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La pelea que se viene: sindicalistas piden hasta $ 22.000 de salario mínimo vital y móvil

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Luego del cierre de las principales paritarias del año, el Gobierno nacional, los sindicalistas y los empresarios se embarcarán en una durísima puja por el incremento del Salario Mínimo, Vital y Móvil, que hoy está en $ 8.060.

En el Ministerio de Trabajo creen que “todavía falta” para iniciar esa discusión y evitaron dar un porcentaje o monto estimado de la suba que se viene. Cerca del ministro Jorge Triaca consideran apresurado hablar de estos temas, aunque celebran el cierre de casi 40% de las negociaciones salariales en marcha. “El promedio de los acuerdos es del 20% y en la mayoría de ellas se incorpora este concepto de cláusula revisión o gatillo”, dijo Triaca, al admitir la desconfianza que genera en los gremios el cumplimiento de la meta de inflación oficial.

“Si se la mira para adelante estará en 18% y ese es el promedio cercano al 20%” que se firma, resaltó el ministro en una entrevista radial. “La proyección del año pasado terminó en 37%”, añadió el funcionario. En 2016 el órgano tripartito firmó 33% en tres cuotas para el SMVyM.

Fuentes gubernamentales deslizaron a este medio que en la próxima reunión del Consejo del Salario la Casa Rosada buscará fijar el nuevo Salario Mínimo entorno a $ 9.500 para 2017. Los trabajadores piden más. Algunos, muchísimo más.

La CGT espera que los convoquen para la segunda quincena de junio. “Queremos mejorar el piso a través de la recomposición del salario, incluida la pérdida de poder adquisitivo del año pasado. Las expectativas para este año están muy por encima del 17% o 18%, que ahora han actualizado al 20%. Como sigan así los índices inflacionarios ninguna mediación estará por abajo del 25%”, anticipó a ámbito.com un integrante del Consejo Directivo de la central obrera.

En la calle Azopardo destacaron que el SMVyM debe “estar fuertemente impregnado por los aumentos en alimentos, a donde va principalmente el salario de los trabajadores, y ahí tenemos un aumento mayor que la inflación promedio o núcleo, como le dicen”.

El Observatorio de Datos Económicos y Sociales de la CGT reveló que la inflación de abril fue de 2,45% y que en los últimos 12 meses acumula 33,28%. Según el sondeo, una familia compuesta por dos adultos y dos hijos menores necesitó $ 14.761 mensuales para no ser pobre, lo cual representó un ingreso diario de $ 485. Ese mismo hogar para no caer en la indigencia debió contar con una entrada de $ 6.562 por mes, es decir $ 215 por día.

Según el índice que realiza el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET-UMET) integrado por gremios de la CGT y la CTA, la inflación anual suma 27,1%, aunque remonta al 29,2% para el decil de ingresos más bajos.

Hugo Yasky se reúne el próximo miércoles con los economistas del CIFRA para definir un monto. “El aumento no debería bajar de 35% teniendo en cuenta la pérdida que se ha acumulado en un año y medio”, anticipó el dirigente gremial a este medio. “El SMVyM es la referencia para casi la totalidad de trabajadores que no tienen convenio. En la Argentina hay un 50% de la fuerza laboral que no está en convenio y, generalmente, ellos tienen de piso salarial lo que establece el Salario Mínimo Vital y Móvil”, señaló el titular de la CTA de los Argentinos.

Yasky consideró que la pauta oficial de 18% está “forzando la realidad” y que es “imposible” de sostener. “Puertas adentro en el Gobierno ya se está discutiendo que la meta inflacionaria que pusieron es inalcanzable, que la tendrán que modificar. Y que después de octubre habrá un cambio que significará barajar y dar de nuevo. Si el propio Gobierno está discutiendo eso, no tiene sentido que quiere imponer una pauta desactualizada”, afirmó.

El jefe de la CTA Autónoma Pablo Micheli es el que más pide: $ 22.000. “Debe tender a esa valor porque un matrimonio con dos chicos en edad escolar necesitan esa cifra para vivir dignamente. Pero mientras discutimos cómo llegamos a $ 22.000, porque ni el Gobierno ni los empresarios lo van a aceptar, ningún trabajador debe ganar menos de la línea de la pobreza de $ 14.000. Es una postura firme, es un piso para la discusión en la próxima convocatoria del Consejo del Salario”, explicó el sindicalista de ATE.

