RIGI

Economía a dos velocidades: el BCRA apuesta al “eslabonamiento” mientras persisten dudas sobre empleo y consumo

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La economía argentina exhibe una paradoja cada vez más evidente. Mientras algunos sectores vinculados a la exportación, los recursos naturales y las finanzas muestran tasas de crecimiento que superan ampliamente el promedio nacional, amplias ramas de la actividad continúan atravesando un escenario de estancamiento, caída de ventas y pérdida de empleo. Frente a esta realidad, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) presentó una interpretación que busca explicar cómo la recuperación podría extenderse al conjunto de la economía: el denominado “eslabonamiento” productivo.

El concepto fue expuesto por el vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning, durante la presentación de un informe en el que el organismo reconoce explícitamente que la actividad económica avanza a distintas velocidades. Sin embargo, lejos de considerar esta situación como un problema estructural, el BCRA sostiene que los sectores más dinámicos terminarán generando una demanda indirecta de bienes y servicios capaz de impulsar a las actividades más rezagadas.

La apuesta oficial se apoya en el desempeño de los principales ganadores del actual esquema económico. Con una proyección de crecimiento del Producto Bruto Interno cercana al 3,5% para 2026, actividades como la minería, la energía y el agro muestran una expansión significativamente superior al promedio de la economía. Según la visión del Gobierno, estos sectores no funcionan de manera aislada, sino que requieren infraestructura, transporte, logística, servicios urbanos, construcción especializada y una amplia red de proveedores que podrían convertirse en motores secundarios del crecimiento.

“Su eslabonamiento con otros sectores contribuirá a la creación de oportunidades de empleo”, sostiene el documento difundido por la autoridad monetaria. La idea remite a una lógica económica conocida: los sectores más competitivos generan una cadena de demanda que termina irradiando actividad hacia otras ramas productivas.

Sin embargo, detrás de esa explicación aparece un debate que excede lo académico y se instala en el terreno político. Para muchos analistas, el concepto de “eslabonamiento” se acerca a una versión actualizada de la histórica teoría del “derrame”, según la cual el crecimiento de determinados sectores termina beneficiando al conjunto de la economía. La diferencia es que, en este caso, el Gobierno evita utilizar ese término y pone el foco en los vínculos productivos que podrían surgir alrededor de los sectores exportadores.

Los datos más recientes parecen reforzar la existencia de esa economía dual. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la producción minera creció 9,5% interanual en abril. Dentro de ese resultado sobresalen el aumento de casi 20% en la extracción de petróleo crudo, el crecimiento de 12,5% en minerales metalíferos y un salto de 45,5% en los minerales no metalíferos. Son actividades intensivas en capital, orientadas a la exportación y beneficiadas por medidas de promoción como el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI).

La energía, la minería, el agro y el sector financiero explican buena parte de los indicadores positivos que exhibe actualmente la macroeconomía. Sin embargo, el panorama es muy distinto en sectores históricamente vinculados al empleo masivo y al mercado interno.

La industria manufacturera, el comercio y la construcción continúan mostrando dificultades para recuperar los niveles de actividad previos al ajuste económico. La caída del salario real, la retracción del consumo, la paralización de gran parte de la obra pública y la mayor competencia derivada de la apertura de importaciones impactaron directamente sobre estos sectores, provocando cierres de empresas, reducción de planteles y una creciente presión sobre el mercado laboral.

La principal incógnita es si el crecimiento liderado por sectores extractivos y exportadores puede traducirse efectivamente en una recuperación amplia del empleo formal. A diferencia de la industria o la construcción, la minería y la explotación hidrocarburífera demandan una menor cantidad de trabajadores en relación con el volumen de inversión que movilizan. Por eso, aun cuando generan divisas y aumentan la actividad agregada, su capacidad para absorber mano de obra es considerablemente más limitada.

En paralelo, el Banco Central identifica a la inversión privada como el tercer motor de la recuperación económica, junto con las exportaciones y la estabilización macroeconómica. El informe destaca una reactivación del financiamiento corporativo, tanto en el mercado local como en el exterior, impulsada por la reducción del riesgo país y la mejora en las condiciones financieras.

