El Gobierno nacional aprobó el ingreso del Proyecto Rincón de Aranda, de Pampa Energía, al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), en una decisión que representa uno de los desembolsos privados más importantes desde la creación del régimen. La iniciativa contempla una inversión total de USD 4.521 millones para desarrollar un nuevo polo de producción de petróleo no convencional en Vaca Muerta, con un fuerte perfil exportador y un horizonte operativo que se extenderá hasta 2041.
La medida fue oficializada mediante la Resolución 1025/2026 del Ministerio de Economía, que otorgó al proyecto la categoría de Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo (PEELP), una figura reservada para inversiones de gran escala con capacidad de ampliar la inserción internacional de la Argentina en mercados donde su participación aún es reducida.
El desarrollo se emplazará en el área Rincón de Aranda, en el departamento neuquino de Añelo, uno de los epicentros de Vaca Muerta. El plan contempla la perforación de 259 pozos horizontales, junto con la construcción de infraestructura crítica para el procesamiento, almacenamiento y transporte de petróleo, gas y agua, incluyendo plantas de tratamiento, oleoductos y gasoductos.
La aprobación confirma que el Gobierno considera que el proyecto cumple con los objetivos estratégicos del RIGI: incrementar las exportaciones, atraer inversiones de largo plazo, fortalecer la competitividad energética y generar nuevas oportunidades de empleo e integración de proveedores nacionales.
El cronograma de inversiones prevé tres etapas. La primera, entre 2024 y 2028, demandará USD 1.159 millones, destinados principalmente a infraestructura y la perforación de 50 pozos. La segunda fase, entre 2028 y 2031, incorporará otros USD 1.107 millones para desarrollar 70 nuevos pozos, mientras que la tercera etapa, prevista hasta 2041, sumará USD 2.255 millones para completar el desarrollo integral del yacimiento con los 139 pozos restantes.
En apenas los dos primeros años desde la aprobación oficial, la empresa deberá acreditar inversiones por USD 1.099 millones, superando ampliamente el umbral mínimo exigido por el régimen para este tipo de proyectos estratégicos.
Uno de los elementos centrales de la evaluación técnica fue la capacidad del proyecto para consolidar a la Argentina como proveedor internacional de petróleo. La iniciativa fue presentada como Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo debido a que el país mantiene una participación inferior al 1% en la producción mundial de crudo, muy por debajo del límite del 10% establecido por la normativa para acceder a esta categoría.
La producción estará orientada tanto al abastecimiento interno como a la exportación de petróleo y derivados, aprovechando el crecimiento de la infraestructura de evacuación de Vaca Muerta y la creciente demanda internacional por hidrocarburos.
Beneficios del RIGI para la inversión
Con la aprobación oficial, Pampa Energía accederá al conjunto de incentivos previstos por el RIGI, entre ellos beneficios tributarios, aduaneros y cambiarios diseñados para brindar previsibilidad a inversiones de largo plazo.
La resolución también autoriza la importación de bienes de capital bajo el régimen especial previsto por la Ley Bases, dispone la inscripción del proyecto en el Registro de Proyectos de Exportación Estratégica y encomienda a la Secretaría de Energía el seguimiento y fiscalización del cumplimiento de todas las obligaciones asumidas por la compañía.
Asimismo, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) deberá generar una CUIT específica para el Vehículo de Proyecto Único (VPU), mientras que el Banco Central aplicará los beneficios cambiarios contemplados para las inversiones adheridas al régimen.
La aprobación del proyecto Rincón de Aranda refuerza el papel de Vaca Muerta como principal destino de las grandes inversiones energéticas en Argentina. El desarrollo de infraestructura asociada no solo permitirá incrementar la producción de shale oil, sino también mejorar la capacidad de transporte y procesamiento, condiciones consideradas esenciales para sostener un crecimiento exportador en la próxima década.
Desde una perspectiva económica, el proyecto busca combinar mayor producción, generación de divisas y desarrollo de proveedores locales, uno de los requisitos incorporados en la evaluación del RIGI. Para la industria energética, representa una señal de continuidad del esquema de incentivos impulsado por el Gobierno para atraer capital de largo plazo hacia uno de los sectores considerados estratégicos para la estabilidad macroeconómica del país.
