VERRA

Una empresa ganadera correntina empezará a vender créditos por capturar carbono en los Esteros del Iberá

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Una firma correntina implementó un modelo productivo de vanguardia en un predio de 60.000 hectáreas ubicado en los Esteros del Iberá, un ecosistema de alta fragilidad ambiental compuesto por monte nativo, pajonales subtropicales y suelos arenosos. El objetivo de la compañía fue claro: aumentar la productividad sin comprometer la estabilidad biológica del entorno.

Se trata de Rincón de Corrientes, que para lograrlo reemplazó el esquema tradicional de cría por un sistema de manejo holístico, diseñado para optimizar el uso de los recursos naturales y regenerar los pastizales. El modelo se basa en una planificación precisa de los tiempos de pastoreo y descanso, permitiendo que la biomasa se transforme en materia orgánica y mejore la salud del suelo. Gracias a esta estrategia, consiguieron elevar sus niveles productivos en un ambiente extremadamente sensible y, al mismo tiempo, avanzar hacia la certificación internacional de captura de carbono.

El cambio de paradigma

En 2013, cuando el carbono todavía era un tema marginal dentro de la ganadería argentina, la empresa decidió adoptar el manejo holístico como respuesta a una necesidad concreta: mejorar la productividad mejorando el ambiente que sostenía al negocio. Eso implicó reorganizar el sistema, fijar objetivos comunes y abandonar el tradicional pastoreo continuo para pasar a un esquema rotativo.

La lógica era sencilla en teoría, aunque compleja en la práctica: otorgar tiempo de descanso a los pastizales para que las plantas se recuperen, desarrollen raíces profundas y transformen esa biomasa en carbono almacenado en el suelo. “Fotosíntesis que funciona, carbono que se acumula”, resumen dentro del proyecto.

“En ese momento, la sustentabilidad era algo aspiracional”, recuerdan desde la empresa. El punto de inflexión llegó cuando decidieron medir científicamente qué estaba ocurriendo debajo de la tierra.

El INTA validó la captura de carbono

El primer estudio de factibilidad para cuantificar captura de carbono se realizó cuando el mercado voluntario de bonos todavía estaba en una etapa incipiente y el crédito apenas valía un dólar. Económicamente no parecía atractivo, pero los resultados técnicos fueron contundentes.

El investigador Ditmar Kurtz, del INTA, confirmó que el manejo holístico permitía capturar carbono en pastizales subtropicales, un antecedente con muy pocos casos documentados a nivel mundial. Ese dato despertó el interés de una firma suiza especializada en proyectos ambientales. Para entonces, el valor del crédito ya había escalado a nueve dólares y el escenario comenzó a cambiar.

La alianza se formalizó con una empresa dedicada al desarrollo y comercialización de créditos de carbono. El proyecto adoptó el estándar Verra —uno de los más reconocidos del mercado voluntario— y la metodología VM0042, específica para pastizales subtropicales y soluciones basadas en la naturaleza.

El proceso demandó años de trabajo, auditorías externas y verificaciones técnicas hasta alcanzar el registro oficial. “Es exigente porque estás vendiendo un crédito a una empresa que necesita compensar su huella. Tiene que ser muy serio”, explica Santiago Angelillo, administrador de la empresa. Esa rigurosidad, lejos de ser una barrera burocrática, es lo que otorga credibilidad y valor a los créditos generados.

Un proyecto pionero a escala regional

Actualmente, la iniciativa integra un proyecto agrupado que abarca unas 100.000 hectáreas distribuidas entre Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Chaco y Santa Fe. Se trata de uno de los primeros proyectos ganaderos del mundo registrados bajo esta metodología, con antecedentes similares apenas en México, Australia y recientemente en Patagonia y Chile.

Las estimaciones indican que el sistema podría capturar alrededor de 27.337 toneladas de CO₂ equivalente por año durante las próximas dos décadas.

El precio de los créditos de carbono oscila hoy entre 15 y 30 dólares dentro del mercado voluntario. Sin embargo, Angelillo aclara que el verdadero valor del proyecto excede lo económico: “Lo importante no es el ingreso que puede generar la venta de créditos, sino la transformación de fondo que se genera en el sistema productivo”.

En esa transformación aparecen beneficios menos visibles pero centrales: suelos más vivos, mayor biodiversidad, mejor manejo del agua y fortalecimiento de las comunidades rurales.

Más allá del carbono

Según explica Angelillo, los primeros cuatro años de manejo holístico —con rotación y descanso de las especies forrajeras naturales— son los que concentran la mayor captura de carbono. La intensa sequía registrada durante los últimos tres años redujo los niveles proyectados, confirmando que los sistemas naturales no responden de manera lineal.

Aun así, la superficie bajo manejo holístico continúa expandiéndose dentro del establecimiento correntino y se espera que en los próximos tres años abarque la totalidad del campo.

Pero quizás el cambio más profundo no pueda medirse en toneladas de carbono ni en balances económicos. Angelillo destaca la transformación tradicional que atravesó el equipo de trabajo: nuevas formas de liderazgo, decisiones productivas atravesadas por criterios ambientales y una visión de largo plazo sobre un ecosistema extremadamente frágil.

“Estamos navegando en un mundo nuevo”, resume.

