SEGUNDA VUELTA

Que cambios que propone Rodrigo Paz para Bolivia

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BBC Mundo – La elección de Rodrigo Paz como presidente de Bolivia este domingo marca el inicio de una nueva era política en el país, aunque la magnitud del cambio que se aproxima aún es incierta.

Con 54,5% de los votos en el balotaje presidencial según el conteo rápido del Tribunal Supremo Electoral, el centrista Paz venció al conservador Jorge Quiroga, que obtuvo 45,5%, para poner fin a 20 años de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).

Si bien Paz, del Partido Demócrata Cristiano, era la opción más moderada de esta segunda vuelta electoral. Algunas de sus propuestas suponen un claro viraje de las políticas que rigieron a Bolivia por dos décadas.

Hasta ahora senador, Paz tiene 58 años, fue alcalde de la ciudad de Tarija de 2010 a 2020 y antes diputado. Estudió economía, relaciones internacionales y gestión pública en Estados Unidos.

En estas elecciones dio la sorpresa al pasar al balotaje en agosto con la mayor porción de votos válidos y ganar el domingo contra lo que preveían algunas encuestas. Gracias al apoyo clave de votantes de clase media y baja.

Muchos optaron por él desilusionados con el MAS. Que cambió de forma radical el poder en Bolivia cuando su líder cocalero, Evo Morales, fue electo el primer presidente indígena del país en 2006.

Desde entonces esa fuerza de izquierda solo tuvo una breve pausa en el gobierno entre la salida de Morales en 2019 —por una crisis política que sus seguidores calificaron de golpe de Estado y sus opositores de intento de fraude electoral— y el triunfo de su heredero Luis Arce en 2020.

Pero en los últimos años el MAS se debilitó por una disputa interna de Morales con Arce y un deterioro económico que llevó al país a su primera recesión en 40 años, y recibió apenas 3% de los votos en la primera vuelta.

Esta elección fue entonces un parteaguas para Bolivia, con un balotaje entre dos candidatos relacionados con el viejo establishment que Morales enfrentó.

Paz es hijo y sobrino nieto de expresidentes. Nació en España durante el exilio de su padre, Jaime Paz Zamora, quien volvió a Bolivia tras el fin de una dictadura militar y gobernó entre 1989 y 1993.

Está claro entonces que el deseo de la gran mayoría de los bolivianos es que haya un cambio de rumbo.

Pero, ¿qué propone el hombre que eligieron para llevarlo a cabo?

1. “Capitalismo para todos”

Una de las banderas de la campaña de Paz fue el impulso de un “capitalismo para todos” en Bolivia.

Eso comprendería medidas como una reducción de cargas tributarias y de aranceles, facilitar el acceso a créditos y adoptar un sistema de banda cambiaria con máximos y mínimos.

“El capitalismo para todos es platita para la gente, estabilidad para que bajen los precios, reglas claras para producir con un Estado que te ayuda”, definió Paz en un debate que mantuvo con Quiroga antes del balotaje.

Ese énfasis en un proyecto capitalista contrasta con el socialismo profesado por los gobiernos del MAS. Que impulsaron la intervención del Estado en la economía y tomaron medidas nacionalistas

“Hay un cambio de lo que fue el modelo económico. Pasaremos del capitalismo de Estado y de camarilla, a una economía abierta. En la cual se acepte a la inversión privada y extranjera”, señala Carlos Toranzo, un economista y analista político boliviano.

Rodrigo Paz saluda a simpatizantes
Pie de foto, Paz tuvo un apoyo clave de sectores populares para ganar la presidencia de Bolivia en estas elecciones.

“Los bolivianos, incluidos aymaras y quechuas, aman al mercado y la acumulación”, dice Toranzo a BBC Mundo.

Sin embargo, muchos se preguntan cómo aplicará Paz las medidas que prometió con el déficit fiscal cercano al 10% del PIB que prevé reducir. Tras descartar financiamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) como planteaba Quiroga.

Paz ha dicho que los recursos del Estado alcanzan “si no roban” y anticipó que usará créditos por más de US$3.500 millones que Bolivia ya tiene aprobados de organismos multilaterales, que el gobierno saliente nunca utilizó por “ineficiencia”.

