XI JINPING

China logró en 2025 el mayor superávit comercial de su historia pese a la guerra de aranceles de Trump

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China cerró 2025 con el mayor superávit comercial anual de su historia, alcanzando los US$1,19 billones, a pesar del endurecimiento arancelario impulsado por la administración de Donald Trump y de un contexto global marcado por tensiones comerciales. El dato confirma la capacidad del gigante asiático para redirigir su comercio exterior, compensar la caída del intercambio con Estados Unidos y sostener su rol central en las cadenas globales de valor, aunque también abre interrogantes políticos y económicos hacia 2026.

El dato, informado oficialmente por Pekín el miércoles, marca la primera vez que el superávit comercial chino supera la barrera psicológica del billón de dólares, dejando atrás el récord previo de US$993.000 millones registrado en 2024. A lo largo del año, los superávits mensuales de exportación superaron los US$100.000 millones en siete oportunidades, un desempeño que se dio incluso cuando la política comercial estadounidense volvió a endurecerse.

Diversificación comercial y exportaciones récord

Los números confirman que la ofensiva arancelaria de Estados Unidos tuvo un impacto limitado sobre el comercio total de China. Si bien el intercambio bilateral con EE.UU. se debilitó, la merma fue compensada por un fuerte crecimiento de las exportaciones hacia otros mercados, en particular el sudeste asiático, África y América Latina.

Durante una conferencia de prensa, el subdirector de Aduanas de China, Wang Jun, calificó las cifras como “extraordinarias y difíciles de conseguir”, teniendo en cuenta los “profundos cambios” que atraviesa el comercio mundial. El funcionario destacó además un aumento significativo en las exportaciones vinculadas a tecnología verde, inteligencia artificial y robótica, sectores que ganaron peso en la canasta exportadora china.

Este desempeño se apoyó también en factores macroeconómicos favorables para la competitividad externa: un yuan más débil, una amplia oferta de bienes industriales y la inflación persistente en economías occidentales, que volvió más atractivos los productos chinos en términos relativos.

Demanda interna débil y menor crecimiento de importaciones

El récord comercial chino se explica no solo por el dinamismo exportador, sino también por la debilidad del mercado interno. La economía enfrenta una crisis inmobiliaria prolongada y un aumento de la deuda, factores que redujeron la inversión privada y volvieron más cautelosos a los consumidores.

Como consecuencia, la demanda de bienes importados se mantuvo contenida. Según las cifras oficiales, las importaciones crecieron apenas 0,5%, un dato que amplió aún más la brecha entre exportaciones e importaciones y contribuyó al superávit récord.

Este rasgo convierte al resultado comercial en una “bendición a medias”, según advirtió Deborah Elms, analista de política comercial de la Fundación Hinrich. Si bien el comercio exterior permitió sostener actividad y empleo, la debilidad del consumo interno plantea desafíos estructurales para el crecimiento de mediano plazo.

Tensiones arancelarias y riesgos hacia 2026

Desde el plano político y comercial, las cifras refuerzan la narrativa de Pekín sobre su menor dependencia del mercado estadounidense, aunque el contexto sigue siendo incierto. En abril del año pasado, el presidente Donald Trump anunció aranceles radicales sobre productos de más de 90 países, reservando algunos de los más severos para China, su principal proveedor externo.

La escalada verbal incluyó amenazas de aranceles de tres dígitos, lo que generó temores de una ruptura comercial. Sin embargo, esas tensiones se moderaron tras la reunión entre Trump y Xi Jinping en octubre, en Corea del Sur, que permitió evitar un quiebre total de las relaciones bilaterales.

Aun así, aranceles más moderados siguen vigentes, lo que ha frenado de manera significativa las exportaciones chinas a EE.UU.. Paralelamente, varios países manifestaron su preocupación por la saturación de sus mercados con productos chinos de bajo precio, un fenómeno que podría derivar en mayor escrutinio, nuevas barreras comerciales o investigaciones antidumping.

Wang Jun reconoció que China enfrenta un “entorno externo incierto”, mientras las empresas se preparan para otro año de volatilidad y tensiones arancelarias bajo la actual administración estadounidense.

Impacto global y lectura estratégica

El superávit récord de US$1,19 billones consolida a China como actor central del comercio mundial, incluso en un escenario de fragmentación geopolítica. Para Pekín, el dato es una señal de fortaleza y diversificación. Para sus socios comerciales, en cambio, plantea desafíos competitivos, políticos e industriales que podrían intensificarse en 2026.

