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¿Cuánto vale realmente una hora de tu vida profesional?

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Hace unos días tuve que hacer una cuenta que, después de muchos años de vida profesional, nunca había hecho de esa manera. Necesitaba definir cuánto tiempo estaba dispuesta a dedicar a un proyecto antes de sentarme a negociar las condiciones de mi participación. La pregunta parecía económica: ¿cuánto vale una hora de mi trabajo? Sin embargo, mientras intentaba responderla descubrí que dividir mis ingresos por la cantidad de horas trabajadas no resolvía el problema.

Porque esa hora no estaba vacía. Para ocuparla tenía que sacar otra cosa de mi agenda. Podía ser una hora destinada a un cliente, a desarrollar un proyecto propio, a escribir, a pensar una decisión estratégica o, simplemente, una hora de mi vida personal que el trabajo empezaba a absorber. La cuenta, entonces, dejó de ser cuánto podía cobrar por ese tiempo y pasó a ser cuánto me costaba realmente entregarlo.

Esta distinción importa especialmente cuando una carrera profesional empieza a acumular oportunidades. Al comienzo, el desafío suele ser conseguir trabajo, clientes o proyectos. Con los años puede aparecer un problema bastante menos evidente: hay más cosas que podríamos hacer que tiempo disponible para hacerlas. En ese momento, seguir midiendo todas las oportunidades únicamente por el ingreso que generan puede llevarnos a administrar mal nuestro recurso más escaso.

La economía tiene un concepto bastante preciso para esto: costo de oportunidad. Cada vez que elegimos una alternativa, renunciamos al beneficio que podría habernos proporcionado la mejor alternativa descartada. Aplicado a nuestra agenda, significa que el costo de una hora no está compuesto solamente por lo que cobramos o dejamos de cobrar durante esos sesenta minutos. También incluye aquello que desplazamos para poder ocuparlos.

Y ahí las horas empiezan a mostrar diferencias que el reloj no registra. Una hora atendiendo a un cliente puede producir ingresos inmediatamente. Una hora dedicada a tareas administrativas quizá no facture nada y, además, podría ser realizada por otra persona. Una hora utilizada para diseñar un servicio, revisar la rentabilidad de un negocio o preparar una negociación tampoco produce necesariamente dinero ese día, pero puede modificar los resultados de los próximos meses. Hay además horas que desaparecen entre reuniones innecesarias, problemas que podrían haberse evitado y desorganización. Y están, finalmente, aquellas que sacamos de nuestra vida personal para terminar lo que no entró en la jornada laboral.

Todas duran sesenta minutos. Económicamente, no valen lo mismo.

Alguien podría objetar que no todo puede reducirse a una cuenta económica, y tendría razón. Hay proyectos que aceptamos por aprendizaje, compromiso institucional, relaciones, propósito o simplemente porque queremos hacerlos. El problema no está en asignar tiempo a algo que no maximiza nuestros ingresos. El problema aparece cuando no sabemos que estamos tomando esa decisión y tratamos como gratuita una hora que tiene un costo.

Esto también cambia la manera de pensar a los clientes. Durante mucho tiempo asociamos un buen cliente con alguien que necesita nuestro servicio, reconoce su valor y puede pagar nuestros honorarios. Son condiciones importantes, pero no necesariamente suficientes. Un cliente puede pagar el precio acordado y resultar, aun así, demasiado caro para nuestra práctica profesional.

Puede requerir una cantidad desproporcionada de reuniones, mensajes, seguimiento o disponibilidad. Puede ocupar horarios que podrían destinarse a actividades de mayor valor. Puede demandar un nivel de atención que no estaba contemplado al fijar los honorarios. Incluso puede impedirnos aceptar un proyecto más alineado con la dirección en la que queremos crecer.

Por eso, no todos los que pueden pagar son clientes.

No como gesto de exclusividad ni como argumento para cobrar más. Es una cuestión de asignación de recursos. Cuando el tiempo disponible tiene un límite, aceptar una oportunidad significa necesariamente rechazar, postergar o reducir otra.

Esta mirada también obliga a revisar una idea muy instalada: estar con la agenda llena como indicador de éxito. Una agenda completamente ocupada puede mostrar demanda, pero también puede revelar que hemos asignado todo nuestro tiempo a producir el presente y no hemos reservado ninguna capacidad para construir el futuro. Si cada hora disponible está comprometida con la operación, queda muy poco espacio para pensar, diseñar, negociar, desarrollar nuevas oportunidades o simplemente evaluar hacia dónde estamos yendo.

