SISTEMA FINANCIERO

Morosidad en alza: el crédito familiar tensiona el discurso del Gobierno y expone límites del consumo

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En febrero de 2026, el sistema financiero argentino registró un nuevo salto en la morosidad de las familias, que alcanzó el 11,2% y acumuló 16 meses consecutivos de subas, según el último informe del Banco Central. El dato no es menor: en octubre de 2024 ese ratio era de apenas 2,5%. La dinámica, que se profundiza en préstamos personales (13,8%) y tarjetas de crédito (11,6%), instala una tensión de fondo en el relato oficial sobre la recuperación del consumo. ¿Se trata de un desfasaje transitorio o de un límite estructural del modelo económico en curso?

Crédito que se desacelera y capacidad de pago en retroceso

El dato se inscribe en un contexto donde el crédito pierde dinamismo y las condiciones financieras se endurecen. El ratio de irregularidad del crédito al sector privado llegó al 6,7% en febrero, con un incremento mensual de 0,3 puntos porcentuales y un salto interanual de 4,9 p.p. Sin embargo, el núcleo del problema está en los hogares: la mora pasó de 2,9% en febrero de 2025 a 11,2% un año después.

La explicación no requiere tecnicismos: los ingresos reales muestran deterioro y el consumo se enfría. A esto se suma que la expansión del crédito al consumo se frenó hacia fines de 2025, lo que deja a muchas familias con compromisos asumidos en un escenario más favorable, pero con menor capacidad actual para cumplirlos.

El comportamiento del sistema financiero también aporta señales. Aunque la exposición al sector privado creció hasta el 44,4% del activo total (+6,3 p.p. interanual), ese aumento responde más a efectos nominales que a una expansión real del crédito. En paralelo, los bancos endurecieron condiciones, mientras la demanda cayó en todos los segmentos, tanto en empresas como en hogares.

Consumo, crédito y relato: una brecha que se amplía

La evolución de la morosidad impacta directamente sobre el frente político-económico. Mientras algunos indicadores muestran mejoras mensuales, el consumo continúa en terreno negativo en la comparación interanual, con caídas de hasta 2,6%.

El contraste con las afirmaciones oficiales sobre niveles récord de consumo introduce una disonancia que no pasa desapercibida en el mercado. Parte del repunte reciente se explica por el uso del crédito, especialmente en bienes durables y turismo, lo que agrega presión sobre la capacidad de pago de los hogares.

En este escenario, el sistema financiero aparece en una posición ambivalente. Por un lado, mantiene niveles elevados de cobertura; por otro, enfrenta un deterioro sostenido en la calidad de su cartera, particularmente en los segmentos más sensibles al ciclo económico.

Señales a monitorear

El aumento de la morosidad no es solo un dato técnico. Funciona como termómetro de la economía real y, al mismo tiempo, como indicador adelantado de tensiones más profundas. La persistencia de la tendencia —16 meses consecutivos— sugiere que no se trata de un fenómeno aislado.

Hacia adelante, el foco estará puesto en la evolución del ingreso real, la dinámica del crédito y la capacidad del sistema para absorber el deterioro sin trasladarlo a mayores restricciones. También en cómo impacta este proceso sobre el consumo masivo, que sigue mostrando debilidad.

La pregunta de fondo permanece abierta: si el crédito deja de ser el sostén del consumo, ¿qué motor tomará ese lugar en el corto plazo?

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La mora en créditos se dispara y enciende alertas: el Banco Central sale a contener el impacto

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El deterioro en la capacidad de pago de familias y empresas volvió a profundizarse en el arranque de 2026 y encendió luces amarillas en el sistema financiero. Según el último Informe de Bancos del Banco Central, la mora en los créditos al sector privado alcanzó niveles que no se veían desde hace dos décadas, en un contexto de fuerte expansión previa del crédito y creciente tensión sobre los ingresos.

En el segmento de familias, el salto es contundente: la proporción de deudores con atrasos en préstamos y tarjetas trepó al 10,3% en enero, desde el 9,3% de cierre de 2025 y muy lejos del 2,67% registrado un año atrás. En el caso de los préstamos personales, el deterioro es aún mayor, con niveles de mora que escalan al 13,2%.

Entre las empresas, el fenómeno también se hace visible aunque con menor intensidad: la irregularidad pasó del 2,5% al 2,8% en el último mes, cuando en enero de 2025 apenas alcanzaba el 0,77%.

