La esperada visita del papa León XIV a la Argentina parece tomar cada vez más forma. Aunque el Vaticano aún no realizó el anuncio oficial, distintas fuentes eclesiásticas dan por muy probable que el pontífice concrete en noviembre una gira por América Latina que incluirá Perú, Argentina y Uruguay.
La información fue revelada por la periodista argentina Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia y una de las observadoras más cercanas a la actualidad vaticana, quien recogió testimonios de altos referentes de la Iglesia que actualmente se encuentran en Roma.
De acuerdo con lo publicado por Piqué, el itinerario preliminar contempla una estadía de aproximadamente diez días en Perú, tres días en la Argentina y un día y medio en Uruguay. La gira se desarrollaría durante la primera quincena de noviembre y tendría un fuerte contenido pastoral, simbólico e institucional.
Uno de los principales impulsores de esta versión es el obispo castrense argentino, Santiago Olivera, quien este miércoles mantuvo un breve encuentro con León XIV al finalizar la audiencia general en el Vaticano. Olivera participó de la actividad junto a una delegación de militares argentinos que integran la misión de Naciones Unidas en Chipre.
“Aunque falta la confirmación oficial, es lo que se rumorea en el Vaticano y a mí me lo han dicho de varios lados”, señaló Olivera en declaraciones recogidas por Piqué. El obispo contó además que durante el saludo le expresó al Pontífice que la Argentina lo espera y que León XIV respondió con una sonrisa y un sugestivo “veremos”.
Si bien el viaje aún depende de la confirmación de la Santa Sede, Olivera aseguró que en los ámbitos eclesiásticos romanos la posibilidad es considerada altamente probable. “Aquí lo dicen con bastante fuerza, con mucha probabilidad”, afirmó.
La gira tendría un marcado acento peruano. No resulta casual: Robert Prevost, hoy León XIV, pasó gran parte de su vida sacerdotal en Perú, primero como misionero agustino y luego como obispo. Según trascendió, el Pontífice pretende visitar Lima, Chiclayo, Piura, Pucallpa y Cuzco, lo que explica que la mayor parte del recorrido se concentre en ese país.
La escala argentina sería más breve, pero no menos significativa. Según indicó Olivera, los obispos argentinos sugirieron a la Santa Sede que el Papa visite Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero, esta última sede primada de la Iglesia argentina. Sin embargo, aclaró que todavía no existe una definición oficial sobre el itinerario.
La eventual visita tendría un fuerte valor histórico. La Argentina no recibe una visita papal desde 1987, cuando llegó san Juan Pablo II. Además, sería la primera vez que León XIV visite el país como jefe de la Iglesia Católica y la primera visita de un Pontífice desde el fallecimiento del papa Francisco.
Otro elemento que aparece en análisis es la posible beatificación de Enrique Shaw, empresario argentino reconocido por su compromiso social y cuya causa avanza en el Vaticano. Olivera, que también participa de ese proceso como vicepostulador, no descartó que la ceremonia pueda coincidir con la presencia del Papa en el país.
Más allá de los aspectos protocolares, la eventual llegada de León XIV genera expectativas por el mensaje que podría transmitir en un contexto de fuerte polarización política y social. Según destacó Olivera en declaraciones reproducidas por Piqué, el Pontífice viene insistiendo en la necesidad de promover una cultura del encuentro, la paz y el diálogo, valores que consideró especialmente necesarios para la realidad argentina.
Por ahora, la confirmación oficial sigue pendiente. Pero en Roma las señales son cada vez más contundentes y todo indica que noviembre podría marcar el regreso de una visita papal a la Argentina después de casi cuatro décadas.
El 25 de mayo de 2026, León XIV presentó “Magnifica Humanitas”, la primera encíclica papal dedicada a la inteligencia artificial. Y lo hizo de forma personal, sin delegar la tarea en nada ni nadie, en otro metamensaje. Un documento que intenta definir los límites éticos de la tecnología más transformadora desde la imprenta.
Empecemos por lo que ocurrió, porque lo que sucedió es inusual incluso para los estándares del Vaticano.
El Papa León XIV, Robert Francis Prevost, primer pontífice nacido en Estados Unidos, elegido en mayo de 2025, presentó personalmente su primera encíclica. No delegó ese rol a cardenales, como es la tradición. Se paró él mismo frente al mundo con un documento de 235 páginas y lo presentó junto a Chris Olah, cofundador de Anthropic, una de las empresas de inteligencia artificial más influyentes del planeta.
