Rusia

Las mil y una noches de Erdogan: Turquía frena la expansión de la OTAN

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La dinámica europea es absolutamente vertiginosa desde que explotó el conflicto armado provocado por la invasión de las tropas rusas en suelo ucraniano, y ante eso, muchos países del viejo continente comenzaron a (re)pensar sus políticas de seguridad nacional.

Finlandia y Suecia, junto a otros países nórdicos europeos, históricamente se han caracterizado por no resaltar militar ni armamentisticamente, aunque también gozan de una reserva bélica de importancia. Pero la creciente amenaza rusa llevó a estos países escandinavos a buscar el cobijo en la OTAN. Sin embargo, un actor inesperado le puso un dramatismo novelesco: Turquía. 

La decisión turca

Recep Tayyip Erdogan es el presidente de Turquía desde 2014, y uno de los líderes más importantes de la geopolítica global. Un hombre de decisiones políticas recias y hasta conservadoras, pero que logró transformar a Turquía es un verdadero termómetro de la política europea.

El veto turco en la OTAN, dado desde la voz y decisión de Erdogan y su mesa chica, lejos está de ser un mero capricho. Aquí se habla de una estrategia de suma importancia que Ankara debe sobrellevar en un contexto internacional complicado. En principio, hablamos de la necesidad imperiosa de Turquía de poder promoverse, a los ojos del resto de los países, como un mediador diplomático entre Ucrania y Rusia. El hecho que Finlandia y Suecia ingresen a la OTAN, simboliza un giro de 180 grados en la política europea, dada por el impensado robustecimiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Turquía dice no, porque pierde protagonismo escénico como epicentro de resolución del conflicto bélico más importante que afrontó Europa desde la descomposición de la ex Yugoslavia. 

Paralelamente a esta postura de Erdogan, es de suma importancia leer el discurso o la construcción de relatos que se engendran desde Turquía como un impedimento al ingreso de Finlandia y Suecia a la OTAN. En este sentido, se habla pura y exclusivamente de la presencia de diásporas kurdas que han sido refugiadas en los países nórdicos. Esta es una debilidad de Erdogan, y aún potenciada por la figura del PKK. Turquía es un país intercontinental con diversas problemáticas internas. 

¿Qué pasa en Turquía? 

El gobierno de Erdogan se ha caracterizado por el intento de tener un orden impermeable por ningún tipo de asociación que no sea el mismísimo Estado. En este sentido, los kurdos se transformaron en el chivo expiatorio de todas las políticas represoras de choque que Ankara ha llevado como estandarte en los últimos años. 

En este apartado cabe resaltar que los kurdos conforman una nación milenaria que busca la construcción de un Estado (Kurdistán) desde, por lo menos, la descomposición del Imperio Otomano luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta nación se ubica, territorialmente, en partes de Siria, Irán, Irak y el sur de Turquía. Para este último país, la presencia kurda simboliza una piedra en el zapato.

Para la construcción de Estados fuertes, tener conflictos, pero sobre todo territoriales, con movimientos separatistas, son un escollo, y aún más para un país jactado de potencia emergente como la Turquía de Erdogan. En este punto, el problema no es meramente étnico, entendiendo que los kurdos no representan una abrumadora amenaza en cuanto a adhesión social. Sin embargo, es el partido político mayoritario el verdadero desafío de Ankara: el PKK.

El PKK es el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, fundado en 1978 y en plena Guerra Fría. Este representante de los valores históricos de los kurdos tiene unas características de origen que son de vital molestia para Turquía. El PKK se define como un partido político socialista, antiimperialista, antioccidental, feminista y ecologista. Lejos de las prácticas o discursos progresistas promovidos por las clases medias en países capitalistas de Occidente, los kurdos que forman parte del PKK, viven de acuerdo a los valores que pregonan.

Desde 1978, la presencia del Partido de los Trabajadores de Kurdistán ha significado una representación radical de los kurdos en los países en donde han tenido presencia, aunque el histórico conflicto siempre se desató en el sur de Turquía. Aquí, cabe resaltar que ante el impedimento de formar parte de coaliciones políticas de representatividad en el seno de los países donde se ubicaría el territorio kurdo, han radicalizado sus acciones hasta el punto de llevar adelante una serie de atentados en formato de estrategia militar guerrillera. El Estado turco siempre los combatió y son el enemigo público número 1 de Erdogan.

Ante la militarización de las facciones de choque del PKK, las respuestas de diversos países han sido inmediatas. De hecho, prácticamente no hay países en el mundo que reconozcan la autonomía histórica de los kurdos, y, asimismo, los embanderados en defensa de los derechos humanos de los pueblos, devenidos en potencias mundiales, siempre han mirado al costado cuando de Kurdistán se habló.

Las razones de la persecución al PKK, más allá de la cuestión enquistada en la seguridad nacional, se basa también en las consecuencias del mismo. Primero, se trataría de la formación de un Estado de carácter socialista en una zona del mundo en donde ni siquiera la Unión Soviética en sus mejores años pudo penetrar con absoluta solvencia. Por otro lado, la mera formación estatal kurda en manos del PKK, significaría delegar las grandes rutas de gasoductos y oleoductos que parten desde Oriente hacia Europa, y allí, ni Irán, ni Irak, ni Siria, ni Turquía se quieren dar el lujo de perder. 

Los diversos confrontamientos civiles del PKK con el Estado de Turquía, como así también su efectivo combate contra las fuerzas de ISIS, promovieron una gran diáspora de kurdos en el mundo. Han buscado no solamente asilo político, sino también un lugar estable en donde desenvolverse, y allí, el norte de Europa se ha convertido en un lugar de características idílicas. Cabe recordar que hoy, los kurdos, tienen representación en el Parlamento turco, aunque prácticamente sin peso en la balanza política que determina el corpus de leyes en Turquía. 