Un deterioro que ya es sistémico

A nivel agregado, los créditos en situación irregular representan el 6,4% del total del financiamiento al sector privado, el valor más alto desde comienzos de 2005. El dato marca un quiebre en la tendencia reciente y confirma que el deterioro dejó de ser puntual para adquirir carácter generalizado.

El fenómeno, según el propio Banco Central, aparece como la contracara del fuerte crecimiento del crédito en los últimos dos años, período en el que duplicó su peso relativo sobre el Producto Bruto Interno, aunque todavía se mantiene bajo en términos internacionales.

Sin embargo, la dinámica excede al sistema bancario tradicional. En el universo no bancario —billeteras virtuales, fintech y cadenas comerciales— la mora escaló con mucha más velocidad: pasó del 7,4% en noviembre de 2024 al 23,9% en enero de 2026, reflejando un estrés financiero mucho más marcado en los segmentos de mayor vulnerabilidad.

La reacción del Banco Central

Frente a este escenario, el Banco Central salió a despejar temores sobre la estabilidad del sistema. Si bien reconoció el fuerte aumento de la incobrabilidad -que prácticamente se cuadruplicó en un año-, sostuvo que no existen riesgos inmediatos para la solvencia financiera.

El argumento central es la fortaleza patrimonial de las entidades. Los créditos irregulares, descontadas las previsiones, representan apenas el 1,5% del capital regulatorio, muy por debajo de los niveles observados en otros países, donde los promedios rondan el 6,5%.

Además, el sistema exhibe elevados niveles de capitalización: la integración de capital alcanza el 29% de los activos ponderados por riesgo -más de tres veces el mínimo exigido por Basilea- y el 48% del financiamiento al sector privado neto de previsiones. Se trata de ratios que superan los promedios históricos y los estándares regionales.

Crédito más selectivo y tasas altas

Más allá de la solidez del sistema, el impacto ya se traslada a la dinámica del crédito. Con mayores niveles de mora, los bancos endurecen sus criterios de otorgamiento y se vuelven más selectivos, especialmente en líneas de consumo.

El resultado es un mercado con tasas activas que se mantienen elevadas en términos reales, mientras que las tasas pasivas —las que reciben los ahorristas— ya operan en terreno negativo. Esta brecha refleja una estrategia defensiva frente al aumento del riesgo crediticio.

En el sector coinciden en que la presión sobre los ingresos explica buena parte del fenómeno. La combinación de salarios rezagados y cuotas elevadas -herencia de tasas extremadamente altas durante 2024 y parte de 2025- comenzó a impactar de lleno en la capacidad de pago.

El avance de la mora introduce un condicionante clave para los planes oficiales de expansión del crédito en pesos. Aunque el Banco Central busca sostener la liquidez y estabilizar las tasas de corto plazo, el deterioro en la calidad de la cartera limita el apetito de riesgo de las entidades.

En ese contexto, el sistema financiero entra en una fase más prudente: menos volumen, mayor selectividad y tasas que tardan en bajar. Una dinámica que, lejos de ser aislada, refleja las tensiones de fondo de una economía donde el crédito creció rápido, pero los ingresos no acompañaron al mismo ritmo.

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Banco Macro compra el 50% de Banco Sáenz y acelera su jugada fintech en el sistema financiero

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Banco Macro confirmó la compra del 50% de Banco Sáenz y dejó planteado un movimiento con impacto más amplio que el de una operación societaria aislada. La adquisición, que todavía debe ser aprobada por el Banco Central, se suma al ingreso concretado en enero a Personal Pay, la billetera digital de Telecom Argentina, también con una participación del 50%, y consolida una estrategia que apunta a unir banca tradicional, estructura regulada y servicios financieros digitales en un mismo ecosistema. El dato no es menor: en un mercado donde las billeteras virtuales cambiaron hábitos, velocidad y expectativas de los usuarios, Macro eligió no resistir esa transformación desde la vereda clásica del sistema bancario, sino meterse de lleno en el nuevo tablero. La pregunta que abre esta jugada no pasa solo por el negocio. También interpela el mapa de poder del sector: si se trata de una expansión táctica o del comienzo de una nueva etapa de concentración y alianzas entre bancos y plataformas.