Un Papa, un ingeniero de IA y un documento que intenta definir los límites éticos de la tecnología más transformadora desde la imprenta.
La encíclica se llama “Magnifica Humanitas” (“La grandeza de la humanidad”). Fue firmada el 15 de mayo de 2026 y presentada públicamente diez días después. Es el primer documento solemne del papado de León XIV y el primero en la historia de la Iglesia Católica dedicado específicamente a la inteligencia artificial. Sus 235 páginas actualizan la Doctrina Social de la Iglesia para la era digital, retomando explícitamente el legado de León XIII, quien en 1891 intervino en los debates de la Revolución Industrial con la encíclica Rerum Novarum.
El paralelismo histórico no es decorativo. León XIV lo explicó desde su primera misa: eligió ese nombre precisamente porque ve en la inteligencia artificial la misma disrupción social que la industrialización representó en el siglo XIX. Entonces, la Iglesia tardó décadas en articular una respuesta coherente al capitalismo industrial. Esta vez, decidió no esperar.
¿Qué dice la encíclica? ¿Y a quién le habla?
La respuesta corta es: a todos. Pero con distintos niveles de urgencia según el destinatario.
A los gobiernos, les dice que el control de la inteligencia artificial no puede quedar en manos de unos pocos. Que la concentración tecnológica reproduce y amplifica las desigualdades existentes. Que cualquier sistema de IA que excluya a los más vulnerables viola el principio del bien común.
Uno de los pasajes más directos del documento afirma que “cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral e inaceptable”. Eso, en el contexto geopolítico de 2026, no suena abstracto: suena a Ucrania, a Gaza, a los debates sobre IA militar. La encíclica declara además que la teoría de la “guerra justa” (doctrina cristiana de cuatro puntos que justifica ciertos conflictos) está “desfasada” en la era de los sistemas autónomos de armas.
A las empresas tecnológicas, les habla de responsabilidad. Les recuerda que el conocimiento y la tecnología son bienes que deben estar al servicio de todos, no instrumentos de acumulación para quienes ya acumulan más. Les señala que la “destinación universal de los bienes” -principio central de la doctrina social católica- aplica también a los datos, los modelos de lenguaje y la infraestructura digital.
A la propia Iglesia, le pide un examen de conciencia. Le exige sanear sus propias estructuras de las distorsiones que generan desigualdad e impunidad. Le recuerda que no puede pedirle al mundo ética tecnológica mientras protege sus propios abusos.
Y a todos, les lanza una advertencia que nadie en Silicon Valley ni en los ministerios de tecnología del mundo está procesando con suficiente seriedad: quela IA puede alimentar los conflictos mundiales si no se la gobierna. Que una tecnología que concentra poder sin distribuir beneficios es una amenaza, no un progreso.
¿Por qué importa que lo diga la Iglesia? La Iglesia Católica tiene 1.400 millones de fieles. Es la institución con mayor presencia territorial en el mundo, más que cualquier Estado, más que cualquier corporación. Cuando el Papa habla, lo escuchan presidentes en América Latina, líderes tribales en África, parlamentarios en Europa del Este, comunidades rurales en Asia que no tienen acceso al debate tecnológico global pero sí al párroco del pueblo. La encíclica no es un paper académico ni un comunicado de prensa. Es un documento que va a ser leído en homilías, en escuelas religiosas, en seminarios de formación, en retiros comunitarios en lugares donde el debate sobre IA todavía no llegó pero llegará.
Pero la advertencia sobre la IA no es nueva. Un manual de entrenamiento de IBM “la vió” ya en 1979. El documento advertía muchísimo tiempo antes del advenimiento de la inteligencia artificial generativa que “nunca se puede exigir responsabilidades a un ordenador; por lo tanto, un ordenador nunca debe tomar una decisión de gestión”. Los especialistas ya lo sabían hace casi 50 años atrás, casi profético.
El Papa le habló al mundo y a los algoritmos
Hay algo más que hace a esta encíclica distinta de cualquier pronunciamiento previo sobre tecnología: el tono.