El resultado confirma que la guerra comercial no logró aislar a China del mercado global, pero también anticipa un escenario de mayores fricciones, donde el volumen de exportaciones chinas podría convertirse en un nuevo foco de conflicto económico internacional.

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El eje del ¿mal?

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Una sola cumbre bastó para dejar una de las imágenes del año y, por qué no, una representación fidedigna de los tiempos geopolíticos que corren. Tres hombres, tres líderes, tres mandatarios reunidos: Vladimir Putin, Xi Jinping y Kim Jong Un. Ni en la peor pesadilla de Estados Unidos parecía posible esta postal, pero ocurrió, y es clave entender hacia dónde apunta el nuevo orden mundial.

En el 80 aniversario de la victoria china contra Japón en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, y bajo un despliegue militar descomunal del “dragón rojo”, el mundo entero se paralizó al ver juntos, sonrientes y cómplices, a los mandatarios de Rusia, China y Corea del Norte. Antes se los había visto en encuentros bilaterales, pero nunca los tres al mismo tiempo. La imagen, intimidante por sí sola, es todavía más preocupante en su análisis: refleja un temor creciente para el bloque occidental.

No es casual que se hable de “bloque”, como en los años de la Guerra Fría. Todo indica que nos dirigimos hacia una nueva partición mundial, menos marcada, pero con grandes cabecillas. Estados Unidos representando a Occidente, y China, Rusia, Corea del Norte y posiblemente India alineándose como contrapeso. La cumbre tripartita en la Plaza de Tiananmen fue un gesto simbólico de confrontación al dólar y a la OTAN.

En materia económica, el gran objetivo de China sigue siendo desplazar al dólar como moneda de referencia. Sin embargo, los obstáculos son enormes y para Estados Unidos sería motivo suficiente para reaccionar con dureza. En lo militar, la señal es igual de potente: China mostró su poderío en un desfile megalómano, Rusia continúa con la guerra en Ucrania que dejó al descubierto la fragilidad bélica de Europa, y Corea del Norte, aun sin conflictos abiertos, mantiene la amenaza constante sobre Seúl y avanza en el desarrollo nuclear.

La decisión de mostrar esta unidad llega en un contexto en el que Donald Trump, con un discurso proteccionista y medidas arancelarias agresivas, agitó las alarmas en Oriente. El eje Moscú–Pekín–Pyongyang entiende que el nuevo juego global pasa por la definición de zonas de influencia, el control de mercados y la proyección militar. Aunque no sea realmente nuevo, marca el quiebre del multilateralismo y del aparente “mundo pacífico” del siglo XXI.

Las consecuencias son múltiples. América Latina no quedó ajena, con Estados Unidos desplegando buques en el Caribe y amenazando a Venezuela. En Asia, la tensión escala entre China, Rusia y Corea del Norte frente a Japón y Corea del Sur. Para Taiwán, el riesgo es terminal: si China logra consolidar alianzas y sostener su avance, la guerra en la isla será solo cuestión de tiempo.

El mayor beneficiado de esta reunión es Corea del Norte. La foto de Kim Jong Un junto a Putin y Xi Jinping lo coloca en un nivel muy por encima del valor real de su país. Esto le otorga prestigio y margen para reposicionarse diplomáticamente, incluso frente a Washington. En el primer mandato de Trump hubo un acercamiento con Pyongyang, enfriado luego bajo Joe Biden. Tal vez sea momento de retomar esos canales.

Para Trump, en cambio, la cumbre es una prueba. De manera individual, ninguno de estos países parece tener la fuerza suficiente para disputar la hegemonía global a Estados Unidos, pero juntos se convierten en dinamita. El desafío del presidente republicano es sostener esta relación sin llegar a una guerra y, sobre todo, seguir garantizando beneficios económicos para su país. Con Europa desdibujada, el peso político de Occidente recae casi por completo en sus manos, mientras del otro lado del mundo un nuevo “eje del mal” parece consolidarse, generando más incertidumbres que certezas en la Casa Blanca.

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Donald Trump dice que hubo acuerdo con China, que habla de “nuevos avances”

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Donald Trump posteó en Truth Social que hay acuerdo de comercio con China. Beijing dice que hay “nuevos avances “al abordar preocupaciones mutuas”.

