Durante 2017, Vida Silvestre logró el compromiso de siete propietarios privados de San Pedro en la conservación de 596 hectáreas de bosques nativos vitales para la conectividad del hábitat del yaguareté. Para ello, se presentaron y aprobaron 7 planes de conservación, en el marco del Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos de la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques. Esta línea de trabajo forma parte del proyecto “Por más yaguaretés, acciones estratégicas para su conservación en la selva misionera”, que entre sus objetivos se propone mantener la conectividad del hábitat del yaguareté en áreas críticas del Paisaje Óptimo para la Conservación de la especie y gestionar que sus propietarios reciban una compensación económica por conservar la selva. El área de trabajo para este componente del proyecto, es el corredor Yabotí – Cruce Caballero, ubicado en el municipio de San Pedro.
Actualmente, el yaguareté sobrevive en pequeñas poblaciones del norte del país; Salta, Jujuy, Formosa, Chaco, Santiago del Estero y Misiones. En esta última, el yaguareté encuentra uno de los sitios más alentadores para su conservación, debido principalmente al bloque continuo de selva del Corredor Verde de Misiones, sumado a las áreas de bosques cercanas de Brasil. Sin embargo, para poder conservar al tigre es necesario incentivar a la conservación de los remantes de monte en tierras privadas y de esa forma mantener la conectividad con áreas de selva continua.
Además del compromiso de los propietarios, el acompañamiento de las emisoras radiales de San Pedro; Ciudad, Aries, Nativa, Info San Pedro y periódico El Observador, fueron fundamentales para alcanzar estos resultados. En 2018 la convocatoria a propietarios continúa, y se focalizará en las colonias Cruce Caballero, Tobuna, zona norte de Piñalito y alrededores.
Sin pausa, la naturaleza hace su trabajo. Envuelve los vestigios de civilización que todavía resisten en el denominado campo San Juan, la reserva que Yacyretá quiere convertir en un nuevo Parque Nacional a escasos cuarenta kilómetros de Posadas, entre las localidades de Candelaria y Santa Ana. La idea del Parque Nacional forma parte del eje Impenetrable, Esteros del Iberá y Cataratas del Iguazú, de la mano del turismo.
Un equipo periodístico de Economis recorrió la reserva cubierta de pastizales, manchones de monte cerrado, lagunitas, cascadas escondidas, como el Salto del Diablo, alimentado por un bañado, que en temporada de lluvias se convierte en una catarata de ocho metros de altura.
Aunque todavía está abierta la controversia con la Provincia por el dominio de las cinco mil hectáreas, la Administración de Parques Nacionales está a punto de aprobar la posesión de la tierra que fue expropiada por Yacyretá, como paso previo a la creación del nuevo parque.
Sin embargo, todavía no se conocen con certeza las proyecciones de Parques para el campo San Juan, donde se conserva uno de los ecosistemas que están en peligro en la Argentina: malezales y bosques que se emparentan con Corrientes y Chaco, pero que en Misiones tienen uno de sus últimos reservorios protegidos.
Para llegar, desde la capital misionera, hay que transitar unos pocos kilómetros después de la estación de peaje y entrar a la izquierda, en línea recta con la Cruz de Santa Ana, que se encuentra en el cerro de la margen derecha.
Desde la ruta, son unos ocho kilómetros de un camino sinuoso hasta el río Paraná. El terreno comienza con una zona de pastos hasta mezclarse con zonas de monte espeso. La casona en la costa del río Paraná permite imaginar momentos eternos de contemplación.
El campo San Juan además contiene un rico patrimonio histórico, con restos del ingenio que fue construido por el gobernador de Misiones, Rudecindo Roca para la explotación de la caña de azúcar con el trabajo de esclavos indios, algunos “importados” de la Patagonia que por entonces era botín de la conquista del Desierto.
El lugar fue escenario de un histórico motín el 23 de junio de 1888, protagonizado por indígenas ranquel que trabajaban en el ingenio azucarero, quienes además saquearon el establecimiento y se fugaron al Paraguay cruzando el Paraná en embarcaciones tomadas del puerto del establecimiento.
La chimenea se mantiene como historia viva de los primeros años institucionales de MisionesA fines del siglo XIX, el establecimiento fundado por Roca en 1883 quedó a cargo de una firma francesa y el ingenio siguió funcionando hasta alrededor de 1905.Hoy se encuentran restos de la chimenea y del antiguo ingenio azucarero de Campo San Juan, como algunos rieles y paredes que se funden con raíces y el verde del monte.
