SISTEMA FINANCIERO

Morosidad: casi 7 millones de argentinos quedaron fuera del crédito y los jóvenes son los más afectados

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La recuperación del crédito, uno de los principales motores que el Gobierno exhibió durante la segunda mitad de 2024 y los primeros meses de 2025, comienza a mostrar signos de agotamiento. Mientras la administración de Javier Milei insiste en que la estabilidad macroeconómica permitirá sostener el crecimiento, los indicadores financieros revelan un deterioro persistente en la capacidad de pago de las familias. La morosidad volvió a aumentar en mayo y ya acumula 19 meses consecutivos de suba, un fenómeno que deja a casi siete millones de argentinos fuera del mercado formal de crédito.

Según un informe de la consultora 1816, elaborado sobre la base de datos de la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central, más del 27% de las personas que tomaron préstamos dejaron de ser consideradas “sujetos de crédito” por registrar incumplimientos en sus obligaciones financieras. La estimación implica que alrededor de siete millones de personas quedaron excluidas tanto del financiamiento bancario como del extrabancario.

El reporte advierte que esta situación reduce significativamente la posibilidad de que el crédito vuelva a impulsar el nivel de actividad en el corto plazo. “De acá a las elecciones del año que viene difícilmente el crédito a familias sea un motor muy relevante de la actividad económica, como lo fue en el segundo semestre de 2024 y primer semestre de 2025”, sostuvo la consultora.

No obstante, el informe aclara que el impacto macroeconómico podría ser limitado debido al todavía reducido peso del crédito dentro de la economía argentina. “El bajo nivel de intermediación financiera hace que el PBI pueda seguir creciendo aun cuando el financiamiento a las familias permanezca estancado”, señala el estudio.

La mora alcanzó el nivel más alto desde la salida de la Convertibilidad

Los datos muestran un deterioro continuo. La mora de los créditos otorgados a familias pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo, mientras que en el segmento empresarial aumentó de 3,3% a 3,5%. Considerando la totalidad del sector privado no financiero, la irregularidad avanzó de 7,3% a 7,7%.

La magnitud del deterioro resulta significativa si se observa la evolución de los últimos dos años. En octubre de 2024 la morosidad de los hogares rondaba apenas el 2,5%. En menos de veinte meses se multiplicó por más de cinco, alcanzando niveles que no se registraban desde la crisis posterior al colapso de la Convertibilidad.

El informe explica que para revertir esa tendencia sería necesario que el stock total de préstamos creciera más rápidamente que el volumen de créditos en mora. Sin embargo, aunque desde mayo el crédito en pesos dejó de caer en términos reales, prácticamente no mostró expansión.

La consultora también detectó un cambio de estrategia dentro del sistema financiero. Mientras los bancos públicos sostuvieron relativamente estable la oferta crediticia, las entidades privadas redujeron considerablemente el otorgamiento de nuevos préstamos durante los primeros meses del año, limitando la renovación del financiamiento.

Las billeteras virtuales concentran el mayor deterioro

El problema aparece con mayor intensidad fuera del sistema bancario tradicional.

En las entidades financieras no bancarias —segmento que incluye billeteras virtuales y empresas de crédito— la morosidad alcanzó el 32,2% en mayo. Hace apenas un año y medio ese indicador se ubicaba por debajo del 10%.

La diferencia no es menor. Este tipo de financiamiento suele ofrecer requisitos más flexibles para acceder al crédito, aunque a cambio aplica tasas de interés considerablemente superiores a las del sistema bancario, incrementando el riesgo de incumplimiento cuando los ingresos familiares pierden capacidad de compra.

La consultora remarca que, sumando bancos y entidades no financieras, el deterioro refleja una pérdida sostenida de la capacidad de pago de los hogares argentinos.

Los menores de 35 años concentran el mayor nivel de incumplimiento

Uno de los datos más preocupantes del informe es el fuerte impacto sobre la población joven.