En una publicación en Truth Social el miércoles 11/06 por la mañana, el presidente Donald Trump afirmó que hay un acuerdo firme con China, que incluye el suministro, por adelantado, imanes completos y cualquier ‘tierra rara’ necesaria. También afirmó que aprobaría que los estudiantes chinos “utilicen nuestras universidades”, y añadió que dicha asistencia “siempre me ha parecido bien”.

Las crecientes tensiones entre los países han puesto la situación de los estudiantes chinos bajo la lupa, en particular porque la Administración Trump libra una guerra contra los estudiantes extranjeros en los campus estadounidenses (Harvard y otros).

Los aranceles se mantendrán en los niveles acordados en el acuerdo firmado en Suiza, confirmó un funcionario de la Administración.

Trump tuiteó que USA establecería un “total de aranceles del 55%”, en referencia a los aranceles del 30% aplicados en su 2do. mandato, sumados a los impuestos durante el primero.

El mensaje de Trump completó algunos detalles de un marco acordado apresuradamente y negociado durante 2 días en Londres esta semana.

“Las dos economías más grandes del mundo han llegado a un acuerdo para un marco”, declaró el secretario de Comercio, Howard Lutnick. “Comenzaremos a implementarlo tras la aprobación del presidente Trump , y China obtendrá la aprobación de su presidente Xi, y ese es el proceso”.

Un alto negociador chino, Li Chenggang, asintió a los comentarios de Lutnick y dijo que las dos partes “estuvieron de acuerdo en principio”.

Un objetivo clave para los negociadores estadounidenses, encabezados por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y Lutnick, era lograr que China acelere las exportaciones de minerales de ‘tierras raras’ e imanes que los contienen, tal como se había acordado en Ginebra en mayo.

El equipo chino, encabezado por el viceprimer ministro He Lifeng, un asesor de confianza del líder Xi Jinping, realizó una dura negociación al pedirle a la parte estadounidense que relajara significativamente las restricciones a la venta de tecnología y otros productos a China, según personas familiarizadas con el asunto.

Trump

El presidente Donald Trump dijo que las negociaciones con China terminaron después de que las conversaciones comerciales de alto nivel concluyeran en Londres.

“NUESTRO ACUERDO CON CHINA ESTÁ TERMINADO, SUJETO A LA APROBACIÓN FINAL DEL PRESIDENTE XI Y DE MÍ”, publicó Trump en su sitio web Truth Social. “CHINA SUMINISTRARÁ IMANES COMPLETOS Y LAS TIERRAS RARAS NECESARIAS POR ADELANTADO. ADEMÁS, LE PROPORCIONAREMOS A CHINA LO ACORDADO, INCLUYENDO ESTUDIANTES CHINOS QUE UTILICEN NUESTRAS UNIVERSIDADES (¡LO QUE SIEMPRE ME HA PARECIDO BUENO!)”.

Añadió: “Nos imponen aranceles del 55%, mientras que China recibe el 10%. ¡La relación es excelente! ¡Gracias por su atención a este asunto!”.

China

Global Times, medio en inglés del Partido Comunista Chino:

“(…) Ambas partes alcanzaron un acuerdo de principios sobre la implementación del importante consenso alcanzado por los dos jefes de Estado durante su llamada telefónica del 5 de junio y el marco de medidas para consolidar los resultados de las conversaciones económicas y comerciales en Ginebra, y lograron nuevos avances en la atención de las preocupaciones económicas y comerciales de cada uno, según el informe.

El viceprimer ministro chino, He Lifeng, quien asistió a la reunión, declaró que se trató de una consulta importante celebrada bajo la guía del consenso estratégico alcanzado por los dos jefes de Estado el 5 de junio. Enfatizó que la postura de China sobre los asuntos económicos y comerciales entre China y Estados Unidos es clara y coherente. La esencia de las relaciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos es el beneficio mutuo y el beneficio mutuo, según el informe.

La cooperación beneficia a ambas partes, mientras que la confrontación las perjudica. Afirmó que en una guerra comercial no hay ganadores: China no busca el conflicto, pero no se dejará intimidar por uno. Ambas partes deben resolver las diferencias comerciales mediante un diálogo equitativo y una cooperación mutuamente beneficiosa. China aborda estas consultas con sinceridad y principios, afirmó.

De cara al futuro, ambas partes deben seguir el consenso y los requisitos establecidos durante las conversaciones telefónicas entre los dos jefes de Estado, aprovechar al máximo el mecanismo de consulta, profundizar el consenso, reducir los malentendidos y fortalecer la cooperación, señaló.

