SUELO

Productores y técnicos del INYM comparten experiencias sobre conservación de suelos en yerbales

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Productores yerbateros comparten experiencias sobre conservación de suelos y el agua con apoyo del INYM

Prácticas sustentables para enfrentar los desafíos climáticos

El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) profundiza su acompañamiento a los productores del sector con acciones concretas orientadas a la gestión eficiente del suelo y el agua, factores claves para la sostenibilidad productiva en un contexto de crecientes desafíos climáticos.

En el marco del ciclo de charlas “Estrategias de Uso Eficiente de Suelo y Agua”, realizado en la Casa de la Cultura del Bicentenario de San Vicente, técnicos del INYM compartieron resultados de campo y experiencias exitosas junto a productores yerbateros que aplican prácticas de conservación en sus chacras.

La ingeniera agrónoma Gabriela Silva Dico, integrante del Servicio de Extensión Yerbatero (SEY) del Instituto, presentó casos concretos de productores que implementan manejo de suelos y cubiertas verdes con acompañamiento técnico del INYM, logrando mejoras significativas tanto en la fertilidad del suelo como en la disponibilidad de agua.

Según las mediciones realizadas por el SEY, “un suelo sin cobertura es dos veces más caliente que uno con cubiertas verdes y árboles”, una diferencia térmica que impacta directamente en la capacidad de retención de humedad. La profesional explicó que las altas temperaturas generan estrés térmico en la biota del suelo y aceleran la pérdida de agua, reduciendo el rendimiento y la resiliencia de los yerbales.

Experiencias de manejo y conservación: un modelo de adaptación productiva

Las acciones impulsadas por el INYM se enmarcan en una estrategia integral de adaptación al cambio climático y fortalecimiento de la producción sustentable en la región yerbatera. En un escenario de olas de calor, sequías prolongadas y lluvias intensas concentradas en cortos períodos, el organismo trabaja junto a los productores en prácticas de conservación que permitan mantener la productividad y proteger los recursos naturales.

Entre las medidas promovidas se destacan la sistematización de suelos, el manejo de cubiertas verdes implantadas y espontáneas, la construcción de camellones y pozos de infiltración, y la plantación de árboles nativos como cortinas o dentro de los yerbales. Estas acciones, complementadas con la cosecha de rama madura, buscan reducir la erosión, mejorar la infiltración de agua y preservar la biodiversidad del sistema.

El INYM, a través de su Servicio de Extensión Yerbatero, proporciona asistencia técnica permanente y promueve la articulación entre productores, universidades y organismos provinciales, consolidando una red de conocimiento aplicada a la gestión sostenible del territorio yerbatero.

Un ciclo de formación interinstitucional con respaldo técnico y académico

El ciclo de charlas “Estrategias de Uso Eficiente de Suelo y Agua”, en su primera edición, comenzó en agosto y culminará en noviembre, articulando esfuerzos entre entidades académicas, técnicas y gubernamentales.

La iniciativa es organizada por la Universidad Nacional del Alto Uruguay (UNAU), la Fundación Universitaria Nacional del Alto Uruguay y el Laboratorio Agropecuario de esa casa de estudios, con el respaldo del Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, la Secretaría de Industria, Agro y Producción, el Instituto Misionero del Suelo, el INTA y el propio INYM.

En esta instancia también participaron los ingenieros Mauricio Alves do Porto, quien expuso sobre técnicas de cuidado del agua, y Guillermo Reutemann, especializado en microbiología del suelo. Ambos destacaron la importancia de integrar conocimientos científicos y prácticas tradicionales para avanzar hacia un modelo productivo más eficiente y resiliente.

El intercambio de experiencias entre técnicos y productores constituye un paso clave hacia una yerba mate más sustentable y competitiva, capaz de adaptarse a las nuevas condiciones ambientales sin perder productividad ni calidad.

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Día Mundial del Suelo: la importancia de su conservación para la salud del planeta y las personas

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Cada 5 de diciembre, desde 2014, se celebra El Día Mundial del Suelo, designado por la ONU a partir de la propuesta de la FAO un año atrás. Pero sus orígenes se remontan a 2002 gracias al impulso de la Unión Internacional de Ciencias del Suelo (IUSS), la cual propuso este evento en el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, un foro colaborativo surgido ante la necesidad de compartir experiencias sostenibles para recuperar un suelo que se pensaba que era un recurso infinito.

¿Cuál es el objetivo de este día?

El lema de este año tiene como objetivo concientizar sobre la importancia y la relación entre el suelo y el agua para lograr sistemas agroalimentarios sostenibles y resilientes.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos del suelo?