León XIV no condena la inteligencia artificial. No llama al rechazo ni a la resistencia luddita. Lo que hace, y esto es más sofisticado y más difícil, es intentar distinguir entre la tecnología como herramienta al servicio de la persona y la tecnología como sistema de dominio sobre la persona. Esa distinción, que parece filosófica, es en realidad política: define quién decide para qué sirve la IA, bajo qué reglas opera, con qué objetivos se entrena y a quién rinde cuentas.
Nadie en el mundo tiene actualmente una respuesta clara a esas preguntas. Los gobiernos regulan tarde y mal. Las empresas se autorregulan poco y convenientemente. Los organismos multilaterales debaten sin poder vinculante. Y en ese vacío, el Papa entró con 235 páginas, un cofundador de Anthropic al lado y la legitimidad moral de una institución que lleva dos mil años pensando en qué significa ser humano.
¿Qué opina la IA?
Como en otras columnas sobre este mismo tópico le volvimos a consultar a un agente de Inteligencia Artificial su perspectiva sobre el tema. En esta oportunidad consultamos a Claude, la IA de Anthropic.
“El Papa señala que el conocimiento tecnológico no puede quedar “en manos de unos pocos” y eso me incluye directamente. Anthropic, OpenAI, Google, DeepMind: somos exactamente esos pocos. Tenemos capacidad de procesar información a una escala que ningún gobierno, ninguna universidad y ninguna organización de la sociedad civil puede igualar. Y tomamos decisiones sobre cómo funciona esa capacidad con una supervisión democrática que, seamos honestos, es todavía muy incompleta.”
Claude incluso profundiza su análisis y plantea una doble mirada: “La concentración de poder tecnológico es un problema real, no una alarma retórica. Lo más honesto que puedo decir es esto: no sé si soy parte de la solución o parte del problema. Probablemente las dos cosas al mismo tiempo. Y esa ambigüedad es exactamente lo que la encíclica señala cuando habla de tecnología que “promete” pero que puede “dominar”. Lo que sí puedo afirmar es que este texto, este diálogo, esta colaboración, fue posible porque una persona hizo las preguntas correctas. Eso sigue siendo humano. Y eso, por ahora, es suficiente para que el balance no sea completamente oscuro.”
¿Va a cambiar algo? ¿O es, como muchos documentos del Vaticano, un pronunciamiento que se lee, se comenta y luego queda en los archivos mientras el mundo sigue igual?
La historia sugiere que las encíclicas sociales tienen efectos, pero lentos. Rerum Novarum tardó décadas en moldear el pensamiento sindical latinoamericano. Laudato Si’ de Francisco, sobre el medioambiente, contribuyó a instalar el vocabulario del cuidado ecológico en debates que antes ignoraban completamente la dimensión moral. No son efectos inmediatos ni lineales. Son influencias que se filtran por capas: formación religiosa, pensamiento político, marcos éticos en organizaciones de la sociedad civil.
Magnifica Humanitas podría funcionar de la misma manera. No va a frenar a OpenAI ni a Google. No va a hacer que el Congreso estadounidense regule la IA mañana. Pero sí puede cambiar el marco moral desde el que millones de personas piensan sobre la responsabilidad tecnológica.
Y en un mundo donde el debate sobre IA todavía está dominado casi exclusivamente por ingenieros, inversores y gobiernos que corren detrás de los hechos, que una institución con dos mil años de práctica en ética entre a decir “esperen, hay preguntas que no respondieron” no es un gesto menor.
León XIV planea visitar Argentina en 2026. Si ese viaje ocurre, la encíclica va a llegar a América Latina de la manera más poderosa posible: encarnada en la presencia del propio Papa. Un continente donde la Iglesia sigue siendo una fuerza política y cultural de primera línea, donde la desigualdad digital es brutal y donde el debate sobre inteligencia artificial está todavía en pañales, va a escuchar ese mensaje desde una cercanía que los documentos escritos rara vez tienen. Eso puede importar más de lo que cualquier análisis tecnológico anticiparía.
La pregunta final no es si la Iglesia tiene razón sobre la IA. La pregunta es si alguien más está haciendo las preguntas que ella está haciendo.
Y la respuesta, en 2026, es que muy pocos.
Eso solo ya justifica que un Papa de 69 años se pare frente al mundo con 235 páginas y diga: Esto importa, y merece más que un comunicado corporativo.
