Reino Unido

Londres se prepara para la coronación del rey Carlos III

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Miles de personas del Reino Unido y el Commonwealth celebrarán el 6 de mayo próximo la coronación del rey Carlos III y su esposa, la reina consorte, durante un fin de semana de eventos especiales anunciados en las últimas horas por el Gobierno británico.

La coronación tendrá lugar por la mañana del sábado 6 en la Abadía de Westminster, en Londres, y los festejos tendrán una duración de tres días, ofreciendo una oportunidad para que los ciudadanos se reúnan para el histórico evento.

La celebración contará con un concierto, un gran “almuerzo nacional” y una iniciativa de voluntariado, así como con la tradicional ceremonia y desfiles en las calles.

El domingo 7 se llevará a cabo un espectacular concierto en el Castillo de Windsor que mostrará la diversa herencia cultural del país en música, teatro y danza.

Uno de los momentos destacados del concierto será “Iluminando a la Nación”, en el que localizaciones icónicas de todo el Reino Unido se iluminarán con proyecciones, láseres y visualizaciones con drones.

Michelle Donelan, ministra de Cultura Digital, Medios y Deportes, dijo que la coronación es un hito enorme en la historia del Reino Unido y de la Commonwealth.

“El fin de semana de eventos unirá a la gente para celebrar nuestra monarquía y la mezcla de tradición y modernidad, cultura y comunidad que hace grande a nuestro país”, afirmó.

Dijo que todos los ciudadanos están invitados a unirse, en cualquier día, ya sea organizando una fiesta callejera especial, viendo la ceremonia de coronación o el espectacular concierto en la televisión, o haciendo una donación benéfica durante el programa “The Big Help Out” para ayudar a distintas causas.

Las actividades del domingo culminarán con una noche de música y baile en el Concierto de Coronación en el Castillo de Windsor, organizado y transmitido por la BBC, ante un público que contará con entradas gratuitas.

Se espera que asistan a la coronación destacados miembros de la comunidad, líderes mundiales, embajadores y miembros de las casas reales europeas.

Se espera también que el príncipe Harry de Inglaterra, una de las figuras más populares en la familia real británica, participe activamente en la coronación del rey en mayo.

Sin embargo, el futuro de su participación en la ceremonia sigue siendo incierto debido a las tensiones familiares generadas a raíz de los contenidos en su libro de memorias.

Meghan Markle y el príncipe Harry viven actualmente en Estados Unidos, luego de que la pareja renunciara a sus deberes reales.

La última coronación en el Reino Unido fue la de la Reina Isabel II el 2 de junio de 1953.

La coronación de la monarca fallecida en septiembre del año pasado a los 96 años fue la primera ceremonia de ese tipo transmitida por televisión en el Reino Unido.

El vestido de la reina, diseñado por el británico Norman Hartnell, también fue una innovación para la época.

Fue la primera vez que una reina británica usaba un vestido de seda blanca, con vuelo y una larga cola para una ceremonia de coronación.

La coronación también marcó el comienzo de la Casa de Windsor, que fue el nombre de la familia real británica adoptado por el rey Jorge V.

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¡Goodbye, Liz!

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Nuevo capítulo en la política británica: Liz Truss anunció su dimisión. La conservadora, llamada a ser la nueva Dama de Hierro, llegó con todos los pergaminos para ser una férrea conductora de Reino Unido, un país sumido en una profunda crisis económica e institucional. Sin embargo, la dinámica cambiante y compleja de la actualidad le valió el mandato de premier más corto de la historia de su país. 

El último en Downing Street, que apague la luz 

Truss no soportó la presión de una creciente incertidumbre en el rumbo político de Gran Bretaña. Paradójicamente, este país se ha consolidado, con el correr de los siglos, como una de las potencias indiscutibles del mundo. Con vaivenes, los británicos siempre estuvieron en la cúpula de decisiones en el mundo, pero los últimos años fueron suficientes para empujarlos a una situación de desestabilización y vacilación. La nueva víctima de esta situación fue Liz Truss, la doncella de hierro que no fue

La saliente premier británica asumió siendo una sombra de la mismísima Margaret Thatcher. Firmeza en las decisiones políticas, una avispada defensora del monetarismo estatal o neoliberalismo y con una ruda postura en términos de política exterior. Todo indica que se venía una etapa de sobriedad política, luego de los desmanes causados Boris Johnson y su salida como consecuencia del escándalo mediático del “Party Gate”. Más allá de eso, todos los papeles se quemaron en la práctica, y el contexto explica gran parte del resultado final

Gran Bretaña está pasando por la inflación más alta en los últimos 40 años, motivada, en gran parte, por las esquirlas de crisis económica de la guerra en Ucrania, pero con orígenes que pueden encontrarse en su salida de la Unión Europea vía Brexit. 

