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El Loro Pecho Vinoso resiste en Misiones: las acciones para evitar su desaparición

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El Bosque Atlántico es uno de los puntos más biodiversos del planeta, pero también uno de los más amenazados, habiendo perdido el 84% de su cobertura original. En este escenario crítico, las poblaciones de Loro Pecho Vinoso (Amazona vinacea) también se han visto afectadas. Aunque hace un siglo sus bandadas eran tan inmensas que lograban oscurecer el cielo, hoy la especie está catalogada como En Peligro a nivel global y en Peligro Crítico en Argentina, donde se estima que sobreviven menos de 500 individuos. 

Frente a este desafío, Aves Argentinas, el Ministerio de Ecología y el Instituto Misionero de Biodiversidad, impulsan el Proyecto Loro Vinoso, un esfuerzo colectivo enfocado en revertir su declive y mejorar el éxito reproductivo de la especie en el norte de Misiones. 

Las amenazas que enfrenta el Loro Vinoso

La mayor parte de la población remanente de este carismático loro en Argentina se concentra en Tobuna, una pequeña localidad del departamento de San Pedro, Misiones. Allí, los fragmentos de selva nativa coexisten con un paisaje dominado por chacras familiares dedicadas a cultivos como la yerba mate, el tabaco y el maíz.  En este entorno, el Loro Vinoso enfrenta amenazas como la pérdida y fragmentación del hábitat, la falta de cavidades naturales para nidificar debido a la tala de árboles de gran porte y el saqueo de pichones. 

Líneas de acción de la temporada 2025

Durante la última temporada reproductiva, se estableció la Estación Biológica, un espacio clave para el desarrollo del proyecto. Desde allí, el equipo trabajó en estrategias clave para favorecer el aumento de la población de esta especie amenazada.

1. Monitoreo poblacional y conteos. Desde el año 2005, se realizan censos colaborativos junto a investigadores, guardaparques y voluntarios. Este 2025, los conteos se realizaron tanto en Argentina, como en Brasil y Paraguay. En Argentina la población se mantiene estable, pero en un número crítico, donde quedan alrededor de 323 individuos. 

2. Instalación de cajas nido. Para mitigar la falta de cavidades naturales, este 2025 se diseñaron e instalaron 40 cajas nido en árboles nativos, en estrecha colaboración con las familias locales que permiten colocarlas dentro de sus propiedades. 

3. Monitoreo de parejas y nidos. Es una de las actividades centrales del proyecto, donde se identifican parejas y localizan sus cavidades mediante recorridos a pie por chacras y fragmentos de selva. De esta manera, se puede observar su comportamiento y seguir sus desplazamientos. 

4. Estudios ecológicos. Se realiza el seguimiento de los pichones para conocer las áreas que utilizan para alimentarse, descansar y desplazarse, además de comprender mejor cuántos pichones sobreviven en la temporada. Para ello, los pichones son marcados y, cuando es posible, equipados con transmisores que permiten registrar sus desplazamientos y comportamiento.

“Esta temporada fue clave para el Loro vinoso. La instalación de las cajas nido, el monitoreo de parejas y pichones, el conteo poblacional y todas las líneas de acción del proyecto fueron posibles gracias al trabajo en red de investigadores, voluntarios, madrinas, padrinos de nidos y a las familias de las chacras que son parte de este gran proyecto para salvar a una especie en peligro crítico”, expresó Sofía Zalazar, de Aves Argentinas. 

Cada temporada nos demuestra que, con el apoyo científico, institucional y el involucramiento de la comunidad, es posible brindarle al Loro Vinoso una oportunidad de recuperación.

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Avance ambiental: la nueva concesión de la Ruta 12 deberá monitorear y reducir el atropellamiento de fauna silvestre

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La problemática del atropellamiento de fauna silvestre en Misiones sumó un nuevo antecedente institucional relevante. La futura concesión del Tramo Noreste de la Red Federal de Concesiones, que incluye sectores estratégicos de la Ruta Nacional 12, deberá incorporar medidas específicas de monitoreo, análisis y mitigación ambiental para reducir el impacto sobre especies silvestres, incluidas algunas en grave riesgo de conservación.