No obstante, el organismo también advierte que las empresas deberán adaptarse a un escenario diferente al que predominó durante los años de alta inflación. Según el diagnóstico oficial, los márgenes extraordinarios obtenidos mediante la remarcación constante de precios tenderán a desaparecer. En una economía con inflación descendente, la rentabilidad dependerá cada vez más de la productividad, la eficiencia operativa, la innovación tecnológica y la capacidad de aumentar volúmenes de venta.

En ese contexto, el consumo aparece como una de las variables más sensibles. Aunque el BCRA proyecta una recuperación gradual, reconoce que el sector privado deberá redefinir estrategias comerciales y adaptarse a cambios acelerados en los canales de comercialización y en los hábitos de compra de los consumidores.

El optimismo oficial también se apoya en el proceso de desinflación. Tras registros cercanos al 2% mensual, el Banco Central considera posible que el índice de precios perforé ese umbral durante los próximos meses, consolidando uno de los principales objetivos económicos de la administración de Javier Milei.

Sin embargo, la gran pregunta sigue siendo temporal. El informe del BCRA plantea una expectativa de convergencia entre sectores dinámicos y rezagados, pero no establece plazos concretos ni cuantifica cuándo ese efecto de arrastre comenzaría a reflejarse en el empleo, el consumo y la actividad de las economías regionales.

Para provincias como Misiones, donde el comercio, la construcción, la industria forestal, la producción yerbatera y el turismo tienen una fuerte incidencia sobre el empleo, la discusión adquiere una dimensión particular. El desafío no pasa únicamente por sostener el crecimiento agregado de la economía, sino por determinar si los beneficios de los sectores exportadores terminarán llegando al entramado productivo que genera trabajo y movimiento económico en el interior del país.

La apuesta oficial está hecha. El interrogante que sigue abierto es si el “eslabonamiento” llegará a tiempo para compensar las dificultades de los sectores que todavía esperan señales concretas de recuperación.

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Vaca Muerta y la minería ya generan casi tantos dólares como el campo

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El crecimiento de Vaca Muerta y la minería permitió que ambos sectores aportaran durante el primer cuatrimestre del año una cantidad de divisas similar a la generada por el complejo agroexportador, en una señal del cambio que comienza a mostrar la matriz exportadora argentina.

Según datos difundidos por la consultora 1816 en base a datos del Banco Central (BCRA), las exportaciones vinculadas al petróleo, gas y minería alcanzaron niveles récord y se acercaron al aporte realizado por el agro, históricamente principal generador de dólares del país, en cifras que rondan los USD 8.150 millones.

El fenómeno está impulsado principalmente por el fuerte aumento de la producción en Vaca Muerta, que permitió incrementar las ventas externas de petróleo, y por el avance de proyectos mineros vinculados al litio, el cobre y otros minerales estratégicos.

Los especialistas destacan que la combinación entre energía y minería se consolida como uno de los principales motores del ingreso de divisas para la economía argentina.

No obstante, el complejo agroindustrial continúa liderando las exportaciones nacionales y mantiene un peso determinante en la generación de dólares, especialmente a través de la soja, el maíz y otros productos derivados.

Analistas del sector consideran que la tendencia podría profundizarse en los próximos años a medida que entren en producción nuevos proyectos energéticos y mineros y se amplíe la infraestructura para exportar petróleo, gas y minerales.

En ese contexto, Vaca Muerta aparece como uno de los principales activos estratégicos del país y las proyecciones oficiales y privadas anticipan que su aporte de divisas continuará creciendo.

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El RIGI ya supera los US$133.000 millones en proyectos y consolida a la energía y la minería como los grandes motores de inversión

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A menos de dos años de su puesta en marcha, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) comienza a exhibir la magnitud de la apuesta oficial para transformar la matriz exportadora argentina. Con proyectos presentados por más de US$133.000 millones, el esquema impulsado a través de la Ley Bases se convirtió en el principal vehículo para canalizar inversiones de gran escala en sectores estratégicos, particularmente energía y minería, que concentran prácticamente la totalidad de los capitales comprometidos.

Los datos relevados por la Bolsa de Comercio de Rosario muestran que más del 22% de las inversiones ya obtuvo aprobación administrativa, mientras el resto continúa atravesando distintas etapas de evaluación. El volumen involucrado coloca al régimen en el centro de la estrategia económica del Gobierno nacional, que busca acelerar el ingreso de divisas y ampliar la capacidad exportadora del país mediante proyectos intensivos en capital.

