Ucrania

Putin, Ucrania y una guerra contra el tiempo

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Ya pasaron casi dos años y seis meses desde que Vladimir Putin anunció la “operación militar especial” que dio origen al conflicto del cual habla todo el mundo. Desde ese entonces, gran parte de las fuerzas se concentraron en el territorio ucraniano. Con vaivenes, el enfrentamiento fue variando, aunque las últimas semanas le dieron mayor oxígeno a Ucrania. 

Kursk se transformó en la nueva obsesión de Zelenski. Las fuerzas rompieron el umbral del terreno ruso y avanzaron copando cerca de 100 asentamientos. Destrucción de puentes, sedes tomadas, ataque a barcos de petróleo y hasta un asedio aéreo a Moscú son las nuevas jugadas de Ucrania, quien parecía dormida pero nuevamente se puso en juego. 

La siesta rusa 

Parece difícil pensar, hoy en día, tras más de dos años de guerra, que Putin haya bajado la retaguardia a tal punto que las fuerzas ucranianas irrumpieron en su territorio. La guerra entró en una nueva faceta: ruso-ucraniana. Ya no se lleva a cabo sólo en suelo de Ucrania. Esto posibilita ver las nuevas características del conflicto. 

En primer lugar, una guerra en suelo ruso facilita el lanzamiento de drones y misiles hacia objetivos ucranianos, entendiendo la cercanía. Además de ello, Ucrania levantó su moral en una guerra que parecía ser de un desgaste eterno y hoy pelea a destajo en las gélidas tierras del país de Putin. 

El gran interrogante pasa por la falta de reacción del Kremlin. Difícil es creer que un ejército de semejante estirpe no haya podido contener este avance ucraniano y, sobre todo, permitir el asedio a Moscú, el punto más fuerte que tiene Rusia. Quizás a Putin se le están terminando las pilas o quizás, la contraofensiva que se pueda presentar sea letal. 

No sería de extrañar que Putin esté permitiendo la avanzada ucraniana para poder tener la excusa perfecta de arrojar un ataque mortal. 

Las armas nucleares son una opción a contemplar y a tener. Se sabe que Rusia las posee y un solo lanzamiento podría ser devastador para el mundo, aunque está claro que terminaría con toda pretensión de Ucrania. Esa opción hoy está más viva que nunca. 

Siempre que habla Putin, el temor se apodera de la escena, pero, en este caso, el silencio de Putin es aún más terrorífico.

El marketing de guerra 

No sería de extrañar tampoco que Ucrania esté siendo utilizada por sus aliados para ganar espacio en la agenda internacional. Zelenski tuvo que ir de rodillas hasta el Capitolio y la Casa Blanca para pedir que le extiendan los préstamos (impagables) y el financiamiento de la maquinaria bélica. El Senado de Estados Unidos le había dado la cara de manera contundente, pero ahora la cosa parece diferente. 

No es descabellado pensar en que el último trajín de la gestión de Biden le haya abierto los grifos del dinero para esta incursión. ¿Qué ganaría Estados Unidos? Biden podría lavar un poco la cara de su pésima gestión en política exterior y de esta manera, juntar unos “porotitos” para la campaña de Kamala Harris. 

En pocas palabras, si la incursión ucraniana en Kursk sigue teniendo espacio y va ganando terreno hasta noviembre, Biden podría sacar pecho de que “valió la pena” el desequilibrio económico y fiscal de Estados Unidos a expensas de la posible derrota rusa y del crecimiento de la influencia estadounidense en el mundo (como si lo necesitara).

Ucrania, el conejillo de Indias 

Hay una fuerte sensación de que el régimen de Zelenski es, hace tiempo, una especie de laboratorio para Estados Unidos. El ideario de crear una esfera de poder occidental alrededor de Ucrania, en detrimento del poder ruso en Europa del Este. 

Zelenski, sea como sea, sabe que posiblemente se le esté acabando el tiempo. Si Trump gana las elecciones, difícilmente pueda seguir batallando contra Rusia y la rendición sería la única escapatoria. Por ende, “quemar las naves” es la solución que encuentran ahora con un fuerte avance en Kursk.

