Aunque fue dejada de lado en el anuncio presidencial de ayer, la industria de la madera también fue incorporada al programa de alivio fiscal. En el listado de actividades beneficiadas por el Decreto 128/2019 de “Contribuciones Patronales” figuran los aserraderos y fabricas de muebles.
“Es un paso más para seguir normalizando la Argentina” fue la frase central del discurso del Presidente Mauricio Macri, que anunció este jueves un plan de beneficios impositivos para casi 20.000 empresas de las economías regionales, en lo que aseguró es la primera de “varias novedades” que habrá a lo largo del año. Además, afirmó que tras “las turbulencias” que vivió el país en 2018, “es momento de poner el foco en el crecimiento”.
“Ningún empleador va a pagar impuestos al trabajo por empleados que cobren hasta 17.500 pesos. Y para quienes cobren más, lo van a hacer sólo por la diferencia. Este beneficio va a mejorar la situación de 200.000 trabajadores y 19.500 empresas”, explicó Macri ayer, en la Casa Rosada, con la presencia de ministros, algunos gobernadores y empresarios de distintos sectores.
En su discurso el Presidente reconoció en Misiones a la yerba mate y el té, dejando de lado otros grandes potenciadores del movimiento económico, como la forestoindustria, el comercio, la industria automotriz y otros sectores agrarios como lo es la ganadería.
En principio quedó afuera la madera, que atraviesa una severa crisis, que llevó al sector a unirse para reclamar medidas de fondo a la Nación, aunque el paquete anunciado por el ministro de Producción, Dante Sica, incluyó a la fabricación de muebles de madera en El Chaco y Formosa. Horas después del anuncio presidencial, el senador Humberto Schiavoni contó que habló con el ministro de Producción, Dante Sica para convencerlo de que la madera sea incluida, lo que se confirmó cerca de las 22.
A través del decreto 128/2019 publicado en el Boletín Oficial, se formalizó el beneficio a 47 ramas del agro y la industria.
Tal como lo anunció ayer el Presidente, la norma eleva el mínimo no imponible pleno de la contribución patronal para un conjunto de 47 ramas del sector primario agrícola y algunas actividades incluidas en el sector industrial. Ningún empleador pagará impuestos por un trabajador que cobre hasta 17.509,20 pesos mensuales a partir del 1° de marzo próximo hasta el 31 de diciembre de 2021 inclusive, reza el texto.
Según argumentó la Casa Rosada en el decreto, se trata de actividades que “se encuentran atravesando una situación económica financiera crítica, que obstaculiza el debido cumplimiento de las obligaciones impositivas y de la seguridad social”.
Y señaló que su “objetivo prioritario” es “establecer las bases para el crecimiento sostenido, la competitividad y el aumento del empleo, para lo cual se deben impulsar medidas que reduzcan la informalidad laboral y disminuyan la presión sobre la nómina salarial”.
Por último, “invitó” al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y a las provincias a “promover una rebaja de los tributos que graven a los sectores beneficiados por la presente medida”.
A continuación, las ramas beneficiadas por el decreto firmado por el jefe de Gabinete, Marcos Peña; y los ministros de Producción y Trabajo, Dante Sica; y de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne:
Cualquiera puede poner un bar o una cafetería sin contar con mucha experiencia en el rubro. ¿Pero puede alguien convertir a ese lugar en un hito de la gastronomía de una ciudad?
Esta es la increíble historia de un tornero de Avellaneda y una contadora de Posadas, que se cruzaron en una playa de la Costa Atlántica hace unos años y casi al mismo tiempo: se casaron, se mudaron a Misiones, tuvieron dos hijos y crearon un lugar que marcó un estilo e influyó en un rubro que cambió para siempre en la ciudad.
Marcelo Tronzano (34 años) y Silvia Borjas (31), son los fundadores y dueños de Café París que este mes cumple cinco años de existencia. Su historia llama la atención por varios motivos. Les iba a bien cada uno en lo suyo. El era hijo y nieto de torneros en Avellaneda, esa localidad pegada a la Capital Federal y dividida solo por el Riachuelo. Le encantaba la tornería, pero los padres querían otra cosa para su futuro y se recibió de Licenciado en Comercio Exterior.