Un largo camino al norte 

Hasta el día de hoy, se habla de 3 millones de kurdos en las diásporas, muchos de ellos en calidad de refugiados. Lógicamente, las crisis humanitarias generadas por contextos desfavorables como las guerras y conflagraciones, han acelerado la decisión de los habitantes de buscar lugares de confort y bienestar social.

Los diversos gobiernos de centroizquierda que han tenido lugar en Finlandia y en Suecia, sobre todo desde la década de los 70, y más en el siglo XXI, han promovido políticas migratorias que buscan acoger a aquellos quienes han padecido en zonas de gran conflictividad. En ese sentido, Suecia y Finlandia son La Meca para los kurdos que se escapan de Siria, Irán, Irak y Turquía. 

Sin embargo, en esas corrientes migratorias, se fugaron varias personas consideradas como criminales de guerra para Ankara y su necesidad de eliminación del “terrorismo”. Una de ellas es Salih Muslim, un kurdosirio que se encuentra refugiado en Suecia desde hace varios años.

Ahora bien, en el marco del “pretexto” turco, los estadounidenses y los europeos tienen una razón para el apoyo de la cuestión kurda, más allá de sus ideas radicalizadas, aunque han sido medianamente aminoradas casi relativamente con el mayor aumento de representatividad diplomática y gubernamental de los kurdos en Turquía y Siria. El YPG (Unidades de Protección Popular), en su facción miliciana y guerrillera, han sido de vital ayuda en el combate contra ISIS y Estado Islámico en la zona en cuestión. Si bien, el islam es la religión mayoritaria en la nación kurda, gran parte de ellos no comparte las ideas del islamismo político propuesto por las células previamente nombradas. En este sentido, para Estados Unidos son vitales. Sin embargo, para Erdogan no es suficiente, entendiendo que el PKK y el YPG son exactamente lo mismo, ambas agrupaciones son consideradas terroristas. Desconexión con Europa. 

El jaque mate de Erdogan 

A simple vista, el viejo continente considera terrorista a uno (PKK) y como aliado al otro (YPG), pero para Ankara son lo mismo. 

Aquí hay que hilar fino y recordar que la política internacional es mucho más complicada de lo que parece. Erdogan busca posicionar las miradas y opiniones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte por el simple hecho de que países como República Checa y Noruega, también miembros de la OTAN, han dejado de exportarle armas a Turquía para combatir al YPG. 

Aquí es donde aparece la jugada maestra de Erdogan: crear una crisis interna en la OTAN. Para ello, hay que partir de la premisa que Estados Unidos es el país más poderoso de esta alianza militar, y como tal, siempre tiene la última palabra, por sobre los trazos burocráticos. Por consiguiente, casi como si fuese un “niño malcriado”, el berrinche de Erdogan es para poder establecer un trato directo con Joe Biden y que Estados Unidos pueda seguir brindándole armas para su lucha interna contra las facciones consideradas terroristas. 

Por otro lado, para Biden es el momento perfecto de ser el cabecilla de la Organización del Tratado del Atlántico Norte que se agranda con dos colosos económicos como Suecia y Finlandia en sus filas. 

Es decir, el impedimento turco solo ralentiza los intereses nórdicos y fastidia la necesidad de Biden de tener un ejército internacional fuerte, en un contexto bélico en Ucrania donde el ejército ruso pareciera no tener fin y el rublo se posiciona cada vez mejor. De esta forma, la presión de Erdogan es prácticamente extrema contra Washington, y ante un líder débil como lo es Biden, pareciera poder dar el brazo a torcer contra el gigante norteamericano. 

Lógicamente que cabe recordar que para que Suecia y Finlandia puedan ingresar a la OTAN, necesitan de todos los votos positivos de los miembros actuales, y el de Turquía con su veto, es verdaderamente una molestia para Occidente. Erdogan combate a los terroristas como si fuera occidental, y molesta a los estadounidenses como si fuera oriental. 

En consonancia hay que hablar de otra comunidad con la que Ankara coquetea hace décadas, pero no tiene el lujo de formar parte de ese selecto grupo de países: la Unión Europea. Turquía sueña desde 1990 con formar parte de la comunidad más importante de países europeos, pero se ve imposibilitado. En principio, cabe recordar que ha conseguido el estatus de candidato para ingresar a la UE en 1999. Sin embargo, siempre le cerraron las puertas, entendiendo que la ex Estambul no cumple con los requisitos básicos necesarios para formar parte de la comunidad. 

Aquí hablamos de los Criterios de Copenhague, escritos en el año 1993.  En ese documento se establece que un país que solicita su ingreso a la UE, debe respetar y utilizar el sistema democrático, debe proliferar el Estado de Derecho, debe formar parte de un sistema económico de libre mercado, pero el gran inconveniente de Turquía se da en los respetos por los derechos humanos y las minorías. El Estado turco no se hace cargo, hasta el día de hoy, de los actos cometidos por los Jóvenes Turcos contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923. Este es conocido como el primer genocidio de la historia. 

El máximo mandatario turco actual, no solamente no lo reconoce enmarcado en el concepto de genocidio o crímenes de lesa humanidad, sino que además niega de la existencia de semejante aparato sistemático de tortura, persecución y asesinato al que se sometió al pueblo armenio durante el proceso de descomposición del Imperio Otomano. Esta es una de las razones por las cuales la Unión Europea le cierra las puertas a Turquía. El rol del gobierno turco como combatiente contra los movimientos considerados terroristas y la posición como mediador en la guerra en Ucrania son ejes fundamentales de comunicación externa, con el cual intentan decirle a la Unión Europea: “Acá estamos”. 

