Sector forestal

Yerba, forestación y mandioca en rojo: triple alerta para la economía productiva de Misiones

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El mapa de las economías regionales exhibe una triple señal de alarma para Misiones. La yerba mate lleva 28 meses consecutivos en rojo, el sector forestal acaba de caer desde amarillo a la zona crítica y la mandioca continúa también en rojo, atravesada por una fuerte presión de las importaciones.

Son tres actividades profundamente vinculadas con la estructura productiva provincial y las tres aparecen simultáneamente comprometidas en el último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, correspondiente a julio.

El relevamiento contabilizó 9 actividades en rojo, 6 en amarillo y apenas 4 en verde. Forestación y cítricos dulces fueron las dos cadenas que empeoraron con respecto al mes anterior.

El denominador común es el deterioro de la rentabilidad. Coninagro advierte sobre precios al productor que no acompañan los costos, debilidad de la demanda y, en algunas cadenas, una creciente incidencia de las importaciones.

Yerba: 28 meses sin salir del rojo

La situación más persistente para Misiones continúa siendo la yerba mate. Coninagro contabiliza 28 meses consecutivos en rojo desde abril de 2024, más de dos años sin que la combinación de negocio, producción y mercado permita abandonar la zona crítica. La evaluación de Coninagro contrasta con la visión que tiene el Gobierno nacional sobre la yerba mate, ya que el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, asegura que “la industria” está bien, con volumen interno y exportaciones. 

En cambio, durante julio, el productor recibió alrededor de $260.000 por tonelada de hoja verde, unos $260 por kilo, con una caída real del 13% interanual. A valores constantes, el promedio de los últimos cinco años se ubica alrededor de $620.000 por tonelada.

La superficie se mantiene en 231.000 hectáreas, pero la producción de los últimos doce meses retrocedió 9%, desde 887.000 hasta 807.000 toneladas, lo que también relativiza la idea de que hay una sobreproducción.  

Las exportaciones, en cambio, crecieron 7% y generaron USD 127 millones. 

A la pérdida del precio se agrega otro dato particularmente sensible: el productor captura apenas el 15% del precio final de la yerba, contra una participación histórica del 23%. Es una pérdida de ocho puntos porcentuales dentro de la cadena.

Forestación: la nueva alarma

La novedad del semáforo es el ingreso de la actividad forestal al rojo.

Los precios acumulan una mejora interanual de apenas 4% y permanecen sin variaciones desde octubre. Coninagro vincula el deterioro con la contracción de la demanda interna, particularmente por la menor actividad de la construcción y la obra pública, los elevados costos internos y la competencia importada.

El comercio exterior muestra una señal contundente: durante los últimos doce meses las exportaciones forestales alcanzaron USD 192 millones, con un crecimiento del 16%, pero las importaciones llegaron a USD 196 millones, 13% más. Es decir, las compras externas ya superan a las ventas externas en esa medición.

Coninagro ubica estructuralmente al sector entre las economías deficitarias y señala que las importaciones representan el 112,3% de las exportaciones.

Mandioca: importaciones saltaron 198%

El tercer foco rojo tiene también un fuerte componente misionero: la mandioca.

En julio, la bolsa de 40 kilos se pagó $26.000, con un incremento nominal interanual del 125%. Sin embargo, el problema central aparece por el lado del mercado y, particularmente, del comercio exterior.

Durante los últimos doce meses, según Coninagro, no se registraron ingresos por exportaciones de mandioca, mientras que las importaciones alcanzaron USD 8,1 millones y aumentaron 198% interanual.

La dimensión del desequilibrio se observa también desde una perspectiva más larga. Coninagro identifica a la mandioca como una de las economías regionales deficitarias y describe su situación como extrema debido a la combinación de exportaciones prácticamente inexistentes y compras externas.

Para Misiones, el indicador adquiere particular relevancia porque la presión importadora impacta sobre una cadena que tiene capacidad productiva local y potencial industrial a través de la elaboración de fécula y otros derivados.

El Semáforo de Coninagro deja así una fotografía especialmente adversa para Misiones: tres cadenas representativas de su matriz productiva están simultáneamente en rojo.