Lo que aclararon las autoridades de Kiev es que no tienen pretensiones de mantenerse ocupando esos territorios, sino que lo hacen con el fin de que Rusia acepte una salida al conflicto o un plan de paz que también beneficie a Ucrania. 

Putin fue tajante, y aclaró que pacificará la zona si Ucrania acepta ceder los territorios del Donbás a Rusia, sumado a la ya ocupada península de Crimea desde 2014. Para Zelenski no hay otra salida que la recuperación de esos territorios y encontraron en el avance sobre Rusia, la posibilidad de presionar al Kremlin. 

Pero, ¿qué pasa si Estados Unidos deja de financiar a Ucrania? Básicamente, el gobierno de Zelenski se cae a pedazos. Hace mucho tiempo se sabe que este conflicto es lo más parecido a uno de los puntos calientes de la Guerra Fría. Estados Unidos usa a Ucrania para medirse contra Rusia, con el fin de mantener y usurpar la hegemonía del otro. El fin de Zelenski será el fin de la guerra. Si sale victorioso será un héroe, si pierde será condenado.

A fin de cuentas, y volviendo a la actualidad, ¿Ucrania está ganando la guerra? En términos bélicos, está pasando por una remontada y una incursión al estilo ruso en Rusia, casi como darle de tomar de su propia medicina. Sin embargo, el Régimen de Putin continúa controlando parte del Donbás y demostró, a lo largo de estos últimos dos años y medio que tiene capacidad para aguantar un conflicto de larga data. Es cierto, Rusia tiene grandes aliados como China e Irán, pero su tradición bélica sigue marcando el ritmo del conflicto. 

En términos generales, el dominio de la guerra actualmente en manos de Ucrania tiene una fecha de vencimiento. Si Rusia aguanta con lo mínimo y su economía no se resiente, podría esperar a una posible victoria de Trump, lo que sería categórico para Ucrania. La estrategia de Putin estaría centrada en usar la menor fuerza posible y jugar con las expectativas de un cambio en el orden internacional. En caso contrario, Putin deberá sacar a relucir sus armas más letales e inclusive sus aliados en la zona, no es casualidad que haya viajado a Chechenia recientemente. Hoy, la guerra ruso – ucraniana ya no es el sensacionalismo amarillista de los medios cuando comenzó el conflicto. Es un claro juego de ajedrez, donde el retador ucraniano depende de su entrenador estadounidense y, el ruso, fiel a su historia, espera paciente para su jaque mate.

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Ucrania ve nacer la era de los robots asesinos impulsados por IA

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Por Paul Mozur y Adam Satariano
, New York Times. En un campo a las afueras de Kiev, los fundadores de Vyriy, una empresa ucraniana de drones, trabajaban hace poco en un arma del futuro.

Para mostrar cómo funcionaba, Oleksii Babenko, de 25 años, director ejecutivo de Vyriy, se subió a su motocicleta y recorrió un camino de tierra. Detrás de él, lo seguía un dron, mientras un colega monitoreaba los movimientos desde una computadora del tamaño de un portafolio.

Hasta hace poco, un humano habría pilotado el cuadricóptero. Ya no. En cambio, después de que el dron fijara su objetivo —Babenko— voló por sí solo, guiado por un software que utilizaba la cámara de la máquina para rastrearlo.

El rugido del motor de la motocicleta no fue rival para el dron silencioso que acechaba a Babenko.

Si el dron hubiera estado armado con explosivos y si sus colegas no hubieran desactivado el rastreo autónomo, Babenko habría muerto.

Vyriy es tan solo una de las muchas empresas ucranianas que trabajan para dar un gran paso adelante en la militarización de la tecnología de consumo, motivada por la guerra con Rusia. La presión para superar al enemigo, junto con enormes flujos de inversión, donaciones y contratos gubernamentales, ha convertido a Ucrania en un Silicon Valley de drones autónomos y otros armamentos.

Las empresas están creando una tecnología que vuelve cada vez más tangencial el juicio humano en torno a los objetivos y los ataques. La disponibilidad generalizada de aparatos comerciales, software fácil de diseñar, algoritmos potentes de automatización y microchips especializados de inteligencia artificial ha sido el impulso de una carrera letal de innovación hacia territorios desconocidos, la cual ha avivado una posible nueva era de robots asesinos.