Línea directa con Putin 

Erdogan es uno de los pocos líderes mundiales que puede tener una charla de igual a igual con Vladimir Putin. Ambos gobiernan países con similitudes, tienen facciones orientales y occidentales, ambos son países que resultaron de la descomposición de imperios en el siglo XX, son líderes fuertes, estratégicos, calculadores, conservadores y de convicciones internas y externas dignas de emperadores. Ambos combaten el “terrorismo” o aquellas amenazas para las fronteras nacionales y la cohesión social; y también, manejan un país primordial para la geopolítica y el orden mundial, histórico y actual.

De esta forma, también hay que entender que Turquía y Rusia son grandes aliados comerciales, por su cercanía geográfica y por el “temor” que se tienen ambos. Turquía, como miembro de la OTAN, es una amenaza para Rusia desde tiempos soviéticos, y Erdogan sabe bien que tan solo una señal que Vladimir Putin haga, puede desencadenar en un brutal conflicto bélico entre potencias. 

Erdogan y Putin saben también que ambos son dueños y usufructuarios de los gasoductos y oleoductos que Europa necesita para sobrevivir. En ese sentido, las condiciones ideológicas quedan de lado, y se realza la necesidad de mantenerse en el tope del oro negro y el oro gaseoso. 

A partir de esto, es menester aclarar que la posición de Erdogan como un mediador entre Putin y Zelenski en el contexto bélico actual responde a la necesidad de tener equilibrio en el tablero geopolítico. Turquía sabe bien que, si la balanza se inclina en demasía para la OTAN, Vladimir Putin puede responder con la fiereza de una potencia militar con herencia soviética, capacidad nuclear y con amistades poderosas, como China, Irán y Corea del Norte. El resultado puede ser devastador. Sin embargo, si se mantiene al margen esa situación de hipotética expansión de acciones bélicas por parte de Moscú, hay otra razón más palpable: los mercados. 

Turquía, al igual que todos los países inmersos en la economía de acumulación de capital, no quiere perder sus negocios ni enfriar sus finanzas. Una guerra en un enclave tan importante como Ucrania, solo desemboca en una crisis que agudiza la situación económica ya existente promovida por el cimbronazo del COVID – 19. Desde esta perspectiva, Turquía busca también, con su veto, poder cuidar el mercado internacional y la capacidad de producción propia. Asimismo, cabe recordar que Turquía tiene una gran red de exportación de industria liviana con diversas zonas del mundo. Erdogan cuida a Turquía, cuida a Rusia y cuida a Europa, aunque lo padezcan los suecos, finlandeses y kurdos. 

El mundo a la espera de Turquía

En sintonía con la política de promoción de la cultura turca a través de las novelas, que tan populares son en Latinoamérica, lo de Erdogan pareciera ser el capítulo esperado, en donde el protagonista principal puede cambiar la historia de la novela para siempre. 

El resto del mundo se encuentra en vilo a través del posible ingreso de Suecia y Finlandia, de la reacción rusa y de las innumerables variables que puedan deslindarse a partir de ello. América Latina, en este sentido, espera en silencio. Prácticamente porque son pocos los países que no condenaron la invasión rusa y porque son varios los que velan por la expansión de la OTAN. Sin ir más lejos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte tiene una suerte de sucursal de Sudamérica: Colombia. 

¿En qué afecta esto al sur de América? Básicamente hay que volver a pensar en la economía, en el gran golpe que podría significar una profundización de las acciones bélicas o, inclusive, el hecho de que Turquía se involucre aún más en este conflicto, puede llevar al fantasma de la desatención de un mercado con mucha demanda, como lo es el latinoamericano. Por otro lado, está el cambio de relaciones diplomáticas de Turquía con Sudamérica, se entiende que no es lo mismo el trato con Brasil que con Paraguay. Mercados e intereses distintos. 

Por otro lado, se puede pensar rápidamente en las consecuencias en el humor social generado desde las relaciones diplomáticas con Suecia y Finlandia, las rispideces que se puedan generar y el probable cambio de 180 grados si es que ingresan a la OTAN. Latinoamérica simplemente espera. 

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Alberto Fernández: “Los Brics son para mi país una excelente alternativa de cooperación”

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El presidente Alberto Fernández sostuvo que el grupo de los Brics, el espacio que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, representa para la Argentina “una excelente alternativa de cooperación frente a un orden mundial que viene funcionando para el beneficio de unos pocos”.

“Los Brics son para mi país una excelente alternativa de cooperación frente un orden mundial que viene funcionando para el beneficio de unos pocos”, sostuvo Fernández en una carta enviada al foro de partidos políticos de los Brics, que se reunió esta mañana en forma virtual, y que fue leída en el encuentro por el embajador de argentina en China, Sabino Vaca Narvaja.

En la misiva, el mandatario argentino consideró que “los Brics son sin dudas un grupo de países determinantes para el desarrollo económico mundial. Está claro que la estabilidad macroeconómica mundial y el crecimiento económico pasa y pasará cada vez más por este grupo de países”.

“El nuevo banco de desarrollo de los Brics del que mi país podría participar es para mí la institucionalización de un nuevo orden mundial centrado en el desarrollo lejos de la especulación financiera que tanto daño ha causado a nuestros países”, añadió.

Con el lema “Promover el desarrollo mediante la unidad y cooperación, y avanzar juntos hacia un futuro brillante”, el evento fue organizado por el Partido Comunista de la República Popular China.