Con foco en energía y minería, el RIGI suma más de US$ 133.000 millones en proyectos presentados (aprobados y en evaluación), con provincias protagonistas como Neuquén y San Juan. Un proyecto de “Súper RIGI” busca sumar inversiones en nuevas industrias.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), incorporado en el marco de la Ley Bases es instrumento para canalizar inversiones de gran escala en sectores estratégicos de la economía argentina. Desde su implementación, las inversiones presentadas al régimen ya superan los US$ 133.000 millones, reflejando el interés de empresas nacionales e internacionales por participar en iniciativas vinculadas principalmente a energía, minería, infraestructura e industria. Del total relevado, más del 22% del capital solicitante ya obtuvo aprobación oficial, mientras que una porción significativa continúa en diferentes etapas de evaluación administrativa.

La composición sectorial de las inversiones muestra un marcado enfoque en actividades asociadas a la minería y energética. En conjunto, estos dos sectores explican más del 99% del monto total presentado al RIGI, consolidándose como los sectores de mayor relevancia dentro del régimen.

En particular, la energía concentra cerca del 64% del volumen de inversiones presentadas, con iniciativas por más de US$ 85.456 millones. Actualmente, el sector registra alrededor de US$ 66.353 millones bajo análisis, mientras que US$ 19.103 millones ya fueron aprobados. Por su parte, la minería lleva US$ 9.952 millones aprobados sobre un total cercano a US$ 46.000 millones. El 22% del capital aplicado al RIGI en energía ya tiene aprobación administrativa, proporción que se ubica en el 21% en el caso de la minería.

Dentro de los proyectos mineros presentados en el marco del RIGI, las iniciativas vinculadas al cobre concentran la mayor parte de las inversiones, con montos comprometidos por aproximadamente US$ 31.500 millones. Este total surge de proyectos de gran escala como El Pachón, Vicuña, Minera Agua Rica (MARA), Los Azules y San Jorge.

No obstante, gran parte de estas inversiones continúa en etapa de evaluación. Del total asociado al cobre, US$ 3.563 millones ya fueron aprobados, mientras que el litio presenta un mayor volumen de capital autorizado, con proyectos aprobados por más de US$ 4.528 millones. Por su parte, el oro y otros proyectos mineros completan el esquema minero del régimen, con inversiones aprobadas cercanas a US$ 1.861 millones.

Dentro del sector energético, los proyectos vinculados a petróleo y gas concentran la mayor parte de las inversiones comprometidas en el marco del RIGI, con montos por aproximadamente US$ 55.300 millones. Las recientes presentaciones de los proyectos LLL Oil y El Trapial por parte de YPF y Chevron apuntalaron fuertemente las solicitudes en este sector. 

Por otro lado, el GNL aparece como el segundo segmento de mayor relevancia, con inversiones aprobadas por US$ 15.156 millones. Esta inversión se concentra exclusivamente en el proyecto de licuefacción de gas natural de Southern Energy, reflejando el interés por impulsar la capacidad de licuefacción y exportación de GNL en Argentina. Asimismo, los proyectos asociados a infraestructura midstream totalizan más de US$ 11.000 millones, combinando iniciativas ya aprobadas y otras aún bajo análisis. En menor medida, también se observan inversiones vinculadas a energías renovables, petroquímicas y procesamiento de gas, completando el mapa energético de proyectos presentados al régimen.

Distribución provincial de las inversiones presentadas al RIGI

Las inversiones presentadas en el marco del RIGI tienen varios protagonistas a lo largo del país. Neuquén lidera el ranking provincial con proyectos por aproximadamente US$ 62.434 millones, equivalente a cerca del 47% del total relevado. En segundo lugar, se ubica San Juan, con US$ 25.000 millones, seguida por Rio Negro con US$ 19.588 millones, concentrando estas dos provincias el 19% y 15% de las aplicaciones al RIGI respectivamente.

En conjunto, estas tres provincias concentran alrededor de US$ 107.000 millones, superando el 80% de las inversiones presentadas relevadas bajo el régimen. La composición sectorial explica buena parte de esta concentración, dado que en dichas jurisdicciones predominan proyectos vinculados a energía y cobre, que implican elevadas necesidades de capital y con una orientación fundamental hacia la generación de exportaciones.

