Unión Europea

El Gobierno dio a conocer la letra chica del acuerdo Mercosur-Unión Europea

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El gobierno argentino publicó hoy los textos que conforman el acuerdo Mercosur-UE, anunciado en Bruselas el 28 de junio pasado. Dichos documentos se encuentran en proceso de revisión legal e institucional, por lo que podrían sufrir modificaciones. Solo serán obligatorios para las partes una vez que hayan sido firmados y se completen los procedimientos legales internos correspondientes.

Textos: https://cancilleria.gob.ar/es/acuerdo-mercosur-ue

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Faurie y Sica explicaron a las provincias el impacto del acuerdo Mercosur-UE

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El Canciller Jorge Faurie y el Ministro de Producción, Dante Sica, recibieron en el Palacio de Hacienda a los 24 ministros de Producción y Economía de las provincias, a quienes explicaron los detalles del acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea, y pusieron especial énfasis en los beneficios y múltiples oportunidades para el desarrollo de las economías regionales. 

Esta reunión es parte de los encuentros y charlas informativas que el Gobierno nacional viene desarrollando con todos los sectores luego del histórico acuerdo. En esta ocasión los Ministros estuvieron acompañados por la secretaria de Comercio Exterior, Marisa Bircher; el subsecretario de Mercosur y Negociaciones Económicas Internacionales, Victorio Carpintieri, y el subsecretario de Comercio Exterior, Federico Lavopa.

Misiones estuvo representada por el ministro de Industria, Luis Lichowski. 

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Los espejitos de colores del libre comercio: a propósito del acuerdo Mercosur-Unión Europea