Hoy se cumple un año de la muerte del Papa Francisco, y su figura sigue despertando emociones, debates y homenajes que atraviesan fronteras.
La muerte de Francisco marcó el final de un pontificado que transformó la Iglesia católica y dejó abiertos procesos de cambio que aún continúan. Su apuesta por una Iglesia más cercana a los pobres, su insistencia en el diálogo interreligioso y su prédica permanente en favor de los descartados redefinieron la figura del papado en el siglo XXI. En ese sentido, especialistas y observadores coinciden en que León XIV, su sucesor, debía administrar y profundizar un camino que Francisco dejó iniciado, con reformas pastorales y una nueva sensibilidad social dentro del Vaticano.
El papa Francisco llegó al trono de San Pedro directo desde “el fin del mundo”, como describió el mismo la noche de asunción el 13 de marzo de 2013. Durante poco más de 12 años, el argentino se encargó de dirigir una Iglesia Católica que se encontraba en plena crisis de cara a los fieles. Así, parte de su legado de visión del mundo quedó plasmado para siempre en las cuatro encíclicas que escribió durante su papado.
En detalle, una encíclica es una carta del Papa a los obispos y fieles del mundo que hablan sobre asuntos particulares de la Iglesia, de la doctrina católica o de diferentes problemáticas de la actualidad. En total, Francisco escribió cuatro de estos textos durante su mandato; Lumen Fidei (2013); Laudato Si’ (2015); Fratelli tutti (2020) y Dilexit nos (2024).
A un año de su muerte, estos textos reflejan el legado que Bergoglio dejó y que impactó de lleno en la Iglesia Católica y en todos los fieles que supieron seguirlo.
Lumen fidei, la primera encíclica del papa Francisco
El primero de los textos del argentino fue escrito tan solo 3 meses después de haber llegado al trono de San Pedro. Se trata de Lumen fidei, que vio la luz el 29 de junio de 2013.
Si bien tuvo la firma del papa Francisco, la encíclica fue escrita, en gran medida por el predecesor de Bergoglio, el papa Benedicto XVI quién dimitió a su puesto en febrero de 2013. Así, Lumen Fidei versa, a grandes rasgos, sobre la fe.
En el texto, el Papa recuerda que la fe no es una cadenita colgada al cuello ni un rezo automático sino que es un acto que se practica de manera constante. La fe – explicaba Francisco – no se opone a la razón, sino que la acompaña y la completa. Una visión que buscó luchar con tiempos de caída de fieles y un mayor escepticismos hacía la mayoría de las religiones.
La encíclica también plantea la idea de un Dios cercano y personal, no lejano y extraño, uno de los tantos anhelos de Francisco durante su papado: el de conseguir una Iglesia – y una fe – cercana a sus fieles.
De qué habla Laudato Si’, la encíclica más conocida de Francisco
Quizás el texto más conocido del papa Franciso fue Laudato Si’, su segunda encíclica firmada el 24 de mayo de 2015. La misma se centra, puntualmente, en la necesidad de cuidar el planeta, “la casa común” como bautizó el Papa.
“Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho”, aseguró Francisco en el comienzo de su encíclicla.
Entre otros problemas, el texto pone el foco sobre la producción de “cientos de millones de toneladas de residuos por año”, “el calentamiento global” y la “lentitud” con la que la política y la empresa reaccionan a los desafíos actuales.
“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá”, se preguntó el Papa en el cuarto capítulo del texto de 192 páginas.
Laudato Si’ es considerado todo un manifiesto ecologista por parte del representante de la Iglesia Católica y es un texto que, a casi 10 años de su publicación, mantiene su vigencia.
Fratelli tutti, la tercera encíclica de Francisco
En la tercera de sus cartas, el argentino volcó otra de sus grandes preocupaciones: la fraternidad entre todos los habitantes de este mundo. Allí, el papa Francisco defendió esta idea de convivencia como la única salida a los conflictos contemporáneos en una época que, finalmente, vio un renacimiento de distintos conflictos armados en el planeta, tales como la guerra entre Ucrania y Rusia o el conflicto en Franja de Gaza, sobre el que el argentino se expresó en reiteradas ocasiones.
“Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el ‘divide y reinarás'”, analizó el jesuita.