Las versiones más avanzadas de la tecnología que permite la autonomía de los drones y otras máquinas han sido posibles gracias al aprendizaje profundo, una forma de inteligencia artificial que utiliza grandes cantidades de datos para identificar patrones y tomar decisiones. El aprendizaje profundo ha ayudado a generar populares modelos de lenguaje de gran tamaño, como GPT-4 de OpenAI, pero también sirve para que los modelos interpreten y respondan en tiempo real a imágenes de video y cámaras. Esto significa que el software que alguna vez ayudó a un dron a seguir a un surfista sobre nieve por una montaña ahora puede convertirse en una herramienta letal.

En más de una decena de entrevistas con emprendedores, ingenieros y unidades militares de Ucrania, surgió la imagen de un futuro cercano en el que pudiéramos ver enjambres de drones autoguiados que coordinen ataques y metralletas con visión por computadora que abatan a soldados automáticamente. También se están desarrollando creaciones más extravagantes, como un helicóptero planeador no tripulado que utiliza ametralladoras.

Aunque estas armas no son tan avanzadas como los costosos sistemas militares de Estados Unidos, China y Rusia, sí son significativas por su bajo costo —de apenas miles de dólares o menos— y su fácil disponibilidad.

A excepción de las municiones, muchas de estas armas se construyen con códigos encontrados en línea y componentes que pueden comprarse en Best Buy y una ferretería. Algunos funcionarios estadounidenses afirmaron que les preocupaba que estas capacidades pudieran utilizarse pronto para llevar a cabo atentados terroristas.

Para Ucrania, estas tecnologías podrían darle una ventaja contra Rusia, un país que también está desarrollando dispositivos asesinos autónomos, o simplemente ayudarle a mantener el ritmo. Los sistemas complican más un debate internacional sobre las repercusiones éticas y legales de la inteligencia artificial en el campo de batalla. Agrupaciones de derechos humanos y funcionarios de Naciones Unidas quieren limitar el uso de armas autónomas por temor a que puedan desencadenar una nueva carrera armamentística mundial que podría salirse de control.

En Ucrania, estas preocupaciones son secundarias, dado que la prioridad es defenderse de un invasor.

“Necesitamos máxima automatización”, opinó Mykhailo Fedorov, ministro de transformación digital de Ucrania, quien ha liderado las iniciativas del país para utilizar empresas emergentes del sector tecnológico a fin de expandir las capacidades de combate avanzado. “Estas tecnologías son fundamentales para nuestra victoria”.

Los drones autónomos como el de Vyriy ya se han utilizado en combate para atacar objetivos rusos, según funcionarios ucranianos y videos verificados por The New York Times. Fedorov señaló que el gobierno estaba trabajando para financiar empresas de drones y ayudarlas a aumentar su producción con rapidez.

En un destartalado taller en un edificio de apartamentos del este de Ucrania, Dev, un soldado de 28 años de la 92.ª Brigada de Asalto, ha ayudado a promover las innovaciones que han convertido drones baratos en armas. Primero colocó bombas sobre drones de carreras, luego les agregó baterías más grandes para que volaran más lejos y hace poco incorporó visión nocturna para que las máquinas pudieran cazar en la oscuridad.

En mayo, fue uno de los primeros en utilizar drones autónomos, entre ellos los de Vyriy. Dev comentó que, aunque algunos necesitaban mejoras, los consideraba el próximo gran salto tecnológico en llegar al frente.

“Ya hay una gran demanda” de drones autónomos, dijo. Las máquinas han sido especialmente útiles contra las interferencias que pueden interrumpir los enlaces de comunicación entre el dron y el piloto. Si el dron vuela solo, el piloto tan solo podría apuntar a un objetivo y dejar que el dispositivo haga el resto.

Por toda Ucrania han aparecido fábricas y laboratorios improvisados que construyen máquinas a control remoto de todos los tamaños, desde aviones de largo alcance y barcos de ataque hasta drones kamikaze baratos, abreviados con la sigla FPV (la sigla en inglés de “visión en primera persona”), porque los guía un piloto que usa unas gafas similares a las de realidad virtual, las cuales muestran una vista desde el dron. Muchos son precursores de máquinas que en algún momento actuarán por sí solas.