Por detrás aparecen Catamarca, con inversiones cercanas a US$ 9.615 millones, y Salta, con aproximadamente US$ 8.748 millones, aquí con protagonismo de proyectos de litio. El resto de las provincias reúnen en conjunto alrededor de US$ 7.700 millones, mostrando una participación significativamente menor dentro del total presentado al régimen. La distribución geográfica refleja el peso estratégico que poseen las provincias cordilleranas y patagónicas en materia de recursos naturales, infraestructura energética y proyectos exportadores de gran escala.

No debemos perder de vista que existen dos RIGIs muy relevantes para el agro argentino. Primeramente, ya se encuentra aprobada y en ejecución la Terminal Multipropósito Timbúes en Santa Fe, una nueva terminal para el Gran Rosario, el principal nodo portuario agroexportador del mundo. Asimismo, Pampa Energía espera ingresar al RIGI para construir una planta de fertilizantes en el Polo Industrial de Bahía Blanca. Con el denominado proyecto Fertil Pampa podría incrementarse la producción nacional de urea en 2,1 millones de toneladas, aproximándose a duplicar la capacidad productiva del país para este fertilizante estratégico.

En paralelo al avance de los proyectos actualmente presentados bajo el RIGI, el Gobierno nacional envió al Congreso un proyecto de ley para crear un nuevo régimen orientado a promover inversiones en actividades económicas sin desarrollo previo en el país, denominado informalmente “Súper RIGI”.

La iniciativa apunta a proyectos de gran escala, con un piso mínimo de inversión de US$ 1.000 millones, y contempla beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios superiores a los del régimen vigente. Entre las actividades que podrían quedar alcanzadas se mencionan desarrollos de hidrógeno verde, plantas de GNL onshore, infraestructura vinculada a inteligencia artificial y data centers abastecidos con gas natural, además de iniciativas asociadas al agregado de valor de minerales críticos.

El nuevo esquema también busca incentivar industrias vinculadas a la electromovilidad, biotecnología avanzada, infraestructura digital y manufacturas tecnológicas de alto valor agregado. A nivel fiscal, el Súper RIGI aplica una tasa del 15% en el impuesto a las Ganancias. En cuanto a la amortización, este esquema permite un beneficio acelerado: se deduce un 60% durante el primer año y un 20% en cada uno de los dos años posteriores.

En el ámbito del comercio exterior, el llamado Súper RIGI elimina los derechos de exportación desde el primer momento (a diferencia del RIGI, que lo hace recién a partir del tercer año). Además, libera de aranceles a todas las importaciones que sean indispensables para arrancar el proyecto, un marco más amplio que la limitación del RIGI, que solo aplica a bienes de capital e informática.

Por su parte, se elimina progresivamente la obligación de liquidar las divisas generadas por exportaciones de productos adheridos al proyecto: será obligatorio liquidar el 80% de las divisas en el 1° año y el 60% en el 2° año. Finalmente, desde el 3° año no será obligatorio liquidar divisas por estas operaciones.

Por último, para que este nuevo régimen entre en vigencia a nivel local, los gobiernos provinciales y municipales deben adherirse bajo dos condiciones clave: limitar el cobro de Ingresos Brutos a un máximo del 0,5% y garantizar que las tasas municipales no se calculen en base al nivel de facturación.

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La minería proyecta exportaciones récord por más de US$ 9.000 millones y una inversión extranjera histórica

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La minería consolida su transformación en uno de los pilares estratégicos de la economía argentina. Mientras el país busca ampliar sus fuentes genuinas de divisas, el sector se encamina a protagonizar un nuevo salto histórico en 2026, con exportaciones que podrían superar los 9.000 millones de dólares y alcanzar una participación superior al 10% del total de las ventas externas nacionales.

El escenario surge de un informe elaborado por la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) y la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que muestra una combinación de factores favorables: el crecimiento sostenido del litio, la fortaleza internacional de los precios del oro y la plata, y un flujo récord de inversión extranjera directa que continúa alimentando nuevos proyectos y ampliaciones productivas.

El litio sigue creciendo en producción, mientras el declive en volumen del oro y plata se ve compensado en las exportaciones por la vía de los precios. La inversión extranjera en minería crece 27% en 2025 y alcanza récords históricos.

