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Bitcoin, la nueva batería del valor: por qué Elon Musk cree que la energía es el dinero del futuro​

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Elon Musk ha vuelto a agitar el debate sobre el papel del Bitcoin en la economía global. Durante una conversación reciente, el empresario defendió que la criptomoneda no es un activo especulativo, sino una forma de dinero respaldado por energía real. Según Musk, su valor proviene de la electricidad necesaria para minarla, lo que la convierte en un sistema imposible de falsificar. Esta afirmación reabre una discusión clave: ¿es el Bitcoin una amenaza ambiental o una revolución energética que redefine el concepto de riqueza?

La energía como nueva base del dinero

Las declaraciones de Elon Musk han generado un intenso debate en la comunidad tecnológica y financiera. Su afirmación de que Bitcoin está “basado en energía” busca desmontar el argumento de que las criptomonedas carecen de respaldo tangible. Musk sostiene que el consumo energético de la red no es un defecto, sino una característica esencial que garantiza su seguridad y descentralización. Cada unidad de Bitcoin representa una cantidad verificable de electricidad convertida en valor digital, lo que, según el empresario, lo hace más sólido que las monedas fiduciarias tradicionales.

En este sentido, Musk comparó la minería de Bitcoin con un contrato energético global. A diferencia del dinero emitido por bancos centrales, que puede multiplicarse a voluntad, la criptomoneda se rige por leyes físicas: requiere potencia computacional y energía real para existir. En este contexto, el precio de la luz se convierte en un factor que, de manera indirecta, determina la rentabilidad del sistema minero. Para el magnate, eso convierte al Bitcoin en una reserva de valor anclada a la realidad, no a la confianza.

Sin embargo, sus palabras también han reavivado críticas sobre el impacto ambiental del minado. Algunos analistas sostienen que esa “base energética” representa una contradicción con la búsqueda de sostenibilidad global. Aun así, Musk insiste en que la tendencia hacia el uso de energías renovables en la minería reducirá estas preocupaciones y consolidará la posición del Bitcoin como activo energéticamente legítimo.

Entre la tecnología y la filosofía del valor

Más allá del aspecto técnico, la declaración de Musk plantea un debate filosófico sobre qué define el valor. Si las monedas tradicionales se sustentan en la confianza institucional, Bitcoin propone una economía donde la energía es la garantía última. Musk lo resume en una idea provocadora: “La energía no se puede falsificar”. Desde su perspectiva, ese principio convierte al Bitcoin en una forma de dinero más honesta y transparente, alineada con la realidad física del mundo.

Esta visión entronca con la noción del proof of work, el sistema que valida las transacciones de Bitcoin. Bajo este mecanismo, los mineros deben resolver cálculos que consumen energía, demostrando así que se ha invertido un esfuerzo real. Musk considera que esa conexión directa entre energía y seguridad es lo que da sentido al modelo descentralizado, en contraposición al sistema financiero tradicional, donde la confianza depende de intermediarios humanos.

No obstante, sus declaraciones también dividen opiniones entre los defensores de otras criptomonedas. Algunos expertos apuntan que el consumo energético de Bitcoin sigue siendo un obstáculo para su adopción masiva. Otros, en cambio, interpretan las palabras de Musk como un intento de recuperar la narrativa original del Bitcoin: la de un sistema económico alternativo que convierte la electricidad en soberanía financiera. En este marco, la relación entre poder y energía se vuelve evidente. Igual que un país mide su estabilidad por su potencia contratada, la red de Bitcoin mide su solidez por la capacidad computacional que la sostiene. Ambos sistemas, distintos pero paralelos, comparten una misma verdad: sin energía suficiente, ninguna estructura —ni política ni digital— puede sostener su valor.

Bitcoin, IA y el futuro de la energía

Las palabras de Musk no se producen en el vacío. Llegan en un momento en que la demanda energética global crece por el auge de la inteligencia artificial y los centros de datos. El empresario ha advertido que el mundo se enfrenta a un déficit de energía eléctrica si no se acelera la adopción de fuentes renovables. En este contexto, su defensa del Bitcoin como “dinero basado en energía” se entiende como parte de una visión más amplia sobre el futuro tecnológico y energético del planeta.