Daniel Menéndez, coordinador nacional de Barrios de Pie, coincidió que el “piso” del SMVyM debería estar en la misma línea de la Canasta Básica Total (CBT) del INDEC. “El salario mínimo está en niveles que deberían llamar a la reflexión por lo miserable del monto actual. Tiene que haber un aumento acorde a lo desproporcionado en que está ahora, y creemos que no tendría que seguir la pauta que se está siguiendo para los distintos sectores, que ronda el 20% o 25%”, enfatizó el líder social.

“Debe tener un aumento considerable y que las centrales obreras tomen nota de lo importante que sería una suba significativa que permita poner presión en la base de la pirámide, porque es referencia de empleo informal”, remarcó el jefe de la agrupación piquetera, que para este miércoles prometió desplegar 1.000 ollas populares por todo el país para denunciar la malnutrición de los chicos y la caída en el consumo de leche.

Desde la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) exigen un suba de 24% para elevar el Salario Social Complementario de $ 4.000 a $ 5.000. “Según establece la ley de emergencia el salario social es el 50% del mínimo, vital y móvil, así que estimamos que debe rondar los $ 10.000 o un poco más”, anunció el dirigente de la CTEP y el Movimiento Evita, Gildo Onorato. “Los índices de pobreza están por encima de eso, que sería ideal, pero no vemos decisión del Gobierno en llevarlo a ese nivel, y pretendemos que suba todo lo posible. A la CGT le planteamos un escenario de máxima, y si no se da, tenemos que estar en $ 10.000”, completó Onorato.

Al igual que Barrios de Pie y la CTA, en la CTEP también rechazaron el 18% que buscaría el Gobierno.“Es bastante irracional, teniendo en cuenta que la tarifa de luz en la provincia subió 58%, los impuestos aumentan por arriba del 30% o 40% y el piso de inflación es de 17% o 18%, y confirma la tendencia de que el Gobierno nacional favorece a los sectores que más tienen”, se quejó el cooperativista.

Cifras

El año pasado el salario mínimo se incrementó 33% en dos cuotas de $ 750 y una tercera de $ 500hasta llegar en enero pasado a $ 8.060. El seguro de desempleo subió 650% a $ 3.000, tras permanecer congelado desde 2006.

Según el INDEC, una familia necesitó en marzo un ingreso de $ 14.090 para no ser pobre. Mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide los precios de los alimentos de primera necesidad y que marca el umbral para no caer en la indigencia, alcanzó los $ 5.798. El 23 de mayo se conocerán los valores de las CBT y CBA de abril. La inflación oficial fue de 2,6%.

La única medición de abril de canastas que ya se conoce es de consultora FIEL, que estimó la CBT en $ 13.049 y la Alimentaria en $ 5.621. En tanto, el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi) midió que una familia integrada por dos adultos y dos niños necesitó el mes pasado $ 13.764 para no ser pobre y unos $ 5.664 para no caer en la indigencia.

Desde marzo la jubilación mínima se clavó en $ 6.394, mientras que la máxima trepó a $ 46.849. En el mismo mes, la Asignación Universal por Hijo (AUH) ascendió $ 1.246 y la asignación escolar quedó en $ 1.043 al año. La Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires aseguró que la canasta básica de los jubilados ya cuesta $ 16.134 mensuales. La discusión por el nuevo salario mínimo ya arrancó. (Ambito)

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Agulla participará en plenaria del Consejo Federal del Trabajo

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El ministro de Trabajo y Empleo de la provincia, Juan Carlos Agulla participara mañana y el viernes de la 99 reunión plenaria del Consejo Federal del Trabajo que se realizará en Resistencia, y que contará con la presencia del ministro de la cartera nacional, Jorge Triacca y su equipo de trabajo.

El Consejo Federal del Trabajo es un organismo que tiene por objetivo fortalecer las administraciones laborales procurando la mayor eficacia de la actividad gubernamental y de los actores sociales en las distintas jurisdicciones y competencias.

El encuentro se iniciará a las 16.30 de mañana con palabras de bienvenida, y posteriormente Pedro Furtado de Oliveira, director de la oficina País OIT, disertará sobre “106 conferencia Internacional del Trabajo: construir un futuro con trabajo decente”. Posteriormente la temática abordará aspectos relacionados con la IV Conferencia Mundial sobre la Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil.