Una compra que excede el cambio accionario

En los papeles, la operación indica que Banco Macro adquirirá la mitad del paquete accionario de Banco Sáenz, mientras el 50% restante quedará en manos de Fintech Digital LLC. Pero el sentido político y económico del movimiento aparece en otro plano. Macro no compró solo una participación. Compró una vía para reforzar su arquitectura digital en un momento en que la disputa por los usuarios ya no se resuelve únicamente con sucursales, depósitos o créditos tradicionales, sino con experiencia móvil, velocidad operativa y capacidad de ofrecer productos integrados desde una aplicación.

La operación, además, no llega sola. Se encadena con el desembarco de enero en Personal Pay. Esa secuencia muestra una hoja de ruta: primero, asociarse con una billetera digital que ya tiene presencia en el mercado; después, sumar una estructura bancaria que permita ampliar la oferta de servicios dentro de ese ecosistema. No es un movimiento defensivo. Es una construcción deliberada de escala.

Banco Sáenz seguirá operando con independencia en una primera etapa y no habrá cambios inmediatos para los usuarios. Sin embargo, el objetivo de fondo está explicitado en el texto base: integrar servicios con el tiempo, combinando cuentas, pagos, créditos y otras herramientas financieras en una misma experiencia digital. Traducido a términos de mercado, Macro busca reducir la distancia entre la lógica bancaria y la lógica fintech.

El giro de la banca tradicional frente al avance de las billeteras

El contexto de esta decisión es decisivo para entender su dimensión. En los últimos años, el crecimiento de las billeteras virtuales en Argentina alteró las reglas del juego. Millones de usuarios empezaron a administrar su dinero sin pasar por una sucursal ni por la experiencia tradicional de un banco. Esa mutación no solo modificó la relación con el cliente; también obligó a las entidades a revisar su modelo de negocios.

Macro parece haber asumido que la competencia ya no se da en compartimentos separados. La banca tradicional comparte tablero con apps, billeteras virtuales y plataformas tecnológicas que operan con otra velocidad, otra interfaz y otra lógica de fidelización. En ese marco, la compra del 50% de Banco Sáenz funciona como una pieza de enlace entre dos universos que hasta hace pocos años competían con fronteras más nítidas.

La estrategia que aparece detrás es la de un modelo híbrido. No se trata de abandonar la estructura bancaria, sino de usarla como soporte para ampliar la presencia en el terreno digital. La entidad busca combinar la seguridad y la formalidad del sistema bancario con la flexibilidad del mundo fintech. Esa es la lectura central de la doble jugada con Banco Sáenz y Personal Pay.

Banco Central, regulación y el nuevo equilibrio del sistema

Hay un punto institucional clave: la operación todavía necesita la aprobación del Banco Central. Ese paso no es un trámite menor. En el sistema financiero, cada movimiento de adquisición o participación accionaria reordena no solo balances y negocios, sino también relaciones de poder bajo supervisión regulatoria. Que la compra esté sujeta a validación oficial recuerda que, a diferencia de parte del universo fintech, la banca sigue operando dentro de un marco normativo mucho más exigente.

Ese detalle también explica por qué la apuesta de Macro tiene peso estratégico. La entidad no busca crecer únicamente en el terreno de la innovación, sino hacerlo sin salir del perímetro regulado. La combinación entre un banco con licencia, una billetera digital y una estructura capaz de escalar productos puede convertirse en una ventaja competitiva importante en un momento en que el sistema financiero local redefine sus bordes.

La continuidad operativa independiente de Banco Sáenz durante la primera etapa refuerza esa lógica gradual. No habrá un cambio brusco para el cliente, pero sí una acumulación progresiva de capacidades. En política empresaria, esa metodología importa: evita fricciones inmediatas, conserva marcas y tiempos propios, y permite construir integración sin desordenar de entrada el vínculo con los usuarios.

Qué sectores ganan y qué señales recibe el mercado

El sector que sale fortalecido de esta operación es, en primer lugar, el de los bancos que logran anticiparse al nuevo esquema competitivo. Macro no solo amplía presencia; envía una señal al resto del sistema. La señal es clara: el negocio financiero digital ya no puede pensarse como un complemento periférico. Pasó al centro de la estrategia.

También gana peso el modelo de asociación entre banca y tecnología. La referencia de Personal Pay a la combinación entre universo techco y banca no es un detalle retórico. Marca un tipo de alianza que probablemente empuje a otros jugadores a revisar su posición. Si un banco tradicional puede sumar potencia digital a través de participaciones cruzadas y estructuras complementarias, el resto del mercado difícilmente quede inmóvil.