La apertura del encuentro estuvo a cargo del presidente de China, Xi Jinping, en su carácter de líder del Partido Comunista, y luego hubo intervenciones del representante de Sudáfrica por la Unión de Estados Africanos y de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental.

Por parte de Argentina, también participó el diputado nacional y vicepresidente 2° de la Cámara de Diputados, José Luis Gioja.

En su calidad de presidente del Parido Justicialista, Fernández sostuvo en la misiva que el PJ “se ha caracterizado históricamente por atender en primer lugar al pueblo, sus demandas económicas y sociales. y su bienestar. Estas han sido siempre nuestras prioridades”, y añadió que “la justicia social es un pilar fundamental que los peronistas, creemos implica la búsqueda permanente de un tratamiento igualitario de los sectores postergados y olvidados por otros proyectos políticos”.

“Tengo la firme convicción de que los países que conforman los Brics comprenden perfectamente este punto, por ello acompaño y celebro el compromiso de todos los países de los Brics de implementar de manera plena la agenda 2030, y los objetivos de desarrollo sostenible destacando la importancia de las dimensiones económica, social y ambiental, del desarrollo sostenible equitativo, inclusivo, abierto, integral, impulsado por la innovación”, dijo el mandatario.

En ese marco, remarcó que desde la Argentina “creemos en la necesidad de seguir trabajando en conjunto para mejorar el comercio multilateral y lograr, a través de nuestras acciones de gobierno, una efectiva reforma de la Organización Mundial de comercio”.

“Debemos atender a los nuevos desafíos que nos plantea la economía digital, y garantizar redes de suministro fiables y seguras, debemos garantizar que el desarrollo global sea verde a través de una asociación integral estrecha práctica e inclusiva”, añadió y llamó a tener una “cooperación que sea cada vez mayor y más fructífera”.

Tras citar la frase “Nadie se salva solo” que repite el papa Francisco, Fernández aseveró que “los países emergentes y en vías de desarrollo tenemos desafíos comunes y no encontramos soluciones avanzando en soledad”.

“La Argentina aboga por un mundo multilateral y por mejorar todos los mecanismos de la Organización de Naciones Unidas a los fines de generar una más estable gobernanza global del mismo modo impulsa el trabajo cooperativo en todas las instancias regionales”, aseguró.

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Turquía frena el ingreso a la Otan de Suecia y Finlandia

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Turquía ha bloqueado la decisión de la OTAN de ingresar ‘vía rápida’ a Finlandia y Suecia, y se complica la adhesión de ambos países nórdicos.

Los embajadores de la OTAN se reunieron el miércoles 18/05 para iniciar la admisión que Finlandia y Suecia han solicitado, pero la obstrucción de Turquía detuvo cualquier votación, poniendo en duda la capacidad de la alianza para acordar la idea de que en 1 o 2 semanas fuesen incorporados ambos países escandinavos. Otra vez los proyectos de Joe Biden enfrentan percances. En este caso, la falta de diálogo previo con Turquía o la subestimación de Ankara, enorme protagonista del conflicto por los drones que vende a Ucrania y los negocios diversos con Rusia.

Los 30 países miembros de la OTAN deben ratificar el ingreso de Finlandia y Suecia, pero el proceso solo puede comenzar cuando el bloque emite un protocolo de admisión e invita formalmente a estos países a unirse a la alianza. Y esto es por consenso. La negativa de Turquía impide el consenso. Y con estratégicas bases en territorio turco, a USA no se le ocurre despedir a Turquía de la OTAN, tal como solicitó un legislador conservador canadiense por Quebec.

Hablando en el Parlamento, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, atacó a los aliados occidentales por no respetar la “sensibilidad” de Ankara sobre el terrorismo y acusó a los últimos solicitantes de la OTAN de negarse a extraditar a 30 personas acusadas de cargos relacionados con el terrorismo en su país.

Pedimos 30 terroristas. Dijeron: ‘No los vamos a dar’. No entregarán a los terroristas, pero quieren unirse a la OTAN. No podemos decir sí a una organización de seguridad que carece de seguridad.

El presidente dijo que Suecia y Finlandia rechazaron extraditar a personas con vínculos con el PKK y el Grupo Terrorista Gülenista (FETÖ), el grupo terrorista detr ás del derrotado golpe de Estado de 2016 en Turquía.

Mensaje de Erdogan via el Daily Sabah, de Estambul:

El Ministerio de Justicia dijo el lunes que los dos países no habían aprobado la solicitud de extradición de Turquía de 33 personas con vínculos con el PKK y la FETÖ.
Ambos países nórdicos rechazaron la extradición de 19 terroristas y no respondieron a la solicitud de Turquía de otros 5.
El proceso de extradición de 9 terroristas, incluidos 2 en Finlandia y 7 en Suecia, aún está en curso.

El aplazamiento genera dudas de que la OTAN pueda aprobar la primera etapa de las solicitudes de Finlandia y Suecia dentro de 1 o 2 semanas, promesa del secretario general Jens Stoltenberg.

Ahora le corresponde a USA la mediación entre Turquía, Finlandia y Suecia, en parte porque los aviones F-16 y, eventualmente F-35, que exige como una precondición Turquía, son fabricados en USA.

Un funcionario turco confirmó al diario Financial Times que Ankara había frenado el proceso, pero insistió en que Turquía no descartaba la posibilidad de que Suecia y Finlandia ingresen a la OTAN.

“No estamos diciendo que no puedan ser miembros de la OTAN”, dijo el funcionario. “Solo que necesitamos estar en la misma longitud de onda, en la misma página, sobre la amenaza a la que nos enfrentamos”.

