La ministra de Trabajo y Empleo, Silvana Giménez, realizó una visita a la planta industrial de Pinturas Misioneras, donde recorrió las instalaciones y dialogó con sus responsables sobre el desarrollo productivo y el impacto de la empresa en la generación de empleo en la provincia.
Durante la jornada, se puso en valor el crecimiento sostenido de esta firma de origen familiar, que actualmente cuenta con más de 130 trabajadores entre su planta industrial y sus locales comerciales, consolidándose como una de las empresas referentes del sector en la región.
Desde el Ministerio de Trabajo y Empleo se viene articulando con Pinturas Misioneras en el desarrollo de capacitaciones en oficios, una línea de trabajo que cobra especial relevancia al generar herramientas concretas para la inserción laboral. Estas propuestas ya se están llevando adelante en Posadas y continuarán ampliándose a otras localidades de Misiones, acercando oportunidades de formación a más misioneros, en el marco de una articulación público-privada que fortalece el desarrollo productivo y el empleo en la provincia.
Fundada en 1993, Pinturas Misioneras nació con el objetivo de dar respuesta a las necesidades del mercado local y, con el paso del tiempo, logró expandirse a nivel nacional e internacional, posicionando sus productos en distintos mercados y llevando el sello misionero más allá de las fronteras.
En ese contexto, su fundador, Isidoro Rizzolo, recordó los inicios de la empresa y destacó el proceso de crecimiento y profesionalización: “Vimos la necesidad de desarrollar productos para la zona. Con el tiempo fuimos creciendo y el desarrollo que logramos fue muy importante”.
Por su parte, el ingeniero Daniel Rizzolo subrayó el compromiso con la calidad y el valor del trabajo local: “Tenemos la responsabilidad de representar a Misiones con lo que hacemos. Apostamos al trabajo, a la innovación y a seguir creciendo”.
La visita se enmarca en una agenda de trabajo que impulsa el Gobierno de Misiones para acompañar al sector industrial, promoviendo la innovación, el agregado de valor, la generación de empleo genuino y el fortalecimiento de la articulación público-privada, a través de iniciativas como las capacitaciones en oficios que se desarrollan junto al sector productivo, ampliando oportunidades para trabajadores.
Más de 840.000 personas mueren cada año a causa de problemas de salud vinculados a riesgos psicosociales, como las largas jornadas de trabajo, la inseguridad laboral y el acoso en el lugar de trabajo, según un nuevo informe mundial de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Estos riesgos psicosociales relacionados con el trabajo están principalmente asociados a enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales, incluido el suicidio.
El informe también señala que estos riesgos son responsables de la pérdida de casi 45 millones de años de vida ajustados por discapacidad al año, lo que refleja los años de vida saludable perdidos debido a enfermedad, discapacidad o muerte prematura, y se estima que generan pérdidas económicas equivalentes al 1,37 % del PIB mundial cada año.
El informe, El entorno de trabajo psicosocial: avances mundiales y vías de acción, destaca el creciente impacto de la forma en que el trabajo se diseña, organiza y gestiona en la seguridad y salud de los trabajadores. Advierte que los factores de riesgo psicosocial —incluidas las largas jornadas, la inseguridad laboral, las altas exigencias con bajo control y el acoso y la violencia en el lugar de trabajo— pueden generar entornos laborales perjudiciales si no se abordan adecuadamente.
¿Qué es el entorno de trabajo psicosocial?
El informe introduce el concepto de entorno de trabajo psicosocial como los elementos del trabajo y de las interacciones en el lugar de trabajo relacionados con la forma en que se diseñan los puestos, cómo se organiza y gestiona el trabajo, y las políticas, prácticas y procedimientos más amplios que rigen el trabajo. Estos elementos, tanto de manera individual como combinada, afectan a la salud y el bienestar de los trabajadores, así como al desempeño empresarial.