Entendemos por suelo a la porción más superficial de la corteza terrestre, compuesto por minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, aire y agua. Es una capa delgada que se ha formado muy lentamente, a través de los siglos, con la desintegración de las rocas superficiales por la acción del agua, los cambios de temperatura y el viento.

Los suelos son un recurso natural clave, esencial para la vida. Son sustento de desarrollo y producción en el cual viven miles de plantas y numerosas especies animales. Poseen nutrientes, ayudan al filtrado de agua, son reserva de materia orgánica, dan estructura y permiten la producción de alimentos o derivados, como madera, y otros.

Pero los suelos sufren una degradación progresiva a causa de la erosión, desmontes, sobrepastoreo, labranzas inadecuadas, falta de rotación de cultivos y expansión de las fronteras agrícolas, lo que genera la disminución de sus posibilidades de proporcionar bienes y servicios. De esta manera, pierden su capacidad productiva, de almacenar carbono, de filtrado de nutrientes y de retención de agua en épocas de mucha lluvia (lo que evita inundaciones).

La conversión de bosques o pastizales a agricultura o pasturas siempre implica degradación del suelo, pérdida de materia orgánica y brutal pérdida de biodiversidad. Es por eso que resulta necesario encontrar soluciones y prácticas ambientalmente responsables, que combinen producción y conservación.

¿Qué sucede con los sistemas agroalimentarios hoy?

El sistema alimentario es responsable del 80% de la pérdida de biodiversidad, el 80% de la deforestación y el 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Además, más del 75% de la superficie del planeta ya ha sido transformada por el ser humano y de esa proporción, un 41% está destinado al sector agroalimentario. La solución consiste en transformar los sistemas alimentarios insostenibles para lograr que sean amigables con la naturaleza y saludables para las personas.

“A nivel global los actuales sistemas de producción de alimentos están basados en una explotación insostenible de los recursos naturales y son los principales impulsores de la pérdida de biodiversidad y la degradación y destrucción de ecosistemas, lo que incluye a los suelos: esto exacerba la actual crisis climática y ecológica y pone en riesgo la seguridad alimentaria y la disponibilidad de recursos a futuro. En Argentina, prácticas como la siembra directa, acompañada por cultivos de servicio, así como la ganadería desarrollada en pastizales naturales podrían ser parte de la solución a esta problemática, si se abandonaran las prácticas de deforestación y cambio de uso del suelo de los ambientes naturales.”, comenta Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre.

¿Cómo generar sistemas agroalimentarios sostenibles y resilientes?

La forma en que venimos produciendo alimentos a gran escala debe revisarse, con el objetivo de lograr un real desarrollo sustentable compatible con la alimentación de una población global creciente y dentro de los límites planetarios. La pérdida de biodiversidad amenaza también la seguridad alimentaria, por lo que las acciones para transformar nuestro sistema alimentario mundial se vuelven prioritarias.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Seguridad Alimentaria “a nivel de individuo, hogar, nación y global, se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana”. Y esto está directamente relacionado con la situación ambiental, ya que los riesgos asociados a la destrucción de la naturaleza pueden influir en la posibilidad de producción, abastecimiento y acceso a los alimentos.

En este contexto, todos tenemos un papel que desempeñar para hacer frente a la crisis mundial de alimentos, climática, de biodiversidad y de agua dulce, pero el progreso real depende de la acción urgente de las principales partes interesadas. Los responsables políticos locales, nacionales y transfronterizos, los líderes empresariales y financieros y las organizaciones de la sociedad civil deben movilizarse para cambiar radicalmente este escenario.

Tenemos que invertir en la naturaleza creando las estructuras adecuadas de gobernanza, administración, financiación y asociación para proteger, restaurar y gestionar de forma sostenible los ecosistemas tanto terrestres como acuáticos, y allanar el camino hacia un futuro positivo para la naturaleza, equitativo y resiliente.

“Necesitamos modificar y repensar las bases, cambiar la forma en la que producimos alimentos y convertir el actual sistema alimentario en uno que responda a los cuidados ambientales, sanitarios y sociales. De lo contrario, seguir por este camino tendrá efectos sobre el clima, la provisión de agua, la estabilidad y calidad de los suelos y, en consecuencia, sobre la misma producción de alimentos, afectando a la seguridad alimentaria global y la salud del planeta y las personas. En este sentido, la reciente Declaración de los Emiratos sobre Agricultura Sostenible, Sistemas Alimentarios Resilientes y Acción Climática, publicada el viernes pasado en la COP28 de la ONU sobre el cambio climático, y respaldada por 134 Jefes de Estado – entre los que no se encuentra representada Argentina- se presenta como una esperanza para la conservación de los suelos”, afirma Jaramillo, quien a su vez será disertante en el evento: “Fortalecimiento de las NDC para la salud del suelo: aprender de la experiencia práctica” que se desarrollará el 9 de diciembre de 2023, de 09:00 a 10:00 horas de los Emiratos Árabes Unidos, en el pabellón de la Tierra y la Resistencia a la Sequía en la COP 28 y que será trasmitido on-line.