En la continuidad del programa, Paola Ardú, de la Dirección de Asuntos Internacionales, se referirá al Sistema de control de Normas de la OIT y luego se expondrán aspectos relacionados con la participación de Argentina en el G20.

Para el viernes la actividad se retomará con la charla que brindarán Javier Diez Villa, director Zona 1 y Daniel Apud, director Zona 2, sobre “el rol del ministerio en el NOA, acción preventiva e inspectiva” y finalmente se analizará una propuesta de Santiago del Estero sobre la “Problemática de los Trabajadores Rurales Migrantes”.

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Analizan medidas para los tareferos en época de interzafra

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En el transcurso de la semana anterior, se reunieron en San Pedro, funcionarios provinciales y tareferos, a fin de delinear acciones tendientes a solucionar la problemática que se plantea en el sector con la llegada de la interzafra, que en esta oportunidad se extenderá siete meses, a partir de la resolución número 29 del INYM, emitida el 22 de febrero último, que fijó de abril a agosto de este año la vigencia del período de zafra para la yerba mate.

Por la provincia asistieron el subsecretario de Capacitación y Promoción del Empleo del Ministerio de Trabajo, Ramón Florentín; Claudio Vázquez de área rural de Vicegobernación y Gastón Roa por el ministerio de Desarrollo Social, además de funcionarios de Acción Social y de la Oficina de Empleo de la Municipalidad de San Pedro, y un importante grupo de trabajadores.

El encuentro sirvió para escuchar inquietudes de los tareferos y fijar pautas de trabajo conjunto a efectos de anticiparse a la llegada de la interzafra y evitar la problemática que se plantea anualmente. Cabe recordar que en la última interzafra, Nación abonó un subsidio por cuatro meses para aquellos que trabajaron al menos tres meses y que hayan percibido un monto no inferior a los 2.300 pesos. Desde el ministerio de Trabajo y Empleo de la provincia se anticipó que realizarán las gestiones pertinentes a efecto de lograr la ampliación del subsidio a seis meses y se aclaró que el subsidio es compatible con la Asignación Universal por Hijo.

Además de ello, desde Desarrollo Social se planteó la necesidad de elaborar en forma conjunta con los tareferos, el listado de los beneficiarios de los módulos alimentarios para que no se produzcan situaciones de injusticia y lleguen a quienes verdaderamente lo necesitan. Por su parte el área de vicegobernación se comprometió a trabajar en capacitación en oficios, huertas de autoconsumo y venta de excedentes, en tanto que la cartera laboral ofrecerá charlas y capacitación en seguridad e higiene, derechos laborales y asistencia con herramientas menores.

 
 
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Brotes verdes, amarillos y rojos: ¿qué pasa con el empleo en Argentina?

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El pasado jueves 16 de marzo el INDEC dio a conocer datos de desempleo del cuarto trimestre, que dieron una baja respecto al tercero (7,6% contra 8,5%). Unas horas antes de que el organismo de estadística publicara el dato, el diputado oficialista Luciano Laspina tuiteó: “Tengo una buena noticia. El desempleo está bajando en la Argentina. Bajó a 7,6%, casi un punto menos respecto al tercer trimestre”. Sin embargo, a las pocas horas lo borró: quizá porque no corresponde que alguien que no sea el INDEC comunique ese tipo de datos o, quizá, porque la baja del desempleo no se dio por un motivo positivo (como la creación de empleo), sino por otro (personas que no tenían trabajo y buscaban activamente dejaron de buscarlo), como se conoció horas después en el informe del INDEC. Ahora bien, por esta razón es muy errado entender el mercado de trabajo argentino (o el de cualquier país) en base a una sola variable como la tasa de desempleo. En lo que sigue, procuraremos analizar qué está pasando con el mercado de trabajo en la coyuntura actual, tratando de sacar el mayor jugo posible a los datos oficiales.

Los indicadores del mercado laboral

Un niño de 12 años que va a la escuela y por tanto no trabaja, ¿es un desocupado? Un jubilado que trabajó 40 años y ahora tiene 80, ¿lo es?