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Amplia y mayoritariamente maliciosa y falaz información, es la difundida acerca del acuerdo de “libre comercio” que los gobiernos neoliberales del Mercosur fueron a mendigar a la Unión Europea.
La catarata de loas, vertida por operadores periodistas, economistas y opinólogos del establishment, dispusieron de espacios preferenciales en muchos medios, para enunciar supuestos “grandes beneficios”, ocultando o minimizando los muy previsibles perjuicios severos, que serán consecuencia directa de la eventual plena aplicación de dicho acuerdo. Todo eso busca “crear clima” favorable a eso, y a la vez ampliar la cortina de humo presentando como “una gran acción diplomática del decadente y hoy impresentable gobierno neoliberal, dándole supuestas dotes de “estadista” que no posee ni en el mínimo grado.
En el caso del macrismo, se trata de otro de los golpes de efecto, a los que es tan adicto y a los que con relativa eficacia apela, para intentar tapar la desastrosa realidad de caos total en que nos ha sumido, pretendiendo ocultar a desinformados y a crédulos fáciles, que de mínima nos empujan a involucionar a aquella anacrónica e inviable economía primaria, en un contexto socio político de feudalismo campero del siglo XIX; y como objetivo de máxima nos conducen amañadamente a la disolución nacional.
El acuerdo de “libre comercio”, años antes rechazado por el último gobierno peronista, por ser muy nefasto y contrario a los Intereses Nacionales; va en cambio como anillo al dedo al esquema de país granja decimonónico y empujado al subdesarrollo crónico, que busca el establishment neoliberal interno, y el externo al cual está subordinado impúdica y gustosamente.
No se duda –y lo explicitó claramente por sus acciones y sus dichos- (como algunas de las tantas impresentables soberbias e incoherencias que con desparpajo pronunció la impresentable vicepresidenta) que el neoliberalismo macrista busca desindustrializarnos rápida y brutalmente acorde al modelo de economía primaria con desocupación masiva permanente y salarios de miseria, para lo que precisa, como herramienta adicional de presión, que el acuerdo sea ratificado totalmente, tanto por el Congreso Argentino, como por el órgano colegiado respectivo de la UE.
Pero lo que ocultaron como parte del buscado golpe de efecto, es el hecho real que esas dos ratificaciones están muy lejos de ser conseguidas, y más bien es casi un hecho que el acuerdo será rechazado tanto acá como en otros países del Mercosur, y en el viejo continente.
Ya Francia (la segunda economía de la UE post Brexit en curso, y la mayor potencia militar del bloque) puso paños fríos al eventual acuerdo, pues no está dispuesta a sacrificar a sus muy subvencionados productores agropecuarios, creando con ello desocupación y una potencial crisis política que agrave su delicada situación actual. Otros países de la UE, como Irlanda, Polonia y varios más, dependen en buena medida de sus subvencionadas producciones agropecuarias. Y según normas de la UE, la ratificación del acuerdo necesitaría 2/3 del total de los votos, algo muy improbable de conseguir.
Para lo poco que está quedando en pie, de la diversificada y poderosa industria argentina que llegamos a poseer, una eventual ratificación del acuerdo de “libre comercio” será el acta de defunción definitiva, que destruya aun más el empleo argentino y degrade los salarios a niveles de miseria; que nos entierre en el subdesarrollo crónico, o peor aun, que nos empuje a la disolución nacional.
Esa misma industria argentina, destrozada y atacada ferozmente desde el infame “proceso”, vilipendiada y atacada durante los años de la partidocracia cleptocrática que siguieron al citado nefasto período dictatorial cívico militar, y que como el Ave Fénix, había renacido de sus cenizas, al amparo de fuertes políticas proteccionista y de efectiva promoción, desarrolladas como políticas de Estado en los doce años peronistas precedentes, caracterizados por políticas económicas de fuerte orientación keynesiana; volvió a ser atacada, ahora con ferocidad inaudita y descaro total, por el actual gobierno enfocado a concretar el mayor y más perverso industricidio que recuerda la historia económica mundial, que pudo ser padecido por un país en tiempos de paz o de inmediata posguerra.
No es un dato menor que son los sectores más retrógrados de nuestro país, la oligarquía tradicional de tozudas políticas anti industriales y anti sociales; las ramificaciones industriales con mentalidad especulativa que derivaron de aquella,
los fugadores crónicos de divisas, los especuladores financieros y “guantes blancos” de operaciones impresentables, así como los que lucran con las importaciones desmadradas; son los que casi a coro cantaron loas de falsos y amañados argumentos, a favor de la desprotección total del mercado interno, cuya institucionalización sería la ratificación de ese acuerdo de “libre comercio”, al cual seguramente pronto seguiría el malhadado ALCA rechazado en la Cumbre de Mar del Plata en 2005; con los que se institucionalizaría nuestra vergonzoso y deleznable rol de mera colonia económica de las Potencias Atlantistas, y sumisos subordinados totales a las Potencias Neocolonialistas del Siglo XXI (tema del cual me explayé en el libro respectivo).
Todo eso y sus múltiples ramificaciones negativas, está en juego en este estratégico tema, del cual mucho se ocultó y muy pocas verdades se expusieron con la crudeza y fundamentación imprescindibles. El tema no se agota en estas pocas líneas, y es peor que lo brevemente expuesto.

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Crudo invierno

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El crudo invierno, tan puntual como inoportuno, se convirtió en tema político al desnudar el crecimiento del número de personas en situación de calle. Son más de 7.200 personas en Capital Federal, donde organizaciones sociales llevan un censo actualizado. 64 por ciento más que hace un año. Son otros miles más en cada rincón de la Argentina. Son, cada uno, la cara de una economía que se arrastra en una espiral recesiva.

Las bajas temperaturas se colaron en el debate electoral por la acción solidaria de algunos clubes y la de miles de argentinos siempre dispuestos a dar una mano. La solidaridad de unos, siempre bienvenida, tiene como contracara, la carencia de otros, magnificada en tiempos de crisis. 