El cuadro adquiere todavía mayor peso porque no se trata de una señal aislada. De las 19 economías regionales relevadas por Coninagro, 9 están en rojo, 6 en amarillo y sólo 4 en verde.

El deterioro de las economías regionales vinculadas a Misiones se inserta, además, en un escenario nacional bastante más extendido. Nueve de las 19 actividades relevadas por Coninagro terminaron julio en rojo, seis quedaron en amarillo y apenas cuatro consiguieron mantenerse en verde. Junto con yerba mate, forestación y mandioca, permanecen en zona crítica el arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y cítricos dulces. Estos últimos, al igual que el sector forestal, descendieron de amarillo a rojo en la última medición.

No existe una única explicación para la crisis. En algunas cadenas el problema está concentrado en el precio que recibe el productor; en otras pesa la retracción del consumo, la caída de la producción o la competencia importada. El denominador común es la dificultad para recomponer márgenes en un contexto en el que los costos avanzaron más rápido que los ingresos de buena parte de la producción primaria. Coninagro identifica precisamente al componente “negocio” como uno de los principales factores detrás del deterioro actual.

La yerba tampoco es la única economía que arrastra una crisis prolongada. El caso más extremo es el vino y mosto, que acumula 42 meses consecutivos en rojo desde enero de 2023. La yerba aparece inmediatamente detrás, con 28 meses desde abril de 2024. La perspectiva histórica de Coninagro revela un problema todavía más estructural: siete de las 19 economías relevadas permanecieron en rojo durante más de la mitad de los meses analizados en los últimos ocho años.

Hay, además, situaciones en las que los buenos números comerciales conviven con una mala ecuación en el origen. El arroz, por ejemplo, incrementó 17% sus exportaciones hasta USD 437 millones, pero su precio actual, medido en términos constantes, se encuentra 50% por debajo del promedio de los últimos cinco años y la producción proyectada cae 12,5%. En la lechería, las exportaciones crecieron 19% y la producción 6%, mientras el precio recibido por el productor aumentó apenas 11,5% interanual frente a una inflación del 33,8%.

Ese contraste es clave para interpretar también lo que sucede con la yerba y la madera: exportar más no necesariamente significa que el productor esté mejor. El propio diseño del semáforo busca capturar esa diferencia al combinar tres dimensiones -negocio, producción y mercado- y darle un peso decisivo a la evolución del precio recibido por el productor frente a la inflación y sus costos.

De hecho, el frente externo presenta números positivos en términos agregados. Entre enero y julio, las 19 economías relevadas generaron USD 37.725 millones en exportaciones, 17% más que en el mismo período de 2025, frente a importaciones por USD 2.987 millones. Por cada dólar importado, el conjunto exportó aproximadamente 13 dólares. La generación de divisas, sin embargo, convive con nueve semáforos en rojo, lo que expone la distancia que puede existir entre el desempeño exportador de una cadena y la rentabilidad de quienes producen la materia prima.

En el otro extremo aparecen apenas cuatro actividades en verde: bovinos, ovinos, granos y miel. Allí Coninagro observa una combinación más favorable de precios, demanda y condiciones de mercado. La miel, por ejemplo, registró un incremento interanual del 64% en el precio destinado a exportación y ventas externas por USD 321 millones, 39% superiores a las del período anterior. En bovinos, los precios al productor aumentaron alrededor de 60% y las exportaciones crecieron 35%, hasta USD 5.964 millones.

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Por unanimidad, Misiones puso fin a la prohibición del glifosato y abrió una nueva etapa para el agro

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Los tiempos de la política son distintos. Apenas tres años después de la prohibición del uso del glifosato en las chacras misioneras, la Cámara de Diputados votó por unanimidad eliminar esa prohibición. Incluso con el voto de Carlos Rovira, impulsor de aquella ley resistida por todo el arco productivo. 