La recuperación de la infraestructura ferroviaria vuelve a ganar espacio en la agenda económica nacional. Después de años de paralización, el Gobierno nacional analiza reactivar el proyecto del Tren Norpatagónico, una obra estratégica para acompañar el crecimiento de Vaca Muerta mediante un corredor logístico capaz de reducir costos, mejorar la eficiencia del transporte de cargas y aliviar la presión sobre las rutas patagónicas.
La iniciativa, actualmente en estado de suspensión, busca transformar la conexión ferroviaria entre Bahía Blanca y Añelo, el principal centro operativo de la formación de hidrocarburos no convencionales más importante del país. El proyecto contempla intervenir un total de 665 kilómetros de infraestructura ferroviaria y demandaría un plazo estimado de ejecución de cuatro años.
El avance de Vaca Muerta modificó la escala de las necesidades logísticas de la industria energética. El incremento sostenido de la producción de petróleo y gas exige transportar cada vez mayores volúmenes de arena para fractura, tubos, maquinaria pesada, insumos industriales y combustibles, una tarea que hoy depende casi exclusivamente del transporte por camión.
La propuesta apunta precisamente a diversificar esa logística mediante un sistema ferroviario de cargas con mayor capacidad y menores costos operativos, mejorando además la previsibilidad del abastecimiento para una actividad que se convirtió en uno de los principales motores de generación de divisas del país.
Según la documentación técnica evaluada por el Gobierno, el proyecto prevé el mejoramiento de 374 kilómetros de vías existentes sobre el corredor que une Bahía Blanca con Río Negro y Neuquén. A ello se suma la renovación integral de otros 208 kilómetros correspondientes a los sectores más deteriorados del histórico ramal ferroviario.
La intervención también incorpora uno de los componentes más relevantes desde el punto de vista estratégico: la construcción de 83 kilómetros de vías completamente nuevas entre Contraalmirante Cordero y Añelo. Ese desvío permitirá conectar directamente con el corazón operativo de Vaca Muerta, evitando atravesar áreas urbanas y optimizando la circulación de trenes de carga.
En conjunto, las obras permitirían recuperar un corredor ferroviario pensado para responder a las exigencias de una industria energética en plena expansión. La posibilidad de transportar mayores volúmenes mediante ferrocarril reduciría significativamente la circulación de camiones, disminuyendo costos logísticos, tiempos de traslado, consumo de combustible y desgaste de la infraestructura vial.
El impacto potencial trasciende al sector energético. Bahía Blanca constituye uno de los principales nodos portuarios del país y la consolidación de un corredor ferroviario eficiente fortalecería la salida de la producción hacia los mercados internacionales, mejorando la competitividad exportadora de Vaca Muerta.
En un contexto en el que la energía se perfila como uno de los grandes generadores de dólares para la economía argentina, la logística aparece como un factor decisivo para sostener el crecimiento. Distintos informes económicos coinciden en que la expansión de la producción requiere inversiones complementarias en oleoductos, gasoductos, infraestructura portuaria y sistemas ferroviarios capaces de acompañar el aumento de la actividad.
La eventual reactivación del Tren Norpatagónico se inscribe precisamente en esa lógica: convertir la infraestructura en una herramienta para reducir costos estructurales y aumentar la productividad de toda la cadena energética.
Más allá del beneficio directo para Vaca Muerta, el proyecto también abre una oportunidad para recuperar un activo ferroviario largamente relegado. La modernización del corredor permitiría fortalecer el transporte de cargas en una región con creciente actividad económica, generando condiciones para futuras inversiones industriales y mejorando la integración logística entre el interior productivo y los principales puertos del país.
El desafío ahora pasa por transformar la evaluación técnica en una decisión de inversión. Si finalmente se reactiva, el Tren Norpatagónico podría convertirse en una de las obras de infraestructura más relevantes para acompañar la próxima etapa de crecimiento de Vaca Muerta, consolidando un esquema logístico más eficiente y competitivo para una actividad que hoy ocupa un lugar central en la estrategia económica argentina.
Durante más de una década, Argentina fue sinónimo de industrialización de la soja. El complejo agroexportador del Gran Rosario convirtió al país en el principal procesador mundial de la oleaginosa entre los grandes exportadores, una ventaja competitiva construida sobre inversiones portuarias, infraestructura logística y una industria capaz de transformar el poroto en harina y aceite con alto valor agregado.
