso se le llama raleo, liberar árboles de peores formas dentro de tu propiedad. En esa primera intervención, tenías mil árboles, vos podés sacar un 30%, con lo cual sacas más o menos 300 árboles, esos como son árboles de mala forma y son de pequeño diámetro es lo que se llama raleo”, explica el ingeniero forestal Sebastián Escalada, asesor del flamante Instituto Forestal Misionero.

¿Y qué se hace con eso, para qué sirve?

Esos árboles van directamente a la industria celulósica, porque con esos diámetros y esa mala forma, no va a ir al aserradero a morir, aunque hay aserraderos que trabajan con esas maderas, pero los que tenemos en Misiones, no trabajan con diámetros finos y esas malas formas, porque no tienen ningún tipo de aprovechamiento, entonces eso va directamente a la industria celulósica. ¿Qué hace la industria celulósica con esos árboles? Los descorteza, después los chipea, para armar lo que se llama la pulpa celulosa. Se chipea esos árboles y ese chip, se cocina en una olla a presión; con químicos y ácidos a alta presión. Entonces ese chip se empieza a disolver, se empiezan a separar lo que son las fibras de lo que es la Lenina, que es ese color marrón que tiene la madera. Lo que se hace en los procesos es eliminar la Lenina, por eso el papel termina quedando blanco. Por eso, en los procesos se cocina a la madera, se separa a la fibra y en un segundo proceso se logra el blanqueo, que es la eliminación de esa Lenina, donde se usa cloro o ozono. La industria nuestra sigue usando cloro, es ahí donde viene la controversia de que son contaminantes, etcétera, etcétera. Vayamos a un segundo raleo. El primer raleo lo hicimos al año 6 ó 7, cuando se termina la luz, el agua o los nutrientes, sacamos eso y el resto sigue creciendo. Al año 12 ó 13, vuelve a pasar lo mismo, los árboles se ensancharon en diámetro, crecieron en altura y otra vez las ramas empiezan a tocarse, otra vez empiezan a competir por el agua, la luz, los nutrientes, otra vez entran en casi un “estrés”; otra vez se hace una segunda intervención, un segundo raleo. En este raleo los árboles son de mayor tamaño, entonces, algo de eso puede llevarse a la industria de aserrados y parte, se vuelve a llevar a la industria de celulosa. Todas las plantaciones que son propiedad de la industria se hacen en un sentido de utilizar los árboles de diámetros finos, largos ¿Qué es lo que ellos quieren? Quieren un mayor volumen forestal, no le interesa el diámetro, ni la altura, ni nada. Entonces ¿Qué es lo que hacen? Hacen algo que se llama cortes de turnos finales Plantan, llevan los árboles hasta los 10 ó 12 años sin hacer ningún tipo de raleo, ahí hacen la tala rasa. O sea que ese raleo no es una basura, ni un subproducto, ese raleo es la materia prima principal de la industria celulósica. Si hay una industria celulósica y está vendiendo a precio dólar, ese raleo tiene un precio dólar, que es muy importante. ¿El productor primario que necesita? Llevar su forestación al turno de corte final, donde se encuentra con una plantación que comenzó con mil árboles, que al final se va a reducir a 250 árboles, de muy buen desarrollo diamétrico y altura, de muy buena forma, que va a poder vender muy bien en la industria de aserrados, sí. Pero también, parte de su negocio son los raleos, o intervenciones, que hubo, que es lo que se llama tratamientos silviculturales, porque al año 7 quiere sacar algo de esa madera, que algunos la llaman basura, pero es muy buen material para la industria celulosa. Otras intervenciones que hacen para lograr una buena madera es la poda. Hay árboles como el eucalipto que se desraman naturalmente. Pero, el pino conserva esas ramas. Esas ramas, a medida que va creciendo el árbol, se van introduciendo hacia adentro, así como van hacia afuera, van hacia adentro, forman a posteriori lo que llaman los nudos, nudos muertos ¿Esos nudos que hacen? Se transforman en una madera de mala calidad, porque se rompen. Un machimbre con nudos es un machimbre de segunda o de tercera, es una madera de mala calidad y la pagan como tal. Por eso, con podas a temprana edad se eliminan esos nudos. Ese rollo, si está libre de nudos, el primer uso que se le da y el de mayor valor es el que se da cuando se bobina la madera, ponen tornos y se la bobina, así al subsiguiente, aserrado grueso, después aserrado fino. Siempre que estés libre de nudos, vas a tener una madera de primera calidad, donde podés negociar los mejores precios. Ahora cuando no tenés libre de nudos, ya no vas a poder pelear mejores precios, porque no vas a poder hacer ese bobinado y todo lo que es aserrado va a ser de segunda y de tercera. Hay hoy en Misiones mucha gente que trabaja con el machimbre de segunda o de tercera, que es lo que más está saliendo hoy día. El commodity de Misiones es el machimbre, entonces están trabajando con árboles con nudos, porque están sacando machimbres de segunda o de tercera, que va para techos, para todo lo que es la construcción. 