El Gobierno, ensimismado por estos días en mostrar los beneficios potenciales, abstractos y futuros de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, no tiene a mano nada tangible para contrarrestar las bajas temperaturas. Sus más enfervorizados defensores, igual que en tiempos pasados, decidieron, entonces, apelar al ataque a quienes, desde la solidaridad, muestran al modelo desnudo. Kirchnerismo de malos modales, podría redefinir el candidato presidencial José Luis Espert.

El frío opacó la misma gira presidencial de Mauricio Macri y los resultados del acuerdo Mercosur-UE quedaron en un segundo plano. Para desilusión de detractores y defensores, el pacto demorará bastante en hacerse efectivo y todavía hay dudas de que toda Europa se sume, si algún otro país se suma a las críticas expresadas por el francés Emanuel Macron. Hoy es un abstracto que deberá superar varias etapas para hacerse realidad. De todos modos, coinciden economistas ortodoxos y de los otros, no hay consecuencias lineales. Hay sectores que serán beneficiados y otros que deberán adaptarse para no ser empujados al abismo. 

“Hay que permitir que haya sectores que desaparezcan y aparezcan otros”, advirtió con crudeza el sojero Gustavo Grobocopatel al celebrar el acuerdo. Después se corrigió. No hablaba de sectores, sino de empresas, dijo. 

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa, presidida por el misionero Gerardo Díaz Beltrán respaldó el acuerdo y Macri prometió a los empresarios que la Unión Europea enviará fondos para que las pymes argentinas se adapten a la competencia. También reveló que sugirió reeditar un nuevo Alca con Donald Trump. 

Las dudas, sin embargo, son lógicas. Los procesos de apertura indiscriminada, durante la dictadura y los 90, significaron la desaparición de miles de empresas -como celebra Grobocopatel- y una explosión de desocupación a fines del siglo pasado. El problema radica en que se negocia en una posición desigual. La economía argentina hoy está en desventaja con Brasil, mucho más con los principales países europeos, que se aseguraron generosas concesiones para exportar sus productos. 

Las perspectivas de crecimiento de la economía argentina son mediocres, atadas a la fragilidad del alto endeudamiento. Crecer será apenas recuperar terreno perdido, pese a las proyecciones -parecen ser, nuevamente, demasiado optimistas- del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, marcadas en el presupuesto 2020: crecimiento de 3,5 por ciento, inflación de 26,1 y un alza de 7 por ciento en las exportaciones.

Además, la economía estará encorsetada por las obligaciones que impone el Fondo Monetario Internacional para seguir financiando al Gobierno. Antes de las elecciones llegarán otros 5.500 millones de dólares, destinados a sostener la calma del billete verde y evitar una incómoda disparada de la inflación. Así y todo, lo que iba a ser muy fácil de controlar, aparece con un promedio de suba mensual del dos por ciento, demasiado para bolsillos agobiados. 

No es casualidad que el Gobierno evite hablar de economía e incluso de política. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, mostró su costado más agresivo para apuntar contra Cristina Fernández, el blanco preferido de la grieta, el terreno en el que mejor se mueve el oficialismo. La grieta se transformó en una forma de vivir la vida más que de resolverla”, definió el politólogo Pablo Touzon, quien vino a Misiones a presentar su libro titulado La Grieta Desnuda. 

¿Qué hacer ante esa dicotomía? En Misiones la Renovación marcó el camino de salida de la grieta y se animó a desafiar la tradición de ir con un candidato presidencial propio. El misionero tendrá la opción de elegir a sus diputados nacionales con impronta localistas, sin necesidad de ir atados a una preferencia presidencial. 

La lógica política indicaba que los diputados y senadores respondían más al que gobernaba en la Nación que al mandato de las provincias. Aquí se busca romper esa dependencia y que sean “misioneristas” los que integren el Congreso.

No quita ello que haya preferencias y es evidente que muchos dentro de la Renovación prefieren al peronista Alberto Fernández sobre los otros. Fue el primero en ser recibido por la cúpula renovadora y con quien hay un diálogo más certero sobre las demandas misioneras, como la compensación histórica. El candidato presidencial que se reunió esta semana con varios gobernadores -por Misiones estuvo el diputado nacional Jorge Franco-, se mostró dispuesto a analizar una nueva polinómica que sirva para cubrir el atraso en el reparto de recursos. 

