Soja

La cosecha de soja en Paraná crecerá un 4% y alcanzará 21,96 millones de toneladas

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El Departamento de Economía Rural (Deral), dependiente de la Secretaría de Estado de Agricultura y Abastecimiento de Paraná (Seab), publicó este jueves 31 nuevas proyecciones para la cosecha de granos 2025/26 en el estado.

La producción de soja se estima en 21,96 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 4% respecto a la temporada anterior, cuando se obtuvieron 21,18 millones de toneladas.

La superficie cultivada se mantiene prácticamente estable: 5,776 millones de hectáreas, frente a 5,770 millones del ciclo 2024/25. El Deral destaca que el ritmo de siembra de la oleaginosa sigue acelerado, favorecido por buenas condiciones climáticas y humedad adecuada en el suelo.

Hasta el momento, el 71% del área total prevista ya fue sembrada, con el 97% de los cultivos en buenas condiciones y el 3% restante en estado regular.

El maíz de verano crecerá un 13% y alcanzará 3,46 millones de toneladas

El informe también muestra optimismo para el maíz de verano. La cosecha proyectada para 2025/26 es de 3,46 millones de toneladas, lo que implica un crecimiento del 13% respecto a la producción anterior (3,05 millones de toneladas).

La superficie sembrada aumentó un 20%, pasando de 281,3 mil hectáreas a 337,8 mil hectáreas. A pesar de esa expansión, la productividad promedio tendrá una ligera caída, situándose en 10.237 kg/ha, frente a los 10.862 kg/ha del ciclo pasado.

El trigo confirma una productividad récord pese a la reducción del área cultivada

La cosecha 2024/25 de trigo, que se encuentra en su fase final, también muestra resultados destacados.
Según el Deral, Paraná alcanzará una productividad récord, superando los 3.173 kg/ha registrados en 2016, pese al exceso de lluvias durante el ciclo.

El área cultivada se redujo un 25%, pasando de 1,11 millón a 818,9 mil hectáreas.
Aun así, la producción total crecerá un 18%, llegando a 2,75 millones de toneladas, frente a las 2,32 millones obtenidas en 2023/24.

El Deral informó que la cosecha de trigo ya alcanzó el 83% de los 819 mil hectáreas sembradas en 2025. Los días soleados recientes ayudaron a la secada natural de los granos y aceleraron los trabajos en el campo.

En las áreas ya recolectadas, la productividad promedio supera los 3.300 kg/ha, y se espera que los resultados sean aún mejores en el sur del Estado, donde la cosecha se concentrará en las próximas semanas.

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El despertar de Argentina y la América rural

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¿Está la América rural empezando a desenamorarse de Donald Trump?

Expertos en políticas públicas como yo llevamos décadas señalando que si los estadounidenses rurales votaran basándose en su propio interés informado, apoyarían a los demócratas, no a los republicanos. Los republicanos intentan constantemente desmantelar los programas apoyados por los demócratas que beneficiaban a los estados rurales, como el gasto en Medicaid, el SNAP (el programa de nutrición suplementaria antes conocido como cupones de alimentos) y los almuerzos escolares. Trump también está recortando los subsidios para programas de energía verde como parques solares y turbinas eólicas, subsidios que se destinaron desproporcionadamente a estados republicanos . ¡Iowa obtiene el 63 % de su electricidad de la energía eólica!

Además, estos programas, en efecto, subsidian las zonas rurales con los ingresos obtenidos en las zonas urbanas: dado que las zonas rurales tienen ingresos más bajos que las urbanas, los estadounidenses rurales pagan una proporción relativamente pequeña de los impuestos que financian estos programas. Por lo tanto, el “gran gobierno” demócrata beneficia enormemente al interior del país.