Este aumento de precios en los productos y servicios generó un cambio rotundo e inmediato en el humor social. Al día de hoy, los europeos también se preocupan por llegar a fin de mes. 

La cuestión económica desembocó en una serie de situaciones de descontento social generalizado, plasmadas en huelgas generales de distintos rubros, impulsadas inicialmente por el sector ferroviario. A ello hay que sumarle una galopante sensación de anti-política, no solamente en Gran Bretaña, sino en gran parte del mundo.

Truss sabía de antemano que iba a danzar con los lobos, y no supo cómo hacer frente a la jauría. Sin ir más lejos, la gota que rebalsó el vaso fue la no aprobación del presupuesto nacional 2023, y una evidente disconformidad con su ministro de Finanzas. Fueron una serie de reformas en el marco de la política económica que no pudieron tener tratamiento, las que sirvieron de caldo de cultivo de esta dimisión de un mandato que solo duró 45 días. 

Lo económico es político y esto lo saben los tories. El Partido Conservador sabe que tiene que levantar una imagen pública destrozada para poder mantenerse en el poder. Ante esta disyuntiva, los nombres comienzan a aparecer, algunos esperanzan, otros preocupan. 

¿Vuelve Boris? 

Aunque parezca un disparate, uno de los apuntados para agarrar el acero británico caliente del gobierno es el mismísimo Boris Johnson, el mismo que dimitió hace unos meses para que asuma Liz Truss. Esta decisión pasará completamente por el seno del Partido Conservador de Reino Unido, aunque hay muchos indicios de que sería el favorito para tomar, nuevamente, el cargo de primer ministro de este país. Sin embargo, ¿por qué Boris Johnson es el apuntado? Este complejo interrogante se lo plantea la ciudadanía británica en este preciso momento. Una respuesta rápida es que Boris deberá hundirse con el barco que él mismo capitaneo desde el puerto

Asimismo, esto cobra relevancia en términos de política exterior y de cohesión con sus aliados estratégicos. Por otro lado, también es un tema de consideración el Brexit, la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea por la que el mismo Boris Johnson abogó en su discurso y práctica política. 

Son una serie de cuestiones las que buscan explicar el nombre del ex mandatario que vuelve a aparecer. Sin embargo, él mismo tuvo que dimitir por el escándalo de las fiestas privadas en plena cuarentena dura, junto a otros funcionarios oficialistas. Esto lleva a otra hipótesis: Johnson dimitió por presión social y no por deslegitimación política

En ese sentido, pareciera ser que los parlamentarios conservadores simplemente le dieron la espalda a Boris Johnson por el efecto de la presión de las redes sociales y los medios, casi como un rebote de la cultura de la cancelación, y no por verdaderas convicciones políticas. Esto es, moral y éticamente, mucho más preocupante que cualquier figura del orden público.

Johnson es el nombre más fuerte, sin embargo, aparecen otros personajes del rubro político británico que se encuentran en carrera. Rishi Sunak, un viejo conocido del conservadurismo y quien ya sonó previamente como posible premier, vuelve a tener preponderancia en el seno de las decisiones de los tories. 

Por otro lado, hay otra mujer como candidata para tomar las riendas del Reino Unido: Penny Mordaunt

El Partido Conservador deberá decidir rápido, mientras se encuentran debatiendo, la Libra Esterlina pierde valor, los productos y servicios suben de precio, y los británicos continúan disgustados con su clase dirigente. 

Asimismo, los laboristas, opositores en Gran Bretaña, han llamado la atención de los medios de comunicación al exigir elecciones generales anticipadas, y así tener la oportunidad de competir por el poder. 