En el contexto del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, esa afirmación adquiere todavía más relevancia. La trazabilidad ambiental y las certificaciones verificadas por terceros dejaron de ser un diferencial para convertirse en una condición de acceso a los mercados más exigentes. Y en ese camino, Rincón de Corrientes comenzó a moverse antes que la mayoría.

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La selva como activo: la empresa que consiguió US$7 millones para restaurar bosques en Misiones

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En una provincia donde históricamente la riqueza se midió por lo que se extraía del monte -madera, yerba, té, tabaco o biodiversidad convertida en recurso-, está sucediendo una transformación silenciosa. Tardará años en verse, pero que comienza a transformarse en un legado a perpetuidad. En lugar de cortar monte, de expandir la frontera agraria, hay quienes vieron el negocio en reforestar, en cuidar, en replantar monte caído. Y el negocio está funcionando: consiguió inversiones por siete millones de dólares. 

La firma detrás de esta transformación es Nideport, que encontró en Misiones el laboratorio perfecto para desarrollar créditos de carbono de alta integridad. Hace seis meses, el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, desarrollado por la empresa Nideport, obtuvo la certificación internacional de Verra bajo los estándares VCS (Verified Carbon Standard) y CCB Gold Label (Climate, Community & Biodiversity – Nivel Oro), el máximo nivel de reconocimiento global por su impacto en clima, comunidad y biodiversidad.

La certificación de 138.000 créditos de carbono (VCUs) posiciona a Vida Nativa como uno de los proyectos de restauración de selvas tropicales más grandes del mundo y el primero de bosque nativo en Argentina en alcanzar este nivel de validación. La certificación abarca dos años, 2021 y 2022, sobre la retención de emisiones en la selva misionera.

Verra -la misma entidad que certifica los bonos de carbono del programa jurisdiccional de Misiones– garantiza que estos créditos poseen trazabilidad, adicionalidad y permanencia verificable, lo que les otorga credibilidad y competitividad en los mercados internacionales.

Juan Núñez -junto a su socio Tomás Gutiérrez– es uno de los empresarios detrás de uno de los proyectos más singulares de la nueva economía verde argentina: transformar la recuperación de bosque nativo degradado en un activo rentable, escalable y financieramente sostenible.

No podíamos depender de la filantropía. Salvar la selva tenía que ser rentable, porque si no, nunca iba a escalar”, resume, con una frase que funciona como manifiesto de época. “Entendíamos que la filantropía para nosotros no era el camino y que también para que eso sea escalable necesitamos que tuviera rentabilidad. Como cualquier negocio”.

No habla desde el ambientalismo tradicional. Es abogado, viene del mundo de la tecnología y la seguridad, con formación en Israel y trayectoria lejos del universo forestal. Pero encontró en la crisis climática una certeza brutal: el sistema natural del planeta ya no logra regenerarse solo.

“Los umbrales biológicos ya están prácticamente cruzados. El mundo ya no se regenera naturalmente”, dice. “La economía global depende mucho de lo que sucede con los bosques, con la producción incluso hídrica de los ríos y demás, tienen origen en los bosques”.

Juan Núñez y Tomás Gutierrez son los socios fundadores de Nideport, que certificó bonos de carbono en Misiones.

Y allí nació la pregunta fundacional: si toda la economía global depende de los bosques -del agua, del clima, de los suelos, de la biodiversidad-, ¿por qué restaurarlos no podía ser también un gran negocio?

La respuesta apareció en el mercado de créditos de carbono.

Ese sistema, consolidado tras el Protocolo de Kioto y luego reforzado por el Acuerdo de París, permite que empresas que emiten dióxido de carbono compensen su huella comprando créditos generados por proyectos que capturan o evitan emisiones.

Pero no todos los créditos son iguales.

Nideport eligió trabajar en el segmento más exigente y más valorizado: créditos asociados a restauración real de naturaleza, con impacto medible en biodiversidad, trazabilidad tecnológica y licencia social validada con comunidades locales.

“Hoy el mercado está orientado a créditos que restauran la naturaleza. Eso es lo que hacemos nosotros”, explica. “Es un tipo de producto barra servicio ideado para hacer un negocio detrás de restaurar el planeta”.

La compañía emite créditos certificados bajo estándares internacionales de máxima exigencia, entre ellos Verra, principal referencia global del mercado voluntario de carbono, además de la distinción CCB Gold -la máxima calificación por impacto positivo en clima, biodiversidad y comunidades- y una calificación A de Sylvera, que la ubica entre los proyectos IFM de mayor integridad y desempeño del mercado .

La sustentabilidad en Nideport, se construye con datos. La empresa desarrolló una plataforma tecnológica propia basada en inteligencia artificial, drones autónomos y monitoreo forestal en tiempo real que permite supervisar grandes extensiones de bosque y detectar amenazas ambientales antes de que se conviertan en daño irreversible.

Cada árbol plantado está georreferenciado. Cada avance del bosque puede medirse y cada riesgo puede anticiparse.

La estructura incluye tecnología LiDAR, fotogrametría, sensores IoT para detección temprana de incendios e intrusiones, cámaras trampa, cámaras en vivo, imágenes satelitales y protocolos de seguridad orientados a prevenir incendios, monitorear deforestación y detectar incluso caza furtiva en zonas críticas .

