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Milei respondió al Reino Unido y se tensiona la discusión por Malvinas: “Fueron, son y serán argentinas”

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El presidente Javier Milei reordenó el enfoque del Gobierno sobre la disputa por las Islas Malvinas en una intervención pública realizada el jueves por la noche, en la previa a la difusión de un presunto memorando del Pentágono que pone bajo revisión el respaldo histórico de Estados Unidos al Reino Unido.

“El principio es claro: la soberanía no se negocia, pero hay que hacerlo de manera criteriosa”, planteó el mandatario. La definición no es menor. Llega en un momento en que la política exterior argentina busca capitalizar un posible reordenamiento de alianzas en el marco del conflicto en Medio Oriente. La pregunta se impone: ¿es un endurecimiento retórico o el inicio de una estrategia más pragmática para reabrir la negociación?

Diplomacia activa y marco institucional

El planteo presidencial se inscribe en una línea de acción que el propio Gobierno define como de “presencia permanente” del reclamo en todos los foros internacionales. La referencia no es abstracta: el Ejecutivo sostiene que busca ampliar apoyos externos, al tiempo que insiste en la vía bilateral como canal de resolución, en línea con la Resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU, que reconoce la existencia de una controversia e insta a negociaciones entre las partes.

En paralelo, la Cancillería argentina reiteró su disposición a retomar el diálogo con Londres para alcanzar una “solución pacífica y definitiva”. El planteo también rechaza el principio de autodeterminación aplicado por el Reino Unido sobre los habitantes de las islas, bajo el argumento de que no constituyen un “pueblo” reconocido por Naciones Unidas en este caso específico.

El trasfondo institucional incluye otro elemento sensible: la denuncia sobre actividades de exploración de recursos naturales sin autorización argentina en el área en disputa. El Gobierno considera ilegítimos esos proyectos y sostiene que vulneran resoluciones internacionales.

Impacto geopolítico

El dato disruptivo aparece fuera del eje bilateral. Según la información difundida, el Pentágono evalúa revisar su respaldo a las “posesiones imperiales” europeas en respuesta a tensiones con aliados de la OTAN. En ese escenario, la cuestión Malvinas deja de ser un tema estrictamente regional y se inserta en una disputa mayor entre potencias.

Ese movimiento, aún en evaluación, altera la correlación de fuerzas. Para Argentina, abre una ventana diplomática inédita en términos de apoyos potenciales. Para el Reino Unido, implica la posibilidad de perder un respaldo clave en el plano internacional.

En paralelo, la respuesta británica se mantuvo sin cambios: reafirmación de soberanía y defensa del principio de autodeterminación. La dinámica, entonces, no muestra aún un corrimiento concreto, pero sí una mayor exposición del conflicto en la agenda global.

En el plano económico, el avance de proyectos petroleros offshore en la zona —con inversiones proyectadas superiores a los US$ 2.000 millones a partir de 2028— agrega un vector adicional de tensión. El control de recursos energéticos aparece como factor estructural detrás de las posiciones políticas.

Un escenario abierto entre oportunidad y cautela

El Gobierno argentino parece apostar a una estrategia de doble carril: sostener el reclamo histórico con firmeza discursiva y, al mismo tiempo, adaptarse a un contexto internacional en transformación. La clave no está solo en lo que Argentina haga, sino en cómo evolucione la relación entre Estados Unidos, el Reino Unido y sus aliados.

En las próximas semanas, el foco estará puesto en dos variables: si la revisión del apoyo estadounidense se traduce en decisiones concretas y si ese eventual cambio impacta en la disposición británica a negociar. También será relevante observar si la Argentina logra traducir los respaldos diplomáticos en una instancia formal de diálogo.

Por ahora, el conflicto no cambia de eje, pero sí de contexto. Y en política internacional, ese desplazamiento puede ser más determinante que cualquier declaración.

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Milei habló de un reconocimiento especial para los veteranos de Malvinas y prometió mejores salarios para las Fuerzas

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El 2 de abril, en el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, el presidente Javier Milei transformó una conmemoración en señal política: anunció un reconocimiento especial a los veteranos para 2027, mejoras salariales para las Fuerzas Armadas y la decisión de destinar el 10% de los ingresos fiscales provenientes de privatizaciones al sistema de Defensa.

El dato no es menor. En un contexto de ajuste fiscal y redefinición del Estado, el Gobierno introduce una excepción estratégica: priorizar el financiamiento militar. La pregunta queda planteada: ¿se trata de un giro estructural en la política de defensa o de un movimiento táctico para consolidar una narrativa de autoridad y soberanía?