La incorporación de estas exigencias fue destacada por la Defensoría del Pueblo de la Nación, que impulsó distintas actuaciones y pedidos formales para que la problemática fuera contemplada dentro de los pliegos definitivos de licitación elaborados por la Dirección Nacional de Vialidad.

El avance adquiere especial relevancia en Misiones, una provincia atravesada por corredores biológicos estratégicos de la Selva Paranaense y donde el atropellamiento de fauna constituye una de las principales amenazas para especies emblemáticas como el yaguareté, el tapir y otros mamíferos de gran porte.

Durante la investigación impulsada por la Defensoría, distintos organismos nacionales y provinciales aportaron información sobre la gravedad de la situación. Entre ellos participaron la Administración de Parques Nacionales y la Red Argentina de Monitoreo de Fauna Atropellada (RAMFA), que brindaron datos técnicos sobre sectores críticos, patrones de mortalidad y especies afectadas.

Con base en esos informes, la Defensoría presentó observaciones durante la audiencia pública correspondiente a la Etapa III de la Red Federal de Concesiones. Allí solicitó expresamente que los pliegos incluyeran estudios ambientales específicos, monitoreos sistemáticos y herramientas orientadas a disminuir el impacto vial sobre la biodiversidad.

Finalmente, los documentos licitatorios incorporaron artículos que obligan al futuro concesionario a realizar relevamientos ambientales permanentes, monitoreo de fauna atropellada, análisis de permeabilidad ecológica y evaluación del denominado “efecto barrera”, uno de los fenómenos más estudiados en ecología vial por fragmentar hábitats y alterar corredores biológicos.

Además, el concesionario deberá elaborar recomendaciones técnicas y estrategias de mitigación destinadas a prevenir nuevos atropellamientos y mejorar la conectividad ecológica en las zonas de mayor sensibilidad ambiental.

Desde la Defensoría consideraron que la inclusión de estas herramientas representa “un avance relevante” porque incorpora formalmente la problemática ambiental dentro de las obligaciones contractuales de la futura concesión vial.

También señalaron que el caso podría convertirse en antecedente para otros corredores nacionales donde se registran situaciones similares, especialmente en regiones con alta biodiversidad y fuerte presión del tránsito pesado.

El antecedente inmediato más cercano fue el de la conexión vial Rosario-Victoria, donde también se incorporaron medidas vinculadas al monitoreo y mitigación del atropellamiento de fauna silvestre. En ese caso, las obras ya fueron adjudicadas y comenzaron las primeras instancias de trabajo técnico y articulación institucional previstas en los pliegos.

En Misiones, la discusión adquiere una dimensión aún más sensible por el valor ambiental de la Selva Misionera, uno de los últimos grandes remanentes continuos de bosque atlántico del continente y hábitat de especies críticas para la conservación regional.

El avance también se produce en un contexto donde científicos, ambientalistas y organismos provinciales vienen advirtiendo sobre el impacto creciente del tránsito en rutas que atraviesan áreas protegidas y corredores biológicos estratégicos de la provincia.

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La selva como activo: la empresa que consiguió US$7 millones para restaurar bosques en Misiones

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En una provincia donde históricamente la riqueza se midió por lo que se extraía del monte -madera, yerba, té, tabaco o biodiversidad convertida en recurso-, está sucediendo una transformación silenciosa. Tardará años en verse, pero que comienza a transformarse en un legado a perpetuidad. En lugar de cortar monte, de expandir la frontera agraria, hay quienes vieron el negocio en reforestar, en cuidar, en replantar monte caído. Y el negocio está funcionando: consiguió inversiones por siete millones de dólares. 

La firma detrás de esta transformación es Nideport, que encontró en Misiones el laboratorio perfecto para desarrollar créditos de carbono de alta integridad. Hace seis meses, el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, desarrollado por la empresa Nideport, obtuvo la certificación internacional de Verra bajo los estándares VCS (Verified Carbon Standard) y CCB Gold Label (Climate, Community & Biodiversity – Nivel Oro), el máximo nivel de reconocimiento global por su impacto en clima, comunidad y biodiversidad.

