Unión Europea

¿Irse o quedarse? El dilema del brexit en fotos

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Por Kyle Crichton y Anna Holland – The New York Times – La loca, agónica, desgarradora saga del brexit comenzó hace casi tres años, cuando David Cameron, el primer ministro en ese entonces, convocó un referendo sobre la membresía del Reino Unido a la Unión Europea. Alrededor del mundo se extendió una ola de conmoción después de que en junio de 2016 los británicos desafiaran el pronóstico de los encuestadores al votar por abandonar el bloque.

Desde ese entonces, el Reino Unido y el mundo han recibido una lista de ideas y términos que parece interminable —salvaguarda (backstop), brexit duro, brexit suave, brexit a ciegas, Canadá plus plus (un tratado de libre comercio como el de Canadá, pero más cercano), Noruega plus plus, Estado vasallo, el plan de Chequers (el documento de “la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea”).

No obstante, como cualquier persona que ha prestado por lo menos remota atención sabe, hasta el momento nada está decidido. La única certeza, parece, es que siempre existe una mayoría contra cualquier posible solución y nunca una mayoría en favor de ella. Otra manera de explicarlo es que el Reino Unido se ha separado aún más por las divisiones europeas de lo que estaba antes del referendo que acabaría con ellas de una vez y para siempre.

Para ayudar a las personas poco familiarizadas con el proceso, o incluso a aquellos con un interés pasajero, The New York Times ha recopilado una historia en imágenes de esos gloriosos momentos desde el referendo hasta el voto final capturados por nuestros fotógrafos.

En la imagen inferior, un mitin en Londres en diciembre para impulsar una ruptura total de la Unión Europea. Desde el inicio, el debate sobre la salida del bloque por parte del Reino Unido ha sido largo, repetitivo, emocional y a veces cruel.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Una discusión poco antes del referendo en Glenrothes, Escocia, en 2016. El impulso para dejar la Unión Europea podría al final obligar a los votantes a reevaluar los nexos que vinculan a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Un grupo de personas observa los resultados del referendo en Londres. Alrededor del 60 por ciento de los votantes en la ciudad querían que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea; un evidente recordatorio de cuán diferente es Londres del resto del país.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Cosecha de vegetales cerca de Boston, Inglaterra. Muchos trabajadores agrícolas en ese lugar provienen de Europa del Este y están en el Reino Unido debido a las regulaciones que permiten a los ciudadanos de naciones de la Unión Europea vivir y trabajar en cualquier Estado miembro. Una ansiedad elevada sobre la inmigración definió –y muy probablemente cambió– la decisión de la campaña a favor del brexit.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

La celebración del cumpleaños de la reina en Castle Point, Essex, una parte de Inglaterra en donde las personas son intensamente inglesas, intensamente conservadoras  y están intensamente a favor del brexit. Los ingleses están considerablemente menos dispuestos que sus colegas británicos en Escocia e Irlanda del Norte a verse a sí mismos como un subconjunto de Europa, y muchos sienten que su soberanía e identidad se diluyen en una fracasada Unión Europea y un flujo de extranjeros “sin control”.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Un parque de diversiones en un muelle en Blackpool, Inglaterra. Al tratar de reinventarse como un complejo turístico al lado del mar para la era moderna, la ciudad también espera aprovechar una posible consecuencia de la ruptura del Reino Unido con la Unión Europea: un incremento en el número de británicos que eligen no ir de vacaciones al extranjero.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

El límite entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte corre a lo largo de la cima de la montaña Cuilcagh. La frontera se ha convertido en uno de los principales puntos de estancamiento en las negociaciones del brexit. A muchos les preocupa que volver a colocar una frontera física tendría consecuencias psicológicas y prácticas.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

El Servicio Nacional de Salud, con su mandato de ofrecer atención médica universal y gratuita, es un pilar de la identidad británica de la posguerra, y la posibilidad de dotarlo de recursos adicionales fue usado como un grito de guerra por las personas que hicieron campaña en contra de Europa.

No obstante, muchos de sus empleados son de la Unión Europea. Miles han renunciado desde la votación del brexit, incluida Tanja Pardela, segunda desde la derecha, que regresó a Alemania después de trabajar como enfermera pediátrica en Londres durante once años.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Para muchos en el Reino Unido, un fuego devastador en la Torre Grenfell en junio de 2017 —el más mortífero en el país en más de un siglo— llegó a simbolizar no solo la negligencia de las autoridades, sino también una creciente desigualdad.