Sin embargo, el interés económico personal ha sido inundado por la ” conciencia rural “. Esta conciencia se basa en la creencia de que las élites urbanas altamente educadas no comprenden ni valoran la cultura y la vida rurales. Y admito que esta creencia contiene una pizca de verdad. Es poco probable que las élites urbanas comprendan plenamente el apego de los estadounidenses rurales a un lugar en particular y sus ritmos de vida desgastados por el tiempo. Atrincherados en trabajos asalariados, los habitantes urbanos desconocen la ansiedad constante de ser agricultor o propietario de una pequeña empresa en el corazón del país. Décadas de ser golpeados por los cambios económicos (desindustrialización, consolidación y corporativización agrícola, despoblación, pérdida de vínculos comunitarios, junto con la pérdida de empleos, en particular los empleos “codificados para hombres”) han dejado a los estadounidenses rurales sintiéndose a la deriva, marginados y resentidos.

Y esto creó una oportunidad que la derecha pudo aprovechar. De forma similar a cómo Trump difundió fantasías sobre un resurgimiento de la industria manufacturera o el regreso de los empleos en la minería del carbón, MAGA aprovechó el profundo descontento en las zonas rurales de Estados Unidos para inculcar la creencia de que solo los republicanos, y Trump en particular, respetan a los votantes rurales. Pero esto es falso: MAGA, en realidad, desprecia a sus votantes más leales.

Y la realidad de este desprecio está empezando a mostrarse, no, al menos hasta ahora, a través de los salvajes recortes a la atención médica del One Big Beautiful Bill, que serán especialmente devastadores para las áreas rurales, sino a través de la extraña fijación de la administración Trump en ayudar al presidente Javier Milei de Argentina.

Lo cierto es que la América rural depende aún más que la América urbana de los programas que ahora están en peligro de ser recortados. El Grupo de Innovación Económica, un grupo no partidista , ha identificado en qué lugares de Estados Unidos la gente depende en gran medida de las transferencias gubernamentales para obtener sus ingresos: los condados donde una gran parte de los ingresos proviene de programas gubernamentales, indicados en amarillo, se encuentran mayoritariamente en zonas rurales, mientras que los lugares donde dicha ayuda desempeña un papel relativamente menor (azul claro) corresponden principalmente a las principales áreas metropolitanas.

Fuente

¿Por qué las zonas rurales de Estados Unidos se han vuelto cada vez más dependientes de la ayuda gubernamental? La principal respuesta es la disminución de las oportunidades económicas, que ha provocado un éxodo de jóvenes, dejando atrás a una población de mayor edad que depende de la Seguridad Social y Medicare. Incluso los residentes rurales más jóvenes tienen bajos ingresos que les permiten acceder a programas basados ​​en la evaluación de recursos, sobre todo Medicaid y cupones de alimentos.

No debería haber vergüenza alguna en que las zonas rurales de Estados Unidos reciban subsidios de las zonas más pudientes del país. Al fin y al cabo, eso es lo que se supone que debe hacer una red nacional de seguridad social. Pero debería hacer que los votantes rurales se opongan a los políticos que apoyan planes como el Proyecto 2025 para desmantelar esa red de seguridad, lo cual empobrecerá profundamente a las regiones ya pobres y degradará la vida incluso de quienes no reciben ayuda personalmente; por ejemplo, al provocar el cierre de muchos hospitales rurales, lo que hace que la atención médica sea inaccesible incluso para quienes aún tienen seguro médico.

Sin embargo, el año pasado los votantes rurales votaron abrumadoramente por Trump. ¿Por qué?

Muchos sentían claramente que las élites urbanas educadas no entendían sus vidas ni sus valores, lo cual es cierto. La mayoría de la gente en Nueva York o Los Ángeles no tiene una idea clara de cómo es la vida en la América rural. Pero lo contrario también es cierto: muchos, quizás la mayoría de los estadounidenses rurales, imaginan que la ciudad sorprendentemente segura y habitable donde escribo esto es un infierno plagado de delincuencia, que Chicago y Portland son “zonas de guerra”, etc.

Los votantes rurales también podrían haber imaginado que estarían protegidos del duro trato que se les daba a las ciudades demócratas. Después de todo, nuestro sistema político otorga a los votantes rurales una influencia desproporcionada. Wyoming y las dos Dakotas juntas tienen aproximadamente la misma población que Brooklyn, pero tienen 6 senadores, mientras que Brooklyn tiene que compartir dos senadores con otros 16 millones de neoyorquinos.