La mejor estrategia de conservación de los suelos, la biodiversidad y de adaptación y mitigación del cambio climático es detener la conversión de nuestros ambientes naturales, como bosques, pastizales, humedales y sabanas. Para esto, resulta primordial redefinir los modelos de producción y de consumo, respondiendo a las tendencias alimentarias y productivas que demanda el mercado global y garantizando los cuidados necesarios para todas las personas, así como también para nuestro planeta. Así ayudaremos a revertir la pérdida de naturaleza, detener la destrucción de ambientes naturales, reducir emisiones de gases efecto invernadero, disminuir la contaminación del agua y la escasez hídrica, y proporcionar a todas las personas alimentos saludables y nutritivos.

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La FAO insta a revertir la degradación del suelo

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Escribe Norberto Ovando* – El 95 por ciento de la producción mundial de alimentos depende del suelo. Sin embargo, las prácticas agrícolas insostenibles, la sobreexplotación de los recursos naturales y el aumento de la población ejercen una presión cada vez mayor sobre nuestros suelos

Revertir la degradación del suelo es vital si queremos alimentar a una población mundial en crecimiento, proteger la biodiversidad y ayudar a enfrentar la crisis climática del planeta, dijo el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), QU Dongyu

Después de los océanos, los suelos son los mayores reservorios de carbono y juegan un papel crucial en la mitigación y adaptación a los impactos de la crisis climática.

Los suelos desempeñan una función decisiva de amortiguación o “regulación” del cambio climático. Los suelos destinados a la agricultura convencional siguen constituyendo una fuente de emisiones de dióxido de carbono (CO2), pero las técnicas de conservación pueden detener y, en algunas ocasiones, revertir la pérdida de carbono orgánico del suelo.

Los suelos están llenos de vida y albergan aproximadamente el 25 % de la biodiversidad mundial. La creciente población requiere más alimentos nutritivos y seguros, libres de contaminantes y patógenos; por eso los países deben asumir compromisos más firmes con la gestión sostenible del suelo.

Las presiones sobre la tierra nunca han sido tan intensas. La superficie de tierras de cultivo aumentó un 4% —esto es, 63 millones de hectáreas— entre 2000 y 2019. El crecimiento de las tierras arables destinadas principalmente a cultivos de regadío aumentó un 18%, mientras que en el caso de los cultivos de secano el incremento fue de solo un 2,6% durante el mismo período.

Los expertos estiman que la erosión del suelo podría provocar una pérdida del 10 por ciento en la producción de cultivos para 2050.

Al Foro Mundial para la Alimentación y la Agricultura (GFFA por sus siglas en inglés), una conferencia que se celebra cada año en Berlín emite conclusiones sobre este tema específico, asistieron Ministros de Agricultura de diferentes países y expertos internacionales.

Reversión de la degradación

La edición más reciente del informe de la FAO “El estado de los Recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura” ya nos ha avisado de la situación “límite” que atraviesan nuestros sistemas agrícolas, que constituyen una compleja red de relaciones entre la tierra, los suelos y el agua.

La erosión del suelo es la principal amenaza. Se calcula que, de aquí a 2050, podría provocar una caída del 10 % en la producción de cultivos y la pérdida de 75.000 millones de toneladas de suelo.

La contaminación del suelo también plantea dificultades. No conoce fronteras y pone en peligro los alimentos que comemos, el agua que bebemos y el aire que respiramos.

El uso excesivo o inapropiado de productos agroquímicos es una de las causas del problema. La producción mundial anual de productos químicos industriales se ha duplicado desde principios del siglo XXI, hasta 2.300 millones de toneladas aproximadamente, y se espera que aumente un 85 % más antes de que finalice la década.

Otro desafío es la salinización, que afecta a 160 millones de hectáreas de tierra de cultivo de todo el mundo y que cada año convierte 1,5 millones de hectáreas en tierra improductiva.

Según el Director General de la FAO, los países deben adquirir compromisos más firmes y los instrumentos disponibles, como las “Directrices voluntarias para la gestión sostenible de los Suelos”, la “Carta Mundial de los Suelos” y el “Código Internacional de Conducta para el Uso y Manejo de Fertilizantes”, (https://www.fao.org/3/ca5253es/CA5253ES.pdf) pueden brindar un impulso adicional.

