Ucrania

El plan de la ¿victoria?

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Volodimir Zelenski, el ya reconocido presidente ucraniano, lanzó la plataforma de fin de guerra con los intereses de su país como bandera. El programa fue presentado frente a la Unión Europea y se basa en cinco claves. Antes de entrar a detallar los puntos, es necesario entender si eso es realizable o no. A esta altura de la guerra en Ucrania y con lo presentado como “Plan de la victoria”, Zelenski deberá negociar o mediar. En caso contrario, lo más posible es que este conflicto siga extendiéndose en el tiempo. 

Los puntos claves 

El primer tema que planteó Zelenski para sellar la victoria ucraniana en el campo de batalla es la invitación de la adhesión como miembro de la OTAN. Esto significa que Zelenski busca de manera directa que sea Estados Unidos el se haga cargo de su guerra con Rusia, es decir, busca globalizar un conflicto regional. 

La OTAN es una alianza militar occidental, la más importante del mundo. Tiene incorporado dentro de su accionar que si cualquier miembro resulta amenazado o atacado directamente, la alianza se activa y todos los integrantes salen en defensa de ese damnificado. Sin embargo, no es tan fácil acceder. 

El artículo 10 del Tratado Atlántico dice que para ser miembro hay que ser un estado europeo (salvedad para Estados Unidos), seguir principios democráticos y poder contribuir a la seguridad regional. Desde esta perspectiva y en contexto bélico, Ucrania debería reafirmar su modelo democrático y salvo que sea una guarida militar estadounidense, poco tiene para ofrecer en cuanto a la seguridad regional, entendiendo la gran cantidad de préstamos que ejecutó Estados Unidos para solventar su maquinaria bélica, lo que significa que después de la guerra pasará por un evidente empobrecimiento y difícil despegue en cuanto al desarrollo económico. 

En pocas palabras, el primer punto es irrealizable y lo más preocupante, es el interés de Zelenski de globalizar un conflicto de carácter regional. 

El segundo punto es el refuerzo de capacidades de defensa. Es básicamente lo que viene haciendo Zelenski desde que comenzó la guerra: pedir armamento y tecnología para enfrentar a Rusia. Sin embargo, lo grave de este punto es que incluye la necesidad de trasladar la guerra a territorio ruso, como había sido la incursión a Kursk. La complejización parte del hecho de volver a involucrar a otros países en un conflicto en territorio ajeno. La ecuación es simple: si hay países que le brindan armas a Ucrania y encima atacan territorio ruso, eso habilita al Kremlin a un enfrentamiento directo con sus aliados. En síntesis, este punto podría decantar en un choque sin escalas entre Rusia y Estados Unidos, y eso, inevitablemente, nos arrastraría a todo el mundo. Nuevamente se ve presente la necesidad de globalizar el conflicto regional. 

Este ítem es realizable a medias. Ucrania podría conseguir financiamiento para su maquinaria bélica pero tener luz verde para atacar suelo ruso sería catastrófico para el tablero geopolítico, sobre todo por la respuesta del Kremlin. 

El tercer punto es la disuasión. Con esto, Ucrania busca asegurarse tener un bastión bélico de suma importancia para la posguerra. Significa, básicamente, la petición de un paquete integral de disuasión estratégica no nuclear que sea suficiente para defenderse de Rusia en caso de futuras hostilidades. Lo que busca con esto Zelenski es transformar a Ucrania en un centro de operaciones militares de Estados Unidos con la colaboración de otras potencias militares. Geopolíticamente es una jugada inteligente, ya que sería Ucrania, con un armamento concreto, el último bastión occidental antes de la frontera real con Rusia. Aquí pueden pasar dos cosas, en caso de que suceda, o Rusia cede en cuanto a las hostilidades hacia Ucrania o este conflicto se termina transformando en un epicentro eterno de atentados. Este último punto, teniendo en cuenta la imposibilidad de ingresar a la OTAN, al menos en el corto y mediano plazo. 