Sin embargo, pareciera ser que las urnas no son el problema, sino la estructura. Reino Unido está pasando por un cisma político, marcado por la pérdida de la legitimación del poder, figuras que no logran cumplir con su rol de funcionarios, y un contexto internacional que, para los países hiper- globalizados, está dando un golpe tras otro. Más allá de eso, los británicos deberán abrocharse el cinturón de seguridad y prepararse para tiempos difíciles. 

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La premier británica despide a su ministro de Finanzas mientras lucha por mantenerse en el poder

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(Por Gabriela Albernaz, corresponsal) A menos de 40 días de su nombramiento como ministro de Finanzas del Reino Unido, Kwasi Kwarteng fue despedido hoy por la primera ministra de británica, Liz Truss, que también lucha por mantenerse en el cargo ante las turbulencias registradas en los mercados financieros por un polémico plan económico elaborado por ambos y que hoy la premier ratificó, aunque con algunas modificaciones.

El Banco de Inglaterra (BoE) tuvo que intervenir hace dos semanas tras el anuncio del presupuesto presentado por Kwarteng, que sumió a los mercados en el caos en medio de preocupaciones sobre mayores costos de endeudamiento.

Cuestionado en el cargo, finalmente llegó su destitución. Según destacaron los medios británicos, Kwarteng es el funcionario que menos duró en el cargo después de Iain Macleod, quien murió de un ataque al corazón 30 días después de asumir como ministro de Finanzas en 1970.

“Me ha pedido que me haga a un lado y he aceptado”, escribió Kwarteng en una carta dirigida a Truss y publicada en su cuenta de Twitter.

“Quiero ser honesta, esto es difícil. La forma en que cumplimos nuestra misión tiene que cambiar”, dijo Truss horas más tarde en una breve conferencia de prensa que duró apenas ocho minutos y en la que casi no respondió preguntas.

La premier británica aseguró que sintió mucho la pérdida de su “gran amigo”, de quien, agregó, comparte su visión de “situar al país en la senda del crecimiento”.

Truss anunció que el lugar de Kwarteng será ocupado por el exministro de Salud y Relaciones Exteriores y también candidato a líder conservador, Jeremy Hunt: “Es uno de los parlamentarios más experimentados y respetados y comparte mis convicciones y ambiciones para nuestro país. Presentará el Plan Fiscal a fin de este mes”.

Hunt fue uno de los principales respaldos que tuvo el exministro de Finanzas Rishi Sunak durante la campaña por el liderazgo del Partido Conservador, después de que él mismo fuera eliminado de la contienda.

En un intento por calmar los mercados, Truss comunicó también que avanzará con el plan presentado por Sunak de aumentar el impuesto de sociedades del 19% al 25%, lo que permitirá recaudar unas 18.000 millones de libras esterlinas al año.

Se trata del segundo cambio de sentido en el plan de reducción de impuestos propuesto originalmente por el Gobierno.

Truss aseguró además que el Reino Unido “superará la tormenta” y que Hunt entregará el nuevo plan fiscal a fin de mes.

Daniel Álvarez, un analista de la City londinense, dijo a Télam que el cambio de ministro demuestra el poder que tienen los mercados a la hora de juzgar rápidamente las decisiones de un político.

“Al final la idea de Kwarteng no era mala, pero su ejecución -financiar estímulos con deuda en una época en la que las subidas generalizadas de tipos por bancos centrales tiran en la otra dirección- era inadecuada”, subrayó.

“Yo creo que aunque los mercados quieren siempre estabilidad por encima de todo y los cambios en el Gobierno no son normalmente bien recibidos, este caso puede ser una excepción, dependiendo de qué pasos siga el siguiente ministro de Finanzas”, prosiguió.

Para el analista también se magnificó un poco la situación, porque la economía global está sufriendo un enfriamiento, y no solamente la del Reino Unido.

“Las medidas de Kwarteng se van a moderar como la baja de impuestos a las rentas más altas, pero no creo que se erradiquen, por ejemplo, la reducción del stamp duty (impuesto inmobiliario) que es una buena medida para el mercado”, concluyó.

No obstante, la crisis política en el Gobierno británico está lejos de terminar con la salida Kwarteng: Truss es cada vez más cuestionada, incluso desde el oficialista Partido Conservador.

En medio de la agitación de los mercados, la caída de la libra y un gran aumento en el costo de los préstamos del Gobierno, los conservadores también están intentando sacarla del cargo, de acuerdo a medios locales.