El funcionario agregó: “Queremos llegar a un acuerdo…. Cuanto antes podamos llegar a un acuerdo, antes podrán comenzar las discusiones de membresía”.

Es obvio que Turquía quiere negociar porque tiene mucho para ganar. No es oposición por oponerse sino para obtener algo a cambio.

La OTAN se negó a comentar, salvo repetir las declaraciones de Stoltenberg de que “los intereses de seguridad de todos los aliados deben tenerse en cuenta [y] estamos decididos a trabajar en todos los problemas y llegar a una conclusión rápida”.

Erdogan dijo que los miembros de la OTAN deberían “comprender, respetar y apoyar” las sensibilidades de Turquía sobre esas organizaciones kurdas, pero agregó: “Ninguno de nuestros aliados ha mostrado el respeto que esperábamos a sensibilidad.”

Erdogan describió a Suecia como un “centro de incubación de organizaciones terroristas”, y dijo que algunos miembros de su parlamento apoyaban al PKK, designado como organización terrorista por Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea.

Entonces, cuando llegaba el gran anuncio del ingreso de Helsinki y Estocolmo a la alianza, abandonando su histórica condición de países neutrales, consecuencia de la invasión a Ucrania de Vladimir Putin, la noticia es la negativa de Turquía. Es obvio que en Moscú abundan las ironías.

El presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, y la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson, visitarán el jueves 19/05 al presidente de USA, Joe Biden, en un in tento de ganar su respaldo para vencer la oposición turca. El ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Mevlüt Çavuolu, se encuentra en Nueva York con el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken.

Turquía, miembro de la OTAN desde 1952, está agraviada por lo que considera que Suecia no ha tomado medidas enérgicas contra los miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una milicia que ha librado una lucha armada contra el Estado turco desde la década de 1980. También acusó a Estocolmo de albergar a miembros exiliados del movimiento Gulen, una secta islámica secreta a la que Ankara culpa por un violento intento de golpe de estado que sacudió a Turquía en 2016.

El periódico progubernamental de Turquía, Daily Sabah, presentó una lista de lo que dijo que eran las 10 demandas de Ankara a los países nórdicos

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Rublo ruso imparable, se acerca a un máximo de 5 años

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El rublo se acerca a un máximo de 5 años frente al euro y demuestra una resistencia sin precedentes en medio de las sanciones más drásticas jamás impuestas

El rublo ruso se acerca a un máximo de cinco años frente al euro este lunes 16 de mayo, demostrando una resistencia sin precedentes en medio de las sanciones más drásticas jamás impuestas a Moscú por Occidente. El rublo fue nombrado la moneda de mejor rendimiento del mundo por Bloomberg la semana pasada.

El rublo se fortaleció en más del 1% para cotizar justo por encima de los 67 rublos por euro, acercándose a su posición más fuerte desde junio de 2017.

La moneda rusa obtuvo ganancias similares frente al dólar estadounidense, cotizando por encima de los 63 rublos por dólar, rondando cerca de su tipo de cambio más fuerte frente al dólar estadounidense desde febrero de 2020. El rublo cayó a mínimos históricos de más de 120 por dólar y 130 por euro en medio de la primera ola de sanciones relacionadas con Ucrania a principios de marzo, pero desde entonces su valor casi se ha duplicado.

La última apreciación se produce en medio de una serie de medidas de apoyo a la moneda introducidas por el gobierno ruso. Además de los controles temporales de capital, el Ministerio de Finanzas de Rusia ha obligado a los exportadores rusos a vender el 80% de sus ingresos en divisas. La introducción de un mecanismo basado en el rublo para los pagos de exportación de gas también ayudó a estabilizar el rublo, aumentando la oferta de la moneda en el mercado e impulsando la demanda.¿A qué se debe esta imparable alza?

Según el investigador, Occidente había incumplido sus obligaciones con Rusia cuando congeló los activos del banco central del país.

Esta es la abolición (algo así como la cultura de la cancelación) de las reglas de las relaciones financieras internacionales basadas en swaps de rendimiento total global, redistribución del riesgo, garantías de los derechos de propiedad y distribución del señoreaje

Fueron estas reglas las que determinaron el antiguo tipo de cambio del rublo y los enfoques para su establecimiento a los que estamos acostumbrados, dijo el experto, y agregó que esas reglas ya no se aplican

Kopylov explicó que el fortalecimiento del rublo se debe a que ahora se basa únicamente en exportaciones e importaciones, y su valor està ¡ determinado por su paridad de poder adquisitivo (PPA). El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó la PPA de la moneda rusa a finales de 2021 en 29,127 rublos por dólar. Según el índice Big Mac, esa tasa se situó en 23,24 rublos por dólar.

El experto también señaló que antes de las sanciones, el debilitamiento artificial de la moneda rusa estuvo respaldado por salidas de capital. Así, en 2021, las exportaciones netas -el exceso de las exportaciones de bienes y servicios sobre las importaciones- ascendieron a US$122 mil millones. Esos ingresos de divisas se utilizaron para comprar activos extranjeros, dijo.