El desempleo no implica sólo no tener trabajo. También hay una segunda condición: no tenerlo y, además, buscar activamente empleo. Las personas que no trabajan ni buscan activamente empleo se denominan “inactivas” (es el caso del niño y del jubilado mencionados recién, pero también de muchos adultos que, por diversas razones -discapacidad, son amas de casa, desaliento a buscar empleo por falta de oportunidades, etcétera-, no trabajan ni buscan empleo). Por el contrario, los ocupados (se considera ocupado a toda persona que haya trabajado una hora en la semana en la que el INDEC le hace la encuesta -salvo que esté de vacaciones o licencia laboral-) y los desocupados componen lo que se denomina “población económicamente activa (PEA)” o “fuerza laboral”. La “tasa de desocupación” es el porcentaje de los desocupados sobre la PEA, no sobre el total de la población. El 7,6% actual significa que de cada 1000 activos, 76 son desocupados y 924 ocupados.

Como decíamos antes, la desocupación entre el tercer y cuarto trimestre no bajó porque desocupados se transformaran en ocupados, sino que pasaron a ser inactivos. Aún más, los datos del INDEC muestran que hubo 29.000 ocupados menos en el cuarto trimestre respecto al tercero. Este dato debe tomarse con ciertas pinzas, por razones que detallaremos luego.

Volvamos por un minuto a las medidas que se usan para analizar el mercado de trabajo. Además de la tasa de desocupación, hay otras que son muy importantes. Por ejemplo, una de ellas es la “tasa de actividad”, que mide cuántas personas son activas (ocupados más desocupados) cada 100 habitantes. Entre el tercer y el cuarto trimestre, tal cifra cayó del 46% al 45,3%. De ahí que haya bajado la desocupación en simultáneo con el empleo. Otro indicador muy relevante es la “tasa de empleo”, que muestra cuántos ocupados hay cada 100 habitantes. Quizá esta medida es mejor indicador de la situación económica que el desempleo, ya que efectivamente nos muestra qué porcentaje de la población trabaja. Teniendo en cuenta que la población argentina crece al 1% por año, ello significa que el empleo debiera crecer al mismo ritmo para que la tasa de empleo se mantenga constante. Habida cuenta de que tenemos poco más de 18 millones de ocupados, eso implica que tendríamos que crear 180.000 puestos de trabajo al año para mantener la tasa de empleo constante. “Se sostuvo el empleo”, frase que diversos gobiernos han destacado como una noticia positiva en algunos contextos, no es algo demasiado promisorio: si el empleo se sostiene (sin crecer), la tasa de empleo empeora. En otras palabras, se mantienen los ocupados pero las nuevas personas que ingresan al mercado laboral no logran insertarse. La variable demográfica es clave en los análisis económicos: de ahí que tampoco sea del todo útil decir “mienten cuando dicen que la economía no creció durante el último gobierno de Cristina, ya que el PBI creció 0,2% por año”. Crecer al 0,2% por año implica una caída del 0,8% anual en términos per cápita. Del mismo modo, si el PBI creciera 2,5% en 2017 y volviera a los niveles de 2015, estaríamos 2% abajo en materia per cápita (por el crecimiento demográfico de 2016 y 2017). Nada que festejar.

Hay diversas variables adicionales que importan en el mercado de trabajo. Hay dos de ellas que suelen tener rebote mediático (aunque menor al de la desocupación): la subocupación y la informalidad. Un subocupado es un tipo específico de ocupado: aquel que trabaja menos de 35 horas semanales por causas involuntarias, y que además está dispuesto a trabajar más horas. La tasa de subocupación -al igual que la de desocupación- se calcula como porcentaje de la PEA, y no sobre la población total (como ocurre con la tasa de actividad y la tasa de empleo). Entre el tercer trimestre y el cuarto casi no cambió: pasó del 10,2% al 10,3% (por debajo del 11,2% del segundo trimestre).

Por su lado, la informalidad es muchas veces tomada como síntoma de precariedad laboral o empleo vulnerable. Dentro de los asalariados (esto es, los ocupados que están en relación de dependencia, a diferencia de los patrones -que tienen personal a cargo- y cuentapropistas -que no tienen personal a cargo pero no están en relación de dependencia-), tenemos los “en blanco” o “formales” o “registrados”, que son aquellos que aportan al sistema jubilatorio (y que además suelen tener obra social y vacaciones pagas, por ejemplo), y los “en negro” o “informales” o “no registrados”, que no aportan al sistema jubilatorio (y no tienen obra social y, en muchos casos, tampoco vacaciones pagas). Lo que conocemos como “tasa de informalidad” refiere al porcentaje de asalariados que no aporta al sistema jubilatorio: en el cuarto trimestre, tal cifra estuvo en el 33,6% (la última medición kirchnerista daba 33,1% en el segundo trimestre de 2015). Tal 33,6% esconde heterogeneidades regionales: el noroesta (NOA) superó el 40% y en la Patagonia rondó el 17%.