Los esfuerzos por automatizar los vuelos de FPV comenzaron el año pasado, pero se retrasaron debido a contratiempos en la construcción del software de control de vuelo, según Fedorov, quien afirmó que esos problemas se habían resuelto. El siguiente paso era escalar la tecnología con más gasto público, comentó Fedorov, quien agregó que unas diez empresas ya estaban fabricando drones autónomos.

“Ya tenemos sistemas que se pueden producir en masa y que se están probando de forma exhaustiva en el frente, es decir que ya se utilizan activamente”, dijo Fedorov.

En una tarde calurosa del mes pasado en la región oriental ucraniana conocida como el Donbás, Yurii Klontsak, un reservista de 23 años, entrenaba a cuatro soldados para usar el arma futurista más moderna: una torreta con sistema autónomo de detección de objetivos que funciona con un control de PlayStation y una tableta.

Mientras de fondo sonaban estallidos de bombardeos cercanos, Klontsak explicó cómo el arma, llamada Wolly por su parecido con el robot de Pixar WALL-E, puede fijar en automático un objetivo a una distancia de hasta 1000 metros y saltar entre posiciones preprogramadas para cubrir con rapidez un área de grandes dimensiones. La empresa que fabrica el arma, DevDroid, también está desarrollando un sistema de puntería automática para seguir y alcanzar objetivos en movimiento.

“Cuando vi el arma por primera vez, quedé fascinado”, admitió Klontsak. “Entendí que era la única forma, si bien no de ganar esta guerra, al menos de mantener nuestras posiciones”.

El arma es una de las varias que han aparecido en el frente con software entrenado por inteligencia artificial para rastrear y disparar a objetivos de forma automática. Casi igual que en la identificación de objetos de las cámaras de vigilancia, el software rodea a las personas y otros posibles objetivos con un recuadro digital en una pantalla. Lo único que debe hacer el tirador es apretar el gatillo a distancia con el control de un videojuego.

Oleksandr Yabchanka and two other soldiers at a sandy shooting range.
El comandante Oleksandr Yabchanka, a la izquierda, publicó en Facebook una petición abierta de una ametralladora teledirigida computerizada. Ello estimuló la innovación y las empresas intentaron ayudar.Credit…Sasha Maslov para The New York Times
In a wide dirt ditch, a soldier attaches a machine gun atop a platform with four all-terrain-type wheels.
Roboneers, una empresa ucraniana, desarrolló un arma automatizada con una torreta montada sobre un dron rodante.Credit…Sasha Maslov para The New York Times
An unzipped and open case contains a device with two control switches and a small screen.
Un sistema de videojuegos reutilizado con la torreta de Roboneers.Credit…Paul Mozur/The New York Times

A menudo, las exigencias del campo de batalla unen a ingenieros y soldados. Oleksandr Yabchanka, comandante de Lobos Da Vinci, un batallón conocido por su innovación en armamento, recordó cómo la necesidad de defender la “carretera de la vida” —una ruta utilizada para hacer llegar suministros a los soldados que luchaban contra los rusos a lo largo de la línea del frente oriental en Bajmut— había estimulado la inventiva. Mientras imaginaba una solución, publicó una solicitud abierta en Facebook de una metralleta computarizada por control remoto.

Después de varios meses, Yabchanka obtuvo un prototipo funcional de una firma llamada Roboneers. El arma fue útil para su unidad casi al instante.

“Podíamos sentarnos en la trinchera a beber café, fumar cigarros y dispararles a los rusos”, comentó.

Two laptop computer users, one wearing a ball cap and the other a hooded black jacket, sit at a table in front of observers in a grassy field.
Swarmer, una empresa ucraniana, creó un software basado en un modelo de inteligencia artificial que fue entrenado con grandes cantidades de datos sobre misiones de drones en el frente. Credit…Sasha Maslov para The New York Times

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Paz en Ucrania, ¿utopía o realidad?

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El ocaso de una guerra que puso los ojos del mundo en Europa del este podría comenzar a visualizarse. Al menos, el máximo líder de Rusia, dejó a entrever que esta posibilidad está latente. 