Según Musk, el sistema Bitcoin no solo representa una innovación financiera, sino también un incentivo para desarrollar infraestructuras energéticas más eficientes. Al vincular valor económico y consumo eléctrico, promueve la inversión en energías limpias que alimenten tanto a la industria cripto como a la inteligencia artificial. En términos simples, lo que Musk plantea a escala global no difiere tanto de lo que cualquier consumidor busca en su vida diaria: optimizar la energía que tiene. En esa misma línea, acceder a compañías de luz y gas más baratas sería, en escala doméstica, lo que representa para la tecnología mundial el reto de encontrar fuentes más eficientes y sostenibles: una carrera por la energía barata que impulsa la innovación y redefine las reglas del juego.

En este contexto de transformación energética, plataformas como Papernest ayudan a los usuarios a entender y optimizar su consumo eléctrico, un principio que, en otra escala, define también el futuro que Musk imagina. Gestionar la energía con inteligencia, ya sea en un hogar o en una red descentralizada, es el verdadero motor de la nueva economía digital.

En última instancia, la postura de Musk refleja su obsesión constante por redefinir los fundamentos de la civilización. Si su hipótesis es correcta, el dinero del futuro no se imprimirá ni se programará, sino que se generará a través de energía verificable. En ese sentido, Bitcoin no sería una burbuja digital, sino la primera manifestación de una economía donde cada kilovatio cuenta como unidad de verdad, en la que la búsqueda de ahorro luz será tan relevante como la búsqueda de valor financiero.

Fuente: papernest.es

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China cierra mina clave de litio de CATL y los precios globales se disparan

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El Gobierno de Pekín suspendió la explotación de la mina Lianxiawo, operada por CATL, que aporta el 6% del litio global. La medida, vinculada a un endurecimiento regulatorio, provocó un salto de más del 3% en el precio al contado y disparó las acciones de productoras en Asia, Australia y Wall Street. Analistas anticipan un impacto inmediato en la cadena de suministro y en el equilibrio del mercado.

El cierre temporal de la mina Lianxiawo, ubicada en la ciudad china de Yichun, sacudió este lunes al mercado internacional del litio. El yacimiento, operado por Contemporary Amperex Technology Co. Limited (CATL) —el mayor fabricante de baterías de litio del mundo y proveedor clave de Tesla—, representa aproximadamente el 6% de la producción global y forma parte de un complejo minero que supera el 11% del abastecimiento mundial.

La decisión responde a un endurecimiento en los controles regulatorios sobre la explotación de recursos estratégicos que lleva adelante el gobierno de Xi Jinping, en línea con su política de combatir la sobrecapacidad productiva y sostener precios en mercados con exceso de oferta.

Cifras y movimientos del mercado

  • Producción afectada: más de 46.000 toneladas métricas equivalentes de carbonato de litio al año, un 3% del suministro global previsto para 2025.
  • Precio al contado: subió 3% hasta 75.500 yuanes (US$10.570) por tonelada, máximo desde febrero.
  • Futuros en Guangzhou: contrato noviembre +8% diario, cerrando en 81.000 yuanes (US$11.340) por tonelada.
  • Índice Bloomberg del litio: en máximos desde mayo.
  • Acciones destacadas:
    • Tianqi Lithium (Hong Kong): +19%
    • Ganfeng Lithium (Hong Kong): +21%
    • Pilbara Minerals (Australia): +14%
    • Mineral Resources (Australia): +25%
    • Albemarle Corp. (EE.UU.): +15%
    • Lithium Americas (EE.UU.): +13%
    • SQM (Chile, NYSE): +12%

Entre la geopolítica y el reordenamiento productivo

Pekín mantiene una supervisión estricta sobre las mineras que no cumplen plenamente la normativa ambiental y de explotación. En el caso de CATL, la suspensión se produjo tras el vencimiento de la licencia de su proyecto en Yichun el 9 de agosto. La compañía afirmó que está gestionando su renovación “lo antes posible”, pero la magnitud del yacimiento y su peso estratégico hacen que el impacto trascienda lo local.

Citigroup interpreta la medida como una estrategia para frenar la sobrecapacidad y “revalorizar este recurso clave a largo plazo”, reforzando el poder de China sobre un insumo central para la transición energética.

Morgan Stanley, por su parte, advirtió que la interrupción podría absorber el excedente global estimado en 60.000 toneladas para 2025, generando “un riesgo alcista para los precios en el corto plazo” y acercando el mercado al equilibrio si se suman otras interrupciones.