Con el mismo énfasis con el que se defendió la prohibición, la Cámara de Representantes de Misiones puso fin por unanimidad este jueves a uno de los capítulos más controvertidos de la política productiva provincial. Se terminó el divorcio entre el sector productivo y la política”, definió Enrique Bongers, el presidente de la Asociación Maderera de Aserraderos y Afines del Alto Paraná al destacar la decisión del gobernador Hugo Passalacqua. 

Después de tres años de reclamos, prórrogas y advertencias del sector privado, la Legislatura modificó el artículo 7 de la Ley VIII N.º 103 y eliminó la prohibición expresa del uso de glifosato, sus componentes y productos afines en todo el territorio misionero.

La reforma obtuvo dictamen favorable durante la mañana de este jueves y fue incorporada sobre tablas en la sesión nocturna. El acompañamiento de todos los bloques le otorgó un fuerte respaldo político a una decisión que había sido reclamada por productores yerbateros, forestales, tabacaleros, tealeros, ganaderos, citrícolas y representantes de la agricultura familiar.

El cambio no deroga la política de promoción de los bioinsumos ni abandona el objetivo de avanzar hacia una producción con menor impacto ambiental. Lo que desaparece es la obligación de eliminar el glifosato en una fecha predeterminada, aun cuando no existieran sustitutos disponibles, eficaces y económicamente accesibles.

La transición quedará ahora sujeta al desarrollo y la autorización de fitosanitarios más amigables con el ambiente por parte de los organismos nacionales competentes y de las autoridades de los países compradores de productos misioneros. El Poder Ejecutivo provincial tendrá la facultad de establecer los plazos, las condiciones y los requisitos para avanzar en ese proceso.

En términos jurídicos, la modificación representa mucho más que una nueva prórroga. Hasta ahora, la prohibición seguía formando parte de la ley y solamente se postergaba su entrada en vigencia. Con la reforma sancionada, el veto automático desaparece y es reemplazado por un esquema gradual, condicionado por la tecnología disponible, las autorizaciones sanitarias y las exigencias comerciales.

La Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos fue aprobada en junio de 2023 como una de las apuestas ambientales más ambiciosas de Misiones. La norma creó un marco para promover la investigación, el desarrollo, la producción, el registro, la comercialización y la utilización de productos biológicos.

Sin embargo, su artículo 7 incorporó la disposición que desató el conflicto: prohibió en toda la provincia el uso de glifosato, sus componentes y productos afines. La aplicación fue diferida durante dos años con la intención de permitir una reconversión progresiva de los sistemas productivos.

Desde el comienzo, las entidades rurales advirtieron que el plazo legal no contemplaba la realidad de las chacras. El cuestionamiento no se concentró solamente en el costo de los bioinsumos, sino también en su disponibilidad, su eficacia agronómica y la falta de homologación en los mercados nacionales e internacionales.

Antes de que la prohibición entrara plenamente en vigor, el gobernador Hugo Passalacqua dispuso mediante el Decreto 1608/24 una prórroga de cinco años. De esa manera, el horizonte de aplicación se trasladó hasta 2030.

Posteriormente, el Decreto 1675/25 extendió la posibilidad de utilizar el herbicida hasta que los organismos nacionales y los países de destino de las exportaciones autorizaran alternativas más amigables con el ambiente. Esa decisión ya había introducido el criterio que ahora quedó incorporado definitivamente a la ley.

La reforma impulsada por Passalacqua y presentada con la firma de 18 diputados convirtió aquella salida transitoria en una nueva regla permanente. La Legislatura dejó de fijar una fecha rígida y estableció que el reemplazo deberá avanzar cuando existan herramientas capaces de responder a las necesidades reales de cada cadena productiva.

Como había señalado Economis al anticipar la modificación, el cambio no supone una reivindicación del herbicida, sino el reconocimiento de que una prohibición sin sustitutos probados podía aumentar los costos, reducir los rendimientos, fomentar aplicaciones informales y colocar a Misiones en desventaja frente a otras provincias y países competidores.

Un respaldo transversal del sector productivo

La sanción llegó con la conformidad de las principales organizaciones agropecuarias, económicas y forestoindustriales de Misiones y la región.