Este punto es bastante realizable. A Estados Unidos le conviene tener su poderío militar muy cerca de Rusia, manteniendo una suerte de paz armada y recreando las condiciones de la antigua crisis de los misiles cubanos, la cual arrancó por los misiles estadounidenses apuntando hacia Moscú desde Turquía en ese entonces. La nueva Turquía podría ser Ucrania. 

El cuarto tópico habla del potencial económico. Esto incluye la explotación absoluta de los recursos naturales ucranianos en manos de Estados Unidos y sus aliados. Argumenta Zelenski que las reservas de uranio, titanio, litio y grafito pueden valer billones de dólares y es mejor que estén en manos de occidente que de Rusia y sus socios. Este punto es interesante para analizarlo ya que será necesario para Ucrania devolverle dólar por dólar a Estados Unidos una vez que la guerra termine, salvo caso que el control absoluto de sus recursos naturales terminen en manos del Tío Sam. No sería algo nuevo para Estados Unidos, de hecho, es casi nostálgico para un país de prácticas imperialistas como tal. Claro está que para Zelenski es vital que estos recursos no caigan en manos del afán expansionista ruso. Este punto más que realizable sería hasta necesario, e inclusive, podría ser pedido por el propio Washington. 

El quinto y último punto es la arquitectura de seguridad en la posguerra, con parecidos al refuerzo de seguridad previamente nombrado. Aquí se trata de ofrecer todas las fuerzas ucranianas en pos de mejorar la seguridad del resto de Europa. Zelenski lo que ofrece es que Ucrania sea el foco de contención de Europa antes de llegar a la zona de influencia rusa. Parece una decisión interesante, entendiendo que es la razón por la cual esta guerra está solventada por Estados Unidos para Kiev. Ucrania ha servido como un punto de resistencia para evitar la expansión de influencia de Putin, por ende, el rearmado de seguridad desde Ucrania es algo viable y visto con buenos ojos para occidente. Además, el argumento de Zelenski fue contundente: “Si Putin logra sus disparatados objetivos geopolíticos, militares, ideológicos y económicos, creará una impresión abrumadora para otros agresores potenciales, particularmente en la región del Golfo, la región del Indo-Pacífico y África, de que las guerras de agresión también pueden ser rentables para ellos”. 

El futuro de la guerra 

Rusia hace varios meses ya presentó su plan de fin de guerra. Aclaró que busca cortar con cualquier actividad bélica de Ucrania y que busca quedarse con el territorio del Donbass, entendiendo la zonas de Donetsk, Zaporiyia, Lugansk y Jersón. Esto fue contundentemente rechazado por Ucrania y no sería ni siquiera tema de discusión. 

En el caso ucraniano, lo único preocupante para el resto del mundo es el hecho de intentar internacionalizar este conflicto, que si bien ha repercutido en todo el mundo desde su arranque en febrero de 2022, no dejó de ser un enfrentamiento entre países europeos que tuvo cierta colaboración indirecta de aliados y posicionamientos diplomáticos. Arrastrar a Estados Unidos de un lado y a China e Irán del otro sería catastrófico para el globo. Mientras tanto, ambos países deberán arribar a un punto medio y encontrar la paz, salvo que Moscú siga viendo en la guerra de desgaste una técnica para asegurar un triunfo, y salvo, también, que Donald Trump si es electo presidente de Estados Unidos, incida en un fin precipitado de este conflicto.

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Rusia anunció la conquista de otra ciudad en Ucrania

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El Ministerio de Defensa de Rusia aseguró que las Fuerzas Armadas habían tomado el control de 
una nueva aldea: Mykhailivka, en el este de Ucrania. Se trata de otro punto en rumbo a Pokrovsk, un importante centro logístico y de comunicación vial y ferroviaria en la región de Donetsk, que Moscú busca tomar, informaron medios internacionales.

“Unidades de la agrupación de tropas ‘Centro’ con acciones decididas liberaron la aldea de Mijáilovka (Mykhailivka, en ucraniano) en la República Popular de Donetsk”, dice el comunicado oficial, citado por distintos medios..