El problema de la “tasa de informalidad de los asalariados” es que se dejan afuera a los trabajadores no asalariados (también llamados trabajadores independientes, que son aproximadamente el 24% del total), para los cuales medir formalidad es más complejo (puede ser como aportantes a la seguridad social vía regímenes como monotributo, aunque otros análisis definen informalidad no asalariada en función del nivel de calificación del ocupado). Si tomáramos a los no asalariados (recordemos, patrones y cuentapropistas) de baja-media calificación como informales y a los de alta calificación como formales, la informalidad en Argentina (contando todo) estaría en torno al 40%. Tomando a la fuerza laboral en su conjunto (esto es, ocupados más desocupados), tenemos que alrededor del 45% de la PEA tiene problemas de empleo (esto es, son desocupados o asalariados informales o trabajadores independientes informales). El Gráfico 1 a continuación muestra el mapa del empleo en Argentina al segundo trimestre de 2016 de acuerdo a microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. Si bien el desempleo entonces era del 9,3% y en el cuarto trimestre del 7,6%, el diagnóstico no cambia en lo esencial. Cambiar para bien significativamente ese mapa del empleo sólo se puede dar en el largo plazo por medio del desarrollo económico y productivo; hacerlo para mal puede hacerse más rápidamente por medio de catástrofes económicas (algo que por suerte no ocurrió en el segundo semestre de 2016).

Gráfico 1: Composición de la fuerza laboral en Argentina (segundo trimestre de 2016), en porcentaje

 

Fuente: elaboración propia en base a INDEC

Ay, INDEC

¿Cómo podemos analizar en el tiempo lo que pasa en el mercado de trabajo argentino? En primer lugar, vale aclarar que hay dos grandes fuentes de información para monitorear las tendencias del mercado de trabajo. La más famosa es la EPH que realiza el INDEC, que cubre 31 aglomerados urbanos del país que representan el 62% de la población nacional. Al encuestar unos 26.000 hogares por trimestre, la EPH permite conocer múltiples aspectos de la población, como por ejemplo las mencionadas tasas de desocupación, subocupación, empleo, actividad o informalidad.

Lamentablemente, es difícil tener una comparabilidad fiable con los datos de la EPH 2016 con la de los años previos. ¿Por qué pasa esto? Básicamente porque es difícil poner las manos 100% al fuego por la EPH del período 2007–2015, de la intervención kirchnerista en el INDEC. Es complicado saber bien qué se manipuló (si es que efectivamente se manipuló) de la EPH durante los últimos años kirchneristas. Existen ciertos indicios de que se toqueteaba “quirúrgicamente” la tasa de desempleo, por medio de por ejemplo la “oficina matadesocupados” (que llamaba a los que eran desocupados y les hacían una serie de repreguntas para ver si los transformaban en “inactivos”). Sin embargo, no podemos saber a ciencia cierta cuánto incidía ello en el desempleo (mi intuición: en torno a 0,5 y 1 punto porcentual, al menos a partir de comparar los datos de desempleo de CABA según la EPH y la Dirección de Estadísticas de CABA, que tiene su propia medición del mercado laboral porteño).

Si la tasa de desempleo del cuarto trimestre de 2016 estuvo en el 7,6% (en un contexto recesivo), no suena del todo descabellado que el desempleo durante los últimos años kirchneristas estuviera en torno al 6/7%, tal como mostraban las cifras oficiales. Luego, el resto de los datos de la EPH de los años kirchneristas (tasa de informalidad, porcentaje de ocupados, ingresos, etcétera) luce medianamente razonable. He pasado días enteros comparando la EPH 2016 (sin sospechas de intervención K) con la de los años anteriores y -salvo en lo mencionado del desempleo- no vi nada extraño. Si los ingresos de la población hubieran estado muy inflados durante los años kirchneristas (para amplificar mejoras en el salario real por ejemplo, aún tomando datos alternativos de inflación), tendríamos que haber encontrado que entre 2015 y 2016 habrían subido muy poco según la EPH. No ocurrió ello: por el contrario, los salarios según EPH subieron poco más del 30% entre esos años (segundos trimestres), cifra razonable, a tono con los registros administrativos del Estado y las paritarias.