Putin fue claro, y aclaró que existe una vía para que las hostilidades entre rusos y ucranianos en suelo de los últimos, principalmente, llegue a su fin. El mandamás del Kremlin fue tajante al declarar que, si Ucrania acepta las nuevas fronteras post guerra que pretende Rusia. El famoso territorio en disputa, el Donbás, concentrado precisamente sobre el este ucraniano, es el sitio que desvela a Putin hace poco más de dos años, cuando esta “operación militar especial” comenzó y se transformó en el conflicto que mantiene en vilo a gran parte del mundo. 

Esas nuevas fronteras comprenden a zonas de vital importancia como Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Cabe destacar que estas regiones pasaron por un proceso de anexión mediante un referéndum por de más dudoso, en cuanto a sus cifras, amedrentamiento o inclusive tendencia hacia la amenaza para que los pobladores voten a favor de Rusia. Este hito tuvo lugar a finales de septiembre de 2022, dando como resultado más del 90% a favor de unirse al país dirigido por Putin. 

Además de esto, según el lado ruso, el conflicto tuvo como una de sus génesis a la protección de los ruso – parlantes en la zona del Donbás. De hecho, desde 2014, cuando se da la anexión de Crimea a Rusia, Ucrania comenzó un proceso de extensión de su presencia coercitiva a través de instituciones y de las fuerzas armadas y de seguridad en el este. Según Rusia, la consecuencia de esto fue la persecución y el aumento de hostilidades contra los ucranianos que adoptaron costumbres rusas, su idioma, y otras cuestiones que hacen a la identidad, y que rozan las diferencias entre Estado y Nación. 

Sea como sea, la salida de Putin, aparentemente, es que reconozcan a esos territorios como rusos, achicando la geografía ucraniana. Si eso pasa, según el líder ruso, será el fin de la guerra. 

La opción de la paz 

Zelenski fue severo en varias ocasiones, durante el transcurrir de este conflicto. Para Ucrania no hay nada que negociar en cuanto al territorio y la partición de su país. Lo que plantearon desde un principio fue por la defensa legítima de las regiones en disputa, con fuerte incentivo económico y bélico de países occidentales, puntualmente de Estados Unidos. 

Uno de los panoramas, el principal para los ucranianos es, inclusive con la recuperación de territorio. No solamente la defensa del Donbás, sino que agregar la posibilidad de una fuerte incursión en Crimea para poder tomar nuevamente el control de esta zona clave en cuanto a la movilidad estratégica y económica de la zona. En 2014, Rusia se apoderó de Crimea, despojando a Ucrania de esta región prioritaria. Con el transcurso de los acontecimientos, parece que esto es prácticamente imposible. 

Otro de los puntos es volver a las fronteras previas a la incursión militar rusa en 2022. Significa que Crimea seguirá en manos de Rusia, pero el Donbás, actualmente en disputa, seguiría siendo ucraniano. Este plano es bastante considerable, entendiendo las partes que se puedan acordar, inclusive manteniendo una posible tutela compartida por las cuestiones étnicas que hacen a la particularidad de esta zona, como el lenguaje o el sentido de pertenencia por un país u otro. 

Si termina la guerra, ¿Quién gana? 

En el juego de dominador y dominado, entre narrativas de vencedores vencidos, siempre hay lugar para comprender cuales son los intereses ampliamente conseguidos por un lado y por otro. Si Rusia consigue la anexión del Donbás, no solo gana territorio, sino que amplia su zona de influencia con Ucrania. Además de eso, en términos económicos, la Unión Europea podría ganar. Esto se expresa por la posibilidad de restablecer lazos comerciales con el gran emporio energético ruso, el cual padeció desde el arranque del conflicto por las multas y sanciones internacionales ejercidas. Si esto se levanta, la Unión Europea vuelve a tener gas ruso. 

En términos políticos la cosa cambia. Si Rusia consigue la anexión del Donbás como fin de la guerra en Ucrania, Europa demuestra su faceta de mayor debilidad y sumisión, ante una guerra desgaste que evidentemente funcionó para la Kremlin, y que llevó a que el viejo continente se arrodille ante sus proclamas. Políticamente, incluso, puede marcar el principio del fin de la hegemonía europea y marca el proceso del dominio ruso del poderío en esa zona del mundo. 