La Sociedad Rural Argentina respaldó la iniciativa al considerar que aporta estabilidad y certidumbre a los productores. El posicionamiento de una de las entidades de mayor peso político del agro nacional reforzó la demanda para que las transformaciones ambientales sean acompañadas por condiciones técnicas y económicas concretas.

La Confederación Económica de Misiones también manifestó su conformidad. La entidad había cuestionado la prohibición desde su sanción y llegó a reclamar la derogación completa de la Ley de Bioinsumos en representación de productores, cooperativas, pequeñas y medianas empresas, asesores técnicos y organizaciones vinculadas con las cadenas forestal, yerbatera, tabacalera, tealera, ganadera y citrícola, además de la agricultura familiar y el comercio.

Para la CEM, la adecuación del artículo 7 permite recuperar previsibilidad y evitar que la producción misionera deba competir bajo restricciones que no existen en otras jurisdicciones.

La Asociación Forestal Argentina, que recientemente celebró su 80.º aniversario en Posadas, sostuvo que la nueva norma otorga estabilidad con rango legal. La entidad remarcó que actualmente no existen en el mercado sustitutos de eficacia equivalente comprobada para el control inicial de malezas, una etapa decisiva en la implantación forestal.

También acompañaron la modificación la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Norte de Corrientes y la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná. Ambas entidades consideraron que la reforma termina con la incertidumbre normativa que condicionó durante los últimos años las decisiones de inversión y los planes productivos del sector.

El objetivo ambiental se mantiene

La eliminación de la prohibición no implica que Misiones abandone la investigación y el desarrollo de bioinsumos. La política provincial continuará apoyándose en organismos como Biofábrica Misiones, universidades e institutos científicos para generar productos basados en microorganismos nativos y soluciones adaptadas a las condiciones locales.

El cambio está en el método. La sustitución ya no dependerá de una fecha impuesta por ley, sino de la existencia de alternativas que estén probadas, certificadas, disponibles a escala, sean económicamente accesibles y tengan reconocimiento en los mercados donde se comercializa la producción misionera.

La nueva redacción busca evitar una contradicción que había quedado expuesta durante el debate: un productor podía verse impedido de utilizar glifosato en Misiones aun cuando el herbicida estuviera autorizado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria y admitido por el país comprador. Al mismo tiempo, podía ser obligado a utilizar productos biológicos que todavía no contaran con homologación fuera de la provincia.

Con la votación unánime, la Legislatura cerró esa etapa. La provincia conserva el horizonte de una producción sustentable, pero reconoce que la transformación deberá construirse con ciencia, escala, asistencia técnica y competitividad.

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Amayadap sobre el fin de la prohibición del glifosato: “Se terminó el divorcio entre el sector productivo y la política”

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La discusión sobre el uso del glifosato en Misiones dejó de ser solamente un debate ambiental para convertirse en una señal política hacia quienes producen, invierten y generan empleo. Así lo planteó Enrique Juan Bongers, presidente de la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (AMAYADAP), al respaldar la iniciativa impulsada por el Gobierno provincial para modificar el artículo 7 de la Ley VIII-103, que establecía la prohibición del herbicida.

“Se terminó el divorcio entre el sector productivo y la política”, definió Bongers durante una entrevista con El Noticiero de Canal 12. La frase sintetizó el posicionamiento de la entidad forestoindustrial, pero también buscó marcar un punto de inflexión en una relación que, según advirtió, llevaba demasiado tiempo atravesada por la falta de diálogo y la ausencia de los temas productivos en la agenda legislativa.

AMAYADAP formalizó su respaldo mediante un comunicado institucional. Para Bongers, la revisión del artículo cuestionado representa una decisión pragmática: avanzar hacia una producción más sustentable sin imponer plazos ni prohibiciones que desconozcan las herramientas disponibles, los costos de los productores y las condiciones exigidas por los mercados internacionales.

El empresario aclaró que el planteo no supone una defensa irrestricta del glifosato ni un abandono de la transición hacia los bioinsumos. La discusión, sostuvo, pasa por encontrar alternativas que sean ambientalmente superadoras, económicamente accesibles y técnicamente eficaces.