De la conmemoración a la política pública

El anuncio se inscribe en un marco institucional claro: el Presidente anticipó un decreto para que en 2027, al cumplirse 45 años de la guerra, la Secretaría General de la Presidencia otorgue una distinción a los veteranos. No es solo un gesto simbólico. Funciona como punto de anclaje de una agenda más amplia que busca reposicionar a las Fuerzas Armadas dentro del esquema estatal.

El mensaje oficial articula tres ejes. Primero, el reconocimiento de una “deuda histórica” con el personal militar. Segundo, la intervención sobre áreas sensibles como la obra social, con una reorganización orientada a reducir gastos administrativos y garantizar cobertura. Tercero, el componente presupuestario: asignar parte de los ingresos por privatizaciones a equipamiento y bienes de capital.

En términos operativos, el Gobierno traduce conceptos abstractos —soberanía, defensa, reconocimiento— en decisiones concretas: financiamiento, salarios y estructura institucional. Ese pasaje es clave para entender el alcance político del anuncio.

Recursos, relato y correlación de fuerzas

La decisión de vincular el financiamiento de Defensa con las privatizaciones introduce un elemento de lectura estratégica. El Gobierno conecta dos agendas centrales —reforma del Estado y seguridad nacional— y redefine prioridades en el uso de recursos.

Esto impacta en varios niveles. Por un lado, fortalece la posición del Ejecutivo frente a las Fuerzas Armadas, al ofrecer mejoras salariales en un contexto de restricciones. Por otro, envía una señal hacia el sistema político: la defensa nacional se instala como política de Estado, más allá de la coyuntura.

También hay una dimensión externa. El discurso reafirma el reclamo sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y anticipa respuestas diplomáticas frente a iniciativas sobre recursos en la cuenca Malvinas Norte. La referencia a inversiones en el yacimiento Sea Lion introduce un componente económico concreto en la disputa geopolítica.

Sin embargo, el esquema abre interrogantes. La asignación de fondos dependerá del volumen efectivo de privatizaciones, lo que condiciona la sostenibilidad del financiamiento. Al mismo tiempo, el énfasis en Defensa podría tensionar otras áreas del gasto público en un contexto de caída de ingresos.

Entre el giro estratégico y la construcción política

El Gobierno plantea la reconstrucción de las Fuerzas Armadas como un proceso de largo plazo y como política de Estado. Pero la temporalidad de los anuncios —reconocimiento en 2027, financiamiento atado a privatizaciones— sugiere una combinación de estrategia y gradualismo.

En el corto plazo, el foco estará en la implementación: cómo se traduce la mejora salarial, qué alcance real tiene la reorganización institucional y qué volumen de recursos logra canalizar el nuevo esquema. En paralelo, la política exterior sumará presión, con el frente Malvinas activo y la vigilancia sobre actividades en la región.

La decisión abre una nueva fase en la agenda del Gobierno. No solo redefine el lugar de las Fuerzas Armadas, también reintroduce la defensa como eje de poder estatal. Queda por ver si ese movimiento logra consolidarse como política sostenida o si queda condicionado por las variables económicas y el escenario internacional.

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El Gobierno dispuso el traslado definitivo del Sable Corvo de San Martín al Regimiento de Granaderos

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El Poder Ejecutivo nacional ordenó el traslado del Sable Corvo del Libertador General Don José de San Martín a la sede principal y cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el objetivo de garantizar su preservación, seguridad y custodia permanente. La medida fue formalizada mediante el Decreto 81/2026, firmado el 2 de febrero de 2026, y deroga expresamente el Decreto N° 843/2015, que había dispuesto su exhibición permanente en el Museo Histórico Nacional.

La decisión tiene un fuerte peso institucional y simbólico: redefine el esquema de guarda de uno de los bienes históricos más relevantes del patrimonio nacional y refuerza el rol del Regimiento de Granaderos como custodio de los símbolos fundacionales del Estado argentino.

Un símbolo del patrimonio histórico bajo custodia militar

El decreto recuerda que el Sable Corvo integra el patrimonio histórico de la Nación y constituye “uno de los símbolos más representativos de la soberanía nacional y de la consolidación de la independencia”. Donado al Estado Nacional en 1897, el arma fue incorporada al acervo público con el fin de asegurar su preservación y custodia estatal como testimonio material del proceso emancipador.