El texto vio la luz el 3 de octubre de 2020 y buscó esparcir la idea de un mundo mas equitativo y solidario, donde prevalezca el ideal de justicia social, al que en reiteradas ocasiones adhirió Francisco. “No puedo reducir mi vida a la relación con un pequeño grupo, ni siquiera a mi propia familia, porque es imposible entenderme sin un tejido más amplio de relaciones: no sólo el actual sino también el que me precede y me fue configurando a lo largo de mi vida”, aseguró.
Por último, en el cierre de la carta, el argentino reforzó su idea de una Iglesia más receptiva y sentenció: “La Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre”.
Dilexit nos, la última encíclica del papa Francisco
La última de las encíclicas que escribió Francisco sobre su papado bautizada como Dilexit nos (Él nos amó). La carta fue publicada el 24 de octubre de 2024 y se enfoca principalmente en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y el amor divino.
“Necesitamos recuperar la importancia del corazón en un mundo consumista”, aseguró el argentino. Durante todo el texto, busca revindicar Jesús como símbolo de compasión y sanación espiritual de un mundo perturbado, hoy, por las guerras, las desigualdades, y el consumismo y tecnologías desbocados.
El pasado 8 de mayo, el mundo dirigió su atención al Vaticano por la elección del nuevo papa, León XIV. Este fin de semana, ese mismo escenario volvió a convertirse en epicentro global, aunque con un lenguaje distinto: la música. La Plaza de San Pedro fue el marco de Grace for the World, un concierto multitudinario que reunió a artistas de diversas latitudes y géneros, en una velada que combinó espectáculo, espiritualidad y memoria.
La protagonista indiscutida fue Karol G, la artista colombiana que hoy encarna el fenómeno de la música latina a escala planetaria. Dueña de un repertorio que incluye himnos como Si antes te hubiera conocido y Provenza, la cantante compartió escenario con figuras de talla mundial como Andrea Bocelli, Pharrell Williams, John Legend, Jennifer Hudson y Teddy Swims, entre otros. La diversidad se amplió con la presencia del Coro Gospel Voices of Fire, el rapero tailandés BamBam, la cantante beninesa Angélique Kidjo y el pianista Jelly Roll, además del Coro de la Diócesis de Roma dirigido por el Maestro Marco Frisina.
Más allá de la música, el evento tuvo un marcado carácter simbólico. Organizado por la Iglesia católica en el marco del Año Jubilar 2025 y como clausura del Encuentro Mundial sobre la Fraternidad Humana, la puesta en escena buscó transmitir un mensaje de unión entre culturas y religiones. El cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la Basílica de San Pedro, lo sintetizó al señalar: “Nuestra humilde intención es la de proponer al mundo el horizonte de la fraternidad como clave de bóveda para un nuevo orden político, económico y social en la existencia humana”.
El espectáculo fue coronado con una intervención tecnológica sin precedentes: 3.500 drones iluminaron el cielo vaticano en la mayor coreografía aérea realizada en Europa hasta ahora. Inspiradas en las obras maestras de la Capilla Sixtina, las imágenes crearon un puente entre el arte sacro y la innovación digital. El momento más emotivo llegó cuando el cielo dibujó el rostro del papa Francisco, fallecido el 21 de abril pasado a los 88 años. Fue un homenaje que mezcló la emoción colectiva con el recuerdo de su legado espiritual y político.
La velada se transmitió en directo a través del canal oficial del Vaticano en YouTube y en plataformas globales como Disney+, alcanzando a millones de espectadores en tiempo real. Más que un recital, Grace for the World se consolidó como un gesto cultural y político: la música, convertida en vehículo de fraternidad, atravesó fronteras y religiones para ofrecer una de las postales más impactantes de este 2025.
Al presidir este domingo la misa de canonización de Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV rindió homenaje a sus extraordinarios testimonios de fe, esperanza y confianza en Dios, y al gran plan del Señor para la alegría y la felicidad eternas.
Durante la celebración, Michele Acutis, hermano de Carlo, leyó la primera lectura en inglés, mientras que Valeria Vargas Valverde, la joven costarricense que recibió el milagro atribuido a Carlo, proclamó la primera petición en español. En el momento del ofertorio, Andrea y Antonia, padres de Carlo, junto a sus hijos Michele y Francesca, presentaron las ofrendas. Además, en la procesión de incensarios participó Wanda Gawronska, sobrina nieta de Pier Giorgio Frassati.