Por ambas razones, los votantes rurales ignoraron o se negaron a creer las advertencias de que una victoria de Trump en 2024 sería catastrófica para el interior del país, que programas cruciales serían destruidos y que la economía agrícola sería devastada por las guerras comerciales de Trump.

Pensé que los votantes rurales finalmente empezarían a darse cuenta de que les habían engañado cuando empezaron a aplicarse los recortes. Esto empezará a ocurrir el mes que viene, cuando los 22 millones de estadounidenses, muchos de ellos en zonas rurales, que reciben subsidios para comprar seguro médico bajo la Ley de Atención Médica Asequible (ACA), vean cómo sus primas se disparan, en promedio, más del 100 % . Sucederá aún más drásticamente a finales del año que viene (después de las elecciones intermedias), cuando entren en vigor los grandes recortes a Medicaid y los cupones de alimentos.

Un aparte: cuando fui a la página del gobierno correspondiente para buscar datos sobre cupones de alimentos, me encontré con este banner:

Así no es como se supone que debe funcionar el gobierno para el pueblo y no deberíamos perder nuestro sentido de indignación.

Pero volvamos a un posible despertar rural: podría estar comenzando antes de lo previsto, gracias, entre otras cosas, a los esfuerzos de la administración Trump por rescatar al argentino Javier Milei.

El intento de Trump y Scott Bessent, el secretario del Tesoro, de enviar 20.000 millones de dólares a Argentina no es gran cosa comparado con los drásticos recortes planeados a programas cruciales. Pero es una clara muestra de la hipocresía de la administración. Después de toda la retórica de “América Primero”, de toda la insistencia en recortar drásticamente el gasto, de repente estamos enviando grandes cantidades de dinero a un país extranjero en el que no tenemos ningún interés real, salvo el hecho de que su presidente es un favorito de MAGA. No sé cuántos votantes son conscientes de que estas medidas son, en gran parte, un intento de rescatar a los fondos de cobertura amigos de Bessent, pero creo que se está filtrando la sensación de que algo anda mal y es corrupto.

Además, desde el punto de vista de los agricultores, Argentina es un rival: un gran exportador de soja en un momento en que la guerra comercial de Trump ha dejado a nuestros propios agricultores fuera del mercado chino.

Y como se enfatizó en una conversación reciente entre Greg Sargent y un activista demócrata rural, los agricultores se han mostrado conmocionados e indignados por la sugerencia casual de Trump de que podría empezar a comprar carne argentina para venderla en el mercado estadounidense. Esto da la impresión de que a Trump no le importan en absoluto sus seguidores más leales, una impresión completamente correcta.

No deberíamos esperar que la América rural dé un giro de 180 grados y abandone a Trump. Sargent nos remite al lamento de un ganadero que califica la idea de comprar carne argentina de “traición absoluta”, pero empieza diciéndole a Trump: “Te queremos y te apoyamos”. La magnitud del engaño a los estadounidenses rurales les dificultará admitir su error.

Pero al menos hay indicios de un despertar rural. Y por el bien de la nación que comparten los estadounidenses urbanos y rurales, no puede ser más rápido.

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Misiones en Venta: ¿Comida en la mesa o dólares en pocas manos?

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En la provincia de Misiones existen alrededor de 27.000 familias campesinas, pero, ¿Por qué son importantes? ¿Por qué no sería mejor que se muden a la ciudad y que sus campos pasen a ser cultivos de soja que nos traiga dólares del exterior?

En menos de 75 años la provincia paso de tener a 7 de cada 10 personas viviendo en la chacra a hoy tener 8 de cada 10 viviendo en la ciudad según los censos poblacionales realizados desde 1947. Esto representa una caída del 50%. Pero, ¿Qué pasó?