Además, incorporan blockchain para garantizar transparencia y trazabilidad total de los créditos emitidos, una condición central en un mercado donde la credibilidad define el valor.

Misiones no es el único territorio en el que invierten. En Uruguay están en la etapa de planificación, gestión y análisis de nuevos ecosistemas y proyectan una expansión global con más de 2 millones de hectáreas evaluadas en múltiples países. 

El desembarco en Misiones no fue casual. Uno de los founders tenía tierras en la provincia y fue el anzuelo. Luego, ante complicaciones sucesorias, iniciaron la búsqueda de nuevos campos y encontraron una oportunidad única en el norte misionero: superficies de bosque nativo degradado por décadas de tala selectiva.

“Entendiendo que había una gran oportunidad en Misiones por toda la actividad forestal de bosques nativos”, relata.

No se trata de selva virgen, pero tampoco tierra perdida. Territorios donde todavía sobrevive entre el 20% y el 30% de la biomasa original de un bosque prístino.

“Buscamos tierras que compatibilicen con la emisión de crédito de carbono y que impliquen la necesidad de restaurarlas. Ese es el punto”, explica. “En nuestro caso, en el primer campo que estamos desarrollando, la biomasa está más o menos en un 20% de un bosque prístino”.

Su proyecto insignia es Vida Nativa, en San Pedro, frontera con Brasil: una intervención de 22.878,5 hectáreas sobre el Bosque Atlántico misionero, uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados del continente .

Se trata de una ex forestal belga atravesada por cuatro sierras, con una geografía compleja y una biodiversidad que aún resiste: más de 50 especies endémicas y al menos diez especies en peligro de extinción, incluido el yaguareté .

El modelo fue de arrendamiento con opción a compra. “El arrendamiento genera la rentabilidad que tenía por la extracción de madera, pero con muchos menos conflictos y riesgos”, explica Núñez. “Después adquirimos la tierra y ya la preservamos a perpetuidad”.

Plantar no alcanza: restaurar lleva décadas

Hablar de árboles puede sonar simple. No lo es. La restauración ecológica seria no consiste en plantar especies en línea para una foto institucional.

Implica entender el suelo, los doseles, la dinámica, los corredores biológicos y la recuperación funcional del ecosistema.

En Nideport comenzaron con ensayos en 2021. En 2022 iniciaron plantaciones.

Entre 2023 y 2024 ya superaron los 40.000 árboles nativos plantados y mantienen una proyección de 100.000 árboles para 2026.

“Queremos alcanzar los 100 mil árboles por año, pero con rigor científico. Primero hay que entender el suelo y cómo responde el bosque”, explica. “Hoy ya estamos en 30 mil árboles por año”.

La intervención cubre entre 200 y 300 hectáreas por año, dependiendo del nivel de degradación y de la presencia de “bambucias”, esas etapas de transición natural del monte.

Restaurar completamente un bosque puede llevar entre 20 y 60 años. En algunos casos, incluso siglos.

“La selva puede tardar entre 500 y 1000 años en restaurarse sola. Nosotros aceleramos ese proceso”, dice.

Además, el proyecto ya incorporó una estrategia de conservación a 100 años, una definición poco habitual incluso dentro del mercado internacional de carbono .

Lo que empezó como una idea entre amigos durante la pandemia terminó atrayendo a uno de los fondos más relevantes de América Latina.

“Surge de un grupo de amigos. A mí particularmente se me ocurre que no podíamos ir por la filantropía. Ya conocía el mercado de créditos de carbono por otro inicio de negocio y empezamos a plantear esa idea. Nos agarra la pandemia y en lugar de dedicarle tiempo a Netflix decidimos empezar a desarrollar el modelo”, recuerda.

Draper Cygnus -ligado a Tim Draper, histórico inversor de Tesla y SpaceX- tomó participación en la compañía. Hoy posee el 10%.

En total, entre equity y deuda de impacto, Nideport levantó cerca de siete millones de dólares.

Entre los inversores figuran además Koi Ventures, Antom.la, Alma Vest y Embarca, fondos vinculados a innovación climática y capital de impacto .

Ese capital permitió desarrollar tecnología propia, certificar créditos de carbono -una barrera que muchos proyectos nunca logran superar- y comenzar la fase de retorno. Hoy el negocio ya es rentable.

“Sí, es un negocio rentable. Supera el 40% de retorno”, afirma. “Ya somos un proyecto que logró certificar créditos de carbono, algo que muchos desarrolladores nunca llegan a conseguir”.

Pero advierte: no es un negocio rápido. Requiere paciencia, certificación, tiempo y credibilidad.

No hay greenwashing posible cuando se trabaja con estándares internacionales serios.

En tiempos donde la sustentabilidad suele reducirse a discursos corporativos, Núñez insiste en una premisa poco habitual en el mundo financiero: antes que cualquier aprobación política, importa la licencia social.

Antes que cualquier oficina pública. Primero, la comunidad Mbya.

“Lo importante para nosotros es que el cacique y la comunidad nos den su consentimiento con la comunidad. Eso está antes que cualquier político o estructura de gobierno, los dueños ancestrales de la tierra”, afirma.