Además, el ministerio afirmó que las fuerzas rusas atacaron y causaron bajas a las tropas enemigas junto a varias localidades de la región de Donetsk. Allí, el sábado, informaron haber rechazado un total de 11 contraataques ucranianos.

Por su parte, el Ejército de Ucrania afirmó en su informe diario que sus tropas repelieron 36 ataques rusos en la zona de Pokrovsk, incluyendo cerca de Mykhailivka

Agencias de noticias como Reuters no pudieron confirmar de manera independiente las afirmaciones rusas sobre la toma de la localidad de Mykhailivka.  

Rusia persigue el objetivo de hacerse con bastiones clave como Pokrovsk, Toretsk, Kurajove y Velica Novosilka antes de la llegada de lo que denominan el ‘general invierno’.        

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Putin, Ucrania y una guerra contra el tiempo

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Ya pasaron casi dos años y seis meses desde que Vladimir Putin anunció la “operación militar especial” que dio origen al conflicto del cual habla todo el mundo. Desde ese entonces, gran parte de las fuerzas se concentraron en el territorio ucraniano. Con vaivenes, el enfrentamiento fue variando, aunque las últimas semanas le dieron mayor oxígeno a Ucrania. 

Kursk se transformó en la nueva obsesión de Zelenski. Las fuerzas rompieron el umbral del terreno ruso y avanzaron copando cerca de 100 asentamientos. Destrucción de puentes, sedes tomadas, ataque a barcos de petróleo y hasta un asedio aéreo a Moscú son las nuevas jugadas de Ucrania, quien parecía dormida pero nuevamente se puso en juego. 

La siesta rusa 

Parece difícil pensar, hoy en día, tras más de dos años de guerra, que Putin haya bajado la retaguardia a tal punto que las fuerzas ucranianas irrumpieron en su territorio. La guerra entró en una nueva faceta: ruso-ucraniana. Ya no se lleva a cabo sólo en suelo de Ucrania. Esto posibilita ver las nuevas características del conflicto. 

En primer lugar, una guerra en suelo ruso facilita el lanzamiento de drones y misiles hacia objetivos ucranianos, entendiendo la cercanía. Además de ello, Ucrania levantó su moral en una guerra que parecía ser de un desgaste eterno y hoy pelea a destajo en las gélidas tierras del país de Putin. 

El gran interrogante pasa por la falta de reacción del Kremlin. Difícil es creer que un ejército de semejante estirpe no haya podido contener este avance ucraniano y, sobre todo, permitir el asedio a Moscú, el punto más fuerte que tiene Rusia. Quizás a Putin se le están terminando las pilas o quizás, la contraofensiva que se pueda presentar sea letal. 

No sería de extrañar que Putin esté permitiendo la avanzada ucraniana para poder tener la excusa perfecta de arrojar un ataque mortal. 

Las armas nucleares son una opción a contemplar y a tener. Se sabe que Rusia las posee y un solo lanzamiento podría ser devastador para el mundo, aunque está claro que terminaría con toda pretensión de Ucrania. Esa opción hoy está más viva que nunca. 

Siempre que habla Putin, el temor se apodera de la escena, pero, en este caso, el silencio de Putin es aún más terrorífico.

El marketing de guerra 

No sería de extrañar tampoco que Ucrania esté siendo utilizada por sus aliados para ganar espacio en la agenda internacional. Zelenski tuvo que ir de rodillas hasta el Capitolio y la Casa Blanca para pedir que le extiendan los préstamos (impagables) y el financiamiento de la maquinaria bélica. El Senado de Estados Unidos le había dado la cara de manera contundente, pero ahora la cosa parece diferente. 

No es descabellado pensar en que el último trajín de la gestión de Biden le haya abierto los grifos del dinero para esta incursión. ¿Qué ganaría Estados Unidos? Biden podría lavar un poco la cara de su pésima gestión en política exterior y de esta manera, juntar unos “porotitos” para la campaña de Kamala Harris. 