A continuación, la línea de tiempo con los sucesos que determinan la realidad actual:

  • El “Gran quiebre” ocurrió entre las décadas de los 60s – 70s, y fue consecuencia de factores como: La crisis del modelo yerbatero y forestal tradicional. El auge de los cultivos industriales (té, tung) que, si bien son agrícolas, requieren menos mano de obra por unidad de superficie. El inicio de la expansión de la frontera agropecuaria con el cultivo de tabaco que, si bien es rural, impulsó la concentración en pequeñas localidades.
  • Aceleración y Estancamiento (Décadas de 1980-1990): La urbanización se acelera. Es clave notar que, en el censo de 2001, la población rural absoluta dejó de crecer (291.788 en 1991 vs. 291.240 en 2001). Esto indica que el crecimiento poblacional natural (nacimientos) se estaba trasladando completamente a las ciudades.
  • Éxodo Acelerado (Censo 2010): Este censo marca un hito dramático. No solo bajó el porcentaje rural, sino que la cantidad absoluta de personas viviendo en áreas rurales se redujo en casi 36.000 personas. Esto es la definición pura de éxodo: la gente está abandonando el campo.
  • Consolidación de la Tendencia (Censo 2022): La población rural representa solo el 17,1% del total. Misiones se consolida como una provincia urbana, con una densidad creciente en el corredor de la Ruta Nacional 12 y un despoblamiento relativo de las áreas más alejadas.

Despoblamiento Rural y Desintegración Social: Como vimos en los datos del éxodo, la migración a las ciudades genera cordones de pobreza urbana. Las familias llegan a las periferias de las ciudades sin trabajo, hacinadas y sin acceso a servicios dignos. Se pierde el tejido social y cultural de las comunidades rurales, con saberes y tradiciones que se transmitieron por generaciones.

A este caos se le suma otro fenómeno mas reciente, el cual también constituye hoy una porción del sector productivo:

Éxodo Urbano en Misiones: El Sueño Rural vs. la Realidad: Se trata de un fenómeno reciente, impulsado post-pandemia, donde un número pequeño pero significativo de personas deja la ciudad para mudarse al campo misionero.

¿Quiénes son?

  • Perfil: Familias o profesionales jóvenes de clase media urbana (ej: de Posadas, Buenos Aires).
  • Motivación: Búsqueda de una vida más sana y natural, lejos del estrés urbano. Muchos son “nómades digitales”.

¿Por qué Fracasan Masivamente?
La idealización choca con una realidad compleja:

  1. Subestimación del Trabajo Rural: Llegan sin los conocimientos prácticos esenciales (siembra, cría de animales, oficios como albañilería). Subestiman el esfuerzo físico extremo y una curva de aprendizaje muy empinada.
  2. “Shock” de Infraestructura: Se encuentran con:
  • Internet inestable o nulo, un problema grave para teletrabajar.
  • Servicios básicos deficientes (cortes de luz, falta de agua corriente).
  • Caminos intransitables y lejanía de centros de salud y comercios.
  1. Inviabilidad Económica: Sus proyectos (huertas orgánicas, cabañas turísticas) suelen fracasar por:
  • Falta de un plan de negocios realista.
  • Altísima inversión inicial y retorno lento.
  • Dificultad para comercializar y competir con productores locales.
  1. Aislamiento Socio-Cultural: Sufren soledad, extrañan su red de contención urbana y les cuesta integrarse en comunidades rurales con códigos sociales muy consolidados.
  2. Brecha de Expectativas: Buscan “tranquilidad” pero encuentran una “vida dura”: monotonía, trabajo sin horarios, insectos, barro y clima adverso.

El fracaso de este éxodo se debe a la romantización de la vida rural sin una preparación adecuada para sus demandas físicas, económicas y logísticas. La ilusión de una “vida sencilla” se estrella contra la compleja realidad del trabajo y la vida en el campo.

¿Es debatible, la disputa entre la agroecología/multiproductividad y el agronegocio, siendo que estas constituyen al estado natural de las chacras locales antes del “gran quiebre”?