Casi cuatro de cada diez personas menores de 35 años que mantienen créditos vigentes presentan al menos una obligación impaga. Entre quienes tienen entre 18 y 25 años, la irregularidad alcanza el 42,8%, mientras que en el segmento de 26 a 35 años llega al 39,3%.

A partir de los 36 años los porcentajes comienzan a descender. Entre quienes tienen entre 36 y 45 años, el 31% registra al menos un crédito en mora, mientras que entre 46 y 55 años el indicador baja al 23,5%.

El informe interpreta que la combinación de ingresos más inestables, mayor utilización del crédito para consumo y financiamiento mediante plataformas digitales explica buena parte del deterioro observado en los segmentos etarios más jóvenes.

Caputo había atribuido el fenómeno al sobreendeudamiento

La evolución de los indicadores contrasta con el diagnóstico que el Gobierno había realizado meses atrás.

En mayo, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que el aumento de la morosidad respondía principalmente al sobreendeudamiento de las familias y a que muchos bancos expandieron agresivamente el crédito luego de la desaceleración inflacionaria.

Según el funcionario, muchas personas tomaron préstamos esperando que la inflación continuara licuando sus deudas, mientras que las entidades financieras no estaban preparadas para administrar ese crecimiento.

Sin embargo, los datos de mayo muestran que la tendencia aún no logró revertirse y que el deterioro continúa extendiéndose tanto en bancos como en el sistema financiero no bancario.

Más allá de la estabilización cambiaria y de la desaceleración de la inflación, el incremento sostenido de la mora introduce un nuevo desafío para la economía.

Con una porción creciente de la población excluida del crédito formal, el consumo financiado pierde capacidad para sostener la demanda interna, especialmente en rubros de bienes durables y consumo masivo.

Los próximos informes oficiales del Banco Central, correspondientes a junio y julio, serán determinantes para evaluar si el pago del aguinaldo logra aliviar parcialmente la situación o si la tendencia ascendente de la morosidad termina consolidándose como uno de los principales límites para la recuperación del mercado interno durante la segunda mitad de 2026.

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JP Morgan vuelve a recomendar bancos argentinos y elige a Macro y Galicia como las mejores apuestas

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El banco de inversión estadounidense JP Morgan volvió a mostrar optimismo sobre el sistema financiero argentino y recomendó invertir en acciones de Banco Macro y Grupo Financiero Galicia, al considerar que ambas entidades ofrecen la mejor combinación entre riesgo y potencial de retorno dentro del sector.

La entidad sostiene que el mercado comenzó a cambiar su mirada sobre los bancos. Tras una etapa en la que las ganancias estuvieron impulsadas principalmente por la inflación y las elevadas tasas de interés, los inversores ahora priorizan cuáles serán las entidades con mayor capacidad para crecer cuando el crédito vuelva a expandirse.

En ese contexto, JP Morgan reafirmó su recomendación positiva sobre Galicia y Macro, mientras mantuvo una posición neutral respecto de Grupo Supervielle.

Galicia y Macro, los favoritos

El informe asigna un precio objetivo de 85 dólares por acción para Grupo Financiero Galicia y de 132 dólares para Banco Macro, al considerar que ambas entidades presentan el mayor potencial de apreciación dentro del mercado financiero argentino.

Los analistas destacan que Galicia comienza a reflejar los beneficios de la integración con HSBC Argentina, con mejoras en la calidad de su cartera de préstamos y mayores eficiencias operativas.

En el caso de Banco Macro, el informe resalta su sólida posición patrimonial, elevados niveles de liquidez y una política consistente de distribución de dividendos, características que lo posicionan favorablemente para un escenario de recuperación del crédito.

Un cambio de escenario para los bancos

Uno de los principales argumentos de JP Morgan es que la reducción de las tasas de interés en pesos comenzó a aliviar el costo de fondeo de las entidades financieras.

En particular, el banco destaca la baja de la tasa BADLAR, que permite recuperar parte del margen financiero luego de varios trimestres en los que la rentabilidad estuvo presionada.