Ahí aparece una hora que solemos subestimar precisamente porque no tiene facturación inmediata: la hora estratégica. Su resultado no siempre puede medirse al terminar el día. Sin embargo, una conversación bien preparada, una revisión seria de los números o una decisión sobre qué dejar de hacer puede producir más valor que varias horas de actividad operativa.

La cuenta que empecé intentando hacer para una negociación terminó llevándome a una conclusión diferente. Ya no necesitaba solamente establecer cuánto deberían pagarme por determinadas horas. Necesitaba decidir cuáles estaba dispuesta a entregar y cuáles no.

Esa diferencia modifica la posición desde la que negociamos. Cuando solamente calculamos nuestro precio, discutimos dinero. Cuando incorporamos el costo de oportunidad, empezamos a discutir algo bastante más importante: qué lugar queremos darle a ese trabajo dentro de nuestra vida profesional.

Durante buena parte de una carrera aprendemos a buscar oportunidades, generar ingresos y ocupar nuestra agenda. Pero llega un momento en que el problema cambia. Ya no es solamente conseguir más, sino elegir mejor. Y elegir mejor supone aceptar que un proyecto puede ser interesante, un cargo puede ser prestigioso y un cliente puede estar dispuesto a pagar nuestros honorarios, sin que eso alcance para justificar el tiempo que demandará.

Por eso, calcular cuánto vale una hora profesional no debería servir únicamente para fijar un precio. Debería ayudarnos a decidir dónde vale la pena ponerla.

Después de todo, el dinero que no ganamos hoy puede recuperarse. Una oportunidad incluso puede volver a presentarse. La hora que entregamos, en cambio, ya fue asignada.

Quizás esa sea la cuenta que conviene hacer antes de decir que sí.

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Empresarios pyme y representantes de los trabajadores convocan a reconstruir el diálogo por la producción y el empleo

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Más de 300 representantes del sector productivo, empresarial, sindical y académico del país, convocados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la Confederación General del Trabajo (CGT), la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE) y la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), se reunieron en la jornada “Argentina Produce: Diálogo que Construye”. “La situación actual es muy difícil para todos los sectores que hoy nos encontramos en la ciudad de Rosario”, dijo el presidente de CAME, Ricardo Diab.

“Como representantes de los comerciantes, no nos da lo mismo la venta de productos nacionales o importados, porque cada fábrica que cierra implica empleos que se pierden, y cada trabajador que se queda sin ingresos fijos es, a la vez, un consumidor que el sector comercial pierde”, continuó.

Durante el evento realizado en la Asociación Empresaria de Rosario (AER), los empresarios pyme y la CGT dejaron un fuerte mensaje: frente al deterioro de la actividad industrial, la pérdida de empleo, la baja del consumo y la ausencia de espacios para el consenso es necesario recuperar el diálogo para construir una agenda de desarrollo de largo plazo. Así, las expresiones durante el encuentro dejaron en evidencia el escenario complejo al que se enfrentan las pymes comerciales, las industriales y los trabajadores.

Por su parte, el secretario general de la CGT, Jorge Sola, remarcó que “empresarios y trabajadores representan intereses diferentes, pero comparten el mismo objetivo de generar más y mejor riqueza para la Argentina”. Asimismo, consideró indispensable construir un proyecto productivo que surja del consenso entre quienes invierten, producen, generan empleo y aquellos que trabajan. “No vemos proyectos para la industria ni para el comercio. Hay una oportunidad para corregir ese rumbo, y quienes estamos acá somos actores importantes para la construcción de una política productiva”, expresó.

En ese sentido, Diab resaltó que “la mayoría de las empresas que representamos no tienen más de 10 trabajadores. Por eso, quienes hoy los representan están acá con nosotros en la búsqueda de soluciones a los problemas que nos aquejan a todos. No estamos en contra de nadie, estamos a favor de lo que sea mejor para las pymes y sus empleados”.

A su turno, el titular de ADIMRA, Elio Del Re, aseguró: “Decimos ‘Argentina Produce’ porque ese es el lugar al que queremos ir. Lo pensamos con todos los sectores, abrazando a la industria, al comercio, al agro, a la ciencia y a la tecnología. No hay que excluir a nadie, y todos debemos trabajar en conjunto para el desarrollo de la Argentina que queremos”. También enfatizó que “el desarrollo de Vaca Muerta debe llegar a todo el país, y es un desafío para todo el sector productivo nacional, como la expansión y la evolución de la agroindustria. La industria no es el problema de Argentina, es parte de la solución”.