Según la BBC, un grupo de conservadores de alto nivel han estado manteniendo conversaciones para pedir públicamente la renuncia, aunque según las reglas internas del partido, Truss no puede ser destituida del liderazgo mediante un voto de censura hasta que haya estado en el cargo durante 12 meses.

“Estoy absolutamente decidida a cumplir lo que prometí” para cumplir el plan de crecimiento y se superará “la tormenta que enfrentamos”, le contestó la premier a una periodista del diario Telegraph, que le preguntó si debería permanecer en el cargo.

“Cambiar de ministro de Finanzas no deshace los daños ya infligidos” y “necesitamos un cambio de gobierno”, afirmó Rachel Reeves, responsable de cuestiones económicas en el opositor Partido Laborista, que supera con creces a los conservadores en las encuestas.

Mientras que la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, le pidió hoy a Truss que “dimita” para garantizar la “estabilidad económica” en el Reino Unido.

“Lo mejor que Truss podría hacer por la estabilidad económica ahora es renunciar”, escribió la líder escocesa en Twitter.

“Sus decisiones hundieron la economía e hicieron sufrir a los ciudadanos, que ya estaban luchando contra la crisis del costo de vida”, apuntó.

“Lo único decente que pueden hacer los parlamentarios conservadores ahora es pedirle tiempo a ella y permitir una elección”, concluyó.

Entretanto, un sondeo publicado hoy por la encuestadora británica YouGov mostró que el 59% de los ciudadanos británicos quieren que Truss renuncie a su cargo, contra el 19% que opina lo contrario.

Mientras tanto, la libra esterlina cayó un 1,2% frente al dólar cuando Kwarteng fue despedido y luego revirtió las perdidas al cotizar con un alza del 0,4% tras la confirmación de Hunt como nuevo ministro.

Sin embargo, la cotización de la moneda volvió a caer tras el discurso de Truss.

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Sin la reina ¿puede haber un jaque mate?

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El 8 de septiembre de 2022 va a ser recordado como la fecha en que la monarquía del Reino Unido quedó huérfana, no por falta de “nuevos reyes”, sino por la pérdida de la figura más emblemática del último siglo. La reina ha muerto, y con ella se ha ido un fragmento fundamental de la historia universal. Viva el Rey.

El día después de la reina 

El fallecimiento de la reina Isabell II ha tenido un impacto de envergadura en todo el mundo, pero es lógico que el golpe sea verdaderamente shockeante en Reino Unido. La monarca inglesa del siglo XX tenía 96 años, de los cuales 70 fueron dedicados a la vida política y el manejo de la realeza británica. En su longevo mandato (el más largo de la historia de Reino Unido) fueron 15 primeros ministros quienes pasaron por la “bendición de la reina”, sumando a la reciente premier Liz Truss. Se le cuentan siete Papas y un enorme derrotero de sucesos históricos que ha vivido desde su mandato: Guerra Fría, llegada del hombre a la Luna, Guerra de Malvinas, caída del muro de Berlín, disolución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, atentado a las Torres Gemelas, pandemia de COVID-19, Guerra Ucrania-Rusia, y un sinfín de líderes y movimientos políticos que emergieron y desaparecieron, mientras ella se mantenía impoluta en su trono. 

Ahora bien, los británicos están comenzando a pensar en cómo seguir luego de la pérdida de la reina, y esto se comprende porque no era simplemente una monarca desinteresada o protocolar. Isabel II fue la figura, que durante 70 años mantuvo la cohesión social al interior de Gran Bretaña. Su figura fue clave en el marco de la gestión de las crisis. 

Ha logrado capitanear, casi a la perfección, el enorme barco que simboliza el ex Imperio Británico. La reina Isabel siempre pujó a favor de los intereses británicos en sus gestiones y opiniones sobre las relaciones con el exterior. Este último punto quizás es el más recordado por los argentinos, entendiendo el penosamente célebre acontecimiento de la Guerra de Malvinas en 1982. Isabel no tomaba decisiones políticas directas, aunque siempre fue fuente de consulta para los premiers británicos. Esa característica le valió una imagen positiva durante 70 años de reinado, entendiendo que los efectos de las decisiones políticas de Reino Unido fueron absorbidos por los mandatarios principales, sean liberales o conservadores. Ellos solamente pasaron por un breve mandato, mientras la reina seguía en el trono. 