“Actualmente no existe otra herramienta tecnológica, económica y ecológica que sea superior al glifosato cuando se utiliza como debe ser, bajo las normas y cumpliendo todos los estándares”, afirmó.

Una prohibición que atravesaba a toda la producción

Aunque la actividad forestal quedó en el centro del debate, Bongers remarcó que una prohibición absoluta no impactaría solamente en las plantaciones de árboles. También alcanzaría a producciones tradicionales de Misiones, como la yerba mate y el té, que necesitan controlar malezas para sostener rendimientos, calidad y competitividad.

En el caso forestal, explicó, el herbicida se utiliza principalmente durante las primeras etapas de las plantaciones. Su eliminación sin una alternativa eficaz elevaría los costos, reduciría la eficiencia productiva y podría desalentar nuevas inversiones.

La preocupación también alcanza al comercio exterior. Los países compradores y las empresas internacionales establecen protocolos precisos sobre los productos permitidos en las distintas cadenas productivas. En mercados como el del té, señaló Bongers, el uso controlado del glifosato se encuentra autorizado, mientras que algunos de los productos propuestos como reemplazo todavía no cuentan con aceptación comercial o validaciones equivalentes.

“Hasta que no haya un producto superador en cuanto a la ecología y a la economía, no podemos prohibir el uso del glifosato”, planteó.

Bongers fue enfático al separar la posición empresarial de cualquier defensa corporativa del fabricante del herbicida. “No le vamos a hacer propaganda a Monsanto con esto”, aclaró. El sector forestal, añadió, tiene incorporados estándares ambientales exigentes, pero necesita herramientas que permitan producir de manera competitiva mientras se desarrollan sustitutos confiables.

Las certificaciones internacionales

Uno de los principales argumentos de AMAYADAP está vinculado con las certificaciones ambientales que ya posee la actividad forestal misionera. Según Bongers, la provincia cuenta con unas 150.000 hectáreas de plantaciones certificadas bajo estándares PEFC y otras 117.000 hectáreas bajo el sistema FSC.

Se trata de certificaciones internacionales que auditan la trazabilidad, el manejo ambiental y las prácticas utilizadas en las plantaciones. Ambos esquemas admiten, bajo protocolos y durante etapas determinadas, el uso controlado de herbicidas.

Para el empresario, esa evidencia mostraba la contradicción de avanzar con una prohibición provincial absoluta sobre una herramienta aceptada por los principales estándares forestales del mundo.

“La ley no iba acorde con la producción”, resumió.

El cuestionamiento no apunta contra el objetivo de transformar a Misiones en una provincia agrosustentable. Bongers consideró que esa meta debe mantenerse, pero advirtió que la transición necesita respaldo científico, pruebas en campo, disponibilidad comercial y costos compatibles con la realidad de los productores.

La sustentabilidad, en esa mirada, no puede construirse a partir de una fractura entre los objetivos ambientales y las posibilidades concretas de las chacras y las industrias.

Previsibilidad para volver a invertir

Detrás de la discusión sobre el glifosato aparece un reclamo más amplio: reglas claras. Para Bongers, la modificación del artículo 7 permitiría devolver previsibilidad a las cadenas productivas y mejorar la posición de Misiones frente a potenciales inversores nacionales y extranjeros.

“Necesitamos producir cuidando el medio ambiente, pero también ser eficientes”, señaló.

La previsibilidad resulta especialmente relevante para el sector forestal, donde las inversiones se proyectan a largo plazo. Una plantación requiere años antes de alcanzar su etapa de aprovechamiento y una industria necesita desembolsos importantes en tecnología, energía, infraestructura y logística. Una regulación desconectada de esos ciclos puede frenar proyectos antes de que comiencen.

Bongers interpreta la decisión del Ejecutivo provincial como una señal de que la producción vuelve a ocupar un lugar en la agenda política. “Estamos viendo que empiezan a aparecer temas productivos en la Cámara de Diputados. Este asunto lo venimos impulsando y discutiendo desde hace varios años”, explicó.