También indicó que levantará los subsidios al combustible, excepto los dirigidos a los “sectores vulnerables” de la sociedad.

Esos subsidios caracterizaron a los gobiernos de MAS y el año pasado llegaron a US$2.000 millones. Pero muchos los consideran insostenibles debido a los problemas fiscales del país y a la escasez actual de combustibles.

Un recorte de esas subvenciones también podría aumentar la inflación y el malestar social.

Fila de vehículos en una estación de servicio de Bolivia
Pie de foto, La escasez de combustibles en Bolivia ha provocado largas filas en las estaciones de suministro.

Cuando el gobierno de Morales decidió eliminar la mayoría de los subsidios al combustible en 2010, hubo fuertes alzas en los precios del diésel y la gasolina. Estallaron protestas y finalmente dio marcha atrás.

La nueva dirigencia de la Central Obrera Boliviana (COB) advirtió la semana pasada que rechaza la idea de eliminar o modificar la subvención a los hidrocarburos.

Ante el riesgo de que surjan protestas callejeras, Paz deberá lograr apoyo firme a sus reformas con un Congreso fragmentado, donde carece de mayorías.

2. Descentralizar el presupuesto

Otro cambio que prometió Paz fue la descentralización de los recursos públicos.

Su “Agenda 50/50” proyecta una distribución equitativa del presupuesto nacional entre el Estado central, que hoy concentra más del 80% del total, las regiones del país y las universidades públicas.

“El 50/50 es un presupuesto con las regiones”, sostuvo Paz en el debate con Quiroga.

Pese a que durante los gobiernos del MAS la autonomía regional quedó consagrada en la Constitución y en leyes aprobadas, eso nunca se concretó plenamente en la práctica, según expertos.

“Cuando usted tiene regímenes con demasiada mayoría parlamentaria y regímenes de caudillo, jamás hay posibilidad de descentralizar el poder”, observa Toranzo.

Pero agrega que Paz, obligado a pactar para gobernar con apoyo de gobernaciones y alcaldías, deberá apostar a la descentralización.

Rodrigo Paz saluda a simpatizantes
Pie de foto, Paz se propone descentralizar el presupuesto boliviano, dando mayores partidas a distintas regiones del país.

Gabriela Keseberg Dávalos, una analista política en La Paz, señala que la “Agenda 50/50” del presidente electo “responde un poco también a los pedidos sobre todo del oriente boliviano”, motor clave para la economía del país.

“No va a ser sin conflictos, eso es seguro”, dice en diálogo con BBC Mundo.

Paz prometió también “descentralizar a la policía” y presentó como figura clave para eso a su vicepresidente, Edman Lara. Un exoficial de esa fuerza de seguridad que ha denunciado corrupción en su interior y formuló declaraciones polémicas en la campaña.

3. Reformar el Estado

Paz ha propuesto además una serie de medidas dentro del sector público que en la práctica supondrían una reforma del Estado boliviano.

Su programa prevé por ejemplo congelar las actividades de las empresas públicas con déficits operativos. Además, implementar un sistema digital para las compras estatales y aumentar los controles anticorrupción.

“Yo le voy a cortar todos los beneficios a los políticos y al Estado tranca”, prometió Paz en campaña y sostuvo que el país destina más de US$1.300 millones a “gastos superfluos”.

Edman Lara, vicepresidente electo de Bolivia, saluda a seguidores
Pie de foto, Edman Lara, vicepresidente electo de Bolivia, es un expolicía que protagonizó polémicas en la campaña y hasta discrepancias con Paz.

Su idea de impulsar una reforma judicial es una señal de que podría buscar eliminar la elección popular de jueces que ha politizado el sistema, señalan los analistas.

Pero advierten que este cambio, al igual que otros que ha planteado el presidente electo, requerirían reformar la Constitución y respaldo legislativo.

El resultado de las elecciones en Bolivia anuncia “un cambio de era, pero veremos si es sustentable”, dice Keseberg Dávalos.

“En algunas cosas (Paz) es un poco drástico”, señala, “y en otras no se sabe bien cómo lo va a hacer”.

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Balotaje: guerra de encuestas y final incierto entre Massa y Milei

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A trece días de las elecciones definitivas, las encuestas desvelan a los candidatos y sus armadores políticos. En las últimas horas se revelaron varios estudios que marcan una paridad entre Sergio Massa y Javier Milei, con una tendencia alcista para el libertario. 