La minería se destaca como uno de los motores de generación de divisas para la Argentina. En 2025, las exportaciones mineras alcanzaron US$ 6.075 millones, lo que representó el 6,9% de las exportaciones totales del país, y un crecimiento de +31% frente a 2024, sosteniendo cinco años consecutivos de expansión. Según el último Resumen Productivo publicado por CAEM, las proyecciones para 2026 anticipan un nuevo escalón: las exportaciones del sector podrían superar los US$ 9.000 millones, posicionando a la minería como un componente cada vez más relevante del balance comercial argentino. De cumplirse estas previsiones, las exportaciones mineras en 2026 podrían crecer más de un 50%.

De cumplirse estas previsiones, la participación de la minería en las exportaciones argentina podría alcanzar un nuevo máximo histórico. La última proyección de exportaciones del REM del BCRA estima las exportaciones argentinas del 2026 en US$ 96.056 millones. Considerando ese dato, la participación de la minería pasaría de cerca del 7% a más del 10% de las exportaciones nacionales. 

De esta manera, en 2026 se espera que la minería genere 1 de cada 10 dólares exportados por Argentina. Junto con la agroindustria y, más recientemente, el sector energético, la minería es de los pocos aportantes netos de divisas del país. En efecto, durante 2025 las mineras exportaron bienes por US$ 6.075 millones, mientras que realizaron importaciones por apenas US$ 202 millones.

Detrás del buen desempeño exportador conviven dos dinámicas bien diferentes, que ponen en riesgo la consolidación de la minería como pilar de las exportaciones argentinas. Esto se debe a que el declive productivo de los metales preciosos (oro y plata) tiene como consecuencia el incremento de los costos operativos, que sin embargo el contexto internacional compensa vía suba de los precios internacionales. La contracara es el avance estructural del litio, que combina expansión de volúmenes y una recuperación de precios en 2026. 

Oro: cae la producción, pero suben exportaciones por efecto precio

Durante 2025, la producción de oro en Argentina volvió a descender y alcanzó 1.184 mil onzas, lo que nos indica una caída del 6% interanual y una merma del 42% respecto a una década atrás. La marca deja al país incluso por debajo del piso de la pandemia y refleja un factor estructural: el agotamiento natural de operaciones maduras, en un contexto donde los incentivos no lograron impulsar suficientes inversiones en exploración y desarrollo que permitan compensar las menores leyes minerales.

Aun así, el ingreso de divisas creció con fuerza. Las exportaciones de oro sumaron US$ 4.094 millones en 2025 (+30% vs. 2024), sostenidas por un salto del precio internacional de referencia. Para 2026, se proyecta una producción que sostiene la marca (baja) del año previo, gracias a la incorporación de Río Negro como productor aurífero, con el inicio de Calcatreu, y reactivación de Casposo en San Juan, compensando otras bajas productivas de operaciones maduras.

A pesar de la magra producción esperada para este año, se anticipa un nuevo salto exportador: el oro podría alcanzar US$ 5.129 millones (+25% vs. 2025), impulsado por un precio promedio proyectado de US$ 4.353 por onza. 

Plata: mínimo productivo y más dependencia del efecto precio

La plata replicó la lógica del oro, pero con caídas productivas aún más marcadas. En 2025, la producción cayó a 22,1 millones de onzas (-7,8% interanual y -35% vs. 2019), ubicándose en el nivel más bajo en la última década. Sin embargo, las exportaciones sumaron US$ 785 millones (+22% vs. 2024), apalancadas por un aumento del precio promedio a US$ 38,8 por onza.

Para el 2026, el escenario proyecta una baja de producción a 19,5 millones de onzas (-10% vs. 2025). Sin embargo, la proyección es contundente por el efecto precio: las exportaciones de plata podrían trepar a US$ 1.172 millones (+49% vs. 2025). Con un precio promedio proyectado de US$ 60 por onza, nuevamente, el componente decisivo es el precio: la plata exporta más dólares aun produciendo menos. 