El texto oficial detalla que el sable fue objeto de hechos ilícitos en dos oportunidades, en 1963 y 1965, cuando se encontraba bajo guarda del Museo Histórico Nacional. Si bien fue recuperado en ambos casos, esos episodios motivaron un cambio de criterio en materia de seguridad. Como consecuencia, el Decreto N° 8756/1967 dispuso su guarda y custodia definitiva por parte del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, unidad creada por el propio Libertador.

Posteriormente, en 2015, el Decreto N° 843 estableció su traslado al Museo Histórico Nacional para exhibición permanente, aunque manteniendo la custodia formal del Regimiento. Esa decisión queda ahora sin efecto.

El rol del Regimiento y el valor institucional del Cuartel de Palermo

El decreto subraya que el Regimiento de Granaderos a Caballo ha tenido históricamente a su cargo la custodia del Jefe Supremo de la Nación y de los símbolos más relevantes de la historia argentina, constituyendo “una expresión de la continuidad institucional que vincula los orígenes de la República con el presente del Estado Nacional”.

En ese marco, se destaca también el valor del Cuartel de Palermo, ubicado en la Avenida Luis María Campos N° 554, declarado Monumento Histórico Nacional por el Decreto N° 1109/1997. El conjunto edilicio y sus jardines están directamente asociados a la figura del Libertador y a la tradición republicana argentina, lo que refuerza —según el Poder Ejecutivo— la coherencia histórica del traslado.

El Gobierno considera que la guarda del Sable Corvo en ese ámbito “restituye su contexto histórico propio” y garantiza condiciones adecuadas de conservación, seguridad y jerarquía institucional, en línea con el legado sanmartiniano.

Alcances de la medida

El Decreto 81/2026 establece que el sable quedará bajo la guarda y custodia exclusiva del Regimiento de Granaderos a Caballo, que será responsable de su preservación, seguridad e integridad conforme a las normas y protocolos aplicables. La decisión se inscribe, según los considerandos, en una política del Estado Nacional orientada a “honrar la historia nacional” y asegurar una administración responsable del patrimonio público.

Desde el punto de vista institucional, la derogación del decreto de 2015 implica un cambio relevante en el vínculo entre el Museo Histórico Nacional y uno de los objetos más emblemáticos de su acervo histórico reciente. Al mismo tiempo, reafirma el rol de las Fuerzas Armadas —en este caso, a través de una unidad histórica— en la custodia de símbolos fundacionales del orden republicano.

La medida fue dictada en uso de las facultades conferidas por el artículo 99, inciso 1, de la Constitución Nacional y contó con la intervención del servicio de asesoramiento jurídico correspondiente.

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El sincero patriotismo no se agota en declamaciones huecas

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Para algunas cuantas pobrezas mentales en grados muy profundos, existentes tanto en oligarcas como en otros muy poco pensantes civiles, así como en altos porcentajes de muy confusos uniformados con fuertes cargas ideológicas proceseras (léase atiborrados de liberalismo, que no entienden ni razonan, pero que es doctrina claramente antinacional); el patriotismo solo se expresa y parecería consistir en las exteriorizaciones muy cargadas de simbolismos grandilocuentes, vinculadas a los símbolos patrios; básicamente en las estentóreas declamaciones y gestualidades acentuadas, respecto al himno nacional y la bandera patria; pero carente de todo concepto concreto y tangible.

Más allá de las formalidades simbólicas de himno y bandera, a esos confusos varios en grados superlativos, ni se les ocurre valorar y defender al pueblo de a pie, a las infraestructuras socio económicas, a las industrias y a los muy respetables y prestigiosos entes tecnológicos nacionales; ni a la soberanía en concreto (pisoteada con alevosía por el accionar libertario).

No solo no entienden ni valoran al propio pueblo, sino que se puede ver a uniformados de las fuerzas de seguridad, agredir con evidente saña y crueldad, mostrando el profundo lavado cerebral cargado de odio contra el propio pueblo, reprimiendo a ancianos jubilados, personal de la salud, universitarios, y otros sectores sociales, al manifestarse pacíficamente en las calles.

Y no faltan oligarcas o clases medias “oligarcas aspiracionales”, que festejan y se solazan, ante las salvajes represiones contra el pueblo disconforme con el desastre socio económico generalizado premeditadamente ejecutado.