En ese punto aparece la lectura de poder. El movimiento de Macro anticipa un escenario de mayor competencia, pero también de posible reordenamiento. Otros bancos podrían acelerar alianzas, adquisiciones o desarrollos propios para no perder terreno. La competencia ya no se dará solo por tasa, cartera o red física. Se va a jugar cada vez más en quién logra construir una experiencia financiera más completa, más rápida y más integrada.

Para los usuarios, el impacto no será inmediato, pero sí potencialmente profundo. Si el plan avanza, podrían acceder a una oferta más amplia de productos desde plataformas digitales, con una lógica de uso más simple y centralizada. En términos de negocio, eso puede ampliar bancarización, formalización y consumo de servicios financieros. En términos de mercado, puede aumentar la presión sobre quienes todavía no resolvieron su transición digital.

La innovación como herramienta de posicionamiento

Las declaraciones incluidas en el anuncio ayudan a ordenar el mensaje político-corporativo de la operación. Jorge Brito sostuvo que la compra refuerza el compromiso con la innovación financiera. Juan Parma la presentó como un paso clave para integrar servicios en una experiencia más simple. Y Martín Heine habló de redefinir la experiencia financiera con soluciones más rápidas, seguras y personalizadas.

Más allá del tono institucional, esas definiciones muestran cómo quiere presentarse la jugada. No como una expansión convencional, sino como una evolución del negocio. Macro intenta ocupar el lugar de actor que no solo se adapta, sino que busca conducir parte del cambio en el sistema financiero local. En un mercado donde la narrativa de innovación también construye valor, ese posicionamiento no es accesorio.

La elección de avanzar con participaciones del 50% tanto en Personal Pay como en Banco Sáenz también merece lectura. No supone absorción plena ni disolución de identidades, sino un esquema de sociedad con capacidad de control compartido. Esa ingeniería sugiere una estrategia de cooperación con autonomía relativa, útil para un sector donde la velocidad tecnológica y la exigencia regulatoria suelen empujar en direcciones distintas.

Un sistema financiero que entra en otra fase

La compra del 50% de Banco Sáenz no agota su relevancia en la operación misma. Funciona, más bien, como síntoma de un momento más amplio del sistema financiero argentino. Los bancos ya no discuten solo cómo defender su negocio histórico, sino cómo reposicionarse en una economía donde el usuario espera inmediatez, integración y disponibilidad permanente desde el celular.

Macro decidió intervenir en esa transición con una doble jugada: billetera digital por un lado, estructura bancaria complementaria por el otro. La maniobra le permite construir volumen, ampliar servicios y disputar un terreno donde hasta hace poco la banca llegaba con más lentitud. El dato político-empresarial es ese: en lugar de esperar que el mercado termine de definirse, la entidad eligió participar en su rediseño.

Quedará por ver cómo responde el regulador, qué velocidad toma la integración efectiva entre Banco Sáenz y el ecosistema digital, y hasta dónde esta experiencia empuja una nueva ronda de alianzas en el sector. Porque si algo deja este movimiento es una certeza provisoria: la frontera entre banco y fintech ya no ordena el sistema como antes, y varios jugadores empiezan a actuar en consecuencia.

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Reservas en baja: el Banco Central compra dólares, pero no logra sostener el stock y habilita giro de dividendos

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El Banco Central de la República Argentina volvió a quedar en el centro de la escena económica con una señal ambivalente: mientras sostiene una racha de 52 jornadas consecutivas comprando divisas, las reservas internacionales perforaron los US$44.000 millones y cerraron en US$43.702 millones, el nivel más bajo desde enero. La caída de US$793 millones en un solo día —aun con compras por US$132 millones— expone una tensión de fondo en el programa monetario. ¿Se trata de un desajuste transitorio por valuaciones o de un límite estructural en la estrategia de acumulación?

El dato llega en paralelo a otra decisión relevante: la habilitación para que los bancos distribuyan hasta el 60% de sus dividendos de 2025 en tres cuotas, con posibilidad de giro al exterior. En conjunto, ambas medidas reconfiguran el equilibrio entre acumulación de reservas, estabilidad cambiaria y flujo de capitales.

Compras récord, pero reservas en retroceso

Desde el inicio de la llamada “fase 4” del programa monetario, el BCRA compró US$3.611 millones y ya superó el 36% de la meta anual prevista para 2026. El ritmo de intervención es sostenido y se da en un contexto de relativa calma cambiaria: el dólar mayorista cerró en $1.394,5, lejos del techo de la banda de $1.637,01.