La certificación de 138.000 créditos de carbono (VCUs) posiciona a Vida Nativa como uno de los proyectos de restauración de selvas tropicales más grandes del mundo y el primero de bosque nativo en Argentina en alcanzar este nivel de validación. La certificación abarca dos años, 2021 y 2022, sobre la retención de emisiones en la selva misionera.

Verra -la misma entidad que certifica los bonos de carbono del programa jurisdiccional de Misiones– garantiza que estos créditos poseen trazabilidad, adicionalidad y permanencia verificable, lo que les otorga credibilidad y competitividad en los mercados internacionales.

Juan Núñez -junto a su socio Tomás Gutiérrez– es uno de los empresarios detrás de uno de los proyectos más singulares de la nueva economía verde argentina: transformar la recuperación de bosque nativo degradado en un activo rentable, escalable y financieramente sostenible.

No podíamos depender de la filantropía. Salvar la selva tenía que ser rentable, porque si no, nunca iba a escalar”, resume, con una frase que funciona como manifiesto de época. “Entendíamos que la filantropía para nosotros no era el camino y que también para que eso sea escalable necesitamos que tuviera rentabilidad. Como cualquier negocio”.

No habla desde el ambientalismo tradicional. Es abogado, viene del mundo de la tecnología y la seguridad, con formación en Israel y trayectoria lejos del universo forestal. Pero encontró en la crisis climática una certeza brutal: el sistema natural del planeta ya no logra regenerarse solo.

“Los umbrales biológicos ya están prácticamente cruzados. El mundo ya no se regenera naturalmente”, dice. “La economía global depende mucho de lo que sucede con los bosques, con la producción incluso hídrica de los ríos y demás, tienen origen en los bosques”.

Juan Núñez y Tomás Gutierrez son los socios fundadores de Nideport, que certificó bonos de carbono en Misiones.

Y allí nació la pregunta fundacional: si toda la economía global depende de los bosques -del agua, del clima, de los suelos, de la biodiversidad-, ¿por qué restaurarlos no podía ser también un gran negocio?

La respuesta apareció en el mercado de créditos de carbono.

Ese sistema, consolidado tras el Protocolo de Kioto y luego reforzado por el Acuerdo de París, permite que empresas que emiten dióxido de carbono compensen su huella comprando créditos generados por proyectos que capturan o evitan emisiones.

Pero no todos los créditos son iguales.

Nideport eligió trabajar en el segmento más exigente y más valorizado: créditos asociados a restauración real de naturaleza, con impacto medible en biodiversidad, trazabilidad tecnológica y licencia social validada con comunidades locales.

“Hoy el mercado está orientado a créditos que restauran la naturaleza. Eso es lo que hacemos nosotros”, explica. “Es un tipo de producto barra servicio ideado para hacer un negocio detrás de restaurar el planeta”.

La compañía emite créditos certificados bajo estándares internacionales de máxima exigencia, entre ellos Verra, principal referencia global del mercado voluntario de carbono, además de la distinción CCB Gold -la máxima calificación por impacto positivo en clima, biodiversidad y comunidades- y una calificación A de Sylvera, que la ubica entre los proyectos IFM de mayor integridad y desempeño del mercado .

La sustentabilidad en Nideport, se construye con datos. La empresa desarrolló una plataforma tecnológica propia basada en inteligencia artificial, drones autónomos y monitoreo forestal en tiempo real que permite supervisar grandes extensiones de bosque y detectar amenazas ambientales antes de que se conviertan en daño irreversible.

Cada árbol plantado está georreferenciado. Cada avance del bosque puede medirse y cada riesgo puede anticiparse.

La estructura incluye tecnología LiDAR, fotogrametría, sensores IoT para detección temprana de incendios e intrusiones, cámaras trampa, cámaras en vivo, imágenes satelitales y protocolos de seguridad orientados a prevenir incendios, monitorear deforestación y detectar incluso caza furtiva en zonas críticas .

Además, incorporan blockchain para garantizar transparencia y trazabilidad total de los créditos emitidos, una condición central en un mercado donde la credibilidad define el valor.

Misiones no es el único territorio en el que invierten. En Uruguay están en la etapa de planificación, gestión y análisis de nuevos ecosistemas y proyectan una expansión global con más de 2 millones de hectáreas evaluadas en múltiples países. 