Ese liderazgo, sin embargo, llegó a su fin. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) confirma que Argentina descendió al tercer puesto en capacidad instalada de molienda de soja, luego de ser superada primero por Estados Unidos en 2024 y ahora también por Brasil en 2025. Detrás del cambio no solo aparece el crecimiento de sus competidores, sino una transformación estructural del mercado global impulsada por la expansión de los biocombustibles.
Argentina cayó al tercer puesto en capacidad de molienda de soja entre principales competidores, superada por Estados Unidos y Brasil. El avance de los biocombustibles impulsa nuevas inversiones en dichos países, mientras la industria local se estanca.
En el marco de la gran expansión del cultivo de soja en Argentina desde fines de la década de 1970, es que comienza a crecer con mayor intensidad la capacidad de procesamiento de oleaginosas en el país. Sin embargo, es recién hacia fines de la década de 1990 y comienzos de los 2000 cuando el Gran Rosario se consolida como el principal impulsor de esa expansión. Este proceso tiene lugar en un contexto marcado por la sanción de la Ley 24.093 en 1992, que desregula la actividad portuaria, y por el inicio de la concesión de la Hidrovía Paraguay-Paraná en 1995, un primer paso importante para garantizar un mínimo de 32 pies de calado desde el complejo portuario del Gran Rosario hasta el océano, fortalecer la competitividad y asegurar el flujo exportador.
Tal como se ve en el siguiente gráfico, esa ingente cantidad de inversiones en industrias portuarias – mayormente ubicadas en el Gran Rosario – es que permite posicionar a la Argentina como el país exportador líder en derivados oleaginosos con mayor capacidad instalada de procesamiento de soja del mundo hacia el año 2011, por encima de Estados Unidos y Brasil. La industria local ostenta ese puesto durante quince años ininterrumpidos, aunque operando, en promedio, a un 60% de capacidad instalada. Esto último, en vistas de una oferta doméstica de soja que resultó insuficiente para cubrir el potencial de procesamiento, en un contexto de desincentivo a la producción de soja ante la excesiva carga impositiva que empieza a sufrir el complejo desde inicios de la década de los 2000.
Luego de alcanzar en 2020 un techo teórico con poco más de 68 Mt potenciales de procesamiento anual de soja, la expansión se detiene e inclusive llega a reducirse marginalmente. En simultáneo, los otros dos grandes orígenes de soja en el mercado global mantuvieron una tasa promedio de expansión industrial constante, en línea con una oferta local de soja abundante y creciente en el tiempo: la industria de soja en Estados Unidos y Brasil crece al 4% y 1,9% promedio anual durante la última década. De esta manera, es que desde 2024 Argentina pasa a ubicarse en el segundo puesto en capacidad instalada teórica de procesamiento de soja entre los tres orígenes exportadores líderes al ser superado por Estados Unidos y en 2025 se retrocede al tercer puesto al ser superado por Brasil.
1. Mercado de soja a nivel mundial: cambio estructural en un contexto de mayor demanda para biocombustibles
El mercado de commodities agrícolas y la industria de soja en particular, están atravesando un cambio de paradigma en cuanto a los drivers de demanda que impulsan la expansión de la producción y la industrialización. Si entre finales de 1980 y mediados de la segunda década de este siglo la transformación de proteína vegetal en proteína animal, traccionada por el crecimiento en el consumo de carnes a nivel global con China a la cabeza, fue el principal factor que potenció el avance en la producción de granos, la promoción para la elaboración de biocombustibles está liderando el flujo de la demanda. Esto último, más allá de que continúan creciendo los usos de los granos para alimentación animal y humano.
A principios de este siglo, prácticamente no se procesaba soja con el fin de utilizar aceite para usos industriales. En Estados Unidos y Brasil, grandes países exportadores de soja y también ávidos consumidores de aceite y harina, la molienda de soja promediaba 44 y 23 Mt respectivamente. Gran parte de los productos derivados que se obtenían de ese procesamiento eran destinados a abastecer la demanda interna: en Estados Unidos en torno al 75% y en Brasil casi el 50%. El total que se consumía internamente se repartía en dos grandes grupos: uso forrajero (principalmente cubierto por la harina de soja) y consumo alimenticio (aceite de soja), más allá de un excedente de poroto de soja que era clave para abastecer la demanda de China y en menor medida de otros países.