Por último, el presidente de FISFE, Javier Martín, afirmó que el país enfrenta “grandes oportunidades, pero también enormes desafíos. Argentina tiene posibilidades de resolver una restricción histórica gracias al gas, el petróleo, la minería y el agro, pero con eso no alcanza para 50 millones de argentinos. Necesitamos un proyecto productivo que incorpore ciencia, tecnología y trabajo calificado”. Además, advirtió que el segundo semestre será “muy complicado” para la industria y destacó su preocupación por la falta de políticas orientadas a reactivar la capacidad productiva y el mercado interno. “Valoro los avances en materia de estabilidad macroeconómica e inflación. Lo que no vemos son políticas que promuevan un incremento de la capacidad productiva”, finalizó.

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Del sueldo mensual al pago por proyecto: cómo cambia la forma de cobrar de los trabajadores 

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Durante décadas, trabajar estuvo asociado a una secuencia bastante previsible: una empresa, una jornada, un salario y una fecha de cobro. Pero la expansión del trabajo remoto, los equipos distribuidos y la contratación por proyectos empieza a alterar también una de las estructuras más arraigadas del mercado laboral: la idea de cobrar una vez por mes.

Este fenómeno global también está marcando tendencia en el país. Future Workforce Index 2026 de Upwork, plataforma global de contratación para profesionales, detectó que el 38% de los talentos relevados realizó trabajo freelance este año, frente al 28% en el 2025. A su vez, el 58% de los empleados full time dijo estar considerando esa modalidad para acceder a nuevas oportunidades profesionales.

La propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) viene siguiendo el crecimiento de las plataformas digitales que conectan empresas y trabajadores y en junio de 2026 aprobó el primer convenio internacional específicamente dedicado al trabajo en plataformas, otra señal de que las formas de empleo que escapan al modelo tradicional dejaron de ser un fenómeno marginal.

El trabajo cambia y los pagos siguen el mismo camino

Cuando el trabajo se organiza por proyectos, objetivos o ciclos de entrega, el calendario mensual empieza a perder centralidad. Un desarrollador puede trabajar con sprints de dos semanas; un diseñador, cobrar contra la entrega de una pieza; un consultor, por cada etapa terminada; y otros profesionales reciben honorarios semanales o quincenales.

La tendencia ya está incorporada en grandes marketplaces de talento. Para Mariquena Otermin, CMO de Bitwage by Paystand -plataforma que gestiona pagos globales  de honorarios en criptomonedas-, el cambio de fondo no es financiero, sino laboral.

“Estamos pasando de una economía organizada alrededor del puesto de trabajo a otra cada vez más organizada alrededor del talento y los resultados. Cuando una empresa contrata a una persona en otro país para un proyecto o un objetivo puntual, deja de tener sentido pensar que el único modelo posible sea cobrar el último día del mes. En Bitwage by Paystand vemos cómo aparecen pagos semanales, quincenales o vinculados directamente a entregables. Y con el cambio en la forma de trabajar llegó también la innovación financiera y el cambio en la infraestructura de pagos. Esto explica por qué cada vez más empresas suman la opción de pagar en stablecoins a sus colaboradores”, explica Otermin.

Desde la exchange latinoamericana Notbank by CryptoMarket que cuenta con más de 700 mil clientes y USD 4.500 millones procesados observan que el salario mensual si bien no está próximo a desaparecer, empieza a convivir con una realidad diferente: profesionales que trabajan para varios mercados, empresas que contratan por proyectos y pagos que siguen el ritmo de los resultados.

Argentina, un laboratorio del trabajador global

En Argentina el fenómeno adquiere una dimensión particular. Según datos de Bitwage by Paystand, de los pagos procesados en criptomonedas realizados a trabajadores de 200 países, el 48% de los mismos tienen como destino profesionales argentinos, una señal del peso que adquirió el país dentro del mercado internacional de trabajo remoto.

El dato coincide con el crecimiento de la exportación de talento. Durante 2025, las exportaciones de servicios de la Economía del Conocimiento alcanzaron los USD 9.600 millones, un récord histórico y un crecimiento del 8,1% interanual.

Además, representan el 53% de las exportaciones argentinas de servicios y el sector supera los 285.000 empleos formales, según datos oficiales.