Ella se recibió de contadora en la UNaM. Estuvieron como cinco años de novios a la distancia, alternándose para viajar para verse cada dos meses. Hasta que Silvia se fue a Buenos Aires a trabajar en PriceWaterhouse, una de las cinco grandes consultoras de contabilidad del mundo, donde le iba bien y trataba con ejecutivos de empresas importantes.
El bonaerense y la posadeña se conocieron hace 12 años en San Bernardo, playa distante a 150 kilómetros de Mar del Plata. El tenía 21 y ella 18. Si existen las almas gemelas, acá debería haber dos. Actúan como si acabaran de conocerse. Cuando uno habla, el otro escucha con una atención total y siempre con una media sonrisa en el rostro. Durante la charla por cualquier motivo se tocan el brazo, el hombro o una mano. Cuando le pedimos que posen para unas fotos, Silvia busca el abrazo de Marcelo.
Su historia juntos, por lo que cuentan -y por lo que se ve-, es tan interesante como su historia emprendedora, que aquí pasamos a detallar. ¿Cómo pasaron del torno y la contabilidad de grandes empresas a un bar?
“Para nosotros fue algo muy complicado, mi abuelo y mi papá trabajaron en el mismo lugar 40 años, en una tornería, yo trabajaba con ellos. Eran personas que iban a lo seguro. La mamá de ella trabajó 37 años en el California, siempre en el mismo laburo. Nosotros queríamos algo distinto para nuestra vida”, explicó Marcelo.
Al tiempo de estar en Buenos Aires decidieron casarse y se fueron de Luna de Miel a Europa por unos 40 días, en ese viaje empezaron a darle forma a la idea de poner un café. “Por supuesto estuvimos en Paris y nos encantó”, dicen juntos, riendo.
Un punto interesante de su historia emprendedora es el tiempo que le dedicaron a capacitarse antes de abrir su negocio. El proceso de aprendizaje arrancó años antes. Los dos hicieron cursos de repostería. Marcelo también hizo el curso de barista, como se llama al especialista en hacer café expreso.
“Nuestro café es único, orgánico y seleccionado, lo traemos de tres países. Sale mucho más caro que las marcas más corrientes del mercado, pero es una marca distintiva, así como también la forma de preparar el café. En general, en muchos lugares tienden a hacerlo muy caliente, a quemarlo”, explica con entusiasmo.
En paralelo con la idea de poner en emprendimiento, también empezaron a pensar en la familia que querían formar y eso les reforzó su convicción de venir a Misiones. Familia y mudanza
“Buenos Aires no era un lugar para quedarnos. Nosotros que vivíamos en Capital, sabíamos lo que era, además esa sensación de inseguridad la teníamos todo el tiempo. Buenos Aires está muy bien para vivir de joven, no para formar una familia”, explicó Marcelo, que es quien lleva la voz cantante. Al mismo tiempo que abrieron y consolidaron Café París, Silvia y Marcelo tuvieron dos hijos. Bruno y Paula, de 2 y 4 años, respectivamente.
Marcelo y Silvia visitaron la redacción de Economis esta semana y trajeron algunas de las tortas que ellos mismos preparan cada día para agasajar a sus clientes. Muffins, lemon pie, galletitas de vainilla con chocolate, cuadrados de dulce de leche; de manzana y canela. “Es todo artesanal, todo lo hacemos nosotros, pero nuestra especialidad es la medialuna”, explican. Cómo es Café París
Café París –para quien no lo conoce- es un bar situado en Buenos Aires casi San Martin, frente al colegio Santa María. Tiene dos puntos que lo hacían muy distinto a los demás, sobre todo al momento que abrió sus puertas: la ambientación y la oferta gastronómica. Hoy hay muchos bares que tiene detalles que Café París trajo a la ciudad por primera vez.
“Nosotros vimos que no había acá un lugar donde ir a tomar un café o el té fuera una salida en sí misma”, explica Marcelo.
Entre los dos fueron tomando cosas de los lugares que les gustaban, incluidos los cafés y bares que visitaron en su Luna de Miel por el Viejo Mundo. Y lograron una atmósfera muy especial.
Lo otro que marcó a Café París es la calidad de su repostería. Marcelo dice que su especialidad es la medialuna, una croissant grande, dulce, que vale al menos por dos medialunas normales. Pero también destacan en su oferta las delicias como las que trajeron a Economis. Pero en primer lugar está el esmero en hacer el mejor café. Si uno pide en París un café con leche o espuma, se sorprenderá con la presentación.