Hoy, se intenta elevar a carácter de “debate” la disyuntiva (chacra familiar – latifundio de monocultivo) con inescrupulosos argumentos como: “La agricultura del monocultivo transgénico a escala generará mucho más empleo que ponerse a plantar tomates y zapallo”. Expliquémoslo con manzanas: ¿Qué genera más puestos de trabajo? 1.000 hectáreas repartidas entre 40 familias campesinas que producen sandía, melón, tomate, morrón, lechuga y rúcula para luego vender sus productos en ferias francas de su pueblo? ¿O darle las 1.000 hectáreas a una sola empresa privada para que plante soja, fumigue escuelas, ríos y viviendas con glifosato, y luego venda los granos que cocechó a una empresa china? En síntesis: No podemos darnos el lujo de perder tiempo debatiendo esto.

Pero… ¿Y los dólares que nos daría la soja?

Las exportaciones de soja generan divisas que el país necesita para importar otros productos y pagar deuda. Sin embargo, la ganancia se concentra en unos pocos eslabones de la cadena: los grandes productores, las empresas de insumos (como Bayer/Monsanto), las cerealeras exportadoras y el sector financiero. Una mínima parte de esa riqueza vuelve a las regiones donde se produce, y casi nada llega a los trabajadores rurales o a las comunidades afectadas por los agroquímicos. El “Efecto Derrame” es Débil: La teoría dice que esta riqueza se “derramará” al resto de la economía. En la práctica, gran parte de esas ganancias se fugan al exterior (repatriación de utilidades de empresas multinacionales) o se invierten en sectores no productivos (especulación financiera, bienes raíces en ciudades).

No se trata de un simple “no está bien” desde una perspectiva moral, sino de las consecuencias socioeconómicas, ambientales y culturales que este proceso desencadena.

Estamos hablando de:

  • Pérdida de la Agricultura Familiar y Soberanía Alimentaria: Las chacras misioneras producen alimentos para el mercado local: mandioca, poroto, maíz, verduras, frutas, cerdos, aves. El agronegocio de la soja produce commodities para exportación (porotos, aceite, harina). No son alimentos que se consumen directamente. Si se reemplaza la primera por el segundo, la provincia se vuelve dependiente de importar alimentos de otras regiones, encareciendo la canasta básica y perdiendo control sobre su propia alimentación.
  • Concentración de la Tierra y Desigualdad: El modelo de agronegocio requiere grandes extensiones de tierra para ser rentable. Esto lleva a la concentración de la propiedad en pocas manos (grandes pools de siembra o empresas). Se pasa de un modelo de muchos pequeños propietarios a uno de pocos grandes terratenientes y una masa de población desarraigada.
  • Impacto Ambiental Crítico: La agricultura familiar suele ser más diversificada y, en muchos casos, más amigable con el monte nativo. El agronegocio, en cambio, se basa en el monocultivo a gran escala, que: Agota los nutrientes del suelo. Deforesta para expandir la frontera agropecuaria (en Misiones, esto sería sobre el ya reducido remanente de Selva Paranaense). Depende masivamente de agrotóxicos (herbicidas, pesticidas, fertilizantes sintéticos) que contaminan el suelo y el agua y afectan la salud de las comunidades aledañas.

La importancia de que las familias campesinas se arraiguen en sus chacras es clave para el desarrollo de la economía local, tanto para el sector productivo, como para la salud y el bolsillo de todos los ciudadanos de la provincia. Así de importante es defender al pequeño productor con variedad de cultivos en contraposición a los “pool de siembra” de monocultivo transgénico que pertenecen a empresas extranjeras cuyo fin último es explotar los minerales de la tierra, a costa de la salud del medio ambiente y de las comunidades locales, para llevar las ganancias a manos de grandes terratenientes y empresas extranjeras.

Por estos motivos, iniciativas emergentes como la lucha explicita contra Bayer/Monsanto (Que se traduce literalmente como: “Le compramos la enfermedad y la cura a la misma empresa”), la organización de productores para la deslegitimización de reclamos pro-glifosato, iniciativas como el proyecto “pan sin veneno” y toda iniciativa que defienda la soberanía alimentaria misionera sumados a el respaldo de un marco jurídico establecido por el Régimen de Impulso Integral de las Chacras Multiproductivas o la Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos dan en el clavo en cuanto al necesario apoyo para estas familias campesinas.