Detrás de esas cifras aparecen programadores, diseñadores, contadores y otros perfiles capaces de trabajar desde Argentina para empresas en cualquier parte del mundo. Y, según Bitwage by Paystand, además el 55% de los mismos prefiere cobrar en monedas digitales estables atadas al dólar como USDT y USDC.

Stablecoins: la infraestructura que acompaña el cambio

Es en este punto donde las stablecoins empiezan a ocupar un lugar relevante. No porque hayan creado el trabajo global ni los contratos por proyecto, sino porque permiten que el dinero circule con una lógica similar a la del nuevo mercado laboral: sin depender necesariamente de horarios bancarios, fronteras o largos circuitos internacionales.

Para Rafael Meruane, CEO de Notbank by CryptoMarket, la transformación también modifica la forma en que los trabajadores administran sus finanzas.

“El salario tradicional estaba pensado para administrar un ingreso que llegaba una vez por mes. Cuando una persona empieza a cobrar cuatro, seis o más veces en ese mismo período, y además recibe fondos desde otros países, necesita otra lógica financiera. Ahí las stablecoins encuentran un caso de uso muy concreto: permiten recibir valor, mantener liquidez y decidir en qué momento convertir a moneda local, ahorrar o invertir. No están provocando el cambio laboral; están convirtiéndose en una de las herramientas que mejor se adapta a él”, señala Meruane.

Las stablecoins no inventaron este nuevo mundo laboral. Pero a medida que el trabajo se vuelve más global, flexible y fragmentado, también cambia la infraestructura necesaria para cobrarlo.

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Misiones fortalece la cooperación internacional para la innovación social y el desarrollo comunitario

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La ministra de Trabajo y Empleo de Misiones, Silvana Giménez, firmó un convenio marco de cooperación con la Fundación Talokan de México y la Fundación Artesanías Misioneras (FAM), una alianza estratégica que permitirá desarrollar programas de formación, investigación e innovación social, promoviendo el intercambio de conocimientos y experiencias entre ambas regiones para fortalecer el desarrollo territorial y la economía social.

El acuerdo, con una vigencia de cinco años, contempla la implementación de un programa de incubación de emprendimientos, el desarrollo de proyectos de innovación social y el fortalecimiento de la economía social. Además, prevé la realización de investigaciones, diplomados, certificaciones, intercambios académicos y profesionales, así como actividades científico-culturales que contribuirán al desarrollo de capacidades en las comunidades participantes.

La directora general de la Fundación Talokan de México, Andrea González Guerrero, destacó el alcance de esta alianza y el trabajo conjunto que comenzará a desarrollarse entre ambas regiones. “Estamos muy contentos de poder firmar este convenio con la ministra Silvana Giménez. Sobre todo por los procesos y los proyectos que vamos a poder realizar en conjunto, con actividades tanto en las comunidades de Misiones como de México, compartiendo conocimientos y desarrollando propuestas académicas. Estamos muy felices y agradecidos de concretar esta firma”, expresó.

Por su parte, Gisela Montiel, gestora general del Programa de Relaciones Internacionales e Integración Regional de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y miembro de la Fundación Artesanías Misioneras, remarcó que el convenio es el resultado de un proceso de articulación entre distintas instituciones de Argentina y México. “Queremos desarrollar actividades vinculadas al campo académico, institucional y de investigación, pero también fortalecer competencias y habilidades sobre innovación social. Para nosotros es un éxito poder desarrollar este proyecto y concretar este convenio porque permitirá que nuestras instituciones generen nuevas propuestas e interactúen de manera permanente”, afirmó.

Participaron de la firma la ministra de Trabajo y Empleo de Misiones, Silvana Giménez; la directora general de la Fundación Talokan de México, Andrea González Guerrero; y la gestora general del Programa de Relaciones Internacionales e Integración Regional de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y miembro de la Fundación Artesanías Misioneras, Gisela Montiel.

Con esta iniciativa, el Ministerio de Trabajo continúa promoviendo alianzas estratégicas que fortalecen la cooperación internacional como una herramienta para generar oportunidades, potenciar la formación de recursos humanos, impulsar la innovación social y contribuir al desarrollo sostenible de las comunidades misioneras.

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Para los trabajadores argentinos: un buen ambiente laboral contribuye al balance trabajo-vida personal

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Randstad, la compañía de talento líder a nivel global, presentó nuevos resultados de la edición 2026 del Randstad Employer Brand Research 2026, del que surge que los trabajadores argentinos consideran que un buen ambiente laboral es el principal factor (64%) que contribuye al balance trabajo-vida personal.