Para llegar a la chimenea que se esconde entre la copa de los árboles que la rodearon, hay que animarse a atravesar un monte cerrado y jugar a la aventura del descubrimiento. Llegar vale la pena: las ruinas están en buen estado de conservación y todavía se pueden apreciar detalles de la construcción.
También hay tumbas de un viejo cementerio de Santa Ana y el casco de la estancia de las hermanas Durini, que hasta principios de siglo se dedicaban al turismo rural. Detalle de los últimos dueños de la reserva.
La idea de crear una reserva comenzó a germinar en 2009 y se plasmó después con la decisión de Yacyretá de ceder las tierras a Parques Nacionales para la protección ambiental.
El campo San Juan conserva una de las ecoregiones más amenazadas de la Argentina: los campos y malezales del sur de Misiones y nordeste de Corrientes. Ocupan apenas el 1 por ciento del territorio nacional en medio de una matriz urbana y de explotación agropecuaria intensiva, con escasas áreas protegidas.
El 90 por ciento de las 5.160 hectáreas de campo San Juan está cubierto por pastizales y bosques nativos. Los arroyos San Juan, Santa Ana y la costa del río Paraná le aportan diversidad singular y excelentes oportunidades de recreación.
Esta reserva fue declarada “Área de importancia para la conservación de las aves” (AICA) ya que se han registrado, entre otras, aves de pastizal como el tachurí coludo (Culicivora caudacuta) -especie globalmente amenazada- y el yetapá grande (Gubernetes yetapa). Se encuentra además una población de chuña patas rojas (Cariama cristata) y en la selva ha sido registrado el yapú (Psarocolius decumanus) y la urraca azul (Cyanocorax caeruleus). El añapero chico (Chordeiles pusillus) nidifica en el área.
El área contiene además un grupo de especies características de la selva paranaense que incluye a la amenazada mosqueta oreja negra (Phylloscartes paulista M. Pearmancom. pers.). Existe una de las pocas poblaciones de ñandú (Rhea americana) que subsisten en la provincia.
Este ambiente fue también, en su momento, el hábitat del venado de las pampas (Ozotoceros bezoarticus), hoy extinguido en Misiones, pero que podría ser reintroducido en la zona si prosperan las conversaciones de Yacyretá con Conservation Land Trust, la fundación creada por Douglas Tompinks, que lleva adelante un inédito programa de reintroducción de especies en Corrientes.
En 2009 Yacyretá adquirió estas tierras y fueron incorporadas al programa de reservas como compensación ambiental para reparar la pérdida de recursos naturales por el impacto ambiental producido.
“La transferencia de campo San Juan a la Administración de Parques Nacionales fortalecerá la conservación de este ecosistema y su biodiversidad, garantizando la continuidad de la vida silvestre de esta región extraordinaria del sur misionero. Las principales acciones se enfocarán en contar con presencia permanente en terreno, recuperación de ambientes y especies, prevención de incendios, puesta en valor de sus recursos culturales y una oferta de atractivos ecoturísticos”, señalan en la entidad binacional, ahora conducida por el misionero Martin Goerling.
El premio Nexonum de España reconoció al billete argentino de $500 con la imagen del yaguareté como el mejor del mundo, entre los emitidos en 2016.
El premio Nexonum de España reconoció al billete argentino de $500 con la imagen del yaguareté como el mejor del mundo entre los emitidos en 2016. Este nuevo galardón se suma a los diversos reconocimientos internacionales recibidos por la familia de billetes Animales autóctonos de Argentina puesta en circulación por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
En una ceremonia realizada en el auditorio de la Real Casa de la Moneda, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España, un jurado internacional formado por académicos de una treintena de países de Europa y América distinguió al billete de $500 con el primer premio, informó el BCRA.
El concurso, organizado por la revista EL ECO Filatélico y Numismático de Madrid, premió a los mejores billetes y monedas del mundo emitidos en 2016. En el mismo acto, celebrado en noviembre pasado, la moneda argentina de $2 conmemorativa del Bicentenario de la Independencia logró el segundo puesto en la categoría Mejor moneda de curso legal del mundo.