Y profundiza: “Eso es el modelo principal. Una vez que tenemos la licencia social, que fue lo primero que hicimos antes de tocar cualquier planta o poner un pie en la tierra, logramos esa aprobación”.

La comunidad Tekoa Alecrín fue el primer actor consultado y hoy forma parte estructural del proyecto, junto al trabajo con cooperativas locales, fortalecimiento comunitario, acceso al agua potable, mejoras habitacionales tradicionales, apoyo educativo y empleo local.

“Nos juntamos con la comunidad, con las cooperativas locales, con el intendente de San Pedro que tiene una apertura muy interesante, y con esa base de licencia social ya estamos conformes”, explica.

Después llegaron las cooperativas, el municipio y recién luego el resto del sistema institucional. En el negocio del carbono, sin legitimidad territorial, no hay proyecto posible.

La burocracia argentina y la urgencia del planeta

Misiones avanza en una estructura provincial para créditos de carbono. La Nación también tiene registros y marcos regulatorios.

Pero para Núñez, el problema sigue siendo la velocidad. “Misiones está recién teniendo una estructura bastante sólida”, señala. “La Nación tiene un tratamiento sobre los créditos de carbono y un registro, pero son realmente estructuras muy burocráticas. Llevamos años en conversación”.

Y ahí aparece una tensión profunda entre la urgencia climática y la lentitud estatal.

Mientras el planeta pierde entre 10 y 20 millones de hectáreas de bosque por año, la regulación suele caminar a velocidad de expediente.

“Si tuviésemos un mercado de créditos de carbono regulado como existe en Japón, en Paraguay o en México, estaríamos en la panacea, pero bueno, es la Argentina”, ironiza Núñez.

“La humanidad necesita restaurar 2.500 millones de hectáreas de bosques desaparecidos”, advierte.

La visión corporativa ya está planteada con una meta concreta: restaurar 45 millones de hectáreas hacia 2035 y consolidarse como referente regional en soluciones climáticas basadas en la naturaleza .

Núñez no evita hablar del contexto político ni de la mirada ambiental del Gobierno nacional.

Sabe que el presidente Javier Milei tiene una visión distante respecto del cambio climático y la agenda ambiental, pero asegura que eso no modifica la convicción de la empresa.

“El Presidente tiene su visión sobre el planeta y sobre lo que es el cambio climático, la restauración ambiental; nosotros tenemos la nuestra”, afirma.

Y remata con una definición que resume su postura: “Así como él no lo frena a nadie, nosotros tampoco, y veremos el impacto que tiene cada uno en el tiempo”.

El legado: devolverle algo a la tierra

Hay una frase que atraviesa toda la conversación y que define más que un modelo de negocios.

“Nosotros generamos recursos naturales donde la mayoría de los modelos se basan en extraer recursos naturales”, dice.

Núñez sabe que el capitalismo define las reglas actuales del juego. Y si la única forma de salvar bosques es que salvarlos sea rentable, entonces prefiere jugar ahí.

“Ojalá que los árboles no tuviesen que pagar por ser salvados. Esto lo hablamos mucho internamente. Nosotros no creamos eso ni pusimos eso ahí”, admite.

“De alguna manera nuestro trabajo y nuestro fundamento es devolver a la tierra lo que está quitando la humanidad”, sostiene. “No sé si es una mochila que nos corresponde, pero sí que asumimos”.

Y concluye con una mirada de largo plazo: “Yo creo que las generaciones futuras particularmente no nos lo van a agradecer. Hoy no sé si se siente tanto, pero estamos muy convencidos de lo que hacemos”.

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Verra certificó el primer proyecto de carbono de bosque nativo en Argentina: 138.000 créditos en Misiones

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El proyecto Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, desarrollado por la empresa Nideport, obtuvo la certificación internacional de Verra bajo los estándares VCS (Verified Carbon Standard) y CCB Gold Label (Climate, Community & Biodiversity – Nivel Oro), el máximo nivel de reconocimiento global por su impacto en clima, comunidad y biodiversidad.

La certificación de 138.000 créditos de carbono (VCUs) posiciona a Vida Nativa como uno de los proyectos de restauración de selvas tropicales más grandes del mundo y el primero de bosque nativo en Argentina en alcanzar este nivel de validación, destacó la Mesa de Carbono de Argentina. La certificación abarca dos años, 2021 y 2022, sobre la retención de emisiones en la selva misionera.

Verra -la misma entidad que certifica los bonos de carbono del programa jurisdiccional de Misiones– garantiza que estos créditos poseen trazabilidad, adicionalidad y permanencia verificable, lo que les otorga credibilidad y competitividad en los mercados internacionales.

Restaurar la Selva Paranaense con impacto climático y social

Ubicado en el corazón de Misiones, el proyecto abarca más de 22.800 hectáreas de la Selva Atlántica Paranaense, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. A través de prácticas de restauración forestal, manejo sostenible e inclusión de comunidades locales, Vida Nativa busca recuperar la funcionalidad ecológica del paisaje, capturar carbono atmosférico y promover empleo verde y economías circulares.

La certificación bajo el estándar CCB Gold confirma que el proyecto genera beneficios sociales y ambientales medibles. Protege 56 especies autóctonas, entre ellas 10 en peligro de extinción -como el yaguareté, la yacutinga, el tapetí y el sapito panza roja-, mediante acciones de conservación, restauración y monitoreo de fauna.