¿Por qué es clave para el productor aumentar el precio del raleo? ¿Qué impacto puede verse a mediano plazo en la provincial y en la producción forestal?

Primero es importante, porque el productor siempre se está comparando con los productos que tiene al lado. Misiones es minifundista. Cada productor produce yerba, mandioca, algunos hacen los sistemas de silvpastoriles, donde combinan los árboles, pastura y ganadería. ¿Qué está viendo el productor forestal? Que puede tener mejores rentas eliminando lo forestal, porque le tarda 7 años recibir dar algún beneficio. Siete años y encima no pagan nada. Corto todo eso y me dedico a la yerba, que hoy tiene un excelente precio, que, al tercer o cuarto año, ya tenés una producción importante. El otro día hablábamos con un productor forestal, me dijo: “yo hilando fino, en 3, 4 años yo por mi yerba voy a obtener más de un millón de pesos”, tenía 10 hectáreas. Imagínate, con el raleo no tiene ni 15 mil pesos, encima a 7 años. Con la mandioca hoy pasa lo mismo, hoy la mandioca tiene un excelente precio. Entonces ¿Por qué es importante que el raleo tenga un excelente precio? Primero, no es basura, no es un subproducto como lo quisieron presentar, sino que es la materia prima de las industrias celulósicas. BanChile, que hace análisis del negocio celulósico chileno, marca que en el mercado hoy está 570 dólares la tonelada, pero en 2016 se llegó a pagar 1200 dólares. O sea, una industria que está ganando 1200 dólares por tonelada, donde vos para hacer una tonelada de celulosa necesitas 2,56 de madera, ¿cómo puede ser que acá tengas 600 dólares de ganancia y estés pagando 12 dólares? Fíjate la diferencia entre la materia prima y el producto final.  ¿Cuál sería una salida muy buena para el sector forestal, sobre todo ese factor primario de ese primer raleo? Si la industria celulósica no quiere pagar lo que vale, que hoy considero que está en los valores que se manejan a 20 dólares, porque uno va poniendo todos los costos. El problema es que nadie hace verdaderos costos, si hablas con un yerbatero te dice: “Más o menos tendría que andar por”, pero nadie te hace una presentación de todos los factores, de todos los instrumentos que intervienen dentro de un costo. Entonces, por ejemplo, yo veo que muchos costos que se presentan, no ponen el costo de la tierra: Para forestar tenés que usar la tierra, entonces es fundamental el costo de la tierra. Siempre empiezan a partir de lo que es el costo de la plantación, lo que le sale plantar, después los movimientos silviculturales de poda y raleo, no ponen el precio de la tierra, no ponen el precio de la gestión, la parte de oficina por decirlo así, no ponen el uso de movilidad para buscar plantines, mover plantines, no ponen los salarios para los trabajadores que van a hacer las plantaciones. Entonces, ves un productor empobrecido, pero no solo el productor está empobrecido, sino el que brinda servicios, aunque la empresa de servicios es fundamental en este tipo de trabajo. Entonces, pagando un buen precio el productor primario, la empresa de servicios va a tener una mejora y esta gente, este productor primario, esta empresa de servicios, son los que realmente vuelcan sus ganancias dentro de la comunidad. Es el que va a comprar una cubierta, va a la metalúrgica a arreglar su tractor, el productor es el que compra todo dentro del pueblo, las grandes empresas no compran nada dentro del pueblo, todo lo que ellos tienen lo traen de afuera, es importando. El que derrama en la comunidad es este pequeño forestal, junto con la empresa de servicio, que son los únicos que se mueven dentro del pueblo.

Se habla de estos 20 dólares como precio futuro, ¿con estos 20 dólares cerrás la ecuación?

Cambia muchísimo, porque no solo se establece los 20 dólares como piso, sino que a partir de ahí que el productor pueda tener bonificaciones. Hoy se habla mucho del CERFOAR (Sistema Argentino de Certificación Forestal), bonificaciones por cantidad, por empleo, cosa que se incentive a ese productor a trabajar en blanco. Entonces, 20 dólares la base y después las bonificaciones que se pueden ir dando. 