Como consecuencia, la entidad elevó entre 6% y 7% sus estimaciones de ganancias para el segundo trimestre y mejoró entre 4% y 8% sus proyecciones de resultados para el conjunto de 2026, según cada banco bajo cobertura.

El desafío sigue siendo el crédito

Pese a la mejora en las perspectivas, JP Morgan advierte que la consolidación de la recuperación dependerá del crecimiento sostenido del crédito y de la evolución de la morosidad.

Si bien algunos indicadores muestran señales de estabilización, el deterioro registrado en la cartera de préstamos al consumo todavía no se revirtió completamente y podría requerir varios trimestres para normalizarse.

El informe también señala que el crecimiento real del crédito continúa siendo moderado y que la recuperación de los depósitos aún resulta insuficiente para acelerar con fuerza la expansión del negocio bancario.

Valuaciones aún atractivas

Aun con esos riesgos, el banco estadounidense considera que las acciones de los bancos argentinos siguen cotizando con descuentos respecto de su potencial.

Según el informe, las principales entidades financieras operan entre 1,2 y 1,5 veces su valor libro, múltiplos que JP Morgan considera atractivos si continúa consolidándose la estabilización macroeconómica.

A ese escenario se suma la baja del riesgo país y una percepción más favorable de los inversores internacionales sobre la economía argentina, factores que, según la entidad, fortalecen las perspectivas del sector financiero y explican su preferencia por Banco Macro y Grupo Financiero Galicia como las principales apuestas bancarias del mercado.

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Misiones es la sexta provincia de menor presión fiscal sobre los bancos

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El Banco Central de la República Argentina dio un paso técnico con alto impacto político y fiscal: habilitó a los bancos a radicar las cuentas abiertas de manera no presencial en cualquier sucursal del país, independientemente del domicilio real del cliente. La medida, ya vigente, apunta a reducir el peso de Ingresos Brutos y otras cargas provinciales y municipales sobre la actividad financiera, uno de los factores que encarecen el crédito en la Argentina.

La decisión reabre una discusión de fondo: cuánto de la tasa que paga un usuario o una empresa responde al riesgo financiero y cuánto corresponde a la presión fiscal aplicada sobre los bancos. En un sistema donde buena parte de las operaciones ya se realizan por canales digitales, el BCRA introduce una posibilidad concreta: que las entidades asignen las cuentas abiertas por internet o por aplicación a sucursales ubicadas en jurisdicciones con menor carga tributaria. La única exigencia operativa es que el banco informe claramente al cliente cuál es la sucursal elegida.

El dato central surge del informe de ADEBA difundido por el propio BCRA: las diferencias entre provincias son muy marcadas. La Pampa encabeza el ranking de mayor presión sobre la actividad financiera, con una alícuota de 9,1% sobre Ingresos Brutos. Le siguen Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Chubut, Entre Ríos, La Rioja, Neuquén, Río Negro, Santa Fe, Tierra del Fuego y Tucumán, todas con alícuotas del 9%. En el otro extremo aparece Santiago del Estero, que aplica 3% sobre el spread, mientras Corrientes tributa 4,7% y Formosa 5,5%.

Misiones queda en la parte media-baja del ranking, pero todavía por encima de las jurisdicciones más competitivas: figura en el puesto 19 sobre 24, con una alícuota del 7,8% sobre Ingresos Brutos. Además, según el cuadro de ADEBA, grava títulos públicos, pero no créditos hipotecarios. Esa combinación la diferencia de provincias como Mendoza, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Santa Fe, La Rioja, Catamarca y San Luis, que sí registran carga sobre créditos hipotecarios.

El punto más sensible está en la transmisión de esa carga al precio del crédito. En la práctica, una mayor presión de Ingresos Brutos sobre los bancos puede trasladarse a tasas más altas, comisiones o menor incentivo a prestar. Por eso la medida del BCRA opera como una forma indirecta de competencia fiscal: las provincias con menor carga pueden volverse más atractivas para la radicación administrativa de cuentas digitales, aun cuando el cliente viva y opere en otra jurisdicción.