China reiteró que ambas partes deben encontrar un equilibrio, cumplir los compromisos, actuar sobre la base del consenso para salvaguardar los resultados del diálogo, alcanzados con tanto esfuerzo, mantener la comunicación y el diálogo, y trabajar por unas relaciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos estables y constructivas, que aporten mayor certidumbre y estabilidad a la economía global, declaró el viceprimer ministro chino, según el informe. (…)”.

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Latinoamérica se acerca a China en medio de tensiones globales

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Escriben Fermín Koop, Jack Lo Lau, Juan Ortiz, Dialogue Earth. Los líderes latinoamericanos se reunieron el martes en Beijing para celebrar la cuarta cumbre ministerial entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y China. En su discurso de apertura, el presidente chino Xi Jinping subrayó el inicio de un nuevo capítulo más unido de esta relación. Por su parte, los líderes de la CELAC hicieron hincapié en la necesidad de un mundo más equilibrado y multipolar, y enmarcaron la asociación del bloque con China como un camino hacia una mayor autonomía en los asuntos globales.

Fundada en 2010, la CELAC es una organización regional intergubernamental que reúne a todos los países de América Latina y el Caribe. El Foro China-CELAC se creó en 2014 para promover asociaciones entre las regiones. Cada una de las cumbres anteriores entre China y la CELAC ha dado lugar a planes de acción de cooperación conjunta, que abarcan diversos ámbitos, desde el desarrollo sostenible hasta la colaboración cultural.

La cumbre del martes fue oficialmente una reunión ministerial, pero asistieron varios líderes nacionales: el colombiano Gustavo Petro, el chileno Gabriel Boric y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva viajaron a Beijing para asistir a la ceremonia inaugural.

El discurso del presidente Xi Jinping incluyó el anuncio de una línea de crédito de 66.000 millones de CNY (9.150 millones de USD) para apoyar el desarrollo de los países de la CELAC. Esta cifra es algo menos de la mitad de la prometida en la cumbre de 2015.

“Aunque China y América Latina y el Caribe están geográficamente distantes, los lazos de nuestra amistad se remontan a siglos atrás”, dijo Xi. “Juntos, China y los países de América Latina y el Caribe defienden el verdadero multilateralismo, defienden la equidad y la justicia internacionales, impulsan la reforma de la gobernanza global y promueven la multipolaridad global y una mayor democracia en las relaciones internacionales”.

Xi añadió que China y América Latina deben ampliar la cooperación en energías limpias, inteligencia artificial y economía digital. Afirmó que China aumentará las importaciones de “productos de calidad” procedentes de América Latina, y que se animará a las empresas chinas a ampliar las inversiones en la región.

El chileno Boric coincidió al afirmar que es el momento de “dar un salto de calidad en la vinculación económica con China”. Petro —cuyo país, Colombia, tiene la presidencia de turno de la CELAC actualmente—propuso un cable de fibra óptica para conectar Asia con América Latina. El brasileño Lula abogó por un comercio fuerte con China y una cooperación más profunda en la transición energética. También defendió el multilateralismo: “El apoyo chino es crucial para poner en marcha autopistas, ferrocarriles, puertos y líneas de transmisión”.

En una declaración conjunta de 28 puntos emitida a última hora del martes, el Foro China-CELAC subrayó su compromiso con el multilateralismo, la cooperación internacional y el “fortalecimiento de todos los pilares del mecanismo del cambio climático”.

Una cumbre en medio de la guerra comercial

La cumbre CELAC-China se celebró en medio de un enfriamiento de la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China. El lunes, ambos países acordaron una reducción de las condiciones comerciales y de las subidas arancelarias recíprocas, que se habían ido agravando desde enero. El martes, Estados Unidos bajó sus aranceles a las importaciones chinas del 145% al 30%, mientras que China firmó una reducción del 125% al 10%. Sin embargo, esto se revisará en 90 días.

Este conflicto comercial ha colocado a América Latina en una posición difícil. Mientras que el presidente estadounidense Donald Trump tiene aliados cercanos en la región, como el presidente argentino Javier Milei y el presidente de El Salvador Nayib Bukele, otros en América Latina han buscado diversificar sus socios. Por ejemplo, el lunes Petro confirmó la adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) de China.