El último trabajo de CB Consultora sostiene que Milei conseguiría 51,8 por ciento de los votos, contra 48,2 del actual ministro de Economía. En PBA ganaría Sergio Massa, mientras que Javier Milei se impondría en el resto del país. logrando mayor diferencial en Cuyo (19.8%). 

La encuesta marca que el 73.4% de los votantes de Patricia Bullrich en las elecciones generales confirma que votará a Javier Milei, creciendo 26.8% comparado a nuestra última medición del 24 de Octubre, realizada previo al acuerdo.

Por el contrario, el último estudio de Analogías, señala que el 42,4 por ciento anticipa que votará a Massa, contra 39,7 por ciento que elegirá a Milei. La diferencia a favor de Sergio Massa se redujo de 8 a 3 puntos respecto de los primeros tres días posteriores a la elección general, en la que el impacto de su triunfo conmovió toda la escena.

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Brasil en su encrucijada

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Comienza la recta final para conocer quién será el líder político que lleve las riendas del gigante de Sudamérica. Es justo decir que el pueblo brasileño tiene en sus manos y sus urnas, al futuro de un país con un nivel de polarización difícilmente visto con anterioridad en esas tierras desde la recuperación de la democracia en 1980 (cualquier parecido con la Argentina no es pura coincidencia). Será el 30 de octubre, fecha en la que los dos colosos de la vida política de Brasil se verán las caras.

Lula vs Jair 

Estas elecciones históricas en tierras brasileñas tienen esa condición por ser una segunda vuelta cargada de condimentos únicos. En principio, dos nombres enormes como lo son Lula Da Silva y Jair Bolsonaro. Detrás de ellos se encuentra un ideario social creado a partir de las experiencias de ambos, pero que rápidamente se pueden resolver en una premisa ideológica: Lula es de izquierda y Bolsonaro de ultraderecha. Más allá de las controversias y disyuntivas que pueda presentar esta condición, cierto es que goza de una fuerte representación plasmada en sectores sociales antagónicos. Por otro lado, es esta situación la que lleva a Brasil a un callejón ideológico sin salida, entendiendo que pareciera ser que es el antagonismo puro quien se hace cargo de las diferencias multifactoriales en el seno de Brasilia. 

De esta forma, el próximo mandatario brasileño no solamente representará a un nombre o un imaginario colectivo, sino que expresará un modelo político y económico yuxtapuesto al de su rival electoral. Dicho de esta forma, el ganador en la primera vuelta, el ex presidente, en dos mandatos, Lula Da Silva, es el depositario de las esperanzas de los sectores sociales bajos y progresistas, quienes ven en el candidato presidencial a un líder político flexible y sensible ante sus causas. 

Del otro lado del ring está el actual presidente, Jair Bolsonaro. Éste contiene, en el núcleo más duro de su electorado, al ala derechista del vecino país, que involucra al evangelismo político, el establishment económico y las fuerzas armadas y de seguridad.

La “bifurcada” económica 

Al adentrarse en la lectura del devenir económico de Brasil, en manos de ambos candidatos presidenciales, es lógico que éste también sea igual de antagónico que su propio seno electoral. Bolsonaro, por un lado, representará la continuidad de su régimen. Un modelo político cercano al monetarismo estatal o neoliberalismo al estilo latinoamericano, con experiencias que indudablemente, a los argentinos nos interpelan de cerca (Menem,  Cavallo y Macri). Este modelo que ha fracasado en el cono sur de América, en todas sus acepciones, es el punto elegido por Jair Bolsonaro para continuar en el cargo: presenta una fuerte reducción del financiamiento a la educación y la salud, en paralelo con el avance exacerbado de los representantes religiosos y militares en sectores donde no son idóneos. Un fuerte apoyo al sector privado también sería una clave para comprender la lógica bolsonarista, entendiendo un contexto verdaderamente sensible que está padeciendo Brasil en la gestión de Bolsonaro: inseguridad alimentaria

A este punto, es interesante sumarle la incógnita de continuidad de una medida económica que ha tenido un efecto positivo en su electorado, e inclusive logró convencer a varios indecisos en Brasil. 