Para Misiones, el nuevo esquema deja una señal ambivalente. Por un lado, no se encuentra entre las provincias de mayor presión, como La Pampa o Buenos Aires. Por otro, tampoco aparece entre las más competitivas. Con 7,8%, queda por debajo del pelotón del 8% y 9%, pero bastante lejos de Santiago del Estero, Corrientes y Formosa. En un mercado financiero cada vez más digital, esa diferencia puede ganar relevancia.

La discusión excede a los bancos. El BCRA busca empujar una baja de costos en el crédito, pero también tensiona la relación entre Nación y provincias, porque Ingresos Brutos es una fuente clave de recaudación subnacional. El dilema es conocido: aliviar la carga fiscal puede mejorar el acceso al financiamiento; mantenerla sostiene ingresos fiscales en un contexto de fuerte restricción presupuestaria.

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Recorte de tasas y mora serán insuficientes

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Por Guillermo Bermúdez / FIELLa evolución de las tasas de interés en las semanas recientes ha hecho que el foco en materia financiera vuelva a ponerse en la cuestión de la recuperación del crédito y el apuntalamiento del consumo privado como motor de la mejora de la actividad y el empleo. Desde inicio de la actual gestión de gobierno, y con el retroceso de la participación del sector público en la hoja de balance del sistema financiero, la economía experimentó un ciclo de recuperación de los préstamos que no había tenido antecedentes. Este ciclo se truncó a fines de 2025 a partir del repunte de la morosidad –ya se la observaba varios meses antes-, el salto de las tasas de interés en el tercer trimestre y el deterioro de los ingresos reales de la población.

Al respecto del freno en el crecimiento del crédito, el propio Fondo Monetario Internacional en la reciente revisión del Acuerdo de Crédito Ampliado que tiene la Argentina, observó el deterioro en el segmento de préstamos al consumo a causa de la ceñida política monetaria, y advirtió sobre la necesidad de contener la volatilidad de las tasas para mejorar la transmisión de la política monetaria y el crédito. El Organismo observó que, a pesar de la baja reciente de las tasas, las condiciones crediticias siguen siendo restrictivas en el proceso de ordenamiento de las carteras de los bancos a causa del aumento de la participación de los préstamos morosos.

En efecto, en la actualidad se tienen unas tasas de interés activas para personas jurídicas que han retornado a niveles previos a las turbulencias financieras de la segunda parte del año pasado, pero ese recorte no se ha tenido en el caso de las tasas para las personas físicas, que se sostienen en elevados niveles reales.

Las tasas han transitado diferentes senderos. Asimismo, la irregularidad en los préstamos a las familias en la banca tradicional, si bien luce haber frenado su crecimiento, multiplica por cuatro el valor que se tenía a comienzos de 2025, colocándose en 11.5% del total del financiamiento. Por caso, para las líneas de crédito personales, la tasa de mora superó en marzo el 14%, y en el caso de tarjetas se acerca al 11%. En cambio, en el caso del crédito dirigido a las empresas, la irregularidad es menor –alcanza el 6% en las líneas de adelantos y al 2.9% en las de documentos-, del mismo modo que en los préstamos con garantía real –para hipotecas alcanza 1.9% y para créditos prendarios 5.3%.

Lo anterior permite inferir diferencias en la situación de entidades individuales según la especialización de sus negocios, aun cuando el conjunto posea elevados niveles de previsionamiento. La situación de irregularidad crediticia es más compleja cuando se consideran entidades no financieras –crédito extra bancario- tanto en lo referido al costo como a la tasa de mora[1].