Sin embargo, el dato que incomoda es otro. A pesar de ese esfuerzo comprador, las reservas acumulan siete caídas consecutivas. Parte de la explicación está en la baja del oro, cuya valuación cayó cerca de US$557 millones en la jornada. Pero incluso descontando ese factor, persiste un “residuo” negativo que no encuentra justificación directa en pagos de deuda, lo que abre interrogantes sobre movimientos financieros internos, encajes u otros flujos.

En términos operativos, la estrategia oficial combina emisión de pesos para comprar divisas sin esterilización directa, mientras el Tesoro absorbe liquidez mediante colocaciones de deuda. Ese esquema busca evitar presiones inflacionarias y sostener el tipo de cambio dentro de la banda, pero introduce una dinámica delicada: el crecimiento de reservas depende no solo de las compras, sino también de factores financieros y de valuación que el Banco Central no controla completamente.

El rol del Tesoro y la arquitectura del programa

El comportamiento de las reservas no puede leerse sin considerar la interacción con el Tesoro. Parte de los dólares adquiridos por el Banco Central se destinan luego a cubrir vencimientos de deuda, lo que modera el crecimiento neto del stock.

En paralelo, el ingreso de divisas proviene en gran medida de la liquidación agropecuaria y de emisiones de deuda de empresas y provincias, que desde las elecciones legislativas de 2025 aportaron US$11.000 millones. Es un flujo relevante, pero también volátil y condicionado por variables externas y de mercado.

Las proyecciones oficiales apuntan a acumular entre US$10.000 y US$17.000 millones en 2026. Sin embargo, el ritmo efectivo dependerá de dos factores clave: la demanda de pesos y la disponibilidad de dólares. En ese marco, la caída reciente de reservas introduce un matiz sobre la capacidad real de sostener esa meta.

Dividendos, capitales y señales al sistema financiero

En simultáneo, el Banco Central habilitó a las entidades financieras a distribuir hasta el 60% de sus utilidades de 2025, en tres cuotas mensuales y con posibilidad de giro al exterior hasta el 31 de diciembre de 2026. La medida mantiene el porcentaje del año anterior, pero acota el alcance a resultados recientes y no a utilidades acumuladas.

Desde el punto de vista institucional, la decisión busca equilibrar dos objetivos: preservar la capitalización del sistema financiero y, al mismo tiempo, ofrecer previsibilidad a los inversores. El límite del 60% y la exigencia de autorización previa funcionan como filtros para evitar descapitalización.

Sin embargo, en el contexto actual, la habilitación para girar dividendos introduce una variable adicional sobre el frente externo. En un escenario donde las reservas muestran fragilidad, cualquier salida de divisas —aunque regulada— se vuelve políticamente sensible.

Correlación de fuerzas: entre la estabilidad cambiaria y la acumulación real

El Gobierno logra, por ahora, sostener una relativa estabilidad en el mercado cambiario. El dólar se mantiene contenido y el Banco Central acumula compras de manera consistente. Ese equilibrio fortalece la narrativa oficial de orden macroeconómico.

Pero la dinámica de las reservas introduce una tensión. La caída del stock, aun en contexto de compras, debilita uno de los principales indicadores que siguen tanto los mercados como organismos internacionales. De hecho, desde el Fondo Monetario Internacional destacaron el ritmo de acumulación, aunque sin precisar plazos para los acuerdos en curso.

En ese tablero, el Banco Central queda en una posición dual: muestra capacidad operativa en el mercado, pero enfrenta límites en la consolidación de reservas netas. Y esa diferencia no es menor cuando se discute sostenibilidad del programa.

Escenario abierto: qué mirar en las próximas semanas

El comportamiento de las reservas será una de las variables críticas a seguir. No solo por su nivel, sino por su composición: cuánto responde a compras genuinas y cuánto a efectos contables o financieros.

También habrá que observar el impacto efectivo de la distribución de dividendos en el flujo de divisas. Si bien el esquema es gradual, puede marcar una señal sobre la liberalización de capitales en un momento donde cada dólar cuenta.

Por último, el vínculo con el FMI y la evolución del ingreso de divisas —especialmente del agro— terminarán de definir si la actual tensión es transitoria o si anticipa un ajuste en la estrategia.