En pocas palabras, si la incursión ucraniana en Kursk sigue teniendo espacio y va ganando terreno hasta noviembre, Biden podría sacar pecho de que “valió la pena” el desequilibrio económico y fiscal de Estados Unidos a expensas de la posible derrota rusa y del crecimiento de la influencia estadounidense en el mundo (como si lo necesitara).

Ucrania, el conejillo de Indias 

Hay una fuerte sensación de que el régimen de Zelenski es, hace tiempo, una especie de laboratorio para Estados Unidos. El ideario de crear una esfera de poder occidental alrededor de Ucrania, en detrimento del poder ruso en Europa del Este. 

Zelenski, sea como sea, sabe que posiblemente se le esté acabando el tiempo. Si Trump gana las elecciones, difícilmente pueda seguir batallando contra Rusia y la rendición sería la única escapatoria. Por ende, “quemar las naves” es la solución que encuentran ahora con un fuerte avance en Kursk.

Lo que aclararon las autoridades de Kiev es que no tienen pretensiones de mantenerse ocupando esos territorios, sino que lo hacen con el fin de que Rusia acepte una salida al conflicto o un plan de paz que también beneficie a Ucrania. 

Putin fue tajante, y aclaró que pacificará la zona si Ucrania acepta ceder los territorios del Donbás a Rusia, sumado a la ya ocupada península de Crimea desde 2014. Para Zelenski no hay otra salida que la recuperación de esos territorios y encontraron en el avance sobre Rusia, la posibilidad de presionar al Kremlin. 

Pero, ¿qué pasa si Estados Unidos deja de financiar a Ucrania? Básicamente, el gobierno de Zelenski se cae a pedazos. Hace mucho tiempo se sabe que este conflicto es lo más parecido a uno de los puntos calientes de la Guerra Fría. Estados Unidos usa a Ucrania para medirse contra Rusia, con el fin de mantener y usurpar la hegemonía del otro. El fin de Zelenski será el fin de la guerra. Si sale victorioso será un héroe, si pierde será condenado.

A fin de cuentas, y volviendo a la actualidad, ¿Ucrania está ganando la guerra? En términos bélicos, está pasando por una remontada y una incursión al estilo ruso en Rusia, casi como darle de tomar de su propia medicina. Sin embargo, el Régimen de Putin continúa controlando parte del Donbás y demostró, a lo largo de estos últimos dos años y medio que tiene capacidad para aguantar un conflicto de larga data. Es cierto, Rusia tiene grandes aliados como China e Irán, pero su tradición bélica sigue marcando el ritmo del conflicto. 

En términos generales, el dominio de la guerra actualmente en manos de Ucrania tiene una fecha de vencimiento. Si Rusia aguanta con lo mínimo y su economía no se resiente, podría esperar a una posible victoria de Trump, lo que sería categórico para Ucrania. La estrategia de Putin estaría centrada en usar la menor fuerza posible y jugar con las expectativas de un cambio en el orden internacional. En caso contrario, Putin deberá sacar a relucir sus armas más letales e inclusive sus aliados en la zona, no es casualidad que haya viajado a Chechenia recientemente. Hoy, la guerra ruso – ucraniana ya no es el sensacionalismo amarillista de los medios cuando comenzó el conflicto. Es un claro juego de ajedrez, donde el retador ucraniano depende de su entrenador estadounidense y, el ruso, fiel a su historia, espera paciente para su jaque mate.

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Ucrania ve nacer la era de los robots asesinos impulsados por IA

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Por Paul Mozur y Adam Satariano
, New York Times. En un campo a las afueras de Kiev, los fundadores de Vyriy, una empresa ucraniana de drones, trabajaban hace poco en un arma del futuro.

Para mostrar cómo funcionaba, Oleksii Babenko, de 25 años, director ejecutivo de Vyriy, se subió a su motocicleta y recorrió un camino de tierra. Detrás de él, lo seguía un dron, mientras un colega monitoreaba los movimientos desde una computadora del tamaño de un portafolio.