En un momento de sanciones y el incumplimiento de Occidente de sus obligaciones financieras con Rusia, esta salida se ha vuelto imposible, dijo Kopylov. Por tanto, los 58.000 millones de dólares recibidos por la economía rusa en el primer trimestre “presionan” la apreciación del rublo. Kopy lov concluye que:

La evaluación de los expertos muestra que, en estas condiciones, el rublo puede fortalecerse hasta el nivel de 45 a 50 rublos por dólar estadounidense si no hay un ajuste en la política monetaria

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Soldado desconocido: Finlandia y el refugio de la OTAN

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La guerra ruso – ucraniana en suelo del país dirigido por Volodimir Zelenski ha dejado una serie de consecuencias tempranas que están a la vista de todos. Una de las resultantes de la invasión del ejército de Vladimir Putin en territorio ucraniano, es el dinamismo prácticamente inmediato en el tablero geopolítico mundial. Desde esta perspectiva, la OTAN se volvió a posicionar como causa y solución de los países, no solamente en disputa bélica, sino en condición de amenaza constante.

De esta forma, es conocida la posición de diversos países de formar parte de la OTAN. El primero que se mostró abrumadoramente interesado fue Ucrania. Las razones son lógicas, se encuentran padeciendo una invasión por parte de uno de los ejércitos más grandes del mundo y con mayor trayectoria y experiencia: Rusia. Sin embargo, una serie de países han mostrado interés en formar parte de las filas de la OTAN, como por ejemplo Moldavia, Suecia y Finlandia. El último caso es emblemático, ya que Finlandia rompió con ocho décadas de neutralidad a raíz de la amenaza de su seguridad nacional en el hipotético caso de una invasión rusa en suelo finlandés. Claro que no es la primera vez que Finlandia y Rusia tienen conflictos. En la Segunda Guerra, los escandinavos lucharon contra las potencias aliadas, y tras ser derrotados por la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, combatieron al Tercer Reich. Pero al finalizar la conflagración, Finlandia inicia otra guerra para recuperar los territorios perdidos a manos de los rusos. Un costado poco conocido de la guerra que fue retratado de forma magistral por la película Soldado Desconocido, basada en la novela del escritor finlandés Väinö Linna.

¿Qué es la OTAN?

Cabe la necesidad de realizar un breve contexto histórico. La palabra OTAN son siglas que significan Organización del Tratado del Atlántico Norte. Se trata de una alianza de carácter militar, gubernamental y política que aglutina a países europeos y de América del Norte. Fue fundada el 4 de abril de 1949 y en un contexto bastante particular: la Segunda Guerra Mundial había terminado, pero comenzaba la Guerra Fría.

En este sentido, si bien la amenaza nazi-fascista había acabado, el “fantasma” del comunismo asolaba a Occidente, y fiel a su estilo, Estados Unidos puso manos en el asunto para formar esta alianza que perdura hasta el día de hoy. Por su parte, la Unión Soviética formó su propia alianza llamada “Pacto de Varsovia” en el año 1955. 

Si bien el contexto fundacional ya no existe, la OTAN perdura y tiene preponderancia hasta el día de hoy. La razón se justifica en varias cuestiones. Por un lado, es el fin máximo entendido como la protección territorial de los países miembros, en dónde ante la amenaza de las fronteras o de la seguridad nacional de alguno de ellos, se activa la alianza para defender a ultranza de una amenaza externa. Prácticamente, y bajo esta premisa, la OTAN pareciera ser una comunidad que nunca tendría fin, entendiendo que los conflictos geopolíticos existirán en tanto existan los intereses de las naciones, gobernantes o Estados. 

Así y todo, hay otras razones. Por ejemplo, el país que es el líder simbólico y real de la OTAN es Estados Unidos. El gigante de América, de acuerdo a su historia siempre se encuentra en peligro y se embandera en la “defensa” de la democracia y el capitalismo, aunque sus intereses son más profundos de lo que puede parecer. 

Ante este recorrido histórico, es simple dilucidar las razones por las cuales hay diversos países que buscan ser parte de la OTAN. Una alianza que protege el status quo occidental. Además de eso, esta alianza está compuesta por 30 miembros actuales: el último de ellos en ingresar fue Macedonia del Norte en 2020, y según cifras símiles en los años anteriores, el presupuesto militar de los países miembros redondea el 52% del gasto militar mundial. La OTAN, con sede en Bruselas, es un coloso armamentístico global.

La sombra de la OTAN, la amenaza de Putin

Los alcances de la Organización del Tratado del Atlántico Norte pueden ser enormes. En este sentido, el mínimo ataque a un blanco de un país miembro puede desencadenar un conflicto de escalas apocalípticas. Ahora, la pregunta es: ¿La OTAN quiere una guerra contra Rusia? Contra viento y marea, esta alianza monumental busca evitar un enfrentamiento directo con Vladimir Putin, y viceversa, el Kremlin no quiere problemas con el Tratado de Washington.

Ambos son brutalmente poderosos, enormes y con un derrotero digno de imperios históricos. Cabe recordar que Putin heredó el poderío militar soviético y supo elevarlo al carácter de mega-potencia que el Ejército Rojo supo tener hasta 1991. Pero este “superclásico” de la política global no quieren enfrentarse. 

Hay varias razones por las cuales buscan evitar un enfrentamiento directo. En principio, algo que ambos comparten es el hecho de que los miembros de la OTAN como Rusia por su parte, buscan acrecentar su ritmo de generación de excedentes económicos y de posicionar a sus economías como líderes en un mundo regido por el capital. Aquí no hay pasado soviético que valga. 

De esta forma, es inviable pensar en un crecimiento económico a corto plazo en un contexto de guerra, aunque Estados Unidos sea una potencia en el marco de la industria armamentística. Sin embargo, hay más cuestiones y sobre todo una “voz cantora” que es determinante: China.

El país gobernado por Xi Jinping y, que mantiene una curiosa estructura estatal de política y economía denominada Capitalismo de Estado no quiere frenar su abrumador crecimiento. China es un aliado estratégico de Vladimir Putin, con sus idas y vueltas, pero siempre más cerca de Moscú que de Washington. 