La medida generó un rally bursátil en compañías productoras de litio y una inmediata presión alcista sobre los precios. El corte de producción no solo reduce la oferta disponible, sino que tensiona la cadena de valor de baterías para vehículos eléctricos y dispositivos de almacenamiento energético.

Analistas como Vincent Sun (Morningstar) señalan que la suspensión “es una señal de que la industria busca contener la caída de precios observada en 2024 y 2025”, en un contexto donde la cotización del litio llegó a ubicarse por debajo de su costo marginal de producción.

El 30 de septiembre vence el plazo para que las principales mineras chinas presenten sus informes de reservas y recursos. Las ocho minas bajo revisión concentran el 75% del suministro total de litio y rubidio de la provincia de Jiangxi, lo que deja abierta la posibilidad de nuevas suspensiones.

Si Pekín avanza en un recorte más amplio de la capacidad productiva, el mercado podría enfrentar una recuperación de precios más rápida de lo previsto, con impactos directos en el costo de baterías y, por ende, en la competitividad de la movilidad eléctrica global.

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La guerra menos pensada: Trump vs Musk

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Un pleito que sorprende, por el tono de la comunicación y por la capacidad de amplificar sus mensajes, pero no por el origen de la relación. Algo que parecía difícil de sostener en el tiempo finalmente muestra su verdadera cara: la de la enemistad cuando el poder está en juego. La disputa entre el político más importante del mundo y el hombre más rico del mundo.

Elon Musk formó parte del gobierno de Donald Trump hasta hace apenas unos días, y tras su salida, esa relación que parecía conjugar el epicentro más concentrado del poder mundial comenzó a desmoronarse. El dueño de Tesla (entre otras empresas) estuvo al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental, casi como una parodia estadounidense de la cartera dirigida por Federico Sturzenegger en Argentina. El área de Musk fue la encargada de ejecutar miles de despidos y el cierre de organismos en Estados Unidos, con el único fin de alcanzar el tan deseado equilibrio fiscal.

Cierto es que la llegada de Musk al gobierno de Trump le valió una ola de críticas a nivel mundial y boicots a sus empresas, al punto de comprometer el valor de sus acciones. En pocas palabras, el negocio no estaba cerrando. Más allá de eso, nunca se involucró demasiado en la política.

La salida del gobierno fue pacífica y todo hacía creer que la relación personal con Trump, así como los gestos públicos mutuos, se mantendrían en el tiempo. Pero el viraje fue rápido y abrupto. Elon Musk lanzó una serie de críticas directas a Donald Trump y a su nueva política fiscal, lo que provocó la ira política del mandatario y una inmediata respuesta, escalando el conflicto hasta acusaciones comprometedoras que, además, generaron un sismo interno en la política estadounidense y una incertidumbre propia de crisis institucional.

Todo comenzó con la ley presupuestaria que impulsa el presidente Trump y que espera sea aprobada lo antes posible. Dicha norma incluye la ampliación de exenciones tributarias, un mayor recorte en el gasto social y un aumento en el techo de deuda. Para Musk, es una abominación; para Trump, es grande y hermosa.

La crítica textual de Elon Musk fue la siguiente:
“Lo siento, pero ya no aguanto más. Este proyecto de ley del Congreso, enorme, escandaloso y repleto de gastos superfluos, es una abominación repugnante. Qué vergüenza para quienes lo han votado: saben que han hecho mal. Lo saben.”

La respuesta de Trump apuntó directamente a la quita de subsidios para la industria automotriz eléctrica, insinuando que esa fue la verdadera razón de la ofuscación de Musk. Literalmente, le metió el dedo en la herida. Nada peor que cuestionar subsidios ante alguien que dirigió un área encargada de recortar gastos. Trump disparó con artillería pesada y con pleno conocimiento de sus acciones.

Musk redobló la apuesta y vinculó al actual presidente con los oscuros encuentros de Jeffrey Epstein, condenado por abuso, trata y prostitución de menores. El golpe fue durísimo para Trump, abriendo la posibilidad de que la situación escale hasta el ámbito judicial en Estados Unidos.

¿Promesas incumplidas?

Más allá de los idas y vueltas y de los trending topics que derivan de este pleito, hay una cuestión que merece un análisis más profundo: el trasfondo internacional de esta pugna por el poder, entre promesas incumplidas y alianzas de cartón.

Una de las aristas menos exploradas del distanciamiento entre Trump y Musk está relacionada con la guerra en Ucrania. A primera vista puede parecer que no hay vínculo entre ambos asuntos, pero como dice el dicho: “todo tiene que ver con todo”.