Estos emprendedores prefieren resignar una buena parte del margen de ganancia para tener el mejor café de la ciudad. Compran un café a 1200 pesos el kilo mientras otros bares ofrecen marcas a un costo muy inferior. “Creo que tenemos el precio más barato para la calidad que ofrecemos”, señala.
Además, a pesar de que tienen clientes fieles, nunca se “tentaron” con ofrecer almuerzos o cenar, a pesar de que se los pidieron muchas veces los clientes.
Los comienzos fueron difíciles y los dos tenían miedo. Ellos estaban ahorrando pero se daban cuenta que no les alcanzaba y justo una abuela de Silvia falleció y les heredó una suma que completaba el capital que necesitan.
Ellos compraron todas las máquinas y aparatos necesarios en Buenos Aires, trataron de economizar hasta lo último. Hasta que un día dijeron vamos y se vinieron con todo, mudanza incluida. Estaban haciendo todo al mismo tiempo, desembarcar en Posadas y abrir el café.
Marcelo, con sus conocimientos de tornería fabricó las mesas del Café París y otros elementos del lugar. Abrieron sin empleados, porque no tenían plata para pagarles ni tampoco clientes para saber si los iban a necesitar. Silvia iba a la cocina y Marcelo atendía las mesas.
Tuvieron éxito casi inmediato y con el tiempo fueron incorporando personal. Hace poco ganaron una distinción de la Confederación Económica de Misiones (CEM) que los destacó como jóvenes emprendedores. — La contadora y el tornero, que abrieron un café que marcó un hito en la oferta gastronómica de la ciudad.
Empleados, división de tareas y balance entre familia y trabajo
Algunas frases de Silvia y Marcelo que pueden interesar a futuros emprendedores
Silvia: Abrimos a las 6 y no nos resultó. Entonces empezamos yo a cocinar a la mañana y él atendía sólo, y a la tarde los dos atendiendo. Él siempre hacía café y yo atendía. La gente nos fue superando nuestra producción, nuestra fuerza, entonces empezamos primero los fines de semana con una chica, todas las mañanas. Cuando yo quedé embaraza, llamamos a un chico y ahí fuimos incorporando más gente”.
Silvia: “Hoy en día él es el maestro pastelero del café, el hace casi todo, tiene sus ayudantes por supuesto, su mano derecha, y yo me encargo de adelante, la administración, de los chicos, la decoración”.
Marcelo: Toda esa combinación, nos hizo que, como pareja, como familia, como comerciantes, como dueños, como todo, sigamos adelante y de pie. Yo recomiendo siempre primero fortalecer y después emprender. Fortalecer la relación, la idea de lo que quieren hacer”
Marcelo: Nosotros estamos almorzando, o cenando con los chicos y estamos hablando del café. Es algo para lo que hay que estar preparados, hay gente que lo ve como algo lindo, y tiene muchas partes que no. Nos hemos agarrado varias veces porque tenemos muchas diferencias (risas).
Marcelo: “Hay dos formas de encarar la crisis, sentarte a esperar que vengan tiempos mejores, o vos hacer lo mejor que puedas. Por supuesto empezás a bajar los gastos, empezar a regular bien lo que necesitamos, uno se empieza a achicar, hasta que no te queda otra que subir el precio si no querés resignar calidad. Pero en todo el año pasado, subimos 10 pesos el café”.
Marcelo: Hay un momento en la vida del emprendedor que tiene que elegir que es: hasta dónde quiere llegar, qué es lo que vos querés para tu vida. El costo de llegar a mucho es muy grande, porque es pasarte los mejores años de tu vida dedicada al trabajo, y nosotros siempre estamos entre eso y la familia. Entre qué queremos ser, ¿quiero tener 250 sucursales en el país? Yo hoy no te puedo decir que sí. Sí me imagino, siempre innovando, haciendo las cosas con cariño.
El café de calidad. “Tenemos el mejor precio por la calidad que ofrecemos”, asegura Marcdelo.
En diciembre la CEM les entregó una distinción como emprendedores, que recibieron sus colaboradores porque ellos estaban de viaje.
Silvia habla y Marcelo ríe. ¿Casi siempre es así? “A veces también tenemos diferencias y nos agarramos”; dice Marcelo, riendo.