El acercamiento estratégico de ambos países forma parte de un eje poderosísimo en términos políticos que no tiene un fundamento en común más allá que el de detonar los cimientos de poder internacional en el que se fundó la hegemonía estadounidense en todo el globo. A este dúo poderoso y bajo la idea anti-estadounidense, se le suman Irán y Corea del Norte. Un cuarteto extremadamente fuerte si hablamos en clave militar. 

Si bien la amistad sino-rusa es una realidad enmarcada en la complejidad de los dilemas geopolíticos y de la construcción de una coraza simbólica contra la OTAN, Xi Jinping no quiere frenar a la inmensa maquinaria económica china. Por consiguiente, si se desencadenara una guerra y aunque China tome o no postura, su economía se enfriará, y los chinos nunca pierden

De esta forma, hay dos razones por el momento: la economía y la palabra china. Sin embargo, se debe agregar algo más. Putin no buscaba generar un efecto en cadena de adhesiones a la OTAN, sino una guerra de conquista rápida que conlleve paulatinamente la anexión de parte de un territorio ucraniano. 

Tomando en cuenta esta última noción, a simple vista los planes de Putin se vieron frustrados ante la imposibilidad de vencer las fuerzas de Kiev. Sin embargo, Rusia acaparó prácticamente todas las ciudades y regiones más importantes del este de Ucrania. Más allá de las pretensiones militares del Kremlin, se ha provocado un efecto inesperado que puede impactar en la reconfiguración del mapa político de Europa del Este. Estamos hablando del posicionamiento de la OTAN como el refugio de los países limítrofes de Rusia.

Una de las razones esbozadas por Putin para comprender la invasión a Ucrania se basó en la seguridad nacional rusa a través del avance y la presencia de la influencia de la OTAN y la Unión Europea en Ucrania, pero su operación militar especial podría tener un efecto rebote y es algo que el Kremlin busca evitar a toda costa. Es decir, si Moldavia, Finlandia y Suecia logran afianzar su solicitud para ser parte de la OTAN y posteriormente son incorporados como miembros, las fronteras político- militares de la OTAN se encontrarán limitando con Rusia

Esto último se puede entender como la puesta en funcionamiento de un cinturón ejercido por la alianza occidental sobre territorio ruso y bielorruso. Putin no lo quiere y para él, esa es la amenaza más grande, aunque sabe que la Organización del Tratado del Atlántico Norte tampoco busca un enfrentamiento directo. Esta situación deriva en la creación de un ambiente de tensión total en Europa, al cual hay que ir varias décadas detrás en la historia para poder ver algo similar. Esta tensión genera incertidumbre, tanto para los poderosos como para los países que buscan ingresar a la OTAN y para Bielorrusia, que es el fiel aliado europeo de Moscú.

Un largo camino hasta la OTAN

Indudablemente, desde su fundación, la Organización del Tratado del Atlántico Norte se transformó en el faro de muchos países. Deseos, aspiraciones, anhelos y peticiones públicas por parte de países que vieron su seguridad nacional afectada de cerca o que responden a la agenda hegemónica de Occidente. 

En ese trajín, muchos deseos terminaron transformándose en realidad y muchos otros quedaron por el camino. Lógicamente, la OTAN no arriesgará su propio privilegio por el simple hecho de llevar un plan de salvataje a algún país que atraviesa una crisis de seguridad, sino que, por el contrario, abogará por robustecer su alianza con Estados que sean funcionales a sus intereses. Caso muy parecido al ingreso a la Unión Europea. 

A partir de la decisión de Finlandia de solicitar el ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, es necesario comprender los requisitos que son fundamentales para poder aprobar el ingreso de un miembro nuevo o no a la alianza militar más grande del mundo. 

En principio, ser un país europeo es el requisito específico y más segregacionista que se establece para el ingreso. En base a este último punto, Finlandia tiene claramente el visto bueno. Sin embargo, hay otros países de diversas zonas del mundo que han intentado ingresar y no han podido, como por ejemplo Colombia. Pese a esto, el país sudamericano es socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte desde 2018, junto a otros 19 países. Estos no cuentan con la protección de la alianza, pero sí pueden mantener mejores relaciones para afianzar la defensa de sus fronteras.

Otro punto a tener en cuenta para el ingreso como miembro de la OTAN es ser un estado democrático. Este último apartado es fundamental, entendiendo el concepto de la estabilidad gubernamental y la garantía de planificar políticas estatales a largo plazo respetando la pluralidad, pero por sobre todo el modelo de la democracia liberal que es la estirpe de Occidente. Teniendo en cuenta esto, Finlandia es modelo de un sistema democrático, que, de hecho, suele ser el país cliché en cualquier ejemplo de funcionamiento de un sistema socio-político integrado. Factor clave y determinante donde los finlandeses incluso son más viables que varios países que ya integran la OTAN. 

Finalmente, y como punto neurálgico de la acción de la alianza, la capacidad de contribución a la defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, a todos sus miembros que requieran el accionar militar, sin excepción. Los escandinavos entran a la OTAN con un currículum impactante en términos armamentísticos. Finlandia es la mayor potencia militar del norte báltico, un poderío explicitado en uno de los países europeos que mayor cantidad de aviones de combate F-35 tiene en su haber. El potencial de la armada es imponente, contando con un programa de corbetas que hacen del Mar Báltico, la piscina de la casa de Finlandia. 