En el plano social, Vida Nativa trabaja junto a la comunidad indígena Tekoa Alecrin, con la cual Nideport implementó una Consulta Previa, Libre e Informada (CPLI) para establecer una relación de respeto cultural y cooperación orientada a mejorar sus condiciones de vida y fortalecer su vínculo con el territorio.

Innovación tecnológica y trazabilidad

Uno de los componentes diferenciales del proyecto es su plataforma de monitoreo forestal, desarrollada por Nideport, que combina inteligencia artificial y drones autónomos para verificar el crecimiento y la captura de carbono en tiempo real.
Esta herramienta permite auditar digitalmente la integridad de los créditos emitidos, garantizando transparencia y confianza ante los compradores internacionales.

La certificación de Vida Nativa representa un avance estructural para el desarrollo del mercado de carbono en Argentina, demostrando la viabilidad de proyectos de restauración nativa con validación científica, ambiental y social de escala global.

Desde Nideport confirmaron que la empresa ya analiza más de 2 millones de hectáreas en América Latina con el objetivo de restaurar 45 millones de hectáreas para 2035, consolidando a Argentina como epicentro regional de soluciones basadas en la naturaleza.

Ficha técnica · Vida Nativa – GS1 (Misiones, Argentina)

Proyecto de restauración de Selva Atlántica certificado por Verra VCS + CCB Gold

Proyecto
Selva Paranaense Vida Nativa – GS1
Empresa desarrolladora
Nideport
Ubicación
Provincia de Misiones, Argentina
Ecosistema
Selva Atlántica Paranaense
Indicador Dato
Superficie 22.800 hectáreas
Certificación Verra VCS + CCB Gold Label
Créditos certificados 138.000 VCUs
Objetivo climático Captura adicional, permanente y verificable de carbono
Biodiversidad 56 especies protegidas; 10 en peligro (yaguareté, yacutinga, tapetí, sapito panza roja, entre otras)
Componente social Trabajo con comunidad indígena Tekoa Alecrin; CPLI implementada
Innovación y trazabilidad Plataforma de monitoreo con IA y drones autónomos
Escalamiento regional Más de 2 millones de hectáreas en análisis; meta de 45 millones restauradas para 2035
Nota: Verra también certifica el programa jurisdiccional de bonos de carbono de la provincia de Misiones. Esta ficha puede ser reutilizada con crédito a la fuente.

Nideport nació de una idea ambiciosa compartida entre cuatro amigos y socios durante una cena: crear un modelo de negocio que transformara la conservación de la selva en una actividad económicamente sustentable. Detectaron en los créditos de carbono una herramienta global capaz de convertir la restauración ambiental en un proyecto rentable y escalable.

Dos de los fundadores ya contaban con un campo de 7.000 hectáreas en Misiones, donde analizaban la deforestación y buscaban un mecanismo para capitalizar la selva subtropical y revertir el incentivo económico que impulsaba su degradación. La propuesta pronto se consolidó con el ingreso de un quinto socio, que aportó el respaldo financiero necesario para escalar el proyecto.

En 2020, bajo el liderazgo de Juan Núñez —abogado y especialista en tecnologías de seguridad—, el equipo comenzó a desarrollar el primer modelo tecnológico de restauración y obtuvo una ronda semilla de un millón de dólares, liderada por el fondo Draper Cygnus.

Tras identificar que su terreno inicial no estaba suficientemente degradado, adquirieron la concesión de una propiedad de 25.000 hectáreas en Misiones, históricamente explotada por la industria papelera. Allí fundaron el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa, que hoy abarca más de la mitad de su superficie en restauración activa.

En 2022 se sumó Tomás Gutiérrez como director financiero, aportando estabilidad administrativa y estrategia de crecimiento. Con un equipo interdisciplinario de más de 40 profesionales, Nideport combina restauración ecológica, innovación tecnológica y financiamiento sostenible, administrando miles de hectáreas y proyectando expandirse a otros países.

Actualmente, la empresa apunta a gestionar 45 millones de hectáreas hacia 2030, lo que equivale al 20% de la superficie argentina, y a posicionarse como uno de los principales actores globales en restauración forestal y créditos de carbono.

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Argentina busca posicionarse en el mercado internacional del biochar forestal

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El próximo 9 de octubre, la Iniciativa Biochar Argentina realizará un seminario virtual para analizar el potencial del biochar forestal, una tecnología capaz de capturar carbono durante siglos, mejorar suelos y abrir nuevas oportunidades de negocios sostenibles. El encuentro, que cuenta con el apoyo de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) y la Mesa Argentina de Carbono, se inscribe en la estrategia de posicionar al país en un mercado global que podría superar los USD 3.000 millones en la próxima década.

Biochar: residuos convertidos en valor y carbono en el suelo

El biochar se obtiene a partir de la biomasa mediante un proceso de pirólisis, que convierte residuos forestales y agrícolas en un material con capacidad de secuestrar CO₂ de manera estable por cientos de años. Su utilización no solo representa una solución de gran escala contra el cambio climático —con potencial de eliminar hasta el 6% de las emisiones globales anuales—, sino que también abre la puerta a mercados de créditos de carbono, cada vez más demandados en el mundo.