Trump hizo del fin de la guerra en Ucrania una de sus principales promesas de campaña y, desde el primer minuto, trabajó en acercar posiciones para poner fin a la conflagración. Sin embargo, entre tensiones y distensiones, ese objetivo se fue diluyendo. Cabe destacar que es muy posible que Trump logre la paz en Europa del Este, incluso más que un eventual acercamiento directo entre Putin y Zelenski. Pero la espera agotó la paciencia de Musk.

El fin del conflicto y una eventual partición del territorio ucraniano delineaban una ocupación rusa por un lado y una injerencia económica estadounidense por el otro. Esta última no implicaba asentamientos, pero sí una estrategia clara: Ucrania debía comenzar a pagar los préstamos y el apoyo militar brindado por Washington. A cambio, entraba en juego la explotación de las tierras raras y minerales estratégicos del país, y allí es donde Elon Musk entraba en escena.

Entre manganeso, grafito, hierro, litio, uranio y titanio, Ucrania alberga cerca de 10 mil yacimientos de tierras raras y minerales, lo que la convierte en una de las reservas más grandes del mundo. Estos recursos son materia prima clave para la industria tecnológica y de comunicaciones.

Con este panorama, todo empieza a cuadrar. La alianza entre Trump y Musk tenía un componente económico desde el lado del magnate, y uno geopolítico desde el presidente. Musk creyó en la promesa de una resolución rápida del conflicto para que sus empresas pudieran acceder a los minerales ucranianos, potenciando al máximo sus ganancias y las de otros grandes jugadores que apoyaron a Trump, como Mark Zuckerberg y Jeff Bezos.

Para Trump, lo redituable era la estrategia geopolítica. Buscaba que las empresas aliadas crecieran, escalaran su producción y dominaran mercados, utilizándolas como arma de competencia directa frente a China en la guerra comercial.

Si lo analizamos en perspectiva, ambos tenían mucho por ganar. Trump, al reposicionar a Estados Unidos en el tablero global; Musk, al incrementar sus beneficios económicos. Sin embargo, los tiempos se estiraron, las promesas no se cumplieron, y el magnate terminó perdiendo más de lo que ganó durante su paso por el gobierno. Ante la falta de resultados, la alianza de cartón se rompió, y hoy vemos un cruce público donde ambos se reprochan abiertamente.

El poder es difícil de compartir. Se ejerce o se padece. Y cuando dos figuras de peso entran en juego, las alianzas suelen basarse más en intereses que en pactos de caballeros. Lo romántico de las promesas y las amistades es propio de quienes aún no han sido completamente corrompidos. Para Trump y Musk, como en la geopolítica misma, todo se trata de intereses.

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Tesla cae 71 %: Elon Musk pasará menos tiempo en Washington

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Por 
Jack Ewing, New York Times. Elon Musk, presidente ejecutivo de Tesla, dijo el martes que pasará menos tiempo en Washington trabajando para el presidente Donald Trump después de que su empresa de automóviles registrara una caída de sus ganancias del 71 por ciento en los tres primeros meses del año.

En una conferencia telefónica, Musk dijo a los analistas de Wall Street que seguiría dedicando “uno o dos días a la semana” a asuntos de Washington, probablemente mientras dure la presidencia de Trump. El multimillonario ejecutivo es uno de los confidentes más cercanos de Trump y ha desempeñado un papel destacado en los esfuerzos del mandatario por recortar drásticamente el gasto público y suprimir decenas de miles de puestos de trabajo en el gobierno federal.

Habló menos de dos horas después de que Tesla dijera que había ganado 409 millones de dólares, frente a los 1400 millones que registró en el primer trimestre de 2024. Previamente, la empresa había declarado una ganancia neta de 1100 millones de dólares el año pasado, pero revisó la cifra para reflejar los cambios en la forma de valorar sus activos en criptomonedas.

Las ventas de Tesla se han desplomado debido a la intensa competencia de fabricantes de automóviles chinos como BYD, la falta de nuevos modelos y el apoyo de Musk a causas de extrema derecha, que ha disuadido a algunos liberales y centristas de comprar vehículos de su marca.

Musk dijo que las recientes protestas en las salas de exposición de Tesla de todo el mundo habían sido convocadas por personas que iban a perder ayudas del gobierno debido a su trabajo actual con Trump. “La verdadera razón es que quien recibe el despilfarro y el fraude desea que continúe”, dijo.