De todos modos, en lo que concierne a desempleo, no podemos saber exactamente qué pasó. El último dato oficial del INDEC kirchnerista dio un desempleo del 5,9% en el tercer trimestre de 2015. No tenemos datos oficiales del cuarto trimestre de 2015, comparable -por razones estacionales- con el cuarto trimestre actual (la comparabilidad del mercado de trabajo siempre es mejor hacerla con el mismo trimestre de años anteriores y no contra otros trimestres del mismo año). Del cuarto trimestre de 2014 sí tenemos datos: 6,9%. Pero lamentablemente no podemos poner las manos en el fuego por ellos, al menos en lo que concierne al desempleo. ¿Qué podemos hacer, entonces, para analizar comparativamente?

El SIPA: virtudes y defectos

Hay una segunda gran fuente de información para analizar el mercado de trabajo argentino, que es el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la cual tiene dos grandes ventajas y una gran desventaja respecto a la EPH. La desventaja es que el SIPA solo capta el empleo registrado, dejando fuera de cobertura a todos los informales y, obviamente, a los desocupados. Por su lado, la primera gran ventaja del SIPA es que no se trata de una encuesta (que tiene errores muestrales –de ahí que no podamos decir con precisión que entre el tercer y el cuarto trimestre de 2016 se destruyeron 29.000 empleos, como surge de la EPH, ya que hay un margen de error estadístico importante). Por el contrario, los datos de SIPA surgen de registros administrativos del Estado (CUIT y CUIL), de modo que conocemos con exactitud la cantidad de asalariados formales (y monotribustistas/autónomos). Aun más, hasta podemos tener un alto detalle de lo que pasa en cada provincia o en cada rama de actividad. Otra gran ventaja del SIPA es que durante el período 2007–2015 sus datos no han sido impugnados por nadie, a diferencia de los del INDEC.

¿Qué dicen los datos del SIPA, en lo que concierne al empleo asalariado formal en el sector privado -que es el que todos los gobiernos dicen querer fomentar, a diferencia del empleo público, que muestra más divisiones ideológicas-? El Cuadro 1 exhibe la variación del empleo asalariado formal privado en el cuarto trimestre de 2016 respecto al mismo período de 2015, para el total del país y para las 24 jurisdicciones del país. Los datos efectivamente no son nada buenos: el empleo asalariado “en blanco” del sector privado (poco más de 6 millones de personas) cayó 1,1% interanual, la cifra más fuerte que 2009, por encima de los recesivos 2012 y 2014, cuando el empleo se mantuvo estable. La hipótesis de Sergio Berensztein, consultor cercano al PRO, no es irrazonable, aunque sí insuficiente: antes de 2016 las empresas se cuidaban de despedir por temor a las represalias del gobierno anterior. Sin embargo, 2016 se caracterizó por algo que 2014 (de caída similar del PBI y del mercado interno) no tuvo: mayor apertura comercial, que afectó severamente a diversos segmentos industriales, muchos de ellos intensivos en empleo (como calzado, textiles o metalurgia). En efecto, 2016 fue un año anómalo: las cantidades importadas subieron en conjunción con una recesión. Sólo en 1916, 1925, 1945 y 1975 se había dado ello.

La dinámica del empleo en 2016 fue muy desigual a nivel regional y sectorial. En el Cuadro 1 vemos un dato muy importante (recomendamos tenerlo en el radar habida cuenta de que en unos meses tenemos elecciones): en 8 de los 24 distritos (Chaco, Santiago del Estero, Río Negro, Misiones, Catamarca, San Luis, Formosa y Tierra del Fuego, en donde el empleo asalariado formal privado se contrajo un dramático 12,9%, de la mano de la crisis del ensamble de electrónicos), la merma del empleo asalariado formal privado fue la peor desde 2002. En la petrolera Santa Cruz, la caída del 10% es la peor desde que se tiene registro (1996). En estas provincias, el principal factor que explica la caída del empleo formal es el parate en la construcción (en Santa Cruz el empleo en este sector cayó ¡40%! entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercero de 2016 de la mano del freno a la obra pública), salvo en Tierra del Fuego (donde primó la destrucción de empleo manufacturero). En Chubut, Neuquén, Corrientes y Buenos Aires se dio algo similar al país, en el sentido de que la destrucción de empleo formal privado fue la peor desde 2009. En provincias agroindustriales como Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos o La Pampa, la situación fue mucho menos dramática (de hecho La Pampa es la de mejor performance relativa, con crecimiento del empleo del 1,9%). Jujuy y Tucumán -también de base agroindustrial- acompañaron a La Pampa en el club de las ganadoras de empleo en 2016.