Un cuarto de siglo más tarde, los norteamericanos procesan más de 70 Mt de soja (+ 67%) y los brasileros más de 60 Mt (+190%). Mientras las proporciones entre las toneladas que se procesan para exportar y las que se consumen internamente prácticamente no cambiaron, lo que sí cambia es la proporción en el “para qué” son utilizadas. En Estados Unidos, la mitad de la molienda de soja que abastece al mercado interno se utiliza como insumo para un proceso industrial posterior (principalmente biodiésel), mientras que en Brasil la participación es aún mayor, explicando casi dos terceras partes del total.
Si se hace foco en los aceites vegetales, los biocombustibles cumplen un rol cada vez más relevante en la matriz de demanda de estos productos. Tal como se puede ver en el siguiente gráfico, si bien existen diversas materias primas para producir biodiésel, el aceite de palma —principalmente en Indonesia— es uno de los insumos más utilizados. No obstante, con el paso del tiempo y el aumento de las tasas de corte en grandes países productores de soja, el aceite de soja gana participación como insumo industrial. Actualmente, su peso sobre el total se ubica cerca del 30% y alcanza máximos históricos a nivel mundial. Esta dinámica global se explica casi en su totalidad por Brasil y Estados Unidos, que actualmente representan el 80% del consumo global de aceite de soja para uso industrial.
En el plano productivo, en las últimas dos décadas y media, Brasil mutiplicó por seis su cosecha de soja, con un récord de 180 Mt en la última campaña. Estados Unidos, por su parte, registra un crecimiento más moderado, en torno al 60%, con una producción cercana a 116 Mt en el ciclo comercial actual y una expectativa de alcanzar 120 Mt en el próximo ciclo productivo.
La combinación de una producción creciente en ambos países y nuevos drivers de demanda que incentivan el procesamiento industrial para usos no alimentarios está modificando la estructura de precios relativos del complejo soja. En particular, se observa un salto en el denominado oilshare, dado que el aceite pasa a sostener una proporción creciente del margen de crushing, en detrimento de la harina de soja.
De esta forma, el salto en la demanda de aceites vegetales en general, y de aceite de soja en particular, explica el vertiginoso ritmo de expansión de la capacidad instalada de procesamiento tanto en Estados Unidos como en Brasil. Ambos países, históricamente dominantes en el mercado de exportación de poroto de soja, intensifican cada vez más su procesamiento interno. Este cambio altera la dinámica de los mercados internacionales de subproductos del complejo soja y genera efectos directos sobre las cotizaciones.
2. El crush global de soja aumentó cerca de 100 Mt en la última década, mientras Argentina se quedó al margen de ese crecimiento industrial
El avance de la industrialización de soja no es un fenómeno exclusivo de los principales países exportadores del complejo, sino una dinámica que se extiende a gran parte del mundo. A comienzos de la década de 1990, Brasil, Argentina y Estados Unidos concentraban el 62% del crush mundial de soja. Actualmente, este grupo representa poco menos del 50% del total.
En términos generales y teniendo en consideración el desempeño de la última década, el crush global de soja aumentó 95 Mt, donde 43% se explica por Brasil y Estados Unidos, mientras que al agregar China estos 3 países representan el 72% del total. Vale destacar que, en dicho período Argentina no solo no crece, sino que contrae marginalmente su nivel de molienda, mientras que el resto de los países explica de forma diversificada el 28% restante con 26,6 Mt.
En general, la expansión en la industrialización del resto del mundo es nutrida por el aporte de volumen que provee tanto Brasil como Estados Unidos al mercado. Estos dos países explican el origen del 90% de las importaciones globales de poroto de soja. Teniendo en cuenta que durante las últimas décadas sus exportaciones conjuntas crecieron por encima del aumento en las importaciones de poroto de soja de China (destino clave para ambos países) y que la producción de soja en el resto de regiones creció a un ritmo marginal, el impacto en la dinámica del mercado fue doble: por un lado, estos países han abastecido una demanda en expansión de poroto de soja a otros países que no son China; por otro lado, ha implicado una reducción relativa en la demanda global de importación de productos derivados, ya que se intensifica la industrialización en “destino”.