En los dos últimos años, la nueva familia de billetes de animales autóctonos ha obtenido diversos galardones internacionales. Además del premio Nexonum, el billete de $ 500 recibió el Premio LatiNum al mejor billete latinoamericano 2015/2016 y, en 2017, fue elegido entre los cuatros mejores billetes del mundo con el segundo puesto compartido, otorgado por la International Bank Note Society (IBNS), que premió el mérito artístico, el diseño y el uso del color y medidas de seguridad. Por su parte, al billete de $200 con la imagen de la ballena franca austral, le fue concedido el premio LatiNum 2016/2017 al mejor billete latinoamericano.
SAN MIGUEL, Corrientes.- “Juanita me convidó unas chipas que estaban riquísimas, pero más allá de lo rico tenían algo que me hacían identificarlos con la naranja aunque no lo fueran. Le pregunté qué tienen, entonces me mostró la fuente y vi que las chipas estaban puestas arriba de hojas de naranjo. Su mamá no tenía fuentes, ponía hojas de naranjo en el horno de barro y sobre eso apoyaba la masa para que no se quemen”, recuerda Hada Irastorza, coordinadora del equipo de Comunidad de la fundación Conservation Land Trust (CLT) cuando conoció a Juana Canteros, una codiciada cocinera de San Miguel que prepara almuerzos y viandas para turistas que pasan por el camino de su casa para ir a San Nicolás o la isla San Alonso.
En eso consiste el trabajo del equipo de Comunidad de CLT y Fundación Flora y Fauna Argentina, una fundación cuyo objetivo es la reintroducción de fauna extinta en el Parque Iberá y que además trabaja con las comunidades y municipios vecinos a los Esteros para incentivar el desarrollo de prestadores turísticos locales como una manera de frenar la migración de los más jóvenes y ganar aliados para la conservación del ambiente. Entre quienes apoyan el trabajo de CLT está Volkswagen que cedió en comodato una camioneta Amarok para que este pueda recorrer cada rincón del Parque.
Y de eso se trata el trabajo de este equipo de CLT, una fundación que impulsa una labor integral de reintroducción de fauna extinta para restablecer el ecosistema de Iberá. “El trabajo que hacemos desde el equipo de Comunidad es identificar quiénes son los líderes de cada grupo, escucharlos y ver si ellos realmente tienen un interés en trabajar en el ecoturismo”, dice Hada y asegura: “Juanita es una de ellas”.
Un cartel escrito con tiza que dice Ko’e Mimbí, amanecer brillante en guaraní, indica que se está en la puerta de la casa de Juanita. Sonriente aparece desde el fondo de la propiedad para recibir a un grupo de turistas que viene a almorzar luego de hacer un paseo en lancha. Cálida, Juanita invita a sentarse a la mesa mientras convida sus famosas chipas. “Para almorzar tenemos tarta de verduras que preparé con los vegetales de mi huerta”, anuncia.
La prosperidad de sus almuerzos, meriendas y viandas hicieron que el negocio crezca y Juanita cuente ahora con Georgina, su primera ayudante en la cocina, una joven de 20 años. Esa mañana ambas habían preparado una torta de naranjas, muy famosa en la zona, para enviar a un asado en San Alonso organizado por CLT para darle la bienvenida a Isis, una yaguareté que se incorpora al proyecto de reintroducción del felino.
“Nuestro trabajo es mostrarles que lo que ellos tienen y hacen vale mucho”, recalca Hada cuando habla de los casos puntuales como el de Juanita o el de Raimundo Aguilar, un artesano que construye canoas en San Miguel.
Iberá, la pequeña Venecia que necesita canoas
La potencia de Iberá a nivel turístico está dada por ese ecosistema increíble pero también por la cultura. Así, por ejemplo, el paraje Carambola conserva la vida típica del isleño. Para ir de una casa a la otra hay que hacerlo en canoa, como si fuera una pequeña Venecia. Las casas son de junco porque el sustrato es arena entonces no podrían hacerse de otro modo
Raymundo Aguilar tiene 69 años y se destaca por ser el mejor constructor de canoas de San Miguel. “Hacer una canoa me lleva veinte días”, dice. A su lado está su mujer y madre de sus ocho hijos, ella también contribuye a la tarea. Se los puede ver en acción terminando el último encargue. Madera timbó, chapa y brea aún fresca tomaron la forma de una canoa perfecta ya casi lista para navegar por una de las reservas de agua dulce más grande del mundo.