Todo lo anterior permite anticipar que, a pesar de que el sistema financiero cuenta con una elevada capacidad prestable en pesos y dólares, resulta poco probable replicar en los próximos meses un despegue del crédito similar al observado a inicios de 2024. A partir de ello, en la presente columna se repasa la evolución reciente de las tasas activas y se revisa la evidencia relativa a una incipiente recuperación del crédito.Tras el inicio de la actual gestión económica, en los primeros meses de 2024 las tasas activas mostraron un sensible recorte desde niveles superiores al 100% nominal hasta un rango de entre el 35% al 45% para personas jurídicas –pymes y otras[2]-, mientras que en el promedio para personas físicas pasaron a moverse en un rango de entre el 70% y 80%. En los meses sucesivos y hasta mediados de 2025, las tasas se mantuvieron relativamente estables, en un contexto en el que el crédito total, en términos reales, llegó a crecer a un ritmo superior al 100% anual.

El fin de la operatoria de las Letras Fiscales borró la tasa de referencia del sistema e introdujo una altísima volatilidad, a lo que se sumaría el impacto de cambios en la política de encajes y una extraordinaria huida del peso en un contexto de creciente incertidumbre pre electoral. En agosto de 2025, las tasas tuvieron su primer repunte, que en el caso de la pagada por pymes saltó cerca de 18% elevándose hasta 62.7% o en el de los adelantos que tuvieron un aumento desde 47.4% hasta 76.3%.En octubre, el costo del financiamiento alcanzó el nivel más alto, trepando hasta el 69.7% para las personas jurídicas, y hasta 84.5% en el de las personas físicas.

El aumento de las tasas y su volatilidad no sólo tuvieron un impacto sobre el consumo, sino que también alcanzaron el costo de financiamiento del capital de trabajo de las empresas.En la última parte de 2025 comenzó a darse un incipiente proceso de normalización, que se aceleró a partir de marzo de 2026 –cambios en la política de encajes y retorno de la operatoria de pases de por medio-. Los datos preliminares para mayo dan cuenta de unas tasas para personas jurídicas en el orden del 33%, del 74% para personas físicas, del 37% para pymes y del 25% para las líneas de adelantos.

Como se observa en el Gráfico 1, el costo del financiamiento para personas físicas no mostró el recorte que tuvieron las líneas de crédito a personas jurídicas, al tiempo que se mantiene en niveles superiores a los de comienzos de 2025. Al respecto, puede argumentarse que son los altos niveles de mora los que impiden una compresión más acelerada hacia los niveles de las tasas pasivas, de modo que a medida que las entidades avancen en la renegociación de los créditos irregulares –con alargamiento de plazos y recorte de tasas-, puede esperarse una mayor reducción. En el tránsito, la mejora del crédito será parsimoniosa, en especial en las líneas destinadas al financiamiento del consumo de las familias.

Gráfico 1

Con el sendero que han transitado en los últimos meses las tasas de interés ¿cómo ha evolucionado el crédito? Como se mencionó, desde inicio de 2024 el crédito al sector privado tuvo un crecimiento sin precedentes. En ese ciclo de recuperación tuvieron un mayor dinamismo los préstamos a las familias por sobre el dirigido a las empresas, mientras que se observó el retorno del financiamiento de largo plazo –hipotecas- y de los préstamos en dólares.   

En febrero de 2024, la relación de préstamos al sector privado a PBI era 4.9% -un mínimo histórico-, y en términos reales alcanzaba $ 52.1 billones. El ciclo de crecimiento del crédito se estiró hasta diciembre de 2025 en la medición en moneda constante cuando el stock trepó hasta $ 135.5 billones, marcando un crecimiento de 160% respecto al nivel de febrero de 2024. Al tiempo que, si se toma la relación de los préstamos con el producto bruto, el pico se tuvo en febrero de 2026, cuando la razón se colocó en 12.3%, más de 7% por encima del registró de dos años atrás.Los datos preliminares de mayo de 2026 dan cuenta que el crédito al sector privado asciende a $ 127.7 billones, correspondiendo algo más del 75% a líneas en pesos y el resto en dólares. En términos reales, el actual nivel de crédito es 5.7% inferior al registrado en diciembre pasado, al tiempo que en términos del PBI, el stock es equivalente al 11.45% del producto, también por debajo del pico de febrero pasado. El crédito en el agregado aun no muestra un repunte.