Para comprender mejor los riesgos psicosociales, el informe propone tres niveles interrelacionados del entorno laboral:
En primer lugar, la naturaleza del propio trabajo, incluidas las exigencias, las responsabilidades, la adecuación a las competencias de los trabajadores, el acceso a recursos y el diseño de las tareas en términos de significado, variedad y utilización de competencias.
En segundo lugar, la forma en que el trabajo se organiza y gestiona, lo que abarca la claridad de funciones, las expectativas, la autonomía, la carga de trabajo, el ritmo de trabajo, la supervisión y el apoyo.
En tercer lugar, las políticas, prácticas y procedimientos más amplios que rigen el trabajo. Estos incluyen los regímenes de empleo y de tiempo de trabajo, la gestión del cambio organizacional, la vigilancia digital, los procesos de desempeño y remuneración, las políticas y sistemas de seguridad y salud en el trabajo, los procedimientos para prevenir la violencia y el acoso en el trabajo, y los mecanismos de consulta y participación de los trabajadores.
El informe subraya que los riesgos psicosociales se originan en estos elementos y pueden prevenirse mediante enfoques organizativos que aborden sus causas estructurales. También destaca la importancia de integrar la gestión de los riesgos psicosociales en los sistemas de seguridad y salud en el trabajo, con el apoyo del diálogo social entre gobiernos, empleadores y trabajadores.
Cómo estimó la OIT las 840.000 muertes
La cifra de más de 840.000 muertes al año se estimó utilizando dos fuentes principales de evidencia.
La primera es la información sobre la prevalencia mundial de cinco grandes factores de riesgo psicosocial en el trabajo: la tensión laboral (altas exigencias combinadas con bajo control), el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa, la inseguridad laboral, las largas jornadas de trabajo y el acoso y la violencia en el lugar de trabajo. La segunda es la investigación científica que demuestra cómo estos riesgos aumentan la probabilidad de enfermedades graves como las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y los trastornos mentales, incluido el suicidio.
Estos niveles de riesgo se aplicaron a los datos mundiales más recientes sobre mortalidad y salud de la Organización Mundial de la Salud y del Estudio sobre la Carga Mundial de Morbilidad para estimar el número de muertes y los años de vida ajustados por discapacidad atribuibles a estos riesgos cada año. Este enfoque permitió a la OIT cuantificar tanto la carga humana como la económica, incluidas pérdidas de productividad reflejadas en los costes del PIB asociados a los años de vida saludable perdidos.
Además, el informe sintetiza un amplio conjunto de pruebas que muestran que los riesgos psicosociales están vinculados a una amplia gama de enfermedades mentales y físicas entre los trabajadores, incluidas la depresión y la ansiedad, así como enfermedades metabólicas, trastornos musculoesqueléticos y alteraciones del sueño.
Exposición generalizada
Si bien muchos riesgos psicosociales no son nuevos, las grandes transformaciones del mundo del trabajo, incluida la digitalización, la inteligencia artificial, el trabajo a distancia y las nuevas formas de empleo, están reconfigurando el entorno de trabajo psicosocial. Estos cambios pueden intensificar los riesgos existentes o crear otros nuevos si no se abordan adecuadamente.
Al mismo tiempo, pueden ofrecer oportunidades para mejorar la organización del trabajo y una mayor flexibilidad, lo que pone de relieve la necesidad de adoptar medidas proactivas.
“Los riesgos psicosociales se están convirtiendo en uno de los desafíos más importantes para la seguridad y salud en el trabajo en el mundo laboral moderno”, afirmó Manal Azzi, responsable del equipo de Políticas y Sistemas de SST de la OIT. “Mejorar el entorno de trabajo psicosocial es esencial no solo para proteger la salud mental y física de los trabajadores, sino también para fortalecer la productividad, el desempeño organizacional y el desarrollo económico sostenible”.