El desembarco en Misiones no fue casual. Uno de los founders tenía tierras en la provincia y fue el anzuelo. Luego, ante complicaciones sucesorias, iniciaron la búsqueda de nuevos campos y encontraron una oportunidad única en el norte misionero: superficies de bosque nativo degradado por décadas de tala selectiva.

“Entendiendo que había una gran oportunidad en Misiones por toda la actividad forestal de bosques nativos”, relata.

No se trata de selva virgen, pero tampoco tierra perdida. Territorios donde todavía sobrevive entre el 20% y el 30% de la biomasa original de un bosque prístino.

“Buscamos tierras que compatibilicen con la emisión de crédito de carbono y que impliquen la necesidad de restaurarlas. Ese es el punto”, explica. “En nuestro caso, en el primer campo que estamos desarrollando, la biomasa está más o menos en un 20% de un bosque prístino”.

Su proyecto insignia es Vida Nativa, en San Pedro, frontera con Brasil: una intervención de 22.878,5 hectáreas sobre el Bosque Atlántico misionero, uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados del continente .

Se trata de una ex forestal belga atravesada por cuatro sierras, con una geografía compleja y una biodiversidad que aún resiste: más de 50 especies endémicas y al menos diez especies en peligro de extinción, incluido el yaguareté .

El modelo fue de arrendamiento con opción a compra. “El arrendamiento genera la rentabilidad que tenía por la extracción de madera, pero con muchos menos conflictos y riesgos”, explica Núñez. “Después adquirimos la tierra y ya la preservamos a perpetuidad”.

Plantar no alcanza: restaurar lleva décadas

Hablar de árboles puede sonar simple. No lo es. La restauración ecológica seria no consiste en plantar especies en línea para una foto institucional.

Implica entender el suelo, los doseles, la dinámica, los corredores biológicos y la recuperación funcional del ecosistema.

En Nideport comenzaron con ensayos en 2021. En 2022 iniciaron plantaciones.

Entre 2023 y 2024 ya superaron los 40.000 árboles nativos plantados y mantienen una proyección de 100.000 árboles para 2026.

“Queremos alcanzar los 100 mil árboles por año, pero con rigor científico. Primero hay que entender el suelo y cómo responde el bosque”, explica. “Hoy ya estamos en 30 mil árboles por año”.

La intervención cubre entre 200 y 300 hectáreas por año, dependiendo del nivel de degradación y de la presencia de “bambucias”, esas etapas de transición natural del monte.

Restaurar completamente un bosque puede llevar entre 20 y 60 años. En algunos casos, incluso siglos.

“La selva puede tardar entre 500 y 1000 años en restaurarse sola. Nosotros aceleramos ese proceso”, dice.

Además, el proyecto ya incorporó una estrategia de conservación a 100 años, una definición poco habitual incluso dentro del mercado internacional de carbono .

Lo que empezó como una idea entre amigos durante la pandemia terminó atrayendo a uno de los fondos más relevantes de América Latina.

“Surge de un grupo de amigos. A mí particularmente se me ocurre que no podíamos ir por la filantropía. Ya conocía el mercado de créditos de carbono por otro inicio de negocio y empezamos a plantear esa idea. Nos agarra la pandemia y en lugar de dedicarle tiempo a Netflix decidimos empezar a desarrollar el modelo”, recuerda.

Draper Cygnus -ligado a Tim Draper, histórico inversor de Tesla y SpaceX- tomó participación en la compañía. Hoy posee el 10%.

En total, entre equity y deuda de impacto, Nideport levantó cerca de siete millones de dólares.

Entre los inversores figuran además Koi Ventures, Antom.la, Alma Vest y Embarca, fondos vinculados a innovación climática y capital de impacto .

Ese capital permitió desarrollar tecnología propia, certificar créditos de carbono -una barrera que muchos proyectos nunca logran superar- y comenzar la fase de retorno. Hoy el negocio ya es rentable.

“Sí, es un negocio rentable. Supera el 40% de retorno”, afirma. “Ya somos un proyecto que logró certificar créditos de carbono, algo que muchos desarrolladores nunca llegan a conseguir”.