Esta pérdida, entendiendo el valor de la figura política de Isabel II, le puede costar caro a Gran Bretaña. Carlos III no tiene el respaldo popular ni la confianza del pueblo británico para llevar adelante la monarquía, sobre todo cuando el margen comparativo se centra sobre su madre. Más allá de esto, se abre un escenario geopolítico verdaderamente complicado para el futuro británico. 

El entramado político de Reino Unido tiene un desafío que involucra una enorme gestión de crisis o gestión del propio disenso. En este momento, el país atraviesa la inflación más alta de los últimos 40 años, en conjunto con huelgas y protestas en diversos sectores laborales. Esta situación económica está empujada por una evidente crisis energética que sacude al viejo continente, a partir de la guerra en Ucrania. 

Este descontento económico se suma al descontento político. Boris Johnson dimitió tras un verdadero escándalo mediático relacionado a las fiestas privadas en Downing Street durante el decreto de la cuarentena estricta entre 2020 y 2021. Esa indignación generalizada de la población británica derivó en una situación de apriete institucional y presión social que tuvieron como resultado el fin del gobierno de Johnson. 

La geopolítica juega su papel también. Este puede ser el puntapié para el debilitamiento del Palacio de Buckingham y de las decisiones tomadas en Londres para el resto del Reino Unido y la Commonwealth. De hecho, Escocia vivirá, el próximo año, un referéndum popular para proclamar su independencia de Gran Bretaña. Paralelamente, el movimiento Sinn Féin toma relevancia en un contexto en donde las “Irlandas” buscan despegarse de Londres, conseguir su reunificación lejos de las decisiones tomadas en Downing Street. Un escenario que se mantuvo ambivalente durante el mandato de Isabel II, pero que casi siempre estuvo bajo control. 

Fuera de la isla británica, los retos vienen a complicar la agenda de Carlos III. Hay dos causas específicas que podrían volver a tomar relevancia: Gibraltar e Islas Malvinas. Estos dos lugares han sido cautivos del afán imperialista de Gran Bretaña y, hasta el día de hoy, son situaciones que se han transformado en banderas en España y Argentina, respectivamente. En el caso de Malvinas, Isabel II fue contundente con una postura en la que, en su mandato, prometía defender a rajatabla la soberanía de los ingleses en las islas usurpadas a Argentina. Si la hipótesis del debilitamiento del poder británico toma vuelo, es probable que estos reclamos se escuchen con mayor concentración en los pasillos de Naciones Unidas. 

El futuro de Gran Bretaña pareciera signado por una guerra que tiene como protagonista al mismísimo Vladimir Putin, una guerra comercial que tiene a una China en ascenso y a Estados Unidos bajo el manto político de un Joe Biden que, aparentemente, no es el líder indicado para este momento de Occidente. A eso hay que sumarle una Europa continental que se encuentra de rodillas ante el cepo energético que impone Rusia, a partir de las sanciones de Bruselas. Las decisiones de Carlos III serán fundamentales, pensando en el rumbo de Reino Unido en conjunto con Liz Truss: otanización, europeización o aislacionismo. 

She’s a killer queen 

La figura de Isabel II ha sido severamente cuestionada en Argentina. Sobre todo, por un tópico nombrado previamente: Guerra de Malvinas. Si bien, la reina Isabel no ha sido la abanderada de tomar decisiones, si ha sido fuente de consenso hacia la política exterior de Margaret Thatcher. Las intenciones imperiales nunca fueron abandonadas por la reina y es algo que el pueblo argentino no olvida. Asimismo, con respecto a la Guerra de Malvinas, Andrés, uno de los hijos de Isabel II, participó de la conflagración. 

La reina Isabel tuvo una distante relación con Argentina, a tal punto que fue uno de los pocos países relativamente en vías de desarrollo que no visitó nunca. Aunque sí existieron figuras trascendentales de la política argentina que visitaron a Isabel II. El primero de ellos fue Arturo Frondizi en 1960. El entonces presidente de la nación fue recibido por la reina en Gran Bretaña, intentando demostrar un dubitativo apoyo a la democracia argentina, cuando existía el fantasma de un golpe de Estado. 

Luego, hubo que esperar hasta 1998 para ver la imagen de Isabel II con un máximo mandatario argentino. Fue Carlos Menem quien viajó hasta tierras británicas para intentar “aliviar” las relaciones bilaterales post Guerra de Malvinas. 