Para Estados Unidos, si esto termina como planteó Putin, tampoco sería algo bueno. Primero porque invirtieron un dineral tremendo para el ejército ucraniano y todo para perder el territorio en disputa. Luego, en cuestiones meramente políticas, se lleva puesto al Partido Demócrata. Biden basó la mitad de su gestión en una política internacional que desde el vamos fue fallida, acrecentando el descontento popular en el seno estadounidense por los propios problemas internos y fronterizos del país norteamericano. Esto allanaría el camino para que Trump se lleve un triunfo más cómodo en las elecciones de lo que podrían plantear previamente. 

Esta situación nos lleva rápidamente a pensar en Ucrania. La pérdida de territorio y de la guerra en si, podría arrastrar a Zelenski y sus jerarcas al ostracismo de la historia, como el mandatario que mandó a morir a los ucranianos contra un ejército de elite como el ruso, que además contaba con mercenarios de guerra y armamento nuclear. Abre también el camino a una posible investigación interna y externa sobre los manejos de la cúpula bélica, cuestionada en varios momentos por corrupción. Sin embargo, no todas son pálidas. 

Hay una posibilidad de sacar algo bueno de una hipotética derrota, según el planteo de Putin. Ucrania deberá afrontar tiempos de profunda reestructuración política y sobre todo económica, entendiendo que tiene un mega endeudamiento con Estados Unidos. Si arreglan esto y reafirman las instituciones democráticas, Kiev podría, en unos cuantos años, estar presto a ingresar a la Unión Europea y a la OTAN, si Rusia no lo impide nuevamente. 

El fin de una guerra es un hito festejable, sin lugar a dudas, pero abre un duro camino de reconstrucción que dejará heridas que no sanarán jamás. Rusos y ucranianos de a pie que fueron a combatir por intereses de sus jefes. Algunos de ellos no perdieron la vida, pero perdieron todo lo que hace a la vida: familia, amigos, hogar y paz. Si esto se termina bajo el panorama que sea, Europa deberá replantearse si seguir considerando un enemigo acérrimo a Rusia o si la cooperación es algo innegable, y, por otro lado, Estados Unidos quizás deba pensar que el Destino Manifiesto ya no opera con total claridad en un mundo multipolar como el que actualmente vivimos.

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Nuevos vínculos comerciales con Ucrania en el sector maderero

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Por Mercedes Omeñuka, presidenta de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA). La reciente visita de una delegación gubernamental ucraniana a la Argentina marca un hito significativo en las relaciones comerciales entre ambos países. Encabezada por la Primera Viceprimera ministra y ministra de Economía de Ucrania, Yuliia Svyrydenko, y el ministro de Industrias Estratégicas de Ucrania, Oleksandr Kamyshin, esta misión tuvo como objetivo explorar nuevas oportunidades de cooperación económica y comercial. En este contexto, resulta crucial reflexionar sobre la importancia de fortalecer los vínculos comerciales, particularmente en el sector maderero, con Ucrania.

La reunión organizada por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios y la Embajada de Ucrania en la Argentina, a la que tuve el honor de asistir, dejó en claro la necesidad urgente del país europeo de contar con madera y otros productos de nuestra cadena industrial. Esta demanda abre una ventana de oportunidad para la industria maderera argentina, que puede posicionarse como un socio estratégico en el abastecimiento de recursos esenciales para la reconstrucción y desarrollo de Ucrania.

El sector maderero argentino tiene una larga tradición de calidad y sostenibilidad. Nuestra industria no solo es capaz de satisfacer la demanda interna, sino que también tiene el potencial de expandirse significativamente en mercados internacionales. La colaboración con Ucrania podría impulsarnos a desarrollar aún más nuestras capacidades productivas, mejorar la tecnología y optimizar los procesos de manufactura, lo que beneficiaría a toda la cadena de valor de la madera en Argentina.

Además, es importante destacar que las provincias de Misiones y Corrientes, una región con una significativa población de descendientes de ucranianos, tiene un papel fundamental en esta ecuación. Esta región no solo es un centro clave de la producción maderera, sino también de otros productos agrícolas como el té y la yerba mate. La integración comercial con Ucrania podría fomentar un intercambio económico equilibrado y sostenible, aprovechando las fortalezas de ambas naciones.