Pero advierte: no es un negocio rápido. Requiere paciencia, certificación, tiempo y credibilidad.

No hay greenwashing posible cuando se trabaja con estándares internacionales serios.

En tiempos donde la sustentabilidad suele reducirse a discursos corporativos, Núñez insiste en una premisa poco habitual en el mundo financiero: antes que cualquier aprobación política, importa la licencia social.

Antes que cualquier oficina pública. Primero, la comunidad Mbya.

“Lo importante para nosotros es que el cacique y la comunidad nos den su consentimiento con la comunidad. Eso está antes que cualquier político o estructura de gobierno, los dueños ancestrales de la tierra”, afirma.

Y profundiza: “Eso es el modelo principal. Una vez que tenemos la licencia social, que fue lo primero que hicimos antes de tocar cualquier planta o poner un pie en la tierra, logramos esa aprobación”.

La comunidad Tekoa Alecrín fue el primer actor consultado y hoy forma parte estructural del proyecto, junto al trabajo con cooperativas locales, fortalecimiento comunitario, acceso al agua potable, mejoras habitacionales tradicionales, apoyo educativo y empleo local.

“Nos juntamos con la comunidad, con las cooperativas locales, con el intendente de San Pedro que tiene una apertura muy interesante, y con esa base de licencia social ya estamos conformes”, explica.

Después llegaron las cooperativas, el municipio y recién luego el resto del sistema institucional. En el negocio del carbono, sin legitimidad territorial, no hay proyecto posible.

La burocracia argentina y la urgencia del planeta

Misiones avanza en una estructura provincial para créditos de carbono. La Nación también tiene registros y marcos regulatorios.

Pero para Núñez, el problema sigue siendo la velocidad. “Misiones está recién teniendo una estructura bastante sólida”, señala. “La Nación tiene un tratamiento sobre los créditos de carbono y un registro, pero son realmente estructuras muy burocráticas. Llevamos años en conversación”.

Y ahí aparece una tensión profunda entre la urgencia climática y la lentitud estatal.

Mientras el planeta pierde entre 10 y 20 millones de hectáreas de bosque por año, la regulación suele caminar a velocidad de expediente.

“Si tuviésemos un mercado de créditos de carbono regulado como existe en Japón, en Paraguay o en México, estaríamos en la panacea, pero bueno, es la Argentina”, ironiza Núñez.

“La humanidad necesita restaurar 2.500 millones de hectáreas de bosques desaparecidos”, advierte.

La visión corporativa ya está planteada con una meta concreta: restaurar 45 millones de hectáreas hacia 2035 y consolidarse como referente regional en soluciones climáticas basadas en la naturaleza .

Núñez no evita hablar del contexto político ni de la mirada ambiental del Gobierno nacional.

Sabe que el presidente Javier Milei tiene una visión distante respecto del cambio climático y la agenda ambiental, pero asegura que eso no modifica la convicción de la empresa.

“El Presidente tiene su visión sobre el planeta y sobre lo que es el cambio climático, la restauración ambiental; nosotros tenemos la nuestra”, afirma.

Y remata con una definición que resume su postura: “Así como él no lo frena a nadie, nosotros tampoco, y veremos el impacto que tiene cada uno en el tiempo”.

El legado: devolverle algo a la tierra

Hay una frase que atraviesa toda la conversación y que define más que un modelo de negocios.

“Nosotros generamos recursos naturales donde la mayoría de los modelos se basan en extraer recursos naturales”, dice.

Núñez sabe que el capitalismo define las reglas actuales del juego. Y si la única forma de salvar bosques es que salvarlos sea rentable, entonces prefiere jugar ahí.

“Ojalá que los árboles no tuviesen que pagar por ser salvados. Esto lo hablamos mucho internamente. Nosotros no creamos eso ni pusimos eso ahí”, admite.

“De alguna manera nuestro trabajo y nuestro fundamento es devolver a la tierra lo que está quitando la humanidad”, sostiene. “No sé si es una mochila que nos corresponde, pero sí que asumimos”.

Y concluye con una mirada de largo plazo: “Yo creo que las generaciones futuras particularmente no nos lo van a agradecer. Hoy no sé si se siente tanto, pero estamos muy convencidos de lo que hacemos”.