Tesla sigue siendo el fabricante de automóviles más valioso del mundo medido por el precio de sus acciones, y vende muchos más vehículos eléctricos en Estados Unidos que ninguna otra empresa.

Pero sus acciones han perdido casi la mitad de su valor desde mediados de diciembre, ya que los inversores se han vuelto más pesimistas sobre las perspectivas de la empresa y están preocupados por el papel de Musk en el gobierno de Trump. Algunos inversionistas y analistas le han pedido recientemente al magnate que dedique más tiempo a gestionar Tesla y limite o ponga fin a su trabajo para el gobierno de Trump.

Sin embargo, aunque dedique menos tiempo a tareas administrativas, su atención seguirá dividida. Esto se debe a que Musk también dirige SpaceX, el sitio de redes sociales X, una empresa de inteligencia artificial llamada xAI y otros negocios.

Los beneficios estuvieron muy por debajo de las expectativas de Wall Street. Tesla habría perdido cientos de millones de dólares si no hubiera ganado 400 millones en intereses sobre efectivo e inversiones y 595 millones por la venta de créditos a otros fabricantes de automóviles que no cumplieron la normativa sobre emisiones que Trump ha prometido eliminar.

Las acciones de Tesla subieron alrededor de un 5 por ciento en las operaciones prolongadas después de que la empresa publicara sus resultados trimestrales.

“Es el peor resultado que he visto en la historia de Tesla”, dijo en X Ross Gerber, director ejecutivo de la empresa de inversiones Gerber Kawasaki.

Tesla se negó a ofrecer una previsión de ventas y ganancias para el resto del año, como es habitual, alegando que había demasiada incertidumbre económica.

“Es difícil medir el impacto de los cambios de la política comercial mundial en las cadenas de suministro de la automoción y la energía, en nuestra estructura de costos y en la demanda de bienes duraderos y servicios relacionados”, dijo Tesla en un informe a los accionistas.

En lo que puede haber sido un reconocimiento del daño que Musk ha hecho a la reputación de Tesla, la empresa se refirió al “sentimiento político cambiante” que, dijo, “podría tener un impacto significativo en la demanda de nuestros productos a corto plazo”.

Tesla ha ido perdiendo cuota de mercado frente a los fabricantes de automóviles chinos y otros más consolidados, como General Motors, Volkswagen y Hyundai, que han ido ofreciendo una creciente selección de vehículos eléctricos.

La empresa de Musk esperaba vender 20 millones de vehículos al año al final de la década, el doble que Toyota. Pero las ventas han ido disminuyendo tras subir a 1,8 millones en 2023. El año pasado, la empresa vendió 1,7 millones de coches, y sus ventas mundiales cayeron un 13 por ciento en el primer trimestre de 2025 respecto al año anterior.

El martes, los directivos de Tesla atribuyeron gran parte del descenso de las ventas a la ralentización de la producción porque la empresa estaba reajustando las cadenas de montaje para fabricar una nueva versión del utilitario deportivo Modelo Y.

El Cybertruck, el vehículo más nuevo de Tesla, que consumió muchos recursos de la empresa durante su desarrollo, parece cada vez más un fracaso. Sus ventas en el primer trimestre descendieron un 50 por ciento respecto a los tres últimos meses del año, según Cox Automotive, una empresa de investigación.

El sitio web de Tesla ha ofrecido recientemente descuentos de hasta 8500 dólares en los Cybertruck del inventario de la empresa. El vehículo cuesta a partir de 70.000 dólares antes de los incentivos federales y estatales.

El fabricante de automóviles reiteró que empezaría a producir un vehículo de menor costo a finales de junio, que haría posible que más personas pudieran permitirse un vehículo eléctrico, lo que potencialmente reactivaría las ventas. Pero la empresa no ha mostrado ningún prototipo ni ha dado muchos detalles sobre el auto.

Los analistas dudan que el nuevo vehículo esté disponible pronto en cantidades significativas. Tampoco está claro si se tratará de un nuevo diseño o si solo será una versión reducida del sedán Modelo 3 o del Modelo Y de Tesla.

Tesla dijo el martes que el vehículo “utilizará aspectos de la plataforma de próxima generación, así como aspectos de nuestras plataformas actuales, y se producirá en las mismas líneas de fabricación que nuestra gama actual de vehículos”.