Durante la mesa de diálogo, se discutieron múltiples aspectos de cooperación que van más allá del intercambio de bienes. La intención es establecer proyectos de inversión conjunta, fomentar el intercambio de tecnología y conocimientos, y desarrollar proyectos que impulsen el crecimiento económico bilateral. La creación de la Comisión Intergubernamental Mixta Ucraniano-Argentina sobre Comercio y Cooperación Económica es un paso concreto en esta dirección, y su reunión prevista para octubre en Buenos Aires promete abrir nuevas vías de colaboración.

Es imperativo también considerar el contexto global. En un mundo cada vez más interconectado, la solidaridad y la cooperación internacional son fundamentales para enfrentar desafíos comunes. La reconstrucción de Ucrania, devastada por la guerra, es una tarea monumental que requiere el apoyo y la colaboración de la comunidad internacional. Argentina, a través de su sector maderero y otros productos industriales, puede desempeñar un rol crucial en este proceso.

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La tensa estabilidad libertaria: la imagen de Milei está blindada, pero hay fuerte rechazo a sus banderas

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El Presidente Javier Milei tiene un 47% de imagen positiva. Una suba bastante sólida desde el estudio de marzo de la consultora Zuban Córdoba. Los principales indicadores de la gestión no han sufrido grandes cambios. El Gobierno logró consolidarse en un margen de positividad del 45-50% que, aunque es menor que el de otras gestiones para esta misma altura (en marzo del 2020, Alberto Fernández rozaba los 60% de aprobación) es lo suficientemente sólido como para concluir que Javier Milei sigue contando con un saludable acompañamiento

social.

Continuando con el paralelo con gestiones anteriores, para los 100 primeros días de gestión todos los gobiernos suelen tener ya distintas acciones o iniciativas que cuentan con un buen nivel de apoyo social. Mauricio Macri era valorado en abril del 2016 por la salida del cepo. Alberto Fernández tenía a su favor el incipiente manejo de la pandemia que acababa de estallar. No parece ocurrir lo mismo con el gobierno actual.

Se preguntó en este estudio por el manejo de la epidemia de  dengue. Un 60% cree que el mismo fue inadecuado y un 65% cree que el gobierno debería comprar vacunas y repelentes de forma masiva. Idea que, por supuesto, va en contra del marco ideológico del gobierno.

Otras medidas que se encuentran en estudio o ya fueron anunciadas tampoco logran cosechar adhesión. La inmensa mayoría está en contra de reinstalar el impuesto a las ganancias o de enviar tropas argentinas a Ucrania.

El mismo dato probablemente vale para cualquier tipo de intervención en el conflicto de medio oriente, al margen de cualquier necesario repudio a las agresiones entre Estados.

La posible baja de la edad de imputabilidad y el despido de 15.000 empleados estatales son las únicas que logran perforar el piso del 40%. Aunque en el caso de la segunda, sigue cosechando un rechazo mayor al 50%.

La educación pública es probablemente la categoría en la que más problemas puede tener el gobierno en términos de opinión pública. Un abrumador y mayoritario 86% coincide con la idea de que se trata de un derecho que debe ser defendido

Los gobiernos también deben ser juzgados por su capacidad de reaccionar y cambiar de dirección cuando es necesario. ¿Reconsiderará el gobierno su postura con la educación pública si las manifestaciones de este mes se vuelven masivas y el tema toma la agenda por asalto?

La economía aparece como la gran protagonista en la valoración del gobierno. La gestión de Javier Milei será juzgada por ese aspecto. Dados a elegir entre bajar la inflación o aumentar los salarios, los argentinos quedan divididos a la mitad. Es un dato que desnuda uno de los grandes dilemas que el gobierno deberá resolver en el corto plazo: la tensión entre la baja de la inflación y la puja salarial.

Dilema al que hay que agregarle un condimento extra. La mayor baja de la imagen positiva del gobierno se dio en diciembre luego de la devaluación y el fogonazo inflacionario. En tan solo días el oficialismo pasó de un robusto 54% a un 42%. ¿Qué va a pasar con ese mismo indicador si en las próximas semanas la suba de tarifas genera un nuevo shock en el aumento de precios?

Ese es el problema de los consensos precarios. Pueden ser alterados por el más mínimo cambio de humor.

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