El debate del brexit expuso el profundo resentimiento de los británicos de la clase trabajadora afuera de Londres hacia las élites en la adinerada y cosmopolita capital, pero fueron los restos calcinados del bloque de apartamentos de gran altura los que se convirtieron en un símbolo de esa desigualdad en el corazón de la capital misma.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Pocas de las principales ciudades de Occidente han estado más abiertas a los musulmanes que Londres, pero la votación del brexit y una serie de ataques terroristas han modificado la dinámica de la vida cotidiana para muchos musulmanes tradicionales en la capital británica.

El barrio de Barking y Dagenham, en la imagen, era uno de los pocos en Londres que votó por abandonar la Unión Europea, y lo hizo en una proporción de casi dos a uno. Muchos ciudadanos blancos ahí vieron una votación para el brexit como un voto en contra de la inmigración y el islam.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Un barco alemán de contenedores avanza hacia un puerto británico en diciembre. Muchas compañías están reevaluando sus inversiones a largo plazo en el Reino Unido, por el temor de que el brexit afecte al comercio en la Unión Europea.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Una vista del distrito financiero desde The Shard, uno de los rascacielos que definen el horizonte de Londres. Casi una quinta parte de las transacciones bancarias del mundo pasan por el Reino Unido, y la mayoría se mueven por Londres, pero una gran parte del negocio bancario de la ciudad depende de su inclusión en la Unión Europea.

 CreditAdam Ferguson for The New York Times

Pasajeros suben y bajan en la estación Canary Wharf, en el corazón del centro financiero global de Londres. Muchos bancos ya están haciendo planes para mover números significativos de su personal a otros centros financieros dentro de la Unión Europea para asegurarse de que el comercio continúe sin afectaciones después de que el brexit se complete.

 CreditAndrew Testa for The New York Times

Bármanes en una fiesta de la semana de la moda en Londres que reunió a personas de veintisiete países. Durante décadas, el Reino Unido —particularmente Londres— ha sido percibido como un caldero de talento creativo, tanto local como extranjero. No queda claro si el Reino Unido podrá mantener esa reputación cuando el brexit entre en efecto.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Londres gastó miles de millones de dólares en una línea de tren de alta capacidad para transportar a más personas a través de la ciudad en expansión y conectar áreas de bajos recursos en las afueras como Thamesmead, en la imagen, con el centro de Londres.

El proyecto, conocido como Crossrail, tenía el objetivo de unir a Londres. Pero ahora podría señalar el fin de una era ambiciosa.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

El Reino Unido enfrenta muchos problemas además de su pendiente salida de la Unión Europea: divisiones regionales, disparidades económicas, desempleo y terrorismo.

Después de una década sin ataques terroristas por parte de grupos extremistas islámicos, el Reino Unido sufrió cuatro en 2017. En marzo de ese año se organizó una vigilia en la plaza de Trafalgar, en Londres, para las víctimas de uno de los ataques.

 CreditSergey Ponomarev para The New York Times

El Reino Unido está aprendiendo a hacer frente a más ataques en los lugares más comunes. Un grupo de personas se reunieron en Mánchester, Inglaterra, en mayo de 2017 después de una explosión en un concierto de Ariana Grande en la ciudad que causó la muerte de veintidós personas, incluidos niños.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

El poblado de Grimsby, Inglaterra, fue alguna vez sede de la flota más grande de barcos de arrastre en el Reino Unido. Ahora es un centro de intercambio global para la industria del procesamiento de pescado, en donde se destripan, empaquetan y venden al mayoreo pescados de todas partes del mundo.

No obstante, el 70 por ciento de los residentes de Grimsby votaron por abandonar la Unión Europea, al elegir la nostalgia de una industria agonizante por encima de otra que está prosperando.

Durante algunas semanas en julio, la atención del país se volcó hacia los deportes, cuando Inglaterra llegó a las semifinales de la Copa del Mundo por primera vez en décadas.

Un periódico exhortó al Partido Conservador a no discutir por un día. “¿No saben que se está jugando un partido de fútbol?”, preguntó en su primera plana.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Aunque el gobierno británico ha buscado tranquilizar a los inmigrantes europeos indicando que no tendrán que irse de inmediato, nadie sabe a ciencia cierta qué estatus de residencia tendrán cuando el Reino Unido abandone el bloque. Más abuso racial y crímenes de odio han sido reportados en todo el Reino Unido desde el referendo, dirigidos no solo a inmigrantes de naciones de la Unión Europea sino también a personas negras, musulmanas y asiáticas provenientes de otros lugares.