Finalmente, un frío encuentro con Cristina Fernández de Kirchner en 2009, en el marco del G20. Como yapa, Juan Domingo Perón fue invitado a la coronación de Isabel II pero no viajó, aunque si fue enviado una comitiva, encabezada por el vicepresidente argentino, Alberto Teisaire. Esta misión tuvo el objetivo de enviarle una propuesta de Buenos Aires a Londres: la compra de las Islas Malvinas. Claro está, que esta idea no prosperó. 

La gran bestia pop

La figura de Isabel II no se remite estrictamente a lo político, sino que ha sido transformada en una imagen de consumo y representante fiel de la cultura británica, desde la crítica hasta las alabanzas. Canciones emblemáticas como “Her majesty” de The Beatles, “Dreaming of the queen” de Pet Shop Boys, “The queen is dead” de The Smiths y “God save the queen” de Sex Pistols. Esta última quizás es la más icónica, por el hecho de ironizar una frase histórica de la monarquía, hacer una crítica durísima hacia Buckingham y acusar a Isabel II de mantener un “régimen fascista”. Como bonus track, la legendaria banda de hard rock, Motörhead, hizo una versión de God save the queen en donde se veía a una reina un tanto “enfiestada” con el sonido distorsionado del bajo de Lemmy Kilmister. 

Por otro lado, hay enormes figuras del mundo rockanrolero que han sido cercanas a la reina Isabel. Entre ellos, Paul McCartney, Mick Jagger, Ozzy Osbourne y Elton John, entre otros. Muchos de ellos han despedido con emoción a la figura de una reina que cambió el mundo para siempre. 

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En su primer discurso, Carlos III se comprometió a servir “toda la vida” a los británicos

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“Mi amada mamá se comprometió (…) a dedicar su vida, ya fuera corta o larga, al servicio del pueblo. Yo les renuevo hoy esa promesa”, aseguró el monarca, que será proclamado este sábado.

Carlos III se comprometió este viernes, en su primer discurso como rey, a servir toda su vida a los británicos como lo hizo su madre Isabel II, fallecida el jueves en su castillo escocés de Balmoral, a quien calificó de “inspiración” y “modelo”, y anunció que su hijo Guillermo y su nuera Catalina se convertirían en príncipe y princesa de Gales.

“Mi amada mamá”, cuando cumplió 21 años, “se comprometió (…) a dedicar su vida, ya fuera corta o larga, al servicio del pueblo”, recordó el rey en su primer discurso a la nación, grabado en el Palacio de Buckingham y retransmitido por televisión.

“Yo les renuevo hoy esa promesa de servicio durante toda la vida”, agregó Carlos III, de 73 años, comprometiéndose a defender “los principios constitucionales”, según la agencia AFP.

El nuevo monarca, que será oficialmente proclamado este sábado, dijo que el compromiso de su madre “definió toda su vida”.

“Su dedicación y devoción como soberana nunca cedieron, en tiempos de cambio y progreso, en tiempos de alegría y celebración, y en tiempos de tristeza y pérdida”, destacó.

Cuando la reina subió al trono, Reino Unido y el mundo “todavía estaban lidiando con las privaciones y las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, y seguían viviendo según las convenciones de épocas anteriores”, continuó.

Carlos III enfatizó que el mundo cambió en 70 años, desde los años de posguerra hasta la actualidad, pero abogó por mantener constantes los valores y apuntó que “los deberes de la monarquía también continúan”, ahora con él al frente.

El nuevo rey asumió que tiene un cargo vitalicio y por el que su vida va a cambiar radicalmente.

Además tuvo palabras de afecto a su “querida” esposa, la reina consorte Camila, y le agradeció la lealtad: “Sé que estará a la altura de las nuevas exigencias”.

También aludió a su hijo mayor, el príncipe Guillermo, primero en la línea de sucesión al trono, y confirmó formalmente el traspaso del ducado de Cornualles.

El heredero será también príncipe de Gales, tal como decretó su padre en este discurso.

En su mensaje, Carlos III aludió también a la esposa de Guillermo, Catalina Middleton, y subrayó su “amor” por su hijo menor, Enrique, y por su mujer, la actriz estadounidense Meghan Markle.

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