Hasta hace poco, un humano habría pilotado el cuadricóptero. Ya no. En cambio, después de que el dron fijara su objetivo —Babenko— voló por sí solo, guiado por un software que utilizaba la cámara de la máquina para rastrearlo.

El rugido del motor de la motocicleta no fue rival para el dron silencioso que acechaba a Babenko.

Si el dron hubiera estado armado con explosivos y si sus colegas no hubieran desactivado el rastreo autónomo, Babenko habría muerto.

Vyriy es tan solo una de las muchas empresas ucranianas que trabajan para dar un gran paso adelante en la militarización de la tecnología de consumo, motivada por la guerra con Rusia. La presión para superar al enemigo, junto con enormes flujos de inversión, donaciones y contratos gubernamentales, ha convertido a Ucrania en un Silicon Valley de drones autónomos y otros armamentos.

Las empresas están creando una tecnología que vuelve cada vez más tangencial el juicio humano en torno a los objetivos y los ataques. La disponibilidad generalizada de aparatos comerciales, software fácil de diseñar, algoritmos potentes de automatización y microchips especializados de inteligencia artificial ha sido el impulso de una carrera letal de innovación hacia territorios desconocidos, la cual ha avivado una posible nueva era de robots asesinos.

Las versiones más avanzadas de la tecnología que permite la autonomía de los drones y otras máquinas han sido posibles gracias al aprendizaje profundo, una forma de inteligencia artificial que utiliza grandes cantidades de datos para identificar patrones y tomar decisiones. El aprendizaje profundo ha ayudado a generar populares modelos de lenguaje de gran tamaño, como GPT-4 de OpenAI, pero también sirve para que los modelos interpreten y respondan en tiempo real a imágenes de video y cámaras. Esto significa que el software que alguna vez ayudó a un dron a seguir a un surfista sobre nieve por una montaña ahora puede convertirse en una herramienta letal.

En más de una decena de entrevistas con emprendedores, ingenieros y unidades militares de Ucrania, surgió la imagen de un futuro cercano en el que pudiéramos ver enjambres de drones autoguiados que coordinen ataques y metralletas con visión por computadora que abatan a soldados automáticamente. También se están desarrollando creaciones más extravagantes, como un helicóptero planeador no tripulado que utiliza ametralladoras.

Aunque estas armas no son tan avanzadas como los costosos sistemas militares de Estados Unidos, China y Rusia, sí son significativas por su bajo costo —de apenas miles de dólares o menos— y su fácil disponibilidad.

A excepción de las municiones, muchas de estas armas se construyen con códigos encontrados en línea y componentes que pueden comprarse en Best Buy y una ferretería. Algunos funcionarios estadounidenses afirmaron que les preocupaba que estas capacidades pudieran utilizarse pronto para llevar a cabo atentados terroristas.

Para Ucrania, estas tecnologías podrían darle una ventaja contra Rusia, un país que también está desarrollando dispositivos asesinos autónomos, o simplemente ayudarle a mantener el ritmo. Los sistemas complican más un debate internacional sobre las repercusiones éticas y legales de la inteligencia artificial en el campo de batalla. Agrupaciones de derechos humanos y funcionarios de Naciones Unidas quieren limitar el uso de armas autónomas por temor a que puedan desencadenar una nueva carrera armamentística mundial que podría salirse de control.

En Ucrania, estas preocupaciones son secundarias, dado que la prioridad es defenderse de un invasor.

“Necesitamos máxima automatización”, opinó Mykhailo Fedorov, ministro de transformación digital de Ucrania, quien ha liderado las iniciativas del país para utilizar empresas emergentes del sector tecnológico a fin de expandir las capacidades de combate avanzado. “Estas tecnologías son fundamentales para nuestra victoria”.

Los drones autónomos como el de Vyriy ya se han utilizado en combate para atacar objetivos rusos, según funcionarios ucranianos y videos verificados por The New York Times. Fedorov señaló que el gobierno estaba trabajando para financiar empresas de drones y ayudarlas a aumentar su producción con rapidez.