En la imagen inferior, una misa polaca en una iglesia católica en Boston, Inglaterra. La comunidad siente “incertidumbre, un poco de miedo sobre la situación”, dijo el reverendo Stanislaw Kowalski.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

En la imagen inferior, un retrato de la ex primera ministra Margaret Thatcher, que alguna vez defendió el mercado común europeo pero hacia el final de su carrera se convirtió en una escéptica de la zona euro, en una bodega en Romford, Inglaterra.

El largo y prolongado proceso ha frustrado a muchos en Romford.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

En la imagen inferior, una fiesta para recaudar fondos en Craignure, Escocia.

En Escocia, el 62 por ciento de los votantes eligieron permanecer en la Unión Europea, con lo que posicionaron a Escocia más a favor de Europa que incluso Londres. El resultado cristalizó un sentimiento largamente percibido entre los escoceses de que un gobierno conservador de derecha en Londres no los representa y fomentó llamados a un nuevo referendo de independencia.

 CreditAndrew Testa para The New York Times

Un trabajador portuario en Brixham, el puerto pesquero más grande de Inglaterra. Muchos ahí desean que el Reino Unido recupere el control de las aguas a poco más de 300 kilómetros de la costa —áreas para pesca que ahora son administradas por Bruselas y están saturadas de embarcaciones europeas—.

Ya sea que sus quejas involucren pescados, inmigrantes o reglas entrometidas, muchos británicos resienten lo que ellos ven como una interferencia de parte de instituciones y burócratas europeos.

CreditAndrew Testa para The New York Times
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Europa quiere salvar el Acuerdo con Irán, donde celebra la línea dura

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La retirada de USA del pacto nuclear fortalece la posición de los conservadores iraníes, que intentarán aprovechar la oportunidad para consolidar su poder en detrimento de los reformistas que elaboraron el Acuerdo. La Unión Europea busca la manera de bloquear a las sanciones de USA que podrían lastimar a las empresas europeas que quieran hacer negocios con Teherán, en un intento de salvar el pacto. Mientras tanto, Benjamín Netanyahu viaja a Rusia para conversar con Vladimir Putin sobre Siria, donde aumenta la tensión entre Irán e Israel.
El martes 8/5, el Presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo Nuclear con Irán. “Este fue un horrible acuerdo unilateral que nunca debió haberse hecho”, dijo desde la Casa Blanca. “No trajo calma, no trajo paz, y nunca lo hará.” Poco después, el Presidente iraní, Hassan Rouhani, anunció que la República Islámica entablará un diálogo con el resto de las potencias firmantes -Rusia, China, Reino Unido, Alemania y Francia- para luego consultar de forma interna, antes de decidir si se queda o se va del Acuerdo. En caso de que el acuerdo sea abandonado, advirtió, Irán podría volver a enriquecerse de uranio “como nunca antes”.
La Unión Europea quiere mantener el Acuerdo pero la salida de USA podr ía disparar su colapso, dado que las sanciones de USA lastimarán a las empresas europeas que quieran hacer negocios con Teherán. La UE busca la manera de inmunizar a las compañías europeas que hagan negocios con Teherán de las sanciones estadounidenses. AFP explica que se están diseñando planes para introducir medidas que bloqueen las sanciones de USA -una movida muy rara dado que se trata de un país aliado-. Los ministros de Exterior europeos se reunirán con su homólogo iraní, Mohammad Javad Zarif, la semana que viene, para asegurarle personalmente que darán los pasos necesarios para proteger el pacto de duras sanciones del Tesoro estadounidense que entrarán en vigencia dentro de los próximos 180 días. Las compañías europeas que hagan negocios con Irán tendrán ahora 6 meses para suspender sus inversiones, dijo el asesor de Trump, John Bolton. El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, dijo que “no era aceptable” que USA fuese el “policía económico del planeta”.
Otra repercusión del anuncio de Trump, explica The Guardian, ha sido que el discurso de la línea dura iraní cobró fuerza. Este sector aprovechará la salida de USA del Acuerdo para consolidar su poder en detrimento de los reformistas que elaboraron el pacto. “Lo digo de parte del pueblo iraní, Señor Trump, no pude hacer nada”, dijo el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei. Se refirió también a la aseveración de Trump de que el pacto contenía “más de 10 mentiras”: “Amenazó al sistema así como a la nación. El cuerpo de este hombre, Trump, se convertirá en cenizas y se volverá alimento de gusanos, mientras que la República Islámica continuará de pie.” Durante la sesión de apertura del Parlamento iraní el miércoles, explica The Guardian, un grupo de legisladores de línea dura sostuvieron una bandera de USA de papel junto al texto del acuerdo y quemaron ambos, cantando ‘Muerte a América’.
Horas después de la decisión de Trump, por otro lado, el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, viajó a Moscú para tener conversaciones con el Presidente ruso, Vladimir Putin. Ambos mandatarios, explica AFP, han mantenido una serie de reuniones y conversaciones telef ónicas en los últimos meses, principalmente sobre la delicada situación en Siria. Teherán está involucrado allí en apoyo del régimen de Bashar al-Assad -al igual que Rusia-. El Primer Ministro israelí ha prometido no permitir que Irán se establezca militarmente en el país vecino, donde Israel ha sido acusado de llevar a cabo ataques donde murieron tropas iraníes -Israel casi nunca niega ni confirma ataques en suelo sirio-. El Estado judío ha establecido con Moscú una línea directa para evitar colisiones accidentales en Siria. El último de estos sucesos sucedió durante la noche del martes 8/5, cuando un ataque a facilidades militares iraníes al sur de Damasco mató a al menos 15 personas, entre ellos 8 iraníes, publicó The New York Times. El ataque fue atribuido a Israel por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Horas antes, Israel había ordenado a sus comunidades en los altos del Golán -frontera con Siria- que abriesen los refugios públicos, temiendo un ata que iraní. El Ejército israelí dijo que había identificado movimientos inusuales de fuerzas iraníes en Siria, y creían que estaban preparando una represalia inminente contra Israel. “Las reuniones entre nosotros son siempre importantes y esta lo es especialmente”, dijo Netanyahu antes de su partida hacia Moscú. “Bajo la luz de lo que está pasando ahora en Siria, es necesario asegurar la coordinación contínua entre el Ejército ruso y (el israelí)”.