Las heterogeneidades del empleo formal (proxy de las de la actividad económica) no sólo se dieron a nivel regional, sino también a nivel sectorial (Cuadro 2). Sectores como la salud y la educación privada, el agro, el financiero o el comercio incrementaron su empleo en 2016, aunque a tasas menores que en 2015 (salvo el agro, que lo hizo a tasas mayores). En contraste, la construcción tuvo un pésimo año (-7,1% cayó el empleo formal privado entre el cuarto trimetre de 2016 respecto al mismo período de 2015), debido al parate de una obra pública que recién comenzó a reactivarse gradualmente hacia el final del año (el argumento oficial fue la auditoría de los proyectos de obra pública que había iniciado el kirchnerismo). En la industria, azotada por la caída del mercado interno, las altas tasas de interés, la suba de costos energéticos y la apertura comercial, ocurrió algo similar: la caída del empleo en blanco en el sector fue de casi el 4%, la peor desde 2002, y todavía no se vio el punto de inflexión hacia la recuperación (a diferencia de la construcción). El sector petrolero sufrió una aguda crisis (-6,7% cayó el empleo en blanco), debido a la dinámica de precios internacionales. Esta baja es la peor desde que se tenga registro (1996).

¿Qué 2017 se nos viene?

Los datos de actividad económica del INDEC muestran que la economía tocó fondo a mediados de año, y que en el cuarto trimestre creció un 0,5% contra el tercero (sin estacionalidad). Los datos de empleo asalariado formal privado muestran algo similar: lo peor se dio hacia mediados de año. ¿Cómo puede ser entonces que los datos del INDEC hayan mostrado una caída del empleo en el cuarto trimestre respecto al tercero? La razón principal es que, al parecer, las mejoras registradas en el empleo formal en SIPA fueron más que compensadas por destrucción de puestos de trabajo informales (sólo captables por la EPH). En efecto, la EPH sugiere que en el cuarto trimestre hubo 13.000 asalariados formales más (públicos y privados) que en el tercero, pero que eso se vio compensado por la destrucción de 35.000 puestos de trabajo asalariados informales y 7.000 no asalariados. De todos modos, estos guarismos deben ser tomados con cautela, habida cuenta de que la EPH tiene el mencionado “error muestral”, por medio del cual no podemos saber con 100% de precisión de cuánto fue la caída del empleo en el cuarto trimestre (quizá fue menos que 29.000 puestos, o quizá más).

En resumen, la información disponible permite ver que en 2016 el mercado de trabajo no “explotó” como sí lo hizo en recesiones como 1995 o la de la crisis de la Convertibilidad. Sin embargo, sí se precarizó. En el segundo trimestre de 2015, de cada 1000 ocupados, 513 eran asalariados en blanco. En 2016, tal cifra estuvo en torno a 500 (Gráfico 2). Por el contrario, los que ganaron mayor peso son los “no asalariados” (cuentapropismo, mayormente), cuya fragilidad laboral suele ser más grande. La información disponible también nos permitió ver una enorme heterogeneidad tanto regional como sectorial en lo que concierne al empleo (asalariado formal privado).

Gráfico 2: Composición de los ocupados en Argentina (2015 y 2016)

Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC. El número romano indica el trimestre.