En un destartalado taller en un edificio de apartamentos del este de Ucrania, Dev, un soldado de 28 años de la 92.ª Brigada de Asalto, ha ayudado a promover las innovaciones que han convertido drones baratos en armas. Primero colocó bombas sobre drones de carreras, luego les agregó baterías más grandes para que volaran más lejos y hace poco incorporó visión nocturna para que las máquinas pudieran cazar en la oscuridad.

En mayo, fue uno de los primeros en utilizar drones autónomos, entre ellos los de Vyriy. Dev comentó que, aunque algunos necesitaban mejoras, los consideraba el próximo gran salto tecnológico en llegar al frente.

“Ya hay una gran demanda” de drones autónomos, dijo. Las máquinas han sido especialmente útiles contra las interferencias que pueden interrumpir los enlaces de comunicación entre el dron y el piloto. Si el dron vuela solo, el piloto tan solo podría apuntar a un objetivo y dejar que el dispositivo haga el resto.

Por toda Ucrania han aparecido fábricas y laboratorios improvisados que construyen máquinas a control remoto de todos los tamaños, desde aviones de largo alcance y barcos de ataque hasta drones kamikaze baratos, abreviados con la sigla FPV (la sigla en inglés de “visión en primera persona”), porque los guía un piloto que usa unas gafas similares a las de realidad virtual, las cuales muestran una vista desde el dron. Muchos son precursores de máquinas que en algún momento actuarán por sí solas.

Los esfuerzos por automatizar los vuelos de FPV comenzaron el año pasado, pero se retrasaron debido a contratiempos en la construcción del software de control de vuelo, según Fedorov, quien afirmó que esos problemas se habían resuelto. El siguiente paso era escalar la tecnología con más gasto público, comentó Fedorov, quien agregó que unas diez empresas ya estaban fabricando drones autónomos.

“Ya tenemos sistemas que se pueden producir en masa y que se están probando de forma exhaustiva en el frente, es decir que ya se utilizan activamente”, dijo Fedorov.

En una tarde calurosa del mes pasado en la región oriental ucraniana conocida como el Donbás, Yurii Klontsak, un reservista de 23 años, entrenaba a cuatro soldados para usar el arma futurista más moderna: una torreta con sistema autónomo de detección de objetivos que funciona con un control de PlayStation y una tableta.

Mientras de fondo sonaban estallidos de bombardeos cercanos, Klontsak explicó cómo el arma, llamada Wolly por su parecido con el robot de Pixar WALL-E, puede fijar en automático un objetivo a una distancia de hasta 1000 metros y saltar entre posiciones preprogramadas para cubrir con rapidez un área de grandes dimensiones. La empresa que fabrica el arma, DevDroid, también está desarrollando un sistema de puntería automática para seguir y alcanzar objetivos en movimiento.

“Cuando vi el arma por primera vez, quedé fascinado”, admitió Klontsak. “Entendí que era la única forma, si bien no de ganar esta guerra, al menos de mantener nuestras posiciones”.

El arma es una de las varias que han aparecido en el frente con software entrenado por inteligencia artificial para rastrear y disparar a objetivos de forma automática. Casi igual que en la identificación de objetos de las cámaras de vigilancia, el software rodea a las personas y otros posibles objetivos con un recuadro digital en una pantalla. Lo único que debe hacer el tirador es apretar el gatillo a distancia con el control de un videojuego.

Oleksandr Yabchanka and two other soldiers at a sandy shooting range.
El comandante Oleksandr Yabchanka, a la izquierda, publicó en Facebook una petición abierta de una ametralladora teledirigida computerizada. Ello estimuló la innovación y las empresas intentaron ayudar.Credit…Sasha Maslov para The New York Times
In a wide dirt ditch, a soldier attaches a machine gun atop a platform with four all-terrain-type wheels.
Roboneers, una empresa ucraniana, desarrolló un arma automatizada con una torreta montada sobre un dron rodante.Credit…Sasha Maslov para The New York Times
An unzipped and open case contains a device with two control switches and a small screen.
Un sistema de videojuegos reutilizado con la torreta de Roboneers.Credit…Paul Mozur/The New York Times