Fotografía de Gabriela Biló para Folha de Sao Paulo.

El fenómeno deflacionario ha traído un alivio enorme en el bolsillo del brasileño, con una fuerte quita de impuestos sobre combustibles que terminó impactando directamente en todos los productos que forman parte de la red de comercialización. Asimismo, el asistencialismo siempre fue foco de crítica de Bolsonaro, aunque en los últimos meses lanzó un “millonario” paquete de medidas económicas de subsidio a las clases subalternas. El hecho de mantener estas políticas económicas es una verdadera incertidumbre, llevado al plano del largo plazo. 

En contraposición está Lula Da Silva. El ex presidente se caracterizó por un fuerte repunte económico que logró colocar a Brasil en el puesto número seis de las economías más fuertes del mundo, un gran incremento del PBI y una serie de medidas económicas que lograron reducir el hambre y el analfabetismo en su país. Es evidente que los modelos o mitos de gobierno que presentan ambos candidatos son verdaderamente opuestos, aunque esto puede llevar a una gran contradicción, que se centra en las posibilidades de Lula Da Silva para gobernar. 

En caso de que el líder del Partido de los Trabajadores se imponga en las urnas, la mayoría legislativa estará bajo el ala bolsonarista, lo que dificultará la sanción de leyes. 

Por otro lado, Lula Da Silva pareciera ser el mismo líder carismático cercano a los sectores menos pudientes que siempre fue. Sin embargo, este no es el mismo contexto en el que gobernó previamente. Hoy en día, el mundo se encuentra multipolarizado, con un gran número de alianzas estratégicas en donde un mismo protagonista se puede repetir varias veces, y allí radica la sutileza diplomática para moverse en el plano de los intereses. 

Asimismo, el mundo atraviesa una guerra que golpea en todos los sectores: el conflicto bélico en Ucrania. Esta situación trastocó fuertemente el balance económico mundial, entendiendo a una Europa cada vez más empobrecida. Podría ser una importante oportunidad para Latinoamérica, y entre ellos, para Brasil, como el país más grande de esta región del globo. Lula también se encontrará con un BRICS fortalecido, con economías enormes como la rusa, china e india, en comparación con su situación en 2010, cuando dejó la gestión. 

En el marco regional, Lula enfrentará una fragmentación ideológica que lo hará bailar con lobos. El líder del PT ya no cuenta con aliados como Hugo Chávez, Evo Morales o CFK. Más allá de que dos de los nombrados se encuentran activos, la situación es otra, y allí es donde Lula no solamente se enfrentará a Bolsonaro, sino también a los Lacalle Pou, Macri, y el brazo “libertario” de la política latinoamericana. En base a este contexto que afrontará Lula, él mismo se encargó de aclarar que no es el mismo contexto que vivió a principio de siglo, lo que evidencia una mayor moderación para mantener estable su gobernabilidad. 

Lo social es político 

Dejando la vereda pura y dura de la economía, el aspecto social es subyacente para estas elecciones brasileñas. Aquí la diferencia se nota a leguas de distancia. Bolsonaro le ha dado un lugar de privilegio al evangelismo político y los sectores más pudientes, económicamente hablando. Asimismo, el racismo y el machismo han sido leitmotiv del actual presidente de Brasil, a tal punto de vociferar abiertamente en contra de lo que él denomina “ideología de género”. El bolsonarismo ha sido un asiduo rival de la ciencia, promulgador de noticias falsas y de demostración de discursos “campechanos”. La teatralización de la política es una constante para Bolsonaro. Si hablamos de derechos humanos, el actual máximo mandatario de Brasil es un declarado negacionista de la última dictadura en su país y un crítico efusivo de toda disidencia política en la región. Otro factor para agregar a la (no) perspectiva social del bolsonarismo son los pueblos originarios. Bolsonaro llevó a cabo un proceso enorme de deforestación y explotación minera que arrasó con gran parte del Amazonas y con tierras de los originarios brasileños. La invisibilización de ellos es moneda corriente. Sin embargo, por más negativo que parezca esto, tiene una visión sumamente positiva en gran parte de una sociedad que opera bajo la lógica discursiva del bolsonarismo. Esto se evidencia a tal punto que grandes astros del fútbol brasileño le dieron su apoyo público a Jair Bolsonaro. 