Los beneficios del biochar trascienden la cuestión climática: Regenera suelos degradados, aumentando su productividad. Retiene agua y nutrientes, vital en contextos de sequía. Remedia contaminantes y promueve prácticas de economía circular.

El biochar representa una convergencia poderosa entre ciencia, productividad y compromiso ambiental. Este seminario es una oportunidad para que Argentina se posicione en la frontera de una bioeconomía innovadora”, destacó Pablo Nardone, coordinador de la Iniciativa Biochar Argentina.

Actores estratégicos y agenda del seminario

El encuentro virtual reunirá a referentes nacionales e internacionales en bioeconomía, mercados de carbono y certificación ambiental. Participarán, entre otros:

  • Mara Volpe (Cyclus S.A.), especialista en economía circular y descarbonización.
  • Juan Pedro Cano (Mesa Argentina de Carbono), abogado y referente en gestión ambiental y mercados de carbono.
  • Sebastián Fragni (GMF / The Carbon Sink), experto en créditos de carbono y proyectos forestales.
  • Kranav Sharma (Verra), ONG líder en estándares climáticos (VCS).
  • Ariel López Mato (UNITAN), director de la principal exportadora de tanino del país, pionera en certificar bonos de carbono.
  • Ángela Duque (BioCarbon Standards), CEO de la entidad de certificación ambiental que incorpora trazabilidad con blockchain.

El seminario será moderado por Pablo Nardone y buscará trazar un mapa de oportunidades para el sector forestal argentino, donde la abundancia y calidad de biomasa otorgan ventajas comparativas para ingresar de lleno al negocio global del biochar.

Oportunidades y desafíos para Argentina

El desarrollo del biochar se presenta como una oportunidad estratégica para el país: convertir residuos forestales en valor económico, atraer inversiones a partir de créditos de carbono y fortalecer cadenas de valor locales ligadas a la bioeconomía.

No obstante, el desafío pasa por articular políticas públicas, marcos regulatorios y certificaciones internacionales que aseguren la calidad y trazabilidad de los proyectos. La participación de organismos como Verra y BioCarbon Standards refuerza la necesidad de estándares globales para garantizar la competitividad argentina en este nuevo mercado.

Si Argentina logra consolidar una estrategia de producción y certificación de biochar, podría convertirse en un actor regional de peso en el emergente mercado de carbono, aportando no solo divisas, sino también soluciones concretas frente al cambio climático. El seminario del 9 de octubre será, en este sentido, un hito para alinear actores públicos, privados y académicos en torno a esta nueva frontera de la bioeconomía.

La participación del seminario requiere inscripción previa en: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSd-dnna-dPBiS1ubinnQ42jInVHw5U8-HROE_wd9DIe3Jal6A/viewform?usp=dialog

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Menos carbono y más oxígeno: cuáles son y qué tipo de proyectos de carbono existen hoy en Argentina

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¿Por qué son tan importantes los proyectos de carbono en nuestro país? ¿Qué beneficios ambientales, sociales, económicos y gubernamentales ofrecen en cada tipo de geografía del vasto y espectacular territorio nacional? ¿Qué tipos de proyectos son los más habituales hoy? Desde la Mesa Argentina de Carbono se plantea un recorrido por los detalles, características, particularidades y múltiples beneficios que ofrecen los proyectos de carbono en Argentina.

En el mundo, existen más de 12.000 proyectos de captura y reducción de emisiones certificados y registrados bajo estándares internacionales. A pesar de que sólo el 6% de dichos proyectos son de Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN), en los años 2021 y 2022, este sector comercializó el 46% de todo el volumen de transacciones del mercado voluntario.

Por su parte, en los últimos cinco años, América Latina emitió el 22% de los créditos de carbono a nivel mundial, consolidándose como la segunda región proveedora de reducciones de emisiones certificadas. Pero si se observan solamente los proyectos de Soluciones Basadas en la Naturaleza, casi el 50% de los créditos del mundo fueron generados en esta región.

Los proyectos de carbono de SBN promueven la conservación, uso sustentable y restauración de bosques nativos, el desarrollo de plantaciones forestales y el manejo mejorado de forestaciones y producciones agropecuarias existentes, generando así no sólo impactos positivos en los ecosistemas y el ambiente, sino también en las comunidades locales y titulares de tierras mediante ingresos económicos adicionales.

En Argentina, hasta 2024, hay registrados más de 60 proyectos de mercados de carbono, esto es ínfimo si se compara con la situación a nivel global y regional donde representa tan solo el 0,5% del total.

El crecimiento internacional de los mercados de carbono ofrece a Argentina oportunidades únicas basadas en la riqueza de su biodiversidad, su extensión territorial y el potencial de innovación de su industria, susceptible de generar ganancia económica a partir de diferentes tipos de proyectos en sectores tales como: forestal, agricultura, ganadería, residuos, energía, transporte, procesos industriales y uso de productos, entre otros.