Misiones tiene enormes argumentos para sostener su demanda. Según los últimos datos oficiales de la Nación, Misiones está en el puesto 13 en el reparto nominal de recursos, por debajo de todas las provincias del NEA, pese a que tiene mayor población y una economía mucho más dinámica. 

Si se suman coparticipación y presupuesto y se dividen los recursos por habitante, Misiones cae a los últimos puestos. La primera, por menor densidad de población es Tierra del Fuego. Después aparece Formosa, con 76.472 pesos por habitante, El Chaco con 53.768 pesos, Corrientes con 42.512 y Misiones, en el puesto 19, con 35.560 pesos por habitante.

La diferencia acumulada a favor de Chaco en cuatro años equivale a 70.268 millones. ¿De cuánto es el presupuesto de Misiones 2019? Es de 68.630 millones. 

Pero Misiones, con menos recursos y menor presupuesto comparativo, tiene indicadores sociales y económicos mejores que las provincias vecinas. Es la provincia que tiene más escuelas de la región y una potente economía que supera a todas las demás.

El Estado también marca diferencias, con una presencia permanente en la economía, con el doble objetivo de sostener la actividad y cuidar el bolsillo de los misioneros. El Ahora Carne es el mejor ejemplo del compromiso con parar la olla y contrarrestar las consecuencias de la inflación. Las compras en carnicerías minoristas tendrán un reintegro del quince por ciento a cambio de una rebaja sustancial en el costo de la energía eléctrica, mecanismo similar al del Ahora Pan. Es decir, dos programas oficiales, con recursos estatales y el acompañamiento de entidades financieras y los propios comercios, apuntados a sostener el consumo básico de las familias. La sinergia con el sector privado, liderado por la Confederación Económica de Misiones, es inédito en otras latitudes. 

El Ahora es un éxito en todos los rubros en los que interviene y son varios los gobernadores que quieren replicarlo en sus provincias para apuntalar un consumo que sigue en picada y con aumentos.

Los gobernadores buscan referencias para el presente inmediato y no encuentran interlocutores en el Gobierno nacional, por lo que deben trabajar casi en equipo. 

Los lugartenientes del Presidente están enfocados en la campaña más que en la gestión, porque advierten que las encuestas marcan que la oposición suma más adhesiones, aunque parece inevitable una segunda vuelta, como tabla salvadora. 

Para que eso ocurra, debe crecer la tercera opción que encarnan Lavagna y Urtubey. El gobernador norteño volvió a Misiones a promocionar acuerdos bilaterales con Salta, pero también a hacer política. 

La tercera vía que ofrece como compañero de fórmula de Roberto Lavagna también tiene espacio en el oficialismo misionero y el crecimiento del ex ministro de Economía no disgustará a los locales. Como hace unos días, Urtubey se sintió como en su casa. Recorrió Oberá, se reunió con organizaciones sociales y después con el gobernador Hugo Passalacqua. La visita fue también la oportunidad para que comiencen a tomar práctica protocolar la diputada electa Soledad Balán y el flamante concejal Facundo Sartori, quienes hicieron de anfitriones del gobernador salteño. Llamativamente, el socialismo misionero, que vendría a ser la pata local de Lavagna, volvió a quedar fuera de la agenda del aspirante a vice. 

Los demás candidatos también vendrán a Misiones a buscar señales de respaldo, aunque sean menos visibles los hilos de contacto. 

El peronismo misionero, en sociedad con el partido Agrario, se entusiasma con recuperar vigor de la mano de Alberto Fernández. Los dirigentes conocen del diálogo directo con la Renovación, pero no se sienten opacados. Advierten de la oportunidad histórica de movilizar el partido y convertirse en actores protagónicos desplazando a Cambiemos. 