Del otro lado está Lula Da Silva, con una oposición rotunda al actual presidente de Brasil en cuanto a lo social refiere. El PT puso al trabajador en el centro de sus políticas, empoderando económicamente y promoviendo la movilidad social ascendente. Su relación con las mujeres fue un quiebre en la política brasileña con la presencia de Dilma Rousseff en el escenario principal de la toma de decisiones. Relación ambivalente con los pueblos originarios y un fuerte impulso a la educación y la salud han sido constantes del gobierno de Lula. Esto podría tener un evidente cambio, como se explicó previamente, el mundo cambió. 

El PT, en caso de ganar, deberá pendular entre la economía y las reivindicaciones de las minorías que lo llevan como bandera. Allí habrá que visualizar que prevalecerá para Lula Da Silva, aunque algo es seguro, un tercer mandato no será un calco del primero ni del segundo. 

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Encuestas: Cristina podría ganarle en segunda vuelta a Macri y se agiganta el fantasma de Lavagna en medio de la crisis

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La imagen del presidente Mauricio Macri está por el suelo, coinciden todas las encuestas. Y es poco probable que salga indemne en las elecciones de octubre. Los sondeos marcan que la ex presidenta Cristina Fernández tiene oportunidades incluso en segunda vuelta y otras revelan una intención de voto a Roberto Lavagna que supera incluso a su popularidad y la de sus eventuales socios en Alternativa Federal.
“La mayoría de la población rechaza la gestión del Presidente Macri. El 44% opina que es mala o muy mala, mientras que el 18% la califica como “regular-mala”. Esta suma arroja un 62% de evaluación negativa”, sostiene el consultor Ricardo Rouvier. Al mismo tiempo, la expectativa sobre un mejoramiento de la economía se mantiene escasa (21%), con una tendencia descendente luego del leve repunte que había registrado a principio de año. La expectativa sobre el control inflacionario muestra un estancamiento en aproximadamente el 22%, pero es muy alto el porcentaje de aquellos que auguran un empeoramiento del nivel general de precios (61%).
“En relación a un escenario donde aparecen dos candidatos del peronismo federal como
Massa y Lavagna, la expresidenta Cristina Fernández sigue liderando la elección con un
tercio de apoyo. Macri parece debilitarse cuando la opción electoral es más amplia y logra
casi el 25% de los votos. Massa y Lavagna están parejos con porcentajes similares. El hipotético escenario de ballotage entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri va rompiendo la paridad registrada desde noviembre y va inclinando la balanza hacia la expresidenta; pero cabe aclarar que aún hay más de un 20% de indecisos”, agrega.

Según una encuesta de la Universidad de San Andrés, Mauricio Macri y Cristina Kirchner se mantienen a la cabeza, pero ninguno alcanza el 25%. Roberto Lavagna, por otro lado, sería el candidato presidencial con menos rechazo y tendría una alta proporción de voto “probable”. Además, el exministro de Economía superaría en intención de voto a Juan Manuel Urtubey y a Sergio Massa.
Si las elecciones fuesen hoy, la encuesta de la Universidad San Andres registra un “empate técnico” entre Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, ya que la primera obtiene el 23% de los votos y el actual mandatario, el 24%. Roberto Lavagna estaría en tercer lugar, con un 11% de los votos. Lo siguen Juan Manuel Urtubey (6%) y Sergio Massa (5%). Sin embargo, casi tres de cada 10 encuestados respondió que “no sabe” a quién votaría o que prefería no responder la pregunta.
Y en un escenario de segunda vuelta, hay contraste con otras consultoras. La San Andrés asegura que en un balotaje, Macri le ganaría a Cristina Fernández por más de 10 puntos, ya que él alcanzaría más del 45% y la expresidenta lograría el 33%. Sin embargo, en una segunda vuelta entre el actual Presidente y Roberto Lavagna, el exministro sería el ganador, con el 38% de los votos sobre un 30% de Macri. Sin embargo, hay un gran porcentaje de indecisos en ambos casos.