Está muy bien respetar profundamente los símbolos patrios, tratando con el mayor respeto a la enseña nacional, y cantar en muy alta voz nuestro hermoso himno; pero si esas exteriorizaciones patriotas no están apoyadas por los claros y decididos apoyos a los componentes concretos en los que se sustenta La Patria, se está en presencia del muy nocivo “patrioterismo de bandera” (concepto creado por quien suscribe), el mismo que el sincero patriota Dr. Carlos Julio González llama irónicamente “patrioterismo cromático y musical” (en clara alusión a la bandera y el himno); pasando a ser hueca simbología carente de contenido, si no se defiende el territorio, los espacios marítimos y aéreos; si no se valora, respeta y cuida a nuestra población con todo el bagaje cultural y todas las infraestructuras (sociales, educativas, sanitarias, etc.); y si no se conoce, defiende y se estimula el desarrollo socio económico.

Dentro de ese señalado conjunto de actividades muy positivas, agredidas por libertarios y neoliberales, cabe definir a todas las actividades productivas, particularmente las que poseen probadamente grandes efectos multiplicadores, como las industrias, los entes tecnológicos, y las actividades productivas en general.

Lamentablemente, no solo el grueso de los uniformados demuestra no tener ni idea acerca de la enorme importancia de poseer y de defender a las industrias, a los entes creadores de tecnologías y a las Universidades Nacionales.

También varias instituciones que nuclean a importantes sectores productivos (como la Sociedad Rural Argentina, la Unión Industrial Argentina, y muchas -¿o todas?- las confederaciones económicas provinciales), contra toda lógica y evidenciando nulo patriotismo en concreto, apoyaron entusiasta y muy activamente a las medidas y planes económicos de probados efectos destructivos, como son los de orientaciones liberales, neoliberales y hoy libertarios, que afectan gravemente a nuestro país, pisotean la soberanía, e incluso en muchos casos afectan a esos empresarios que irracionalmente las apoyan.

Está en serio riesgo nuestro país, con serias amenazas que, si no las enfrentamos, nos empujarán a la disolución nacional, o alternativamente, nos podrán convertir en un narco Estado fallido e indefenso.

Las severas confusiones y las profundas ignorancias que se instalaron y profundizaron, acentúan el hueco patrioterismo meramente declamativo, que solo suma erróneas y huecas posturas.

Por caso, son muy frecuentes las estentóreas manifestaciones respecto al muy sensible tema de las usurpaciones imperiales perpetradas en nuestros territorios insulares y el mar adyacente. Pero en ese aquelarre de ignorancias profundas, muchos opinantes expresan “¿que tiene que ver Malvinas con la Geopolítica?”; mientras que otros, cargados de burdos prejuicios instalados en los cuarteles e institutos militares contra “la política”, con nulidad de razonamientos expresan -palabras más o menos- que “la política nada tiene que ver con el tema de Malvinas”.

Desprecian a “la política”, no razonando que Política es el Arte de Gobernar, por lo que los proceseros que usurparon el poder formal, también ejecutaron acciones políticas.

Para peor, como no entienden nada, y no pueden refutar nada, montan en cólera en muchos casos con profusión de groserías de la peor bajeza, negándose a todo razonamiento…y se creen “la reserva moral de la Patria”.

Necesitamos auténtico patriotismo, con coraje cívico y la necesaria apertura mental, para impedir el desguace nacional en plena perpetración.

Como dijera el gran patriota Manuel Belgrano, al expirar: “Ay, Patria mía”; seguramente sabiendo que Rivadavia y sus secuaces, unitarios y de ideología apátrida liberal, operaban para desguazar el territorio y para convertirnos en un protectorado británico, como las colonias sometidas al saqueo de las potencias imperiales, como lo perpetraban en la sufrida África y en buena parte de Asia del siglo XIX.

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La soberanía de un campesino

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¿Que hay sino más soberano que personas que llevan generaciones asentadas en un terreno produciendo sus propios alimentos de manera tan resiliente que sus hijos tengan las mismas o mejores condiciones de producción que sus padres?

Más allá del respeto implícito a los productores de alimentos que, en el caso de la provincia de Misiones, abarcan el 64% de comida consumida en dicha provincia, las familias campesinas merecen reconocimiento por la libertad que hoy ejercen en su asentamiento. A continuación se señalan algunas de las dimensiones en las que estos ejercen sus libertades.

Soberanía alimentaria: el campesino tiene a su disposición comida que él mismo produce y está en él la decisión de si producir con o sin venenos y, de no hacerlo, sabe que lo que come es sano. Tiene a su disposición las plantas alimenticias no convencionales (P.A.N.C) que correspondan a su localidad, lo cual le provee de alimentos sanos sin esfuerzo extra. su vínculo con los animales que cría para alimento es mucho más sano y mucho más eficiente en cuanto al respeto y cuidado que quienes se autoproclaman ecofriendly por comprar verduras transgénicas de latifundios de otro continente antes que comer carne. Ante los ojos de un chacarero, estas personas simplemente son ingenuas.