3. Mirando hacia el futuro: perspectivas de crush en principales países exportadores del complejo soja
A partir del escenario presentado anteriormente, se configura un panorama en el cual está creciendo de forma sostenida la demanda de oleaginosas y, aceites vegetales en particular, como feedstocks fundamentales para la industria de biocombustibles. Esto, con objeto de cumplir los mandatos de cortes con combustibles fósiles que están implementando los diferentes países.
Al analizar los tres principales países líderes en exportaciones del complejo soja, en el caso de Brasil y Estados Unidos, se presenta una política clara que busca incrementar el corte de biodiesel con gasoil para disminuir la dependencia en combustibles fósiles. Tal como se vio en el primer gráfico presentado, es el factor clave que está dinamizando las inversiones en ambos países para aumentar la capacidad de procesamiento local. Considerando proyecciones conservadoras en base a las necesidades industriales mínimas para cumplir con la normativa de biocombustibles en cada país y siguiendo el escenario base del USDA para la próxima década, el procesamiento de soja en Estados Unidos podría ubicarse entre 77 y 83 Mt hacia 2030. Mientras que, en el caso de Brasil, el crush doméstico de soja podría ubicarse en torno a 82 Mt hacia dicho período.
Para el caso de Argentina, las proyecciones hacia adelante son más complejas ya que, si bien se tiene un programa futuro de baja paulatina en los derechos de exportación para los principales cultivos extensivos, la política futura de biocombustibles todavía está en pleno debate. Siguiendo el modelo AGMEMOD de la BCR, las proyecciones para el escenario base, manteniendo todas las condiciones actuales constantes, se estima que hacia 2030 el crush de soja podría incrementarse levemente hasta 46,5 Mt. En cambio, considerando un escenario sin derechos de exportación, para el mismo período la industrialización de soja podría alcanzar las 54 Mt en Argentina, lo que significaría un aumento en torno al 23% frente al nivel de molienda actual.
Por último, vale remarcar que se han anunciado posibles inversiones privadas para expandir y eficientizar la capacidad de molienda de oleaginosa en Argentina por un monto en torno a los USD 1.000 millones. Por el lado de la expansión de la capacidad instalada, se instalarían en Buenos Aires y Santa Fe, a través de grupos empresarios distintos y que podrían sumar a la capacidad de molienda nacional 22.000 toneladas diarias, lo cual equivale a un extra de 7,2 millones de toneladas anuales. Es decir, si bien Argentina presenta desafíos dado el contexto presentado, los incentivos se estarían alineando para ejecutar inversiones y pensar en un escenario de crecimiento en la actividad hacia adelante.
La matriz exportadora argentina atraviesa una transformación silenciosa que podría marcar un punto de inflexión para la economía. Según las últimas proyecciones, el complejo integrado por agro, minería y energía generaría una liquidación de divisas de US$57.168 millones durante 2026, el mayor registro de la historia. De concretarse, superaría el récord de US$56.722 millones alcanzado en 2022 y quedaría ampliamente por encima de los US$50.381 millones liquidados en 2025.
Más allá del volumen de dólares esperado, la principal novedad del informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) radica en el cambio estructural de la oferta de divisas. Históricamente, el ingreso de dólares dependió casi exclusivamente del calendario agrícola, con una fuerte concentración durante la cosecha gruesa del primer semestre y una marcada desaceleración hacia fin de año. Ese patrón comienza a modificarse gracias al crecimiento sostenido de la minería y, especialmente, del sector energético.
Por primera vez la proyección consolida agro, minería y energía. La novedad son las perspectivas para el segundo semestre, que parecieran romper la estacionalidad del mercado de cambios.
La liquidación de divisas del agro, minería y energía se proyecta en un récord de US$ 57.168 millones para 2026. De confirmarse, el registro superaría el máximo histórico de la serie, los US$ 56.722 millones alcanzados en 2022, y se ubicaría sustancialmente por encima de los US$ 50.381 millones liquidados en 2025.
La consolidación de estos tres complejos permite dimensionar la magnitud del ingreso de divisas comerciales del país y, sobre todo, capturar un cambio de composición que se viene gestando en los últimos años: el peso creciente de la energía de la mano del desarrollo de Vaca Muerta y del salto exportador de ese sector; y de la minería, que complementan y estabilizan un flujo históricamente dominado por el agro y su marcada estacionalidad.