El protagonismo del litio: en 2025 por volumen; 2026 por volumen y precio

Si oro y plata sostienen su nivel exportador por la vía de precios, el litio es el que aporta crecimiento de producción año tras año. En 2025, la producción alcanzó 116 mil toneladas LCE, un salto de +56% interanual y +241% vs. 2018, explicado por expansiones y ramp-up de operaciones (Salar Olaroz, Mina Fénix, Cauchari-Olaroz) y la incorporación/crecimiento de nuevos proyectos. Aun con una caída del precio (el precio promedio de exportación bajó a US$ 8,7 por kilo), el volumen empujó las exportaciones a US$ 911 millones (+44% vs. 2024), mostrando que el litio logró crecer incluso con precios internacionales menos favorables.

Un nuevo salto espera aparecer en 2026: la producción proyectada de un escenario intermedio se espera alcance las 172 mil toneladas LCE (+48% vs. 2025), en línea con una mayor utilización de capacidad instalada y el avance de proyectos. La diferencia respecto de 2025 es que en 2026 se espera una combinación de más volumen y mejor precio: el precio promedio de exportación está proyectado en torno a los US$ 14,9 por kilo. De esta manera, las exportaciones podrían escalar a US$ 2.559 millones, lo que implica +181% vs. 2025. De esta manera, el litio pasaría de ser el “motor por volumen” en 2025 a un “motor por volumen y precio” en 2026. 

La inversión extranjera en minería alcanza récords históricos

Además del aporte comercial vía exportaciones, la minería también canaliza divisas a través de la inversión extranjera directa (IED). Según datos del BCRA, la IED en las diversas actividades del sector minero mostró un salto de peso en los últimos dos años. El 2024 trajo uno de los años de mayor ingreso de capitales por IED en la minería argentina, con más de US$ 4.517 millones invertidos. No obstante, el 2025 también cerró con elevados niveles de inversión del sector, superando los US$ 3.767 millones, apuntalando aún más el ingreso de inversión extranjera para seguir potenciando a la minería argentina.

De esta manera, la minería muestra su impacto exportador sobre el frente externo, con sus ventas al exterior fortaleciendo el balance comercial. Sin embargo, también se observa la fuerza de la minería sobre la economía argentina a través de las inversiones directas, que contribuyen a aumentar el stock de capital de la economía nacional mientras financian ampliaciones, ramp-ups y nuevas capacidades productivas.

En 2025 las inversiones extranjeras de la minería en Argentina crecieron un 27% respecto al año anterior y un 88% con relación al 2023. Además, si se compara el último trimestre del 2025 con el mismo período del 2017, el crecimiento asciende a 202%. En este marco, al último día del 2025, el stock de inversiones extranjeras en minería marcó un récord histórico, superando los US$ 17.645 millones.

De la mano del RIGI, uno de los protagonistas centrales de la IED en Argentina es el cobre, que aspira a volver a producirse a gran escala en el país en los años venideros. Vale la pena destacar que la minería es el principal sector de ingreso neto de divisas por inversión extranjera directa en Argentina desde el 2003, es decir, hace más de dos décadas. 

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Banco Central cumple la meta anual de compra de dólares y acelera la acumulación de reservas

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La estrategia de acumulación de reservas del Gobierno alcanzó uno de sus principales objetivos antes de la mitad del año. Con una nueva compra de USD 43 millones realizada este miércoles, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) superó los USD 10.000 millones en adquisiciones de divisas durante 2026 y cumplió la meta anual originalmente prevista en el programa económico acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El dato no es menor. La autoridad monetaria logró encadenar 100 ruedas consecutivas con saldo comprador —con excepción de la primera jornada operativa del año— y consolidó un proceso de recomposición de reservas que se transformó en uno de los pilares de la estabilización macroeconómica impulsada por el equipo económico de Javier Milei.

Desde enero, el Banco Central acumuló compras por USD 10.020 millones entre operaciones realizadas dentro y fuera del mercado cambiario. La rueda más significativa se registró el 10 de abril, cuando la entidad adquirió USD 457 millones en una sola jornada.

Sin embargo, el objetivo oficial ya no es simplemente alcanzar la meta. El Gobierno comenzó a elevar sus propias expectativas. Durante su participación en el Cambras Business Day, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Banco Central podría cerrar el año con compras de entre USD 17.000 y USD 24.000 millones.

“Hoy ya está cumplida la meta acordada con el FMI de USD 10.000 millones. En un escenario muy optimista pensábamos que el Central podía comprar USD 17.000 millones, pero si seguimos al ritmo actual podríamos llegar a USD 24.000 millones”, afirmó el funcionario.