Al abordar estos riesgos de manera proactiva, concluye el informe, los países y las empresas pueden crear lugares de trabajo más saludables que beneficien tanto a los trabajadores como a las organizaciones, al tiempo que refuerzan la productividad y la resiliencia económica.
El dominio del inglés dejó de ser un diferencial para convertirse en una habilidad estratégica. En un contexto donde las empresas operan de forma cada vez más internacional y digital, los profesionales que manejan el idioma pueden acceder a mejores oportunidades laborales y salarios más altos, con diferencias que pueden alcanzar hasta un 30% según el sector y el tipo de rol.
El cambio ya es visible en el mercado laboral. Sectores como tecnología, servicios profesionales y economía del conocimiento demandan perfiles capaces de interactuar en entornos globales, participar en equipos distribuidos y acceder a información en tiempo real. En ese escenario, el idioma se vuelve una condición de acceso más que un valor agregado.
A su vez, el avance de la inteligencia artificial está acelerando esta tendencia. El trabajo se vuelve cada vez más colaborativo entre humanos y tecnología, y requiere habilidades que combinan conocimiento técnico, capacidad de análisis y comunicación. En muchos casos, esa interacción ocurre en inglés, tanto en herramientas como en contenidos y plataformas.
Desde Pearson, empresa global especializada en educación y aprendizaje, advierten que el desafío no es solo incorporar nuevas herramientas, sino desarrollar las habilidades necesarias para utilizarlas con criterio. “El riesgo no es solo el uso de nuevas tecnologías, sino que las personas no desarrollen las habilidades necesarias para trabajar con ellas de forma efectiva”, señalan desde la compañía.
En este contexto, el inglés funciona como un habilitador clave. Permite acceder a capacitación, certificaciones y contenidos que muchas veces no están disponibles en otros idiomas, además de facilitar la participación en redes profesionales y proyectos internacionales.
Al mismo tiempo, el idioma se integra a un conjunto más amplio de competencias que hoy son centrales: pensamiento crítico, adaptabilidad, aprendizaje continuo y capacidad de resolver problemas en entornos cambiantes. “Las herramientas de inteligencia artificial ya son una realidad, y la clave es aprender a utilizarlas de manera efectiva y responsable”, destaca Patricia Almendro, Gerente de Consultoría Académica de Pearson.
El impacto ya se refleja en las trayectorias profesionales. Quienes dominan el inglés no solo acceden a mejores salarios, sino también a más oportunidades de crecimiento, movilidad y especialización en mercados más dinámicos.
En un mapa laboral donde las fronteras son cada vez más difusas, el idioma deja de ser una habilidad complementaria para convertirse en una herramienta concreta de desarrollo. No garantiza el éxito, pero sí amplía el acceso. Y en un contexto donde las oportunidades no siempre son locales, esa diferencia puede ser decisiva.
Escriben Laura Caullo y Federico Belich, responsables de la sección Social-Laboral, Fundación Mediterránea. En Argentina, la situación del mercado laboral suele analizarse a partir de la tasa de desempleo. Sin embargo, este indicador ofrece una visión parcial de sus problemas reales. La dificultad no radica únicamente en cuántas personas no tienen trabajo, sino también en cuántas, aun teniéndolo, necesitan trabajar más o mejorar su situación laboral.
Pero esto no es reciente, sino que es la consecuencia de un mercado de trabajo degradado desde hace tiempo. Los datos del cuarto trimestre de 2025 siguen confirmando esta problemática. Con una tasa de desocupación del 7,5%, el nivel se ubica, en términos históricos, levemente por debajo del elevado promedio de los últimos 20 años (8,3%). Sin embargo, esa lectura convive con un fenómeno más amplio y extendido, muchas veces, el empleo disponible no alcanza, ni en cantidad de horas ni en nivel de ingresos.
De los 21 millones de ocupados, más de 3,7 millones están en esa situación. Se trata de trabajadores que, aun teniendo empleo, buscan activamente otro trabajo o una mayor carga horaria. En algunos casos, porque no logran completar una jornada plena; en otros, porque el ingreso que obtienen no alcanza. En este contexto, el pluriempleo deja de ser una excepción y empieza a consolidarse como estrategia para sostener ingresos.