La principal novedad de esta actualización se encuentra en las perspectivas para el segundo semestre del año. Para 2026 se proyecta que la liquidación del segundo semestre alcance los US$ 29.793 millones, superando a los US$ 27.375 millones del primer semestre. Se trataría, además, de un récord para un segundo semestre, en un patrón que pareciera romper la estacionalidad histórica del mercado de cambios.
Tradicionalmente, el ingreso de divisas se concentra en la primera mitad del año, al calor de la cosecha gruesa del agro, para luego enfriarse en el último tramo del año. La incorporación estructural de la energía y la minería, flujos menos dependientes del calendario agrícola y en expansión, estaría modificando ese comportamiento: el segundo semestre ya no muestra el enfriamiento típico e incluso superaría al primero.
El perfil mensual proyectado para 2026 refuerza esta lectura. A diferencia del promedio de los últimos años y de 2025, la curva de 2026 se sostiene por encima del promedio y no exhibe el marcado desplome estacional del último trimestre, cuando el aporte del agro tiende a reducirse sensiblemente.
El aporte sector por sector
Agro
Tal como se analizó en la pasada edición del Informativo Semanal el agro se proyecta una liquidación de US$ 34.897 millones en 2026, según la última actualización mensual. La cifra representa un recorte de unos US$ 1.200 millones respecto de la estimación de mayo, producto de menores precios de exportación proyectados.
En el acumulado hasta junio, el agro liquidó un estimado de US$ 15.768 millones, por debajo de los US$ 18.303 millones del mismo período de 2025, merma que responde a dos factores vinculados a los esquemas de derechos de exportación de 2025: por un lado, la reducción temporaria de derechos de exportación vigente durante el primer semestre de 2025, que adelantó comercialización y elevó la base de comparación; por el otro, la eliminación temporaria de retenciones de septiembre de 2025, que adelantó ingresos en ese mes pero deprimió el flujo en los meses subsiguientes, con impacto en el trimestre octubre-diciembre y en los primeros meses de 2026. No obstante, entre abril y mayo de 2026 esta situación se habría normalizado, con ocho meses consecutivos de disminución de la deuda comercial por anticipos y prefinanciaciones de exportaciones.
Minería
El aporte minero viene creciendo a paso firme. En 2025 las exportaciones del sector alcanzaron US$ 6.075 millones, sosteniendo cinco años consecutivos de expansión, y para 2026 se proyecta un nuevo récord que podría superar los US$ 9.000 millones. De cumplirse estas previsiones, la minería pasaría de explicar cerca del 7% a más del 10% de las exportaciones argentinas, generando 1 de cada 10 dólares exportados por el país.
El salto exportador y su consecuente crecimiento en la liquidación de divisas se apoya en la mejora de precios del oro y la plata, en conjunto con el crecimiento en volúmenes y precios del complejo litio. Este dinamismo ya se refleja en el mercado de cambios: en el primer cuatrimestre de 2026 la minería registró ingresos netos por comercio exterior de bienes por US$ 2.927 millones, un 88% más que en igual período de 2025. Con importaciones mínimas en relación con sus ventas externas, la minería se consolida como aportante neto de divisas, con un flujo estable a lo largo del año que espera apuntalar la liquidación del segundo semestre.
Energía
La energía es la otra gran protagonista de estos cambios en el mercado de cambios. Para este año se proyecta un crecimiento del 16% en la extracción de petróleo, que llevaría a la mayor producción petrolera de la historia argentina, superando el récord de 1998 de la mano de Vaca Muerta, cuya producción no convencional ya explica cerca del 70% del crudo del país.
El impulso productivo se traduce con más exportaciones en el frente externo. Tal como se analiza en esta misma edición del Informativo Semanal, la balanza energética marcó en la primera mitad de 2026 el mayor superávit de la historia argentina para un primer semestre, superando los US$ 6.987 millones y creciendo un 87% interanual. Las exportaciones de combustibles y energía habrían crecido un 52%, hasta más de US$ 8.118 millones, mientras las importaciones tocan mínimos de 20 años. Además, más del 70% del crecimiento exportador se explica por mayores cantidades, más que por la suba de precios derivada del conflicto en Medio Oriente.