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Para viajar a Europa ahora habrá que pedir permiso online

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El trámite, que busca aumentar los controles de seguridad y de inmigración, tendrá un costo de 7 euros, se realizará por Internet y servirá por 3 años.
La Unión Europea (UE) aprobó el miércoles 25/04 el ‘Sistema Europeo de Información y Autorización de Viaje’ (ETIAS, por sus siglas en inglés) que deberán solicitar todas aquellas personas de países que no pertenezcan al espacio ‘Schengen’ de la UE, como en el caso de la Argentina, que quieran entrar a Europa. El trámite, que busca aumentar los controles de seguridad y de inmigración, tendrá un costo de 7 euros, se realizará por Internet y servirá por 3 años.
“El sistema contribuirá a mejorar la seguridad, prevenir la inmigración ilegal, proteger la salud pública y reducir los retrasos en las fronteras gracias a la identificación de las personas que puedan representar un riesgo”, informó la UE a través de un comunicado.
Se espera que esta autorización entre en vigencia en 2020. Los datos ap ortados en la solicitud se cruzarán con las bases de datos de la UE y de Interpol para conocer si existen motivos para rechazar el viaje.
A partir del pedido de solicitud, si no hay respuesta se considera que la autorización fue aprobada. Pero, en el caso de que salte alguna alerta, la autorización se decidirá manualmente en un plazo máximo de 96 horas. Además, el funcionario responsable de revisar el pedido podrá solicitar más información y, cuando la reciba, tendrá 96 horas más para tomar una decisión.
“Saber qué personas se dirigen a la UE antes incluso de que lleguen a la frontera nos permitirá estar en mejores condiciones de detener a aquellas que puedan plantear una amenaza”, expresó Valentin Radev, ministro de Interior de Bulgaria, país que preside el Consejo de la UE este semestre.
Las compañías aéreas y marítimas controlarán antes del embarque si los pasajeros se encuentran autorizados para viajar. Las emp resas que transportan viajeros por tierra tendrán 3 años adicionales para prepararse antes de que entre en vigencia la nueva reglamanentación.
Sin embargo, en el comunicado aclararon que los que finalmente autorizan la entrada en el área Schengen son los policías en los controles de pasaportes y visas en aeropuertos, puertos y fronteras terrestres. El nuevo trámite no asegurará por completo el ingreso a Europa.
Los países que integran el área Schengen de libre circulación son: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, República Checa y Suecia. Pese a que no son miembros de la UE, también están asociados Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza.