De hecho, “en Argentina se desarrollan proyectos de carbono forestal desde hace más de 15 años. Esto ocurre en 20.000 hectáreas aproximadamente, distribuidas en distintas regiones del país” explica Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina de Carbono. Los más de 50 integrantes que conforman hoy la Mesa trabajan en la conservación, manejo mejorado y restauración de bosques nativos y en la producción forestal, agrícola y ganadera. La Mesa está integrada por la gran mayoría de las empresas y personas que actualmente están desarrollando proyectos de captura de carbono de Soluciones Basadas en la Naturaleza, integradas en el sector del agro y forestal.

Los proyectos de carbono tienen, por lo general, un impacto dual. Por un lado, contribuyen positivamente al ambiente al reducir, remover y capturar GEI y, por otro, también a conservar y utilizar de manera sustentable ecosistemas proveedores de productos y servicios a la sociedad y a la biodiversidad en general.

Los mercados de carbono son un mecanismo de reducción de emisiones mediante la gestión privada principalmente, utilizando mecanismos de mercado. No requiere de inversión o financiamiento público, pero sí requiere que el Estado pueda garantizar las condiciones para que el sector se desarrolle. “Los proyectos de carbono no restringen la producción, sino que la complementan y generan financiamiento adicional a dichas actividades productivas. También pueden ayudar a cumplir con requisitos para el comercio internacional” argumenta Cano.

Argentina tiene un gran potencial de no solo cumplir sus compromisos internacionales mediante mecanismos, sino de ser proveedor de reducciones de emisiones al mundo. Si en Argentina se desarrollaran y certificaran proyectos de captura y reducción de emisiones en sólo el 10% de la superficie agropecuaria y forestal del país, podría estimarse preliminarmente que la comercialización de los certificados de carbono generados por estos proyectos podría representar ingresos totales por casi USD 7.000 millones (USD 340 millones anuales). Si este cálculo se lleva al 30% de la superficie agropecuaria y forestal, representaría más de USD 1.000 millones anuales, lo cual puede asimilarse a los ingresos generados por el complejo pesquero.

Fuentes especializadas estiman que los mercados de carbono crezcan entre 7 y 12 veces para 2030 y entre 45 y 83 veces para 2050 ante una mayor demanda internacional.

Actualmente existen al menos 170 tipos de proyectos de carbono del sector agropecuario, la industria, las energías renovables, la foresto-industria, transporte y gestión de residuos, entre otros. Dentro del sector del agro y forestal los tipos de proyectos más relevantes son: 

  1. 1.      Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD+)

Los proyectos REDD+ buscan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) debidas a la deforestación y degradación de bosques nativos. Esto se logra a través de acciones de conservación principalmente, permitiendo así almacenar el carbono en los bosques. Los proyectos REDD+ más comunes generan créditos de carbono evitando la deforestación planificada (no ejecutar un permiso de desmonte) o evitando la deforestación no planificada (controlando los desmontes ilegales). Se estima el volumen de carbono almacenado en los bosques del área designada, proyectando el alcance de la deforestación si no se estableciera ese proyecto. De esta manera es posible calcular el volumen de GEI que se emitiría a la atmósfera en ausencia del proyecto. La debida certificación y verificación por parte de organismos reconoci dos permiten la generación de créditos de carbono en base a los GEI que se evita se emitan a la atmosfera. 

  1. 2.      Forestación, Reforestación y Revegetación (ARR)

Los proyectos de carbono ARR son iniciativas de reforestación, forestación y/o revegetación que buscan capturar GEI de la atmosfera y almacenarlo de manera permanente o temporal en futuros bosques nativos o plantaciones comerciales. Los proyectos ARR más comunes son de reforestación de bosques nativos o de plantaciones comerciales (por ejemplo plantaciones de eucaliptus o pinos cuyo fin será la venta comercial de la madera). Se verifica periódicamente el volumen de GEI capturado por las plantas a medida que crecen, y se generan los créditos de carbono por dicho volumen de GEI efectivamente capturado.  

  1. 3.      Manejo de Tierras Agrícolas (ALM)

Un proyecto ALM consiste en capturar GEI de la atmosfera y almacenarlo en el suelo. Las plantas y los cultivos forman parte del ciclo del carbono, ya que utilizan el CO2 del aire durante la fotosíntesis. Mediante actividades de gestión de las tierras agrícolas como la siembra directa y la plantación de cultivos de cobertura, como así también actividades de manejo mejorado de ganado, estos proyectos pueden ralentizar el ritmo de pérdida de carbono del suelo y convertirse en mejores sumideros de carbono.

Algunos ejemplos de proyectos en Argentina:

♣ REDD+ (DEFORESTACIÓN EVITADA)

→  Proyecto Chaguaral (AIKE NBS) – Es un proyecto de conservación de 5.000 hectáreas de bosques nativos en la provincia de Salta. Antes de que se iniciara el proyecto, el antiguo propietario tenía permiso de desmonte para convertir la tierra con fines agrícolas y ganaderos. El proyecto evitará la emisión de carbono a la atmósfera y ayudará a preservar la biodiversidad. Además, este proyecto apoyará a las comunidades locales mediante una combinación de actividades ambientales y sociales destinadas a mejorar los medios de subsistencia de los miembros de la comunidad que viven en las proximidades de la zona del proyecto. Se espera que el proyecto Chaguaral genere +750.000 créditos de carbono durante toda la vida útil del proyecto, que se certificarán mediante las normas Verified Carbon (VCS) y Climate, Community & Biodiversity (CCB) de Verra.