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Iguazú será sede de la cumbre Latinoamericana de Turismo de Naturaleza y Aventura

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Del 11 al 13 de septiembre, se realizará NATIVA LATAM 2026, la Cumbre Latinoamericana de Turismo de Naturaleza y Aventura, en Puerto Iguazú.

La presentación fue realizada por la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura (AAETAV), en la Casa de Misiones en Buenos Aires. Allí, el secretario de Turismo y Ambiente de la Nación, Daniel Scioli, expresó que “el turismo de naturaleza es fundamental para mostrar a la Argentina al mundo”. Además, valoró el trabajo de Misiones “a partir de la decisión del gobernador Hugo Passalacqua y de su ministro” para identificar eventos como el presentado.

Por su parte, el ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa, destacó que “la designación de Misiones como Destino Anfitrión consolida el protagonismo del ecoturismo y el turismo aventura como ejes estratégicos de nuestro territorio. Este evento representa una oportunidad única para potenciar las capacidades de nuestros prestadores turísticos, impulsar la profesionalización del sector y proyectar al mundo nuestra biodiversidad”.

NATIVA 2026 será una plataforma de articulación regional e internacional que abordará los principales desafíos y oportunidades del sector: sostenibilidad, innovación, inversión, desarrollo local y nuevas tendencias del viajero global.

Durante las jornadas, se reunirán actores clave del ecosistema turístico para impulsar alianzas, generar conocimiento y acelerar la evolución del sector en América Latina.

La elección de Puerto Iguazú como sede responde a su posicionamiento como uno de los destinos naturales más emblemáticos de la región y representa una gran vidriera internacional para la ciudad. Entre sus atributos, se destacan su riqueza natural, áreas protegidas, experiencias consolidadas de ecoturismo, conectividad internacional y certificaciones de sostenibilidad; en un trabajo público y privado que viene desarrollando el destino para el fortalecimiento de un turismo sostenible.

En este sentido, el presidente de AAETAV, Diego Noia, agregó que “en un contexto global donde el turismo atraviesa una profunda transformación, este encuentro se posiciona como un espacio estratégico para repensar el futuro de la industria desde una perspectiva sostenible, regenerativa e integrada al territorio”.

A su vez, la presidente de CAT, Laura Teruel, sostuvo que “NATIVA LATAM refleja el camino que el turismo debe consolidar: un desarrollo sostenible, innovador y articulado entre el sector público y privado”. Mientras que el presidente de FAEVYT, Andrés Deyá, afirmó que “las agencias de viajes no solo comercializamos productos sino que además interpretamos la demanda y estructuramos la oferta para que el pasajero tenga lo que está buscando y en ese camino el turismo de naturaleza se está posicionando fuertemente, por acompañamos este tipo de iniciativas”.

El evento contó, además, con la presencia de autoridades nacionales, provinciales, cámaras, instituciones, partners de la acción y prensa.

Para más información, ingresar a nativa.aaetav.org.ar

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Iguazú Argentina S.A. obtuvo la certificación internacional Preferred by Nature

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Amanece en la selva misionera y el aire húmedo anuncia la vida que se despliega entre la vegetación. El graznido de un tucán rompe el silencio mientras, en la espesura, quizá un yaguareté se mueve en busca de alimento. Todo ocurre bajo el telón de fondo de una de las maravillas naturales del planeta: las Cataratas del Iguazú.

Pero esta vez la noticia no proviene del monte sino de la gestión que lo protege. En el corazón del Parque Nacional Iguazú, Iguazú Argentina S.A. obtuvo la certificación internacional de Preferred by Nature (PBN) para Actividades Turísticas Sostenibles, un reconocimiento que valida su modelo de operación en uno de los ecosistemas más sensibles y visitados de América Latina.

Como operador turístico del Área Cataratas, la empresa administra cerca de 200 hectáreas que constituyen el núcleo de la experiencia turística dentro de las 67.698 hectáreas del parque, donde se concentran los principales servicios e infraestructura que permiten el acceso a los saltos y a la Selva Paranaense. En ese entorno de alta sensibilidad ambiental, la operación se desarrolla bajo los criterios establecidos por la Administración de Parques Nacionales, con el objetivo de compatibilizar la conservación del ecosistema con el uso público.