Un cambio de paradigma en la acumulación de reservas

La acumulación de divisas se convirtió en una de las variables centrales del programa económico. A diferencia de ciclos anteriores, el Gobierno busca fortalecer las reservas sin recurrir a controles cambiarios más estrictos ni a emisiones monetarias descontroladas.

Durante los primeros meses del año, la estrategia combinó compras de dólares por parte del Banco Central con una activa participación del Tesoro en el mercado financiero. Mientras la autoridad monetaria adquiría divisas, el Ministerio de Economía absorbía liquidez mediante colocaciones de deuda en pesos para evitar presiones inflacionarias.

El resultado fue una mejora sustancial en la posición externa del país. Las reservas brutas cerraron la jornada en USD 48.414 millones, el nivel más alto en casi siete años y superior al máximo registrado durante febrero de la actual administración.

En paralelo, las reservas internacionales netas alcanzaron USD 5.013 millones al cierre de mayo, impulsadas por las compras de divisas, los desembolsos del FMI y nuevas colocaciones financieras.

El agro todavía tiene cartas para jugar

Uno de los factores que alimenta el optimismo oficial es que, según el Ministerio de Economía, todavía no ingresó al mercado la totalidad de las divisas provenientes de la actual campaña agrícola.

La cosecha récord de maíz y los elevados niveles de producción proyectados para varios complejos exportadores permiten anticipar un flujo adicional de dólares durante los próximos meses.

Sin embargo, algunos analistas advierten que la liquidación del sector podría estar avanzando a un ritmo más lento de lo esperado. Walter Stoeppelwerth, CIO de Grit Capital Group, señaló que los datos de liquidación todavía no reflejan plenamente el volumen asociado a la cosecha actual.

Según su análisis, algunos productores podrían estar esperando una depreciación mayor del tipo de cambio oficial para mejorar sus márgenes antes de acelerar las ventas.

Hasta ahora, los principales abastecedores de dólares para el Banco Central no fueron los exportadores agrícolas, sino las emisiones de deuda realizadas por empresas y provincias en los mercados internacionales.

El rol creciente de la energía y la minería

Más allá del aporte del agro, el Gobierno apuesta a una transformación estructural de la balanza externa argentina basada en la expansión de los sectores energético y minero.

Caputo insistió en que el país se encuentra apenas en el comienzo de ese proceso. Según sus estimaciones, hacia 2031 la balanza comercial combinada de energía y minería podría aportar USD 60.000 millones anuales, unos USD 40.000 millones más que en la actualidad.

El ministro vinculó esas proyecciones al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que concentra buena parte de los proyectos actualmente en desarrollo en Vaca Muerta, litio, cobre y otras actividades extractivas.

Para el equipo económico, esa expansión exportadora será clave para sostener un esquema de acumulación de reservas sin necesidad de generar tensiones cambiarias ni comprometer la competitividad de la economía.

La mirada del mercado ya apunta a 2027

Mientras el Gobierno celebra el cumplimiento anticipado de las metas de reservas, parte del mercado comienza a observar un horizonte más largo.

Las emisiones internacionales de deuda corporativa y provincial continúan creciendo. Según estimaciones privadas, podrían superar los USD 3.200 millones en las próximas semanas.

Desde GMA Capital destacan que, desde las elecciones legislativas, las colocaciones externas acumulan cerca de USD 11.900 millones. Ese flujo contribuye a fortalecer la disponibilidad de divisas en el corto plazo, aunque también abre interrogantes sobre la dinámica financiera futura.

La lectura de los inversores es que la consolidación de reservas durante 2026 fortalece la estabilidad macroeconómica y mejora la capacidad de pago de la Argentina. Sin embargo, la sostenibilidad del proceso dependerá de que el crecimiento de las exportaciones, particularmente de energía y minería, logre reemplazar gradualmente el protagonismo actual del financiamiento.

Por ahora, los números juegan a favor del Gobierno. El Banco Central ya alcanzó la meta anual pactada con el FMI cuando todavía queda más de medio año por delante. La discusión dejó de ser si el objetivo era posible y pasó a centrarse en cuántos dólares adicionales podrá acumular la Argentina antes de cerrar 2026.

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