 RESTAURACIÓN DE BOSQUE NATIVO

→  Proyecto Vida Nativa (Nideport) – El Proyecto Vida Nativa (Nideport) de Misiones, impulsa la conservación y restauración de casi 23.000 hectáreas de bosque nativo en una de las ecorregiones más biodiversas y amenazadas del planeta: la Mata Atlántica. Tiene una proyección de mitigación de 6 millones de toneladas de CO?eq en los primeros 40 años. Además de su enfoque ecológico, el proyecto prioriza la participación activa de las comunidades locales, integrándolas como actores fundamentales en la recuperación del ecosistema y la protección de su biodiversidad. Actualmente, el Proyecto Vida Nativa se encuentra en proceso de certificación bajo los estándares internacionales de Verra, lo que permitirá garantizar la integridad ambiental, social y climática de s us resultados.

→  Proyecto Rewilding Gran Chaco (Greensur / Forest Defense) – El objetivo principal del proyecto es la reforestación de 18.450 hectáreas en el noreste de Las Lajitas, en la provincia de Salta, utilizando únicamente especies nativas. Como parte del proyecto, las zonas que en el pasado se destinaban a la agricultura y la ganadería serán convertidas en un hábitat que se asemeje al bosque chaqueño semiárido original. El proyecto tiene un potencial de capturar alrededor de 7.7 millones de toneladas de CO2eq. Está bajo proceso de certificación con Verra.

 PLANTACIÓN FORESTAL

→  Proyecto Santo Domingo (GMF LATINOAMERICANA) – El proyecto Santo Domingo, situado en la provincia de Corrientes, es una iniciativa forestal pionera en varios aspectos que inició sus actividades en 2007 en un campo de 3.405 hectáreas. El área neta de plantación es de 2.430 ha. en donde se plantaron 3 millones de ejemplares, con 24% del total de la superficie cubierta por reservas de bosques nativos, pastizales, corredores riparios (bosques en galería protectores de cursos de agua) y vertientes naturales de agua. Está generando 750.000 créditos de carbono. Se trata del primer y único proyecto forestal de Argentina bajo el mecanismo para un desarrollo limpio (MDL) del Protocolo de Kioto.

→  Proyecto de Forestación y Reforestación (UNITÁN) – Este proyecto tiene el objetivo de establecer plantaciones forestales en 3.000 hectáreas en tres provincias (Chaco, Formosa y Corrientes) con más de 4.500.000 árboles. En estas forestaciones se desarrollan también actividades tendientes a aumentar la biodiversidad como manejo silvopastoril, apicultura certificada, producción de cucurbitáceas y forraje. El proyecto alcanzó en 2022 la certificación emitida por Verra bajo el estándar VCS para la captura de 300.000 toneladas de CO2. Esto permitirá emitir 300.000 créditos de carbono como consecuencia de la plantación de especies leñosas nativas y exóticas, como el Quebracho Colorado.

 MANEJO DE TIERRAS AGRÍCOLAS

→  Programa POA (Ruuts) – el proyecto busca regenerar 3 millones de hectáreas de campos ganaderos de la Patagonia argentina y chilena. Es el primer programa de carbono de ganadería regenerativa de Argentina validado y registrado por Verra. El proyecto permite que los productores ganaderos complementen sus ingresos a través de los mercados de carbono, a su vez que conservan los pastizales y evitan la desertificación de sus tierras. El manejo holístico es el eje central del POA. Esta metodología busca replicar los ciclos naturales del pastoreo, combinando períodos de pastoreo controlado con tiempos de descanso adecuados para que los pastizales se recuperen. De esta manera, se frena la desertificación, se fortalece la biodiversidad y se incrementa la captura de carbono en los suelos.

→  Programa Carbon Group para Cultivos Bajos en Carbono y Manejo de Pastizales (Carbon Group) – El proyecto pretende incluir a productores dedicados a la agricultura extensiva (maíz, soja, trigo, girasol, algodón y otros cultivos), y a la ganadería extensiva, principalmente bovina y de pastoreo de praderas, pastizales, agropastoriles y silvopastoriles. El objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero capturando el dióxido de carbono y almacenándolo como carbono estable en el suelo. Esto se logrará a través de la adopción de mejores tecnologías de fertilización nitrogenada, la intensificación de las rotaciones agrícolas con mayor incorporación de cultivos de invierno, especies fijadoras de nitrógeno y cultivos de cobertura, y la mejora de la gesti&oacute ;n del pastoreo en el ganado, que aumentan las reservas de carbono y con mejoras en la digestibilidad que reducen las emisiones de metano por fermentación entérica. Se estima que con estas mejoras será posible reducir entre 0,5 y 3 toneladas de CO2e/ha/año. Se espera que esta superficie alcance más de 160 mil hectáreas. De ser así, se espera mitigar casi 2 millones de toneladas de CO2eq al final de este proyecto, que se certificarán mediante las normas Verified Carbon (VCS) de Verra.

Estos ejemplos ilustran la diversidad y el potencial de los proyectos que pueden generar créditos de carbono en Argentina, contribuyendo tanto a la reducción de emisiones como al desarrollo económico y social del país” finaliza el coordinador de la Mesa.

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