Para el presidente de AMAYADAP, la revisión legislativa abre la posibilidad de construir regulaciones mediante el diálogo con quienes conocen las necesidades del territorio. No se trata de renunciar al desarrollo de bioinsumos, sino de establecer una transición ordenada mientras se prueban alternativas capaces de ofrecer resultados equivalentes.

De reconstruir una fábrica a reclamar reglas claras

La posición de Bongers también está atravesada por su propia historia empresarial. Ingeniero forestal y oriundo de Leandro N. Alem, construyó su trayectoria desde cero. Fue padre mientras cursaba la universidad, trabajó desde muy joven y convirtió esa experiencia en una forma de entender la actividad privada: las oportunidades se construyen con esfuerzo, responsabilidad y capacidad para sobreponerse a las crisis.

Fundó GP Energy S.A., una empresa dedicada a transformar subproductos de la industria maderera en pellets de madera, un combustible renovable que logró ingresar en mercados internacionales. El proyecto combina valor agregado, aprovechamiento integral de la materia prima forestal y generación de energía a partir de residuos que anteriormente tenían escaso valor económico.

En 2021, un incendio destruyó prácticamente toda la planta industrial. Bongers quedó frente a una decisión extrema: abandonar el proyecto o reconstruirlo. Eligió empezar de nuevo.

La empresa volvió a ponerse en marcha y actualmente opera en Colonia Victoria, genera empleo para más de 40 familias y continúa ampliando su capacidad productiva. Esa experiencia explica, en buena medida, su insistencia sobre la necesidad de contar con reglas estables para invertir.

Quien reconstruye una industria sabe que el capital no busca privilegios, pero sí certezas. La revisión del artículo 7 es leída por AMAYADAP desde esa perspectiva: como una señal de que la política comenzó a escuchar nuevamente a quienes producen.

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Bosques, carbono y energía: el mapa productivo que AFoA mostrará en Misiones y Corrientes

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Genética forestal, manejo silvícola, proyectos de carbono, generación de energía renovable y procesamiento industrial serán algunos de los ejes que los participantes podrán conocer de manera inmersiva durante la segunda jornada del Seminario 80° Aniversario de AFoA. A través de recorridas técnicas por empresas y plantaciones de Misiones y Corrientes, el encuentro permitirá observar de primera mano cómo las grandes tendencias que marcarán el futuro del sector ya se están desarrollando en el territorio.

Después de una intensa jornada de análisis y debate sobre inversiones, competitividad, comercio internacional, infraestructura y mercados de carbono, el Seminario 80° Aniversario de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) trasladará la conversación al lugar donde todo ocurre: el territorio. El sábado 22 de agosto, los participantes recorrerán algunos de los proyectos forestales e industriales más representativos del país, combinando la reflexión estratégica con una experiencia técnica en campo. El evento está planteado como dos jornadas complementarias: una dedicada al análisis de los desafíos del sector y otra enfocada en conocer experiencias concretas de desarrollo productivo.

“La mejor manera de comprender hacia dónde va la actividad forestal es ver cómo esas transformaciones ya están ocurriendo. Queremos que quienes participen puedan conocer proyectos reales, conversar con sus protagonistas y recorrer empresas y establecimientos que hoy representan algunos de los desarrollos más importantes del sector en Argentina”, destacan desde AFoA.

Del mejoramiento genético al procesamiento industrial

Uno de los recorridos estará centrado en el manejo de Pinus sp., permitiendo conocer el trabajo que se realiza en materia de genética forestal, programas de mejoramiento, producción de semillas, plantaciones clonales, manejo silvícola y aprovechamiento forestal. Esto será en el campo Timbauva, de Bosques del Plata SA, en San Alonso, Virasoro.

La jornada continuará en una de las principales plantas industriales de la región – Acon Timber SAU, en la misma localidad – donde los asistentes podrán recorrer el proceso de transformación de la madera y conocer en detalle el funcionamiento de una industria que agrega valor a la producción forestal.