A menudo, las exigencias del campo de batalla unen a ingenieros y soldados. Oleksandr Yabchanka, comandante de Lobos Da Vinci, un batallón conocido por su innovación en armamento, recordó cómo la necesidad de defender la “carretera de la vida” —una ruta utilizada para hacer llegar suministros a los soldados que luchaban contra los rusos a lo largo de la línea del frente oriental en Bajmut— había estimulado la inventiva. Mientras imaginaba una solución, publicó una solicitud abierta en Facebook de una metralleta computarizada por control remoto.

Después de varios meses, Yabchanka obtuvo un prototipo funcional de una firma llamada Roboneers. El arma fue útil para su unidad casi al instante.

“Podíamos sentarnos en la trinchera a beber café, fumar cigarros y dispararles a los rusos”, comentó.

Two laptop computer users, one wearing a ball cap and the other a hooded black jacket, sit at a table in front of observers in a grassy field.
Swarmer, una empresa ucraniana, creó un software basado en un modelo de inteligencia artificial que fue entrenado con grandes cantidades de datos sobre misiones de drones en el frente. Credit…Sasha Maslov para The New York Times

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Paz en Ucrania, ¿utopía o realidad?

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El ocaso de una guerra que puso los ojos del mundo en Europa del este podría comenzar a visualizarse. Al menos, el máximo líder de Rusia, dejó a entrever que esta posibilidad está latente. 

Putin fue claro, y aclaró que existe una vía para que las hostilidades entre rusos y ucranianos en suelo de los últimos, principalmente, llegue a su fin. El mandamás del Kremlin fue tajante al declarar que, si Ucrania acepta las nuevas fronteras post guerra que pretende Rusia. El famoso territorio en disputa, el Donbás, concentrado precisamente sobre el este ucraniano, es el sitio que desvela a Putin hace poco más de dos años, cuando esta “operación militar especial” comenzó y se transformó en el conflicto que mantiene en vilo a gran parte del mundo. 

Esas nuevas fronteras comprenden a zonas de vital importancia como Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Cabe destacar que estas regiones pasaron por un proceso de anexión mediante un referéndum por de más dudoso, en cuanto a sus cifras, amedrentamiento o inclusive tendencia hacia la amenaza para que los pobladores voten a favor de Rusia. Este hito tuvo lugar a finales de septiembre de 2022, dando como resultado más del 90% a favor de unirse al país dirigido por Putin. 

Además de esto, según el lado ruso, el conflicto tuvo como una de sus génesis a la protección de los ruso – parlantes en la zona del Donbás. De hecho, desde 2014, cuando se da la anexión de Crimea a Rusia, Ucrania comenzó un proceso de extensión de su presencia coercitiva a través de instituciones y de las fuerzas armadas y de seguridad en el este. Según Rusia, la consecuencia de esto fue la persecución y el aumento de hostilidades contra los ucranianos que adoptaron costumbres rusas, su idioma, y otras cuestiones que hacen a la identidad, y que rozan las diferencias entre Estado y Nación. 

Sea como sea, la salida de Putin, aparentemente, es que reconozcan a esos territorios como rusos, achicando la geografía ucraniana. Si eso pasa, según el líder ruso, será el fin de la guerra. 

La opción de la paz 

Zelenski fue severo en varias ocasiones, durante el transcurrir de este conflicto. Para Ucrania no hay nada que negociar en cuanto al territorio y la partición de su país. Lo que plantearon desde un principio fue por la defensa legítima de las regiones en disputa, con fuerte incentivo económico y bélico de países occidentales, puntualmente de Estados Unidos. 

Uno de los panoramas, el principal para los ucranianos es, inclusive con la recuperación de territorio. No solamente la defensa del Donbás, sino que agregar la posibilidad de una fuerte incursión en Crimea para poder tomar nuevamente el control de esta zona clave en cuanto a la movilidad estratégica y económica de la zona. En 2014, Rusia se apoderó de Crimea, despojando a Ucrania de esta región prioritaria. Con el transcurso de los acontecimientos, parece que esto es prácticamente imposible. 