2017 probablemente sea un año de crecimiento: algunos, más cautos, lo ubican más cercano al 2% (como la Consultora Contexto); otros, más optimistas como Miguel Bein, por arriba del 4%. En promedio, las consultoras -la mayoría de ellas afines al gobierno actual- pronostican un crecimiento del 3%. Si ello efectivamente es así, probablemente el mercado de trabajo tenga una dinámica más auspiciosa que la de 2016, habida cuenta de que el crecimiento económico es una variable crucial por detrás de las tendencias del mercado de trabajo. Sin embargo, es factible que tal crecimiento sea heterogéneo, con sectores como el agro con bonanza y otros (como algunos sectores industriales sensibles a la competencia extranjera y castigados por la apertura comercial y la apreciación del tipo de cambio) que pueden agudizar los problemas de 2016. El perfil sectorial del crecimiento no es un dato menor, pues hay sectores que crean mucho empleo indirecto (por ejemplo, cada puesto de trabajo creado en la industria suele implicar 2,5 puestos adicionales a raíz de las múltiples demandas que genera a otros sectores) y otros que no (es el caso, por ejemplo, del sector educativo).

Por último, una reflexión final: si la población crece al 1% al año (2% desde 2015) y el empleo formal privado asalariado se contrajo 1,1% a lo largo de 2016, entonces debiera crecer 3,1% en 2017 para volver a la situación de 2015 (en lo que concierne a la cantidad de asalariados privados formales cada 100 habitantes). Ello implicaría una generación de poco más de 180.000 puestos de trabajo formales privados nuevos. ¿Será posible? Difícil con una economía creciendo al 2/3%; más factible con una creciendo por encima del 4%, y de la mano de sectores traccionadores del empleo (como por ejemplo el industrial). Crecer al 4% es más probable si los salarios reales y el gasto público se expanden (ya que son componente clave de la demanda); en tanto, el perfil sectorial del crecimiento tendrá mucho que ver con las políticas productivas del gobierno.

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Empleo: qué sucede con los jóvenes argentinos a la hora de buscar trabajo

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En el país 7 de cada 10 jóvenes no encuentra trabajo, pero muchos otros ni siquiera buscan insertarse en el mercado. Cuáles son las posibles soluciones a un problema que afecta a toda la región.

En medio de la discusión paritaria con los docentes en la Provincia de Buenos Aires, estas semsnas se puso el foco en lo que cobran los educadores, pero también en la calidad de educación que se les brinda. Como un tema paralelo, a esta discusión, surge la problemática de los jóvenes que no estudian ni trabajan.

En Argentina hay más de 1 millón de jóvenes “ni-ni”, y de ellos, más de 700 mil que ni siquiera están buscando insertarse en el mercado laboral.

Según un estudio realizado por Adecco Argentina, casi 7 de cada 10 jóvenes argentinos no encuentra trabajo por carecer de experiencia laboral, por lo que se evidencia una brecha entre las habilidades con las que cuentan los jóvenes y  las que demandan tanto el mercado laboral como las empresas y el sector público. Por esta razón, potenciar a esa masa de trabajadores para desarrollar su talento y capital humano se ha convertido en el mayor desafío, sostienen los especialistas.

“La región presenta las brechas más amplias del mundo entre las habilidades que poseen los jóvenes y aquellas que demanda el mercado. Estudios como el “Global Talent Competitiveness Index”, elaborado anualmente por el Grupo Adecco, demuestra que cuanto más tiempo permanecen los jóvenes en la categoría ni-ni, menos posibilidades tienen de desarrollar habilidades, por lo que representan una pérdida de capital humano para la economía”, manifestó David Herranz, CEO de Adecco LATAM.

En este sentido agregó que “en la región hay cerca de 30 millones de jóvenes no estudian ni trabajan”.

¿Qué sucede hoy en Latinoamérica?

Cerca de 30 millones de jóvenes en Latinoamérica forman parte del grupo denominado “ni-ni”, que ni estudian ni trabajan; asimismo, la región muestra altos índices de abandono escolar en el nivel secundario. Además, de los jóvenes que trabajan, cerca de la mitad se encuentran en el mercado de trabajo “informal” no regulado.

¿Cómo hacer frente a esta problemática?

Un primer paso para combatir el mercado de trabajo informal requiere simplificar y desenredar normas y estándares laborales complejos y altamente burocráticos, que en la mayoría de los países latinoamericanos ahogan las economías y la innovación. Es necesario que el enfoque esté en una regulación apropiada para el mercado laboral, mejorando la competitividad y garantizando los derechos de los trabajadores, sostienen desde Adecco.

Además, combinar la educación en las aulas con la formación profesional y el desarrollo de habilidades para el mercado se presenta como una de las recetas más efectivas y ya aplicadas por países como Suiza o Alemania que cuentan con bajos índices de desempleo juvenil.

Fuente: ElCronista

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