Curiosamente no hay entusiasmo en la alianza nacional. La definición vía Paso parece haber terminado de destruir la confianza que había entre los socios. El radicalismo está convencido de que puede dar el batacazo y superar al candidato puro del PRO. Pero para el macrismo misionero sería una afrenta irrecuperable.

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Acuerdo Mercosur-Unión Europea: ¿hacia mayor convergencia o disparidad?

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Al cierre de la semana pasada se firmó un histórico tratado de libre comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea. Al momento no hubo grandes precisiones por parte de ninguno de los dos bloques sobre los puntos acordados; sin embargo, tiene sentido analizar qué decisiones harían que el TLC fuese más o menos beneficioso para nuestro país, señala un estudio de la consultora Ecolatina.
 
Para comenzar, vale remarcar que el promedio ponderado de aranceles del Mercosur (14,8%) es sensiblemente mayor al del viejo continente (3,0%). En consecuencia, los precios de los productos europeos se abaratarían en mayor medida que los sudamericanos. Visto desde la óptica de los consumidores, los habitantes del Mercosur seríamos los principales beneficiados. No obstante, desde una perspectiva productiva, dado que los productos europeos se importarán a un menos precio habrá un riesgo latente para la producción local.
 
Ahora bien, los efectos lejos están de terminar acá y, menos aún, de estar jugados de antemano. Por caso, la elevada presión tributaria de nuestro país impacta directamente en la competitividad precio de los productos locales: más impuestos que se trasladan a los precios finales, redundando en bienes más caros.
 
Más aún, mientras que la Argentina cobra derechos a sus exportaciones, la Unión Europea las subsidia a través de la Política Agraria Común (PAC). En este sentido, el presupuesto asignado a esta política ascendería a 408.000 millones de euros para el período 2020-2024, superando de esta forma cualquier proyección de nuestras exportaciones totales para el período. 
 
Dada esta dinámica asimétrica, el acuerdo debería forzar un esquema impositivo más racional en nuestro país, para no sobrepenalizar la producción doméstica. Si este fuera el caso, nuevamente, los consumidores locales ganarían por una doble vía; ahora bien, si no se lograra relajar la carga tributaria, la producción doméstica se vería casi imposibilitada de competir con la europea.
 
Algo similar sucede con el elevado costo de financiamiento vigente en nuestro país. La tasa de interés se ubica actualmente en niveles prohibitivos para invertir. En pos de adecuar el sistema productivo a las demandas del acuerdo, el costo de financiamiento deberá abaratarse sensiblemente: de lo contrario, será muy difícil competir con la producción de nuestro nuevo socio comercial. 
 
En otro orden, los TLC buscan fomentar los flujos de inversión extranjera directa. Considerando la disparidad entre ambas regiones respecto de las inversiones realizadas en otros países (a modo de ejemplo, según los datos del Banco Mundial, mientras que las salidas IED desde la Unión Europea alcanzaron USD 620.000 millones en 2017, las del Mercosur apenas superaron USD 25.000 millones), nuestro bloque posee mucho para ganar en este frente. 
 
Ahora bien, las direcciones específicas de estos desembolsos no se negocian en los TLC, sino que dependerán de la dinámica de cada país en particular. En este sentido, las rigideces de nuestro mercado laboral y las dificultades que provoca una de las macroeconomías más volátiles del mundo reducen el atractivo de nuestro país. Una vez más, estaremos frente a una oportunidad interesante para generar un esquema en línea con las necesidades actuales y orientar a nuestra economía hacia el crecimiento; de lo contrario el panorama se oscurecerá.
 
En este punto, los salarios en dólares cumplirán un papel fundamental para competir por estos influjos con nuestros socios del Mercosur. Por lo tanto, la vigencia de un tipo de cambio real competitivo también será un eje a fortalecer: si bien en un escenario optimista lo ideal sería competir por empleos de calidad, lo cierto es que, actualmente, nuestro país está lejos de hacerle frente en este punto a los destinos actuales de la IED de la Unión Europea.
 