La contadora y el tornero, que abrieron un café que marcó un hito en la oferta gastronómica de la ciudad.
Escribe Jorge Day, Fundación Mediterránea. Hasta principios de 2018, distintos sectores industriales criticaban la vigencia del “atraso cambiario” (dólar barato) por la dificultad para competir con productos importados, mientras que voceros de un número importante de economías regionales cuestionaban aquella situación por implicar elevados costos laborales en dólares.
La devaluación del peso no parece haber proporcionado alivio a estas actividades productivas, lo que sugiere que un tipo de cambio alto tampoco es la panacea. Para entender este fenómeno hay que evaluar la ecuación de rentabilidad en conjunto, considerando costos de insumos y salariales, ingresos por ventas, teniendo en cuenta volumen y precios, y también la incidencia de la tasa de interés.
A partir de este diagnóstico, se pone de relieve la importancia de recuperar estabilidad macroeconómica (dólar, tasas, inflación), pero también la necesidad de reducir costos de producción y ventas (impuestos, regulaciones, aranceles de importación en países compradores, etc.), una tarea que corresponde a las tres jurisdicciones de gobierno.
Desde el punto de vista de las empresas, debe asumirse que tampoco es una salida con visión de futuro pretender conciliar políticas de dólar barato, salarios altos en esa moneda y permanencia de una economía cerrada que limite la amenaza de las importaciones. Con ese esquema, se resiente el tamaño del mercado y el ingreso de los argentinos se habrá de seguir rezagando en relación al mundo.
Hasta 2017, Argentina convivía con atraso cambiario, un dólar barato, que se traducía en altos costos argentinos en esa moneda, complicando así la competencia con el mundo. Las típicas economías regionales, que son actividades agro y agroindustriales, con un rol importante en distintas provincias, estaban en crisis.
En 2018 el dólar se encareció notoriamente, disminuyeron los costos argentinos en dólares, … y aun así, las economías regionales continúan en problemas. Mismo planteo se ha dado con la industria argentina. ¿Hubo un error en el diagnóstico anterior?
Para responder, considere la ecuación de rentabilidad, que tiene tres factores claves: costos, ingresos y tasas de interés.
Costos: los rubros que lo componen no tienen un comportamiento homogéneo. Cuando el dólar se encarece, se reduce el costo laboral expresado en esa moneda, al licuarse los salarios, pero no se modifican los costos de insumos importados. Y éstos se sienten más si disminuye el ingreso de las empresas por menor volumen de ventas.
En algunas economías regionales, la mano de obra es un costo muy relevante, especialmente en el agro con cosecha manual (frutas, uvas, chacra). Pero no es tan alto en la agroindustria y en el resto de la industria. Estas actividades tenían un problema porque, al tratarse de una economía cerrada, no era fácil conseguir insumos importados baratos cuando el dólar lo era.
Ingresos: no todas estas actividades tienen el mismo mix de ventas. Cuando el dólar se encarece, favorece a aquellos sectores que exportan la mayor parte de su producción (soja, ciruela seca, ajo, aceite de limón). Pero se complica para los sectores que orientan gran parte de sus ventas al mercado interno (vinos genéricos), debido a la caída en el poder de compra de sus clientes nacionales.
Por ejemplo, en durazno, para este año se espera una menor oferta (baja cosecha) y una mayor demanda externa (dólar y Brasil), y aun así, los productores se quejan por los bajos precios de esta fruta. Señal que se trata de un sector que destina la mayor parte de su producción al mercado interno, que está muy deprimido. Si una buena parte de las economías regionales están en problemas, es porque siguen muy orientadas al mercado interno.
Lo mismo ocurre con una parte de la industria nacional, principalmente la que es sustituta de importaciones (textiles, línea blanca, autos), con una particularidad. Cuando el dólar estaba barato, la preocupación en esa industria era la amenaza de las importaciones. La Aduana se encargaba de frenarlas (por trabas y altos aranceles), pero en algunos casos no se lograba ese objetivo, debido a las compras de los turistas argentinos en el exterior (ropa, calzado, celulares, informática).
En cambio, con un dólar caro, se reducen las importaciones, pero el problema pasa a ser el menor poder de compra de los consumidores locales, y este inconveniente no se puede resolver tan fácilmente. Las importaciones se podían frenar, pero no así la caída de ingresos de la población. Esta es una de las razones por las cuales una parte de la industria sustitutiva de importaciones está peor ahora.