Ahora, vuelvo a preguntar: ¿Qué es mejor para la economía de los Misioneros? ¿Bayer/Monsanto o las familias chacreras?

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Agro: insumos algo más caros y un “doble castigo” que persiste

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Escriben Franco Artusso y Tobías Lucero, responsables de la sección Agroindustrial, Fundación Mediterránea. Luego de un primer relevamiento comparativo de precios de insumos agropecuarios en distintos países, esta actualización del trabajo analiza cómo evoluciona la competitividad asociada al costo de producir granos. Se vuelven a comparar precios de insumos y equipos agropecuarios en Argentina frente a los de otros países relevantes de la región y del hemisferio norte.

Se trata de una dimensión poco explorada en los análisis habituales sobre competitividad agropecuaria. Mientras que es frecuente medir la competitividad del sector desde el lado de los ingresos (comparar precios internos de los granos, tipos de cambio efectivos), son pocos los estudios que exploran los costos de producción (insumos, servicios, bienes de capital). Se sabe que el sector agropecuario argentino presenta serias desventajas en la comparación internacional por el lado de los ingresos, puesto que ninguno de sus competidores castiga la exportación de granos y derivados con impuestos a la exportación (“retenciones”), pero poco se conoce acerca de cómo se posiciona en materia de costos.

La información sobre este frente es escasa, en parte por los desafíos que implica su relevamiento:

En primer lugar, porque no existen bases de datos secundarias estandarizadas que permitan acceder de forma directa y sistemática a los precios de similares productos en distintos países, lo que obliga a recurrir a fuentes de información primarias y estrategias de relevamiento específicas, de tipo caso por caso.

En segundo lugar, porque a diferencia de los bienes de consumo masivo —para los cuales es relativamente más sencillo identificar productos similares en distintos países— los insumos agrícolas dependen de una cantidad diversa de factores (calidad y composición de los suelos, clima y tipos de cultivos predominantes, tecnología aplicada en los establecimientos, presencia de plagas específicas, regulaciones sobre el uso de determinados productos -ej. agroquímicos-, infraestructura y logística disponible para la distribución, etc.), que pueden ser significativamente distintos en cada país, lo que dificulta la elección de productos homogéneos para incluir en la comparación.

En tercer lugar, por ciertas limitaciones en las conclusiones a las que se puede arribar a partir de los resultados obtenidos. En efecto, aun cuando se logren salvar los dos puntos anteriormente mencionados, es decir, se pueda recolectar información confiable sobre precios de insumos comparables en distintos países, a menos que se conozcan las tecnologías específicas de cada país (dosis de cada insumo por unidad de medida, eficiencia con que se utilizan, etc.), la información obtenida puede ser insuficiente como para inferir linealmente el nivel de los costos a los que producen cada uno de ellos.

Para que se entienda este punto, un fertilizante puede ser utilizado y costar lo mismo en dos mercados (Brasil y Argentina), pero ello no implica necesariamente que costará lo mismo fertilizar los cultivos en estos dos países, dado que factores como la composición de los suelos y el clima de cada país influirán en las dosis efectivas de fertilizante (cantidad de litros o de kilos por hectárea) que son necesarias para lograr rendimientos similares en un determinado cultivo (toneladas de grano por hectárea). Estas diferencias y distintos parámetros de eficiencia determinarán en definitiva el costo final de fertilizar en cada país, aun cuando el insumo cueste lo mismo.

A pesar de estas complejidades, IERAL logró relevar precios en setiembre para cinco países: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos. El estudio abarca un total de trece bienes y servicios, clasificados en seis grupos: fertilizantes, herbicidas, fungicidas, transporte de carga, combustible y maquinaria (ver Tabla 1, precios expresados en dólares).

Más cara que todos

En términos generales, los resultados muestran que Argentina es más cara en dólares que los otros países en la mayoría de los 13 productos relevados, en concreto: es más cara en el 69% de los casos con respecto a Brasil, Uruguay y Paraguay (en los tres casos es más cara en 11 de los 13 productos); y en el 54% de los casos con respecto a Estados Unidos (7 productos).