Es decir, el problema no se limita únicamente a la falta de empleo, sino también a la calidad y a la capacidad de los puestos existentes para sostener ingresos. Cuando se incorpora esta dimensión, la imagen del mercado laboral cambia de manera significativa. Al sumar a los desocupados con los ocupados que buscan trabajar más horas o mejorar su situación laboral, la presión sobre el mercado de trabajo asciende al 24% de la población económicamente activa. En términos absolutos, esto equivale a más de 5 millones de personas. Se trata de una magnitud que relativiza la lectura basada exclusivamente en la tasa de desempleo, ya que muestra que el ajuste del mercado laboral no solo opera por la cantidad de empleo disponible, sino también por su calidad.
Esta dinámica se refleja con claridad en los datos del cuarto trimestre de 2025. La Población Económicamente Activa (PEA) alcanzó los 22,5 millones de personas (48,6% de la población total) y una tasa de desocupación del 7,5%. Sin embargo, estos indicadores conviven con problemas persistentes de calidad del empleo y formalidad. De los 21 millones de ocupados, el 82,1% no demanda otro empleo, aunque dentro de ese grupo la informalidad alcanza el 39%, equivalente a 6,7 millones de personas. A su vez, los ocupados demandantes representaron el 17,8% del total. Dentro de este segmento, el 47,3% corresponde a subocupados que trabajan pocas horas y buscan otro empleo o más carga horaria, mientras que el 52,7% restante son ocupados plenos que, aun con jornada completa, buscan otro trabajo. Pero este no es el único problema, la composición del empleo formal también se viene deteriorando. En los últimos dos años, los trabajadores monotributistas aumentaron 7,3%, mientras que los asalariados privados registrados cayeron un 2,1%.
Así, la verdadera magnitud del problema laboral surge al sumar a los desocupados y a los ocupados que buscan más horas de trabajo o un empleo de mejor calidad. Bajo esta mirada, la presión efectiva sobre el mercado laboral asciende al 23% de la PEA, equivalente a 5,2 millones de personas. Se trata de una magnitud mucho más relevante que la que sugiere la tasa de desempleo por sí sola y que muestra que una baja desocupación no necesariamente refleja un mercado laboral saludable, sino también la expansión de empleos precarios, fragmentados o informales.
Las diferencias territoriales refuerzan este diagnóstico. Provincias como Córdoba (35,4%), Tucumán (34,2%) y Santa Cruz (27,7%), presentan niveles elevados de presión laboral (medida como la suma de ocupados demandantes y desocupados), impulsados principalmente por la proporción de ocupados que buscan otro trabajo. No se trata necesariamente de mercados con más desempleo, sino de mercados donde el empleo disponible resulta insuficiente para sostener ingresos.
En contraste, en varias provincias del norte, una menor presión laboral no debe interpretarse como una mejora. Por el contrario, puede reflejar menores niveles de participación o desaliento ante la falta de oportunidades, en mercados laborales más deprimidos donde parte de la población directamente deja de buscar empleo.
Presión laboral por provincia en % de la PEA IV-2025
A nivel sectorial, las mayores tasas de búsqueda de empleo adicional se observan en actividades como el servicio doméstico (30,7%), hoteles y restaurantes (25,5%) y la construcción (23%). En el extremo opuesto, los sectores con menores tasas son minería e hidrocarburos, con 6,4%, actividades financieras, con 8,3%, y servicios inmobiliarios, con 9,7%.
El fenómeno también tiene una dimensión demográfica. La necesidad de complementar ingresos es más frecuente entre los jóvenes, especialmente en las primeras etapas de inserción laboral, 23% entre menores de 19 años, y entre las mujeres 16,6%.