Tasas de interés: el agro y la industria son actividades que tienen necesidades de capital de trabajo. En el agro, se compran los insumos, y luego de varios meses, se obtiene la producción, se vende, y pasado un periodo (a veces meses) se cobra. Algo similar en la industria, y esa brecha entre el momento de compra de insumos y materia prima y el de cobranza puede ser mayor o menor. Por ejemplo, en la industria del vino, la brecha es mayor en los vinos de alta gama, porque requieren tiempo para su añejamiento.
Esto implica que ambas actividades, agro e industria, están muy influidas por la tasa de interés. En 2018 las tasas se dispararon, lo cual complicó seriamente a estos sectores. Por ejemplo, en varios casos obligó a apurar ventas, y eso eleva transitoriamente la oferta de productos, reduciendo su precio. Claramente eso se ha notado en vinos.
Resumiendo, ¿hubo un error en el diagnóstico, creyendo que un dólar más caro automáticamente favorecería a las economías regionales y a la industria nacional? Sí, porque sólo se consideraban los costos laborales. El atraso cambiario era un problema porque se traducía en costos altos en dólares (especialmente los laborales), y se agravaba porque, por el proteccionismo, era difícil traer insumos y equipos importados baratos.
Pero, ahora, para una buena parte de las economías regionales y de la industria argentina, especialmente las que no son exportadoras, el dólar caro es también un problema, porque se resienten sus ventas en el mercado interno. Y a esto se agrega las altas tasas de interés, que eleva sus costos financieros, y a veces también reducen sus precios de venta.
Para 2019, los pronósticos señalan que el dólar se rezagaría un poco, pero se mantendría elevado, las altas tasas de interés irían disminuyendo muy gradualmente, y el mercado interno tendría una recuperación también muy gradual. Esto se traduce en que la industria argentina, especialmente sustituta de importaciones, y una parte de las economías regionales habrán de seguir conviviendo con los problemas.
Para el futuro, el gobierno (en todos sus niveles) tiene una tarea importante en reducir los costos argentinos de producción y ventas (impuestos, tasas de interés, costos regulatorios y de logística, aranceles de importación en países compradores). Y la administración nacional debe disminuir la inestabilidad macroeconómica (dólar, tasas, inflación).
En ese contexto nos preguntamos qué escenario económico les conviene a estos sectores analizados. A primera vista, da la impresión que preferirían un dólar barato, con salarios altos en esa moneda (mayores ingresos de la población local), con una economía cerrada que limite la amenaza de las importaciones.
Una desventaja de esta estrategia es que el mercado nacional es relativamente pequeño con respecto al mundo. Toda una gran estructura productiva preparada para un mercado acotado, y cuya consecuencia está en salarios e ingresos argentinos que se rezagan con respecto al mundo. Es claro que la transición para ir hacia actividades más exportadoras no es sencilla, pero el modelo de negocios en el país que prevaleció por décadas no tiene futuro, ya que subsiste en un mercado interno cada vez más acotado.
La caída de la industria en noviembre fue brutal. La peor de 2018 y la más dura en seis años: 13,3 por ciento en relación al mismo mes de 2017, con un acumulado de 3,8 en promedio. En la comparación de noviembre de 2018 con respecto al mismo mes de 2017, disminuyen la industria textil (-32,2%), la metalmecánica excluida la industria automotriz (-26,2%), los productos de caucho y plástico (-17,4%), la edición e impresión (-16,7%), la industria automotriz (-14,8%), los productos minerales no metálicos (-10,5%), la refinación del petróleo (-6,7%), el bloque de papel y cartón (-5,7%), la elaboración de sustancias y productos químicos (-5,5%) y la industria alimenticia (-4,0%). Por otra parte, se registran subas en la industria del tabaco (1,5%) y las industrias metálicas básicas (4,1%). El sector productor de yerba mate y té registra, en noviembre de 2018 y en el acumulado enero-noviembre 2018, aumentos de 10,2% y 3,7%, respectivamente, en comparación con los mismos períodos del año anterior. En el caso de la yerba mate, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), en noviembre de 2018, las toneladas de yerba mate elaborada despachadas al mercado interno registran un aumento de 3,3% respecto del mismo mes del año anterior, y acumulan en los once meses de 2018 un aumento de 0,9% en comparación con el mismo período del año pasado. Las toneladas de yerba mate elaborada destinadas al mercado externo, presentan, en noviembre de 2018 una suba de 29,0% respecto al mismo mes de 2017, y acumulan en el período enero-noviembre 2018 un aumento de 39,2% con respecto al mismo período del año anterior. Las toneladas exportadas de té –principal destino de la producción– presentan, en noviembre de 2018, una suba de 24,5% con respecto al mismo mes del año anterior, y acumulan, en el período enero-noviembre 2018, un incremento interanual de 1,2%.