Sin embargo, salvo excepciones, no se observan grandes brechas entre los precios que se pagan en Argentina con relación al promedio de los otros cuatro países: los fertilizantes resultan 5,8% promedio más caros en Argentina; herbicidas un 8,2%; y los combustibles (gasoil grado 2) un 3% más caros. Las excepciones que se encontraron fueron: 1) Maquinaria agrícola, con el caso de los tractores los cuales se ubican un 31% por encima del valor promedio de los demás países, pero ubicándose las cosechadoras un 7% por debajo del precio promedio de la región; y 2) fungicidas, donde Argentina se ubica un 7,8% más barato que los restantes países, solo por encima del valor de EE. UU. (23,0 usd / lt vs 22,3 usd / lt).

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea en base a Revista Márgenes Agropecuarios, CONAB, Agricultural Marketing Service (AMS – USDA), CATAC, Farmers Business Network, IF ingeniería en fertilizantes, Acerto Limited, Diesel Lange, AgChemical Solutions, Fomento Colonia Suiza, CREA, Sembrando Noticias y otras fuentes.

En suma, Argentina exhibe precios un poco más altos en dólares para la mayoría de los insumos relevados, incluso tratándose de bienes comercializables internacionalmente. Esto revela la existencia de distorsiones que encarecen la producción agropecuaria. Entre los factores explicativos pueden encontrarse: los resabios de las restricciones cambiarias, cargas impositivas acumulativas, regulaciones laborales muy rígidas, elevados costos logísticos internos, menor escala operativa y un contexto de mayor incertidumbre y volatilidad. Estos elementos, en conjunto, limitan el funcionamiento pleno de los mecanismos de arbitraje de precios y restan competitividad.

Teniendo en cuenta que el gobierno ha logrado avances importantes en materia de estabilización macroeconómica y cambiaria (afectado por el entorno de incertidumbre en el marco de las elecciones de medio termino), los desafíos de mediano plazo en términos de competitividad se trasladan al terreno microeconómico. Allí, el foco debe estar en mejorar el funcionamiento de los mercados de bienes y factores, reduciendo las distorsiones generadas por una trama de regulaciones, impuestos y regímenes laborales centralizados, diseñada en su momento para un tipo de organización económica —burocrática e intervencionista— que no arrojó buenos resultados en términos de crecimiento y desarrollo. Ese esquema debe dar paso a otro, que otorgue mayor libertad a los agentes privados para adaptar sus decisiones y organizar sus actividades productivas, de cualquier tamaño, en cualquier sector y región del país, en función de los recursos disponibles y las demandas locales e internacionales.

Por caso, no hay dudas que los costos de insumos y equipos agropecuarios locales están exacerbados por impuestos sobre ventas como Ingresos Brutos o tasas municipales sobre facturación de empresas, que otros países no aplican, y que al no reconocer como crédito el impuesto que las empresas pagan en sus compras, van generando el pago de impuesto sobre impuesto, y un sobrecosto que se traslada a los precios de los bienes a medida que estos recorren la cadena de valor. Avanzar en la sustitución de este tipo de tributación por impuestos más neutrales (caso del IVA) y en reformas en las otras áreas antes mencionadas, puede ser muy importante para acortar brechas de precios con los países con los que compite la producción local.

Dicho esto, no debe perderse de vista que el principal problema de la competitividad del sector agropecuario se encuentra por el lado de los ingresos y no de los costos, debido a que en Argentina los productores enfrentan derechos de exportación que reducen de forma directa el precio efectivo que reciben por sus productos, lo que tampoco ocurre en los demás países analizados.

Así, el agro argentino compite en el mercado internacional con una ecuación que sigue desequilibrada: insumos en general más caros y precios de venta más bajos. Superar este “doble castigo” resulta fundamental para recuperar competitividad y aprovechar plenamente el potencial productivo del sector.