En consecuencia, podemos afirmar que gran parte de que el impacto del TLC sea positivo o negativo para nuestro país dependerá de qué reglamentaciones y excepciones se hagan al mismo y, no menos importante, cómo y a qué velocidad reaccione nuestro país ante la novedad, ajustándose a los standares globales en materia de legislación impositiva y laboral. 
 
Dicho esto, resta hacer un análisis sectorial para saber cómo impactará el acuerdo a nuestra estructura productiva. Para ello, corresponde cotejar la diferencia de productividades relativas entre ambos bloques. En este sentido, podemos separar a las ramas transables afectadas en dos grandes grupos: aquellas que trabajan a un nivel de productividad cercano a la frontera internacional y a las que lo hacen a uno inferior.
 
En el primer grupo, que sería aquel que podría verse beneficiado a partir de incrementar sus exportaciones a la Unión Europea –no produce con sobrecostos y la rebaja de aranceles le permitiría competir- aparece la agroindustria. Por caso, las exportaciones de trigo y maíz y sus derivados, así como las de carne, podrían verse altamente beneficiadas con el acuerdo. 
 
Más allá de esto, vale resaltar algunas cuestiones. Por un lado, es importante que en el acuerdo se discuta la eliminación de subsidios a los productos agrícolas, que abarata a partir de decisiones de política económica a los bienes europeos. Por el otro, partiendo de las regulaciones internacionales de seguridad alimentaria, suelen ponerse cuotas y reservarse ciertos requisitos de admisión para las importaciones de alimentos (barreras fitosanitarias y de calidad). Será fundamental evitar el abuso de estas posiciones por parte de los países europeos en pos de alcanzar el mayor market share posible. Por último, la oferta agroindustrial es relativamente inelástica (a diferencia de la producción típicamente industrial, no basta con aumentar el ritmo de una máquina). En consecuencia, será fundamental incrementar el valor agregado de los productos exportados –pasar de ser el granero del mundo a ser el supermercado-, ya que de lo contrario será inevitable que el sector se reprimarice. Esto no será un proceso autónomo, sino que dependerá de elaborar un programa de desarrollo con orientación exportadora que cuente también con la voluntad política necesaria para llevarlo a cabo.
 
En el extremo opuesto, es decir en aquellos sectores que trabajan a un nivel de precios superior al internacional y, por ese motivo, se ven imposibilitados de competir en una situación de libre comercio se ubican la mayoría de las ramas de la industria manufacturera. Producto del perfil exportador de la Unión Europea, podríamos mencionar aquí al sector automotor, autopartista, farmacéutico, metalúrgico y químico. Considerando la elevada tasa de empleo formal que presentan estos sectores, la pérdida de puestos de trabajo implicaría también una precarización del empleo en nuestro país. Algo similar sucedería con los salarios promedio.
 
Antes de terminar, es importante destacar que no solo se desplazará producción destinada al mercado interno. Casi la mitad de las exportaciones manufactureras argentinas se dirigen a Brasil, mercado en donde nuestro país no paga aranceles y obtiene de esta forma una ventaja relativa respecto de la Unión Europea que tributa el arancel extra-zona. Ahora bien, luego del acuerdo, esta diferencia desaparecería, de modo que estos envíos también estarían en peligro.

En conclusión, podemos afirmar que el acuerdo abre una serie de interrogantes que según cómo se negocien resultarán en mayores riesgos u oportunidades para la región en general y para nuestro país en particular. Considerando el estancamiento secular en el que se halla la economía argentina, y lo errático de la política cambiaria en los últimos años, los puntos de partida no son alentadores. Esperemos que se puedan hacer valer los aspectos estructurales y el TLC puje por achicar las diferencias entre ambos bloques en lugar de intensificarlas; de lo contrario, su resultado será una sociedad cada vez más desigual, con algunos sectores trabajando en la frontera productiva internacional y otros en franco retroceso.

 
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