La ambición general del plan de trabajo de la Asociación Mundial por el Suelo (GSP por sus siglas en inglés), 2022-2030 es garantizar que los suelos del mundo sean saludables y, por lo tanto, más resistentes, lo que incluye mejorar la salud de al menos el 50 % de los suelos agrícolas del
mundo para 2030.

También se debe dar prioridad al incremento de las inversiones, especialmente en aras de la adopción de prácticas de gestión sostenible de los suelos, y a la recarbonización de los mismos, así como a la seguridad de la tenencia de la tierra.

Conclusión

El mantenimiento o la mejora de los recursos mundiales de suelos son esenciales para satisfacer las necesidades globales de alimentos, agua y seguridad energética de la humanidad en consonancia con el derecho soberano de cada Estado sobre sus recursos naturales.

Una buena gobernanza del suelo requiere la comprensión de tales capacidades diferentes del suelo y que se estimule una utilización de la tierra que respete la gama de capacidades con miras a erradicar la pobreza y lograr la seguridad alimentaria.

*Prof. Norberto Ovando: Presidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN)
Experto Comisiones Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) y, Educación y Comunicación (CEC) Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

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Diseñan plan de protección del suelo agrícola en la región NEA

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El Consejo Federal Agropecuario regional NEA sesionó en Posadas y decidió aunar esfuerzos presupuestarios para protección de los suelos en el nordeste, con aportes de las provincias y la Nación. El ministro del Agro, José Luis Garay encabezó la reunión junto a Santiago Hardie, subsecretario de Agricultura de la Nación y Luis Urriza, junto a los titulares de las carteras agrarias de la región.
El debate se inició por la mañana en el cuarto piso del Centro de Convenciones y siguió por la tarde, con la exposición de los técnicos y la mirada política aportada por Garay, quien elogió las conclusiones alcanzadas, pero a la vez, pidió definir en una instancia superior, los recursos necesarios para la protección de los suelos agrarios de la región.
Las situaciones son diferentes, pese a la cercanía. Chaco tiene trabajos realizados desde hace varios años, pero sufre el acoso de la sojización de la producción agraria, con el impacto de los agroquímicos. Corrientes tiene también trabajos realizados sobre el suelo, pero por ejemplo, mucho porcentaje de su territorio ahora protegido desde la creación del Parque Nacional Iberá. En el caso de Misiones, los bosques todavía cumplen una función esencial en la protección del suelo, pero también hay preocupación por el uso de agroquímicos y especialmente por la erosión de las zonas costeras en ríos y arroyos internos.
El ‎Subsecretario de Agricultura en Ministerio de Agroindustria de la Nación, Luis Urriza aseguró que esa cartera pondrá recursos para realizar monitoreos y fomentar buenas prácticas agrícolas, además de la creación de un observatorio del suelo.
Por su parte, Santiago Hardie, secretario de Coordinación y Desarrollo Territorial de la Nación, indicó que se trabajará en un Plan Nacional de Suelos con un capítulo especial para la región NEA.

“Hoy estuvieron técnicos de las provincias, del INTA, del Ministerio de Agro- Industrias de la Nación, y todo tiene que ver con el ordenamiento territorial, las buenas prácticas, entender que el suelo es el mayor capital natural que tenemos y hay que cuidarlo, sobre todo en un momento en el que estamos viviendo los eventos climatológicos que tanto nos afecta y afectan a nuestros productores. Hay que pensar más allá de la coyuntura pensar en políticas públicas y en una agenda agroindustrial”, insistió.
El ministro del Agro, José Luis Garay, hizo de anfitrión de sus colegas del NEA y de los funcionarios nacionales. Indicó que después del análisis de los planes de protección del suelo, realizados por los técnicos del área, la instancia política debe definir un presupuesto para iniciar acciones concretas.

Cronograma de acciones:

  • Puesta en funcionamiento del Consejo Asesor de Conservación y Manejo de Suelos, creado por Ley XVI N° 115 “Instituto Misionero de Suelos”
  • Actualización cartografía de suelo, mayor detalle (Escala 1:50000 a 1:20000)
  • Definición de áreas críticas de degradación del suelo
  • Selección de parcelas de distintos sistemas de producción
  • Relevamiento de los indicadores
  • Elaboración de un programa de capacitación (parcelas demostrativas, difusión, implementación de prácticas de manejo)
  • Consolidación de un servicio de extensión
  • Generar líneas bases para investigación (indicadores para horticultura y suelos toscosos)
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