La certificación fue otorgada por Preferred by Nature, una organización internacional sin fines de lucro que promueve una mejor gestión de la tierra y prácticas empresariales responsables que benefician a las personas, la naturaleza y el clima. Su marco de evaluación contempla cuatro ejes principales: gestión responsable y buenas prácticas empresariales, respeto por las personas y los derechos humanos, protección de la naturaleza y el medio ambiente, y reducción de los impactos climáticos.

El proceso incluyó una auditoría integral que combinó revisión documental con trabajo en terreno. Durante varios días se analizaron políticas internas, sistemas de gestión y prácticas operativas orientadas a la protección del entorno natural y al vínculo con las comunidades locales.

El estándar para Actividades Turísticas Sostenibles utilizado en la evaluación está además reconocido por el Global Sustainable Tourism Council (GSTC), organismo que establece los criterios internacionales de sostenibilidad para el sector turístico.

Infraestructura pensada para convivir con la selva

Como concesionaria de los servicios turísticos dentro del parque, Iguazú Argentina S.A. tiene a su cargo el diseño, construcción, mantenimiento y operación de la infraestructura destinada a la atención del visitante.

Durante la auditoría, los especialistas recorrieron los circuitos del parque y analizaron el funcionamiento de las pasarelas que atraviesan la selva, una infraestructura diseñada para minimizar el impacto ambiental y reducir la erosión del suelo. También evaluaron el funcionamiento del Tren Ecológico de la Selva, un sistema de transporte pensado para organizar el flujo de visitantes dentro del área protegida.

Este tren circula a velocidades reducidas, entre 20 y 22 kilómetros por hora, y utiliza motores a gas licuado o eléctricos, lo que permite reducir el impacto ambiental en un entorno natural altamente sensible.

La visita técnica permitió además verificar el esquema de ordenamiento que regula la experiencia turística dentro del parque y que busca mantener el equilibrio entre conservación y acceso público.

Comunidad y compromiso social

El proceso de certificación también incluyó instancias de diálogo con trabajadores de diferentes áreas de la empresa. Esa interacción permitió constatar que el personal conoce la política ambiental de la organización y comprende el impacto que su trabajo cotidiano tiene sobre el entorno natural.

Asimismo, se analizaron prácticas vinculadas a la contratación de proveedores locales y al vínculo con las comunidades de la región, incluyendo la interacción con pueblos originarios.

En ese contexto, el gerente general de Iguazú Argentina, Roberto Enríquez, destacó el significado del reconocimiento y señaló que “esta certificación refleja el compromiso de la empresa con un modelo de gestión turística que busca equilibrar la experiencia del visitante con la protección del ambiente y el desarrollo de la comunidad local”.

Desde Preferred by Nature también subrayaron el valor del proceso de evaluación. Los auditores remarcaron que el estándar aplicado “permite analizar de manera integral cómo las organizaciones gestionan su impacto ambiental, social y económico dentro de destinos turísticos de alto valor natural”.

Entre los aspectos destacados del proceso también se valoró la incorporación de mujeres en roles de liderazgo dentro de la organización, una política que apunta a fortalecer la igualdad de oportunidades y consolidar un modelo de desarrollo turístico con impacto social positivo.

Un camino de mejora continua

La certificación representa un paso importante dentro de un proceso que requiere evolución permanente. En áreas naturales como el Parque Nacional Iguazú, los desafíos cambian constantemente: el clima, la presión turística y la conservación de especies obligan a ajustar de manera continua las estrategias de gestión.

En ese contexto, el reconocimiento internacional confirma que las prácticas implementadas por Iguazú Argentina S.A. cumplen con estándares globales de sostenibilidad y refuerzan su modelo de operación dentro de una de las áreas naturales más emblemáticas del país.

Cada pasarela conecta al visitante con la selva sin dañarla. La comunidad local y los pueblos originarios cumplen un rol central como guardianes del patrimonio natural. Y el Tren Ecológico de la Selva se consolida como un ejemplo de movilidad sustentable en áreas protegidas.

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