El último trabajo de Gustavo Córdoba revela que el 69,6 por ciento de sus encuestados desaprueba la gestión presidencial y un 45 por ciento anticipa que la situación económica empeorará en un año.
A contramano del discurso presidencial, enfocado en el “combate a la corrupción”, la inflación, el endeudamiento y la pobreza dominan las preocupaciones de los argentinos, todos problemas derivados de la política económica.
Córdoba marca que la mala imagen de Macri llega al 63,4 por ciento, contra 45,6 por ciento acumulado de Cristina, que, como contraste, tiene 47 por ciento de imagen positiva. Marcelo Tinelli, la nueva estrella de la política, no logra conmover a la sociedad: apenas cosecha 27,5 por ciento de imagen positiva.
La encuesta de Córdoba introduce un tema central en el tiempo electoral: 48,3 por ciento votará a un candidato que exprese ideas sobre igualdad de género. El 60,8 por ciento elegirá a un candidato que represente un cambio de modelo y Cristina Fernández es la favorita en primera y segunda vuelta, aunque en un eventual ballotage, Lavagna también superaría a Macri.

La consultora Reyes-Filadoro indica que “el pesimismo en la población sobre el devenir de la economía en los próximos 12 meses, aumentó 9 puntos desde octubre del año anterior. Esta percepción repercute en la imagen del gobierno nacional, al punto de que la mitad de los encuestados expresa decepción desde que Mauricio Macri asumió la gestión presidencial. El 77% de los argentinos consultados considera que la situación económica del país estará igual de mal o inclusive peor que ahora”.
“Sólo el 15% de los consultados considera que “estamos mejor que en 2015”, siendo uno de los principales argumentos de Cambiemos, en contraposición con el 85% que no lo cree”, agrega.
El 55 por ciento cree que su situación económica es negativa y el 77 por ciento, que se puede poner peor. La opinión negativa hacia el Gobierno aumentó 10 puntos comparando la medición de diciembre con la de marzo y la mitad de quienes votaron por Cambiemos en 2015 se siente decepcionada. El 74 por ciento de sus encuestados considera que el Presidente no comprende el esfuerzo que están haciendo los argentinos en medio de la crisis y 73 por ciento rechaza la idea de que “estamos mal pero vamos bien”.

Finalmente, un sondeo de la consultora de Imagen y Gestión Política, sostiene que el 61,31 por ciento desaprueba la gestión presidencial y que el 34,7 votará por Unidad Ciudadana. Aquí, los encuestados eligen a Lavagna como el candidato ideal para Alternativa Federal, pese a que el ex ministro de Economía todavía no ingresó a esa coalición.
Esta consultora también pone a Cristina ganadora en segunda vuelta ante Macri, que se impondría ante otros aspirantes, excepto el propio Lavagna.

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Encuestas: Cristina podría ganarle en segunda vuelta a Macri y se agiganta el fantasma de Lavagna en medio de la crisis

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La imagen del presidente Mauricio Macri está por el suelo, coinciden todas las encuestas. Y es poco probable que salga indemne en las elecciones de octubre. Los sondeos marcan que la ex presidenta Cristina Fernández tiene oportunidades incluso en segunda vuelta y otras revelan una intención de voto a Roberto Lavagna que supera incluso a su popularidad y la de sus eventuales socios en Alternativa Federal.
“La mayoría de la población rechaza la gestión del Presidente Macri. El 44% opina que es mala o muy mala, mientras que el 18% la califica como “regular-mala”. Esta suma arroja un 62% de evaluación negativa”, sostiene el consultor Ricardo Rouvier. Al mismo tiempo, la expectativa sobre un mejoramiento de la economía se mantiene escasa (21%), con una tendencia descendente luego del leve repunte que había registrado a principio de año. La expectativa sobre el control inflacionario muestra un estancamiento en aproximadamente el 22%, pero es muy alto el porcentaje de aquellos que auguran un empeoramiento del nivel general de precios (61%).
“En relación a un escenario donde aparecen dos candidatos del peronismo federal como
Massa y Lavagna, la expresidenta Cristina Fernández sigue liderando la elección con un
tercio de apoyo. Macri parece debilitarse cuando la opción electoral es más amplia y logra
casi el 25% de los votos. Massa y Lavagna están parejos con porcentajes similares. El hipotético escenario de ballotage entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri va rompiendo la paridad registrada desde noviembre y va inclinando la balanza hacia la expresidenta; pero cabe aclarar que aún hay más de un 20% de indecisos”, agrega.