Del bosque a los proyectos de carbono y la energía renovable

El segundo recorrido estará orientado al manejo de Eucalyptus sp. y permitirá observar prácticas de implantación, mejoramiento genético y manejo productivo, además de conocer proyectos vinculados a los mercados de carbono y soluciones basadas en la naturaleza que estará en manos de GMF. La cita es en el campo El Porvenir, del Grupo Pomera, en Posadas.

La experiencia finalizará con la visita a las instalaciones de la empresa FRESA y CTSA, en San Alonso, Virasoro. Una planta de generación de energía a partir de biomasa forestal, donde los participantes podrán conocer cómo el aprovechamiento integral de los recursos forestales contribuye a la producción de energía renovable y a una bioeconomía de menor huella ambiental.

Mucho más que una visita técnica

Para AFoA, el objetivo de esta segunda jornada es que los participantes no solo escuchen a especialistas y referentes durante el seminario, sino que también puedan recorrer proyectos concretos donde las ideas debatidas cobran vida. La propuesta busca generar una experiencia inmersiva que conecte el análisis estratégico con la realidad productiva, permitiendo observar en campo los desafíos, las innovaciones y las oportunidades que hoy impulsan el desarrollo del sector forestal argentino. En ese sentido, las visitas técnicas complementan la agenda del seminario y ofrecen una mirada integral sobre una actividad que combina producción, innovación, sostenibilidad, agregado de valor y generación de empleo

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Yerba y mandioca siguen en rojo: dos economías regionales de Misiones no logran salir de la zona crítica

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El tablero de las economías regionales mantiene dos señales de alarma para Misiones. El último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, de junio de 2026, mantiene a la yerba mate y la mandioca en rojo, mientras que el complejo forestal permanece en amarillo, una combinación que expone las dificultades que atraviesan tres actividades centrales para la producción, el empleo y la generación de ingresos en la provincia.

El panorama nacional tampoco ofrece demasiados verdes. De las 19 actividades relevadas, apenas cuatro quedaron en esa categoría, ocho se ubicaron en amarillo y siete permanecieron en rojo. La única modificación respecto del relevamiento anterior fue el maní, que consiguió pasar de rojo a amarillo.

Junto con yerba mate y mandioca, aparecen en rojo el arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón y leche. El denominador común está fundamentalmente en el negocio: precios al productor que permanecen estancados o evolucionan por debajo de la inflación y de los costos operativos. Cuando esa situación se prolonga, el deterioro comienza a trasladarse al resto de los componentes de cada cadena.

Yerba: 27 meses consecutivos en rojo

El caso de la yerba mate es particularmente significativo para Misiones. La actividad acumula 27 meses consecutivos en rojo, desde abril de 2024, es decir, más de dos años sin conseguir abandonar la categoría de mayor fragilidad del semáforo.

La persistencia del rojo coincide con la desregulación del mercado, que impuso el presidente Javier Milei y que provocó una profunda transformación del mercado yerbatero, caracterizada por una fuerte presión sobre el precio de la materia prima y una pérdida de capacidad de negociación de los productores.

El informe de Coninagro aporta un dato que permite dimensionar esa tensión desde otro ángulo: el productor yerbatero recibe apenas el 15% del precio final del producto, frente a una participación histórica del 23%.

Es decir, la participación del eslabón primario se encuentra unos ocho puntos porcentuales por debajo de su referencia histórica. Coninagro señala que, entre los productos regionales analizados, la yerba mate y el vino presentan algunas de las mayores pérdidas de participación del productor dentro del precio que finalmente paga el consumidor.

El problema adquiere todavía mayor relevancia porque la cadena mantiene capacidad para generar divisas. 

El sector yerbatero registró durante 2025 importaciones por US$23 millones, equivalentes al 18% de los US$127 millones exportados durante ese año. Es una relación comercial todavía ampliamente superavitaria, pero con una presión importadora sensiblemente mayor que la observada en otras economías regionales exportadoras.

La paradoja es evidente: la yerba continúa generando dólares y sosteniendo mercados externos, pero esa fortaleza comercial no alcanza para recomponer la ecuación económica del productor.

La mandioca ofrece una fotografía diferente, aunque termina en el mismo color del semáforo.