Tomando en consideración que los créditos en dólares al sector privado no han dejado de crecer en los dos últimos años, habiendo pasado de menos de USD 3.5 mil millones a fines de 2023 a USD 22.7 mil millones en la actualidad –un récord en más de dos décadas-, resulta conveniente poner el foco en la evolución reciente del crédito en pesos[3].En mayo, del total de crédito en pesos, el 51% corresponde a crédito de consumo –préstamos prendarios, personales y tarjetas-, cerca del 35% a financiamiento a las empresas mediante adelantos y la firma de documentos, y el resto a crédito hipotecario.

En términos reales y en la comparación interanual, el crédito a las empresas igualó el nivel de un año atrás, combinando un alza de adelantos con un nuevo retroceso en el financiamiento mediante documentos. Por su parte, el crédito hipotecario tuvo una mejora real del 67.5%, continuando con el recorte en el ritmo de crecimiento real anual luego de haber marcado el mayor avance (360%) en julio del año pasado.

Finalmente, el crédito al consumo tuvo en mayo un recorte real interanual del 7.2% -la primera caída anual desde agosto de 2024-, a partir de combinar ligeros retrocesos en créditos prendarios y personales con una marcada contracción en el financiamiento de tarjetas de crédito, reflejando cancelaciones. Es decir, las líneas de crédito con mayor participación en la cartera de las entidades, muestra un retroceso anual, y sólo una parte menor asociada al crédito a las empresas ha dejado de caer en la comparación anual.

Pero a los fines de evaluar el potencial inicio de un nuevo ciclo de recuperación del crédito, resulta conveniente considerar el comportamiento de los préstamos en los meses recientes, además de en términos reales, descontando factores estacionales. Como se observa en el Gráfico 3, desde julio de 2024 el crédito hipotecario había mostrado continuas mejoras mensuales hasta mayo de este año cuando ha interrumpido su crecimiento.

Para el crédito a las empresas, hacia mayo de 2026 se tiene una ligera mejora luego de un bimestre de contracción, y para el crédito a las familias se profundiza la caída observada en abril pasado. En el caso del crédito a las empresas, la mejora se sostiene en el aumento de los adelantos y en el caso de la caída del crédito al consumo, esta deriva de un deterioro del crédito prendario y un más profundo retroceso del financiamiento de tarjetas de crédito.

Es decir, el crédito a las empresas podría estar comenzando a mostrar signos de mejora a la par de la incipiente recuperación de la actividad económica –contando ventajas en términos de una mejor tasa de interés y menores niveles de irregularidad-, mientras que el crédito a las familias muestra un mayor retroceso, por las razones opuestas –costo de financiamiento que no se ha recortado lo suficiente y mayores niveles de mora-. Como se observa, el repunte del crédito a empresas resulta momentáneamente insuficiente para traccionar sobre los préstamos en el agregado.

Precisamente por lo anterior, aun cuando los bancos tengan holgura para aumentar el tamaño de su cartera de crédito, es de esperar que privilegien líneas de préstamos dirigidas a empresas, eventualmente de plazos cortos, para el financiamiento de capital de trabajo, mientras se ordena la cartera de préstamos al consumo dirigidos a familias -por caso, por medio de refinanciaciones-.

En efecto, puede anticiparse una oferta más selectiva –y una demanda más prudente de parte de las familias- y de ello, menor dinamismo del crédito en los meses por venir en comparación con el ciclo iniciado en 2024. Derivado de lo anterior, el sistema financiero podría transitar una reconfiguración de los negocios hacia un mayor financiamiento productivo, al tiempo que no deben soslayarse potenciales presiones de transformación –en términos de número y tamaño de entidades- a causa del cambio en el patrón productivo y de localización espacial de las actividades que se encuentra transitando la economía real.