La situación armamentística del país del norte de Europa se ha logrado a través de una serie de debates enormes en términos de seguridad nacional que se vienen dando desde los años de la Guerra Fría, potenciados en la década de 1980. Asimismo, la población finlandesa nunca ha visto con buenos ojos semejante gasto público destinado a la defensa. De hecho, Finlandia se caracteriza por destinar gran parte de su presupuesto a la educación y a los programas sociales. Esta perspectiva cambió luego del avance de las tropas rusas en suelo ucraniano el 24 de febrero. Según consultoras privadas, la entrada del país nórdico a la OTAN tiene, actualmente, una aprobación de casi el 80% del total de la población. Una cifra asombrosa para un país donde el ejército nunca fue prioridad, aunque tampoco fue desarmado ni dejado completamente de lado. 

Entonces… ¿OTAN si u OTAN no?

Es un hecho que la reconfiguración del tablero político internacional cambió y seguirá cambiando en tanto dure esta guerra y sus consecuencias. Sin embargo, el ingreso de más países a la OTAN supone un nivel de variabilidad que podría incrementar o enfriar la tensión en la región. Europa deberá afrontar años difíciles

Yendo a los datos duros, cabe aclarar que, en el caso del ingreso de Finlandia a la Alianza Atlántica, la frontera terrestre con Rusia pasaría de 1215 a 2600 kilómetros, un número sumamente considerable que no muestra optimista a Putin. Cuidar tantos kilómetros de frontera con un país que ya afronta un conflicto bélico es una tarea dificultosa, más allá de la capacidad militar del Kremlin. 

Esta frontera es decididamente importante, entendiendo, como se explicó previamente, la formación de un cinturón geopolítico de la OTAN sobre Rusia, el mayor temor de Putin. 

Sin embargo, hay otro factor a considerar: los mares. Finlandia y Rusia son socios comerciales y quienes, junto a Dinamarca y Suecia, monopolizan el Mar del Norte. Sin embargo, esto podría cambiar, no tanto en lo que respecta exclusivamente a los acuerdos bilaterales, sino en las rispideces que se puedan generar en mar abierto o aguas internacionales. Esto significa, lisa y llanamente que, si un barco de bandera finlandesa es hundido o atacado por un barco ruso, la OTAN activa el accionar propuesto por el artículo 5. Este se basa en que, si un país miembro sufre un ataque armado en Europa o en América del Norte, se tratará de un ataque dirigido a toda la alianza, que responderá con la dureza y firmeza correspondientes. En otras palabras, un barco hundido de Finlandia por parte de Rusia, desencadenaría en una guerra de dimensión masiva. 

También cabe agregar que el ingreso de Finlandia a la OTAN significaría una mayor relación comercial con los países de la alianza. Aunque no se establezcan primordialmente, en la práctica, las relaciones diplomáticas son fundamentales. Pero en este apartado hay que entender la otra cara de la moneda. La sede central en Bruselas podría comenzar a pujar por un cese paulatino de comercio entre Finlandia y Rusia. Esto va más allá de las sanciones impuestas desde Helsinki o de las respuestas de Moscú con su monopolio del gas, sino más bien a la imposición de decisiones ajenas al estado de Finlandia. Un problema enorme de soberanía podría abrirse en el norte báltico, generado a partir de la presencia de la OTAN. Dar y recibir

Argentina y Finlandia

Ante el posible escenario que se generaría en Europa por el ingreso de nuevos miembros a la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la evidente crisis económica desatada por la guerra en Ucrania, Argentina debería comenzar a pensar en una gran cantidad de probabilidades. En caso de que Finlandia represente algún tipo de problemas de abastecimiento por el boicot ruso, deberán concentrar sus fuerzas económicas en el mercado interno para poder subsanar ciertos productos y servicios, o bien, volcar la balanza del presupuesto para sectores de la producción que podrían verse afectados, y casi como un efecto dominó, podría repercutir en Argentina. 

Según Estadísticas de la Aduana de Finlandia, hasta el año 2019, el país europeo le proveyó de una gran cantidad de papel y cartón a Argentina, de hecho, fue el producto más importado. Seguido a ello, maquinarias industriales y artefactos eléctricos fueron también de lo más requerido por Argentina. Finlandia no solo exporta su educación.

En un panorama de economía de guerra, en donde Finlandia ponga sus esfuerzos económicos en solventar su consumo interno de energía a partir de las represalias rusas, podría significar que falte inversión estatal en las industrias que proveen de los bienes previamente nombrados a Argentina. Esta es otra prueba más de como un conflicto en otro lado del mundo puede repercutir en la realidad argentina. Así también desvela que una alianza militar puede generar, indirectamente, un sinfín de problemáticas de índole económica. 

Rumbo a un nuevo orden 

La OTAN agranda su familia y Rusia se mantiene cerca de China, Corea del Norte e Irán, la resultante de esto es que el mundo vive un 2022 cargado de tensiones, que más allá del conflicto bélico desatado en tierras ucranianas, mantiene en vilo al mundo por varios aspectos. Claramente, nada de lo que conocíamos previamente, volverá a tener el mismo sentido. La década de 2020, marca el proceso de transición de nuevos modelos de sociedades y de nuevas configuraciones geopolíticas. La pandemia de COVID – 19 y la Guerra en Ucrania tienen consecuencias directas en el Orden Mundial, el mismo que día a día continúa sorprendiendo, e inclusive planteando incógnitas a futuro. Si Suecia y Finlandia ingresan a la OTAN y la tensión bélica continúa o se expande, ¿podría pensarse en la posibilidad de incorporar países no europeos a la alianza? ¿Rusia conformará una alianza símil o, casi en forma de reversión del Pacto de Varsovia? Ejes de supina importancia que demuestran la complejidad de los tiempos, pero también de la misma vorágine y dinámica de la política internacional.

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