Otro de los puntos es volver a las fronteras previas a la incursión militar rusa en 2022. Significa que Crimea seguirá en manos de Rusia, pero el Donbás, actualmente en disputa, seguiría siendo ucraniano. Este plano es bastante considerable, entendiendo las partes que se puedan acordar, inclusive manteniendo una posible tutela compartida por las cuestiones étnicas que hacen a la particularidad de esta zona, como el lenguaje o el sentido de pertenencia por un país u otro. 

Si termina la guerra, ¿Quién gana? 

En el juego de dominador y dominado, entre narrativas de vencedores vencidos, siempre hay lugar para comprender cuales son los intereses ampliamente conseguidos por un lado y por otro. Si Rusia consigue la anexión del Donbás, no solo gana territorio, sino que amplia su zona de influencia con Ucrania. Además de eso, en términos económicos, la Unión Europea podría ganar. Esto se expresa por la posibilidad de restablecer lazos comerciales con el gran emporio energético ruso, el cual padeció desde el arranque del conflicto por las multas y sanciones internacionales ejercidas. Si esto se levanta, la Unión Europea vuelve a tener gas ruso. 

En términos políticos la cosa cambia. Si Rusia consigue la anexión del Donbás como fin de la guerra en Ucrania, Europa demuestra su faceta de mayor debilidad y sumisión, ante una guerra desgaste que evidentemente funcionó para la Kremlin, y que llevó a que el viejo continente se arrodille ante sus proclamas. Políticamente, incluso, puede marcar el principio del fin de la hegemonía europea y marca el proceso del dominio ruso del poderío en esa zona del mundo. 

Para Estados Unidos, si esto termina como planteó Putin, tampoco sería algo bueno. Primero porque invirtieron un dineral tremendo para el ejército ucraniano y todo para perder el territorio en disputa. Luego, en cuestiones meramente políticas, se lleva puesto al Partido Demócrata. Biden basó la mitad de su gestión en una política internacional que desde el vamos fue fallida, acrecentando el descontento popular en el seno estadounidense por los propios problemas internos y fronterizos del país norteamericano. Esto allanaría el camino para que Trump se lleve un triunfo más cómodo en las elecciones de lo que podrían plantear previamente. 

Esta situación nos lleva rápidamente a pensar en Ucrania. La pérdida de territorio y de la guerra en si, podría arrastrar a Zelenski y sus jerarcas al ostracismo de la historia, como el mandatario que mandó a morir a los ucranianos contra un ejército de elite como el ruso, que además contaba con mercenarios de guerra y armamento nuclear. Abre también el camino a una posible investigación interna y externa sobre los manejos de la cúpula bélica, cuestionada en varios momentos por corrupción. Sin embargo, no todas son pálidas. 

Hay una posibilidad de sacar algo bueno de una hipotética derrota, según el planteo de Putin. Ucrania deberá afrontar tiempos de profunda reestructuración política y sobre todo económica, entendiendo que tiene un mega endeudamiento con Estados Unidos. Si arreglan esto y reafirman las instituciones democráticas, Kiev podría, en unos cuantos años, estar presto a ingresar a la Unión Europea y a la OTAN, si Rusia no lo impide nuevamente. 

El fin de una guerra es un hito festejable, sin lugar a dudas, pero abre un duro camino de reconstrucción que dejará heridas que no sanarán jamás. Rusos y ucranianos de a pie que fueron a combatir por intereses de sus jefes. Algunos de ellos no perdieron la vida, pero perdieron todo lo que hace a la vida: familia, amigos, hogar y paz. Si esto se termina bajo el panorama que sea, Europa deberá replantearse si seguir considerando un enemigo acérrimo a Rusia o si la cooperación es algo innegable, y, por otro lado, Estados Unidos quizás deba pensar que el Destino Manifiesto ya no opera con total claridad en un mundo multipolar como el que actualmente vivimos.

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