Soberanía de tiempo: Si bien el campesino se ve obligado en la mayoría de los casos a vender su fuerza de trabajo, éste está aislado del ruido y de los ritmos que impone la ciudad con sus alarmas “Morning Flower”. Si un día se siente cansado, va y se echa a dormir, sabiendo que al día siguiente estará mejor y podrá ser más eficaz en sus labores cotidianas. sus tiempos son los de sus plantas que espera pacientemente ver fructificar. Su preocupación es si este invierno caerá helada y no si hoy llegará tarde al trabajo y luego le echarán, porque él, aunque sin saberlo, es el sueño de todo joven emprendedor que anhela ser su propio jefe trabajando más duro. En contraste, el filosofo surcoreano Byung-Chul Han retrata las sociedades “exitosas” como la de su pais, que encabeza el ranking de vanguardia tecnológica, a la vez que ocupa el segundo lugar en el ranking de tasa de suicidio segun la OMS  «La aceleración actual tiene su causa en la incapacidad general para acabar y concluir. El tiempo aprieta porque nunca se acaba, nada concluye porque no se rige por ninguna gravitación», señala Han en “El aroma del tiempo”.

Soberanía de pensamiento: Es soberano de la influenciabilidad que propicia la sobreestimulación en la sociedad de consumo: Esto abarca desde estar parcialmente aislado de la cultura globalizada de las redes sociales, sus trends y memes (simplificando así su sentido de humor y satisfacción en general), hasta la estimulación que genera el marketing que funciona tanto en las vidrieras de los locales como en la propaganda pro-consumo de la industria cinematográfica, televisiva, radiofónica, etc. La parcialidad de este aislamiento radica en que si bien la mayoría de los campesinos tiene un smartphone, éstos no consumen el mismo contenido que alguien criado en la urbanidad, pues su educación en tanto a la relación con el éxito, el placer y el trabajo son distintas a la de alguien que vive en la ciudad.

Soberanía energética: Si desea ir a un lugar lejano, ensilla su caballo y sale temprano. Si desea arar la tierra para plantar encanga los bueyes y si desea hacerse su comida arrima unos tizos e inicia un fuego. En este sentido, las familias campesinas son la ventana al pasado a la vez que lo son hacia el futuro: Las familias que aún replican las técnicas tradicionales de producción agrícola aprendidas de sus antepasados, son la prueba de que la tecnología preindustrial (que fue ocultada por empresas que priorizan sus ganancias antes que la salud y bienestar de la gente) es clave para un tránsito funcional al decrecimiento.

Soberanía de oficios: El mismo aislamiento que le significa vivir en el campo o la chacra, provoca que no tenga a su disposición un herrero, un plomero o un electricista al que pueda pagar para que solucione sus problemas. Es por ello que cada campesino deberá encontrar la forma de aprender a resolver sus problemas, o, si le es posible, recurrir a sus escasos vecinos que, quizá, sepan un poco más que ellos del asunto, solo para que los mismos ahora también aprendan, para no molestar al vecino nuevamente.

Soberanía de seguridad: el aislamiento también lo aleja de las grandes masas de personas de la ciudad, dentro de las cuales hay algunas que querrán ir a robarle. En cambio, si se vive en el monte, uno tiene perros o gansos que le avisan ante la llegada de un extraño, a su vez que al extraño se le dificultará bastante encontrar la casa de este chacrero y decidirá ir a la ciudad. Como si esto fuera poco, los mismos vecinos del chacrero le avisarían de haber alguna persona o actividad fuera de lo común. Si un campesino se ve comprometido en su situación económica tiene más recursos para subsistir que si estuviera en la ciudad, por lo que es menos propicio a salir a robar por necesidad.

Nada más que un pequeño porcentaje de las familias campesinas de la región es soberana en todos los sentidos antes expuestos, debido a fenómenos como el éxodo rural o el desembarco de la cultura del consumo que éstos reciben a través de las redes sociales. Sin embargo, los hay quienes cumplen con la mayoría o inclusive todos los puntos. Esto implica que existen personas que merecen un especial reconocimiento por dicha cualidad de soberano que le convierten en vanguardia no solo técnica sinó de calidad humana y por tanto en ejemplo para todo el mundo.

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