“El acompañamiento a emprendedores es clave. Tratamos de rescatar al mejor canoero, o al que sabe hacer esa comida que ya en otro lugar no se prepara, eso hace la diferencia. Creemos que tienen potencial porque tienen el conocimiento del lugar y nos convertimos en un facilitador para que desarrollen su oficio como una fuente de trabajo propia”, concluye Hada.
La confirmación de la muerte de un ejemplar renovó el alerta entre los especialistas en conservación.
La situación de conservación del yaguareté sigue siendo crítica en Argentina. Si bien este año se dieron a conocer resultados de investigaciones que demostraron que las poblaciones en la provincia de Misiones empezaron a recuperarse gracias a grandes esfuerzos de investigadores y organismos de protección, el panorama en la región chaqueña es más adverso.
La confirmación de que a mediados de este año murió uno de los últimos ejemplares que habitan en las provincias de Chaco y Formosa –donde se estima que no hay más de 20 yaguaretés viviendo en su hábitat natural-, renovó el alerta. Investigadores del CONICET que trabajan con la especie advierten sobre la necesidad de incrementar las medidas de protección.
A través de comunicados que dieron a conocer días atrás las organizaciones de conservación Proyecto Yaguareté y Red Yaguareté, se confirmó que en 2017 murió uno de los últimos ejemplares de los que se tenía registro en las provincias de Chaco y Formosa. Después del hallazgo de una cabeza del animal en cercanías a la ciudad de Resistencia, se inició una investigación que movilizó a distintos grupos de científicos que estudian las características y el estado de conservación de la especie en Argentina.
Según explica el investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET – UnaM), Agustín Paviolo, en Argentina sólo existen tres regiones en las que se encuentran yaguaretés viviendo en condiciones naturales: las yungas salteñas, la selva misionera y el bosque chaqueño. “Aunque todas las poblaciones están muy disminuidas y se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, las que están ubicadas en estos dos últimas áreas del Nordeste son las más comprometidas, debido a una gran diversidad de factores que también tienen que ver con las propias condiciones naturales”, indicó.
Los datos que se obtuvieron tras relevamientos científicos en el área de la provincia de Misiones y zonas aledañas de Brasil revelaron que entre 2005 y 2016 se triplicó la población de yaguaretés y que hay alrededor de 90 ejemplares en su hábitat. En tanto, en la región chaqueña –que abarca a las provincias de Chaco y Formosa-, la situación en más grave, ya que se estima que no quedan más de 20.
Además de las huellas que se identifican en terrenos, los registros obtenidos a través de cámaras trampa son una de las principales fuentes que emplean los biólogos para conocer cómo y dónde habitan los yaguaretés que sobreviven en la selva. “En los últimos años se hicieron relevamientos en superficies muy extensas, tanto de la selva misionera como del bosque chaqueño, pero no hay registros fotográficos en Chaco y Formosa, lo que demuestra que la situación es gravísima”, señala otro de los científicos del CONICET que se dedica a estudiar esta especie y también se desempeña como investigador adjunto en el IBS, Carlos de Ángelo.
Los buenos resultados obtenidos en Misiones, destacan tanto Paviolo como De Ángelo, fueron posible gracias a los esfuerzos sostenidos de distintas instituciones -CONICET, ONGs, organismos estatales, entre otros-, que permitieron el diseño y el desarrollo de distintas políticas de protección de la especie. En la zona del Chaco, la crítica situación exige un mayor compromiso por parte de los sectores involucrados.
Conservar y hacer crecer las poblaciones de yaguaretés no es una tarea sencilla, tanto en Argentina como en otros países de Sudamérica, ya que gran parte del hábitat de este felino se perdió por el crecimiento de las ciudades y las prácticas productivas a gran escala. Sin embargo, distintos grupos de investigadores del CONICET localizados en diferentes provincias siguen trabajando en la investigación de la especie, abarcando desde aspectos básicos de su ecología hasta sus características genéticas, a fin de encontrar alternativas que permitan conservarla y evitar su extinción.
“El objetivo final de nuestro trabajo como científicos es lograr que toda la información que generamos a través de estas investigaciones pueda ser utilizada por los tomadores de decisiones, para que se puedan adoptar las mejores estrategias que permitan conservar a esta especie, que tiene un rol clave en el ecosistema”, finalizó Carlos De Ángelo.