En síntesis. Las tasas de interés han tenido recientemente una evolución dispar según se trate del financiamiento a empresas o familias, al tiempo que la mora ha tenido un mayor aumento en el caso del crédito al consumo. Los préstamos a las empresas comienzan a mostrar señales de incipiente recuperación, que aún no traccionan al crédito en el agregado. Con una oferta más selectiva, la baja de tasas de interés y recorte de la mora, resultarán insuficientes para replicar en los meses por venir un ciclo de recuperación del crédito como el que se tuvo a inicios de 2024, cuando el mayor dinamismo lo mostraron los préstamos a las familias por sobre el dirigido a las empresas.


[1] Por caso, entre las Fintech la mora total –considerando créditos irrecuperables- superó el 30% en febrero, mientras que la mora operativa –descontando irrecuperables- se estabilizó algo por encima del 22% en los últimos meses.

[2] Tal el caso de la tasa de interés por Adelantos en cuenta corriente en moneda nacional (con acuerdo de 1 a 7 días y de 10 millones o más) a empresas del sector privado no financiero.

[3] No debe perderse de vista que, en el caso del crédito en dólares, el marco regulatorio prohíbe el financiamiento en esa moneda a sujetos que no obtienen ingresos en divisas, al tiempo que las autoridades en reiteradas oportunidades se han mostrado renuentes a introducir modificaciones a la legislación de modo de permitir canalizar el stock récord de depósitos en dólares hacia el crédito para cualquier tipo de individuo.

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El Banco Nación lanza títulos de Deuda en el mercado local tras más de 30 años

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El Banco de la Nación Argentina anunció su regreso al mercado de capitales local con la emisión de Títulos de Deuda, una operación que no realizaba desde hace más de tres décadas. La colocación contempla un monto inicial equivalente a USD 50 millones, con posibilidad de ampliarse hasta USD 1.500 millones dentro del programa vigente, y apunta a fortalecer la capacidad de crédito a PyMEs y familias.

Después de más de tres décadas, el Banco Nación vuelve al mercado de capitales local con una emisión de Títulos de Deuda, operación que representa una nueva alternativa de inversión para sus clientes y, al mismo tiempo, fortalece la capacidad prestable de la entidad para llegar a más argentinos: más PyMEs que quieren crecer, más familias que sueñan con su casa propia y más productores que necesitan financiamiento para expandirse.

Los fondos que se recauden se destinarán directamente a fortalecer el crédito en la economía real: MiPyMEs que podrán ampliar su capacidad productiva, familias que accederán a financiamiento para su vivienda, exportadores que contarán con respaldo para crecer en mercados externos y economías regionales que encontrarán en el Banco un socio para su desarrollo.

La colocación contempla tres clases de títulos de deuda, diseñadas para ofrecer alternativas de inversión en distintas monedas y perfiles:

  • Clase 1 (Pesos): a 12 meses, tasa variable (TAMAR Privada más margen), intereses trimestrales y amortización al vencimiento.
  • Clase 2 (Dólar): a 36 meses, tasa fija a licitar, intereses semestrales y amortización al vencimiento.
  • Clase 3 (UVA): a 24 meses, tasa fija a licitar, intereses trimestrales y amortización en cuotas a partir del mes 12.

El monto máximo conjunto de la emisión se estableció en el equivalente a USD 50 millones, ampliable a un monto máximo de US$ 1.500 millones, dentro del programa vigente.

La emisión estará abierta tanto a personas humanas como jurídicas, clientes y no clientes del Banco, quienes podrán participar, cumpliendo con los requisitos habituales del mercado, como la apertura de cuenta comitente y la validación del perfil de inversor.

El Banco Nación da así un paso más hacia una gestión moderna y transparente en línea con las prácticas del mercado y las preferencias del público en general y sus clientes en particular.

Esta emisión no solo diversifica el fondeo del Banco: crea una nueva alternativa de inversión para ahorristas e inversores que buscan resguardar su capital con el respaldo de la institución bancaria más grande del país. Un banco más competitivo es un banco que puede hacer más, llegar más lejos y estar presente donde la gente lo necesita.

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