La BRI se ha expandido en la región durante la última década, y Colombia se convertirá en el 23º país de la CELAC en adherirse.

Dialogue Earth consultó a Francisco Urdinez, director de Núcleo Milenio sobre los Impactos de China en América Latina (ICLAC), una iniciativa de investigación interdisciplinaria. Según él, el principal objetivo de la cumbre era “mostrar al mundo que el multilateralismo aún existe y que el libre comercio aún es posible”.

Rebecca Ray, investigadora académica senior del Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston, está de acuerdo: “Con las barreras comerciales por todas partes, es un momento importante para unirse y reafirmar el compromiso con el multilateralismo. La región está apostando por unas relaciones pragmáticas, abiertas y no discriminatorias con el mundo para alcanzar sus objetivos”.

Otras inversiones 

Para Parsifal D’Sola Alvarado, director ejecutivo del Centro de Investigaciones Chino Latinoamericanas de la Fundación Andrés Bello (FAB), lo más importante de la cumbre fueron las interacciones bilaterales que los mandatarios de Brasil, Colombia y Chile mantuvieron con China. “Lo demás fueron declaraciones de los gobiernos y falta de definiciones”, agrega Alvarado.

Empresas de China, principal socio comercial de Brasil, manifestaron su intención de invertir aproximadamente 4.500 millones de dólares en diversos sectores de la economía brasileña.

Según la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (ApexBrasil), se incluirán los sectores de energías renovables, minería, automoción, alimentación, logística y salud. Brasil también emitió una declaración conjunta con China al margen de la cumbre, en la que ambos países acordaron cooperar en proyectos relacionados con el medioambiente, la transición energética, y la ciencia y la tecnología, entre otras áreas.

Brasil ha optado hasta ahora por no unirse a la BRI. Pero el país sigue deseando estrechar lazos con China, afirma el politólogo y profesor de Relaciones Internacionales Maurício Santoro: “En los últimos años hemos asistido a una diversificación de las inversiones chinas en Brasil, por ejemplo en el sector de los vehículos eléctricos. Grandes fabricantes de automóviles, como BYD, están construyendo fábricas en el país”.

Esta semana también se celebró en Beijing el Foro Empresarial Chile-China, organizado por la administración de Boric. En el foro, el presidente chileno alabó el multilateralismo y el libre comercio, y los beneficios recíprocos que aportan. Ambos países se mostraron dispuestos a colaborar en soluciones a los desafíos de la transición energética y la transformación digital, entre otros temas.

Mientras tanto, Nicaragua, que reanudó sus relaciones diplomáticas con China en 2021, firmó cuatro acuerdos con empresas chinas al margen de la cumbre, incluido un acuerdo con Yutong sobre vehículos eléctricos. También se negociaron acuerdos hidroeléctricos y mineros.

Margaret Myers, directora gerente del Instituto para América, China y el Futuro de los Asuntos Globales de la Universidad Johns Hopkins, señala el menor compromiso crediticio de China en comparación con cumbres anteriores. Pero afirma que sigue siendo significativo teniendo en cuenta la retirada estadounidense de ciertas formas de ayuda, como USAID, y la lentitud del programa europeo Global Gateway.

“Que los miles de millones chinos se materialicen o no dependerá de múltiples factores”, afirma Myers, “entre ellos las propias perspectivas económicas de China, la medida en que las empresas chinas dispongan de proyectos financiables y los intereses de los distintos países y localidades. Pero China parece decidida a seguir comprometida con la región”.

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China ¿mi buen amigo?

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“En geopolítica no existen los buenos y los malos, existen intereses”, es una frase que me gusta decir entre pares, familiares, estudiantes y docentes. lejos de ser un significante vacío, puede dar respuesta a encuentros y situaciones inusitadas, donde todo sesgo ideológico queda como mera discusión entre sábanas.

El caso de China y Estados Unidos es curioso. Una cumbre clave tuvo lugar en San Francisco, con la iniciativa de un posible descongelamiento de las relaciones bilaterales entre ambos Estados. Seamos buenos y digamos todo, Pekín y Washington son grandes socios comerciales, aunque políticamente no se están llevando de la mejor manera hace ya algunos años. Cuestionamientos de un lado y del otro, como hermanos que se pelean, suelen ser algunos de los argumentos de diferencias. Entre espionaje, posicionamiento internacional y zonas de influencias, oscilan los pleitos chino-estadounidenses. 