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Más del 40 % de la producción nacional se conserva en silobolsas

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Lo que comenzó como una alternativa para resolver la falta de capacidad en acopios y puertos se convirtió en un verdadero cambio de paradigma en la poscosecha. El silobolsa, fabricado en polietileno y con una capacidad de hasta 200 toneladas de trigo por unidad, almacena entre 50 y 55 millones de toneladas de granos por año en Argentina.

“Esta tecnología se exporta a más de 50 países y se posiciona como un caso de innovación disruptiva, que desde los campos argentinos marcó un antes y un después en la forma de almacenar granos en todo el mundo”, aseguró Ricardo Bartosik, investigador del INTA Balcarce, quien no dudo en especificar que, “el silobolsa puede tener un enorme impacto en el mundo, especialmente en esos países donde hay déficit de almacenamiento”.

En este sentido, dio un paso más al destacar que “el INTA fue un actor clave en todo el proceso, al sentar las bases tecnológicas para su implementación”.

Para el especialista, el futuro está en sumar valor tecnológico, “el próximo paso es incorporar sensores, inteligencia artificial y monitoreo remoto para anticipar problemas y garantizar trazabilidad. El silobolsa no es solo una bolsa: es un sistema que se está proyectando hacia la agricultura digital”.

“El silobolsa brinda ventajas logísticas y económicas clave: genera capacidad adicional en los campos, permite segregar granos, mantener su identidad y reducir costos. Además, se adapta a distintas escalas productivas, desde pequeños agricultores hasta grandes exportadores”, explicó Bartosik.

Además, indicó que este desarrollo aporta flexibilidad y eficiencia económica. “Permite segregar granos, mantener identidad varietal, bajar costos logísticos y generar capacidad extra en el propio campo, eso es innovación al servicio de la producción”.

En referencia a la tecnología, Bartosik reconoció que “el peor enemigo de la conservación de granos es la humedad” y, en este punto, recomendó que este aspecto es una limitante para el tiempo de conservación. Otro aspecto a tener en cuenta, según el especialista, es que “si bien el silobolsa es hermético y flexible, también es frágil”, por lo que aconsejó ser cuidadoso y realizar constantes monitoreos.

En esta misma línea, indicó que el INTA viene acompañando el desarrollo de mecanismos de monitoreo, así como para evaluar la hermeticidad de la bolsa.

El sistema también dio origen a un clúster nacional de empresas que desarrollan maquinaria, insumos, sellados y sistemas de monitoreo, consolidando un ecosistema tecnológico con más de 20 años de experiencia.

El silobolsa, fabricado en polietileno, ofrece una condición hermética que restringe el intercambio de gases, favoreciendo bajas concentraciones de oxígeno y mayores niveles de CO₂, lo que protege la calidad de los granos. Ensayos con maíz, soja, trigo y girasol demostraron que, en productos secos, no se registran pérdidas de calidad durante al menos un año de almacenamiento, incluso bajo condiciones climáticas adversas.

Todo el conocimiento, en un Congreso

Del 15 al 17 de octubre se realizará el 2º Congreso Internacional de silobolsa en Balcarce, Buenos Aires. Esta nueva edición sobre poscosecha de granos se realizará bajo el lema «Expandiendo Horizontes: El Futuro del silobolsa en la Agricultura Global».

En este encuentro se debatirá sobre el silobolsa como una herramienta clave para la agricultura global, adaptándose a los nuevos desafíos, evolucionando tecnológicamente y alcanzando nuevas fronteras. Contará también con jornadas con conferencias, rondas de negocio y un día de campo para conectar saberes, tecnología y futuro.

El congreso reunirá especialistas nacionales e internacionales sobre diversas temáticas entre las que destacan la experiencia de uso del silobolsa en la Argentina y otros países; maquinaria, equipamiento e innovaciones tecnológicas; logística, identidad preservada, trazabilidad y economía; así como hermeticidad, atmósferas modificadas y controladas.

Además, se abordarán las estrategias de prevención de hongos y micotoxinas, ecosistema de granos almacenados en silobolsa y calidad del grano; monitoreo de granos almacenados; control de insectos; buenas prácticas y reciclado de plásticos.

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