Durante junio, la bolsa de 40 kilos se pagó $28.190, con una suba nominal interanual del 137%. Sin embargo, la mejora del precio convive con una fuerte debilidad estructural en el mercado.

El consumo interno se estima en alrededor de dos kilos por habitante por año y, fundamentalmente, la cadena muestra una fuerte dependencia de las compras externas.

En los últimos doce meses no se registraron ingresos por exportaciones, mientras que las importaciones alcanzaron US$7,5 millones, con un incremento del 223% respecto del período anterior.

El dato adquiere especial relevancia para Misiones, principal territorio productor de mandioca del país, porque evidencia que la discusión no pasa solamente por cuánto recibe el agricultor sino también por la capacidad de la industria local para competir con productos provenientes del exterior.

En el primer semestre, las importaciones de la cadena ya mostraban un crecimiento del 113% frente al promedio histórico de la última década. En términos estructurales, Coninagro directamente coloca a la mandioca dentro de las economías deficitarias, debido a que prácticamente no genera exportaciones mientras demanda divisas para abastecerse mediante importaciones.

El IVA de la fécula llega al Congreso

En ese contexto, este miércoles el Congreso tratará un proyecto impulsado por el diputado nacional por Misiones Oscar Herrera Ahuad, que propone reducir el IVA aplicado a la fécula de mandioca.

La iniciativa apunta directamente sobre uno de los problemas de competitividad que enfrenta la industria mandioquera. La reducción de la carga tributaria busca mejorar las condiciones de producción de fécula nacional frente al producto importado y, al mismo tiempo, generar mejores condiciones para sostener la demanda de materia prima a los productores.

El dato de Coninagro aporta así un telón de fondo económico particularmente oportuno para el debate parlamentario: mientras se discute una herramienta fiscal para fortalecer la cadena nacional, las importaciones de productos vinculados con la mandioca crecieron 223% en los últimos doce meses.

Forestal: amarillo

El tercer gran complejo productivo misionero analizado por el semáforo tampoco consigue entrar en verde.

La actividad forestal permanece en amarillo, categoría que Coninagro reserva para sectores que presentan señales mixtas: precios que no terminan de acompañar la inflación, demanda estable o con poco dinamismo y costos elevados.

En Misiones, los valores de referencia prácticamente no se movieron desde octubre pasado. La tonelada de pino ronda los $44.000 y la de eucalipto los $39.750, con una variación de apenas 7% respecto de junio de 2025.

La fotografía del comercio exterior también muestra un equilibrio extremadamente ajustado: las exportaciones acumularon US$190 millones, con una suba del 12%, mientras que las importaciones de los últimos doce meses alcanzaron US$191,7 millones, también con un incremento del 12%.

En una perspectiva histórica más amplia, las exportaciones forestales del primer semestre alcanzaron US$101 millones y quedaron 10% por debajo del promedio de los últimos diez años para ese período.

La lectura provincial del semáforo deja una conclusión difícil de soslayar: ninguna de las tres grandes cadenas analizadas con fuerte peso en la estructura productiva misionera está en verde.

La yerba acumula más de dos años en rojo y exhibe una fuerte pérdida de participación del productor sobre el precio final. La mandioca también permanece en rojo, con un mercado externo prácticamente inexistente y una aceleración de las importaciones que vuelve más urgente la discusión sobre competitividad industrial. Y el complejo forestal se sostiene en amarillo, afectado por precios de la materia prima prácticamente congelados y una balanza comercial que se mueve sobre el límite.

El contraste con el agregado nacional es relevante. Las 19 economías regionales relevadas por Coninagro exportaron US$31.940 millones durante el primer semestre de 2026, 21% más que un año atrás, mientras que las importaciones sumaron US$2.462 millones. Por cada dólar importado, el conjunto exportó alrededor de 13 dólares.

Pero detrás de esa fotografía favorable aparecen realidades profundamente diferentes.

Para Misiones, el problema ya no es solamente cuánto producen sus principales cadenas, sino qué rentabilidad queda en origen, cuánto valor puede capturar el productor y qué capacidad tiene la industria provincial para competir frente a productos importados.

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