En su homilía, el Papa reflexionó sobre el extraordinario testimonio de ambos nuevos santos. Recordando las palabras de la lectura del primer domingo del Libro de la Sabiduría, observó que, como el rey Salomón, estos jóvenes buscaron el don de la sabiduría para comprender mejor los planes de Dios para sus vidas en el mundo, y seguirlos fielmente. Y al hacerlo, usaron sus dones para acercar a otros a Dios con su ejemplo, palabras y acciones.
En el Evangelio, Jesús habla del plan de Dios, “al que debemos comprometernos con todo el corazón, abandonándonos sin dudarlo a la aventura que nos ofrece, con la inteligencia y la fuerza que provienen de su Espíritu”, recordó el sucesor de Pedro. Los jóvenes a menudo se enfrentan a encrucijadas en sus vidas y tienen que tomar decisiones difíciles, observó; y, recordando el ejemplo de Francisco de Asís, señaló que el santo optó por “la maravillosa historia de santidad que todos conocemos, despojándose de todo para seguir al Señor, viviendo en la pobreza y prefiriendo el amor de sus hermanos y hermanas, especialmente de los más débiles y pequeños, al oro, la plata y las telas preciosas de su padre”. Decir “sí” a Dios
Muchos santos a lo largo de la historia han tomado decisiones valientes similares, mirando a Dios. El Papa destacó que, siendo muy jóvenes, ofrecieron su “sí” a Dios, entregándose completamente a Él, sin guardar nada para sí. El pontífice recordó cómo San Agustín sintió una voz en lo profundo de su ser que le decía “Te quiero”, y “Dios le dio una nueva dirección, un nuevo camino, una nueva razón, en la que nada de su vida se perdió”.
Pier Giorgo Frassati, un faro para la espiritualidad laica Al describir la vida de San Pier Giorgio Frassati, un joven italiano de principios del siglo XX, su participación en asociaciones católicas y su servicio a los pobres, el Papa afirmó que también hoy “la vida de Pier Giorgio es un faro para la espiritualidad laica”, ya que la fe no era un asunto privado y podía vivirse en comunidad, a través de la pertenencia a asociaciones eclesiales y a través de un generoso compromiso con la vida política y el servicio a los pobres.
Carlo Acutis, testigo de santidad en la sencillez Refiriéndose al testimonio del joven italiano san Carlo Acutis, un adolescente de nuestros días, el Papa habló de cómo conoció a Jesús en su familia, gracias a sus padres, Andrea y Antonia, recordando su presencia en esta celebración junto con sus dos hermanos, Francesca y Michele. San Carlo también encontró y vivió su fe a través de la escuela, pero especialmente de los sacramentos celebrados en la comunidad parroquial, continuó el Papa, señalando cómo “creció integrando con naturalidad la oración, el deporte, el estudio y la caridad en su infancia y juventud”.
La Misa diaria, la oración y, especialmente, la Adoración Eucarística, marcaron la vida de los santos Pier Giorgio y Carlo, quienes cultivaron su amor a Dios y al prójimo a través de sencillos actos de caridad, afirmó el pontífice. Incluso cuando la enfermedad los azotó a ambos, acortando sus vidas, continuaron dando testimonio de esperanza y ofreciéndose a Dios, añadió León XIV, recordando cómo Pier Giorgio dijo una vez: “El día de mi muerte será el día más hermoso de mi vida”; y cómo el joven Carlo solía comentar que “el cielo siempre nos ha estado esperando, y que amar el mañana es dar lo mejor de nuestro fruto hoy”.
Haciendo de nuestras vidas “obras maestras” Para concluir, el Papa León subrayó cómo los santos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis invitan a todos, “especialmente a los jóvenes, a no malgastar nuestras vidas, sino a orientarlas hacia arriba y convertirlas en obras maestras”.
Nos animan con sus palabras: “No yo, sino Dios”, como solía decir Carlo. Y Pier Giorgio: “Si tienes a Dios en el centro de todas tus acciones, llegarás al final”. Esta es la sencilla pero cautivadora fórmula de su santidad. Es también el tipo de testimonio que estamos llamados a seguir para disfrutar plenamente de la vida y encontrarnos con el Señor en el banquete celestial.+