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Por qué Macron se opone al tratado entre el MERCOSUR y la Unión Europea

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Por ahora no hay tratado. Eso indicaban las declaraciones de Emmanuel Macron, desde antes de la llegada de Macri a Paris. Similares a las de todos sus predecesores desde 1999, cuando comenzaron las negociaciones. Francia, dijo, no puede avalar un tratado que favorezca el ingreso de alimentos sudamericanos en desmedro de su propia producción. Subsidiada por los contribuyentes franceses para conservar empleos y garantizar seguridad alimentaria. Hubo declaraciones amables, apoyos para el ingreso a la OCDE y salutaciones al G20, pero sin novedad en el tema principal. Hasta ofrecimos destrabar el caso Aguas Argentinas, la compra de los dos patrulleros oceánicos y otras cosas más. Pero no alcanzó.
Nadie puede mostrarse sorprendido. Ya sabemos que desde la década de 1950 la Unión Europea, marcada a fuego por las hambrunas irrepetibles de la guerra, viene subsidiando en forma coordinada su producción de agroalimentos. Y que todos los borradores del acuerdo comercial birregional, que circulan desde hace casi veinte años, chocaron con esa incompatibilidad de modelos alimentarios. Nuestro campo es imbatible; los de la península europea son poco productivos y están protegidos. Y Europa, el actor grande sentado a la mesa, hace las ofertas y pone las condiciones. De hecho, los industriales bonaerenses y paulistas celebran el freno de Macron (quien, como veremos al final de esta informe, habla también en nombre de otros europeos proteccionistas, no solo franceses) pero su festejo quedó eclipsado por el de los granjeros del norte. La asimetría de poder funciona así.
Hay que aclarar también que los productores antiacuerdo -granjeros europeos, industriales sudamericanos- no dominan las negociaciones todo el tiempo. Hay, en ambas regiones, exportadores que quieren pactar, diplomáticos que trabajan de negociadores, y políticos que aman las fotos firmando convenios. A lo largo de estas dos décadas de rosca, hubo momentos en que los planetas casi se alinearon. A principios del siglo XXI, por ejemplo, hubo meses en los que la producción agrícola europea fue muy baja, y las barreras al trigo y el maíz cayeron a cero; en ese momento, Europa hizo una oferta “buena”, pero para los industriales paulistas era mala y dijeron que no. Diez años más tarde, los duros fueron los argentinos. Entre esas y otras episódicas ventanas de oportunidad, la mayor parte del tiempo las trabas estuvieron en Europa.
Siendo así de difíciles e improbables las cosas, como lo muestran los casi 20 años de vueltas alrededor del asunto, ¿por qué volvimos a hablar del tema? Por dos razones. Una es el deseo del gobierno argentino. La otra, es que hasta hace unos meses parecía abrirse una nueva ventana de oportunidad en Europa –o eso nos pareció. Pero la realidad es que esa ventana europea se cerró rápidamente.
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Veamos primero el deseo gubernamental argentino, expresado en las declaraciones del Presidente. Aunque no haya estudios de impacto que demuestren que el tratado tendría saldo positivo, Macri lo quiere por razones que van más allá del comercio. Para empezar, porque firmar un tratado así sería un activo institucional para apuntalar las finanzas argentinas. Somos un país con inflación alta, déficit fiscal y otras vulnerabilidades, que apela a la ayuda política externa para mejorar su calificación. Un tratado con Europa, o el ingreso a la OCDE, deberían bajar nuestras tasas de riesgo país. Está también, claro, la capitalización del logro ante el electorado (“volvimos al mundo”), pero en un año no electoral lo económico pesa más. Además, “el trayecto es el camino”: aún sabiendo que la cosa está muy difícil, Macri y la diplomacia argentina insisten con la meta de firmar porque expresa una “vuelta al mundo” en sí misma. Al declarar una y otra vez la voluntad de “volver”, el gobierno argentino ya se siente un poquito más cerca de los países de Occidente. Después de todo, somos europeos; si ellos no quieren, se lo pierden.
Queda, por último, la mirada geopolítica de nuestro gobierno acerca de la presunta ventana de oportunidad que se abrió tras el Brexit y el triunfo electoral de Trump. De esas que pueden imponerse sobre el lobby de los granjeros franceses y polacos. Un año atrás muchos dirigentes europeos se veían en las puertas de una guerra comercial. Ese fantasma, de hecho, no se disipó: los nacionalismos y separatismos siguen en auge, y “The Donald” acaba de anunciar en Davos que protegerá el acero estadounidense (Europa es un gran productor de acero, y Estados Unidos uno de sus principales mercados de exportación). En ese contexto, en nuestras costas se especuló con el advenimiento de una política comercialista más activa de parte de Europa, para compensar la pérdida de otros mercados, y que ello podría incluir un relanzamiento del proyecto con el MERCOSUR. El razonamiento tenía lógica.
Pero surgieron otros elementos en el camino. Uno de ellos son los cambios laborales impulsados por Macron -quien se proyecta como un líder europeo- que afectan a los países del este de la Unión. Su propuesta es atacar el “dumping salarial” que se produce con el ingreso de trabajadores “baratos” provenientes de los países socios del este -polacos, sobre todo- en las ciudades del oeste. Lo que propone, concretamente, es una nueva política salarial regulada desde Bruselas, que se implementa garantizando que los trabajadores cobren salarios de convenio en el país de residencia, con independencia de su procedencia. Es decir, que en Paris los polacos cobren como franceses, y que en Varsovia los franceses cobren como polacos.
Recuérdese que el enojo social con los salarios más bajos que cobraban polacos, checos o búlgaros fue una de las causas del éxito del Brexit (y Macron llegó al Elíseo con el mandato de evitar nuevos “exits”). La “reforma social europea” de Macron, que aparenta defender los derechos salariales de los trabajadores del este que se mudan al oeste, piensa sobre todo en sus propios votantes franceses. Y en los que votaron por Marine Le Pen. Macron persigue el doble objetivo de atacar el problema del desempleo en Francia, y de calmar los reclamos de los votantes franceses contra los salarios baratos de polacos y húngaros.
Este Macron reformista, que recorrió meses atrás los países del este buscando apoyo político para su propuesta, es el mismo que ahora se opone al acuerdo con los sudamericanos. No solo le preocupan los granjeros franceses, como a todos sus predecesores: también, quiere eliminar cualquier impacto de un acuerdo comercial sobre los mercados de trabajo del Este. Y cuando habla, lo hace también en nombre de los líderes europeos orientales que respaldan su reforma laboral.