¿Cuánto empleo tiene hoy la industria forestal?

Más o menos, hoy se calcula que entre directos e indirectos 18 mil registrados. 

¿El instituto forestal tendrá la facultad de formalizar estas situaciones laborales?

Queremos apuntar a las certificaciones, pero para apuntar a esas certificaciones vos tenés que decirle al productor que ahora sí vale su producto. Además por todo esto que se viene de los bonos de carbono, todo lo que te piden los europeos y quiénes están en este negocio, es que vos estés siempre en regla y con empleo en blanco. Otro tema importante, es la asistencia, que no sea no solamente a los productores sino a los pequeños industriales en todo lo que sea la línea de aserrados. 

¿Un productor de diez hectáreas puede vivir de la forestación? 

Según los estudios que tenemos, la mínima unidad productiva para decir vivo de eso, es de más de 30 hectáreas. Por eso es muy importante que el pequeño productor diversifique, no apuntar al monocultivo, sino a tener una buena huerta, ir hacia el mercado concentrador tener tus cerdos, mandioca, tener 2 ó 3 hectáreas de yerba, tener 4 ó 5 hectáreas de pino, porque cuando no vale un producto vale el otro. Es muy importante que el productor entienda la consorciación de productos y se asocie con las industrias como los modelos exitosos en otros países como Canadá y Finlandia, que son potencias forestales. Tenemos un 50% de la capacidad ociosa de la industria forestal, todo lo que es la parte de manufactura, que es la que más valor agregado te da, está parado. Como instituto decimos que ahí tenemos que apuntar, a que vuelva la manufactura, a mejorar las líneas de producción, pero todo esto tiene que ver con si hay capital . Esa es nuestra función ser facilitador, estar al lado del productor, pero también del industrial porque es fundamental en esta cadena. 

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En cuatro años se pondría en marcha una mega fábrica de celulosa y papel en Ituzaingó

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Las III Jornadas Celulósico-Papeleras dan por confirmado del proyecto “Ysyry Cuatiá” de fábrica de celulosa y papel en Ituzaingó, Corrientes. Podría empezar a funcionar en cuatro años y generaría 800 toneladas de producción y estaría entre las diez más grandes del mundo. La firma de capitales misioneros AgroForestal Oberá está en el top ten de proyectos de inversión para los próximos cuatro años en la Argentina. La compañía que ahora tiene sede en Ituzaingó se codea con gigantes como Siemens, First Quantum, Telecom, Quilmes o el Banco Santander. Con un proyecto de inversión de mil millones de dólares está apenas por debajo de las petroleras Axion Energy, Pan American Energy y Shell y la minera Vale.

 Se trata de la nueva fábrica integrada de celulosa kraft sin blanquear de coníferas y kraftliner que se prevé instalar en la provincia de Corrientes, según aseguró Fernando Correa, representante de Pöyry Management Consulting, en las recientes III Jornadas Celulósico-Papeleras, según lo informa la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel de la Argentina (AFCP).
La capacidad de producción sería de 500.000 toneladas anuales de USKP y de 300.000 de kraftliner, además de 12 megavatios de bionergía.

La fábrica de celulosa planificada para la localidad correntina de Ituzaingó estaría entre las diez más grandes del mundo en capacidad de producción. De acuerdo con el especialista, los socios de la iniciativa ya iniciaron el proceso para llevar a cabo la ingeniería conceptual, el estudio de impacto ambiental y otros análisis necesarios para la concesión de permisos. Se prevé, indicó, una duración de tres a cuatro años desde el comienzo hasta el inicio de las operaciones.

Según los fundamentos del proyecto Ysyry Cuatiá, en guaraní “río de papel”, Corrientes presenta todas las condiciones básicas para hospedar una fábrica: proximidad a plantaciones existentes, disponibilidad de fibra de otras industrias, disponibilidad de micro-sitios alternativos, transporte fluvial y por carretera, red vial existente, infraestructura energética, cauda suficiente y regular del río, disponibilidad de agua y no tiene restricciones medioambientales.

También se cuenta con dispobilidad de mano de obra y no existe una postura reaccionaria de ONG y la sociedad.

Corrientes tiene la mayor tasa de establecimiento de plantaciones adicionales netas en Argentina, la distribución de edades regular de las plantaciones que asegura una disponibilidad de madera en forma consistente para la industria.

Los principales departamentos en términos de recursos forestales son Ituzaingó, Santo Tomé y San Martín.

El proyecto contempla la compra de madera de raleo y trozas de diámetros inferiores, lo que agrega valor al mercado actual de madera industrial de la región.

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