La industria de papel y cartón cae 5,7% en noviembre de 2018 respecto al mismo mes del año pasado, mientras que en el acumulado enero-noviembre 2018 presenta un nivel similar (-0,3%) en comparación con el mismo período del año 2017.
La disminución interanual en noviembre se vincula, principalmente, con la menor demanda del mercado interno de papeles para envases y embalajes y papeles para usos sanitarios. En el caso de los papeles para envases y embalajes, el retroceso se vincula con una merma en la demanda por parte de rubros de la industria alimenticia, de bebidas, de la construcción, de la industria electrónica, de artículos de limpieza e higiene, entre otros.
La industria textil presenta caídas de 32,2% en noviembre de 2018 y de 13,6% en el acumulado del período enero-noviembre de 2018, en comparación con los mismos períodos del año 2017. La contracción en el consumo interno de prendas de vestir y otras confecciones ha originado una menor demanda hacia distintos rubros. La merma en la actividad afecta tanto al sector de hilados de algodón como a la fabricación de tejidos, que presentan caídas de 32,8% y de 31,8%, respectivamente, en noviembre de 2018, en comparación con el mismo mes del año anterior.
La industria alimenticia presenta, en noviembre de 2018, una disminución de 4,0% en comparación con el mismo mes del año 2017, y acumula, en el período enero-noviembre 2018, una caída de 0,9% en comparación con el mismo período del año anterior. La producción de carnes rojas registra, en noviembre de 2018 y en el acumulado de los once meses del año 2018, aumentos de 2,2% y 9,1%, respectivamente, en comparación con los mismos períodos del año anterior.
Avanzarán en un marco legislativo y un sistema de cámaras, para paliar la situación desesperante de los productores de te
El pasado viernes el Defensor del Pueblo Alberto Penayo convocó al Ministro del Agro y la Produción Sr. José Luis Garay, a la Ministra de Derechos Humanos Sra. Lilia Marchesini, a los Diputados Roxana Argüello, Mario Ruhmling, Cristina Novoa y Carlos Goring, los Defensores del Pueblo de San Vicente, Ceferino Benítez y de Oberá, Patricia Nittmann y miembros del APAM, Carlos Zuberbhuler y Cristian Kligbeil, para dialogar sobre una posible solución a la situación que está afectando a los productores primarios del te.
Este tema viene siendo trabajado por la Institución desde hace un tiempo pero, según palabras del Ministro Garay “es un problema de años”.
“Estamos en una situación desesperante, necesitamos ayuda. Son 4 las empresas productoras y exportadoras de te que monopolizan la actividad, dejando de lado al colono que produce en su propia chacra ” sostuvo Cristian Kligbeil de la APAM. “Aparte que tenemos una realidad: reciben la producción y nos pagan menos si tiene palos más grandes, o cierto tamaño las hojas porque dicen que afecta a la calidad del producto. Pero no es así, las grandes empresas exportan todo, a precios dólares. El te es te; y si no se trabaja sobre estas cuestiones, tendemos a desaparecer” agregó.
Luego de que se presentara el escenario actual y se realizarán aportes de varios de los allí presentes, la reunión se sintetizó en que deberán abordar el tema teniendo en cuenta dos cuestiones: una técnica, que consistirían en elaborar e implementar un sistema de cámaras, que permita un mayor control de este tipo de situaciones; y una legal, avanzando con el marco de normativas que ayude a regular y gestionar la actividad.
“Ponemos a disposición nuestras instalaciones y todo lo que sea necesario para avanzar con este problema. Los tealeros necesitan una solución ya y desde la Defensoría haremos lo que esté a nuestro alcance para concretarlo” concluyó el defensor Alberto Penayo.