En conjunto, los datos muestran la forma en que opera el mercado laboral argentino. La restricción ya no pasa exclusivamente por la generación de empleo, sino por su capacidad de ofrecer ingresos suficientes y condiciones más estables.
Esto plantea un desafío claro para la agenda económica. La mejora del mercado laboral no puede evaluarse únicamente a partir de la tasa de desempleo. Es necesario avanzar en la generación de empleo formal, productivo y mejor remunerado, capaz de reducir la necesidad de buscar ingresos adicionales o acumular ocupaciones.
La reforma laboral es una pieza importante para comenzar a revertir esta situación, en tanto pueda facilitar la creación de empleo formal y mejorar el funcionamiento del mercado laboral. Sin embargo, por sí sola no es suficiente. Para dejar atrás la degradación laboral acumulada durante años también es necesario avanzar con rapidez en el resto de las reformas estructurales que impulsen la productividad y competitividad, y consolidar un régimen monetario definitivo que garantice estabilidad macroeconómica. Solo así, con más producción y mejores instituciones laborales, será posible revertir de manera sostenida el deterioro del empleo.
En diciembre de 2025, el empleo registrado en el sector privado mostró una caída del 0,2% mensual a nivel país, cifra que equivale a una pérdida de 12.399 asalariados contra el mes anterior, la séptima baja consecutiva para este indicador.
En ese marco, también Misiones presentó un resultado negativo, de acuerdo con datos de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación procesados por la consultora Politikon Chaco.
Misiones registró en diciembre de 2025 unos 98.721 trabajadores en el sector privado formal, con un descenso del 0,4% contra el mes anterior, lo que equivale a la pérdida de unos 403 empleos durante el mes de análisis. De este modo, se observa una profundización en el deterioro del mercado de trabajo misionero en este segmento, ya que de los doce meses del año solo creció en tres (enero con +0,2%, abril con +0,5% y mayo con +0,2%), en tanto que cayó en los otros nueve meses, con descensos consecutivos entre junio y diciembre.
De este modo, el saldo del año en Misiones fue negativo en 4.675 empleos.
El panorama negativo del empleo también se observa en la comparación más larga: por un lado, la variación interanual de empleo de diciembre 2025 vs. igual mes de 2024 marca un retroceso del 4,7% (-4.684 empleos), la quinta más importante del país en términos relativos.
Por otra parte, desde que asumió Javier Milei, Misiones acumula una pérdida de 10.152 empleos (-9,3% vs. noviembre de 2023). En este caso, la provincia presenta la sexta caída más fuerte del país.
A la par, otro agravante de suma a la situación: el volumen actual de empleo es el más bajodesde enero de 2021, momento donde el trabajo estaba transitando una recuperación luego de los impactos de la pandemia.
Dicho de otro modo: la cantidad de trabajadores privados formales de la actualidad está en mínimos de los últimos 59 meses en la provincia, siendo además el peor diciembre desde 2020.
¿Qué pasó en el país?
Como se indicó previamente, a nivel nacional el empleo privado formal cayó 0,2% mensual en diciembre, perdiendo 12.399 asalariados privados en todo el país respecto al mes anterior. Este descenso se explica principalmente por las caídas en sectores como la Minería (-1,0%), Hoteles y Restaurantes (-0,6%) e Industria Manufacturera (-0,5%), entre otros.
A nivel acumulado de la era Milei (diciembre 2025 vs. noviembre de 2023, desestacionalizado) son 200.941 los empleos perdidos en el sector privado formal (-3,2%).
Entre los desempeños provinciales de diciembre, solo seis distritos presentaron subas mensuales del empleo privado formal, liderados por Corrientes (0,8%), Neuquén (0,5%) y Formosa (0,5%); otras cuatro provincias no mostraron variación (0,0%); y, por el contrario, los otros catorce subnacionales registraron caídas, con Chaco (-0,7%) y San Luis (-0,9%) presentando las más fuertes.