Hacia adelante, las exportaciones de combustibles y energía podrían superar los US$ 14.400 millones en 2026, llevando la balanza energética a un récord por encima de los US$ 12.000 millones. La puesta en marcha del oleoducto VMOS hacia fin de año, con una evacuación adicional de 190.000 barriles diarios, apuntala un flujo de divisas creciente y menos estacional, clave en la fortaleza proyectada para el segundo semestre y el año que viene.
El Gobierno nacional dio un nuevo paso en su estrategia para expandir la frontera energética argentina al instruir la convocatoria a un Concurso Público Internacional para adjudicar un permiso de exploración de hidrocarburos en el área CAN_200, ubicada en la Cuenca Argentina Norte, frente a las costas del país. La decisión, oficializada mediante el Decreto 590/2026, busca captar inversiones privadas para profundizar la exploración offshore y ampliar el conocimiento sobre el potencial petrolero de la Plataforma Continental Argentina.
La iniciativa surge a partir de una manifestación de interés presentada por la compañía Challenger Energy Group PLC, que propuso desarrollar tareas exploratorias en un bloque de aproximadamente 5.000 kilómetros cuadrados bajo jurisdicción nacional. El área CAN_200 forma parte del esquema de expansión de la exploración costa afuera que el Gobierno considera estratégico para incrementar las reservas de petróleo y gas y diversificar la matriz de producción de hidrocarburos.
El decreto delega en la Secretaría de Energía la organización del proceso licitatorio, la elaboración del pliego de bases y condiciones y, posteriormente, el otorgamiento del permiso de exploración y de una eventual concesión de explotación para el adjudicatario. La convocatoria se realizará bajo los principios de concurrencia y transparencia previstos por la Ley de Hidrocarburos.
La decisión se inscribe en la política oficial de promover inversiones de largo plazo en el sector energético. El Ejecutivo sostiene que la exploración offshore representa una oportunidad para incrementar la producción nacional, generar empleo especializado e incorporar tecnología de punta en actividades sísmicas y perforaciones exploratorias, además de fortalecer el posicionamiento argentino en un mercado global que continúa demandando nuevos recursos energéticos.
El Gobierno fundamenta la medida en el potencial de la Plataforma Continental Argentina, cuyo reconocimiento internacional quedó consolidado tras las recomendaciones emitidas en 2016 por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas. Ese proceso incorporó más de 1,78 millones de kilómetros cuadrados de plataforma marítima bajo derechos soberanos argentinos para la exploración y explotación de recursos naturales, ampliando significativamente el horizonte para el desarrollo offshore.
Uno de los aspectos más relevantes del decreto es la autorización para incluir en los futuros contratos cláusulas de prórroga de jurisdicción a favor de tribunales arbitrales internacionales con sede en países adheridos a la Convención de Nueva York de 1958. La incorporación de este mecanismo apunta a ofrecer mayores garantías jurídicas a los inversores internacionales, una demanda habitual de la industria en proyectos de elevada intensidad de capital y largos períodos de recuperación.
No obstante, el decreto establece expresamente que esa prórroga no implica una renuncia de la República Argentina a la inmunidad de ejecución sobre bienes considerados estratégicos. Entre ellos figuran las reservas del Banco Central, los bienes del dominio público, la infraestructura destinada a servicios públicos esenciales, los activos diplomáticos y consulares, el patrimonio cultural, los bienes militares y los derechos del Estado para percibir impuestos y regalías.
En materia económica, el esquema también define que quienes obtengan una eventual concesión de explotación deberán abonar regalías sobre la producción conforme a la legislación vigente. Será la Secretaría de Energía la encargada de reglamentar la metodología de cálculo e incorporar esas condiciones al pliego licitatorio.
La convocatoria representa una nueva etapa en la apertura del mercado hidrocarburífero argentino. Tras las rondas offshore iniciadas en 2018, el Ejecutivo busca revitalizar el interés de operadores internacionales en un contexto de creciente competencia global por capitales destinados a exploración. Para el Gobierno, el desarrollo de nuevas cuencas marítimas complementa el crecimiento de Vaca Muerta y constituye una apuesta de mediano y largo plazo para ampliar las exportaciones energéticas y consolidar al sector como uno de los principales generadores de divisas de la economía argentina.