Le siguen, en orden de importancia, el crecimiento y la realización personal (45%), el tiempo libre y el descanso (44%), las modalidades de trabajo flexible (36%), una carga de trabajo y expectativas razonables (31%), un fácil acceso al trabajo (25%), el apoyo social y familiar (23%), el apoyo a la salud y el bienestar (18%) y un liderazgo de apoyo y cultura colaborativa (13%).

Al analizar la importancia de estos factores por generación, el estudio de marca empleadora de Randstad muestra que para la generación Z y los millennials el tiempo libre y el descanso ocupan el segundo lugar como drivers que contribuyen al balance trabajo-vida personal (45% frente a 39%), mientras que para las generaciones mayores ese lugar lo ocupa el crecimiento personal y la realización (52% frente a 43%). Asimismo, las modalidades de trabajo flexible son particularmente importantes para los millennials (39%), en comparación con la generación Z (34%), la generación X (32%) y los baby boomers (29%).

Al analizar la importancia de estos factores por género, el estudio muestra que existen pocas diferencias entre hombres y mujeres. Sin embargo, las mujeres son más propensas que los hombres a priorizar una modalidad de trabajo flexible (39% versus 32%) y la facilidad de acceso al lugar de trabajo (27% versus 23%).

Sobre estos resultados, Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, señaló: “Lograr un balance equilibrado entre la vida personal y el trabajo es un aspecto cada vez más valorado por el talento, al punto que es un motivador clave a la hora de permanecer en un empleo o buscar un cambio laboral. Los resultados de nuestro último estudio muestran que el ambiente laboral ocupa un lugar central para lograr ese equilibrio, por encima de otros aspectos como el crecimiento, el tiempo libre, la flexibilidad o la carga de trabajo. Trabajar sobre los atributos y valores de la cultura y sobre los estilos de liderazgo que promueve la organización, por la incidencia que tienen en el clima y las relaciones que se desarrollan dentro de los equipos de trabajo, resulta crítico para favorecer el tan ansiado equilibrio y una experiencia laboral positiva”.

Drivers que fortalecen la sensación de seguridad laboral

Frente a un contexto en el que las condiciones de la macroeconomía se perciben aún inciertas, los trabajadores ubican a la seguridad laboral entre los principales cinco factores a la hora de pensar en el empleador ideal en 2026.

En este contexto, el Randstad Employer Brand Research indaga sobre los elementos que tienen un aporte más significativo para generar una sensación de seguridad laboral en los trabajadores. Los resultados del estudio muestran que, para los argentinos, la remuneración y beneficios regulares tiene el impacto más relevante en la sensación de seguridad laboral (76%). Le siguen el reconocimiento por desempeño y la continuidad de carrera (48%) y la estabilidad organizacional y financiera (47%), poniendo de relieve que la seguridad laboral no solo se relaciona con la certidumbre financiera, sino también con una gestión consistente y la estabilidad organizacional a largo plazo.

Entre los demás factores que fortalecen la percepción de seguridad laboral, los encuestados también señalan las prácticas laborales justas y consistentes (41%), la comunicación transparente y confiable (40%), el aprendizaje, desarrollo y empleabilidad (37%) y una cultura empresarial sólida (11%).

Al analizar la importancia de estos factores por generación, el estudio de Randstad muestra que, a grandes rasgos, este ranking de atributos se mantiene consistente entre los distintos grupos etarios. Sin embargo, el talento más joven pone mayor énfasis en el aprendizaje, el desarrollo y la empleabilidad (46% entre la generación Z vs. 30% entre la generación X), mientras que las generaciones de mayor edad son más propensas a asociar la seguridad laboral con el reconocimiento por desempeño y las oportunidades de carrera (52% entre la generación X vs. 42% entre la generación Z).

“Al igual que la búsqueda de un mayor equilibrio entre la vida laboral y personal, la percepción de seguridad laboral crece como un valor relevante para los trabajadores. Si bien los factores externos a la organización, como la evolución de la actividad económica, inciden en las percepciones, las condiciones laborales, las políticas y rasgos de la cultura son los componentes centrales que definen este intangible. Comprender cuáles son los factores que fortalecen una sensación sólida de seguridad laboral permite a las empresas construir propuestas de valor para atraer, comprometer y fidelizar al talento”, puntualizó Andrea Avila.

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