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El NEA está entre las regiones más baratas: sus precios se ubican 2,1% debajo del promedio nacional

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La geografía continúa pesando en el bolsillo de los argentinos. Comprar los mismos tipos de productos puede resultar sensiblemente más caro o más barato dependiendo de la región del país y, en agosto, la diferencia entre los dos extremos alcanzó 10,5 puntos porcentuales.

El nuevo indicador regional elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés a partir de los millones de precios recopilados por el sistema SEPA muestra además un dato particularmente relevante para Misiones: el Nordeste argentino se ubicó 2,1% por debajo del promedio nacional de precios.

De acuerdo con el gráfico presentado por UdeSA, la Patagonia encabeza el ranking como la región más cara, con precios 6,6% superiores al promedio argentino. Le sigue la región Centro, aproximadamente 1,8% por encima de la media.

Del otro lado aparecen Cuyo, con alrededor de 1,7% por debajo del promedio; el NEA, -2,1%; NOA, -2,4%; GBA, -3%; y finalmente la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con 3,9% por debajo del promedio, convirtiéndose en la región más barata del relevamiento.

La Universidad de San Andrés aclara que las regiones con valores positivos pagan en promedio por encima del nivel nacional y aquellas con valores negativos, por debajo. El resultado surge de nueve categorías de productos y arroja para agosto una dispersión regional promedio de 8,1%.

El contraste entre Patagonia y CABA encuentra una explicación particularmente fuerte en los alimentos. Los lácteos cuestan en la Patagonia 10,3% más que el promedio nacional, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires están 10,1% por debajo.

En el sur también sobresale el costo de los productos de higiene y perfumería, 9,8% superior al promedio nacional.

Para Misiones, el indicador introduce un dato interesante en medio de una coyuntura marcada por la pérdida de poder adquisitivo: dentro del universo de precios relevado por SEPA, el NEA aparece como la tercera región más barata del país, detrás de CABA y el Gran Buenos Aires y ligeramente por encima del NOA.

El dato debe interpretarse, sin embargo, como una comparación de niveles de precios, no de costo de vida ni de poder adquisitivo. El indicador no incorpora los salarios de cada región ni determina cuánto esfuerzo necesita realizar una familia para comprar esos productos.

La brecha territorial mostró además cierta moderación durante agosto. Según la Universidad de San Andrés, las diferencias entre regiones se redujeron levemente, principalmente por bajas en la dispersión de higiene y bebidas. Pese a ello, la distancia regional todavía permanece por encima de los niveles registrados un año atrás.

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Los precios se parecen cada vez más entre supermercados: la dispersión cayó un tercio en un año

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La diferencia de precios que un consumidor puede encontrar entre distintos supermercados argentinos se redujo aproximadamente un tercio durante el último año, aunque agosto interrumpió parcialmente esa tendencia con un leve repunte.

El dato surge del indicador de competencia entre supermercados elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés, a partir de la información del Sistema Electrónico de Publicidad de Precios Argentinos (SEPA) de la Secretaría de Comercio.

La base ofrece una dimensión extraordinaria del mercado minorista: más de 12 millones de precios son publicados diariamente por supermercados de todo el país. El Centro de Estudios para la Coyuntura (CECN) de UdeSA procesa esos registros para medir cuánto varían los valores de una misma categoría entre distintos comercios.

En agosto, la dispersión promedio de las nueve categorías analizadas se ubicó en 4,4%, mientras que la diferencia entre la categoría de mayor y menor dispersión alcanzó 5,1 puntos porcentuales.

El mayor margen para buscar precios continúa estando en la verdulería. Frutas y verduras registraron una dispersión de 7,9%, prácticamente el doble que buena parte de las restantes categorías.

En el extremo contrario aparecen los pescados, con apenas 2,9% de dispersión, convirtiéndose en la categoría donde los valores resultaron más parejos entre supermercados.

Entre ambos extremos quedaron higiene y perfumería, con aproximadamente 4,5%; carnes, 4,4%; bebidas, 4,3%; limpieza, 4,3%; almacén, 4,1%; panificados, 3,9%; y lácteos, también alrededor de 3,9%, según el gráfico presentado por UdeSA en la página cinco del informe.

El movimiento de agosto, sin embargo, fue heterogéneo. Las diferencias aumentaron en carnes y lácteos, mientras volvieron a reducirse en frutas y verduras. El cambio más marcado se produjo en pescados, que pasaron de estar entre los rubros con mayor dispersión a convertirse en el segmento con precios más homogéneos.

La tendencia de fondo es particularmente significativa para el comportamiento del consumidor: la dispersión entre supermercados cayó alrededor de un tercio en doce meses. En términos prácticos, significa que la diferencia potencial entre comprar un mismo tipo de producto en un comercio u otro se viene reduciendo.

Eso no implica, naturalmente, que los precios hayan bajado. El indicador no mide inflación, sino cuánto difieren los valores entre comercios. Una menor dispersión significa que los precios se parecen más entre sí, independientemente del nivel general en el que se encuentren.

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