El papel de Musk en la oficina federal denominada Departamento de Eficiencia Gubernamental, que ha recortado drásticamente los presupuestos de las agencias federales y suprimido miles de puestos de trabajo, le ha convertido en un pararrayos. Activistas han protestado ante concesionarios Tesla de todo el mundo, y sus vehículos han sido objeto de vandalismo o incluso quemados.

Tesla es probablemente menos vulnerable a los aranceles de Trump sobre automóviles y piezas que otros fabricantes de automóviles porque sus instalaciones de California y Texas fabrican todos los vehículos que venden en Estados Unidos. La empresa también tiene fábricas de automóviles en Shanghái y cerca de Berlín, que abastecen a gran parte del resto del mundo.

Sin embargo, Tesla también sufrirá. Sus fábricas estadounidenses utilizan piezas importadas de México y China que estarán sujetas a aranceles, lo que obligará a la empresa a subir los precios o a obtener menores ganancias.

Musk dijo el martes que no había podido disuadir a Trump de imponer aranceles a los automóviles que también perjudicarían a Tesla. “Seguiré abogando por aranceles más bajos en lugar de aranceles más altos, pero eso es todo lo que puedo hacer”, dijo.

En la llamada con los analistas, Musk dijo, como ya había hecho antes, que el futuro de Tesla estaba en la tecnología de inteligencia artificial que permitiría a los vehículos de la empresa conducirse solos sin intervención humana, lo que permitiría a las flotas de “cibercabs” ganar dinero transportando a los clientes.

Pero Tesla aún no ha perfeccionado la tecnología y se enfrenta a la competencia en ese incipiente negocio de varias empresas chinas y de Waymo, una unidad de Alphabet, la empresa matriz de Google.

Desde hace varios años, los coches autónomos de Waymo han ofrecido viajes de pago en Phoenix y San Francisco, y se están expandiendo a más lugares. El mes pasado, Waymo dijo que estaba realizando unos 200.000 viajes de pago a la semana en cuatro ciudades y anunció planes para ampliarlos a Washington. También está probando sus coches en Tokio.

Algunos analistas dudan que los vehículos autónomos de Tesla lleguen a producir los billones de dólares en ingresos que Musk ha dicho que generarán. Uber, que lleva 15 años ofreciendo viajes de pago y está trabajando con Waymo en Phoenix y Austin (Texas), declaró unos ingresos de 44.000 millones de dólares en 2024.

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Mauricio Macri celebró el encuentro entre Milei y Elon Musk: “La Argentina integrándose otra vez en el mundo”

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El ex mandatario respaldó al Presidente por su encuentro con el empresario sudafricano.

El ex presidente Mauricio Macri celebró el encuentro entre el mandatario nacional Javier Milei y el magnate Elon Musk durante la visita que el jefe de Estado realizó a la fabrica Tesla en Estados Unidos

“Celebro el encuentro entre el presidente Javier Milei y Elon Musk. Qué bueno es ver a la Argentina integrándose otra vez en el mundo”, aseguró Macri a través de un posteo en redes sociales. 

El Presidente se reunió con el poderoso empresario en Austin, Estado de Texas, en el marco de su gira por por el país del norte. 

Tras su paso por la ciudad costera de Miami, el mandatario viajó a Texas para recorrer la fábrica de Tesla y entrevistarse con su propietario, con quien comparte afinidad ideológica. 

 Milei recorrió la fábrica conocida como GigaTexas, la segunda más grande de Estados Unidos, que cuenta con más de 20 mil empleados y en la que fabrican el reconocido nuevo auto eléctrico que está a la orden de los US$25.000. 

Según supo la agencia Noticias Argentinas, ambos referentes liberales coincidieron en la necesidad de liberar los mercados, defender “las ideas de la libertad”, y desregular las economías para fomentar la llegada de inversores fue otro de los temas abordados en el encuentro. 

Tras la visita a la Fábrica Tesla Giga y el intercambio, la delegación presidencial hará escala en París, Francia, para luego partir rumbo a Dinamarca. 

El jefe de Estado llegará a Copenhague el domingo y buscará reunirse con la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen. También asistirá a la ceremonia de adquisición de 24 aviones cazas F16 y formará parte de la demostración aérea.

Para ello, el primer mandatario se efectuó chequeos médicos a fin de determinar si estaba en condiciones de hacer el viaje de prueba y, según revelaron fuentes de su entorno, va a ser el copiloto de una de las aeronaves. 

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