Por ahora, el Banco Central sostiene el pulso en el mercado. Pero las reservas, silenciosamente, empiezan a contar otra historia.

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El crédito en dólares vuelve al rodeo y redefine la estrategia financiera de la ganadería

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Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario plantea que el financiamiento crece en 2025 y marca un giro hacia la inversión de largo plazo

El financiamiento bancario a la ganadería cerró 2025 con una señal clara: el crédito en moneda extranjera recuperó terreno y empujó el endeudamiento del sector a USD 1.133 millones, el segundo nivel más alto en dos décadas. El dato, informado con corte al 31 de diciembre, revela un cambio en la estructura financiera de las empresas dedicadas a la cría de ganado bovino —excluidas las cabañas— y abre una discusión estratégica: ¿es el inicio de una nueva etapa de inversión o un reacomodamiento táctico frente al contexto macroeconómico?

Los préstamos contraídos por empresas ganaderas evidencian una expansión significativa del financiamiento, particularmente en moneda extranjera.

Según la estadística oficial, al 31 de diciembre de 2025 los préstamos bancarios otorgados a empresas del sector —específicamente aquellas dedicadas a la cría de ganado bovino, excluidas las cabañas— registraron un pasivo total de aproximadamente USD 1.133 millones. Este constituye el segundo mayor nivel de endeudamiento del sector ganadero en las últimas dos décadas, solo superado por el máximo alcanzado en 2017, cuando los saldos totalizaron USD 1.406 millones.

Dentro de este total se observa un marcado incremento en los saldos correspondientes a operaciones contraídas en moneda extranjera, junto con una disminución relativa de aquellos originados en moneda nacional. Al cierre de 2025, el 42% de estos pasivos correspondía a obligaciones en moneda extranjera (USD 474 millones), mientras que los USD 659 millones restantes se encontraban denominados en moneda local. Un año antes, la participación de la deuda en moneda extranjera representaba apenas el 22% del total, y dos años atrás (diciembre de 2023), solo el 9%.

Este comportamiento refleja un mayor acceso a líneas de financiamiento en dólares, una modalidad históricamente poco frecuente en el sector ganadero, aunque habitual en esquemas de financiación de inversiones de largo plazo.

Precisamente, son estas líneas de crédito de largo plazo orientadas a la inversión las que el sector ganadero requiere para consolidar la etapa de retención de hacienda, largamente esperada.

En informes previos en los que también abordamos el tema del financiamiento bancario para la ganadería, presentábamos la relación entre el nivel de endeudamiento vigente y la cantidad de animales en stock. Este indicador ha mostrado un crecimiento sostenido en los últimos tres años, alcanzando en diciembre de 2025 un nivel cercano a USD 22 por animal en stock, sobre la base de un rodeo levemente inferior al de diciembre de 2024.

Sin embargo, más allá del incremento observado en los últimos años, al analizar los montos financiados en relación con el valor del capital, el nivel de apalancamiento que el sector recibe por parte de las entidades financieras continúa siendo bajo, en especial al compararlo con el que registran otras actividades agropecuarias.

Realizando una valuación general de las distintas categorías que integran el stock ganadero al cierre de cada ciclo, se estima que a diciembre de 2025 el valor total de la hacienda en stock rondaba los USD 53.500 millones. Por su parte, de acuerdo con los reportes del BCRA, los saldos de préstamos adeudados por empresas ganaderas a entidades bancarias ascendían a USD 1.133 millones, lo que equivale a un nivel de apalancamiento del 2,1%.

Para el mismo período, un cálculo aproximado del financiamiento sobre el valor de la producción agrícola (soja, trigo, maíz, cebada, sorgo y girasol) arroja niveles superiores al 10%, evidenciando una brecha significativa en el acceso al crédito entre ambos sectores.

Asimismo, aun considerando un stock ganadero en ligero retroceso durante el último año (51,4 frente a 51,6 millones de animales), el incremento registrado en el valor de la hacienda en dólares durante el último año, habría generado un aumento estimado del capital del 38% interanual, frente a una expansión de los saldos adeudados del 33% en el mismo período.

Esta brecha, observable no solo en el actual contexto de precios en alza sino, fundamentalmente, en comparación con el nivel de financiamiento de otras actividades agropecuarias, pone de manifiesto la significativa oportunidad de expansión que tendría el sector ganadero local si contara con instrumentos de financiamiento adecuados para fomentar la inversión en producción.

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