Según una encuesta de la Universidad de San Andrés, Mauricio Macri y Cristina Kirchner se mantienen a la cabeza, pero ninguno alcanza el 25%. Roberto Lavagna, por otro lado, sería el candidato presidencial con menos rechazo y tendría una alta proporción de voto “probable”. Además, el exministro de Economía superaría en intención de voto a Juan Manuel Urtubey y a Sergio Massa.
Si las elecciones fuesen hoy, la encuesta de la Universidad San Andres registra un “empate técnico” entre Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, ya que la primera obtiene el 23% de los votos y el actual mandatario, el 24%. Roberto Lavagna estaría en tercer lugar, con un 11% de los votos. Lo siguen Juan Manuel Urtubey (6%) y Sergio Massa (5%). Sin embargo, casi tres de cada 10 encuestados respondió que “no sabe” a quién votaría o que prefería no responder la pregunta.
Y en un escenario de segunda vuelta, hay contraste con otras consultoras. La San Andrés asegura que en un balotaje, Macri le ganaría a Cristina Fernández por más de 10 puntos, ya que él alcanzaría más del 45% y la expresidenta lograría el 33%. Sin embargo, en una segunda vuelta entre el actual Presidente y Roberto Lavagna, el exministro sería el ganador, con el 38% de los votos sobre un 30% de Macri. Sin embargo, hay un gran porcentaje de indecisos en ambos casos.

El último trabajo de Gustavo Córdoba revela que el 69,6 por ciento de sus encuestados desaprueba la gestión presidencial y un 45 por ciento anticipa que la situación económica empeorará en un año.
A contramano del discurso presidencial, enfocado en el “combate a la corrupción”, la inflación, el endeudamiento y la pobreza dominan las preocupaciones de los argentinos, todos problemas derivados de la política económica.
Córdoba marca que la mala imagen de Macri llega al 63,4 por ciento, contra 45,6 por ciento acumulado de Cristina, que, como contraste, tiene 47 por ciento de imagen positiva. Marcelo Tinelli, la nueva estrella de la política, no logra conmover a la sociedad: apenas cosecha 27,5 por ciento de imagen positiva.
La encuesta de Córdoba introduce un tema central en el tiempo electoral: 48,3 por ciento votará a un candidato que exprese ideas sobre igualdad de género. El 60,8 por ciento elegirá a un candidato que represente un cambio de modelo y Cristina Fernández es la favorita en primera y segunda vuelta, aunque en un eventual ballotage, Lavagna también superaría a Macri.

La consultora Reyes-Filadoro indica que “el pesimismo en la población sobre el devenir de la economía en los próximos 12 meses, aumentó 9 puntos desde octubre del año anterior. Esta percepción repercute en la imagen del gobierno nacional, al punto de que la mitad de los encuestados expresa decepción desde que Mauricio Macri asumió la gestión presidencial. El 77% de los argentinos consultados considera que la situación económica del país estará igual de mal o inclusive peor que ahora”.
“Sólo el 15% de los consultados considera que “estamos mejor que en 2015”, siendo uno de los principales argumentos de Cambiemos, en contraposición con el 85% que no lo cree”, agrega.
El 55 por ciento cree que su situación económica es negativa y el 77 por ciento, que se puede poner peor. La opinión negativa hacia el Gobierno aumentó 10 puntos comparando la medición de diciembre con la de marzo y la mitad de quienes votaron por Cambiemos en 2015 se siente decepcionada. El 74 por ciento de sus encuestados considera que el Presidente no comprende el esfuerzo que están haciendo los argentinos en medio de la crisis y 73 por ciento rechaza la idea de que “estamos mal pero vamos bien”.

Finalmente, un sondeo de la consultora de Imagen y Gestión Política, sostiene que el 61,31 por ciento desaprueba la gestión presidencial y que el 34,7 votará por Unidad Ciudadana. Aquí, los encuestados eligen a Lavagna como el candidato ideal para Alternativa Federal, pese a que el ex ministro de Economía todavía no ingresó a esa coalición.
Esta consultora también pone a Cristina ganadora en segunda vuelta ante Macri, que se impondría ante otros aspirantes, excepto el propio Lavagna.

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