 
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Uber es una compañía de taxis, decide Europa

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Según el máximo tribunal europeo, Uber debería ser regulado como una empresa de taxis. Un golpe duro para la empresa que se define como una plataforma tecnológica que por lo tanto, no debería estar sujeta a las mismas reglas que los servicios de transporte.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó en la mañana del miércoles 20/12 que Uber es una empresa de transportes y no una mera plataforma tecnológica, dando la razón al gremio de los taxistas. La decisión se traducirá en cambios en los requisitos que las autoridades pueden exigir a la compañía estadounidense para prestar sus servicios en la Unión Europea.

La naturaleza de la actividad de Uber -una multinacional participada por inversores como Goldman Sachs-, concluyeron los jueces europeos, está “indisociablemente vinculada a un servicio de transportes”.

El caso surge de una denuncia presentada en el juzgado de lo mercantil número 3 de Barcelona por la Asociación Profesional Élite Taxi, que solicitaba la prohibición total de operaciones de Uber, que se define como un s ervicio de intermediación digital para la prestación de transportes entre particulares, explica Beatriz Navarro del diario La Vanguardia. Los taxis alegaban que, en cambio, la empresa les hace una competencia desleal. El juez español elevó a la Justicia europea una pregunta sobre cómo calificar los servicios prestados por Uber, si como servicios de transporte, servicios propios de la sociedad de información o una combinación de ambos. La sentencia emitida por el Tribunal de Justicia de la UE declara que el servicio prestado por Uber, “no se limita a un servicio de intermediación”. Al mismo tiempo que se pone en contacto a personas se crea “una oferta de servicios de transporte urbano” accesible mediante herramientas informáticas en la que la empresa, lejos de ser un actor externo, “ejerce una influencia decisiva sobre las condiciones de las prestaciones efectuadas por estos conductores”.

“En el estado actual del Derecho de la Unión, incumbe a los Estados miembros regular las condiciones de prestación de estos servicios, siempre que se respeten las normas generales del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea”, afirmó el Tribunal. En un breve comunicado, Uber aseguró que la decisión del Tribunal -contra la que no cabe recurso- no cambia nada para ellos: “Esta decisión no cambia nada en la operativa de Uber en la mayoría de los países de la UE. Sin embargo, todavía hay millones de europeos que no pueden usar ‘apps’ como la nuestra. Como dijo recientemente nuestro nuevo consejero delegado, conviene regular servicios como Uber y por ello continuaremos el diálogo con países y ciudades en toda Europa”.

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