Volviendo al tema de la cumbre, la misión diplomática, encabezada por Xi Jinping fue con el ideario de poder establecer, de una vez por todas, un horizonte bilateral con Washington. Biden, quien en primera instancia parecía estar de acuerdo con la idea de su par chino, terminó desbarrancando, una vez más. Luego de una intensa charla entre presidente, canciller y embajadores de ambos países, el tío Joe tomó la pésima decisión de referirse a Xi Jinping como “dictador” en una conferencia de prensa. La cara de Blinken, el ministro de Relaciones Exteriores de Estados Unidos era impagable, casi como diciendo “otra vez metiste la pata”.

La cuestión es sencilla, gran parte de la cúpula política de Estados Unidos entendió que la globalización es historia y ya no son los amplios dominadores del mundo. ¿Es el país con mayor influencia? ¿Es la principal economía del mundo? ¿Es la potencia militar más poderosa? Todas esas preguntas se responden con un sí rotundo. Sin embargo, también entienden que las economías y los bloques regionales tienen un peso importante, que sumados todos juntos, equivalen a gran parte del PBI mundial. Aquí se conjuga de todo: política, economía, defensa, cultura, religión, diplomacia, etc. Un lindo “mboyeré”. 

Por ende, para Estados Unidos es prioritario tener una relación descongelada con China y viceversa. Básicamente que vuelva a existir esa suerte de “teléfono rojo” que existía en la Guerra Fría entre la Casa Blanca y el Kremlin soviético. Es importante para delinear el famoso Nuevo Orden Mundial, que lejos de ser una fantasía de internet, es una realidad. Las grandes potencias delimitan a futuro los conflictos y las economías, siendo los que manejan en gran medida esos tópicos. 

Detrás de este encuentro de poderosos, hay empresarios y agentes económicos, esperando agazapados nuevos acuerdos para mover su capital. Detrás de esas empresas, hay trabajadores, y tras sus espaldas, sus familias. Es decir, que el resultado de estas reuniones define el rumbo de las economías familiares de ambos países, cada uno con un modelo absolutamente distinto, pero que indudablemente se nutre de esto. 

La cosa es casi política o caprichosa, inclusive. Biden cree que el sistema político chino está mal y Xi Jinping desconfía de los “yankees” por sus pretensiones imperiales. Cada uno elige a quien creerle, sin embargo, queda a las claras que la cuestión es casi política. Y los chinos son claros en esto, no les importa el aparato político del frente, simplemente les interesa el dinero, y lo curioso del asunto es que esto lo aprendió de su amigo Estados Unidos. A la Casa Blanca también le fascina el dinero, de hecho, financiaron guerras durante el siglo XX y parte del siglo XXI para enriquecerse. Comercian con países como Arabia Saudita, quienes tienen una violenta dictadura teocrática. Ni hablar de Israel, pensado como socio estratégico de Medio Oriente.

Quizás, todo este embrollo generado desde la oficina oval no es más que reavivar o reeditar el viejo eje del mal. El concepto fue aplicado en 2002 a Irán, Irak y Corea del Norte, por parte de Bush hijo. Pero previamente existieron enemigos comunes como los soviéticos y los nazis. Y ¡ojo! Muchos de ellos con total razón. La idea de Biden podría ser la de seguir insistiendo en el enemigo externo como culpable absoluto de lo que le pasa a su país y a Occidente. 

China no es ningún santo. Sabe muy bien que cuando puede, aprovecha para expandir su zona de influencia. Y si, por más que le pese a quien le pese, es una dictadura manejada desde el Partido Comunista, que de comunista solo conserva el nombre y algunos modus operandi de manejo político autoritario. Lejos de ser una “Carmelita descalza”, China busca cercanía con Estados Unidos para posicionar su economía en otras latitudes, y por qué no, pensar en un sometimiento económico a futuro. Todo es posible en el mundo de la geopolítica. 

Un apretón de manos entre ambos mandatarios con risas de por medio, nada significa en este contexto. Como también se sabe, puertas para adentro, que a Xi Jinping le importa poco que lo llamen dictador desde afuera de las fronteras chinas. Sin embargo, lo que a nosotros nos toca de lejos, es que se pongan de acuerdo para seguir comerciando y generando nichos económicos, además de intentar subsanar las guerras vigentes en el mundo. Mientras tanto, que los chinos y estadounidenses “finjan demencia y sigan”.

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